ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22 (532 ptos) | Escritor en ciernes

Capítulo 1: La mansión Réve

El dolor comenzó a crecer desde lo más profundo de mi mente, en una sucesión de latidos que se asemejaba a la de un enfermo corazón acelerándose poco a poco, cada vez más rápido que antes, hasta llegar al momento de parálisis final. Sólo que en este caso la sucesión de golpes se expandió cada vez más fuerte dentro de mi cabeza, abriéndose paso por cada rincón de mi mente, alterando el dolor, volviéndolo algo insoportable a la espera de un súbito final, la desaparición de todo; ese momento inalcanzable, interrumpido cuando las pastillas que Buter puso en mi mano se dirigieron a mi boca.

Estaba recostado contra el Mercedes negro del lado del pasajero, recobrando el dolor común en mi mente, o como yo la llamaba "la constante de dolor". Aunque sabía que no faltaba mucho para que cambiara, las "migrañas" (si se les puede llamar así) llegaban cada vez más pronto. El ciclo era siempre el mismo: primero cada mes, luego cada dos semanas, cada semana, cada tres días y ese día, 30 de noviembre, tan solo habían pasado doce horas.

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phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 2 meses

Muy buen inicio, esperemos el diagnóstico del medico (o algo así)

Alita_Contreras
Rango6 Nivel 27
hace alrededor de 2 meses

se lee interesante! puedes pasarte por mi historia también si gustas:)

ZayckoJoria
Rango3 Nivel 12
hace 3 días

No quisiera estar en ese cuerpo. Un reflejo de lo que padecen las víctimas de aquellas enfermedades envuelta de misterio y dolor.


#2

Sabía que el momento de “reemplazamiento” llegaría pronto; ese instante donde la migraña se convertiría en la nueva constante de dolor dentro de mi cabeza, en un último estallido, dando inicio a un nuevo ciclo.

Sentía los pies helados y suspiraba el aire frío agitadamente, a pesar de solo llevar diez minutos afuera. Buter y yo acabábamos de llegar a la mansión Réve; comprada desde hacía una semana por la agente de bienes raíces Katherine Peterson, con la que nunca llegué a hablar. Según Buter, el lugar era recomendado por muchos y conocido como “La Casa de los Recuerdos”, valorada por lo que, según decían, se podían “respirar” las memorias. Para mí, era tan solo un montón de madera y liquen resguardando detalles lujosos sin sentido. Otro intento fallido de alcanzar la comodidad.

Ni la bienvenida invernal de Francia me hacía sentir diferente. Todo era igual, con leves variaciones en la forma de nombrar las cosas: Mansión Réve, el viaje, el auto, Buter, las pastillas en su mano, mi largo suspiro, el cansancio, el dolor... Todo seguía ahí, en esa línea en que se había convertido mi vida. Incluso los espacios donde las “migrañas” aparecían habían adquirido una repetición, con una única variación en su potencia; a veces intentaba rendirme al dolor, dejar que se expandiera sin interrupción, que se mantuviera. No esperaba que se detuviera pronto, sabía incluso cuánto iba a durar; solo quería ver si era lo suficientemente fuerte para matarme; pero, al final, las pastillas siempre terminaban en mi boca, y yo volvía a la constante, al círculo del dolor común.

- Estoy escribiendo un libro- le dije, mientras admiraba la pintura a la izquierda de la entrada, ignorando por completo lo que Buter decía antes de entrar.

Estaba absorto por la figura del hombre de camisa blanca sentado en una silla de madera, desgastada como el suelo sobre el que estaba, en medio de una habitación con cuatro puertas. Frente a él había un espejo de cuerpo completo con la esquina rota, y sus pequeños fragmentos en el suelo; parecía verlo fijamente, en una posición algo encorvada. La imagen parecía estirada por las puertas a sus lados, que estaban dibujadas de forma asimétrica. Pero lo que más llamaba la atención era que el reflejo del espejo, en lugar de reflejar al hombre, mostraba la misma figura del cuadro, como una fotografía del mismo dentro de él. Así, el hombre de la silla se ocultaba del espectador y, de un modo u otro, lograba evadir su reflejo en el espejo. Eso era esa pintura, ese deseo... esa vaga ilusión de desaparecer.

Hace alrededor de 2 meses

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phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 2 meses

Bastante interesante se pone el asunto y la pintura, que detalle.

Felices fiestas @ThanderostMinder se te echaba de menos.

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 2 meses

Perdona la ausencia. El tiempo no da préstamos. Felices fiestas para ti igual @phangoria. Nos seguiremos leyendo

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Descuida, a veces tiempo es lo que más necesitan las personas.
Espero te encuentres de maravilla y triunfando en tus proyectos.
<3


#3

- Nunca pensé que usted se inclinaría a la escritura, que interesante... ¿De qué trata? - Dijo de pie, al costado de la escalera.

Buter tenía 61 años, pero mantenía esa curiosidad por mí como si fuera un niño escuchando una historia cualquiera en una librería. Siempre prestaba atención a cada cosa que hacía, cada detalle que le comentaba; de cierto modo, me hacía sentir que se preocupaba por mí. Buter tenía mis pastillas, siempre me proporcionaba dos tabletas de DRZ-34 cuando la migraña estallaba, nunca más de dos. A pesar de que mi dosis no era regular, la cantidad de pastillas, sumada a la potencia de la misma, tendría efectos de pérdida en la capacidad intelectual o incluso una sobredosis en una persona normal; de hecho, la dosis normal corresponde a un cuarto de la píldora, y solo puede ser consumida dos veces al mes, en casos de extremo dolor. Pero yo las necesitaba, no iba a volver a soportar algo como esto. Además, hasta ese momento, no había tenido ningún efecto secundario.

- Apenas es una vaga idea. Algo sobre viajar en el tiempo...- contesté, con el tono formal con el que solíamos hablar, un hábito que adquirimos entre nosotros. Lo seguí en su camino a través de la sala, directo a la cocina.

A pesar de que la gente se refería a ella como “la mansión Réve” el tamaño correspondía más al de una casa antigua, modernizada con el tiempo hasta ser lujosa. Quizá eso le había dado ese nombre. Aunque de seguro lo que también le daba ese toque prestigioso, como Buter me recalcó, era el extenso terreno de bosque a sus alrededores, que incluía un camino a un lago por la parte trasera de la casa.

-El viaje en el tiempo no es sencillo, ¿Cómo lo abordará, señor? - dijo mientras detallaba la cocina, viendo que todo fuera acorde a la necesidad.

Siempre actuaba de ese modo: “acorde a la necesidad”. Creo que así había sido, incluso antes de conocerlo en ese bar de Nueva York. No puedo recordar el nombre, supongo que le di tanta importancia como al motivo por el que íbamos, el momento y las personas que me acompañaban.

-Quisiera enfocarme más en la consciencia que en un viaje clásico con una máquina o algo así; pero como dije, apenas es una vaga idea, no he escrito nada aún- la tarde se veía envuelta en niebla a través de las grandes ventanas de la cocina. Buter asintió y cruzó a la otra habitación. Hacía tiempo que había abandonado la idea de describirme cada espacio. Para mí era siempre lo mismo.

Esa noche Sussan, Carl y Bob bebían descontrolados; como respuesta eufórica al lanzamiento del DRZ- 34, “el medicamento que cura cualquier dolor instantáneamente”, que haría crecer masivamente a la joven compañía cuyo laboratorio principal era una instalación universitaria. El éxito y la fama que venían no me interesaban en absoluto; yo solo estaba ansioso, faltaban seis horas para que el DRZ-34 llegara a las farmacias, antes de analizar su potencia y restringirlo a prescripción médica. Yo solo quería tenerlo en mis manos, un escape temporal, la salida a los estallidos de dolor.
Solo estaba ansioso... ansioso y molesto. Era realmente frustrante tener que soportar a esos idiotas reírse por cualquier cosa, en medio de fuerte música y gente parloteando. Todo eso solo aumentaba mi dolor de cabeza. Y ellos ni siquiera notaban que yo estaba ahí.

