skollxander
Rango3 Nivel 12 (128 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1
    Partes:
  • #2

El día era tan bonito.

En el cielo habían muchas nubes blancas, de un blanco auténtico. Recordé el olor a las heces de los animales al aire libre y el sonido de los grillos mientras su mano acariciaba mi rostro.

Lo recuerdo como si viviese el momento, aunque sé que no podré vivirlo más.

Siempre recordaré a las flores observarme y a la brisa mecer el paisaje que no olvido.

| Art: River of blood, from Cleon Peterson.

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sebas_inciartevzla
Rango5 Nivel 20
hace 11 meses

Muy buena tu historia si gustas puedes pasarte por la mía "Manuel y sus poderes"


#2

La noche predominaba una vez más bajo otro día de verano, solo que esta vez la luna relucía su figura entera, junto a las estrellas por falta de luz desde hace muchos años.

En las calles no había nadie. Siquiera ruidos de carcajadas, pisadas, coches o motos; el silencio existiría si no fuesen por los cantos de los grillos, constantes cual mosca cojonera. Los causantes de lo abandonado eran los edificios, cuyo destrozo contaba a los ojos de cualquiera la historia de viejos días de gloria. Aún habían carteles de puños y promesas de un futuro utópico que se alcanzaría con la lucha, una desconocida.

Un hedor a alcantarillas formaba parte ya de una zona industrial abandonada, acompañada de los ventanales rotos, las barras oxidadas, las luces débiles de farolas y el suelo ceñido de orina, vómito, todo tipo de desecho humano y animal. No importaba la degradación que sufría uno de los barrios más brillantes en su era de esplendor, aún persistía en quedarse allí a vivir. Contemplaba todo desde la terraza de una antigua oficina; se trasladaron desde el fatídico accidente que ocurrió.

Estaba sentado, abrazaba sus piernas bajo brazos trémulos a su vez que la cabeza estaba apoyada sobre sus rodillas. Sentía calor al portar una máscara mayor parte del día y ese momento no era excepción; mareo también, el olor a plástico pútrido por más tiempo que pasara no podía coger el hábito de estar con él. Miró por un momento a sus dedos, cuyas uñas estaban carcomidas y no abarcaban lo que debía, habiendo carne también arrancada por unos dientes amarillentos como los suyos. Presentaban minúsculos trazos de excremento y suciedad acumulada, lo cual no le impidió llevárselos por debajo de su segundo rostro para restregarlos contra su lengua. Ansiaba tragar piel una vez más, desabor e inodora, pero resultaba mejor manjar que llevarse al estómago de nuevo tripas de ratas y cuerpos de bichos. Tendía a hacer heces endurecidas como bolas cuando comía eso, el tentempié del día a día.

No podía seguir disfrutando cuando oyó algo: una voz aguda. Después de ella comenzaron a sonar varias iguales. Dirigiendo la mirada a una velocidad anormal, acabó hallándolos de camino a la oficina.