Sasami_Hanatsuki
Rango5 Nivel 24 (699 ptos) | Escritor en ciernes
#1

¿Alguna vez les ha pasado que despiertas con marcas de golpes que no tenían antes de irse a dormir? ¿O en una cama que no es la que recuerdas? Cuando esas cosas pasan, créanme que despertarán con mucho más cansancio del que tenían.
Desde que recuerdo he sabido manipular con que voy a soñar, o en su defecto cambiar lo que estoy soñando cuando no me gusta. Claramente después amanezco horriblemente cansada y de pequeña me dormía en cualquier lado, incluso sobre el desayuno. Así seguí por mucho tiempo, sin saber que cosas como quedar paralizado con los ojos a medio abrir tiene un nombre: "Trastorno del sueño" y hace muy poco descubrí que soy Onironauta, y que lo que vivo cada noche se le llama "Sueño lúcido". Lo que aún no sé es si acaso será normal encontrar a alguien que no conoces una y otra vez y hacer un amigo en ese estado... ¿tú sí?

Es tan frecuente estar despierta de noche y tan difícil recordar dos vidas, que decidí que lo mejor era registrar lo que vivo cada vez que abro los ojos estando dormida. Es por eso que aquí esta, mi diario de Noches. El Diario de un Onironauta

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Plum_Mirror
Rango6 Nivel 29
hace alrededor de 1 mes

Me gusta más ahora que hay una presentación. Ahora ya hay un contexto y no se va a confundir con un compendio de relatos random y ya no te acusarían de falta de detalles o narración apresurada.
Ojo con las tildes, es mi único tip por el momento.


#2

NOCHE 1

Esa noche apenas entraba la luz del poste por las ventanas, llamaron a la puerta así que caminé temblorosa, sabía quien era... ya lo había vivido antes y aún así bajé de mi cama.
Al llegar a la puerta, esta se abrió dejando ver un ser oscuro que pidió entrar, pero, me negué con vehemencia. El Ser, que a mis ojos de infante era un demonio, sonrió amigable antes de insistir, curiosa miré hacía afuera y bajo la pequeña escalera de madera construida por mi padre pude ver una amenazante profundidad de sombras y fuego.
Tiritona no dije nada y lo mire fijo volviendo a negar su entrada: No puedo, mamá dice que no abra a extraños—. Negó e insistió.
—Si me dejas entrar podrás ser más poderosa de lo que imaginas, tendrás felicidad por siempre y… —añadió varias cosas que en este minuto me son vagas.
Yo retrocedí hasta pegarme a la pared del comedor y acurrucarme en el suelo negando y volvió a ofrecer cosas, pero yo cerrando mis ojos negaba asustada, entonces pude sentir su ira rodeándome.
El ser gritó y nadie despertó.
—¡Creo en Dios y tú eres malo!
—¡Si no vienes por las buenas lo harás por las malas!

Comencé a gritar que mis padres eran católicos, que iba a la iglesia los Domingos y cubriendo mis oídos dejé de escuchar lo que aquel Ser me gritaba, hasta que la puerta se cerró de golpe.
Entonces me quedé allí incapaz de moverme y volví a cerrar los ojos, vi ponis y dulces... hasta que nuevamente todo se nubló.
Otra vez estaba sola, sobre un pilar de tierra al interior de un volcán, mirar hacia arriba solamente me dejó en claro que la salida obvia estaba lejos de mi alcance, debajo solo había lava burbujeando. La altura me hizo temblar y se escuchó una risa a mi alrededor, supuse que ese era mi castigo por no aceptar el trato del demonio, por lo que… me senté y afirmé de mí misma lo más al centro que pude. Sin saber hacer otra cosa más que esperar, solloce en silencio…
—Voy a estar bien… voy a estar bien —me dije, con la convicción de que algo más poderoso me salvaría de aquello.
No era la primera vez, y ya había salido de ahí antes... de la misma forma, tras dormirme desperté junto a una pared interior del volcán, con un pequeño camino de tierra por delante… me puse de pie con cuidado, tocando las rocas junto a mí como si así me afirmase mejor y empece a caminar tan descalza como había llegado. Como si entrase en una gruesa neblina el panorama desapareció y el resto de lo sucedido se borró de mi cabeza al despertar.

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#3

NOCHE 2

Esa pesadilla recurrente volvió a torturarme, golpearon la puerta y todos dormían, me acerqué a la entrada con calma escuchando como me llamaban. Una vez más ese ser estaba sobre la escalera, pero, en esta ocasión estaba acompañado.
Pidió entrar, una y otra vez, cada vez más molesto, parecía querer forzarme a dejarlo pasar. Hablaba con tanta insistencia que su mirada traspasó su ira a mi interior haciéndome temblar.
—En esta casa todos creemos en Jesús, no puedes dañarnos —Dije inocentemente y al verlo gruñir comencé a rezar el Padre Nuestro.
Él comenzó a reclamar y gritar, tanto se enfadó que se fue, no sin antes maldecirme, pero no lo escuché, solo rezaba arrinconada en una esquina oscura del comedor.

Una melodía extraña me despertó, sobé mis ojos y miré hacia el pasillo de la casa. la luz del sol entraba con fuerza por la ventana, por lo que bajé de la cama para ir hacia ella con curiosidad. Reconocí que era la tonada de una ronda infantil, sin embargo no parecía de este mundo y aún así mi corazón la reconoció de algún modo. Me pregunté si acaso estaría despierta realmente, o sería otro extraño sueño vívido.... Sin embargo, al igual que antes nadie más parecía haber despertado, pero, quizás no habría nadie en casa, no lo sé estaba tan cautivada que solamente fui a la ventana para que ver más allá del jardín de mi casa, dónde en la plaza muchos niños y jóvenes cantaban bailando de la mano y en círculo, como si celebraran.
Los rodeaba una luz tan fuerte que no pude verlos con claridad, mas noté que vestían de blanco por completo y reían. Quise acercarme pero no salí; sólo me quedé ensimismada, cautivada, hipnotizada… Aquella imagen era hermosa, tan bella que jamás se me olvidará. Un canto de amor y alegría de las hadas… Al instante supe que la oscuridad no volvería por un buen tiempo.