-Mesero- gritó Carl a la barra- otra ronda por aquí-, apestaba a alcohol en toda la mesa, con todo hecho un desastre. Un hombre de mediana edad se acercó desde la barra con tres martinis y una botella de vodka
- No te he visto beber nada- dijo Bob, notándome por primera vez en toda la noche.
- No me apetece por el momento- respondí, tratando de ignorarlo. Realmente no quería beber, porque siempre me traía molestas imágenes, resguardadas en lo más profundo de mi memoria.

Sussan soltó una risa ahogada, moviendo su cuerpo hacia adelante y tumbando la botella recién puesta en la mesa.

- “No me apetece por el momento”- dijo en tono de burla, sin siquiera importarle lo que acababa de hacer- ¿Por qué eres tan formal? Estamos celebrando que la maldita investigación dio resultado ¡anímate, aunque sea una vez!
- Oh maldición...- interrumpió Carl, retirándose con dificultad de la mesa- ahora tengo vodka en toda la ropa.
- ¿Necesitan algo más?- preguntó el mesero después de un rato. Me pregunté si había estado ahí todo ese tiempo. La forma como había hecho la pregunta había sonado muy paternal. Algo irónico en esa situación.
- Sí- dijo Bob- Una mesera un poco más joven y con mejor figura ¿Cuál es el sentido de venir aquí y ser atendido por un vejete?
- ¡Oye! ¿No te basta conmigo aquí?- dijo Sussan de forma provocativa. Llevaba toda la noche exhibiéndose, casi como en los clásicos clichés; aunque en este caso ella no era, ni de lejos, una mujer estúpida.

Todo el aire era pesado; pero de repente, la imagen a mi alrededor comenzó a hacerse menos clara y me sentí extraño. Estaba comenzando.

Hace alrededor de 2 meses

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phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Me gusta mucho, mucho como describes a tu protagonista.
Realmente terrible lo de las migrañas, estar enfermo es lo peor, porque te incapacita de muchas cosas.

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 1 mes

@phangoria En efecto. Para mi es la peor enfermedad de todas. A veces cuando siento el dolor de cabeza pienso en el personaje. La historia ya me afecta de algún modo jaja

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

A veces con algún malestar uno crea personajes.
Espero tu seas una persona saludable y estoy al pendiente del relato.
Como dije antes, me encantó el protagonista.

Don_Diego
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 1 mes

Me gusta la historia. En cuanto pueda la culmino de leer ahi nos leemos!!! Buen amigo @ThanderostMinder


#4

Buter continuó el camino por las escaleras. Omitió mostrarme el cuarto de mantenimiento, no lo veía necesario, ya que yo nunca entraría ahí, o eso se suponía.

-Hay una historia muy interesante sobre este lugar. Hace algunos años, más o menos diecinueve, solían vivir unas personas completamente normales. Una familia clásica: madre, padre, hijo e hija. Eran felices, según decían, no había...
-Cúbrelo- lo interrumpí, al instante que abrí la puerta de mi cuarto y vi levemente el espejo de cuerpo completo a mi izquierda, cerca de la cama. Buter tomó una manta gris (o al menos eso parecía) y lo cubrió enteramente

“...he estado pensando en los espejos...quizá los evitas porque,
lo quieras o no, tu rostro te recuerda a tu padre. A pesar de ser
algo simple, no puedes soportar verlo. Menos aún, sabiendo
que es tu propio reflejo el que asocias a esa figura. Ahora...”

Ese mensaje de correo electrónico había estado en mi cabeza todo el camino. Nunca había considerado esa razón para mi manía, y en ese momento, no podía sacármela de la cabeza.

- No había una pizca de maldad en ninguno de ellos. Sin embargo...- Buter abría la puerta a la biblioteca; naturalmente, era la mejor parte de toda la casa. Iluminada por el enorme ventanal, con estanterías llenas de libros, un sillón y un escritorio. Lo único que valía la pena describir- cuando arrestaron al padre y lo interrogaron por la ubicación de los tres cuerpos, la negación y la risa que la acompañaba solo pudo ser definida como “siniestra”. Lo mantienen vivo en prisión, solo porque no han podido encontrar los cuerpos. Está incluso aislado, por temor a que lo asesinen otros presos; diecinueve años y el bastardo no ha dicho nada al respecto.

Me senté en el sillón y sentí el terciopelo, mientras me dejaba llevar a la contemplación del espacio. Definitivamente, era el mejor lugar.

- Una historia interesante, ¿Vendrán policías o periodistas a menudo?

- Hace tiempo que dejaron de hacerlo. La policía descartó la casa después de dos años y los periodistas dejaron de considerarla una “historia de qué hablar”. Aun así, no se asuste si ve a uno merodeando por el bosque- sonrió; hubo un leve silencio, pero sabía que no le incomodaba mi falta de reacción, ya se había acostumbrado- lo dejo, he de desempacar mi equipaje- asentí, y abandonó la sala. “Merodeando”… no pude dejar de pensar en lo interesante que había sido que utilizara esa palabra.

Cuando estaba en el baño del bar, tratando de soportar el estallido de dolor en mi cabeza, no dejaba de preguntarme cómo había podido perder la noción del tiempo. Aún faltaba mucho para el cambio en la constante, el dolor debía seguir el horario. “¿Por qué se dio tan de repente?” pensé mientras la presión en mi cabeza apagaba el sonido a mi alrededor. Necesitaba calmarme, volver a casa y resistir la migraña; pero el dolor era diferente, como si crujiera con fuerza y abriera un espacio vacío. No comprendía por qué se comportaba de ese modo. Me lavé el rostro por tercera vez, sintiendo mis manos temblar sobre el fregadero. No había nadie ahí, estaba completamente solo. No supe cómo, pero al final mis ojos se cruzaron con el reflejo frente a mí. Pude ver claramente en esa mirada desesperada, el porqué crujía cada vez con más fuerza; era el dolor sumado a la ansiedad de tener la solución allá afuera, algo con qué finalmente superarlo, resistirlo sin tener que sufrir.

Salí por la parte de atrás del bar, mareado y perdido, con la única intención de llegar a mi auto y conseguir el DRZ-34 directamente del laboratorio. El suelo estaba mojado por la lluvia de horas atrás, y todo en mi mente estaba nublado. Cuando finalmente llegué al auto, me sostuve en él para buscar mis llaves, mis manos aún temblaban; no pude ni acercar la llave a la ranura cuando la migraña aumentó su potencia y caí al suelo recostado al auto, tratando de tapar mis oídos, de hacer que se detuviera. Era casi como la primera vez: yo, en el suelo, solo, intentando ser más fuerte que el dolor, sin ningún resultado más que el mismo.

En ese instante, Buter apareció y se acercó a mí de la misma forma como en el bar, agachándose a mi nivel,

- ¿Necesita ayuda en algo?

A pesar de que su comportamiento me había parecido extraño, pude ver en su mirada una desesperada búsqueda por algo. Algo que proteger. Condujo por doce kilómetros a la Universidad Hartin mientras yo permanecía inmóvil, sintiendo mi mente fragmentarse en pedazos. Y, a pesar del tiempo que ha pasado, esa fue, sin duda, la peor migraña que tuve.

- Aunque es un laboratorio universitario, está vigilado por las importantes investigaciones. Vaya con cuidado.

- No se preocupe, lo sé muy bien.

Buter salió del auto, volvió luego de quince minutos y las puso en mi mano.

