Sasami_Hanatsuki
Rango7 Nivel 30 (1559 ptos) | Autor novel

¿Alguna vez les ha pasado que despiertas con marcas de golpes que no tenían antes de irse a dormir? ¿O en una cama que no es la que recuerdas? Cuando esas cosas pasan, créanme que despertarán con mucho más cansancio del que tenían.
Desde que recuerdo he sabido manipular con que voy a soñar, o en su defecto cambiar lo que estoy soñando cuando no me gusta. Claramente después amanezco horriblemente cansada y de pequeña me dormía en cualquier lado, incluso sobre el desayuno. Así seguí por mucho tiempo, sin saber que cosas como quedar paralizado con los ojos a medio abrir tiene un nombre: "Trastorno del sueño" y hace muy poco descubrí que soy Onironauta, y que lo que vivo cada noche se le llama "Sueño lúcido". Lo que aún no sé es si acaso será normal encontrar a alguien que no conoces una y otra vez y hacer un amigo en ese estado... ¿tú sí?

Es tan frecuente estar despierta de noche y tan difícil recordar dos vidas, que decidí que lo mejor era registrar lo que vivo cada vez que abro los ojos estando dormida. Es por eso que aquí esta, mi diario de Noches. El Diario de un Onironauta

Plum_Mirror
Rango7 Nivel 31
hace 10 meses

Me gusta más ahora que hay una presentación. Ahora ya hay un contexto y no se va a confundir con un compendio de relatos random y ya no te acusarían de falta de detalles o narración apresurada.
Ojo con las tildes, es mi único tip por el momento.

NemoObregon_23
Rango4 Nivel 15
hace 8 meses

Por favor, me ayudarías a quedarme y seguir escribiendo dándole like a mi primer parte de mi novela? Gracias❤

NemoObregon_23
Rango4 Nivel 15
hace 8 meses

Por favor, me ayudarías a quedarme y seguir escribiendo dándole like a mi primer parte de mi novela? Gracias❤

voz_sin_vos
Rango12 Nivel 59
hace 8 meses

Hola. Disculpa que no comente por tus escritos(aún no los leí) pero vi tu comentario en la caja de una chica y me pareció muy acertado. Te invito a forma parte del chat de escritores en telegram, si estas interesada, bienvenida.

voz_sin_vos
Rango12 Nivel 59
hace 8 meses

Telegram es similar a w app, es una aplicación liviana y fácil. Puede ser en celular o pc

celiasimpson
Rango5 Nivel 23
hace 8 meses

Crei que era la unica ala que le pasaba eso.. Dormir y despertar preguntadome que hago aquí?en que momento llegue a este lugar?¿ Quien es la persona que está a mi lado? y 5 segundos después viene a mi mente la respuesta.
Saludos..@Sasami_Hanatsuki
Amo los gatos 😇

Sasami_Hanatsuki
Rango7 Nivel 30
hace 8 meses

@celiasimpson Sí, después de un tiempo uno descubre que hay varios! Espero te entretengas con mis experiencias y comentes las tuyas!

celiasimpson
Rango5 Nivel 23
hace 8 meses

Claro. Sasami.. Me identifico en esta.espero me leas.

OmDuArt
Rango14 Nivel 65
hace alrededor de 2 meses

No sé si conocerás este foro: http://www.slucidos.com/en/forums/12/4352
Es una pasada! Yo solo he conseguido tener un sueño lúcido en tres ocasiones y es algo increíble, muy poderoso y creativo, la realidad deformada por tu creencia en que así sea... Pero lo que cuentas de hacer una amistad en ese momento.... ¡Uau! Me alucina eso! Empieza potente esta historia. Saludos!


#2

NOCHE 1

Esa noche apenas entraba la luz del poste por las ventanas, llamaron a la puerta así que caminé temblorosa, sabía quien era... ya lo había vivido antes y aún así bajé de mi cama.
Al llegar a la puerta, esta se abrió dejando ver un ser oscuro que pidió entrar, pero, me negué con vehemencia. El Ser, que a mis ojos de infante era un demonio, sonrió amigable antes de insistir, curiosa miré hacía afuera y bajo la pequeña escalera de madera construida por mi padre pude ver una amenazante profundidad de sombras y fuego.
Tiritona no dije nada y lo mire fijo volviendo a negar su entrada: No puedo, mamá dice que no abra a extraños—. Negó e insistió.
—Si me dejas entrar podrás ser más poderosa de lo que imaginas, tendrás felicidad por siempre y… —añadió varias cosas que en este minuto me son vagas.
Yo retrocedí hasta pegarme a la pared del comedor y acurrucarme en el suelo negando y volvió a ofrecer cosas, pero yo cerrando mis ojos negaba asustada, entonces pude sentir su ira rodeándome.
El ser gritó y nadie despertó.
—¡Creo en Dios y tú eres malo!
—¡Si no vienes por las buenas lo harás por las malas!

Comencé a gritar que mis padres eran católicos, que iba a la iglesia los Domingos y cubriendo mis oídos dejé de escuchar lo que aquel Ser me gritaba, hasta que la puerta se cerró de golpe.
Entonces me quedé allí incapaz de moverme y volví a cerrar los ojos, vi ponis y dulces... hasta que nuevamente todo se nubló.
Otra vez estaba sola, sobre un pilar de tierra al interior de un volcán, mirar hacia arriba solamente me dejó en claro que la salida obvia estaba lejos de mi alcance, debajo solo había lava burbujeando. La altura me hizo temblar y se escuchó una risa a mi alrededor, supuse que ese era mi castigo por no aceptar el trato del demonio, por lo que… me senté y afirmé de mí misma lo más al centro que pude. Sin saber hacer otra cosa más que esperar, solloce en silencio…
—Voy a estar bien… voy a estar bien —me dije, con la convicción de que algo más poderoso me salvaría de aquello.
No era la primera vez, y ya había salido de ahí antes... de la misma forma, tras dormirme desperté junto a una pared interior del volcán, con un pequeño camino de tierra por delante… me puse de pie con cuidado, tocando las rocas junto a mí como si así me afirmase mejor y empece a caminar tan descalza como había llegado. Como si entrase en una gruesa neblina el panorama desapareció y el resto de lo sucedido se borró de mi cabeza al despertar.

Escrito para LDP Magazine http://www.ldpmagazine.cl/?p=1604

OmDuArt
Rango14 Nivel 65
hace alrededor de 2 meses

¿Hasta dónde llega la experiencia propia y empieza la ficción? ¿Es todo ficción? Está escrito como un recuerdo y eso me impresiona muchísimo!

Sasami_Hanatsuki
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 2 meses

@OmDuArt todo es lo que recuerdo de aquellas noche, nada inventado. En LDP Magazine he subido algunos relatos que no estan aquí, como mi primer encuentro con mi abuelo tras su muerte. Creo que ese esta en el numero 70.

OmDuArt
Rango14 Nivel 65
hace alrededor de 2 meses

:O ¡Madre mía! Que locura, amiga mía. Lo tuyo es jugar a otro juego, a ligas superiores... Uau. Te deseo lo mejor, y seguiré leyéndote. Un fuerte abrazo.


#3

NOCHE 2

Esa pesadilla recurrente volvió a torturarme, golpearon la puerta y todos dormían, me acerqué a la entrada con calma escuchando como me llamaban. Una vez más ese ser estaba sobre la escalera, pero, en esta ocasión estaba acompañado.
Pidió entrar, una y otra vez, cada vez más molesto, parecía querer forzarme a dejarlo pasar. Hablaba con tanta insistencia que su mirada traspasó su ira a mi interior haciéndome temblar.
—En esta casa todos creemos en Jesús, no puedes dañarnos —Dije inocentemente y al verlo gruñir comencé a rezar el Padre Nuestro.
Él comenzó a reclamar y gritar, tanto se enfadó que se fue, no sin antes maldecirme, pero no lo escuché, solo rezaba arrinconada en una esquina oscura del comedor.

Una melodía extraña me despertó, sobé mis ojos y miré hacia el pasillo de la casa. la luz del sol entraba con fuerza por la ventana, por lo que bajé de la cama para ir hacia ella con curiosidad. Reconocí que era la tonada de una ronda infantil, sin embargo no parecía de este mundo y aún así mi corazón la reconoció de algún modo. Me pregunté si acaso estaría despierta realmente, o sería otro extraño sueño vívido.... Sin embargo, al igual que antes nadie más parecía haber despertado, pero, quizás no habría nadie en casa, no lo sé estaba tan cautivada que solamente fui a la ventana para que ver más allá del jardín de mi casa, dónde en la plaza muchos niños y jóvenes cantaban bailando de la mano y en círculo, como si celebraran.
Los rodeaba una luz tan fuerte que no pude verlos con claridad, mas noté que vestían de blanco por completo y reían. Quise acercarme pero no salí; sólo me quedé ensimismada, cautivada, hipnotizada… Aquella imagen era hermosa, tan bella que jamás se me olvidará. Un canto de amor y alegría de las hadas… Al instante supe que la oscuridad no volvería por un buen tiempo.

Escrito para LDP MAGAZINE http://www.ldpmagazine.cl/?p=1619

SKSeibert
Rango3 Nivel 10
hace 9 meses

El final de este sueño es tan maravilloso, me da un poco de envidia... sólo el final jajaja. Me recordó a mi frustrado deseo de soñar con unicornios, pero ni me ha resultado con los caballos normales, así que... será xd
Por otro lado, bien heavy el que hayas tenido esos sueños siendo una niña, uf, hay que tener aguante.
Saludos! Seguiré leyendo y gracias por compartir estas experiencias

Sasami_Hanatsuki
Rango7 Nivel 30
hace 9 meses

@SKSeibert Te recomiendo que antes de dormir no solo te relajes sino que veas fotos de unicornios y te concentres en pensar en ellos, plantea en un mente que ves uno, lo tocas, concentrarte en su cuerno y en cómo te relacionarías con el unicornio, y en esa situación debes estar al dormirte. Así lo hacía yo y siempre me funcionaba. Los sueños que no he contados son todos esos que yo misma me provocaba de niña. XDD

SKSeibert
Rango3 Nivel 10
hace 9 meses

Buen consejo! Bien pensado, cuando he estado urgida por algo, me vienen sueños locos relacionados con eso XDD Siempre sale más fácil con cosas que nos asustan o inquietan, será que estamos condicionados?
En fin, pondré en práctica tu idea, a ver si al menos saco un caballo jajaja


#4

NOCHE 3

Me divertía paseando sobre un caballo café en una gran parcela, vistiendo un traje de estilo colonial o incluso más antiguo. Me detuve frente a una amplia casa, bajé de aquella montura femenina e ingresé en ella. Dentro había otras mujeres, que conversaban amenamente y, durante la merienda, se empezó a crear una discusión que, aunque para mi todo era borroso, llenó mi interior de una sensación de angustia hasta sofocarlo. Me enfadé al punto de hervirme la sangre y gritar antes de salir de allí. Al cruzar el umbral estaba consciente de que aquello era extraño, quizás un sueño. Aun así, estaba tan enfadada que cuando me encontré en el alero, no me detuve aunque era muy bello. Al contrario, corrí alejándome de aquella pesadilla a pesar de que me llamaran con fuerza. Con los ojos llenos de lágrimas, a causa de las crueles palabras que me habían dicho, y la frustración de que realmente era mi propio inconsciente el que me atacó, seguí sin detenerme, tan concentrada en huir, que comencé a olvidar lo que me hizo llorar. Lo más rápido que pude atravesé el jardín para no volver. Quería alejarme con tantas ganas que tropecé con la abultada falda del vestido y caí sobre un charco lleno de barro.

Mi vestido, blanco o celeste, quedó tan sucio como mis dedos. Molesta, golpeé con ambas manos el piso, me hinqué sin ánimo de limpiarme. Me sentía cansada e intentaba recordar qué había pasado recién. Entonces noté algo: a mi izquierda había una cerca blanca y tras ella un bosque hermoso verde… un galope llamó mi atención. Entre los frondosos árboles, alguien se acercaba montando un caballo. Saltó la cerca sin inconvenientes y bajó para ofrecerme ayuda en silencio. Tomé su mano confundida y una vez de pie lo observé bien preguntando quién era, pero él me devolvió la pregunta consultando qué hacía yo ahí.
—Tú no eres parte de mi sueño, ¿qué haces en mi sueño? —Insistí.
—Te equivocas, tú estás en MI sueño.

Volteé y tras de mí se veía un campo amplio y desconocido. La casa ya no estaba, siendo que no me alcancé a alejar tanto; no hice más que creerle.
—¿Y cuándo salí de mi sueño?
—Si tú no lo sabes… —Dijo algo divertido.
—Ah… y ahora… ¿cómo voy a volver?
—Yo te ayudaré… —Respondió amable, o quizás dijo algo similar.

Todo lo que vino después es borroso, puesto que fue rápido… Fugaz, excepto su mirada y sonrisa, que me hicieron temblar de una forma muy diferente al miedo.
Fue una sensación única que me sonrojó como al momento de tomar mi mano por primera y segunda vez, una sensación que se mantuvo en mi estómago hasta después de despertar, y aún hoy cuando lo vuelvo a ver.

Escrito para LDP MAGAZINE como Noche 4, http://www.ldpmagazine.cl/?p=1853

#5

NOCHE 4

Me vi al espejo y vestía un lindo vestido amarillo que ya parecía un harapo. Mi cabello rubio parecía castaño por la tierra y el polvo. Estaba ondulado y con muchos nudos... debía tener seis o siete años y en el fondo del espejo se reflejaba la imagen de mi madre recostada muy demacrada.
Una guerra se desataba. Lo sabía porque mucha gente se había ido del pueblo por lo mismo. Suspiré ante la imagen y fui a lavarme la cara y los brazos en un bol con agua posado sobre una silla. Mientras hacía esto mi vista se fijó en el agua clara... Como si fueran escenas explicativas pasaron por mi mente las imágenes en que descubría que la gente se había ido enfermando poco a poco, y personas de afuera habían llegado con medicamentos y -por alguna razón- también con armas. Estos soldados se instalaban en el pueblo a vivir. Yo intentaba entender qué pasaba, pero nadie me explicó nada, una sensación de soledad y pesadumbre me llenaba.
Un rugido me distrajo del agua y al salir de casa para observar pude ver varios aviones sobrevolando la zona. Todos los del pueblo se acumularon para ver el suceso, incluso mi madre que de vez en cuando tosia.

Un avión de gran tamaño en el que no dejaban entrar más de cuarenta personas se encontraba al otro lado del gentio. Los rostros afligidos de los adultos me asustaban, no deseaban quedarse en el pueblo. Mi madre, con sus rizados cabellos recogidos en un moño corría sujetándome de la mano con fuerza al tiempo que gritaba: ¡Mi hija no está infectada! ¡Salven a mi hija, está sana! ¡Por favor, mi hija! —Yo observé con pavor y en silencio la escena meintras me jalaba. En la multitud distinguí una pareja con sus dos hijos pequeños, eran mis vecinos también estaban sucios como yo.
Más adelante, las personas terminaban de subir al avión que pronto encendía motores dejándonos ahí. Algunos lloraban y otros se quejaban frustrados. Repentinamente mucha gente corrió hacía una avioneta con mucho menos espacio. No estaba lejos y algunos lograron subir a la fuerza. Mi madre también corrió y empujó, con una fuerza que no mostraba hace varios días, gritaba y prácticamente me arrastraba; siempre con la intención de que me llevaran con ellos, pero no la escucharon y el avión se fue con unos pocos pueblerinos y varios soldados…
Por la cara de la gente pude deducir que no volverían al pueblo. Una parte de mi, no entendia que mi madre quisiera que me llevaran ¿Acaso se quería deshacer de mi?
Pasó el tiempo. Con los días había menos gente en el lugar y menos comida, mamá ya no lavaba ropa y las alacenas estaban vacías. A través de la ventana se veía pasar uno que otro habitante tosiendo y otros cargando cajones con muertos seguidamente; mi madre se movía cada vez más lento en la gastada casa donde vivíamos. Cada vez se levantaba más tarde y acostaba más temprano, hasta que… un día quiso ir al río de paseo.

Mientras caminábamos, me llamó la atención lo vacío que estaba el pueblo. Parecía un lugar fantasmal. Mi madre, mientras nos acercábamos al río, comenzó a balbucear lo mucho que me amaba y que pronto las cosas cambiarían, que estaríamos mejor y no tendríamos hambre. De alguna forma una extraña sensación se apoderó de mi.
Cuando mis pies se mojaron con el agua la observé; se veía pálida y triste, apenas se podía el cuerpo. Me guió hasta lo hondo del río diciendo que me quería tanto, y fue entonces cuando mis cabellos flotaban alrededor de mi cara que comprendí que se estaba muriendo por esa enfermedad que atacó al pueblo.
Los rizos de mamá se mezclaban con los míos mientras me llevaba hasta la corriente, y por sus lágrimas silenciosas, me di cuenta de que algo malo estaba pasando, temí lo peor... Que quisiera morir y llevarme con ella, por eso la solté e intenté apartarme, pero sus manos se aferraban a mí y se hundió aún abrazándome. Se me apretó el estomago.
Pude ver que sus ojos seguían lagrimosos fijándose en mi rostro asustado y no lograba hacer que me soltara. Mis zapatos hacían peso y saber que mi madre deseaba ahogarme fue perturbador. El instinto natural me dijo que debía soltarme o morir.
Entonces me dije "ella está débil y moribunda; yo no, yo estoy sana" y patalee y agité mis brazos, hasta que terminó por soltarme. Entonces logré salir a flote, sin embargo la corriente me llevó y solo vi el pueblo alejarse, mucha agua y la orilla que no lograba alcanzar. La adrenalina me llenó, tenía miedo de morir, e intenté volver a la casa, mas no quedaba quien me esperase, así que dejé de nadar contra la corriente. Lo que importaba era solo flotar, no tragar más agua y patalear. Comencé a sollozar, mezclando lágrimas y agua. Más de una vez tragué agua en mi intento por llegar a una orilla, sin embargo, terminé por perder la consciencia.

Al despertar me encontraba en una suave cama de sábanas blancas, dentro de un cuarto amplio donde una mujer de tez oscura -a quien recordé vagamente- me cuidaba. La observé en silencio, me pareció haber soñado con ella. También habían dos hombres que conversaban en una esquina del cuarto. Estaban bien vestidos y arreglados. Luego ingresó una dama que fue muy afectuosa con uno de ellos. Ella notó que yo había despertado y que los observaba con curiosidad. De la mano con su pareja se acercó a mí y dijeron que su doncella me encontró en el río.
Intenté recordar aquello, pero no podía… lo último que recordaba era ser arrastrada por el río. Al parecer, la mujer ahí presente me había encontrado y llevó a esa casa. Ellos llamaron a los médicos que luego de analizarme diagnosticaron que aparte del fuerte resfrió o pulmonía no tenía nada más. Hablaron de aquella extraña enfermedad y me preguntaron si yo provenía del pueblo aquél. Si tenía esa enfermedad o la conocía, pero no respondí. Los seguí mirando con preocupación, tenía miedo.
Me preguntaron si había alguien conmigo antes de caer al río... pensé en mi madre, aquella que quiso ahogarme… Su imagen triste hundiendose en las aguas se vino a mi mente, y no dije nada. Los seguí mirando sin querer mencionarla.
Por sus palabras que me parecían algo confusas me dije que quizás llevaría uno o dos días inconsciente por la fiebre....
“Milagrosamente estás sana” Dijo la mujer. Consiguió mi atención de nuevo. Quise decir al menos con mi nombre, pero al momento de abrir la boca... me fue imposible emitir sonido. Una mezcla de pavor y paralisis me lo impidió. La pareja habló de sus hijos y añadieron que podrían cuidarme y quererme como a uno más, que me tendrían ahí con ellos hasta que yo quisiera o estuviera lista para ir a mi casa, o recordarla. No sabían nada de mi, ni yo de ellos, pero tampoco tenía a donde ir… Me dio miedo, ya que no los conocía, pero, mi casa estaba vacía, sin alimento, sin seguridad... el pueblo estaba abandonado. Así que seguí mirándolos, sin saber que hacer y por eso, obedecí.