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#4

NOCHE 3

Paseaba a caballo por una gran parcela, vestía un traje colonial o incluso más antiguo. Me detuve frente a una amplia casa de madera, bajé de aquella montura femenina e ingresé al lugar llenó de mujeres que conversaban con alegría.
Todo iba bien en aquella tarde, hasta que llegó la hora de once y una discusión comenzó. Me di cuenta de que era un sueño sin embargo, no pude evitar envolverme por aquellas emociones iracundas sofocándome. Grité enfadada con la sangre hirviendo y crucé el umbral deseando huir.

Pase de largo por aquel bello alero, corrí sin detenerme aunque escuchaba que la familia me llamaba a gritos. Yo lloraba y ni siquiera estaba segura de por qué, atravesé el jardín con un deseo enorme de salir de ese lugar, de despertar o ir a otro lado entonces tropecé y caí sobre un lugar con barro. Mi vestido blanco y celeste quedó tan sucio como mis dedos, frustrada golpee el piso con ambas manos en una pataleta infantil. Luego de respirar me hinqué sin ánimo de limpiarme algo deprimida, y entonces noté que al otro lado de la cerca que había ahí se encontraba un hermoso y frondoso bosque. Entre los árboles se acercaba una silueta de un caballo con su jinete, aquella silueta pronto se volvió clara y saltó la cerca antes de estirar su mano ofreciéndome ayuda.
Una vez de pie lo observé bien preguntando quien era, pero él me devolvió la pregunta consultando qué hacía allí.
—¿Yo? ¿qué haces en mi sueño? —Insistí confundida.
—Te equivocas, tú estás en el mio.
Volteé y tras de mí se veía un campo amplio, la casa ya no estaba, siendo que no me alejé tanto; no hice más que creerle.
—¿Y cuándo salí de mi sueño?
—Si tú no lo sabes…
—Y ahora… ¿Cómo voy a volver?
—Yo te ayudaré… —Dijo y su mirada y sonrisa me hicieron temblar de una manera positiva.
No pude evitar sonrojarme cuando tomó mi mano, para guiarme una sensación que se mantuvo en mi estómago hasta después de despertar.

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#5

NOCHE 4

Me vi al espejo y vestía un lindo vestido amarillo que ya parecía un harapo, mi cabello rubio parecía castaño por la tierra y el polvo, estaba ondulado y con muchos nudos... debía tener seis o siete años y en el fondo del espejo se reflejaba la imagen de mi madre recostada muy demacrada. Una guerra se desataba, lo sabía porque mucha gente se había ido del pueblo por lo mismo, suspiré ante la imagen y fui a lavarme la cara y los brazos en un bol con agua posado sobre una silla. Mientras hacía esto, como si fueran escenas explicativas pasaron por mi mente imágenes en que descubría que la gente se había ido enfermando poco a poco, y personas de afuera habían llegado con medicamentos y -por alguna razón- también con armas. Estos soldados se instalaban en el pueblo a vivir, yo intentaba entender qué pasaba pero nadie me explicó nada.
Un rugido me distrajo del agua y al salir de casa para observar pude ver varios aviones sobrevolando la zona, todos los del pueblo se acumularon para ver el suceso, incluso mi madre; Un avión de gran tamaño en que no dejaban entrar más de cuarenta personas, los rostros afligidos de los adultos me asustaban, no deseaban quedarse en el pueblo.
La mujer, de rizados cabellos corría sujetándome de la mano con fuerza al tiempo que gritaba: ¡Mi hija no está infectada! ¡Salven a mi hija, está sana! ¡Por favor, mi hija! —Yo observé con pavor y en silencio la escena, en la multitud distinguí una pareja con sus dos hijos pequeños, eran mis vecinos.
Más adelante, las personas terminaban de subir al avión que pronto encendía motores dejándonos ahí, algunos lloraban y otros se quejaban frustrados. Repentinamente mucha gente corrió hacía una avioneta con mucho menos espacio, no estaba lejos y algunos lograron subir a la fuerza. Mi madre también corrió y empujó, con una fuerza que no mostraba hace varios días, gritaba y prácticamente me arrastraba, siempre con la intención de que me llevaran con ellos, pero no la escucharon y el avión se fue con unos pocos pueblerinos y varios soldados…
Por la cara de la gente pude deducir que no volverían al pueblo.

Pasó el tiempo, con los días había menos gente en el lugar y menos comida, mamá ya no lavaba ropa y ropa limpia en casa. Mi hogar tenía las alacenas vacías, por la ventana por la que se veía pasar uno que otro habitante tosiendo y otros cargando cajones con muertos seguidamente; mi madre se movía cada vez más lento en la casa gastada donde vivíamos, cada vez se levantaba más tarde y acostaba más temprano, hasta que… un día quiso ir al río de paseo.
Mientras caminábamos, me llamó la atención lo vacío que estaba el pueblo, parecía un lugar fantasmal. Mi madre, mientras nos acercábamos al río comenzó a balbucear lo mucho que me amaba y que pronto las cosas cambiarían, que estaríamos mejor y no tendríamos hambre, de alguna forma una extraña sensación se apoderó de mi.
Cuando mis pies se mojaron con el agua la observé; se veía pálida y triste, apenas se podía el cuerpo. Me guió hasta lo hondo del río diciendo que me quería tanto, y fue entonces, cuando mis cabellos flotaban alrededor de mi cara que comprendí que se estaba muriendo por esa enfermedad que atacó al pueblo.
Los rizos de mamá se mezclaban con los míos mientras me llevaba hasta la corriente, y por sus lágrimas silenciosas me di cuenta de que algo malo estaba pasando, temí lo peor... Que quisiera morir y llevarme con ella, por eso la solté e intenté apartarme de ella, pero sus manos se aferraban a mí y se hundió aún abrazándome. Pude ver que sus ojos seguían lagrimosos fijándose en mi rostro asustado y no lograba hacer que me soltara, mis zapatos hacían peso y saber que mi madre deseaba ahogarme fue perturbador.
El instinto natural me dijo que debía soltarme o morir.
Entonces, me dije "ella está débil y moribunda, yo no, yo estoy sana"
Patalee y agité mis brazos y terminó por soltarme, entonces logré salir a flote, sin embargo la corriente me llevó y solo vi el pueblo alejarse, mucha agua y la orilla que no lograba alcanzar.
Pensé en volver a la casa, mas no quedaba quien me esperase, así que lo que importaba sería solo flotar no tragar más agua, y patalear. Comencé a sollozar, mezclando lágrimas y agua, más de una vez tragué en mi intento por llegar a una orilla sin embargo, terminé por perder la consciencia.