- Tengo entendido que la dosis...

Me tomé las dos píldoras. Después de todo, no era la primera vez que acababa con la migraña. Así conocí a Buter, la segunda persona en saber del dolor en mi cabeza y que cuida de mí desde entonces, regulando mi dosis y manteniendo viva la cordura en mi mente cuando es necesario. Del mismo modo yo trato de cuidar de él, al no decirle toda la verdad.

Hace alrededor de 1 mes

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phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Muchas personas tapan los espejos en casa, de hecho es recomendable a la hora de ir a dormir.
Espero su dolor disminuya, tal vez el estrés influya en eso.
Muy buena cajita.
<3
Cada vez me engancho mas al prota, me parece genial como lo vas desarrollando.

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 1 mes

@phangoria Gracias por tus comentarios. Me alegra que el protagonista logre enganchar. Seguiré publicando. Pero, si quieres, puedes visitar el link de Wattpad que tengo en el perfil. Ahí la historia va en un punto más avanzado

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Es que a mi me encantan ese tipo de protas <3.
Me dan ganas de darles un abrazo o algo así.
Muchas gracias.
Checaré el wattpad.
¿Tu usuario es el mismo que aquí?
(En este momento una de las cosas que más me intriga es el nombre de ese hombre).
@ThanderostMinder

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 1 mes

@phangoria En mi perfil tengo el link directo. Pero sí. El usuario es el mismo.
El nombre. Interesante. Tiene un valor importante. ¿Qué detalle intriga en él?

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

¿Significa algo? , yo elegí Phangoria, aunque en realidad quería fantasmagoria.
Pues , intriga el que no lo menciones nunca.
Eso es lo que le brinda mayor misterio.
Uno se va imaginando como es , en base a su forma de actuar y pensar.

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 1 mes

Oh, vaya, lo había olvidado. Mantén esa intriga solo un poco más @phangoria
Es bueno que crees una imagen de él. Me preocupaba un poco ese detalle.
Mi nombre de usuario viene de las palabras Think y Mind

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

<3 Me gusta como se va desarrollando todo.
Si, es que a veces pequeños detalles, te muestran cosas imperceptibles .
Realmente Thanderost Minder, a mi me suena como a una clase de caballero.
Ya sabes, uno de esos que son valerosos y protagonizan épicas batallas.
@ThanderostMinder

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 1 mes

@phangoria Jaja. Gracias. La ventaja de la interpretación es esa. Muchos libros tienen intenciones no planeadas. La belleza de la literatura.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Definitivamente.
Muchos significados, englobados en un concepto.


#5

Capítulo 2: Y ahora yo te sigo a ti...

El enorme ventanal frente a mí suponía otro lugar en el cual podía perderme libremente, cayendo en el sillón de terciopelo, sintiendo los párpados pesados. Cualquier persona natural tomaría el largo viaje como excusa al cansancio y dormiría un poco al llegar. Yo, por otro lado, evitaba el sueño en lo más posible; no podía quedarme dormido. No, definitivamente no.

“Vaya que son afortunados...”

Me levanté del sillón y me acerqué al ventanal, resistiendo el sueño, mientras admiraba todo el paisaje boscoso, cubierto de nieve. Pensaba en lo que Buter mencionó con inocencia: “merodeando…” Sí, definitivamente habría alguien merodeando por ahí.

- Buter, vamos a ver la ciudad- dije de frente a la puerta principal, cuando me di cuenta de que no podía mantenerme despierto si seguía ahí. Esperaba que Buter me hubiese escuchado desde la cocina, donde desempacaba todo para la cena.
- Pero, son las 4:15 p.m. - se acercó, un tanto sorprendido ante la petición- acabamos de llegar, ¿no desea descansar?
- Necesito salir de aquí- dije secamente. Se quedó en silencio un momento, tratando de entender mi comportamiento que cada vez le parecía (o al menos eso percibía yo) más extraño.

La idea de ir a un lugar tan concurrido como París no tuvo ningún sentido para él; sabía perfectamente cuanto odiaba el ruido y los espacios llenos de personas. Se había acostumbrado a las mudanzas frecuentes a lugares tranquilos y alejados como Basilea, Viena, Moscú, Hamburgo, y otros más; sin repetición, siempre cambiando de lugar. Cuando le mencioné París, tuve que convencerlo de que no era una broma; podría decir, incluso, que le molestó la idea.

- Bueno, en ese caso, ¿Desea ir al Louvre? ¿O visitar la catedral?- creo que él mismo notó cuanto me incomodó la última sugerencia. Se limitó a observar como abría la puerta, dejando entrar el aire helado
- Quiero ver la plaza- dije mientras me ponía los guantes.
- ¿Cuál plaza? - preguntó desconcertado.
- La que sea, solo vámonos- salí, sintiendo los pasos de Buter detrás de mí.

“...aquellos que son queridos...”

Íbamos de camino al centro de la ciudad, otros treinta minutos de viaje. Me la pasé sentado mirando a través de la ventana, analizando lo ridículo del pequeño “viaje” que hacíamos, preguntándome si debía haberme quedado en casa buscando otra cosa con que distraer mi mente “¿Debí empezar a escribir el libro?” pensé vagamente, rebuscando en mi mente la idea sólida de la que se trataría. El conflicto. Aquello que lo haría interesante. Nada. Al final, concluí que la mejor solución fue la que había tomado.

Cuando al fin llegamos a “La Place des Vosges” (Plaza de los Vosgos), eran más o menos las 5:00 p.m. Buter y yo nos paramos frente a la fuente, cambiada recientemente por un hombre que “sostenía” todo el mecanismo, dando la impresión de “aquel que carga con todo”, en una simple figura.

-Voy por un café adentro- dijo Buter, señalando con la mirada la cafetería más allá del camino, al otro lado de la calle, afuera del parque- ¿Desea que le traiga uno?
- No, gracias- contesté, aún mirando la fuente. Intentando apreciar la paz en la escultura de cerámica, cuya agua congelada le daba un toque de dramatismo- estaré ahí en unos minutos. Encuentre un buen lugar en qué sentarnos.

Buter se fue y yo empecé a distraerme más en la figura, notando la pequeña inscripción debajo de los pies del hombre en una placa de bronce “Aquel aprisionado por el mundo, perseguido por el sueño”. Y, de cierta forma, algo en esas palabras me trajo a la mente un viejo recuerdo.

Hace alrededor de 1 mes

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phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Debe ser genial poder ir a cualquier parte del mundo de esa forma tan fácil.
Es una pena que el prota sufra tanto.
Como siempre, me encantó <3.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Obviamente.
Sabes que tienes mi entero apoyo como la fan que soy.
<3
Escribes bastante bien.
@ThanderostMinder

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Gracias a ti por hacerme mas amena la vida con tus historias.
<3


#6

El sonido de los toques ansiosos en la puerta me había hecho regresar de aquella nada a la que había enviado mis pensamientos ese día. Solía hacerlo para intentar descansar, sin llegar a quedarme dormido. Nunca funcionó. Estaba sentado en la silla frente al escritorio, en el cuarto que la Universidad Hartin me había otorgado como estudiante extranjero en la ciudad de Nueva York.

- ¡Patrick! Sí que tardas en abrir la maldita puerta- Esa era la forma en la que Amber llegaba. Siempre de improvisto y excesivamente ruidosa. Hacía mucho que no la veía.
- ¿Qué haces aquí? - dije mientras ella se abría paso imprudentemente y entraba a la habitación. Pude sentir que estaba algo histérica; pero de un modo más preocupada.
- Oh vaya, eso es lo primero que dices después de cuatro años sin vernos…
- Pareces una de esas actrices melodramáticas
- ¿Sólo por pedir un “hola, ¿cómo estás?”? - estaba molesta, pero sabía perfectamente que ese no era el motivo. Había algo más...serio.
- Vamos, eso no te queda- dije, con voz tranquila- viniste desde Toronto y te ves alterada ¿Qué pasó?