Aquella familia era amorosa y adinerada, el matrimonio vivía en la casa del padre del hombre, con ellos también vivía la familia de su hermano, eran una gran familia y los únicos que sabían que no había nacido en la casa, y quienes me adoptaron jamás dijeron que no fuera su hija y al ser rubia al igual que todos en el hogar la gente al rededor no parecía dudar de ellos. Con el tiempo los hermanos empezaron a mirarme extraño, como si fuese un fenómeno, pues seguía sin decir palabra a pesar de que podía escuchar; los múltiples médicos que me vieron hablaban de trauma, por lo que el matrimonio no me forzó y llamaron a una institutriz que me enseñó lenguaje de señas, de esa forma me daba a entender.
Con el tiempo, la persona más querida para mí fue aquella mujer que me recogió en el río. Ella me protegía, me conversaba y regañaba, no me miraba con pena o precaución como los demás. Ella era una mujer madura de negro cabello abultado y muy risueña.
Y así fui creciendo hasta tener más de 17 años…

Un día, una discusión a voz alzada llamó mi atención, y la de todos en el gran hogar donde vivíamos; mi tío y mi padre adoptivo discutían. El abuelo, un poco complicado con la situación apoyó a mi padre. No sabíamos de qué discutían pero aquello llevó a separar la familia de forma radical. Mi tío dio orden a algunos empleados de hacer maletas y se mudó con su familia además de los sirvientes mencionados que se iban con él. Entre ellos, iba mi querida mujer morena. Desesperada, rogué a mis padres el ir con ella. Pocos podían entenderme por lo que realmente comprendieron mi desesperación de apartarme de la mujer que me cuidaba todo el día. No es que no quisiera a mis nuevos padres, pero ella… ella era especial. Mi seguridad.

Llegué a un terreno de la familia que quedaba en una ciudad más cerca de la playa. Mis primos estaban de viaje, por ello disfruté varios meses de la soledad, sin embargo llegaron más temprano que tarde de su viaje al extranjero, y dos de mis hermanos también los recibirían y juntos estarían en la casa de vacaciones.
Cuando escuché el motor del auto me acerqué al recibidor con pocas ganas y los vi entrar; habían vuelto mis familiares adoptivos. Solo llegaron cuatro y dos me sonaron familiares, pero no fue hasta después que los reconocí como mis primos en esta realidad, el tercero no llamó mi atención y el cuarto era muy guapo pero, al mismo tiempo, en mi memoria se hallaba el recuerdo de su arrogante personalidad. No obstante, también lo reconocía como quien mejor me entendía en momentos críticos, cuando se necesitaba ser temerario y valiente. Este último me quedó mirando. Yo salude a la única chica, aquella igual a mi prima. Luego de unos momentos de dialogar, discutí con fuerza con el arrogante y mi hermano. Enfadada salí del cuarto para ir a otro sector de la mansión. Subí por unas escaleras empinadas y la falda de mi vestido complicó la situación. Aquello me enfadó aún más, especialmente porque los chicos se reían de mí. Ofendida tomé otro camino.

(continúa en la siguiente entrada)

#6

Triste, frustrada y molesta con toda la situación me interné por los pasillos. Extrañaba a mi familia, a mis otros hermanos… Me asomé por una ventana con vista a un gran patio y deseando sentir la adrenalina en mi cuerpo me llenó el ahínco de saltar, pero sobrevivir sería imposible por lo que dejé la mitad de mi cuerpo por fuera de la ventana para recibir el viento en mi cara y nada más. En eso fue que descubrí una pequeña casa en medio del sector, abandonada y justo enfrente; rústica, blanca y de mármol. Miré los techos de los pisos bajos y eran similares a los orientales. Llevada por la tentación crucé el alféizar para pasear como si fuese una azotea, al poco rato llegó una melodía a mis oídos, venía de un cuarto al interior de la casa… Aquella música me cautivó provocándome bailar y danzar.

Me quedé cerca de la música y comencé a girar, saltando de un lado a otro con pasos de ballet, hasta que un grito de alarma me distrajo haciendo que volteara. Desde el jardín, la doncella con su gran melena cubierta por una pañoleta, me llamaba regañándome. Estiré las faldas con ambas manos un poco apenada y sonriendo traviesa, con señas le indiqué que estaba bien, que nada pasaba, pero ella se negó a dejarme hacer, insistiendo en que entrara a casa. Mientras ella corría al interior de la mansión para buscarme noté que del cuarto del que salía la música se veía una sombra tras la cortina, la cual se ocultó al notarse observada y la música dejó de sonar.
La mujer apareció por la ventana más cercana y al acercarme en voz baja pregunté por quien ocupaba aquel cuarto. Resultó ser mi primo, aquel arrogante.
Inmediatamente los colores se apoderaron de mi rostro, me sentí humillada y avergonzada al imaginarlo observándome. Negando decidí solo entrar, afirmándome del alféizar y mientras cruzaba me quedé observando aquella edificación blanca que creí abandonada...
—¿Mi tío?¿Mi padre? —Me pregunté notando a unos hombres ingresando en el edificio e ignorando los retos de la mujer.
No tenía idea de cuál razón habría para que alguien se escondiera allí, pero, me pareció obvio que deseaban pasar inadvertidos, por lo que si deseaba saber lo que sucedía tendría que llegar sigilosamente con ellos.
Sonreí a la doncella, la seguí por un momento hasta que me dejó tranquila y busqué una forma de salir de la mansión para ir a la blanca edificación. Donde al entrar, encontré a mi padre adoptivo y otras personas más. Estos se asustaron mucho pero, al reconocerme parecían aliviados. Uno de ellos dijo "Ah, ella no nos delatará" y todos rieron, menos yo.
Reclamé saber el por qué se escondían, y mi padre se dio el tiempo de explicar, que necesitaban averiguar algo sobre mi tío. Querían arreglar las cosas pero él y el abuelo necesitaban estar seguros de que no hacía nada ilegal, es por eso que me pidió no contar nada. Asentí y me fui, pensando en que debía ayudar... pero, no sabía cómo.

Me dediqué a pensar y recorrer, y tiempo después vino a mi mente la idea, de que si salía de la casa quizás podría encontrar una forma de arreglar las cosas. Al menos aclararía mi mente. Lamentablemente, la seguridad de la casa era gigante y no podía irme sin autorización,. hHbía alarmas en todos lados. Tras recorrer el terreno me percaté de que mis primos iban a salir y podría aprovechar el momento para fugarme. Me oculté en el garaje y cuando el portón se alzó me alisté para ir tras los dos autos caros y brillantes corrí para deslizarme bajo el portón. Tuve que enderezarme rápido para pasar bajo una segunda puerta y me sorprendí de que hubiera un tercer portón. No lo recordaba. Luego de pasar bajo el jardín por un túnel hasta la salida del terreno, salté una luz infrarroja que se encontraba cerca del suelo y corrí. Sin embargo, no pude cruzar antes de que se cerrase la reja de entrada. Analicé qué tanta seguridad reafirmaban los pensamientos de mi padre.

Un grupo de perros fueron soltados, pues activé una alarma sin querer. Me decidí a trepar y saltar al otro lado, no obstante una voz me detuvo: ¿A dónde vas tú sola? —Era la doncella, aquella servil mujer de gran melena oscura—. No es correcto para ti, salir sola. —Dicho esto, envió a los perros de vuelta e informó que estábamos paseando.
Con el lenguaje de señas le conté lo visto y a dónde quería ir y ella me abrazó, comprensiva. Aunque me pidió que estuviera al margen le expliqué que deseaba hacer algo para arreglar la situación de los hermanos, cuánto extrañaba cómo eran las cosas antes, y sinceramente la curiosidad me mataba. Fue gracias a estas palabras que me habló de una llave dorada, la cual podría ser clave para que todo mejorara de alguna manera.
—Pero, dicen que está perdida. Escuché una historia de dónde puede encontrarse, —Me contó, tomando mis manos con cariño— si quieres te ayudaré, pero no lo hagas sola —insistió.
—¿La llave ayudará? —Pregunté y ella explicó que servía para abrir algo que nos ayudaría.
Con la excusa de comprar en el mercado salimos juntas hacia las tiendas rurales. En el camino recordé la música que escuché antes; me pregunté si acaso aquel “simpático” primo gustase de bailar y me imagine danzando junto a él en una pista al son del vals... Rápidamente salí de mis cavilaciones al ver entre los pueblerinos a unos jóvenes pasar de forma fugaz sobre patines o algo similar.
Claramente estaban de juerga y curiosamente eran justo mis parientes adoptivos.
—Son tan… —Los miré con desdén.
Mientras más avanzábamos, el escenario era más campestre, como si estuvieran ubicados de forma discriminada, y al llegar al final de la avenida los puestos se encontraban más desordenados y la gente me provocaba desconfianza. Incluso gallinas tenían alrededor, recordándome ambientes orientales. Al final de la calle se encontraban unas carpas, las que limitaban con una reja de metal alta, la cual solo se abría para cruzar un puente que atravesaba una playa con fuerte oleaje. Pegados a la reja los turistas tomaban fotografías y grababan emocionados.
Subimos la pequeña escalera para cruzar la reja y bajamos a la playa, donde yo me paralicé con solo sentir el agua en mis dedos. La mujer se acercó al mar y cuando este se recogió, el miedo se apoderó de mi. Le hice muchas señas con el corazón en la mano, y en ese instante, cuando ella me observó entre la arena mojada se vio una pequeña argolla cual tapón de ducha. Supe que era la cabeza de la llave que deseábamos. La doncella corrió para alcanzarlo y aunque jaló con fuerza no consiguió sacarlo y tuvo que dejarlo para huir del agua que regresaba como una gran ola. Fui a buscarla, pero el agua nos alcanzó a ambas, y nos llevó a la fuerza hasta la orilla. Algunos turistas nos intentaron ayudar, lo cual fue menester al momento de que el mar volvía a recogerse.
Mi corazón palpitaba tanto que pensé se saldría de mi pecho, y en mi mente se fijó la imagen de mi madre biológica hundiéndose y sosteniéndome con deseo. Pude imaginarla llamándome. Cuando pude moverme corrí hasta la doncella y me aferré a ella tiritando, pálida y le rogué una y otra vez que desistiera, que volviéramos a casa que no podía volver al mar.
— Busquemos otra manera. No te arriesgues de nuevo. Vayámonos de aquí —Insistí sin escucharla.
Volvimos al mercado, caminamos entre las carpas que me recordaron un lugar lleno de tiendas similares en un tiempo de guerra, donde conocí a un hombre que vendía pipas y hierbas, un sueño que tuve algunas veces y nunca logré recordar con detalle. Supe que no era el sueño al encontrar un señor viejo de larga barba, quién leía las cartas del tarot.
La sirvienta se sentó frente a él, le pidió consejo sobre el problema que había en casa y él tiró las cartas. Yo desde atrás los observaba con recelo.
—Tendrás que sacrificar a una de las dos para conseguir lo que deseas. —Dijo el hombre mirando a los ojos de ella.
Al oírlo me enfadé, mis mejillas enrojecieron, la jale de un brazo para salir de ahí y hablar a solas.
— ¿Vas a creerle? Es un charlatán —Indiqué.
—Es un hombre sabio. Quizás debemos escucharlo con atención. Hazme caso.
—No, no quiero perderte, olvida todo esto. No es más importante que tu vida.
Obstinada con la idea de arreglar los problemas de la familia y alegrarme se negó a desertar del plan. Me obligué a pensar rápido y recordé lo veloz que resultaba mi primo “arrogante” al momento de una carrera. Él podría ir por la llave; algo de lo que me arrepentí al instante en que terminé de señalar mi idea.
Las demás imágenes pasaron rápido antes de regresar a esta consciencia.
Fui a buscarlo, le expliqué la situación de la familia y pedí discreción. Mi primo, la doncella y yo volvimos al puente, donde fuimos por la llave consiguiendo cogerla, pero el agua nos alcanzaba. La señora llegó a la orilla y pude sentir que el agua ya llegándome a la cintura me arrastraba, me hundí y al salir vi a mi primo nadar contra la corriente con dificultad. Ella intentó llegar conmigo pues entré en pánico, no obstante al ver que él se podía ir con el mar grité para llamarlo. Sorprendiendo a la doncella y a mi primo. Volví a gritar y nadé hasta él. Lloraba, no quería perderlo.
También vi a dos pequeñas niñas de piel oscura y cabello crespo frente a mí. Eran hermosas y tiernas, además de pequeñas. La sensación de nostalgia y el recuerdo del tipo repitiendo aquella frase: “Tendrás que sacrificar a una de las dos” llenaron mi pecho. “Son sus hijas” pensé abrazándolas con fuerza. Para ayudarme ella, sacrificaría a una de sus hijas... No puedo permitirlo, pensé.
Luego de eso, desperté...

Escrito para LDP MAGAZINE, como NOCHE 5 LINK: http://www.ldpmagazine.cl/?p=1902

#7

NOCHE 5

Desperté en un bus amarillo, con muchos compañeros que reían y hacían desorden disfrutando el viaje. Observé todo intentando recordar a dónde iba… No se me hacía raro haberme dormido en el viaje, pero al parecer… no recordaba dónde estaba.
Me dediqué a mirar por la ventana, siguiendo el camino de los postes de luz con la vista, estaba preguntándome si acaso estaría en un sueño o la vida que recordaba era un sueño cuando el bus se salió del camino de asfalto y se estancó en medio de un cerro.
Preocupada y curiosa me bajé al igual que el resto, algunos comenzaron a discutir sobre lo que se podría hacer ya que, una rueda se había arruinado. Los adultos se dedicaron a arreglar el problema, yo en cambio observé el paisaje y noté que el camino que seguía era extraño. El campo se extendía en un paisaje hermoso, el trigo se extendía hasta donde podía ver, sin embargo… algo había diferente.
Dejé a la gente conversando sobre la vulcanización, y me alejé pensando en que aquello se veía como una puerta. Una puerta invisible en el límite del sueño… o quizás no, como sea sentí que me llamaba y fui directo al final del trigal.

Frente a mí se extendió un parque de diversiones, mucha gente paseando con capas, vestidos, trajes extraños. Observé a ambos lados y noté como había cambiado todo el entorno; atrás seguía el camino del que venía, pero no me interesó volver. No, lo que estaba delante se veía diferente, nuevo, y me llené de expectación.
Seguí caminando hacia la feria y sus luces, no logré ver a todos con nitidez, pero si a un tigre blanco. Su pelaje, sus rugidos, sus garras llamaron mi atención, me moví entre el gentío que lo rodeaba para quedar en primera fila y poder observar. Sin jaula ni otras precauciones, un joven hacía un espectáculo callejero con el tigre. El joven, sin ningún temor le pedía acrobacias al felino y rodeados de turistas disfrutaban los aplausos. Yo también me sumé a los aplausos y risas.
El desplante del chico me hizo ruido: Ese chico…— pensé y me acerqué más, admirando sus movimientos, y su cabello… —¿Acaso lo conozco? —me pregunté.
Manejaba al tigre como si fuese su mascota.
Entonces, me llamó y dejó que tocara al animal, mi corazón se emocionó y el tigre era tan familiar, tan tierno... Y aquel entorno totalmente mágico. Fue jugando con el tigre que me di cuenta, ya había visto a ese chico antes, pero en un sueño.
El joven cerró el espectáculo y me invitó a caminar, llegamos a un muelle de madera, observamos el campo alrededor y el frío de la tarde hizo más amigable el día.
—¿Qué haces aquí? Yo soñaba con un bus escolar y quedamos varados en el camino… —Le conté.
—No veo ningún bus.
—Es verdad… —dije volviéndome a mirar la entrada— ¿Dónde estamos?
—No en tu sueño. —reí.
Estuvimos caminando juntos un rato, hablamos de nuestros gustos, del sueño y disfrutamos del parque de diversiones por horas, entonces empezó a atardecer y sentí que estaba cansada.
—Me la he pasado bien, ¿nos volveremos a ver, cierto?
—Me encantaría —Tomó mi mano y seguimos caminando juntos.
—¿Cómo te llamas? —Pregunté, y sentí que me desvanecía.
No solté su mano, y escuché claramente la respuesta, que repetí en mi mente mientras el velo del ensueño nublaba mi mente. Hasta el día de hoy, no logro recordar su nombre.

Escrito para LDP MAGAZINE como NOCHE 6

#8

NOCHE 6

Con maletas a cuestas caminé junto a mi hermana hasta llegar a una casa angosta con tres pisos. Un matrimonio nos recibió, ellos tenían tres hijos mientras que nosotras estábamos solas... No entendí de que forma nos ayudarían hasta que nos dijeron que seríamos las sirvientas pero, principalmente las niñeras.
Ellos decidieron dejarnos solas en la cocina, donde conocimos a otros sirvientes más adultos que nosotras; El varón constantemente intentaba aconsejarme y con el tiempo supe que era homosexual, mientras que la mujer hacía aseo y cocinaba mirándonos despectivamente todo el tiempo.
Una mañana abrí los ojos y descubrí que el niño más pequeño me miraba intensamente, lo saludé un poco confundida y me ofreció una bolsa con dulces que cogí atónita, entonces corrió para ir a clases. Me levanté perezosa y descubrí que mi hermana también se vestía. bajé rápidamente y me regañaron mucho, lo correcto hubiera sido levantarnos antes y asegurarnos de que los niños partieran a la escuela con tiempo y desayunados.
Un frío recorrió mi cuerpo y la mujer de aseo nos hizo sentir inferiores… me sentí tan mal, que agradecí cuando salió a comprar dándonos tiempo de seguir adaptándonos con tiempo, principalmente yo, mi hermana ya parecía adaptada y eso también me incomodaba.
Me mandaron a comprar, el barrio parecía destacar por tener escaleras y casas angostas, entré a la tienda y allí estaba la señora a la que no le agradaba; quien, no perdió la oportunidad para regañarme por salir, seguí mi camino y salí de la tienda intentando no responder y para mejorar todo una jauría de perros furiosos comenzó a gruñir. Claramente corrimos, y nos siguieron. Saltamos muros y subimos escaleras hasta deshacernos de ellos y por fin llegar a la casa. Aquello hizo que la señora dejara de retarme al menos por unos días.

Llegó ese día tan esperado por los niños, para mi no significaba nada, pero ellos hacía una celebración en el barrio con muchos niños adornos en las calles y postes. La pareja que nos dio asilo me asigno la tarea de cuidar a su hijo mayor y una niña pequeña, al parecer su sobrina. Ambos eran cercanos a mi edad, pero siempre menores. ¿11 años? Tal vez.
Con ambas manos en los bolsillos y sintiéndome algo estúpida los observaba y seguía desde lejos. Cerca del atardecer el chico que debía cuidar entró en una disputa con alguien mayor, inmediatamente fui a intentar que las cosas se calmaran, no obstante la discusión creció a tal punto que terminé diciendo al otro niño algo de lo que me iba a arrepentir: Te reto, si gano no te meterás más con él— Le dije y aceptó.
Al igual que mi custodiado pensé en que lo malo de aquello era que el joven era 100% más instruido que yo.

Fuimos al patio de una escuela, nos ubicamos dentro de un ring dónde, un adulto me entregó un estuche forrado al igual que a mi contrincante.
—¿Cuándo aparecerán los padres? —Me pregunté— Malditos... ¿cómo creen que yo puedo encargarme de todas estas cosas?— pensé, después de todo no era más que una pre-adolescente.