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#6

Al recobrar la consciencia me encontraba en una suave cama de sábanas blancas, dentro de un cuarto amplio donde, una mujer negra -a quien recordé vagamente- me cuidaba.
La observé en silencio, me pareció haber soñado con ella. También habían dos hombres que conversaban en una esquina del cuarto, estaban bien vestidos y arreglados. Luego ingresó una dama que fue muy afectuosa con uno de ellos, ella notó que había despertado y que los observaba con curiosidad. De la mano con su pareja se acercó a mi y, dijeron que su doncella me encontró en el río.

La mujer ahí presente me había encontrado y llevó a esa casa, ellos llamaron a los médicos que luego de analizarme diagnosticaron que fuera del fuerte resfrió o pulmonía no tenía nada más. Hablaron de aquella extraña enfermedad y me preguntaron si venía del pueblo aquél, si tenía esa enfermedad o la conocía. No respondí, solo los seguí mirando con preocupación. Me preguntaron si había alguien conmigo antes de caer al río... pensé en mi madre, y los seguí mirando sin querer mencionarla. Por sus palabras que me parecían algo confusas me dije que quizás llevaría uno o dos días inconsciente por la fiebre....
“Milagrosamente estas sana” Dijo la mujer, consiguió mi atención de nuevo, por alguna razón quise decir algo pero, nada salió de mi boca, intentaba responder al menos con mi nombre, pero al momento de abrir la boca... me era imposible emitir sonido.

La pareja habló de sus hijos, y añadieron que podrían cuidarme y quererme como a uno más, que me tendrían ahí con ellos hasta que yo quisiera o estuviera lista para ir a mi casa, o recordarla. No sabían nada de mi, ni yo de ellos pero tampoco tenía a donde ir… Mi casa estaba vacía, sin alimento, sin seguridad... el pueblo estaba abandonado. Así que seguí mirándolos, sin saber que hacer y por eso, obedecí.
Aquella familia era amorosa y adinerada, los padres vivían con sus padres y la familia de su hermano, así que solo ellos sabían que no había nacido en la casa, y quienes me adoptaron jamás dijeron que no fuera su hija y al ser rubia al igual que todos en el hogar la gente al rededor no parecían dudar de ellos. Con el tiempo los hermanos empezaron a mirarme extraño, como si fuese un fenómeno pues seguía sin decir palabra a pesar de que podía escuchar; los múltiples médicos que me vieron hablaban de trauma, por lo que el matrimonio no me forzó y llamaron a una institutriz que me enseñó lenguaje de señas, de esa forma me daba a entender.
Con el tiempo, la persona más querida para mi fue aquella mujer que me recogió en el río. Ella me protegía, me conversaba y regañaba, no me miraba con pena o precaución como los demás. Ella, era mujer madura de negro cabello abultado y muy risueña.

Y así fui creciendo hasta tener más de 17 años…

Un día, a discusión a voz alzada llamó mi atención, y la de todos en el gran hogar donde vivíamos; mi tío y mi padre adoptivo discutían. El abuelo, un poco complicado con la situación apoyó a mi padre, no sabíamos de qué discutían pero aquello llevó a separar la familia de forma radical, mi tío dio orden a algunos empleados de hacer maletas y se mudó con su familia y los sirvientes mencionados se iban con él. Entre ellos, iba mi querida mujer morena. Desesperada, rogué a mis padres el ir con ella, pocos podían entenderme por lo que realmente comprendieron mi desesperación de apartarme de la mujer que me cuidaba todo el día.
Llegué a un terreno de la familia que quedaba en una ciudad más cerca de la playa. Mis primos estaban de viaje, por ello disfruté varios meses de la soledad, sin embargo llegaron más temprano que tarde de su viaje al extranjero, y unos de mis hermanos también los recibirían y juntos estarían en la casa de vacaciones.

Cuando escuché el motor del auto me acerqué al recibidor con pocas ganas y los vi entrar; habían vuelto mis familiares adoptivos. Solo llegaron cuatro y dos me sonaron familiares, pero no fue hasta después que los reconocí como mis primos en esta realidad, el tercero no llamó mi atención y el cuarto era muy guapo pero, al mismo tiempo en mi memoria se hallaba el recuerdo de su arrogante personalidad. No obstante, también lo reconocía como quien mejor me entendía en momentos críticos, cuando se necesitaba ser temerario y valiente. Este último me quedó mirando, yo salude a la única chica, aquella igual a mi prima. Luego de unos momentos de dialogar, discutí con fuerza con él arrogante y mi hermano. Enfadada salí del lugar para ir a otro sector de la mansión, subí por unas escaleras empinadas y la falda de mi vestido complicó la situación. Aquello me enfadó aún más, especialmente porque los chicos se reían de mí. Ofendida tomé otro camino.

Triste, frustrada y molesta con toda la situación me interné por los pasillos, extrañaba a mi familia, a mis otros hermanos… Me asomé por una ventana con vista a un gran patio y deseando sentir la adrenalina en mi cuerpo me llenó el ahínco de saltar, pero sobrevivir sería imposible por lo que dejé la mitad de mi cuerpo por fuera de la ventana para recibir el viento en mi cara y nada más. En eso fue que descubrí una pequeña casa en medio del sector, abandonada y justo enfrente; rústica, blanca y de mármol. Miré los techos de los pisos bajos y eran similares a los orientales, llevada por la tentación crucé el alféizar para pasear como si fuese una azotea, al poco rato llegó una melodía a mis oídos, venía de un cuarto al interior de la casa… Aquella música me cautivó provocándome bailar y danzar.