Amber nunca supo del dolor. Tampoco mi madre. Lo mantuve oculto desde que apareció, acostumbrándome al ruido de mi hermana y a momentos familiares. Actuar como un hermano e hijo normal, aunque fuera catastrófico en mi cabeza.

- Me están siguiendo...- dijo recostándose en el escritorio de brazos cruzados- Al principio parecía algo natural, un sujeto atraído por unos días. Pero luego, empecé a sentir esos ojos sobre mí todo el tiempo, en cualquier lugar al que iba; incluso pude sentirlo cuando venía a aquí.
- ¿Ha dejado algo? ¿Un regalo? ¿Notas?
- No, solo ha estado observando.
- Mm... Quizá es un exnovio que quiere fastidiarte.
- ¿Exnovio? Ninguno de esos idiotas podría ser tan cauteloso.

Comenzó a estresarse, como si mis preguntas fueran demasiado obvias para ella. Yo solo trataba de interesarme, de encontrar el problema que ella no pudiera resolver por sí misma. Yo tenía uno más importante palpitando en mi cabeza. O al menos eso creía.

- ¿Desde cuándo te sigue? - pregunté, después de un incómodo silencio.
- Dos meses...
- ¿Dos meses? ¿Y apenas ahora me lo dices?
- Intenté llamarte varias veces. Nunca respondiste.
- Odio hablar por teléfono- un detalle que, por supuesto, ella sabía.
- También te envié e-mails, esos que se supone siempre respondes. Nada.
- Yo...
- ¿Qué? ¿Estabas ocupado con tus estudios? Cuatro años Patrick, y nunca respondiste, ni una maldita vez. Ni siquiera cuando...

Mi mente crujió y cerré los ojos, ninguno de los dos quería que terminara esa oración, ninguno quería escucharlo. Ella no dijo nada más. Tan solo conservó una mirada perdida. Había leído aquel mensaje, pero no podía hacer nada al respecto; no, en realidad, no hice nada.

- ¿Ya contactaste a la policía? - dije con la intención de romper el amargo silencio. Amber se sobresaltó un poco, como si la hubiese despertado de un sueño
- ¿Qué se supone que les diga? No hay “mensajes amenazadores” o detalles que pongan mi vida en riesgo. Ni siquiera lo he visto. Solo sé que está ahí.

La situación comenzaba a parecerme ridícula. Estaba terminando la investigación del DRZ-34 y quería hacerlo lo antes posible. Comencé a alterarme.

- ¿Y qué esperas que yo haga, entonces? - dije, con un evidente aire de molestia. Amber suspiró
-Nada... solo vine para comprobar por mí misma lo que me había negado a aceptar- se dirigió a la salida, deteniéndose al lado mío; sin mirarme- al final todo se trata de ti- se acercó a la puerta, quedándose quieta un momento, como esperando una reacción de mi parte.
- ¿Cómo está? - dije inmóvil
- Igual que hace un año. Dormida- cerró la puerta, y la migraña estalló.

“...aunque sea bajo una capa de mentiras...”

No era que no me importara nada más que mí mismo, simplemente no podía soportar el dolor en mi cabeza, pretendiendo que no estaba ahí; que la música de mi hermana no hacía crujir mi mente, o que las conversaciones no provocaban los pensamientos que presionaban en mi cabeza, acompañado del cansancio de no poder dormir. Pretendiendo ser fuerte, que todo estaba bien, que podíamos realmente sanar y ser felices. Siempre debí pretender, como la única salida para ellas dos; porque desde el momento en el que el dolor apareció lo supe, que no iba a ser un error temporal, una desgracia momentánea; supe que iba a estar ahí, clavado en mi mente, hasta destruirla por completo.

Estaba cansado de pretender, de llenar de ilusiones vagas todo a su alrededor, cada vez más difíciles de mantener. Solo quería acabarlo, ver si podía pensar con libertad, sentir sin molestia. Sanar. Ver si podía... volver a ser como antes. La Universidad Hartin, Biomedicina. La única oportunidad de encontrar la solución, obteniéndola de la propia miseria. Cuatro años para acabarlo, para salir. Cuando me fui no volví a contestar para dejar de mentir y, finalmente, poder crear algo real. Al final solo obtuve otra vaga ilusión, y otro problema.

Eran las 2:12 a.m., cuando recibí la llamada, no estaba dormido, pero la vibración de ese aparato era casi tan molesta como si lo hubiera estado. En cualquier otro caso lo hubiese ignorado, pero el marcado nombre de mi hermana chocaba en mi mente, con un mar de contradicciones. Debía, por lo menos, contestar el teléfono.

- Patrick- dijo después de un largo suspiro, como si la idea de llamarme le incomodara, o de que hubiera contestado el teléfono- estoy asustada.
- ¿Qué sucede?
- Llegué a la habitación del hotel y… es difícil de explicar. Hay una carta...- la forma de hablar mostraba que se movía, como si mirara algo que le preocupaba.
- ¿Una carta? - realmente no lo esperaba- ¿Qué dice?
- No puedo explicártelo por teléfono. Necesito que vengas.
- ¿No crees que estás exagerando un poco? Puedes decirme fácilmente qué hay escrito ahí y lo discutiremos mañana- Se quedó en silencio un momento. Incluso creí que se había cortado la llamada.
- ¿Para qué me molesto? Igual no te importa- dijo antes de colgar, dejando otra discusión en mi cabeza. No quería ir porque sabía que la migraña llegaría pronto. Muy pronto.

“...Que los atrapa a ellos mismos”

El hotel no estaba lejos de mi universidad. Seguí las instrucciones dejadas en el último correo electrónico de Amber, cruzando por la calle 42, caminando, sintiendo el aire frío condensado en la niebla de la madrugada. Completamente solo. Estaba a punto de llegar, preguntándome si era mi cansancio o mi falta de interés lo que la había hecho sentir la calle como un simple corredor de cuarto a cuarto. El suelo estaba mojado, reflejo de la tormenta anterior. Sentía mis pisadas en un ritmo constante. A mí mismo me sorprendía como alineaba todo: una forma, un tiempo en cada paso. Supuse que debía distraer mi mente con algo, lo que fuera, incluso algo tan simple como caminar. Pero fue el rápido sonido de otro paso en un charco lo que llamó mi atención. Miré a mi alrededor con una extraña sensación. Podía ser otra persona, un animal, cualquier cosa. Un evento simple. Pero aun así yo me sentía completamente asustado.

Hace alrededor de 1 mes

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Don_Diego
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 1 mes

Se pone interesante.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

¡Dios mio!, cada vez te va atrapando más.
Como siempre me gusto mucho, ya vamos acercándonos a la parte del misterio.
Me encanta su nombre Patrick <3.
@ThanderostMinder

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 1 mes

Como siempre cuento con tu interés @phangoria. Te dije que esperaras solo un poco más por el nombre y lo cumplí. Gracias por estar siempre pendiente.
@Don_Diego Espero que siga así. La siguiente entrega será un poco más cargada

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

<3 Me gustó mucho, aunque debí deducirlo por el letrero de la cajita.
Es genial ese detalle.
Sabes que tienes mi apoyo incondicional.
Te mando un fuerte abrazo.
@ThanderostMinder

@Don_Diego Y si Diego, tienes que seguir la historia esta geniaaal.