Al interior del estuche se ubicaban dos varitas mágicas, un lápiz y dos cosas que no fui capaz de reconocer. Sostuve ambas varas en la mano y tiré lo demás y comenzó la batalla.
El niño me atacó usando magia, yo quise detener el golpe pero no funcionó y caí inmediatamente al piso.
—¡No! ¿Qué pasa?— Me preguntó el niño a mi cuidado, corriendo para ubicarse cerca de mí.
—Nada, eso pasa. ¡Nada!— Dije en voz alta y moví las varas de un lado a otro.
Me golpeaban nuevamente y caía con la sensación de dolor en mi rostro.
—¡No es justo, la han trucado!— Reclamó queriendo entrar al cuadrilatero, pero sus amigos lo detuvieron. Ellos obviamente no se preocupaban por una simple empleada de quien además, creían que no tenía poder alguno.
—Es mejor que huyas, va a perder —Le aseguró el otro niño, con sonrisa maliciosa.
—No puede perder— Insistió
—Morirás y él seguirá contigo— Recalcó un chico de la fiesta mirandome.
—Tienes que correr. —Me dijo uno de los amigos de mi protegido.
Yo, decidí pararme y reclamar que me dejasen usar mi varita, pero ellos no quisieron.

—Tú no tienes magia, eres una sirvienta. Deja de fingir —Me dijo uno.
Fruncí el ceño molesta, me sentí humillada, más porque volvieron a tirarme con otro ataque que no pude detener.
—Si eso crees, entonces no seas nefasto ni indigno. Hagámoslo sin magia— Lo provoqué levantándome una vez más, conteniendo la ira y manteniendo la humildad que pude.

En mi mente recordaba aquellos aprendizajes de magia y también de batalla, por lo que me puse en posición para pelear ,un hombro más adelante que el otro al igual que la postura de los pies, sonreí al notar que él aceptaba la pelea creyendo que por ser hombre tendría la ventaja y volvería a ir hacia mí.
Sorprendiéndolo esquivé el golpe, respondí con movimientos de defensa que me llegaron instantáneamente a la mente. Comencé a ganar, sin embargo un empleado no debe ponerse por sobre el hijo de un señor... Por lo que, antes de poder cantar victoria me detuvieron antes de vencer y aunque mi pequeño protegido reclamaba, no pudieron quitarme la sonrisa ni los golpes dados. Fue claro que estaba ganando. Me preocupó un poco el hecho de que el chico al que vencí no cumpliera su promesa, pero, ya nada podía hacer… Me acusaron y encarcelaron por hacer algo indebido.

La celda era de piedra, con suerte entraba luz por un agujero cerca del techo y tres mujeres se encontraban adentro conmigo, eran brujas al estilo antiguo. Conversando con ellas descubrí que eramos parientes, en la celda vecina había un brujo al que odiaban. Aquel hombre había tenido una aventura amorosa con una de ellas, la cual terminó muy mal. Había sido hace muchos años y aún no se arreglaban
Estando allí analicé que los niños a los que cuidaba no tenían magia y por eso me habían buscado para protegerlos, yo y mi hermana si la teníamos (Lo normal era al revés).
—No te preocupes niña, ahora estas con nosotras. —dijo una de las mujeres y sonreí.
Es verdad, eramos brujas en una celda… tres viejas brujas y yo. No estaríamos ahí por mucho tiempo. Las miré y sonreí era lindo encontrar más familia.

#9

NOCHE 7

Yo jugaba con mi hermana menor mientras los adultos parecían muy atentos a la radio, especialmente cada vez que transmitían las noticias. La verdad yo estaba preocupada de otras cosas y probablemente fue la razón de que me llamara tanto la atención cuando mi padre me dijo que fuera por mis bolsos y arreglara también el de mi hermanita. Teníamos que abandonar todo e irnos lejos de allí, no entendía mucho solo que tenía que ver con política y al parecer dividirían a las personas de la ciudad por dos grupos. Una discriminación total.
Llegamos a una reja donde toda la gente hacía filas y los soldados revisaban a las personas antes de dejarlas pasar. Observé a mi padre con detenimiento, estaba preocupado y muy serio, fue a hablar con alguien mientras yo cargaba a mi hermanita de dos años... El hombre, se veía igual a mi padre, sin embargo, la ciudad era un tanto diferente a la que yo recordaba. Luego me dijo que debía ir por alguien más. Lo seguí hasta un cité, entonces descubrí que tenía un hermano mayor, alguien a quien no conocía mucho pero al parecer lo conocía por la escuela o el barrio, estaba enojado con papá pues al parecer no lo había reconocido y ahora quería salvarlo de quedar en la mitad pobre de la ciudad. Aún así, luego de discutir nos acompañó, le sonreí amable pero este solo fruncía el ceño y sujetaba con fuerza la mochila en su espalda.
Luego de varias horas esperando llegamos a la reja donde debíamos poder cruzar, mi padre conversó en voz baja con el soldado, le mostró nuestros papeles y le permitieron cruzar, a mi también pero, antes de que cruzara el umbral de aquella entrada a la mitad bien constituida del pueblo escuché aquel prepotente "Usted no, jovencito, atrás."
Giré sobre mis talones sin soltar a mi hermanita. Mi padre, se apresuró a explicar que era su hijo, pero el ya había cruzado y antes de que cerraran para separarnos yo retrocedí quedando junto a mi hermano.
-No puede separarnos, es parte de la familia -Insistí también.
Mi hermano no sabía que decir, el hombre nos miró muy serio y discutió con mi padre, diciendo que ya nos dejaba pasar a nosotros pero, mi hermano tenía registros de ser problemático y no podría cruzar, no había nada qué hacer.
-Sí el no cruza, yo tampoco - Dije, y tanto mi hermano como mi padre expresaron en voz alta su confusión.
-No puedes dejarme solo con tu hermana pequeña, como la cuidaré y trabajaré al mismo tiempo. -Añadió mi padre, quien ya se había rendido de luchar por mi hermano.
-Pues la dejaré aquí conmigo. Yo la cuidaré. No voy a abandonar a mi hermano en este horrible lugar.
Me despedí de mi padre, di media vuelta y cogiendo del codo del chico a mi lado me alejé de allí enfadada. No podía comprender que papá no quisiera quedarse en vista de las circunstancias.

Buscamos un lugar donde quedarnos, habían muchas casas vacías desalojándose, pero por alguna razón tampoco era muy cauto coger alguna de inmediato. Mientras yo me uní a un montón de carpas armadas con Cortinas y nailon, mi hermano de quien no recuerdo el nombre recorrió lo que quedaba de la ciudad. Cuando volvió le expliqué lo que me habían dicho sobre comidas, buscar y cómo podríamos ir salvándonos, y él me dijo que habían casas en Llo-lleo que aún no eran tomadas, y a primera hora sería bueno ir por una de ellas.
Entonces, me acomodé entre las frazadas junto a mi pequeña hermanita, estaba preocupada porque debía velar por ella. Quizás quedarme no haya sido lo mejor para ella, sin embargo, podría más adelante ver que llegue con papá y yo seguir junto a mi hermano... Ya le había tocado perder a su madre también... y seguir solo mucho tiempo... no iba a dejarlo también yo. O si? Después de todo eramos familia. Eso pensé... y así... pensativa... me dormí.

#10

NOCHE 8

Desperté en medio de la carrera, bajo la iluminada noche me dirigía a un gran edificio de piedra. Me detuve unos segundos pues me sentí perdida, miré alrededor el paisaje lleno de lunas en el cielo, con un pasto suave bajo mis pies descalzos e intenté recordar, a mi memoria vino el recuerdo de que necesitaba encontrar a alguien muy querido así que seguí corriendo por instinto.
Mi cuerpo era otro; uno más azulado y pálido al mismo tiempo, mi vestimenta (de dos piezas) no la reconocí realmente, pero seguí el plan que vagamente estaba en mi cabeza, era imperioso llegar con esta persona.

Ingrese a unos baños, estos eran muy amplios con varias duchas separadas en cubículos. En uno de ellos se escondía la chica a quien buscaba y al encontrarla la abrazaba y en el ímpetu no evitaba besarla, pero, rápidamente me aparté con vergüenza. La chica tenía un cabello rizado y voluminoso, pude verlo cubrir parte de mi rostro cuando se abalanzó sobre mi, correspondiendo a mi primera reacción. Di dos pasos hacia atrás desviando la vista, pero ella sonreía y me arrinconó contra la pared. Sabiendo que no podría igual me hice hacia atrás y entonces me caí atravesando esa pared y desperté.

Estaba durmiendo en algún lugar de la ciudad.

...continua en la noche 14

Escrito "completo" para LDP MAGAZINE como NOCHE 7

#11

NOCHE 9

Frente a mi estaba un hombre alto y macizo, hubo una pelea y yo tomé a mi hijo y corrí al interior de una nave. Me golpee y todo se volvió negro, al menos... es lo que logré recordar al abrir los ojos. El mareo apenas me dejó llegar al balcón donde intenté respirar con calma y ponerme en contexto. El paisaje, bastante futurista, me mostraba una hermosa noche helada. Había estado en medio de una fiesta, donde la gente por alguna razón comenzó a huir. Miré con atención, necesitaba comprender qué sucedía pero aún veía un poco borroso.
Me sobé la cabeza y ordené mejor mis ideas: Estaba en el living de la nave, se encontraban mi madre, mi hermana y unas cinco personas más, entre ellos una niña me explicaban a qué planeta viajaríamos. Sí, aquella nave era toda una casa con comedor, dormitorios pequeños en un segundo nivel e incluso algo similar a una cocina. Con mi bebé recién acoplado en el grupo me instalé en un cuarto de la “casa espacial”.

Una vez más despierta, me despedí de algunos adultos que durante el viaje decidieron dormir en criogenia, yo no podría hacerlo por mi bebé. Fui a buscar un botiquín para curar la herida que tenía el costado derecho del abdomen, mi hermana, siempre tan preocupada fue a verificar mis heridas, lamentando que la lactancia me impidiera sanar en estado congelado.
—Estoy de acuerdo, prefiero darle leche materna natural. -Le dije con una sonrisa.
—Igual podrías entrar por las noches, unas horas.
—Lo pensaré. ¿Estaremos bien?
—Ustedes son mi seguro, ellos no cuentan con que estén despiertas, piensan que estoy sola. —Sonrió con esa seguridad que la caracteriza.
Mirando la nada recordé a ese hombre que me había lastimado y al parecer creía que yo estaba fuera de combate… aquello me dejaba un poco tranquila, quizás tuviéramos una carta a nuestro favor.

Un día, estando en la cabina de mando recibimos una llamada, mi hermana la atendió en videoconferencia; antes de que la pantalla se encendiera ya me había ocultado tras un mesón. Por el uniforme del hombre parecía ser quien me lastimó o al menos del mismo equipo, mi madre también se mantuvo lejos de la cámara.
—Parece que no era el mismo— Comentó mi madre, luego de que la pantalla se apagó.
—¿Están seguras? -preguntó
—Se escuchaba diferente.
—Todo estará bien —Dijo mi hermana, mas su rostro cambió al sentir un sobresalto en la nave.

—¡No ha funci~~~~~~~~~!- Gritó alguien y solamente atiné a esconderme, pues mi estado no era para pelear y no logré entender todo lo que dijo.
—Rápido— Ordenó mi hermana
Entré a un pasillo angosto y azulado con forma de U, ocultándome justo en medio, evitando ser vista en alguna de las entradas, miré el cielo pensando que aquel era un lugar terrible pues podrían acorralarme por ambos lados, inmediatamente escuché unos pasos a mis espaldas y di un respingo con el corazón en la mano, antes de gritar taparon mi boca.
—Madre…
—Sh… son ellos. —Dijo y supe que eran los de la videoconferencia.
—Espero que no tomen al bebé… no les serviría de nada. ¿Cierto?
—Hay que rezar por él. — Susurró y yo mantuve firme mi mano en el cinto, sobre el arma.
Por los sonidos y murmullos entendimos que las cosas no iban bien para la nave, teníamos poca gente despierta y ellos eran fuertes. Nos asomamos para saber que sucedía: algunos capturados, un muerto y mi hermana corriendo de aquí para allá por los pasillos, voltee a ver a mi madre y pude notar en sus ojos la misma duda que tenía yo, “¿Mi hermana estará en problemas o habrá aceptado ser del equipo enemigo?” Ya era raro que aún estuviera por ahí moviéndose sin drama…

En menos de dos minutos alguien sospechó de mi presencia, y retrocedí en mis pasos, mamá me dio esa mirada de “corre que te pillan” y por detrás de mi llegaron unos hombres, los golpee y empuje uno a uno –un beneficio del bendito pasillo- pero antes de poder huir llegaron más por el otro lado y pensé que estaríamos perdidas pues… Mi madre es mi madre y uno nunca las ve como grandes guerreras.
Para mi grata sorpresa sabía defenderse y más fue mi gratitud al ver que mi hermana llegó armada, derribando a los hombres y alcanzando a nuestra madre.
—Ya desarmé a los que faltaban.
—Dios bendito— Suspiré.

Salí de ahí hecha un bólido en busca de mi pequeño, no sin encontrar en el camino uno que otro enemigo que se había soltado de sus amarras. Como ya habían salido nuestros compañeros de la criogenia y estaban ayudando, no les di mayor importancia. Además, definitivamente mi hermana era un arma letal, así que corrí tranquila escondiendo bien mi herida por si fuese necesario pelear… y ahí estaba él. El maldito que me había lastimado, con el niño en sus brazos y la pequeña con quien había hablado antes a un lado.
—Ya sabes qué hacer —Me dijo, con una gran sonrisa.
Mi hermana llegó justo después de mí, se detuvo casi descansando a mi lado y mostrando los dientes con satisfacción, solo puso una mano en mi hombro dándome a entender que todo esta bien.
—Sí. Darte la última oportunidad de salir con vida. Tenemos a toda tu tripulación, entregar a los niños es tu única salvación. —Respondí con arrogancia.

Y desperté...
Estaba dormitando en la sala de clases, me di cuenta que estaba en la sala del extremo contrario al pasillo, el colegio era de madera, casi igual al mio... con modorra observé a la directora berrinchuda. Volvía a insultarnos y maltratar psicologica y físicamente a quienes tuviera más cerca. "Maléfica dos" pensé y me pregunté porque estaba en un colegio de magia si no tengo magia en esta vida, ¿o sí? Me pregunté y pensé: ¿será que estaba soñando con un mundo sin ella y ahora estoy despierta?.
Unos chicos rebeldes, hicieron reír a todo el curso, aquello hizo ameno aquel momento de terror, estaba muy aburrida en la clase, por lo que me dejé llevar por los chicos revoltosos y al igual que ellos corrí por los pasillos, esquivamos encantamientos en el piso e hicimos resbalar a la directora que nos seguía logrando así un severo castigo y mucha tarea extra de un nivel más avanzado….
Ya en la sala de castigos, no reímos y quejamos de los maestros y luego... todo se desvaneció.

#12

NOCHE 10

El entorno era similar a mi ciudad, pero no era la misma; vivía con mis hermanos mayores, y a medida que crecían se iban mudando, las imágenes pasaron rápido por mi mente actualizando mi memoria, entonces comprendí que mi hermana mayor se había muerto hacía años y yo me hice cargo de criar a su hija. Siendo mayor de edad podía hacerlo, la inscribí en un instituto de buen nombre, y por razones laborales me mudé de ciudad. Ella acostumbraba dirigirse al colegio con su amiga, lo sabía porque hablábamos a diario también lo hacía con su padre. Todo parecía ser rutinario hasta que un día, al medio día me lamó llorando con demasiada pena, no entendía nada de lo que me decía. Pensé que tendría relación con la reunión de padres a la que no pude ir, los padres de su amiga me informarían, sin embargo, en vista de la llamada corrí dejando mi trabajo de lado, tomé un taxi muy preocupada. Aunque me perdí en el camino, logré llegar.
Al verme ella corrió hacia mí deshaciéndose en llanto como cualquier adolescente con un gran problema, finalmente no era algo tan horrible y eso me alegraba. Intenté calmarla antes de explicarle que tendría que volver al trabajo. Así, más adelante, cuando ingresé en una especie de secta o internado religioso nos costó separarnos, pero por medio de cartas seguía sabiendo de ella, y ya no era su apoderada.

Un día, sentí un aura negra a mí alrededor, y la imagen de mi sobrina llorando como en su adolescencia invadió mi mente, decidí que -a pesar de no cumplir con la fecha mínima de mi estadía- tenía que ir. Al ver que no me permitían salir dije “si no me disculpan estos días de ausencia por emergencia familiar, entonces renunció. Mi hija es más importante que cualquier otra cosa.” Sabía que ella no era mi hija, ellos también lo sabían. Pero, era mi sobrina y la quería como si fuese mía. Sorprendentemente me dejaron ir por las buenas y emprendí un viaje en un automóvil pequeño, mirando ansiosamente por la ventana. En un momento tuve la sensación de que no era mujer (quizás solo era que me sentía más fuerte de lo que soy ahora y capaz de imponerme ante cualquier persona, cosa que al parecer no era permitido a las mujeres en ese mundo).
Cuando llegué al pueblo supe por mis vecinos de que ella no estaba en casa, se preparaba para “El Gran Momento”, una boda con el hijo de alguien, un tipo que no me agradaba por alguna razón. Llegue a casa porque estaba más cerca y discutía exigiendo explicaciones a la familia.
—¿Por qué no me dijeron nada? ¿Acaso ella está de acuerdo? —Al recibir una respuesta evasiva hablando de lo conveniente del matrimonio me exasperé— ¿Quiénes se creen para decidir por ella sin consultarme?
Di media vuelta y corrí, supe que la obligaban desde el momento en que llegué, lo sentía en mis entrañas y lo comprobé al descubrir que me seguían con la intención de detenerme. Olvidando protocolos los empujé y golpee para seguir bajando el cerro por una colina con poca iluminación, llegué hasta un salón donde encontré a mi pequeña con su vestido blanco llorando a mares, sin poder oponerse por su corta edad.
La abracé con fuerza y le prometí que no dejaría que la casaran.

—No quiero, no lo quiero. —repetía aferrándose a mi con fuerza.
—Lo sé, tranquila. —Murmuré a su oído, y miré con odio a quienes entraron después de mí.
Comenzaron a repetir que el chico era bueno para ella, guapo y en edad acordé, toda una maravilla.
—Yo la críe y yo decidiré lo que es mejor. Intenten convencerme de que hacerla infeliz es lo mejor si quieren, pero no lo lograrán.
Durante esa noche, dormí a su lado, antes de cerrar los ojos comenzamos una larga conversación sobre lo sucedido y lo que se vendría, no obstante…en esa larga conversación surgió algo que no me esperaba. Con mucha preocupación me dijo "debo contarte algo, pero tómalo con calma", asentí y prosiguió: A tu amiga, la casarán en pocos días con un hombre que pidió su mano.—
—¿Qué? —No supe que nombre tenía pero supe que era quien en ese momento era mi mejor amiga.
—Su familia aceptó… Sé que no puedes hacer por ella como por mí, pero, sé que querrías saberlo de igual modo… —Me miró con preocupación tocando mi mano, ya no la veía, ni a ella ni algo, solo vi rojo.