Me quedé cerca de la música y comencé a girar, saltando de un lado a otro con pasos de ballet, hasta que un grito de alarma me distrajo haciendo que volteara. Desde el jardín, la doncella con su gran melena cubierta por una pañoleta, me llamaba regañándome. Estiré las faldas con ambas manos un poco apenada y sonriendo traviesa, con señas le indiqué que estaba bien, que nada pasaba pero ella se negó a dejarme hacer, insistiendo en que entrara a casa. Mientras ella corría al interior de la mansión para buscarme noté que del cuarto del que salía la música se veía una sombra tras la cortina, la cual se ocultó al notarse observada y la música dejó de notar.
La mujer apareció por la ventana más cercana y al acercarme en voz baja pregunté por quien ocupaba aquel cuarto. Resultó ser mi primo, aquel arrogante.
Inmediatamente los colores se apoderaron de mi rostro, me sentí humillada y avergonzada al imaginarlo observándome. Negando decidí solo entrar, afirmándome del alfeizar y mientras cruzaba me quedé observando aquella edificación blanca que creí abandonada...
—¿Mi tío?¿Mi padre? —Me pregunté notando a unos hombres ingresando en el edificio e ignorando los retos de la mujer.
No tenía idea de cuál razón habría para que alguien se escondiera allí, pero, me pareció obvio que deseaban pasar inadvertidos, por lo que si deseaba saber lo que sucedía tendría que llegar sigilosamente con ellos.
Sonreí a la doncella, la seguí por un momento hasta que me dejó tranquila y busqué una forma de salir de la mansión para ir a la blanca edificación. Donde al entrar, encontré a mi padre adoptivo y otras personas más. Estos se asustaron mucho pero, al reconocerme parecían aliviados. Uno de ellos dijo "Ah, ella no nos delatará" y todos rieron, menos yo.
Reclamé saber el por qué se escondían, y mi padre se dio el tiempo de explicar, que necesitaban averiguar algo sobre mi tío. Querían arreglar las cosas pero él y el abuelo necesitaban estar seguros de que no hacía nada ilegal, es por eso que me pidió no contar nada. Asentí y me fui, pensando en que debía ayudar... pero, no sabía cómo.

Hace alrededor de 1 mes

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#7

Me dediqué a pensar y recorrer, y tiempo después vino a mi mente la idea, de que si salía de la casa quizás podría encontrar una forma de arreglar las cosas. Al menos aclararía mi mente. Lamentablemente, la seguridad de la casa era gigante y no podía irme sin autorización, había alarmas en todos lados. Tras recorrer el terreno me percaté de que mis primos iban a salir y podría aprovechar el momento para fugarme, me oculté en el garaje y cuando el portón se alzó me alisté y ir tras los dos autos caros y brillantes corrí para deslizarme bajo el portón. Tuve que enderezarme rápido para pasar bajo una segunda puerta y me sorprendí de que hubiera un tercer portón. No lo recordaba. Luego de pasar bajo el jardín por un túnel hasta la salida del terreno, salté una luz infrarroja que se encontraba cerca del suelo y corrí. Sin embargo, no pude cruzar antes de que se cerrase la reja de entrada. Analicé que tanta seguridad reafirmaba los pensamientos de mi padre.
Un grupo de perros fueron soltados pues activé una alarma sin querer, me decidí a trepar y saltar al otro lado, no obstante una voz me detuvo: ¿A dónde vas tú sola? —Era la doncella, aquella servil mujer de gran melena oscura—. No es correcto para ti, salir sola. —Dicho esto, envió a los perros de vuelta e informó que estábamos paseando.

Con el lenguaje de señas le conté lo visto y a dónde quería ir y ella me abrazó, comprensiva. Aunque me pidió que estuviera al margen le expliqué que deseaba hacer algo para arreglar la situación de los hermanos, cuánto extrañaba como eran las cosas antes, y sinceramente la curiosidad me mataba. Fue gracias a estas palabras que me habló de una llave dorada, la cual podría ser clave para que todo mejorara de alguna manera.
—Pero, dicen que está perdida. Escuché una historia de dónde puede encontrarse, —Me contó, tomando mis manos con cariño— si quieres te ayudaré, pero no lo hagas sola —insistió.
—¿La llave ayudará? —Pregunté y ella explicó que servía para abrir algo que nos ayudaría.

Con la excusa de comprar en el mercado salimos juntas hacia las tiendas rurales. En el camino recordé la música que escuché antes; me pregunté si acaso aquel “simpático” primo gustase de bailar y me imagine danzando junto a él en una pista al son del vals... Rápidamente salí de mis cavilaciones al ver entre los pueblerinos a unos jóvenes pasar de forma fugaz sobre patines o algo similar.
Claramente estaban de juerga y curiosamente eran justo mis parientes adoptivos.
—Son tan… —Los miré con desdén.

Mientras más avanzábamos, el escenario era más campestre, como si estuvieran ubicados de forma discriminada, y al llegar al final de la avenida los puestos se encontraban más desordenados y la gente me provocaba desconfianza. Incluso gallinas tenían alrededor, recordándome ambientes orientales. Al final de la calle se encontraban unas carpas las que limitaban con una reja de metal alta, la cual solo se abría para cruzar un puente que atravesaba una playa con fuerte oleaje. Pegados a la reja los turistas tomaban fotografías y grababan emocionados.
Subimos la pequeña escalera para cruzar la reja y bajamos a la playa, donde yo me paralice con solo sentir el agua en mis dedos. La mujer se acercó al mar, y cuando este se recogió el miedo se apoderó de mi. Le hice muchas señas con el corazón en la mano, y en ese instante, cuando ella me observó entre la arena mojada se vio una pequeña argolla cual tapón de ducha. Supe que era la cabeza de la llave que deseábamos. La doncella corrió para alcanzarlo y aunque jaló con fuerza no consiguió sacarlo y tuvo que dejarlo para huir del agua que regresaba como una gran ola. Fui a buscarla pero el agua nos alcanzó a ambas, y nos llevó a la fuerza hasta la orilla. Algunos turistas nos intentaron ayudar, lo cual fue menester al momento de que el mar volvía a recogerse.

Mi corazón palpitaba tanto que pensé se saldría de mi pecho, y en mi mente se fijó la imagen de mi madre biológica hundiéndose y sosteniéndome con deseo. Pude imaginarla llamándome. Cuando pude moverme corrí hasta la doncella y me aferré a ella tiritando, pálida y le rogué una y otra vez que desistiera, que volviéramos a casa que no podía volver al mar.
— busquemos otra manera. No te arriesgues de nuevo. Vayámonos de aquí —Insistí sin escucharla.

Volvimos al mercado, caminamos entre las carpas que me recordaron un lugar lleno de tiendas similares en un tiempo de guerra, dónde conocí a un hombre que vendía pipas y hierbas, un sueño que tuve algunas veces y nunca logré recordar con detalle. Sue que no era el sueño al encontrar un señor viejo de larga barba, quién leía las cartas del tarot.
La sirvienta se sentó frente a él, le pidió consejo sobre el problema que había en casa y él tiró las cartas. Yo desde atrás los observaba con recelo.
—Tendrás que sacrificar a una de las dos para conseguir lo que deseas. —Dijo el hombre mirando a los ojos de ella.
Al oírlo me enfadé, mis mejillas enrojecieron, la jale de un brazo para salir de ahí y hablar a solas.
— ¿Vas a creerle? Es un charlatán —Indiqué.
—Es un hombre sabio, quizás debemos escucharlo con atención. Hazme caso.
—No, no quiero perderte, olvida todo esto. No es más importante que tu vida.
Obstinada con la idea de arreglar los problemas de la familia y alegrarme se negó a desertar del plan, me obligué a pensar rápido y recordé lo veloz que resultaba mi primo “arrogante” al momento de una carrera, el podría ir por la llave; algo de lo que me arrepentí al instante en que terminé de señalar mi idea.