Don_Diego
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 1 mes

Pues ppr aqui andare dando mis rondines para cuando salga mas contenido 😊


#7

“...Te visitaré pronto, tengo algo importante de que hablarte. Me hospedaré en el hotel más cercano a Hartin, el Boulevard, habitación 402”
Amber Hendless

Me detuve frente a la puerta varios minutos, reuniendo el entusiasmo para tocar, a la espera de otra mirada de decepción, irónicamente. “¿Esto es lo que somos ahora?” pensé, mientras tocaba levemente.

- Así que al final viniste- dijo al abrir la puerta, con ojos preocupados en lugar de decepcionados, a pesar de que intentó ocultarlo en las palabras.
- No podía dormir con la duda- disfrazar la verdad se había vuelto automático. Incluso agregué una sonrisa para intentar “animarla”. Aunque yo sabía que era más por protocolo, que por intención. No tuvo efecto alguno y la verdad, no sabía por qué estaba ahí. Miré por encima de su hombro y me fije en los papeles regados por todas partes.
- Parece que no solo dejó la nota... ¿son tuyos? - dije abriéndome paso al interior.
- No. Ni siquiera hay algo escrito en ellos, son sólo páginas en blanco- dijo cruzándose de brazos, aparentemente para cubrirse del frío.

Cuando vi el nuevo escenario, supe que Amber no estaba exagerando. Caminé al centro de la sala, buscando una forma o patrón en ese desastre; pero no era más que eso, papeles tirados al azar.

- ¿Dónde estaba la nota? - pregunté, sin recibir respuesta. Se había ido de nuevo- Amber- reaccionó con la mirada directa- ¿Dónde estaba la nota?
- Estaba en la ventana, al borde, recostada contra el cristal; justo al lado del lugar por donde parece haber salido- se movía sobre sí un poco, como ansiosa; usaba un suéter tejido, de esos con los pequeños huecos- no cerré la ventana, para dejarlo todo tal y como estaba, Quizá haya huellas ahí.
- No era necesario. No pudo haber salido por ahí, hubiese sido muy notorio y se supone que este hombre es cauteloso- pude sentir el pequeño atisbo de enojo en mi hermana. Había olvidado lo sencillo que era hacerla enojar.
- ¿Sigues sin tomarte esto en serio? - dijo, pero su tono se sintió diferente. Más que enojada, se sentía triste; aunque quería mostrar lo primero- puedo arreglármelas sola ¿sabes? No tienes que estorbar aquí.

Se dio media vuelta para abrir la puerta; en ese instante, pude ver a través de los pequeños huecos una especie de marca en su brazo. Ahí, empecé a verlo diferente.

- ¿Qué es eso? - pregunté sin moverme; ella también se quedó inmóvil
- Nada... - dijo sin voltear- quizá es solo un golpe - dijo al subir la manga, intentado aparentar que no sabía de su existencia.
- ¿Solo un golpe? - era evidente que trataba de evadir algo importante- parecen marcas de mano...
- Quizá me lo hice yo misma dormida.
- Lo viste ¿no? Dime, ¿no es esto amenazador?

El dolor comenzó a crecer, un primer aviso a lo que venía. Pude sentirlo, pero lo ignoré; sabía que ella lo había visto, que él la había lastimado.

- ¿Acaso el acosador es...?
- No - me interrumpió rotundamente- era completamente distinto a él. Casi tan delgado como tú. Además, no creo que “él” esté realmente buscándonos.
- ¿Pudiste ver su rostro? - pregunté, aún de pie, aceptando lo que dijo.
- Todo estaba muy oscuro. Apenas pude distinguir su figura. Iba a encender la luz con cautela, pero me tomó del brazo y me apartó. Cuando logré encenderla, este desastre apareció, junto con la nota...
- ¿Dónde está la nota? - Amber tomó un sobre de la mesa, sacó un pedazo de papel y me lo entregó
- Iba a enviársela a un amigo mío para que la analizara. Estudia en tu universidad, de hecho.

Era una carta mecanografiada en máquina de escribir, se distinguía por la forma de las letras:

“Vaya que son afortunados
aquellos que son queridos
aunque sea bajo una capa de mentiras
que los atrapa a ellos mismos

Los fantasmas te persiguen
no importa a donde vayas
un recuerdo de tu miseria
un reflejo de tu eterno dolor

Llenaste tu entorno de detalles
para ignorar tus ausencias
buscaste soluciones a problemas inventados
y dejaste todo descuidado

Ahora yo te sigo a ti, a ti
yo, el que merodea y observa
a ti, que piensas y sufres
hasta que un día nos encontremos
y todo lo demás desaparezca”

Cuando leí la última palabra, la migraña estalló en mi cabeza junto al mar de frases sin sentido, rebotando en mi mente “eterno dolor” “piensas y sufres”; era muy claro, pero yo no quería verlo, no quería aceptarlo “a ti...” se repetía como otra voz en mi cabeza. En esa carta sin sentido el objetivo era claro “a ti, a ti, a ti...”

- ¿Estás bien? - preguntó, con amarga inquietud.

No sé qué tanta ansiedad mostraba en mi mirada, pero ella notó algo raro. No quise decírselo, tendría que explicárselo y lo sabría todo.

- He visto esto antes. Es un juego de niños, algo de universitarios- necesitaba desviar su atención, que viera que no estaba en peligro.
- ¿Qué? - dijo incrédula, como si todo fuese una broma.
- La gente del campus suele hacerlo: elegir a una chica cualquiera, acosarla y asustarla. Algo así como un reto de iniciación de las fraternidades- esperaba que lo creyera, aun después de todo lo que había pasado esa noche.
- ¿Se obsesionan tanto como para seguirme hasta aquí y casi atacarme? - dijo, con algo de molestia, arqueando las cejas.

- No tienen reglas realmente. Quizá este chico se lo tomó muy en…- hice un quejido de dolor, sentándome en el sofá. Crecía. Noté un atisbo de preocupación en Amber, que sustituyó rápidamente por seriedad.
- ¿Qué tienes? - preguntó, sin moverse de donde estaba.
- Es solo una jaqueca.
- Te traeré unas aspirinas- se dirigió a la cocina.

Amber no era estúpida. Sabía que comprendería bien todo, que intentaría ayudarme; podría asegurar incluso que encontraría la cura. Pero no era justo que lo supiera, no debía saberlo. Ya había sufrido bastante. Era mi turno de protegerla, de cuidarla, más en ese momento: “te sigo a ti”.

- No soy estúpida- dijo después de entregarme las aspirinas- encontraste algo, ¿no es así?

Su forma de verme, daba la impresión de que dijera “lo sé todo” aunque en realidad, solo supiera que le mentía.

- Este “acosador” ya no te perseguirá, Amber- le dije, mientras me levantaba del sofá- es solo el final de un juego de niños. Estás a salvo- ella asintió sin ganas, liberando un suspiro. Sabía que le mentía, y que por más que insistiera, no se lo diría. Por un leve instante intenté tocar su hombro, a modo de despedida; pero me detuve casi al momento que ella lo esquivaba. A veces cometía esa imprudencia, un intento de acercarme, que luego recordaba imposible.

- Ve a casa, hermana- le dije, en tono cansado- y escríbeme si algo más pasa. Prometo que esta vez contestaré.

Me dirigí a la salida, a través de los papeles en el suelo. Abría la puerta, sintiendo la migraña llegar a su climax.

- Te mentí- me detuvo al pronunciarlo- hace unos días despertó por un instante... ¿Sabes lo que hizo? - me quedé inmóvil, “¿despertó?”- susurró tu nombre, antes de caer dormida de nuevo.

Cerré la puerta y grité en silencio, afuera, sintiendo el extremo dolor de las palabras juntas "un recuerdo de tu miseria" "yo te sigo a ti" "susurró tu nombre". Estaba de rodillas y sudaba. "Justo ahora..." pensé "Justo ahora que estoy tan cerca..." intentaba levantarme, con una mano en mi cabeza "Ahora él, que merodea y observa. Me sigue a mí, que pienso y sufro" Casi no pude resistir, el intenso dolor que vino después de eso.

