A_S_Alva
Rango3 Nivel 12 (142 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1

"Felicidad creo que le llaman"

Avancé por la vereda de aquel camino que me llevaba antes al colegio. A la mitad de este, me detuve para contemplarlo con calma, tenía mucho tiempo para ello, gracias a que desde hace varios meses no me preocupaba el arreglarme. Mi mente hizo exactamente lo que creí, comenzó a generar memorias repletas de historias... Pero carentes de la emoción anhelada. Seguí avanzando mientras comprendía que, hace no mucho, al convocar esas imágenes vividas, mi mente se encendía y hacia bajar por mi columna una efervescente y agradable sensación; felicidad creo que le llaman.

Suspiré, vi por una de las vitrinas del paso mi desprolijo reflejo, y me coloqué el gorro de la chamarra para siquiera tapar mi despeinado cabello.

Con una molesta pesadez, llegué por fin a donde se me había citado.

— ¡Vaya! —mencioné conflictuado.

Las pláticas nocturnas por medio de mensajes de texto no me habían mentido. Ya me estaba esperando en las escaleras de la explanada de mi ciudad, un semblante similar al mío: era mi amigo, una persona igualmente golpeada por la vida.

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#2

"Semblantes Cansados"

Nos fundimos en un fraternal abrazo, señal clara de nuestras almas poseer las mismas llagas. Tomamos asiento en aquellas escaleras, y entrelazamos cada uno nuestras manos, recargando los codos en las rodillas. El viento soplaba mientras nuestra charla era asentida recíprocamente con la cabeza, por cada palabra soltada: "Siento esto". "Me duele aquello". "La vida ya no es la misma".

Al parecer, en un determinado lapso se había asentado sobre nosotros un color sepia muy raro, parecido al que anunciaba la llegada de una preocupada noche. Los nervios escurrían de nuestras manos por horas, y por horas el miedo también las hacía temblar, incluso por debajo de las cobijas.

Era inútil pensar en una solución, pero servía eso de sentirse entendido. La gente al pasar y vernos conversar, seguramente se imaginaba una charla común: una de esas que implicaba fiesta o tonterías. No obstante, era una de un nivel incomprensible para sus afortunados adentros, una de las varias al día, entabladas por personas con semblantes cansados.

—Sabes —le dije a mi amigo—, a estas alturas ya no pido felicidad... Sólo pido un poco de piedad y tranquilidad.

#3

Parte Final: "Ojalá".

—Tienes razón, tienes razón —dijo mi amigo, llenando con agua salada sus ojos. Después cruzó los brazos, convocando a su valiente firmeza, para no llamar la atención de los dichosos transeúntes.

Al dar un trago saliva, las lágrimas lograron no desbordarse de los parpados de ambos. Decidimos levantarnos, señalar un sin rumbo y, mientras vagábamos sin sueños, disponernos a disparar palabras con la esperanza de hallar un resquicio de iluminación.

—Tal vez la solución sea ser malos, gente de ese tipo no recibe daño.

Tenía cierta veracidad el argumento. El punto era, que por lo general la gente con esa calaña no piensa las cosas, nadie les ha enseñado el valor de las cosas y menos de las personas; vamos, ni siquiera se tienen aprecio a si mismos.

—Te apuesto que si hacemos eso, sólo lograremos sentirnos peor, debido la buena educación que tenemos, esa que a pesar de estar en un mal día, nos invita a regalarle una sonrisa a los demás —le mencioné, y él me sonrió.

Encogimos los hombros, guardamos silencio. Miramos el gris del cielo, después escuchamos tronidos y por fin sentimos la lluvia. Era fresca y no simplemente acariciaba las plantas, también las hacia crecer; aun viniendo de un color al que varios jactan de triste.

—Quizá todo sea cuestión de perspectiva —pensé.

Fue ahí, que el resquicio luminoso se presentó sobre mi amigo. De una manera inconsciente, así lo menciono porque no hubo sobresalto en él, arrojó las palabras que completaron la idea en mi pensar:

—Ojalá, ojalá esto malo que nos sucede... algún día nos salve la vida.

Mi cuerpo y alma descargaron tensión. Esas palabras, antes que en mi similar, causaron impacto en mí.

Más tarde le solté su misma frase, y noté regresar a su mirar, el color castaño. Entonces me di cuenta como la sabiduría constantemente nos circundaba, el hecho, es que a veces no sabemos ponernos la atención adecuada.

Un apretón de manos… Y nos retiramos a seguir viviendo.