Las demás imágenes pasaron rápido antes de regresar a esta consciencia.
Fuí a buscarlo, le expliqué la situación de la familia y pedí discreción; Mi primo, la doncella y yo volvímos al puente, donde fuimos por la llave consiguiendo cogerla pero el agua nos alcanzaba, la señora llegó a la orilla y pude sentir que el agua ya llegándome a la cintura me arrastraba, me hundí y al salir vi a mi primo nadar contra la corriente con dificultad. Ella intentó llegar conmigo pues entré en pánico, no obstante al ver que él se podía ir con el mar grité para llamarlo. Sorprendiendo a la doncella y a mi primo. Volví a gritar y nadé hasta él, lloraba, no quería perderlo.

También vi a dos pequeñas niñas de piel oscura y cabello crespo frente a mí, eran hermosas y tiernas, además de pequeñas. La sensación de nostalgia y el recuerdo del tipo repitiendo aquella frase: “Tendrás que sacrificar a una de las dos” llenaron mi pecho. “Son sus hijas” pensé abrazándolas con fuerza, para ayudarme ella sacrificaría a una de sus hijas... No puedo permitirlo, pensé.
Luego de eso, desperté...

Hace alrededor de 1 mes

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#8

NOCHE 5

Desperté en un bus amarillo, con muchos compañeros que reían y hacían desorden. Al parecer me quedé dormida y observé todo intentando recordar a donde iba... camino a un paseo, al parecer... Me dediqué a mirar por la ventana siguiendo el camino de los postes de luz con la vista, el bus se salió del camino de asfalto y se estancó en medio de un cerro. Preocupada y curiosa, me bajé al igual que el resto y algunos comenzaron a discutir sobre lo que habría que hacer una rueda se había arruinado. Los adultos se dedicaron a arreglar el problema, yo en cambio observé el paisaje y noté que el camino que seguía era extraño. Había un sembrado de trigo que se extendía y aquello estaba bien, pero, más adelante algo distinto se veía.
Mientras el resto hablaba de encontrar una vulcanización, me dije que lo campestre del camino adelante se veía como un portal, miré atrás y pensé en que lo extraño era más interesante que mi sueño, así que di unos pasos y ambos costados el camino cambiaron y al fondo del paisaje se alzaba un parque de atracciones. Seguí caminando, como hipnotizada hacia la feria y sus luces. Cuando me acerqué vi a un joven rodeado de turistas, y el rugido de un tigre llamó mi atención guiándome hacia él, jugaba con el hermoso tigre sin temor alguno.
—Ese chico…— pensé y me acerqué, admirando sus movimientos, y su cabello… Esos gestos se me hicieron conocidos.
Tocaba al tigre y sus dientes, lo manejaba como si fuese suyo, un tigre grande y amigable. Todos los demás se veían muy asombrados, él me llamó y dejó que tocara al animal, mi corazón se emocionó y me sentí en otro mundo...
Pasó el tiempo tan rápido que pronto me vi sobre un camino de tablas, mirando el paisaje del campo y sintiendo el frío de la tarde.
—¿Qué haces aquí? Yo soñaba con un bus escolar y quedamos varados en el camino…
—No veo ningún bus.
—Es verdad… ¿Dónde estamos?
—No en tu sueño.
—Me la he pasado bien, ¿nos volveremos a ver?
—Me encantaría— Tomó mi mano y seguimos caminando juntos, me contó sobre lo que le gusta y yo sobre mis días, pero se hizo tarde y supe que tendría que volver.
—¿Cómo te llamas?
La respuesta fue clara en su momento, mas, se hizo vaga con el velo del ensueño… Hasta el día de hoy, no sé su nombre.

#9

NOCHE 6

Con maletas a cuestas caminé junto a mi hermana hasta llegar a una casa angosta con tres pisos. Un matrimonio nos recibió, ellos tenían tres hijos mientras que nosotras estábamos solas... No entendí de que forma nos ayudarían hasta que nos dijeron que seríamos las sirvientas pero, principalmente las niñeras.
Ellos decidieron dejarnos solas en la cocina, donde conocimos a otros sirvientes más adultos que nosotras; El varón constantemente intentaba aconsejarme y con el tiempo supe que era homosexual, mientras que la mujer hacía aseo y cocinaba mirándonos despectivamente todo el tiempo.
Una mañana abrí los ojos y descubrí que el niño más pequeño me miraba intensamente, lo saludé un poco confundida y me ofreció una bolsa con dulces que cogí atónita, entonces corrió para ir a clases. Me levanté perezosa y descubrí que mi hermana también se vestía. bajé rápidamente y me regañaron mucho, lo correcto hubiera sido levantarnos antes y asegurarnos de que los niños partieran a la escuela con tiempo y desayunados.
Un frío recorrió mi cuerpo y la mujer de aseo nos hizo sentir inferiores… me sentí tan mal, que agradecí cuando salió a comprar dándonos tiempo de seguir adaptándonos con tiempo, principalmente yo, mi hermana ya parecía adaptada y eso también me incomodaba.
Me mandaron a comprar, el barrio parecía destacar por tener escaleras y casas angostas, entré a la tienda y allí estaba la señora a la que no le agradaba; quien, no perdió la oportunidad para regañarme por salir, seguí mi camino y salí de la tienda intentando no responder y para mejorar todo una jauría de perros furiosos comenzó a gruñir. Claramente corrimos, y nos siguieron. Saltamos muros y subimos escaleras hasta deshacernos de ellos y por fin llegar a la casa. Aquello hizo que la señora dejara de retarme al menos por unos días.