Hace alrededor de 1 mes

6

3
phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

<3 Patrick te amo!
Yo feliz por tener crush literario, te quedó genial, me encanta como lo cargas de misterio, de acción.
El lector no sabe lo que va a pasar.
Sigue así @ThanderostMinder .
(Como siempre yo de fangir fuí el primer corazón XD)

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 1 mes

Siempre puedo contar contigo @phangoria. Como escritor, siempre es agradable recibir tus comentarios. Gracias por acompañar a Patrick en su dolor

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Es que me emociono más porque soy bastante quisquillosa en cuanto a mis gustos literarios.
Es difícil que un prota me guste.
Deberias de sacar pronto el libro el físico.
Yo acompañaré a Patrick y le daré....amor.
Jajajajajaja.
Ya en serio, eres un escritor agradable con mucho talento, ojalá publiques más proyectos en un futuro.
@ThanderostMinder

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Y si algún dia publicas esta historia , quiero que conste que fuí la primer fan de Patrick.
Jjajaajajaj.
@ThanderostMinder

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 1 mes

@phangoria Jamás lo olvidaré. Planeo publicarla una vez esté listo. Y lo sabrás de inmediato


#8

Capítulo 3: Pasado Nocturno

Todos aquellos viajes repentinos, para Buter eran tan solo caprichos de un hombre afligido, buscando distraerse del dolor en su cabeza. En realidad, todos fueron un fallido intento de escape de aquel que seguía mis pasos, aquel que con cada viaje se acercaba más. Siempre lograba alejarme por un tiempo, en una tranquilidad contada, donde en cualquier momento lograba encontrarme y debía escapar nuevamente. Con el tiempo me había acostumbrado a ello y, de cualquier forma, no tenía que quedarme a trabajar para “subsistir”. El DRZ-34 nunca había dejado de darme ganancias. Sin embargo, a pesar de la costumbre, nunca dejó de ser extenuante el tener que huir.

Cuando “desperté” de pie frente a la fuente, me di cuenta de que llevaba ahí casi 10 minutos. Me froté los ojos y me moví entonces hacia la cafetería. Entré acompañado del sonido de la campanita sobre la puerta. Capturé de inmediato un familiar olor a libro y me fijé en la decoración del lugar: una barra donde servían el café, puesto detrás, en frascos de vidrio; las mesas para los clientes con menús como portadas de libro, asientos como sofás iluminados por los ventanales, en su tamaño preciso para dejar entrar la luz, sin llegar a ser molesto; y, al fondo a la izquierda, después de una “pequeña sala”, una larga estantería llena de libros de todo tipo. Todo el lugar transmitía una enorme tranquilidad, como si fuera un escape del mundo real.

Busqué a Buter y lo vi sentado cerca del fondo del lugar tomando café tranquilamente, alternando la mirada entre la taza y la ventana.

- Supongo que recordó algo ¿no es así? - dijo unos segundos después de sentarme frente a él.
- En efecto- respondí, cayendo en su juego de intuición, mientras se dibujaba una sonrisa en su rostro.
- Sabe, las personas que piensan mucho tienden a recordar con frecuencia, cayendo en el peso de su pasado ¿Cree que eso le pase a usted, señor?
- No puedo evitar pensar, Buter- contesté, adelantándome al consejo que iba a darme. Pensar era todo lo que me quedaba por hacer, no podía pretender evitarlo, intentar no pensar era incluso más doloroso que hacerlo. Ambos nos quedamos en silencio; entonces, una mesera se acercó desde la barra al notar mi presencia.

Caminó hacia nosotros sosteniendo una libreta. Era bella y parecía joven. Tenía un cabello rojo, largo, que le daba dramatismo a su caminar. Traía una expresión de tranquilidad en su mirada, pero a su vez se mostraba preparada para reaccionar ante cualquier situación. Se detuvo y, con una sonrisa, preguntó:

- ¿En qué puedo servirte?
- Quisiera una taza de café negro, por favor- le dirigí mi mirada a Buter para preguntarle si deseaba uno, alzó su taza mostrando la obviedad.

La mujer anotó el pedido en la pequeña libreta y se dirigió a la barra. Generalmente el contacto con gente ajena me molestaba, pero había algo en esa mesera que me hizo sentir calma. Algo que Buter rompió.

- Parece que logró atraer su atención- dijo solemnemente, con una leve sonrisa.
- La misma de cualquier cliente regular
- ¿Ahora usted es regular?
- ¿Vamos a hablar de esto todo el día? - dije, un tanto fastidiado por la insistencia. La chica de cierto modo era diferente, pero seguía sin ser importante.
- ¿Prefiere que discutamos lo que recordó?

No era como si yo tuviera que decirle a Buter todo lo que había en mi cabeza, pero él iba a recurrir a ese tema en diversas ocasiones en el futuro, y eso era realmente incómodo. Como si siempre dijera “sé que ocultas algo”. Aunque ahora me pregunto ¿Por qué eso me importaba?

- Ella se veía interesante- dije para cambiar de tema, moverme a lo que él quería hablar, y así omitiera mencionar lo anterior. Aunque sin duda lo haría después. Pensaba que era patético en cierto modo, pero incluso prefería eso a sus recurrentes preguntas y a mi frustrante silencio.
- ¿Interesante? ¿De qué forma? - Había emoción en su pregunta, como esperando una alentadora respuesta por mi parte. No podía continuar con eso.
- Lo suficiente para parecerme distinta, pero no como para importarme- respondí secamente, mientras la mesera se acercaba con una taza de café tan caliente como para notar su vapor a distancia. Apreciaba el aroma, casi tanto como el de los libros.
- Aquí tiene. Un café negro caliente- dijo al ponerlo sobre la mesa, esperando de pie, al costado, sosteniendo la bandeja sobre su regazo.
- Gracias- dije, preguntándome por qué seguía allí, qué estaba esperando.
- Pruébelo- dijo de repente, agregando una inocente sonrisa al final
- Disculpa. No suelo tomar café frente a otros- Buter me lanzó una mirada señaladora, para que notara lo ridículo de mi excusa. Ella mantenía la sonrisa leve y tranquila.
- Tan solo pruébelo- la insistencia era desconcertante, pero finalmente accedí con la intención de que se fuera, a pesar de no ser molesta realmente; o sí, como si el hecho de que no me molestara fuese molesto. Me sentí extraño al pensarlo.

Absorbí el suave aroma del café y luego lo probé, llevándome a los tiempos hogareños en los que mi madre servía café para mi hermana y para mí en la sala, riendo un poco y contando historias del día, en los pequeños escapes que lográbamos alcanzar de la tristeza, antes de que mi padre volviera iracundo, rompiendo la paz en la que estábamos. En el momento en el que su rostro intentó aparecer en mi mente lo detuve, volviendo al sabor del café caliente.

- ¿Y bien? - dijo ella, con una sonrisa inquisitiva, como deduciendo la respuesta en mi expresión.
- Es increíble. Gracias- Buter arqueó las cejas, no era habitual que yo usara esas palabras.

La chica asintió con una sonrisa y se fue sin más. Yo volví al café, disfrutando cada pequeño sorbo. Nunca antes en mi vida una taza de café había hecho algo así. Era... simplemente perfecta.

- Sí, definitivamente captó su atención- dijo Buter, haciéndome recordar su presencia.