Sentí que era mi culpa por no estar para usar artimañas amistosas y mantener a mis seres queridos bien y contentos, comencé a dar vueltas en círculos por el cuarto y apenas podía escuchar la voz de mi sobrina conversándome maduramente. Sonreí solo por notar lo mucho que había crecido a pesar de ser menor de edad, oficialmente bajo la tutela de uno de sus tíos. Yo. Varias horas después me puse un chaquetón oscuro encima y salí caminando, el barrio era muy similar al de Barrancas, cerca de dónde vive mi abuela, subí por una esquina como la del paradero ocho, no alcance a doblar cuando escuché a Camila preguntando a dónde iba con preocupación.
—A evitar que arruinen la vida de mi amiga. —Ella no hizo nada, se quedó ahí viendo mi espalda alejarse.
Con la ira acumulada en mis puños llegue hasta una casa y golpee la puerta, no abrieron así que rompí la ventana, llamé con fuerzas y las escenas pasaron rápidamente por mí cabeza, nada fue claro, vi paredes color crema, rostros al azar. Supongo que habrá sido una pelea…

Tras el mareo inicial, vi el cielo claro de nubes blancas, al enderezarme vi frente a mí la playa, me encontraba sobre la arena amarilla y suave tomando el sol. A un lado mi hermana y por otro más parientes, reconocí a mi tía Mabe con su hija cerca de mí, mi hermana con los demás de nuestra edad se bañaban no muy lejos pero, mi prima parecía tener miedo de ir a las olas, aunque quería jugar al mismo tiempo.
—¿Vamos juntas al barranco? —Le ofrecí y ella asintió.
Nos acercamos, no era profundo o peligroso, los demás jugaban en el riachuelo que pasaba entre las rocas. Bajamos juntas entre risas y nervios, las paredes del lugar estaban llenas de musgo y me daba algo de asco, pero bueno, la orilla del río estaba igual. Con solo poner un pie en el agua esta nos llegó a la cintura, a mi prima le dio tanto asco como a mí el musgo, por lo que aunque no había hecho comentario alguno sobre el tema ella me propuso salir y acepté. Nos reímos de habernos puesto el bañador por nada, desde arriba vi a mi hermana de padre y madre y a mi sobrina mayor, reían con ganas.
Observé las olas, hacían mucho ruido y me gustaban, vi también una casa que se encontraba ahí muy cerca… quise acercarme pero, entonces regresé a esta realidad.

#13

NOCHE 11

Aquella noche paseaba por la villa, el cielo comenzaba a verse más claro y me preguntaba si ya iría a terminar mi noche de juego. Aún no entendía mucho cómo manejar los sueños en que paseaba por la villa, no era como soñar con caballos o dibujos animados. En mi caminata me tope con un bus detenido, aquello era nuevo, muchas personas subían en silencio así que inconscientemente subí también, pero, este nunca partió.
Al parecer, seguía esperando gente, miré a todos con detenimiento y me di cuenta… ¡Eran fantasmas!
Aterrada, me bajé corriendo del autobús, con el corazón en la mano fui hasta mi hogar, entonces unas sombras aparecieron, parecía que fueran tras de mí. Llegué a casa, pero no podía abrir la puerta, y nadie escuchó mi llamado, sin saber si sería un sueño o qué, el terror se apoderó de mí así que simplemente me escabullí por la ventana (la que siempre usaba al quedar atrapada en el jardín de la casa). La ventana daba al cuarto de mi hermana, una zona segura para mí. Aquella siempre tuvo un aura diferente a todo el hogar, parecía estar protegida de alguna forma.
Me paré en el umbral del cuarto para ver hacia el mío, ubicado justo al lado.
En el centro de mi dormitorio un alma en pena gritaba con toda su ira diferentes frases que no pude comprender. Su fuerza parecía llenar el ambiente haciéndome sentir pequeña y vulnerable.
Quise ir con mis padres, pero para hacerlo debía cruzar mi cuarto, el living e incluso el comedor, y un ser masculino volaba por el techo amenazador… Por eso, cruce a gatas, hasta las estancias compartidas, dónde me pegué a la pared, y me detuve junto al cráneo de vaca al que papá le instaló unas ampolletas en lugar de ojos. Tiritando, alce la mano para intentar prender aquellas luces, pero solo desperté a otra alma en pena.
Aquella mujer lloraba por su hijo, le brotaban lágrimas que llenaban todo el comedor mientras danzaba por el cielo de mi hogar.
Espantada, grité también.
¡Habían invadido mi hogar, mi refugio! Estaba desesperada, queriendo despertar tomé con ambas manos mi cabeza alzando la voz: ¡Esto es una pesadilla, quiero salir, quiero salir! ¡Qué alguien me despierte por favor!

Entonces abrí los ojos, aún con escalofrío en la espalda sin querer cerrar los ojos, ni salir de la cama.

Escrito para LDP MAGAZINE como noche 9

SKSeibert
Rango3 Nivel 10
hace 9 meses

y pudiste dormir después de eso?
Uuf, en tu lugar no vuelvo a pegar ojo por un bueeen rato. En casos como este, agradezco tener tan mala memoria con los sueños xdd
Aunque si me dio risa eso de "quiero salir de aquí" y walá! despertar altiro


#14

NOCHE 12

Estaba caminando por un bosque, una aldea... llegué a un quiosco donde me senté a observar el caudal de agua... un tranquilo río entre la floresta. Me puse de pie cuando observé aquel bote de color tan vivo. Resaltaba entre la claridad de las plantas y el agua. Me subí, alguien manejaba el bote y yo toqué el agua clara con mis dedos, luego me senté para apreciar como avanzaba por el que al parecer era un calmado río. A los lados, grandes hojas de arbustos muy verdes se balanceaban, íbamos hacia un lugar concurrido pero tranquilo. Una paz enorme se podía sentir en aquel bello paisaje, pero al mismo tiempo una añoranza empezó a oprimir mi corazón. Imágenes vagas de niños jugando, de casas como si hubiera estado allí antes, en un pequeño pueblo, un pueblo al que iba de regreso... un lugar que no recuerdo.

SKSeibert
Rango3 Nivel 10
hace 9 meses

Un sueño relajado como pocos jajaja
Lo del bote con la calma me recordó a la idea del "viaje al Más allá" xd, aunque la última parte me hizo pensar más en otras vidas.


#15

NOCHE 13

Me despertó el motor del auto, seguíamos en la carretera. A mi lado, una amiga manejaba y me incorporé cuando me di cuenta de que estacionaba.
Alguien se había detenido en la berma. "Voy a pedirle indicaciones" me dijo, me bajé también para acompañarla, no obstante cuando apenas salí del auto los hombres empezaron a disparar.
Rápidamente me fui hacía los maizales, y por más que corrí me dieron en la espalda. Al caer sobre el piso pude divisar mi alma flotar cual fantasma blanco, y se alejaba con las faldas blancas de su figura meciéndose sobre el campo. Las personas que me dispararon sonrieron pesar de verla figura blanca alejarse, no les preocupaba pues al parecer iba en el sentido correcto. Mi amiga estaba junto a ellos…
—Fue una trampa —pensé y mi conciencia, como un ente aparte no se rindió—. No los dejaré —me dije y di la orden a mi cuerpo de levantarse.
En un modo zombie la parte consciente de mi ser siguió al fantasma que era mi alma, yo sentía mi cuerpo pesando, sin embargo este seguía tirado por lo que nadie me detuvo.
Mi conciencia corrió y corrió por el campo alzando los brazos y cuando al fin cogí la cola de aquel fantasma lo abracé por la cola lo abracé para volverlo a mí e instantáneamente recuperé mi cuerpo, fue entonces cuando lograron verme.
Me adentré entre el maizal de inmediato, me detuve solo al chocar con una ex-compañera que se sorprendió de ver a alguien ahí. Le expliqué que me perseguían, que deseaban robar mi alma, ella me acompañó de vuelta al auto, en carrera y agachadas esquivamos algunas balas, pero conseguí recuperar el auto ella me guió hasta su pequeña ciudad.

Aquel pueblo tenía un ambiente sombrío, está antigua conocida me contó sobre un culto que cada cierto tiempo cazaba un alma (de preferencia de algún turista), sin embargo no descubría para quién o qué era. Me oculté con ella por unos dos meses al menos, y fue aprovechando una celebración de la ciudad que intenté huir del pueblo, pero me perdí dentro de un edificio con oficinas y me atraparon.
Dos hombres altos y corpulentos me obligaron a entrar en una bodega de verduras, donde me pusieron a pelar las mismas. No era la única allí, pero al rato llamaron a un joven y lo dejaron salir, entonces me puse a escuchar lo que hablaban tras la puerta, y no me gustó lo que oí. Planeaban mi ejecución.
Por las voces calculé unas cuatro personas al otro lado, entonces volví a pelar las verduras mirando de soslayo el escenario que tenía en frente. Un hombre con traje elegante entró dando ordenes. Tomé una fuente con verduras listas y salí pensando: si no hago algo estoy perdida.
—Aún faltan, pero la fuente ya está llena, ¿dónde está la cocina? Para llevarlo para allá —Expliqué a un tipo que me dio la impresión de ser guardia.
Uno de ellos me indicó un camino, ahora solo habían tres. Al tener que volver a la bodega me mezcle entre el gentío y fui directo al portón. Antes de que pudieran divisarme de nuevo corrí con todas mis fuerzas, aún así escuché cuando gritaban que estaba huyendo, intentaba pensar en un lugar seguro cuando ya me había encontrado con mi nueva amiga.
—¿Qué sucede? —Preguntó.
—Tengo que huir de la ciudad, ya no puedo esconderme más.
—Sígueme, nos mezclaremos.
Me llevó hasta un mall, hablaba de escoger una lavadora con urgencia y entrabamos a los pasillos con el auto, yo le insistía en huir pero, ella me explicaba que teníamos que planear algo para que pudiera escapar y al mismo tiempo aprovecharía de comprar la lavadora que salía en el anuncio de la entrada. Suspiré resignada y ante la negativa de irse sin su compra.

Bajamos del auto con una carro de supermercado en las manos, y resultó que no quedaban de ese modelo de lavadora y los tipos nos alcanzaron también, cuando los vi me escondí y agachada volví hasta ella, pero ella estaba conversando animadamente, sin notarme y antes abrir la boca reaccioné: Es uno de ellos… Siempre me engañó...
Tal fue mi decepción y sorpresa que me volvieron a encerrar en el mismo edificio anterior (Era una escuela), y aunque conseguía escuchar murmullos al otro lado del cuarto no conseguí saber por qué deseaban capturar almas.
Me indicaron salir y seguirlos, sentía que iba por el corredor de la muerte así que cuando me desaté las manos y encontré el momento, comencé a huir.... Salté el muro que dividia patios y salté a un techo cual deportista. La chica que antes me engañó me llamaba diciendo que podía ocultarme, pero esta vez la ignoré. Seguí subiendo paredes corrí por el barrio hasta llegar a unos departamentos, donde empecé a saltar de balcón y balcón hasta encontrar uno con las ventanas abiertas ofreciéndome refugio.

Me escondí en un rincón y preocupada escuché a unos jóvenes, lo que me dejó en claro que la casa era familiar y por su vocabulario también educados. Me encerré en un armario al escuchar que alguien se acercaba, sin embargo... el más pequeño me encontró.
—Por favor, no digas nada… no les haré daño, tengo miedo nada más… por favor, no digas que estoy aquí… —Le rogué saliendo del armario, y de soslayo pude ver la ventana...
En la calle, estaba un grupo de personas buscándome.

El niño me miró y también volteó hacia la ventana, la gente estaba entrando al edificio en mi busca, lo observé expectante y tras pensar un poco, aquel pequeño de corta edad me indicó otro dormitorio, sin salida a la calle. Fui sin dudar, creer en él era todo lo que me quedaba por hacer.
El nuevo cuarto estaba desordenado con video juegos y cables, mantas sobre el piso y platos vacíos con papeles de golosinas ubicados al azar. Me escondí en lo más profundo de un ropero, ocultándome entre toda la ropa y cosas allí guardadas. Una voz masculina se hizo notar, y el pequeño corrió obediente, yo intenté mirar por una rendija y así conseguí ver al dueño del cuarto, un chico más grande muy despeinado. No estaba segura de mi edad en ese lugar, pero él estaba más cerca de ella que el pequeño anterior, por lo que pude deducir. Podía escuchar la televisión y reconocí la melodía de un juego, otros chicos se sumaron a la entretención por unas horas, luego se fueron juntos.
Viendo mi oportunidad de salir, sigilosamente crucé el pasillo de la casa rápido para volver al dormitorio del pequeño, me encerré justo a tiempo, ya que alguien más entraba al "cuarto del desorden".
En ese momento, mirando con tranquilidad me di cuenta de que era un espacio, si bien pequeño estaba muy bien distribuido y cual "L" tenía un espacio algo escondido que lucía un hermoso piano. Tocaba la madera cuando escuché ruido afuera, sin pensar me metí en l parte inferior de este, levanté la tapa para observar a un chico idéntico al despeinado, pero con ropa más limpia, tarde un poco en reaccionar que no eran el mismo. Como era de esperar se acercó a tocar el piano y me descubrió pero no se sorprendió demasiado.
Al parecer el niño pequeño les había hablado de mí…
—Creí que estabas en el otro cuarto. —Me dijo, ayudándome a salir.
Conversamos un momento, luego me tranquilizó diciéndome que me ocultarían, y así fue por algunos días, hasta el día en que llegaron a revisar ese apartamento. Uno de los chicos me acompañó al balcón, mientras los otros miraban desde el pasillo a los que me buscaban, salí por la ventana y subí al balcón de arriba y seguí subiendo, huyendo sin tocar el suelo… como si así no me pudieran alcanzar.
Repentinamente todo se oscureció…

#16

NOCHE 14

Me desperecé confundida, pensando en aquel extraño sueño y empecé a saltar muy alto, para llegar a barrancas, en eso estaba cuando sentí un escalosfríos, no veía a nadie, solo una ciudad de noche, casi vacía. Me dio miedo acercarme a la gente así que seguí saltando, no podía ser muy diferente del resto de mis sueños en la ciudad. Pero, entonces noté que alguien me seguía, era un ser que parecía ser una sombra, así que comencé a correr, llegué a una población.
Se escuchaba sus rápidas pisadas. Pasé bajo una escalera y doblé en varias esquinas, debía llegar a casa y evitar que me alcance. Llego a la plaza, mi casa está muy cerca pero no quiero que la sombra ingrese conmigo. Me detengo frente a la casa, y giro para dar la cara. La sombra simplemente me ataca e intento esquivarle pero tropiezo, me levanto a gatas y esquivo otro golpe antes de levantar las manos, le lanzo unos golpes que no sé si llegan pues me cuesta hacerlo, me duele cada movimiento y le golpeo, sin embargo una patada me da en el brazo y deja caer contra los arbustos que ha plantado mi padre.
Algo sucede, todo es negro…
Despierto con todo el dolor en el cuerpo.

#17

NOCHE 15

Era tarde, estaba con mi prima en una casa era muy similar a la casa en que vivía entonces. Íbamos al baño, como siempre juntas y conversando; allá estaba, duchándome conversando animadamente cuando un hombre entró de golpe haciéndonos respingar. Instintivamente me cubrí con la toalla más cercana y él retrocedió, salimos rápido y en tanto yo me escondía en mi cama, mi prima le informaba al hombre que ya podía usar el baño.
Vi que el hombre entró por la ventana del cuarto con un chico joven, mi prima se fue a otra pieza y el hombre hacia el cuarto de baño pero, el joven que lo acompañaba no.
Él vino a mi dormitorio y se acomodó a un costado de la cama observándome, pude sentir su mirada mientras yo me escondía bajo las frazadas, era potente. Así que destapé solo mi rostro y lo miré cohibida.
—Te vi —me dijo.
Abrí los ojos de par en par y totalmente avergonzada lo miré sujetando las cubiertas sin saber que decir.
—Me gustó lo que vi. —Insistió, poniendo más color en mis mejillas.
Me resultaba familiar... Sabía que aquello estaba mal, pero no supe decir ni hacer nada. Quede inmóvil ante su fuerte presencia.
El hombre volvió al pasillo y juntos salieron de la casa, así que a tientas busqué y cogí la toalla para ducharme de una buena vez.

Al parecer mi prima se fue, puesto que ahora estaba sola en el baño, sintiendo la calidez del agua sobre mi cuerpo, intentando preguntarme de dónde salió ese chico. ¿De dónde lo conocía? Cuando giré me llamó la atención que por la ventana del baño -ubicada a un costado de la tina- entraba tanta luz que me incliné para ver si habían puesto un foco cerca. Al salir de la ducha dejé caer la toalla para ubicarme cerca del espejo y quitarme varías calcomanías que estaban en mi rostro, tuve que untar un algodón para limpiarme mejor, creí ver un punto negro, lo cual se me hizo llamativo y molesto pues aún no entraba al mundo adolescente como tal. Pero no, era solo una mancha.

En el reflejo divisé una sombra, y di un salto al voltear sorprendida, miré por la ventana y lo vi de nuevo. Pero ahora lo reconocí, era Él: El mismo chico que ya había visto antes, en muchas ocasiones.
Desde el ventanal de un granero de junto me observaba, sonreía y de un salto llegó a mi patio y entró por la ventana del baño al tiempo que retrocedí hasta pegarme a la puerta cubriéndome con la toalla, un poco espantada.

Repetidamente le dije que se fuera y él reía divertido, más aún al verme sonrojada.
Su cabello oscuro, tez clara, su porte fuerte y delgado, incluso su altura era a mi gusto, como si supiera cómo gustarme.
Sus ojos brillantes y profundos se posaron en los míos cuando acercó su rostro petrificándome…
—Me gusta lo que veo—. Dijo otra vez, con ese mirar coqueto apoyando su mano en la puerta.

Alguien golpeo... despertándome.

#18

NOCHE16

Junto a un joven animado e impulsivo buscaba un auto moderno y rápido para huir. Al parecer estábamos en una parcela usada para realizar algún evento familiar, nosotros habíamos sido descubiertos en medio de un intento de robo, unas chicas que eran parientes mías salieron por adelantado, una mujer me descubrió tomando una figura extraña, le dije que solo deseaba verlo y ella se acercó a explicarme su función y procedencia, al parecer era una maquina, mi amigo me hacía señas de que me apurará divertido pues, estaba lleno de adrenalina. Junto a nosotras una gran jaula con casi dos metros de alto estaba llena de pinguinos, rodeada con réplicas de juguetes del mismo animal. Entonces la miré expectante, aquello era lo que deseábamos y me puse nerviosa, ya que nos alcanzó quien nos seguía.
Empezó una contienda, en medio de la cual los animales salieron de su jaula y el auto se iba sin mí. Corrí atolondrada hasta dar con un camping y angustiada me escondí en un casillero de unos camerinos. Todo estaba oscuro...

Salí del lugar al rato, somnolienta, era un patio inmenso con mucho pasto, metros y metros de terrenos de un internado escolar. Volvía a tener un cuerpo adolescente, y ese día en especial había una fiesta para la cual todos los cursos preparaban sus actos. Llevaba puesto un uniforme de falda larga. Sabiendo que lo mejor era buscar a alguien conocido decidí recorrer el sector.
Habían muchos grupos de personas, multitudes que me ponían incomoda y por más que estiraba mi cuello cual cisne no encontraba mi curso... ninguno que se me hiciera familiar al menos... Recordé que no recordaba bien a mi ultimo curso, pues hace poco me había mudado, por lo que quizás debiera resignarme, además por la fiesta actual habían familiares de todos por ahí. Gracias al cielo encontré a mi madre, y luego a la familia de uno de mis compañeros.
En ese momento, me di cuenta de que en definitiva estaba en otra de las aventuras de Hisae, o al menos soñaba con una pues aquella era la familia de Epifanio.

Me saludaron alegres y cuando estaba preguntando por el chico lo vi acercarse. Suspiré para mí y fui hacia él.
Me saludó con una agradable sonrisa y comentó que iría con el curso ahora.
—¡Ah! Que bien, porque no sé dónde es ¡No encuentro nada! ¡Es todo tan grande! —Le expliqué y se rio con ternura.
—Es por aquí —Dijo indicando una dirección — ¿Quieres ir?
— ¡¿Wooo quién es?! ¡Quien es! —Preguntaron unas niñas que llegaron hasta nosotros.
—Ellas son mis primas y mi hermana —Me dijo Epifanio antes de presentarme frente a ellas y explicar que era una compañera de curso.
Ahí me dije, este debe ser un sueño, puesto que hasta donde tenía entendido Epifanio no tiene hermano alguno y bueno, que mi madre no debería estar en una aventura de Hisae, no obstante me dejé llevar por aquel mar de ideas puesto que el chico en cuestión me agrada y soñar con él se me hizo lindo.