Llegó ese día tan esperado por los niños, para mi no significaba nada, pero ellos hacía una celebración en el barrio con muchos niños adornos en las calles y postes. La pareja que nos dio asilo me asigno la tarea de cuidar a su hijo mayor y una niña pequeña, al parecer su sobrina. Ambos eran cercanos a mi edad, pero siempre menores. ¿11 años? Tal vez.
Con ambas manos en los bolsillos y sintiéndome algo estúpida los observaba y seguía desde lejos. Cerca del atardecer el chico que debía cuidar entró en una disputa con alguien mayor, inmediatamente fui a intentar que las cosas se calmaran, no obstante la discusión creció a tal punto que terminé diciendo al otro niño algo de lo que me iba a arrepentir: Te reto, si gano no te meterás más con él— Le dije y aceptó.
Al igual que mi custodiado pensé en que lo malo de aquello era que el joven era 100% más instruido que yo.

Fuimos al patio de una escuela, nos ubicamos dentro de un ring dónde, un adulto me entregó un estuche forrado al igual que a mi contrincante.
—¿Cuándo aparecerán los padres? —Me pregunté— Malditos... ¿cómo creen que yo puedo encargarme de todas estas cosas?— pensé, después de todo no era más que una pre-adolescente.

Al interior del estuche se ubicaban dos varitas mágicas, un lápiz y dos cosas que no fui capaz de reconocer. Sostuve ambas varas en la mano y tiré lo demás y comenzó la batalla.
El niño me atacó usando magia, yo quise detener el golpe pero no funcionó y caí inmediatamente al piso.
—¡No! ¿Qué pasa?— Me preguntó el niño a mi cuidado, corriendo para ubicarse cerca de mí.
—Nada, eso pasa. ¡Nada!— Dije en voz alta y moví las varas de un lado a otro.
Me golpeaban nuevamente y caía con la sensación de dolor en mi rostro.
—¡No es justo, la han trucado!— Reclamó queriendo entrar al cuadrilatero, pero sus amigos lo detuvieron. Ellos obviamente no se preocupaban por una simple empleada de quien además, creían que no tenía poder alguno.
—Es mejor que huyas, va a perder —Le aseguró el otro niño, con sonrisa maliciosa.
—No puede perder— Insistió
—Morirás y él seguirá contigo— Recalcó un chico de la fiesta mirandome.
—Tienes que correr. —Me dijo uno de los amigos de mi protegido.
Yo, decidí pararme y reclamar que me dejasen usar mi varita, pero ellos no quisieron.

—Tú no tienes magia, eres una sirvienta. Deja de fingir —Me dijo uno.
Fruncí el ceño molesta, me sentí humillada, más porque volvieron a tirarme con otro ataque que no pude detener.
—Si eso crees, entonces no seas nefasto ni indigno. Hagámoslo sin magia— Lo provoqué levantándome una vez más, conteniendo la ira y manteniendo la humildad que pude.

En mi mente recordaba aquellos aprendizajes de magia y también de batalla, por lo que me puse en posición para pelear ,un hombro más adelante que el otro al igual que la postura de los pies, sonreí al notar que él aceptaba la pelea creyendo que por ser hombre tendría la ventaja y volvería a ir hacia mí.
Sorprendiéndolo esquivé el golpe, respondí con movimientos de defensa que me llegaron instantáneamente a la mente. Comencé a ganar, sin embargo un empleado no debe ponerse por sobre el hijo de un señor... Por lo que, antes de poder cantar victoria me detuvieron antes de vencer y aunque mi pequeño protegido reclamaba, no pudieron quitarme la sonrisa ni los golpes dados. Fue claro que estaba ganando. Me preocupó un poco el hecho de que el chico al que vencí no cumpliera su promesa, pero, ya nada podía hacer… Me acusaron y encarcelaron por hacer algo indebido.

La celda era de piedra, con suerte entraba luz por un agujero cerca del techo y tres mujeres se encontraban adentro conmigo, eran brujas al estilo antiguo. Conversando con ellas descubrí que eramos parientes, en la celda vecina había un brujo al que odiaban. Aquel hombre había tenido una aventura amorosa con una de ellas, la cual terminó muy mal. Había sido hace muchos años y aún no se arreglaban
Estando allí analicé que los niños a los que cuidaba no tenían magia y por eso me habían buscado para protegerlos, yo y mi hermana si la teníamos (Lo normal era al revés).
—No te preocupes niña, ahora estas con nosotras. —dijo una de las mujeres y sonreí.
Es verdad, eramos brujas en una celda… tres viejas brujas y yo. No estaríamos ahí por mucho tiempo. Las miré y sonreí era lindo encontrar más familia.

#10

SUEÑO 7

Yo jugaba con mi hermana menor mientras los adultos parecían muy atentos a la radio, especialmente cada vez que transmitían las noticias. La verdad yo estaba preocupada de otras cosas y probablemente fue la razón de que me llamara tanto la atención cuando mi padre me dijo que fuera por mis bolsos y arreglara también el de mi hermanita. Teníamos que abandonar todo e irnos lejos de allí, no entendía mucho solo que tenía que ver con política y al parecer dividirían a las personas de la ciudad por dos grupos. Una discriminación total.
Llegamos a una reja donde toda la gente hacía filas y los soldados revisaban a las personas antes de dejarlas pasar. Observé a mi padre con detenimiento, estaba preocupado y muy serio, fue a hablar con alguien mientras yo cargaba a mi hermanita de dos años... El hombre, se veía igual a mi padre, sin embargo, la ciudad era un tanto diferente a la que yo recordaba. Luego me dijo que debía ir por alguien más. Lo seguí hasta un cité, entonces descubrí que tenía un hermano mayor, alguien a quien no conocía mucho pero al parecer lo conocía por la escuela o el barrio, estaba enojado con papá pues al parecer no lo había reconocido y ahora quería salvarlo de quedar en la mitad pobre de la ciudad. Aún así, luego de discutir nos acompañó, le sonreí amable pero este solo fruncía el ceño y sujetaba con fuerza la mochila en su espalda.
Luego de varias horas esperando llegamos a la reja donde debíamos poder cruzar, mi padre conversó en voz baja con el soldado, le mostró nuestros papeles y le permitieron cruzar, a mi también pero, antes de que cruzara el umbral de aquella entrada a la mitad bien constituida del pueblo escuché aquel prepotente "Usted no, jovencito, atrás."
Giré sobre mis talones sin soltar a mi hermanita. Mi padre, se apresuró a explicar que era su hijo, pero el ya había cruzado y antes de que cerraran para separarnos yo retrocedí quedando junto a mi hermano.
-No puede separarnos, es parte de la familia -Insistí también.
Mi hermano no sabía que decir, el hombre nos miró muy serio y discutió con mi padre, diciendo que ya nos dejaba pasar a nosotros pero, mi hermano tenía registros de ser problemático y no podría cruzar, no había nada qué hacer.
-Sí el no cruza, yo tampoco - Dije, y tanto mi hermano como mi padre expresaron en voz alta su confusión.
-No puedes dejarme solo con tu hermana pequeña, como la cuidaré y trabajaré al mismo tiempo. -Añadió mi padre, quien ya se había rendido de luchar por mi hermano.
-Pues la dejaré aquí conmigo. Yo la cuidaré. No voy a abandonar a mi hermano en este horrible lugar.
Me despedí de mi padre, di media vuelta y cogiendo del codo del chico a mi lado me alejé de allí enfadada. No podía comprender que papá no quisiera quedarse en vista de las circunstancias.