Hace alrededor de 1 mes

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phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Oh, le gusta el café <3.
Pero en este punto como buena fan debo sentirme celosa ante esa mesera (jajajaaj).
Aunque como es pelirroja y mona, empiezo a dudarlo.
¡Gracias por la entrega!, saludos y espero pases linda semana.
@ThanderostMinder

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

jajaja Nada, pero es normal que se odie a la pareja de "EL NOBIO" literario jajajaajajajaj.
@ThanderostMinder

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Jajajjaaj como las fangirls que leen su obra favorita y odian a la pareja del personaje que les gusta .
@ThanderostMinder


#9

No salimos del café sino hasta las seis, cuando la luz era lo suficientemente baja como para no molestarme. Me giré hacia atrás, solo para fijarme en el letrero sobre la cafetería y grabar su nombre en mi memoria: “L'arome du livre”. Suspiré, sintiendo cierta nostalgia “Después de todo, cuando él llegue aquí, yo tendré que irme por siempre” pensé, siendo esa la primera vez en mucho tiempo que el dejar un lugar me entristecía. Ya había aprendido a dejarlo todo e irme a empezar de nuevo en otra parte. La recurrencia de los viajes lo hacía todo muy repetitivo y rutinario; pero ese café...sin duda iba a ser algo qué extrañar. Y aunque aún me quedaba tiempo en París, ya estaba lamentando el tener que irme.

“El tiempo, siempre tan lejano y extraño, siempre tan incomprensible. Sin duda, todos
aquellos que viven en el mundo desconocen su valor y lo desgastan sin más, todos
excepto Richard, que había dedicado con ansiedad. Extrema ansiedad.
Toda su vida al control del tiempo.
Sin duda para él, “control” era una palabra inadecuada, pero era la más parecida. Había
probado la máquina una y otra vez, siempre fracasando, llegando al borde de la frustración
e incluso pisando la locura. No importaba cuanto lo intentara, no lograba hacer que su
consciencia viajara 23 años atrás, para así poder salvar aquello tan importante para él.
Estaba perdido...”

Eso fue lo máximo que pude escribir, antes de que el dolor lo hiciese insoportable. Ya sabía cuál sería mi límite diario, pero al menos tenía un inicio, un detalle, algo que me hacía sentir como si de verdad viviese. Ni siquiera sabía de dónde había sacado la idea, pero en ese momento me sentía bien y era extraño que me sintiera así. Los libros eran fantásticos, y aunque el crear imágenes en mi mente, leyendo o escribiendo, a menudo resultase doloroso, era significativamente mejor que ver televisión. Realmente me agradaban. En esas historias no existía el DRZ-34, las migrañas o el acosador. Todas eran tragedias a su manera, pero lograban distraerme de la realidad por un instante, me permitían ser el protagonista de otra tragedia, me daban un escape... antes de que el dolor volviera y me mostrara la realidad nuevamente, en su patética forma, en su incomprensible problema.

Me levanté de la silla y miré la hora “10:40 pm...” sentí los ojos pesados y suspiré, sabía que no podía seguir resistiéndome por mucho tiempo “Ya es hora, después de todo”, pensé, dándole un último vistazo a la noche a través del ventanal, un entorno sin tormenta, con una perceptible brisa, demasiado pacífico.
Llegué a mi cuarto y simplemente me recosté sobre la cama, sintiendo toda la presión del día, el palpitar de mi cabeza y el cansancio en mis ojos. Al llegar la noche, la gente suele pensar antes de dormir, reflexionar sobre sus decisiones, sus palabras, sus mismos pensamientos; todos frustrados y molestos, deseosos de un cambio, todos anhelando un sueño.

Había algo que siempre me gustaba recordar antes de dormir, algo que había leído en un libro de la Universidad: “El cerebro humano, al dormir, entra en un estado de reposo total, apagando las funciones motoras y “entregando el control” al subconsciente; de esta forma, la parte consciente también se apaga y el subconsciente crea la serie de imágenes que la gente llama sueño” Y bajo esa lógica, ya que mi dolor venía de mi parte consciente, la única forma de no sentirlo era caer dormido. Cerré los ojos, y me dejé llevar por el cansancio.

La tenue luz amarilla iluminaba nuestro pobre apartamento. Desgastado y viejo, con apenas espacio para dos personas, donde vivían cuatro. Debía tener como 12 años, o al menos así me sentía. Estaba sentado en el sofá, y mi hermana resolvía ejercicios matemáticos en el sillón de al lado. Giré mi mirada hacia ella y sonrió, mientras mamá tomaba café en la cocina. Todo se sentía tranquilo, pero yo quería gritar, invadido de temor. Sabía que iba a pasar pronto. Entonces entró por la puerta, igual de molesto que siempre, con un leve suspiro de enojo, mientras se aflojaba la corbata y dejaba el maletín caer al suelo. Mi madre dejó el café de inmediato y se giró para atenderlo. Mi hermana dejó los libros y se sentó para observar “No mamá... no te le acerques...” fue lo que intenté decir, pero era como si se fundiera en un pensamiento en el aire, que solo yo podía escuchar. Él pasó de largo y mi madre cayó al piso sollozando. No la culpo, ella siempre estaba muy malherida, débil, apenas se mantenía en pie al tomar café. Yo estaba temblando, sus llantos siempre me asustaban. Mi hermana tocó mi brazo y volvió a sonreírme, siempre tratando de calmarme, tratando de evitar que yo sufriera. Pero su mirada reflejaba un vacío profundo, una tristeza de impotencia, un cansancio de seguir viviendo.

- Esperé todo el día para esto...- dijo tocando su cabello de forma enfermiza- sabes, estuve pensando que él podría acompañarnos...- Amber se levantó de golpe y se paró frente a él, cubriéndome.
- No le pongas un dedo encima. Has lo que quieras conmigo, pero a él déjalo en paz- dijo con firmeza, sin temor alguno a lo que pudiese pasar.
- ¿De verdad crees que haría eso? - contestó iracundo, golpeándola y presionándola contra la mesa- solo quiero que mire y aprecie un espectáculo- apretaba los dientes mientras se desabrochaba su cinturón y desgarraba su ropa violentamente. Cerré los ojos y me cubrí los oídos “¡Basta! ¡Detente!” resonaba a mi alrededor una y otra vez, yo gritando en mi mente; pero luego dejé de escucharme, solo podía oír los gritos y llantos de mi hermana por todas partes, por todas las veces que pasó. Escuchaba sus súplicas, que solo lo motivaban a golpearla y a reír eufóricamente, como si eso lo animara más.

-¡Si no abres los ojos ahora la mato!- me ordenó, y los abrí, viéndolo sobre ella extasiado, mientras ella lloraba sin gritar. Su rostro sangraba contra el cristal, y parecía muerta. Yo seguía escuchando gritos, pero ella no gritaba. Sufría, tanto como las anteriores veces, pero ella ya no gritaba. Yo era el que gritaba. No podía moverme o cerrar los ojos. Gritaba y gritaba sin mover los labios “¿Por qué no te mueves?” “¡Basta!” “¡Haz algo!” “¡Sálvala!”. Sentía pánico, ira, impotencia mientras él reía.
- Lo que ves hoy aquí- dijo mirándome a los ojos, sin detenerse- es en lo que te convertirás.

Hace alrededor de 1 mes

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phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

; A; Patrick!!!!!!!!!!!!!!!!! <3....
Yo te loveo, el viejo no te volverá a tocar.

Como siempre una cajita muy agradable, me encanta seguir tu historia.
Nunca imaginé que él hubiera tenido un pasado así de difícil.