Cuando quise seguirlo, las niñas no me dejaron y este comenzó a peinarse nervioso con los dedos, estábamos atrasados y aunque caminaba para seguirlo estas pequeñas se aferraron a mis piernas sin dejarme avanzar, tanto así que cuando Epifanio vio que su abuela se acercó a hablarme, ya decidió irse sin mi. Vi como algunos del curso estaban a lo lejos haciendo señas a Epifanio para que se apurase quise ir con ellos, pues luego no sabría dónde encontrarlos pero, las niñas insistían y se les ocurría que incluso podría ayudarlas. Y aunque quise seguirlo me conmovió que me invitaran a ver la presentación de los niños y por mera curiosidad me quedé.

—¡No hace falta un grande! ¡Puedes hacerlo tú! —Dijo una de las pequeñas insistente, luego le decían a sus compañeras y la madre y abuela de Epifanio encontraban que tenían razón y sería divertido.
Me entregaron un sobre con una etiqueta, donde salía todo lo que debía aprender. Insistieron que era un pequeño teatro el que debería hacer, pero, debía hacerlo yo ya que era tan amiga de Epifanio, y aunque tartamudee que lo conocía hace muy poco tiempo, sintiéndome algo acosada, terminé metida en todo el espectáculo de todas formas y salí corriendo en busca de mi grupo, pasando entre todo el gentío con el sobre y los zapatos que me pasaron para usar cuando tuviera que apoyar a las infantes en su espectáculo. Al cruzar por los camerinos y ver la mirada enternecida de mi amigo, no pude evitar sonrojarme y observar los zapatos en mis manos, era claro que se dio cuenta del final de mi reunión con su familia y no hizo más que divertirle y resignarse a los hechos.
Apresuré el paso, para no ser seguida por aquel mirar transparente, me distraje cuando de la nada alguien se paró enfrente de mí.
—ponte el traje de china —Me dijeron, y miré alrededor en busca de mi vestido de huasa.
Nuevamente, me había tocado estar en el grupo que bailaría cueca de centro, “moriré bailando siempre cueca de centro” pensé, todos los años me pasaba.

Antes de salir al patio mi madre entró para ayudarme a acomodar el falso correctamente, y un dolor en mi garganta me molestó, carraspeé…

#19

NOCHE17

—Despierta, vamos.
Escuché que me decían y sentí como me tocaban el hombro, estaba acostada sobre pasto y me senté un poco asustada. En mi mente daban vuelta todos mis recuerdos, de vida y de sueños, todos girando en mi mente de forma tan vívida que no pude diferenciarlos de inmediato. Observé el rededor y me di cuenta de que estaba en un jardín muy familiar y quien me hablaba era mi hermana.
—¿Dónde estoy? —Pregunté, y por respuesta hicieron un comentario a lo largo de mi siesta—. ¿Dormido? Estoy en casa… El patio es más grande... —Me dije en voz baja, reconociendo el lugar— Entonces, todo fue un sueño…
—¿Qué soñaste …? —Dijo mencionando mi nombre, que en este momento no recuerdo bien.
—Vivía en una casa pequeña, y tenía una hermana mayor que se parecía a ti… —Le expliqué a mi amiga que por un momento creí mi hermana.— ¡Hola!— Grité animada, al ver acercarse a un grupo de jóvenes adultos, caminaban entre un campo de flores amarillas y rosadas.
Me puse en pie al fin y los seguí por el sendero más cercano, con las chicas íbamos a una junta cual "club de Lulú" y mientras bajábamos por ese camino de pastelones no pude dejar de tocar nostálgicamente la baranda de la madera y voltear a mirar la casa, el camino y recordar aquel mundo en que mi amiga era mi hermana, donde tenía amigos que aquí no estaban y familia que quizás no vería...
—Hey, ¿qué sucede, aún dormida? —Me repitió la misma chica de antes.
—No, no… es que intento no tener mi mente allá. Pero, esta parte del jardín se parece mucho al patio de esa casa en que vivía en mi sueño… pero, no logro recordar bien como era antes de que papá construyera el cuarto de juegos.
—Suena a un sueño muy largo, tienes que contarnos después.
—Sí, obvio. Las partes que recuerde claro… ¡Rayen!— Exclamé, al oír un ladrido y ver a mi perrita correr animada hacia a mí. Entonces lloré y la abracé con fuerza—. ¡Rayen! ¡Rayen! No estás muerta, linda.
Exclamé con el corazón a punto de estallar de alegría, y esta me lamió obligándome a pararme otra vez—. No me mojes que asco.
—¡Oye, vamos, no te vayas por las nubes! —otra de las chicas me llamó y siguió hasta un cuarto apartado en medio del camino, era nuestro refugio, hace años lo habíamos acomodado para ello.

Pasaron las horas y mientras compartíamos un té llegaron unos varones a curiosear cual rivalidad infantil, los echamos del mismo modo, para más tarde escuchar que otros mayores (al parecer padres de alguien) nos llamaban para ir a ver una celebración del barrio, la cual se celebraba en el frente de una de las casas del lugar.
Armaron una media luna con los invitados, desde bebés hasta adultos abarcaron el espacio del jardín pavimentado, yo formaba parte de los jóvenes adultos del lugar, al parecer tenía cerca poco más de veinte años. Yendo al punto, íbamos a ver una presentación de algo sin embargo no me importaba mucho eso, más me preocupaba no llamar la atención, lamentablemente mis amigos me llevaban a primera fila.

Antes de que la función de títeres pudiese empezar un grupo de oficiales se acercó y empezaron a hacer preguntas, observé a los amigos a mi alrededor y pensé en cómo podría pasar desapercibida, entonces algo golpeó mi cabeza, miré al cielo y una lluvia de palomas medio muertas comenzó a caer repentinamente. Cómo si fuesen granizo chocaban en el suelo bruscamente. Nunca supe si todos veían palomas o era cosa mía, pero todos corrieron a ocultarse, igual yo.
Con esa gran distracción aproveché de escabullirme mientras los demás se escondían dentro de la casa, yo me cambié de ropa y busqué lo que necesitaba, en tanto los uniformados invadían el lugar buscándome, revisando a uno por uno a todos los que allí estaban.

Una vez que encontré el maletín salí de la casa y me mantuve escondida entre las ramas de un árbol ubicado en la calle afuera de esa casa, pegada al tronco, cuando se acercaron algunos me oculté detrás de unos autos, sin embargo antes de salir de la cuadra me rodearon y apuntaron con sus armas de fuego. Vestidos de negro se veían muy formales y uno de ellos -el jefe- resaltaba entre todos, al mirarlo sonreí de forma inevitable. Pero él solo frunció el ceño provocándome mostrar los dientes. Me pidió la maleta y yo se la ofrecí, pero, cuando se acercó le dije: Primero tendrás que vencerme, tú solo.

Con un gesto el oficial hizo retroceder a los demás, ambos nos quedamos en el centro del grupo y antes de poder empezar una batalla un tipo sorprendió a uno o dos hombres del grupo y con esa distracción salté por encima de la formación y huir sin dudar. Claramente nos siguieron, por suerte mi aliado ganó tiempo lanzando una bomba de humo.
En mi correr encontré una entrada al drenaje, era distinto a todos los que conozco: Grande, grueso, iluminado y con una entrada redonda pero delgada, casi como entrar en un pozo al que me lancé por miedo. Se me sobrecogió el corazón al no lograr el objetivo, aún así no renuncié y me apresuré al interior. Escondiéndome en un hueco de la pared (de esos que hay en algunas partes gracias al cableado), desde ahí escuché los pasos de los oficiales llenando todos los pasillos… la única salida era la entrada.
Usando lo que tenía frente a mí, saqué unos lentes para ver en la oscuridad, me puse guantes y corté la luz, luego corrí por el techo cual ninja, mientras el líder desde la entrada indicaba que no se alejaran ya que yo debía estar cerca. Los hombres se confundieron con sus propias pisadas mientras yo avanzaba por la pared y llegué a la salida, pasando junto al oficial que por la oscuridad no me veía, entonces... teniendo solo a dos soldados separándome de la libertad decidí devolverme.
-Ahora o nunca- Me dije obedeciendo a ese cosquilleo en la parte baja de mi cuerpo, por lo que fui directamente hacia el oficial en jefe y lo besé—. Hasta la siguiente —Susurré alejándome una vez más.

Crucé junto a los hombres que se interponían entre yo y la salida cuando, saliendo de su sorpresa se escuchó la voz del hombre criticando a sus soldados y haciéndoles ver que ya me alejaba.
—Se tomó su tiempo —pensé antes de saltar y trepar para salir.
Comenzaba a ver la luz del día cuando sentí un agarre en mi pie, pero al mismo tiempo, vi la mano de mi aliado quien me jaló con fuerza para ayudarme. Llena de adrenalina y nervios, me fui satisfecha y agitada, aún más al saber que mi contrincante se encontraba frustrado y quién sabe, quizás hasta confundido.
Con esa sonrisa en los labios, el despertador me trajo a este... ¿sueño?.

#20

NOCHE18

Salí de clases y seguí el mismo trayecto de siempre, para luego doblar hacia un camino de tierra amarilla, a pesar de que las calles siempre fueron pavimentadas y con varias negocios y casas alrededor no reaccioné a que hubiese algo extraño, apenas distinguí algunos árboles, y más adelante vi la casa.
Era diferente a mi casa pero la sentí cercana, por lo que entré y saludé a quienes estaban dentro me dejé caer en la cama de una plaza, abandonando la mochila sin pensar mucho. Luego, cuando llegó más gente y fui a preguntar quiénes eran me di cuenta de que no me respondían a mí, era como si no me vieran entonces comencé a preocuparme.
La familia que habitaba el hogar conversaba entre ellos, vi a un joven que no recuerdo ahora su parentesco conmigo, y por más que le hablaba no me veía. Nadie me escuchaba y cuando comencé a sentirme impotente e invisible, me di cuenta de que… tampoco me sentían.
En ese instante me puse triste, solloce un poco y me sentí fuera del mundo, reaccioné en que esa no era mi casa, ni aquella era mi ciudad, y si no me veían y no podía hacer que me vieran... ¿En realidad podía ser un sueño?
Tuve miedo de desaparecer por completo y no existir, nadie notaba mi ausencia y hasta en el espejo dejé de verme... Entre en pánico, comencé a gritar a intentar empujarlos, y al no poder, corrí de vuelta en mis pasos buscando una solución.
Logré encontrar de nuevo la escuela, y me calmé, me divertí observando los sucesos sin ser parte de ellos, seguía preguntándome por qué no podía controlar lo que pasaba en este extraño sueño, y por más que busqué a alguien que me viera, o deseará ser vista, aún era invisible.
En la puesta de sol caminé por el sendero de tierra, convencida de que aquel debía ser un sueño, la casa no era la mía, las calles tampoco eran las de mi ciudad y si el edificio escolar era igual, no había en su interior una sola persona que se me hiciera conocida. Comencé a llorar porque no encontraba la forma de despertar o volver a casa, y tras secar mis ojos vi frente a mi a ESE chico, caminando hacia mi como si nada pasara y al verme se detuvo.
—Hola —Lo miré sorprendida, secando mis ojos con el brazo.
— ¿Qué tienes?
Me puse a sollozar antes de explicar, que estaba atrapada, sin preguntar por qué él me veía.
—Nadie me ve, soy un fantasma aquí y no logro salir, no sé cómo ir a mi sueño. ¡Qué bueno que estas aquí! —Dije entre sollozos.
Me miró comprensivo y se quedó a mi lado caminando por aquel sendero, solo tenerlo a mi lado logro calmarme, sonreía y lo observaba. Su sonrisa es hermosa y tierna, tal vez solo sea la forma en que me sonríe.
Logro hoy recordar que su cabello era oscuro, y avanzó con las manos en su espalda, no estoy segura… pero si sé que no me tocó mayormente, como un simple guía turístico.
—Me alegra que hayas llegado, me has salvado. —Dije más calmada.
Dijo algo que no recuerdo bien, quise tomar su mano pero no me atreví.
—¿Cómo te llamas? Cuando despierto no logro recordarlo.
Me dio un nombre nuevamente, el cual, una vez más no recordé al abrir los ojos…

#21

NOCHE 20

Nuestro mundo y todas sus razas peligraban, se estaba realizando una reunión en una montaña, para discutir el tema puesto que pronto colapsaría el mundo entero, algunas razas ya se habían extinguido pero yo, no podía decir nada, no tenía autoridad ni me sentía con ella tampoco por lo que me paseaba alrededor del lugar, intentando escuchar lo que decían, sin embargo no presté atención en mis pisadas y terminé cayendo por un hueco varios metros abajo.

Me dio tanta rabia y dolor la caída que no pude evitar llorar, sentí que tenía mala suerte y busqué cómo subir pero no lo logré, estaba muy empinado. En ese momento una extraña sensación me embargo y la oscuridad me rodeo... una pequeña luz se veía a la distancia, así que la seguí y llegué a un hall (similar al de los héroes del juegos neopets o al que puedes ver en la película Atlantis), donde varias estatuas se alzan con orgullo, formando un círculo sobre una especie de disco. Delante de cada estatua había un símbolo y las paredes emanaban luz como si hubieran antorchas invisibles, observé todo con calma y reconocí a los dioses elementales. Tenían símbolos delante de ellos, cada uno diferente al otro, reconocí el de primavera y asumí que eran sus nombres. El centro del disco tenía un dibujo extraño pero ninguna estatua que le representara, me acerqué a ellos pensando que podían despertar los toqué, miré al rededor buscando una pista de la razón por la que estaba ahí, o si pudiera hacer algo que ayudase y subí al disco. Algo faltaba allí...
Un hombre imponente y grueso, anciano apareció, se materializó en el centro del pedestal.

—Yo... yo no quería. Por favor, discúlpeme por estar aquí... —Dije, bajándo y asustada retrocedí.
No me dijo nada, solo sonrió y me preguntó que me llevo al lugar.
—Mi familia, todos están buscando una salvación, necesitan despertarlos... —Expliqué sin pensar y él se hizo a un lado dejando ver un camino tras de si.

Seguí el sendero, me hicieron pasar varias pruebas las que pude sentir como se evaporaban de mi memoria al regresar al Hall, no sé cuánto tardé en superarlas pero, al volver escuchaba el estruendo de la tierra y supe que el fin del mundo comenzaba subí nuevamente al círculo de las estatuas para poner ambas manos sobre el dibujo del centro. Ahora ya sabía que hacer, con mis manos ahí rogué que despertaran rápido y escuché una voz; era de la estatuas ubicada detrás de mí.
La insignia a sus pies se había encendido y ahora se movía y preguntaba que sucedía y quién era yo. La miré totalmente admirada antes de recapacitar en que con mi pie pase a llevar la insignia y entonces toqué otra insignia y comencé por despertar a Viento, Agua, Bosque...
—Sol y día... —me dije antes de tocar a día también, luego vi a fuego, quien creo que me miró enfadado al moverse.
—¿Qué hace alguien cómo tú aquí? —Dijo—. No sabes que es un lugar sagrado, ¿por qué nos molestas? —Se echó hacia mí, pero solo faltaban dos más para tener todo listo. Entonces me apresuré a tocar la imagen que estaba cerca de los pies de Fuego, luego a primavera que habló inmediatamente: No la molestes, está asustada —dijo, cuando Fuego quiso agarrarme.
—¿Por qué nos están despertando? —Habló otro.
—Hola, ¡estamos todos! —dijo otro más con alegría.
—Que divertido, ¿una fiesta? —Preguntó uno.
—Esto parece serio. —dijo otro
—Me parece una ofensa.
Sinceramente no alcancé a ver quien decía qué, antes de tocar al último. Los miré preguntándome qué pasaría y apareció el mismo hombre imponente de un principio.
—Bien hecho, ahora ustedes... —Habló… pero el final de sus palabras no pude entenderlo, sin embargo los calmó a todos, y tras ello volaron fuera del lugar, en seguida abracé con fuerza a ese hombre poderoso, agradecida de su ayuda.
—Hiciste un buen trabajo —Me dijo y suspiré llorando en su hombro.
—¡Gracias! Gracias Dios, por dejar que lo intentemos una vez más.
—La oportunidad la ganaste, yo solo te di la opción de conseguirla. —Me acarició la cabeza y besé su mano antes de que me tomará en brazos y regresará a dónde estaba en un principio en la montaña…

#22

NOCHE 21

Vivíamos en una gran nave espacial, pero no estábamos en ella por ahora pues teníamos una misión, yo y un hombre moreno, alto y corpulento, quién al parecer era demasiado cercano, pero también mayor que yo.
Conversábamos con una pareja en una especie de oficina o sede. Para cumplir nuestro cometido era necesaria una grabación, pero yo no me enteré hasta estar realizada, es decir, hasta que se les entregaba a la pareja... Me enfadé.

—¿Cuándo se hizo esto? No sabía de ello. —Reproché sin disimulo.
—No era necesario, no fue complicado. —Respondió el moreno.
—¿Y eso implica que no podía ayudarte? ¿no podías decirme para que lo hiciéramos juntos?
—No te vas a molestar por una tontera como esa, ¿o si?
Por respuesta me fui y él siguió explicando cosas al varón de la pareja. La chica se me acercó. Nos teníamos un poco de confianza pues ya teníamos unos días trabajando para ellos.

Su voz era dulce y comprensiva, su rostro redondo y con rasgos suaves.
—No te enojes por eso. Es una cosa muy pequeña para que te molestes tanto, pueden pasar el tiempo juntos haciendo cosas más cotidianas y vale más.
—Ese es el problema, nunca hay tiempo para eso, y cada oportunidad que tiene para estar conmigo la desperdicia.
—¿Cómo no va a tener tiempo?
—Si no es muy peligroso, no es necesario; si no está trabajando, está durmiendo. No tiene tiempo libre, y yo tampoco los tengo. El único tiempo que está conmigo es para estas cosas y aun así me deja de lado. Como si fuese un adorno de estantería. —Reclamé y ella me miró torciendo los labios, quiso decir algo para consolarme pero, no encontró palabras.

Realmente nosotros siempre estábamos en misiones, éramos conocidos por nuestro trabajo y en un tiempo de guerras espaciales, no quedan muchos momentos de descanso. Finalmente me fui enfadada terminando mi relación con aquel hombre, y dentro de mi adolescencia y hormonas revueltas me pasee por la nave en que vivía. Saludé a aquellos que me enseñaron, educaron y mimaron a destajos, caminando y observándolos comprendí que todos aquellos me veían como una persona “de adorno”. Reflexioné en que siempre era la niña pequeña a la que debían cuidar, la importante chica de porcelana.

¿Por qué? ¿Por qué no me dejan hacer nada importante si se supone que yo cambiaré cosas o que soy alguien clave en esta nave? No me gustó llegar a esta conclusión y resolví que les demostraría quien soy, que ya no era una pequeña (aunque no tenía más de 17 años, no sé cuánto, pero no era más de eso) y provocaría algo grande, me llevaría conmigo un objeto de valor y terminaría con una misión de suma importancia, aquella que aún no llevaban a cabo. Me di cuenta de que la gente que vivía en la gran nave –que eran bastantes ciudades de distintas razas, algunas particularmente extrañas- se encontraban encerradas y separadas entre sí, no estaban contentos tampoco; querían liberarse aunque no sé muy bien de quién. Yo de por sí era libre, pero me sentí tan llena de irá y energía que me propuse cambiarlo todo, demostrar que no era un adorno débil, inútil y mucho menos incapaz.