Buscamos un lugar donde quedarnos, habían muchas casas vacías desalojándose, pero por alguna razón tampoco era muy cauto coger alguna de inmediato. Mientras yo me uní a un montón de carpas armadas con Cortinas y nailon, mi hermano de quien no recuerdo el nombre recorrió lo que quedaba de la ciudad. Cuando volvió le expliqué lo que me habían dicho sobre comidas, buscar y cómo podríamos ir salvándonos, y él me dijo que habían casas en Llo-lleo que aún no eran tomadas, y a primera hora sería bueno ir por una de ellas.
Entonces, me acomodé entre las frazadas junto a mi pequeña hermanita, estaba preocupada porque debía velar por ella. Quizás quedarme no haya sido lo mejor para ella, sin embargo, podría más adelante ver que llegue con papá y yo seguir junto a mi hermano... Ya le había tocado perder a su madre también... y seguir solo mucho tiempo... no iba a dejarlo también yo. O si? Después de todo eramos familia. Eso pensé... y así... pensativa... me dormí.

#11

SUEÑO 8

Desperté en medio de la carrera, bajo la iluminada noche me dirigía a un gran edificio de piedra. Me detuve unos segundos pues me sentí perdida, miré al rededor el paisaje lleno de lunas en el cielo, con un pasto suave bajo mis pies descalzos e intenté recordar, a mi memoria vino el recuerdo de que necesitaba encontrar a alguien muy querido. Seguí corriendo por instinto. Me di cuenta de que mi cuerpo era otro, uno más azulado y pálido al mismo tiempo, mi vestimenta (de dos piezas) no la reconocí realmente, pero seguí el plan, que vagamente estaba en mi cabeza, era imperioso llegar con esta persona.
Ingrese a unos baños, estos eran muy amplios con varias duchas separadas en cubículos. En uno de ellos se escondía una chica, quien yo buscaba y al encontrarla la abrazaba y en el ímpetu no evitaba besarla, pero, rápidamente me aparté con vergüenza. La chica tenía un cabello rizado y voluminoso, pude verlo cubrir parte de mi rostro cuando se abalanzó sobre mi, correspondiendo a mi primera reacción, di dos pasos hacia atrás desviando la vista, pero ella sonreía y me arrinconó contra la pared y sabiendo que no podría igual me hice hacía atrás y entonces me caí atravesando esa pared y desperté otra vez.

#12

SUEÑO 9

Frente a mi estaba un hombre alto y macizo, hubo una pelea y yo tomé a mi hijo y corrí al interior de una nave. Me golpee y todo se volvió negro, al menos... es lo que logré recordar al abrir los ojos. El mareo apenas me dejó llegar al balcón donde intenté respirar con calma y ponerme en contexto. El paisaje, bastante futurista, me mostraba una hermosa noche helada. Había estado en medio de una fiesta, donde la gente por alguna razón comenzó a huir. Miré con atención, necesitaba comprender qué sucedía pero aún veía un poco borroso.
Me sobé la cabeza y ordené mejor mis ideas: Estaba en el living de la nave, se encontraban mi madre, mi hermana y unas cinco personas más, entre ellos una niña me explicaban a qué planeta viajaríamos. Sí, aquella nave era toda una casa con comedor, dormitorios pequeños en un segundo nivel e incluso algo similar a una cocina. Con mi bebé recién acoplado en el grupo me instalé en un cuarto de la “casa espacial”.

Una vez más despierta, me despedí de algunos adultos que durante el viaje decidieron dormir en criogenia, yo no podría hacerlo por mi bebé. Fui a buscar un botiquín para curar la herida que tenía el costado derecho del abdomen, mi hermana, siempre tan preocupada fue a verificar mis heridas, lamentando que la lactancia me impidiera sanar en estado congelado.
—Estoy de acuerdo, prefiero darle leche materna natural. -Le dije con una sonrisa.
—Igual podrías entrar por las noches, unas horas.
—Lo pensaré. ¿Estaremos bien?
—Ustedes son mi seguro, ellos no cuentan con que estén despiertas, piensan que estoy sola. —Sonrió con esa seguridad que la caracteriza.
Mirando la nada recordé a ese hombre que me había lastimado y al parecer creía que yo estaba fuera de combate… aquello me dejaba un poco tranquila, quizás tuviéramos una carta a nuestro favor.

Un día, estando en la cabina de mando recibimos una llamada, mi hermana la atendió en videoconferencia; antes de que la pantalla se encendiera ya me había ocultado tras un mesón. Por el uniforme del hombre parecía ser quien me lastimó o al menos del mismo equipo, mi madre también se mantuvo lejos de la cámara.
—Parece que no era el mismo— Comentó mi madre, luego de que la pantalla se apagó.
—¿Están seguras? -preguntó
—Se escuchaba diferente.
—Todo estará bien —Dijo mi hermana, mas su rostro cambió al sentir un sobresalto en la nave.

