skollxander
Rango3 Nivel 12 (128 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1
    Partes:
  • #2

Sus uñas y la carne de los dedos están tan arrancadas que el carmesí, parte del músculo, destacan en sus yemas en lugar de su habitual color sonrojado. Sus pestañas se encontraban dentro de su estómago, dando a sus ojos una forma más grande de la habitual y a su vez brindaban la sensación de vacío.

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#2

Ahora le tocaba a su cabello, pero los motivos eran diferentes a sus uñas o pestañas, que se debían al estrés y la presión.

Recordaba que tras aquella discusión se aisló en el baño como tantas veces, vomitando sin siquiera aguantar para hacerlo en el váter; echarlo fue eterno y el hedor a comida de latas de conserva recrudeció el ambiente en el que se encontraba. Dentro de sus oídos sonaba cuan mosca cojonera al odio que lo abrazaba, susurrándole mudo qué debía hacer. No podía aguantar, se ponía las manos en la cabeza sin siquiera sentir la necesidad de sollozar, pero sí de gritar. Su corazón latía con más fuerza de lo normal, sus manos temblaban y no querían mirar a su amiga, la pistola que le regaló uno de sus difuntos compañeros en el ejército, para acabar con su sufrimiento en la casa de su familia.

Por un momento toda la tensión emocional que le hacía estremecerse cesó, únicamente con un pequeño susurro por parte del razonamiento. Respiró y miraba hacia la mampara de la ducha como si fuera la nada. Se levantó con el corazón aún cuan bomba y la respiración medio agitada, acercándose hacia el lavabo donde agarró unas tijeras.

Su reflejo se observaba en el espejo y le resultó una sorpresa. Todos los días se miraba, pero hasta ahora no lo había hecho en detalle; una cara deteriorada con ojeras inmensas, unos ojos que eran escalofriantes por la escasez de pelo y una larga cicatriz en la mitad del pecho que se le veía a partir de la tráquea. Prácticamente se había alejado de todo lo que veía su familia y también su propia patria en él, convirtiéndose en monstruo.

El único lazo que quedaba entre ambos mundos era su pelo largo, que una vez cortado pisaría la tierra de la libertad incluso si era a costa del rechazo patente de sus orígenes.

Así fue que con la tijera y agarrando con fuerza mechones de pelo, algo tan simple como cortarse la cabellera era deshacerse de su persona y de la percepción de otros. Con unos cuantos cortes bastó para que tuviera la melena más o menos corta.

Lo único que le quedaba sería meterse en pateras si hacía falta para llegar a América, lo cual no le supondría un problema tras haber demostrado cómo de lejos llegaba la lealtad que tenía por sus ideales.

El precio de la libertad le era irrelevante; buscaba ser libre.