Hice un plan muy calculado, y caída la noche fui hasta una esquina para desactivar alarmas y seguros, dejando que los diferentes civiles se dispersen sin autorización por pasillos y lugares prohibidos provocando una revolución local. En tanto yo, me deslicé por los cuartos y tras robar una caja de metal con una tiara en su interior llegué a la oficina principal, me paré frente al panel de control y fue cuando me di cuenta de que no sabía usar las computadoras para dirigir la nave hacia donde quería y mucho menos hacer partir la pequeña que debía abordar para cumplir mi cometido y ser libre de llevarlo a cabo. Había sido muy soberbia y no pensé en todo. Llegaron los guardias y mi ex, huí consiguiendo esquivarlos y llegar a la escalera donde me deslicé por la barandilla allí pedí ayuda a unos jóvenes sin embargo, uno de ellos quiso engañarme. Luego de que les pedí guardar una baraja de naipes y mi tiara, me aconsejó ir por unas escaleras a las que le cambiaron la dirección a mitad de camino y vi en al final de este a mis captores. Salté a escalera mecánica vecina, pero el tiempo que perdí en este desvió logró hacer que me atraparan. Inevitablemente terminé en una celda hasta que hubieron arreglado mi desastre, yo solo pensaba en las joyas que vi en aquella caja, la de abeja llamaba especialmente mi atención, aunque no más que la de gato egipcio.
Cual escena de terror entraron los líderes al cuarto, y me hicieron salir de la celda. Debían "regañarme" y claramente me pidieron explicaciones los miré con desdén y rabia, seguía molesta pero, al menos ya no sabían que no era tan indefensa como creían...
—Haré que me tomen en serio —pensé... sabiendo que aún me veían como una pequeña hormonal y nada más.

Usé mi tarjeta personal para ingresar nuevamente a la oficina principal, era amplia de dos niveles y muy poca distancia entre ambos, con suerte 20 centímetros. Miré a los líderes con rostro infantil y como niña pequeña y mimada, me fruncieron el ceño pidiendo explicaciones. Obviamente fingí inocencia, dije que no haría nada más, que fue una niñería y todo lo que deseaban escuchar. Cuando me dejaron de prestar atención, deslicé mi mano sobre la caja con joyas que estaba sobre una repisa, me enfoqué en las figuras con formas felinas y me fui.

Tenía que buscar al joven que le encargue recoger mis cartas de la fortuna y la tiara, aquello era muy importante. Al principio me increpó por ser quien era, pero tras discutir confiaron en mi e incluso estuvieron de acuerdo en ayudarme a eliminar las divisiones, tomar control de la situación y añadieron partes a mi plan que lo hicieron ser algo mucho más grande. Después de eso, fuimos por mis cosas, los acompañé hasta una habitación donde reunirse para volver a ejecutar mi plan, pero, con mejorías. Cruzamos un cuarto para llegar a otro con la puerta semi-bloqueada con un congelador, este dormitorio era angosto y largo, tenía un escritorio al fondo.
Cuando ingresé lo primero que vi fue a los otros jóvenes que se habían sumado al plan a un costado una de las oficiales que solían instruirme, y fruncí el ceño, aún más al ver tras el escritorio al hombre moreno y alto. A quien deseaba mostrarle lo que podía hacer sin él...
-¿qué hacen aquí?- increpé molesta
-no te alteres sin escuchar- dijo la instructora.
-Queremos ayudarlos.- respondió al mismo tiempo él.
-No deberían estar aquí, arruinarán todo. Ustedes son parte de ellos —insistí y negaron, reclamé más fuerte, casi gritando y salí enfadada criticándoles que eran unos “infiltrados”.

Yo quería que ellos no estuvieran ahí, que no fueran los que hicieran la diferencia… porque volvería a ser lo mismo, ellos haciendo todo y dejándome de lado. Sabía que repetirían el patrón.
—No estamos infiltrados, al contrario. Queremos ayudarlos y podremos engañar a los otros— Dijo el moreno siguiéndome, y luego quiso contarme lo que había pasado mientras yo estaba encerrada.

Las civilizaciones luego de que las liberé se entusiasmaron, no querían tener esas restricciones y pensaron qué, si una sola persona pudo quitar la seguridad más personas podrían hacerlo algo permanente. Por ello comenzaron a protestar, una vez encerrados bailaban junto a la reja a todas horas, todas las civilizaciones en cada esquina, no querían estar apartados de todo. Después de ello, quisieron unirse y apoyarlos y esta fue la forma que creyeron mejor…
Le miré de reojo molesta, aquello no me importaba. Encontraba irritante que volvía a estar en la misma posición, sobre-protegida y subestimada.

#23

NOCHE 22

Al abrir los ojos reconocí una casa de dos pisos, amplia y con una pequeña escalera, muy similar a la de mi abuela. Vi a varios de los bebés de mi familia pero para el final del día me encontraba en una cama muy amplia, flojeando con dos mujeres más: las de otro sueño que tuve antes. Yo era escritora y en ese momento llegó una amiga de la familia con su hija; querían que hablara con la niña quien, pasaba por una crisis depresiva... Esta joven rubia era mayor que yo, tímida y muy delgada. La invité a caminar por el patio y hablamos mucho; ahí descubrí que ella amaba diseñar ropa, por lo que la incentivaba a hacer lo que amaba, que era la forma de ser feliz en la vida. Conversamos recorriendo el amplio patio de la casa, que estaba lleno de grandes plantas y variedad de flores.

Pasado un buen rato regresé a cambiarme de zapatos para pasear fuera de casa, mis tías que eran brujas al igual que yo, me recomendaron dejar una nota ya que los padres de la chica eran demasiado sobre-protectores. Cuando nos poníamos las chaquetas para salir golpearon la puerta, la mujer de antes llegó corriendo a pedir a su hija que se escondiera y al mismo tiempo mis tías me susurraron que también me ocultara y fueron a la entrada.
Ambas observamos por pequeñas aberturas, y vimos que una señora llegó muy enfadada porque no se le había invitado; esta mujer que era un calco de la madre de la niña. Por lo que discutía pude comprender que la mujer era una bruja y finalmente consiguió llevársela.

Esa mujer no quería que ella fuese diseñadora por lo que, tras discutir con mi familia, se la llevó de compras para completar los artilugios para que creciese como bruja. Yo llamaba a mi mejor amiga, para pedirle compañía en mi nueva meta: ayudar a la chica rubia y así lo hacía; a escondidas entramos en un cuarto donde yo a través de una bola de cristal manejaba unas marionetas con nuestros rostros para que pudiéramos ver por medio de ellas. Mi amiga me indicaba por dónde esconder las marionetas, casi como un apoyo moral ya que yo las manejaba con mis manos a cada lado del cristal. Estábamos logrando ver por qué calle iban la mujer y mi nueva amiga, esta última reconocía los muñecos y sonreía triste, pero al salir del local la mujer también se daba cuenta de ellos y me veía obligada a salir dejando que mi amiga siguiera allí.
—No intentes ponerte en mi contra —Me dijo la mujer, pero yo no desistí.
Le aseguré que no dejaría que se llevara a mi amiga, consiguiendo que se enfadase aún más conmigo al punto de amenazarme.
—No subestime mi aprendizaje. —Dije intentando mantener el temple.
—Eres una niña, no te metas en esto.
—¿Qué dirá mi abuelo si se entera? —Pregunté sacando en cara que la única invitada a mi
casa la niña, que ella siendo solo la tía no estaba invitada y añadir: ¿Qué cree que pase cuando su regalona le comente tu horrible actitud? —Miré a la chica y le mostré a la mujer algo que llevaba en mi mano—. No intente nada, mejor váyase sin decir nada o terminara descubriendo cuánto he aprendido.
Con el rostro desfigurado de ira se fue sola.

Mi amiga estaba muy triste y yo asustada. Me sinceré prometiendo que hablaría con mi abuelo, el cual era un hombre muy poderoso en el ámbito social, reconocido y querido por muchos, con buenos contactos. Entonces caminamos de vuelta a casa y al girar… estaba en otro lugar.

Desperté en un bar con muchas personas usando vestimentas provocativas; tardé un poco en reaccionar que era una fiesta erótica, principalmente enfocada en los varones. Habían varios amigos asistiendo, no reconocí a todos como los amigos de esta realidad, quise encontrar a una en especial, pero no la veía por ningún lado.
Comenzó una actividad donde todos se pararon frente a una mesa y observaban al animador del local, en ese minuto divisé a otra amiga; parecía solo ir por un rato para apoyar la idea de que esas fiestas fueran también para mujeres, no obstante rápidamente se fue. Entonces la seguí de inmediato porque realmente no me importaba a qué fue, sino que estuviera y no se me escapase. Debía saber por qué tenía esas actitudes extrañas conmigo.
—Te esperas, mujer. —Le ordené.
Pero ella me sacaba en cara que me dio la oportunidad de hablar cuando me ofreció acompañarla al evento y yo me negué.
—No iré a ningún lugar contigo como amigas, si no me explicas por qué ahora me andas evitando.
En lugar de responder, me decía que había dejado el celular en el interior del lugar por lo que la dejaba volver.
—Solo hay una salida, así que no te ocupes de que pueda huir. —Me advertía antes de cruzar el umbral.
Fruncí el ceño, apartándome de la salida estratégicamente.

Por fuera del local había un amplio pasillo rodeado de butacas que por la forma en que las ordenaron semejaban una gran escalera, baje por ella y al alzar la vista descubrí en el nivel superior de local a un grupo que bailaba en círculos entre los cuales vi a mi amigo de la básica, y lo saludé con la mano.
Disimuladamente me hizo un gesto de paz y amor para saludar mientras seguía bailando y yo seguí bajando con la impresión de que me seguía con la vista, en ese momento un cúmulo de personas salieron del local. Sabía que la chica esperaba aprovechar eso para huir, así que agudizando mi vista la buscaba para descubrir que se había cambiado de polera intentando confundirme.
Intentaba alcanzarla y me sorprendía de verla saltar un muro donde un grupo de chicos la recibían con sus brazos. Saltaba tras ella, y la alcanzaba por un brazo y la estrellaba contra un pilar. Podía sentir toda mi ira en el interior a causa de su ingratitud.
—Déjate de niñerías. Solo quiero saber qué te pasa. Hasta hace un tiempo eras mi mejor amiga, ¿qué cambió? —Le increpé.
Ella me dijo que no le pidiera explicaciones, claramente insistí pero callé al sentir una pistola tras mi cabeza.
—No le hagas nada. —Me ordenó una voz masculina.

Me pregunté quién podría exagerar tanto, ya que no pensaba matarla; aquella era una discusión fuerte, sí pero entre amigas que no tenía razones para que llegáramos a la sangre. Volteé suavemente para ver a mi pareja… Sorprendida quedé en blanco cuando mi ex-amiga saltaba a los brazos de mi chico, quien por su parte no dejó de apuntarme mientras le preguntaba cariñosamente si estaba bien.
—¿Me has estado engañando con mi mejor amiga? ¿Y así me lo dices? —Pregunté y lo observé en detalle, era alto y musculoso. Él desvió la vista hacia su nueva chica, entonces golpeé su mano, le quité la pistola y apunté.
Una parte de mí sabía que aquel era un sueño, ya que mi mejor amiga era la chica que buscaba en un principio, y para ese tiempo ninguna de las dos del sueño tenían pareja. Pero, por otro lado quizás la parte de mi que estaba enfadada no quiso despertar.
—No sé a cuál odio más —Dije, apuntándolos.
Estaba feliz de ver en sus ojos el miedo, hice girar el tambor del revolver para frenarlo y disparar, sabiendo que no saldría bala en ese instante
—Como si valieran la pena... —comenté con desprecio, di media vuelta y corrí hasta el siguiente muro, el cual salté luego de tirar lejos el arma.
—Espera, no puedes irte. —Me gritó él.
De todos modos salté; la bajada en esta ocasión fue como de tres pisos de alto.

Al aterrizar miré hacia atrás y observé que el hombre me seguía, corrí para tomar vuelo y elevarme en el aire después de todo era un sueño; Estaba tan molesta por el engaño... aunque supiera que era falso, sabía lo que eso significa "no puedo confiar en ella, debo dejar de perdonarle su actitud" pensando en eso perdí altura y él había ganado más tamaño. Con sus grandes manos intentaba alcanzarme.
—¡Déjame, no quiero saber de ninguno, los odio! —Grité, antes de sentir que me cogía de un pie, aprisionandome.
Pataleé y pataleé intentando zafarme, usando mi poder para volar lejos de allí y al alejarme moví fuerte mi cabeza para despertar.

#24

NOCHE 23

Entre cabeceo y cabeceo desperté sola en el tren; parpadee reaccionando un poco en dónde estaba y qué hacía.
El tren mayormente decorado con rojo y dorado me dejó clara en que iba en un vagón caro, no me sorprendió puesto que además de ser de familia de bruja tenía un pariente poderoso. Solo éramos ocho personas y entre ellas estaba mi viejo amigo de básica, al parecer acompañado. Algunas de esas pocas personas discutían y finalmente decidieron ir a hablar con el chofer, yo no quise quedarme sola y los seguí, pasamos de vagón en vagón hasta dar con una puerta que no se abrió pero tenía una pequeña ventanilla decorada con un marco dorado, figuras y piedras incrustadas.
Uno de los hombres, muy molesto decidió pasarse por fuera del tren, para intentar llegar al chofer, yo en cambio seguí mirando la ventanilla hipnotizada con lo curioso que se me hacía aquel marco, parecía mágico. Pasé mi dedo suavemente sobre el tallado, y pedí espacio para mirarlo de lejos. Luego golpeé con los nudillos de manera moderada y zás, una parte se cayó. Aún así no se abrió ni la ventanilla ni la puerta.
—Parece mágica —Admití en voz alta, claramente nadie me creyó.
Golpee de nuevo, apoyé mi oreja y escuché cómo se descascaraba por el otro lado.
—No te quedes ahí, puede ser peligroso. —Advirtió el hombre (que era mi amigo de la infancia) quien, para variar vestía un chaquetón largo.
—Quiero ver a dónde me lleva, no deberías pararte junto a mí. —Respondí tocando una gema roja colocada en un borde del marco.
—Puede ser peligroso, si no te apartas voy contigo. —Al tiempo que hablaba uno de sus acompañantes se le acercó para susurrar algo, antes de que se escuchara un clic.

De la ventanilla surgió una foto de nosotros tres allí parados, la cual se deslizó hasta el piso, desapareciendo antes de tocarlo.
—¿A dónde se fue todo? —Todo el escenario había cambiado
—Nosotros nos fuimos. —Me respondió el del chaquetón muy serio, casi enojado.
—Con suerte lo conozco y me sigue, que demente —Pensé sin mirarlo, poniendo mi atención en el rededor.

El tren se veía más clásico que antes y más nuevo que el anterior. El paisaje por la ventana igualaba al Viejo Oeste. Mientras yo observaba sorprendida pude escuchar a Abel y su compañero conversar, este último preguntaba dónde estábamos y que había sucedido.
—Como ella estaba frente al cuadro, este debe ser su pasado, algo pendiente con ella. —Explicó el del chaquetón, parecía el jefe más que amigo del otro hombre.
—¿Y por qué vinimos entonces?
—Si queremos volver, te... —Hasta ahí escuché, puesto que mi concentración estaba en revisar la cabina, y decidí arriesgarme a pasar hacia ella por el costado del tren, quizás estuviera ahí el hombre que pasó antes de que se tomase la foto. Pero, no fue así.

—Entonces estoy sola, en no sé dónde y haciendo no sé qué... Mmm —Me dije, frente a la cabina vacía llena de botones pequeños y palancas.
Fuertes exclamaciones anunciando encontrarme resonaron en mis oídos, me asomé por la ventanilla y vi vaqueros armados con escopetas, corriendo hacia el tren. Me observé a mí misma reaccionando en ese instante en mi ropaje indígena, así como en mi cabello negro y piel trigueña.
—Genial... Indígena —Me dije, asumiendo que no era lo más conveniente para ese instante.
Me paré frente a los controles de la maquina y me arriesgue a apretar algo, conseguí darle al botón de velocidad, aunque en el intento solté un vagón dejando, la cola del tren atrás.
El hombre grande y de chaquetón se asomó por un costado de la puerta del conductor, con medio cuerpo afuera del tren, y yo lo miré preguntándome por qué hacía algo tan peligroso cuando vienen tipos armados disparando al carro, y a mí... Lo lógico era que se alejara del punto de mira, pero al contrario él me indicó con los dedos uno, dos y la derecha. Miré a la derecha buscando que podría haber querido decir, ya que el ruido de la maquina nada me dejaba oír. De chiripa vi unas escopetas dispuestas en el vagón.
—No, ~~son dos a ~~ —Apenas oía y grité con el alma en un hilo: ¡Sí, sí. Ya los vi !
Dos vaqueros se acercaban a la ventana y un tiro ya había dado con algo.

Alcancé a darle a uno pero el otro caía solo, entonces miré mejor el escenario: El hombre conseguía entrar a la cabina.
—Fue tu…
—Vino de afuera —Me interrumpió y se escuchaba al otro integrante diciendo que había ayuda externa. Miré bien y de entre los cerros varios indígenas atacaban a los que me seguían.
—Creo que siempre, amo a mi familia. —Sonreí orgullosa mirándolo.
En mi mente tenía recuerdos de mi vida bruja adorando a mis tías y abuelo, también de mi vida actual con mi gran apoyo familiar detrás.
—Ya sabes a dónde ir ahora. —Dijo, siempre con su ceño fruncido y voz sería.
—Tengo la impresión de que no es la primera vez que te exasperas conmigo— Pensé, mirándolo de reojo pero preferí callar.
Detuvimos el tren en el lugar que me esperaban, ellos me llamaban por un nombre extraño diciendo una y otra vez “bien hecho”. Comentaron del susto que les dio que me alcanzara el enemigo, que fue peligroso ocultarme improvisadamente en un tren. Luego de mucho hablar y compartir, vi a mi madre diciendo que siempre supo que encontraría la forma de manejar esa cosa, que yo lograba lo que fuera y así me llegaron varias imágenes a la mente; correr por la arena hasta dar con el tren, una batalla, alguien atado a un palo, quizás yo, Él llegando.... Él, aquel ser especial.
Las palabras que dijo el hombre del chaquetón sobre que podría ser mi vida pasada hicieron eco en mis pensamientos, había pasado por la experiencia de huir en el tren y disparar, estaba repitiendo algo, un sueño, una vida, no sé qué exactamente…
Los demás se encaminaron al pueblo y yo me quedé más atrás para tener espacio de hablarle al hombre que me ayudó en el tren, a quién había arrastrado a mi locura sin querer, sin embargo, sabía que lo conocía ya lo recordaba y que me entendería.
—He tenido antes este sueño —Dije por lo bajo— Más adelante hay un altercado, y Él viene a ayudarme. Como siempre, ya tuve este sueño antes. —Comenté tocándole el brazo y señalando el centro de la aldea donde había un palo— A alguien amarran ahí, pero todo saldrá bien. Debo recordar cómo.
—Tenemos que irnos; se pondrá peligroso. Podrías ser tú la que esté amarrada.
—Eso creo, pero si no lo hago no lo veré… Él llega para ayudarme, debo hacerlo.
—Es muy peligroso. —Insistió aún molesto de que arruinara su viaje, supongo.
—Esa es la única forma… viene para rescatarme, estaré bien. Quiero verlo. —Terca solo miraba el centro de la aldea, y pude sentir aquel mirar reprochador del que ahora se veía como un agente privado.