—¡No ha funci~~~~~~~~~!- Gritó alguien y solamente atiné a esconderme, pues mi estado no era para pelear y no logré entender todo lo que dijo.
—Rápido— Ordenó mi hermana
Entré a un pasillo angosto y azulado con forma de U, ocultándome justo en medio, evitando ser vista en alguna de las entradas, miré el cielo pensando que aquel era un lugar terrible pues podrían acorralarme por ambos lados, inmediatamente escuché unos pasos a mis espaldas y di un respingo con el corazón en la mano, antes de gritar taparon mi boca.
—Madre…
—Sh… son ellos. —Dijo y supe que eran los de la videoconferencia.
—Espero que no tomen al bebé… no les serviría de nada. ¿Cierto?
—Hay que rezar por él. — Susurró y yo mantuve firme mi mano en el cinto, sobre el arma.
Por los sonidos y murmullos entendimos que las cosas no iban bien para la nave, teníamos poca gente despierta y ellos eran fuertes. Nos asomamos para saber que sucedía: algunos capturados, un muerto y mi hermana corriendo de aquí para allá por los pasillos, voltee a ver a mi madre y pude notar en sus ojos la misma duda que tenía yo, “¿Mi hermana estará en problemas o habrá aceptado ser del equipo enemigo?” Ya era raro que aún estuviera por ahí moviéndose sin drama…

En menos de dos minutos alguien sospechó de mi presencia, y retrocedí en mis pasos, mamá me dio esa mirada de “corre que te pillan” y por detrás de mi llegaron unos hombres, los golpee y empuje uno a uno –un beneficio del bendito pasillo- pero antes de poder huir llegaron más por el otro lado y pensé que estaríamos perdidas pues… Mi madre es mi madre y uno nunca las ve como grandes guerreras.
Para mi grata sorpresa sabía defenderse y más fue mi gratitud al ver que mi hermana llegó armada, derribando a los hombres y alcanzando a nuestra madre.
—Ya desarmé a los que faltaban.
—Dios bendito— Suspiré.

Salí de ahí hecha un bólido en busca de mi pequeño, no sin encontrar en el camino uno que otro enemigo que se había soltado de sus amarras. Como ya habían salido nuestros compañeros de la criogenia y estaban ayudando, no les di mayor importancia. Además, definitivamente mi hermana era un arma letal, así que corrí tranquila escondiendo bien mi herida por si fuese necesario pelear… y ahí estaba él. El maldito que me había lastimado, con el niño en sus brazos y la pequeña con quien había hablado antes a un lado.
—Ya sabes qué hacer —Me dijo, con una gran sonrisa.
Mi hermana llegó justo después de mí, se detuvo casi descansando a mi lado y mostrando los dientes con satisfacción, solo puso una mano en mi hombro dándome a entender que todo esta bien.
—Sí. Darte la última oportunidad de salir con vida. Tenemos a toda tu tripulación, entregar a los niños es tu única salvación. —Respondí con arrogancia.

Y todo se oscureció otra vez…

#13

SUEÑO 10

Estaba dormitando en la sala de clases, me di cuenta que estaba en la sala del extremo contrario al pasillo, el colegio era de madera, casi igual al mio... con modorra observé a la directora berrinchuda. Volvía a insultarnos y maltratar psicologica y físicamente a quienes tuviera más cerca. "Maléfica dos" pensé y me pregunté porque estaba en un colegio de magia si no tengo magia en esta vida, ¿o sí? Me pregunté y pensé: ¿será que estaba soñando con un mundo sin ella y ahora estoy despierta?.
Unos chicos rebeldes, hicieron reír a todo el curso, aquello hizo ameno aquel momento de terror, estaba muy aburrida en la clase, por lo que me dejé llevar por los chicos revoltosos y al igual que ellos corrí por los pasillos, esquivamos encantamientos en el piso e hicimos resbalar a la directora que nos seguía logrando así un severo castigo y mucha tarea extra de un nivel más avanzado….
Ya en la sala de castigos, no reímos y quejamos de los maestros y luego... todo se desvaneció.

#14

SUEÑO 11

El entorno era similar a mi ciudad, pero no era la misma; vivía con mis hermanos mayores, y a medida que crecían se iban mudando, las imágenes pasaron rápido por mi mente actualizando mi memoria, entonces comprendí que mi hermana mayor se había muerto hacía años y yo me hice cargo de criar a su hija. Siendo mayor de edad podía hacerlo, la inscribí en un instituto de buen nombre, y por razones laborales me mudé de ciudad. Ella acostumbraba dirigirse al colegio con su amiga, lo sabía porque hablábamos a diario también lo hacía con su padre. Todo parecía ser rutinario hasta que un día, al medio día me lamó llorando con demasiada pena, no entendía nada de lo que me decía. Pensé que tendría relación con la reunión de padres a la que no pude ir, los padres de su amiga me informarían, sin embargo, en vista de la llamada corrí dejando mi trabajo de lado, tomé un taxi muy preocupada. Aunque me perdí en el camino, logré llegar.
Al verme ella corrió hacia mí deshaciéndose en llanto como cualquier adolescente con un gran problema, finalmente no era algo tan horrible y eso me alegraba. Intenté calmarla antes de explicarle que tendría que volver al trabajo. Así, más adelante, cuando ingresé en una especie de secta o internado religioso nos costó separarnos, pero por medio de cartas seguía sabiendo de ella, y ya no era su apoderada.

Un día, sentí un aura negra a mí alrededor, y la imagen de mi sobrina llorando como en su adolescencia invadió mi mente, decidí que -a pesar de no cumplir con la fecha mínima de mi estadía- tenía que ir. Al ver que no me permitían salir dije “si no me disculpan estos días de ausencia por emergencia familiar, entonces renunció. Mi hija es más importante que cualquier otra cosa.” Sabía que ella no era mi hija, ellos también lo sabían. Pero, era mi sobrina y la quería como si fuese mía. Sorprendentemente me dejaron ir por las buenas y emprendí un viaje en un automóvil pequeño, mirando ansiosamente por la ventana. En un momento tuve la sensación de que no era mujer (quizás solo era que me sentía más fuerte de lo que soy ahora y capaz de imponerme ante cualquier persona, cosa que al parecer no era permitido a las mujeres en ese mundo).
Cuando llegué al pueblo supe por mis vecinos de que ella no estaba en casa, se preparaba para “El Gran Momento”, una boda con el hijo de alguien, un tipo que no me agradaba por alguna razón. Llegue a casa porque estaba más cerca y discutía exigiendo explicaciones a la familia.
—¿Por qué no me dijeron nada? ¿Acaso ella está de acuerdo? —Al recibir una respuesta evasiva hablando de lo conveniente del matrimonio me exasperé— ¿Quiénes se creen para decidir por ella sin consultarme?
Di media vuelta y corrí, supe que la obligaban desde el momento en que llegué, lo sentía en mis entrañas y lo comprobé al descubrir que me seguían con la intención de detenerme. Olvidando protocolos los empujé y golpee para seguir bajando el cerro por una colina con poca iluminación, llegué hasta un salón donde encontré a mi pequeña con su vestido blanco llorando a mares, sin poder oponerse por su corta edad.
La abracé con fuerza y le prometí que no dejaría que la casaran.