En mi mente estaba vivo el recuerdo de Su sombra apareciendo de la nada, y llegando hacia mí entre las llamas, las sogas alrededor de mi cuerpo aprisionándolo y soltándose, la necesidad de encontrar una llave muy especial, pero más todavía sentí mi acelerado corazón queriendo estallar de ansiedad…
La gran ansiedad que tener esa oportunidad una vez más, la ansiedad y angustia de jugarme la vida para verlo otra vez, la alegría de saber que podría verlo...
Todo se repitió, sus ojos frente a frente con los míos, sus brazos tomando mis brazos para saltar fuera del peligro. Todo fue tan rápido que solo quedó grabada en mi memoria, el recuerdo de cuando apareció desde el cielo y se detuvo frente a mi con aquel semblante serio y preocupado...

#25

NOCHE 24

Esta concentrada en casa de mi tía, editaba un blog junto a mi prima. Estábamos en la habitación de mi tía y por error en lugar de borrar presioné publicar. En ese instante reaccioné en que estaba soñando y todo el escenario cambió.
Ahora frente a mi se extendía toda una montaña, estaba en lo alto y una gran manada de osos castaños paseaban y convivían.
No pude evitar recordar la película que había visto tiempo atrás "Brother bear" y me pregunté si estaría sonado con una especie de secuela.
Aunque no veía ningún oso que me recordara a los personajes de la película, entonces me dije a mi misma que ni siquiera hay secuela, por lo que terminé de comprender que era un producto de mi mente… o un mensaje de algo o alguien. Por eso, miré bien el lugar, los arboles y caminé por el lugar y al verme como oso me sentí parte de todo eso y dejé de pensar que soñaba.
Siendo un oso macho me acerqué a un risco, quería saber que sucedía abajo. Miré encontrando más montaña, algunos árboles viejos y grandes, otros sin muchas hojas y a lo lejos otra manada; una de color café oscuro, más salvaje y temible que la mía, que por cierto, se alejaron con temor.
—¡Hay un humano, una niña! —Grito uno de ellos.

Miré curiosa y en efecto había una pequeña en la falda de la montaña, me acerqué al límite y dudé en sí tendría más o menos de diez años. La observé con detalle: Tenía un vestido de color intenso (quizás rojo), zapatos de charol y calcetas carmesí, un cabello muy liso y flequillo parejo, y bajo el vestido lucía una camiseta blanca; con su rostro perfecto y pestañas claras de ojos brillantes parecía una muñeca de porcelana, como la que sostenía en sus manos, que llevaba un gorro. Era un verdadero encanto, como esas niñas dulces de películas antiguas.

La niña alzó sus brazos hacia el oso salvaje que gruñía acercándose, como si supiera que venía en su búsqueda. Por lo que bajé la montaña, esquive los osos oscuros que venían antes de aquel gigante, también a los pequeños.
Al llegar con ella, tome a la niña y la subí en mí y trepé el árbol más cercano, uno con ramas rotas, subí, subí y salté a otro más alto con la niña entre mis brazos y allí me quedé. Aterrado y temblando sin querer soltar a la pequeña.
Los osos de mi manada observaron temerosos por mi vida y el oso salvaje y oscuro rugió con mucha fuerza, la niña lo imitó pero no rugió hacia mí sino hacia él, yo solamente le miré con vehemencia decidida a no soltar a la pequeña y hermosa niña. Entonces el oso retrocedió, dio orden a los suyos de marcharse y no atacar a los humanos, porque no deseaba lastimar a la niña.

Decidí bajar cuando se alejaban, pero, algunos osos oscuros aún deseaban lastimar a la pequeña, aunque quise evitarlo intentaron acosarnos y se largaron. Subí la montaña nuevamente, con la niña en mi espalda, ella abrazando a su muñeca buscaba con la mirada a otro ser humano, por eso, una vez arriba registró unas cabañas de verano que en todos los cuartos tenía distintos osos jóvenes, unos dormían, otros comían, o estaban sentados y conversando. Yo la seguí a todos lados cuidando de ella.
Algunos osos pequeños buscaban conversar, pero ella no respondía, finalmente llegamos a un cuarto muy reducido que tenía un camarote y un teléfono en la cama superior. En aquel cuarto sólo había un conejo negro con malas intenciones, quien por lo que pude comprender deseaba llamar a alguien para hacer un trato. Ella lo siguió y yo deje de ser un actor activo y solamente me volví observadora de aquel sueño.
Nuevamente consciente de que solo estaba soñando, recordé que una vez leí que los niños son la representación de nuestras metas, y temí por las mía, por mis sueños y me pregunté si acaso tenía claridad estos si quiera.

Vi a la niña se sentarse en la cama inferior, y ser seguida por un conejo blanco que indicaba no lo hiciera, pues era peligroso. La pequeña se puso a oír la conversación y el conejo negro se dio cuenta, entonces grito de forma exasperada. El conejo blanco le pidió silencio, diciendo que la pequeña solo estaba durmiendo desde hace un rato, en eso llegaron algunos osos y volví a ser uno de ellos. Justo para ver que se declaraba una guerra, en ella el conejo negro deseaba entregar a la niña, yo me opuse con fuerza, tenía a algunos a mi favor que defendían la existencia de los niños humanos, pero no era suficiente.

Instantáneamente estaba en la entrada de un bosque oscuro, al cual tendría que ir para proteger a la pequeña que iba conmigo, delante se anteponían muchos amigos, conejos, osos, tortugas, una especie de ninfa y un ser extraño que nunca supe que fue. Atacaron a alguien que deseaba hacernos daño y después de eso desperté.

#26

NOCHE 25

Estaba en un lugar abstracto al costado de una carretera, me subí a un auto y manejé muy rápido; debía estar al nivel del resto de los corredores. Que por cierto era una carrera ilegal de autos.
Mientras el viento chocaba en mis mejillas vi a varios salían del camino, así mismo tras un buen tramo giré, cual trompo y caí a un costado del sendero. Seguí manejando y retomé la competencia desde un camino de barro hasta llegar a la meta.

Siguiendo a la mayoría caminé a un gran cuarto de madera, el que estaba construido sobre pilotes: Allí se hacían las apuestas y celebraciones. Cuando entré, coincidentemente la muchedumbre salió huyendo, crucé todo el cuarto para buscar una salida en el segundo piso, que tenía una pequeña puerta en el desván.

En seguida me encontré en un patio cercano, conversaba con una empresaria asiática que deseaba negociar conmigo. Luego de encontrarme con ella unas cuatro veces, me invitó a trabajar para ella en Japón, era un trabajo que tomaría unos cuatro meses, bien pagado y acepté. Aunque tenía una familia con tres hijos y un esposo.
Pasaron tres meses en los que nos hicimos amigas, conversamos sobre nuestros gustos, aficiones, veíamos películas, y también hablamos sobre nuestras vidas familiares, problemas, y así supe que estaba embarazada de un hombre que no estaba presente, su familia no la apoyaba ni la quería ver. Aquello me dio mucha pena por ella.

Cierto día, ella se sintió muy mal, fuimos al hospital y le recetaron reposo varios días ya que su embarazo era de cuidado, por eso comencé a ir todas las mañanas y tardes a su casa, luego volvía a mi hotel, aquello me provocó un conflicto al terminar el contrato, pues no quería dejarla sola y finalmente, tras discutirlo con mi esposo y ella, decidí quedarme en su casa hasta que naciera su hija. Para los últimos días de su embarazo en que tuvo que hacer reposo absoluto yo me ocupaba de las compras, pagar cuentas, y asear la casa, ella me entregaba su billetera y sus tarjetas sin preocupaciones, también me agradecía mucho.
Fue después de las compras cuando, vi a la distancia una ambulancia, el mal presentimiento me hizo correr y comprobé que el camión se encontraba fuera del edificio de mi amiga. Al ver que la llevaban en una camilla dejé caer las bolsas y seguí corriendo a su encuentro, con un mal inglés pedí ir con ella, estaba teniendo una pérdida.
Tan vivido era el sueño que aún en este punto de angustia no reaccioné en que yo no tenía hijos, no tenía esposo ni era tan adulta como en esta experiencia.

El hospital era tan pulcro que llegaba a brillar de lo blanco, quedé hipnotizada mirando las sillas vacías de la sala de espera sin saber qué hacer, preocupada por ella y la bebé, y en cómo no lograba entender lo que decían los doctores ni relajarme. Me puse de pie cuando un hombre caminó hacia mí, lo había visto pocas veces, tras saludarme me explicó que podía entrar a verla, y que ella estaba muy débil.
—Amiga… Estoy aquí. Tu bebé está bien —Le dije y la ví sonreír de manera triste, me agradeció y luego el hombre cruzó unas palabras con ella.
—La cuidarás, por favor… Por favor…
—Estarás bien, te van a sanar, no te rindas.
—¿La cuidaras?… —Musitaba insistente.
Solamente asentí y repetí que ella estaría bien, pero se durmió y no despertaba, aunque le insistía entonces me sacaron de allí a empujones y sin necesidad de que me explicaran, comencé a llorar desconsolada, llamandola.
No necesitaba que me explicaran, ella había muerto por culpa del parto inducido o algo más, pensando en la pobre bebé huérfana y en que yo no sabía cómo protegerla no dejaba de llorar y sonarme. Estaba en un territorio extranjero, donde no conocía las reglas, ¿cómo podría velar por ese bebé? Se me partía el corazón.
El mismo hombre de antes, me tocó el hombro e insistía en hablarme, luego de un minuto en que intenté calmarme para entenderlo comprendí, quería que firmara un papel con urgencia.
— ¿Qué es? No entiendo.
—Debe firmar por la bebé, será su hija si firma ahora. ¿Entiende?— Lo miré atontada, en completo shock y firmé sin analizar el papel, sin pensar en los gastos en ese segundo.
— ¿Y ahora? ¿Me la puedo llevar?
—Cuando pasen los días, yo soy el abogado de la señorita— Me dijo y explicó que ahora era la heredera de todo lo que pertenecía a mi amiga, incluyendo sus ahorros en el banco.
Entonces leía el papel que tenía en las manos, era la adopción de la niña condición para heredar las cosas de mi amiga.
El certificado de nacimiento decía “Ámbar Del mar”.
Llegó a mi mente un flash back de la tarde de conversaciones en que le había mencionado que Ámbar, era uno de los nombres que había pensado para una hija mujer, pero, el tercero había sido niño y lo había llamado Ángel De la aurora.
—Ella sabía que iba a morir…— Pensé y sollocé.
Me agaché y seguí llorando por mi amiga, por la niña… por el miedo que me dio tener tal responsabilidad en mis manos.
Una niña, un bebé que no tenía a nadie más que la esperanza de que yo la cuidase… “Pobre mi pequeñita” pensé, el hombre espero a que procesara la información antes de ofrecerme guardar los papeles y prometer que volvería temprano al día siguiente para hacer el resto de los trámites necesarios y ser mi traductor durante el tiempo que tardara en regresar a Chile.

En ese instante comencé a reaccionar, en que todo era muy irreal. Así me fui de compras urgente, a buscar pañales y ropa de recién nacido en las tiendas cercanas al hospital, cuando estiraba frente a mi una polar de bebé, pasé a estar en el departamento empacando cosas en un bolso y también todo lo demás que fuese necesario, un chal un coche mamaderas, lo que se me ocurrió en el minuto, y pasé la noche en el hospital con la Ámbar. Al día siguiente hablé con el abogado para vender lo que no podría llevarme, como el departamento con sus muebles y los adornos y cuadros. También tenía quería llevarme las cosas que mi amiga había comprado para su hija, así que tendría que enviarlas por paquetería y luego de muchas vueltas, el día en que retiraría a la niña para llevarla a casa entré a una cabina telefónica y llamé.
— ¿Cuándo regresarás? —Preguntó mi marido.
Una parte de mi, me recordaba que no tengo marido, aún así respondí.
—Me tendré que quedar un tiempo más… tengo que arreglar unos asuntos y volveré. Lo prometo, no lo aplazó más.
—Solo serían unos meses, tus hijos te extrañan también.
—Lo sé, ya volveré… pero, este…
— ¿Qué sucede? ¿Qué paso?
—No voy sola. Tengo una hija.
— ¿Qué? ¿De qué estás hablando? — Su voz fue de sorpresa y angustia.
—Adopté una niña… me iré con ella.
—No podemos tener otro hijo, ¿por qué no hablaste conmigo antes?
—Lo sé, te lo explicaré allá y si no estás de acuerdo… Yo sola me haré cargo. No puedo dejarla.
—……
—Volveré en cuanto termine los tramites, no más de tres meses.
Corté. Y pensé en que sí, probablemente siendo mayor sería igual de orgullosa.
Suspiré.
Fui a un centro comercial y aunque quería volver y cargar a Ámbar del Mar, no pude evitar despertar.

SKSeibert
Rango3 Nivel 10
hace 7 meses

Reconozco que todo el tema de la niña me hizo olvidar la carrera de autos XD
Lo encontré muy tierno y triste al final, me llamó la atención el cómo fuiste reaccionando en que era en sueño - y aún así seguiste sobre la marcha jajaja.
Y sep, me falta leer los anteriores, voy al azar con esto xdd


#27

NOCHE 26

Estaba en casa, mis padres trabajaban y yo veía televisión con mi hermana mayor. Llamaron por teléfono y era una amiga de ella, por lo que quedé sola, entonces escuché un gato maullar en el jardín, salí a verlo y no era muy grande. Le ofrecí agua y acaricie, era un hermoso gato negro, entonces dijo algo y me asusté... Vi al gato a los ojos, estos eran fieros; rojos y grandes, entonces se lanzó encima mio, me rasguñó y me maree, mi cuerpo cambió y vi frente a mi a una chica... era yo.
Desde un lugar más bajo veía a mi propia figura sonriendo con maldad, me observé y tenía pies de gato, entonces comprendí que aquella figura era un ser mágico que cambió de lugar conmigo, intenté entrar a la casa por la ventana de mi hermana pero no pude. Aquella habitación tenía una especie de protección y el ser no me dejaba entrar por la puerta, no supe que hacer.... corrí, corrí a la casa esquina. Necesitaba ayuda y solo pensé en mi mejor amiga, quien vivía en la casa de la esquina y creía en la magia tanto como yo.
Me escabullí en el patio de su casa e ingrese sin que me vieran sus abuelos, entonces intenté que me pusiera atención, pero no comprendía... y llegó la farsante, tuve que irme. Los seguí desde lejos y no recuerdo bien que pasó sin embargo, si recuerdo que en un momento del anochecer, cuando ella notó las rarezas en esta nueva yo, me acerqué, escribí en la arena para que entendiera que era yo y me miró fijo "Gato, ¿eres tu?" preguntó llamándome por mi apodo. Entonces me creyó, me entendió y me tomó en sus brazos para llevarme a casa, ahora tendría ayuda, teníamos que encontrar la forma de que todo volviera a la normalidad.

No recuerdo como terminó aquel sueño, pero si que no nos dimos cuenta de que era un sueño y menos de que era uno compartido, sino hasta después de despertar.

#28

NOCHE 27
Estaba en una ciudad grande había un cachorro de gran tamaño, al parecer un pastor alemán (Son mi debilidad). Yo no era muy mayor, tendría unos 18 o 16, era más alta y tenía otra familia, totalmente diferente. No sé cómo ni por qué, pero mientras estaba pasando por el gran terreno de cabañas que tenía mi padre... antes de llegar a casa me cruzaba con este perro. Lo veía, acariciaba y le ofrecí unas galletas que tenía a mano por lo que, claramente me siguió. Sabía que solo era un mestizo, pero se notaba que uno de sus padres era pastor alemán. En mi mente pasó la imagen de la gran manada de perros entrenados de mi padre, eran unos 20 y creí que no le molestaría tener uno más; así que lo llevé conmigo.

Antes de llegar a la casa me topaba con uno de mis hermanos, uno cercano a mi edad que miró al perro con desprecio, criticaba que fuera mestizo.
— Tenemos muchos, uno más no será problema.
— No te dejarán, este es un torrante. Ya verás.

No me gustaron esas palabras, pero, sabía que podía ser cierto... todos los perros de la casa eran de raza y estaban entrenados. No pude evitar bajar la velocidad y confianza al caminar, antes de poder acercarme a la puerta mi padre se asomaba molesto; Era un hombre muy alto y corpulento, subido de peso que vestía un traje semiformal con zapatos caros. Detrás de él estaba mi hermano mirando con malicia, el hombre me decía que no quería al animal y debía dejarlo fuera. Le rogué, pero solo conseguí que empeoraran las cosas, que dijera con voz fuerte que estaba sucio y lleno de parásitos luego, finalmente soltó a sus perros, ellos nos rodearon y dijo que si los animales lo aceptaban lo pensaría. Pero, estos estaban entrenados para ser fieros y comenzaron a gruñir. Me entró un pánico horrible y grité para que los detuviera, el cachorro se echó para atrás y yo lo seguí, los animales rodearon al cachorro y se le tiraron encima, yo cogí una rama para apartarlos, pero eran muchos y uno de ellos mordió tan fuerte al cachorro que le hizo sangrar el pecho. A patadas los alejé como pude, pero nos seguirían, sin saber cómo tomé al pequeños y corrí. Aunque era muy pesado lo ingresé en una cabaña y cerré puertas y ventanas. Lloraba, pero, me calmé al ver que seguía vivo y no era tan grave al parecer.

Escuchaba a mis hermanos pequeños corriendo por el patio, pensé en pedirles apoyo.
—¡Aquí estas! ¡Papá te está buscando! —Dijo mi hermana.
—No le digan dónde estoy, por favor. —Pedí y ellos preguntaron si era verdad que lo desobedecí—. Por favor, si le dicen matará a mi perro.
—¿Tienes un perro? ¿Podemos verlo? —Pidió él y la niña se tapó la boca aterrada por la idea de matar a un animal.
—Entren, rápido —indiqué, en especial al ver los canes de papá rondando.

Mientras acariciaban al animal, les pedí la ayuda que quería: Yo no puedo ir a casa ahora, pero ustedes sí. ¿Me ayudarán? ¿verdad?
—Sí —Afirmaban ambos, eran los más pequeños, unos 8 y 10 años—. Bien, tú debes ir y traer gasa, paños, agua, lo que encuentres para limpiar y curar la herida, guárdalo en tu mochila, sin que se den cuenta. —Dije, mirando a la niña que asintió un poco asustada, un poco entusiasmada—. Y tú, ve por las copias de la llave de una cabaña, ambas. Así no podrán entrar. ¿Vale? Pero que nadie te vea.
Insistí, porque nuestro hermano estaba en mi contra.
—Tendré cuidado, volveremos luego —le dije tomando la mano de nuestra hermana antes de salir, pero, mientras salían algunos sabuesos sintieron nuestro aroma y comenzaban a ladrar por la parte delantera de la cabaña.

Nuestro hermano mayor se dio cuenta de lo que hacíamos y llamó a nuestro padre a gritos. Tomé al cachorro como pude, envuelto en un cobertor delgado, él me lamía la cara y salí por detrás y busqué una con la ventana abierta, dejé al cachorro sobre una cama y entré por la puerta abierta. Corrí al dormitorio cerré la ventana y decidí esperar a los "enanos".
Cuando fui hacia el cachorro reaccioné en lo desordenado del cuarto: ropa tirada, bultos en la cama... un bulto que se movió dejando ver a un hombre que sorprendido observó al perro y cayó de la cama.
—Oh, ¡perdón, disculpe! No sabía que estaba arrendado esta cabaña, perdón.
—¿Quién? ¿quién eres? ¡¿Qué hace un perro en mi cama?!
—¡Es mi perro, por favor no se enfade! Soy la hija del dueño, yo no sabía, me confundí de número— Inventé— Nos iremos de inmediato, por favor, no se enfade.
Rogué al hombre perturbado, acepto y me dijo que saliera rápido, con una actitud media entre resignación y confusión, criticando la estupidez de los jóvenes.
Con el pequeño animal en brazos, cubriendo con un paño sus dos heridas, cuales, mordidas de vampiro gigante, caminé a la salida, pero al abrir un poco la puerta vi dos oficiales rondando por las cabañas y preguntando por alguien que ingresó sin permiso en el recinto privado en compañía de un animal.
"Mi hermano llamó a la policía para meterme en problemas", los miré algo asustada y el caballero con pantalones puestos salió al living preguntando que sucedía ahora.
—¿Es usted quien informó a la policía?
—No sé de qué me hablan. Yo no he reportado nada, esta niña no me ha molestado.
—Gracias... —Suspiré aliviada.
—Se nos informó de una persona que estaba con un animal ingresando de forma hostil al lugar, debes acompañarnos.
—Pero, yo...yo soy de aquí. Yo soy la hija de Russel, —dije dando mi nombre completo, que no lo recuerdo realmente. —él es mi mascota, y está lastimada. —expliqué respecto al pequeño
—... no parece una mascota de tu familia. —Me miró sospechoso el segundo oficial.
Por suerte el arrendatario insistió en que no invadí nada y que estaban buscando a alguien más. Los hombres se fueron y yo salí por la puerta trasera, intentando no molestar más al caballero.
Corrí hacia la patrulla: Señores, señores. ¿Ya se van?— Grité, sabía que frente a los oficiales mi hermano no podría atacarme.
—Sí.
—¿Pueden llevarnos? ¿Por favor?
—¿No vives aquí?
—Es que quiero ir llevar al veterinario a mi perrito.
—Es nuevo, y está herido.
Les expliqué, hicieron el comentario de que no parecía de mi familia… Mentí diciendo que era por ser muy cachorro. Que estaba inscrito y tenía todos sus papeles igual que los demás.
—Está bien, sube. —Me dijo al fin, uno de ellos se subió adelante.

Los oficiales llevaban a alguien más, era un estudiante poco mayor que yo, al parecer e iban a la “bahía…” no sé qué. No recuerdo el nombre completo. Cuando el auto partió pude ver a mi hermano gritando mientras corría detrás de nosotros.
—¿Estas huyendo de casa?
—...No, yo es...
—¿De verdad buscas un veterinario?
—Sí, mi mascota está lastimada. El chico junto al perrito miraba bien y decía que aquella no era una herida cualquiera.
—Parece grave, seguro que no está infectado.
—Seguro, si fue recién, necesita ir ahora a un médico.
—Si quieres te llevamos con el tipo que de las eutanasias. —Dijo el oficial que manejaba.
—¿Qué? No, no quiero que lo maten, el estará bien, solo necesita un veterinario —Insistí aterrada con los ojos muy abiertos, y él rio.
—Lo sé. El tipo de las eutanasias también es veterinario.
—Que trabaje en eso no implica que no sepa sanar a un animal. —Explicó el segundo oficial.
—Pero... -Algunos animales no pueden salvarse, alguien tiene que hacer el trabajo y bueno, es el único que conocemos de cerca. Podemos llevarte con él, está cerca de nuestra unidad. —Si no lo mata... pues...
—...Estabas huyendo, ¿no? —El chico que iba a mi lado preguntó luego de mirar por la ventana trasera.
Lo miré de reojo antes de mirar hacia atrás.
—Es... ¿es papá?... ¿En serio? —No podía creerlo.
¿Por qué era tan terrible que tuviera un perro que no fuera de raza, que tenían con él? ¿O sería simplemente porque lo desobedecí? ¿Tal vez, no quería perros que no mataran... tan mala es mi familia?

Los oficiales se detuvieron, pues, claramente no pueden cubrir a una prófuga.
—Por favor, no se detenga, por favor... —gemí aterrada, papá no tardó en alcanzarnos y se bajó, mi hermano venía con él.
—No podemos ayudarte a huir, somos policías. —Dijo el chofer.
—¡Es que no entienden!
—Si has hecho algo malo, lo mejor es que enfrentes las consecuencias. —Aconsejó el otro oficial.
—No he hecho nada malo, ellos quieren matar a Petri, no quieren que sea un perro Russel. —Les dije, y sollocé poniendo seguro a la puerta y cerrando la ventana.
Mi hermano llegó al carro y comentó a intentar abrir, golpeó la ventana insistiendo en que saliera.
—¿Es verdad lo que dices? — Preguntó el segundo oficial tras asegurar su puerta también y cruzar una mirada con su compañero.
Mi padre, más calmado saludó al oficial formalmente, al mismo tiempo yo les explicaba que ellos fueron quienes lastimaron a mi cachorro.
El animal, acurrucado comenzó a tiritar y yo lo abracé al cuello sin dejar de derramar lágrimas de frustración.
Para mi suerte, me creyeron y antes de poner una mano en el vidrio el oficial volvió a pisar el acelerador. Tanto mi hermano como mi padre corrieron de vuelta a su auto para seguirnos, aun así los perdimos por al menos una hora.
El viaje fue largo tanto así que me reí mucho cuando el joven se quejó de que el animal se hubiese cagado a su lado. Tuvimos que bajar para que terminara sus necesidades y me deshice en disculpas.
Limpiamos el asiento antes de volver a subir y me daba mucha risa la mirada taimada del joven. No obstante, la alegría se acabó cuando vi a pocos metros el auto de papá. Nos subimos de nuevo al auto, el oficial que hacía de copiloto encontró una ardilla que subió también al auto, pero, el joven estudiante quedó atrás. Nos hizo un gesto para que nos fuéramos e hicimos caso, sin embargo, tras unas maniobras los oficiales se devolvieron en el camino para recoger al joven. Luego seguimos unas curvas y cambiamos de rumbo para perderlos y seguimos el camino, los perdimos de nuevo luego de unas maniobras, él joven nos dijo que también conocía a un veterinario bueno por lo que, me bajé con él de la patrulla y los oficiales siguieron su rumbo.

#29

El joven me llevó hasta una local esquina cerca de la playa, era muy limpio y colorido. Allí habló con una chica, quien aceptó vernos, pero nos tocó esperar un poco, el chico me acompañó contando anécdotas y preguntando sobre mí. Fue agradable, él no era una persona adinerada, pero, se notaba amable y educado.
La mujer sanó al perro, era amable, pero mi padre llegó al lugar con una gran sonrisa y una sensación en mi estomago me hizo sentir horrible… La comprendí cuando vi al estudiante recibir dinero de mi padre.

—¿Cómo pudiste...? —Pregunté decepcionándome de mi mala percepción del joven.
Me sentí estúpida por confiar en él.
Mi padre me cogió del brazo obligándome a dejar al perro ahí, hice una gran escena, patalee grité y todo.

De ahí tuve un salto en el tiempo…
Un año pasó, ahora estaba en una fiesta de la universidad. Veía a dos chicos engreídos riendo y haciendo bromas, rodé los ojos aburrida y fui a mi cuarto de la universidad. Aún en el umbral volteé a verlos, se abrazaban por el hombro y comentaban algo sosteniendo ambos una bebida, uno me devolvió la mirada al tiempo que comentaba lo linda que era a pesar de lo arisca. Así que cerré con un portazo.
—Si no fuera tu novia, creería que te odia. Eres un galán —Se rio el otro chico.
—Es que lo odio… —Suspiré apoyada tras la puerta, y me dejé caer sobre la cama.
Volteé mi rostro hacía el espejo, pensando en como librarme de aquel joven que escogieron para mí.
—Tengo que salir de aquí —Me dije, notando mi ondulado cabello café. Era grueso, no como el que recordaba.

A la mañana siguiente, como todos los días salí en mi auto totalmente limpio, blanco y descapotable. Usando lentes oscuros manejaba y vigilaba de reojo la bolsa de 10 kilos con comida para perro que transportaba. Durante el viaje escuchaba música pop y sin desconcentrarme miraba la bahía recordando aquellos momentos traumantes de un año atrás.
No obstante, el mar ya me alegraba, sabía a dónde iba y que estaría feliz, aunque tuviese que ocultarlo. Estacionaba cerca de la veterinaria, caminé unas cuadras e ingresé a la casa en que encontraría a mi cachorro crecido. Él me sintió y saltó sobre mí de inmediato, lo abracé con fuerzas antes de saludar a la mujer que ahí vivía; siendo una de las clientes de la veterinaria, quién con estupefacción vio aquella escena que se armó cuando mi padre entró para prohibirme tener, cuidar si quiera procurar la recuperación del pequeño animal. Ella, en un acto de humanidad se hizo cargo el pequeño, sabiendo que había alguien que lo amaba y probablemente -y así fue- volvería a la bahía a buscarlo por las calles.
Conversamos amenamente, luego saqué a pasear al cachorro, casi a diario hacía aquel viaje, ella lo alojaba por caridad, y estaba totalmente agradecida por eso, sin embargo… hubo algo por lo que jamás me preguntó, un tema que apareció repentinamente durante la caminata de esa tarde. El traidor.

—¿Estás aquí? —Dijo sorprendido— ¿Lo recuperaste o es otro?
—¿Crees que iba a dejarlo morir? —Respondí cortante y seguí caminando, pero él me siguió.
—Oye, lo siento. —sus palabras parecían sinceras— Sé que no pude disculparme, pero, en verdad lo lamento.
—Sí, como sea. —no me detuve, al menos el cachorro estaba feliz.
—¿Podemos conversar? —Preguntó siguiéndome e insistió en hablar—En serio me alegra verte, no pensé que nos encontraríamos otra vez.
—No me interesa, no eres de fiar.
—Solo es un perro. No pensé que fuera tan importante para ti, se pueden cuidar solos.
—¿Sólo es un perro? —Me detuve para mirarlo despectiva.
—Digo, apenas… No lo pensé bien —lo miré de reojo sin decir nada, me dije que intentaba decir lo que yo quisiera escuchar.
—Adiós. —Dije sin mucha importancia y seguí caminando, aún estaba molesta conmigo misma por haber sentido simpatía por alguien que en menos de tres horas me había traicionado.

Avanzamos solos, solté al can para que corriera un poco y jugará por la arena, y cuando creí que el chico se había resignado volví a oírlo a mis espaldas llamándome. Volvía a seguirme.

—Oye, oye, conversemos... Te has puesto muy linda. —Murmuró lo último.
—¿Intentas coquetear? —Mi tono no fue nada agradable.
—No —Soltó nervioso, más con mi mirada molesta— O sea, oye... no me lo haces fácil. —Se revolvió el cabello antes de repetir. —lamento lo que pasó. Necesitaba el dinero y me amenazó también. Fue lo mejor para mí... apenas te conocía.
—Sí, lo noté.
—Tienes tu perro, lo salvaste, están bien, y yo estoy estudiando gracias al dinero. ¿Te parece si empezamos de nuevo?
Lo miré analítica, comprendía su postura; él apenas me conocía, y yo confíe sin tener que hacerlo. Acaricié a mi cachorro pensativa, a pesar de todo... él me caía mejor que todos los que me rodeaban en ese mundo de donde no podía salir.

—Supongo que en un año puedes haber cambiado algo.
—En verdad lamento lo que hice.
—...Te creo. ¿Has usado bien el dinero?
—Estudio medicina. —Respondió e inevitablemente solté una risa irónica—. Lo sé, suena raro.
También se soltó una corta carcajada.
—Quiero venir a vivir acá pronto... —Comenté.

Esos eran mis planes, mudarme y salir de mi familia apenas pudiera...
Papá jamás supo que seguía cuidando al cachorro, sin embargo... algún día lo iba a descubrir, también que no me casaría con quien él quería ni haría lo que él deseaba toda la vida, yo iba a salir de sus planes, de su vida por completo, había guardado dinero y terminaría de estudiar, entonces huiría de ellos.

Pensaba en eso, acariciando el pelaje del cachorro cuando desperté.

#30

NOCHE 28

Esa noche Jugaba en la ampliación, aún no se terminaba de colocar el techo de la nueva parte de la casa. Solo estaba el esqueleto de la construcción lista, y me fascinaba trepar las paredes, jugar inventando historias y todo eso... En aquella ocasión, bajo las estrellas, inventaba mi propia historia mientras trepaba y paseaba por los techos vecinos, saltando y corriendo… Pero, de repeten vi sombras; pasaron raudas cerca asustándome. Decidí volver a casa rápido, pero, me desvíe para huir cuando escuché una amenaza hacía mi persona.
No sabía quién era, qué quería y no iba a detenerme a preguntar.

Corrí, salté al patio de una casa, me escabullí y de algún modo llegué de vuelta al patio de la mía, sorpresivamente me cogieron del brazo deteniendo mi huida y me estrellé contra una pared. Creí que me habían capturado o algo peor… pero, al ver quién era quedé anonadada por su mirada firme y brillante. Era un joven poco más alto que yo, con cabello oscuro (o quizás se veía así por la oscuridad de ese rincón) y ojos penetrantes. Era Él, otra vez.
Noté que mis captores pasaron de largo al estar el chico arrinconándome, quizás no lograron verme. Al menos eso pensé.

—Gracias… —Murmuré un tanto cohibida, y definitivamente alucinando, estaba más cerca de mi de lo que había estado con cualquier chico a esa edad. Pude sentir sonrojar mis mejillas.
—Te ves muy linda hoy. —Dijo, pero no logré decir palabra, no salían de mi garganta.
Volví a preguntar su nombre una vez más. Me lo dijo y se acercó a mi rostro, sutilmente rozó sus labios con los míos, se sintió como si fuese un suspiro nada más…
Repetí su nombre varias veces en voz alta, quería no olvidarlo sin embargo… fue imposible de repetir al despertar.

#31

NOCHE 29

Esa noche no la recuerdo por completo, si recuerdo haber estado en el colegio, conversando con mis amigas sobre un hombre que estaba asesinando gente, que debíamos cuidarnos, era alguien que al parecer mataba en mi barrio. Con mi amiga de infancia caminábamos a casa en esa ocasión y con mucho temor corrimos a nuestras casas, llevábamos días temiendo que algo pasara, recuerdo toparme con el hombre pelear y huir. Me insistía en enfrentarlo, me llamaba cobarde, que siempre huía y que un día debería enfrentarlo, pero yo no quería pelear, no deseaba hacerle daño. Según él aquella sería mi perdición. El hombre era de espalda ancha, fornido, y su rostro estaba cubierto, él llevaba un hacha cuando estaba sentando en el pasto en la falda de una plaza ubicada justo frente a mi casa. Oculta tras los visillos de mi casa lo observaba, literalmente escondida, tenía miedo de enfrentarlo, no entendía por qué se ensañaba conmigo. Si era un sueño… por qué no podía enfrentarlo, aquella era la segunda noche en que lo veía, en que me aterraba. La diferencia de esta ocasión es que no pude evitarlo más. En esta ocasión mis emociones fueron más poderosas que el miedo, más poderosas que la lógica de que soy buena y el malo y aunque fuese un sueño no iba a pelear.
Mis amigas cruzaban la plaza para llegar a casa de mi vecina y mejor amiga, en ese entonces. Vivi y las otras chicas caminaban tranquilas, entonces me alcé y grité que no se acercaran, que corrieran pero aún así alcanzó a Vivi quién pataleaba y gritaba al tiempo que este hombre intentaba someterla para ahorcarla. Yo salí por la ventana preocupada, pero al mismo tiempo completamente furiosa, sin pensarlo llegué a la orilla de la plaza, di un saltó e hice aparecer el hacha del asesino en mis manos y arremetí cortando su cabeza sin dudar. En ese instante sentí como se liberaba la energía de mi cuerpo, la rabia se iba y sacando el cuerpo de en medio abracé a mi amiga con todo el amor que le tenía y aún le tengo. Ese día, no solo soñé con que tenía que salvar a mi amiga de un furioso asesino loco, descubrí que puedo ser realmente agresiva, que dentro de mi vivía un león que rugía con todas sus fuerzas si era por resguardar a sus seres queridos.

#32

NOCHE DE BABEL

Sami, Anoche soñé contigo…

Era policía revisaba archivos que resultaban estar todos relacionados, había alguien haciendo negocios sucios, y yo buscaba un sospechoso, fueron años de trabajo para dar con un sospechoso, resultó que todo apuntaba a un hombre que era jefe de la mafía. Tras cinco años en el caso, tenía al fin una oportunidad de atraparlo y esa noche entraba de encubierto a una fiesta, iba con mi compañera quien, tenía la misión de buscar al sospechoso y seducirlo para que la llevara o acercara a la reunión que se daría esa noche. Sería allí: mientras hicieran su trato, que al fin -luego de cinco años- podría atraparlo. Estaba ansioso, pero a la vez tranquilo.
La noche pasaba y mientras esperaba salí a un balcón para fumar… allí había una mujer con un coqueto vestido rojo, fumando uno de esos cigarros largos que se ven graciosos. Esa mujer eras tú.

Te saludé y prendí mi cigarrillo, estabas triste, pude notar en tus ojos que habías llorado y decidí hablarte. Te veías diferente, con cabello rizado y maquillada, me contaste con pena que tu novio estaba muy pendiente de otra mujer, por lo que intenté consolarte. Algo dije, no recuerdo qué fue, pero te molestó y me lanzaste tu trago encima antes de volver a la fiesta ofendida. Enfadado, me critiqué por ser amable, pensé que no entendería nunca a las mujeres y tuve que ir a cambiarme de ropa a un cuarto, sin perder más tiempo me escabullí por una ventana para esconderme en el alfeizar del cuarto designado a la reunión y así esperar el minuto en que estuvieran cerrando el trato, ya faltaba poco.
Cuando miré por un pequeño espacio vi a mi compañera sentada en las piernas del jefe que yo vigilaba hacía años, luego ella les sirvió un trago a todos y así, siendo coqueta pasaba por una mujer cualquiera.
Cuando creí que todo salía bien y pronto podría esposar al hombre, un fuerte estruendo hizo a todos voltear hacía la puerta el cuarto; esta, había sido abierta de un fuerte golpe por lo qué el seguro y la chapa se rompieron dejando ver en el umbral a una mujer brutalmente enfadada. Eras tú otra vez, con el ceño fruncido y una mirada gélida, avanzaste a paso firme sobre tus tacones y tomando lo primero que encontraste –un vaso- fuiste directo hacia mi compañera para, seguidamente, romperlo en su cabeza. Esta cayó al piso aturdida antes de poder decirte algo.

Todos se pusieron en pie, pero al ver que era una pelea de pareja no hicieron nada. El mafioso fue hasta ti sorprendido, diciéndote que no deberías estar allí, pero le reclamaste por estarte engañando de esa forma. Sin escrúpulos.
Él te pidió disculpas y que te calmaras, pero aún fría te hiciste hacía él y tomaste el arma de su cinturón, entonces yo entré al cuarto previendo lo que harías (quería detenerte), al mismo tiempo todos los del cuarto reaccionaron a sacar sus armas, pero, sin dudarlo le disparaste en la cabeza.

Me hirvió la sangre: ¡En menos de tres minutos arruinaste mi trabajo de cinco años!
Estaba furioso contigo, y tu solo te quedaste mirando el cuerpo del tipo, los demás empezaron a dispararse entre ellos, unos querían matarte, otros te defendieron y yo entré a buscar a mi compañera que aún estaba medio aturdida por el golpe. También se voltearon contra mí, claramente había quedado al descubierto. Mi compañera también sacó su arma teníamos que huir, pero noté que te habías desmoronado y llorabas de rodillas reaccionando en lo que hiciste. Así que te tomé del brazo para sacarte de allí volando.

Corrimos por el pasillo, y solo en el ascensor estuvimos seguros por un momento. Tu seguías en shock y mi compañera tenía un tajo en la cabeza, no entendí por qué me preocupaba salvarte. Por un lado te odiaba, te recriminaba todo el camino y tu solamente llorabas. Nos subimos a mi auto y huimos… Realmente estaba muy enojado contigo…
Incluso ahora, ya despierto, sigo enojado.
¡Fueron cinco años de trabajo perdido!