@ThanderostMinder

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 1 mes

@phangoria Gracias por seguir. Sí. Y quien sabe que más detalles carga este personaje en su cabeza.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 1 mes

Sabes que yo soy tu fan forever xD.
Como siempre gracias por la entrada, me alegras mucho con cada cajita.
Espero te encuentres muy bien y tengas un bonito jueves.
@ThanderostMinder


#10

Y grité otra vez sin voz, con los ojos abiertos en la oscuridad de mi cuarto, sin poder moverme. Tenía la respiración agitada y sudaba. Ya sabía cómo funcionaba la parálisis del sueño: a medida que recuperaba la movilidad, el dolor volvía a instalarse poco a poco en mi mente. Dormido no sentía el dolor de cabeza; pero, la catástrofe de mi subconsciente era mucho peor. Prefería vivir con dolor estando despierto, a tener que volver a ver su rostro “evitas los espejos porque te recuerda a tu padre” Tenía razón. Y, lo único que yo quería era finalmente olvidarlo, ver si podía sanar un poco. Pero no lo lograba. Siempre volvía, siempre aparecía. Todas las noches, ahí estaba. Así que lo máximo que podía hacer era evitar los recuerdos y pesadillas, al evitar dormir.

Pero todos sabemos que eso es imposible. Me senté sobre la cama y miré la hora, era la 1:15 a.m. Todavía sudaba, sintiendo el peso en mi espalda, cansado. Todos los días pasaba lo mismo; una pesadilla o un recuerdo, una frecuente parálisis, tan solo tres horas para dormir. Me sentía muerto. En ese momento, mirando a la nada, me hice una pregunta frecuente “¿Cuánto tiempo más podré resistir esto?” Solo que un poco más cansado que antes. Sabía perfectamente que a las 3:00 a.m. llegaría la migraña, pero esa vez no quería tomar las pastillas. Lo iba a intentar de nuevo, ver si su fuerza en el climax podía finalmente acabar con mi vida.

Conduje treinta minutos hasta la plaza y me senté frente a la fuente, en uno de esos bancos alrededor, simplemente a esperar. La opción de matarme yo mismo aparecía en mi mente mientras admiraba el agua congelada; pero una parte de mí, aun siendo muy pequeña, quería mantenerme con vida. Siempre supuse que era la respuesta natural de cualquier humano ante la muerte. El temor de los cobardes era, después de todo, la fuerza de voluntad para seguir viviendo. Para mí los suicidas eran los más valientes, podían sentir la muerte cerca y aun así negar su miedo, solo para acabar con el dolor.

Quería evitar una discusión en mi cabeza por lo que, hacía tiempo, había concluido algo que mi mente pudiera aceptar “Estoy enfermo, y algún día, eso me matará”, era lo que siempre me decía a mí mismo, sin tener que negar mi miedo ni aceptar seguir viviendo. Naturalmente el cambio del ciclo final (que no controlan las pastillas) provocaría mi muerte; pero en ocasiones, quería acelerarlo, ver si sería la migraña final sin interrumpirla con el DRZ-34. De ese modo me ahorraba un conflicto: moriría por la enfermedad, después de todo.

En muchas ocasiones me preguntaba a mí mismo “¿Qué es lo que hago?” mientras veía todo a mi alrededor: la eterna huida, los rutinarios viajes, la dependencia a las pastillas, el cansancio por el sueño, el dolor de cabeza, las insoportables migrañas. No veía realmente un buen motivo para seguir intentándolo. Mi familia estaba bien y yo era distante. Mis amigos estarían bien sin mí. No sería recordado en ningún lugar. “Si desapareciera justo ahora ¿Qué cambiaría?” era lo que siempre me intrigaba después, aunque siempre llegaba a la misma conclusión egoísta “Yo dejaría de sufrir”. Y eso no estaba mal realmente. Yo me sentía como un hombre sentado en las vías de un tren, que siempre saltaba antes de que este le pasara por encima, cayendo en un barranco rocoso hasta otras vías, donde repetía el proceso, esperando que esa vez, el tren por fin llegara antes. Yo me sentía así y, sin embargo, sentado en el banco esperando la migraña, lograba invadirme un temor infantil. Supongo que me asustaba el no saber qué dolor me esperaba si lo dejaba continuar. Faltaban dos minutos. Di un largo suspiro, cerré los ojos y recosté mi cabeza en el banco.

- Sabes, no es común ver a alguien por aquí a esta hora- abrí los ojos y miré a mi lado. Ahí estaba la chica de cabello rojo, sentada con los pies sobre la banca, fumando un cigarrillo.
- ¿Qué haces aquí? - pregunté por inercia, con un impulso de preocupación por su presencia. Temía que quizá interviniera cuando la migraña llegara “aun así, ¿cómo podría evitarlo?” pensé luego, notando lo innecesario de mi pregunta.
- Disculpa. Creí que este era un lugar público- dijo con toque sarcástico- Oh, espera, es la plaza si mal no recuerdo- se levantó con molestia infantil y se acercó a la fuente. Tuve un leve impulso de levantarme y disculparme, pero en cierto modo también me sentía molesto “¿Por qué actúa de ese modo? ¿Es la misma chica que conocí en el café? ¿Acaso es bipolar?”, me preguntaba mientras la veía fumar, absorto por el humo que se mezclaba con el gélido invierno. Suspiré y bajé la mirada, ahí lo noté: eran las 3:05 a.m. y la migraña no había aparecido. Ni un pequeño atisbo. El dolor se mantenía constante. Irónicamente, en lugar de sentirme tranquilo, estaba completamente nervioso “¿Qué pasó? ¿Cómo pudo desaparecer de repente?” trataba de analizarlo, encontrar un posible cambio. No podía ser tan simple, algo tenía que haber cambiado. Las migrañas siempre habían estado ahí, no podían simplemente desaparecer. Intenté pensar en todo: el viaje a París, Réve, la fuente, la cafetería. Nada fuera de lo que siempre veía. Levanté mi mirada y la contemplé de nuevo, fumando mientras tocaba con sus guantes el hielo “¿Acaso es posible que...”


#11

Capítulo 4: Migraña

...sea ella? Soltó una bocanada de humo y se giró hacia mí. Yo desvié la mirada al suelo y me encontré con mi pie temblando. Respiré hondo y traté de tranquilizarme un poco “No, eso no tiene sentido” pensé con un poco más de claridad, mientras ella arrojaba el cigarro a medio acabar a la fuente, se cruzaba de brazos para protegerse del frío y posaba su mirada en el cielo “Una persona no podría producir un cambio semejante. No biológicamente. Y si no es biológico ¿Cómo podría acabar con mi migraña? No tiene sentido”.

Comencé a revaluar mis opciones, todo aquello “anormal” de ese día. Me recosté y suspiré un aire frío. Ella suspiró también. La vi, y casi pude sentir su cansancio. “El café...” lo había descartado porque, a pesar de tener un sabor único, no se alejaba de ser un café. No había nada extraño en él. Sin embargo, quizás tenía un “componente” imperceptible que de un modo u otro hacía “desaparecer” las migrañas. Incluso pensé que no lo había notado porque lo tomé horas antes de la migraña y el “componente” seguía en mi sistema para cuando llegó. Era una idea rebuscada, pero sin duda más lógica que la anterior. Lo único que debía hacer era tomar el café antes de las 3:00 p.m., pero evitando completamente a esa mujer.

Recostado contra el banco me sentí extraño. Había pasado mucho desde la última vez que era libre de la migraña, sin recurrir a esas malditas pastillas. No me sentía así desde que tenía trece años.

- ¿Qué estás mirando? - dijo exaltada mientras me lanzaba una mirada acusatoria. Me conmocioné un poco. Estaba tan absorto en mis pensamientos que no me había percatado que llevaba viéndola por lo menos diez minutos- Deja de mirarme así. Pareces un pervertido.

Cuando finalmente entré en razón, aparté la mirada. Sentí el impulso de levantarme, acercarme y disculparme. Incluso consideré presentarme y preguntarle su nombre. Pero concluí que realmente no tendría mucho sentido hacerlo, menos en esas circunstancias. Me levanté con la mirada abajo, puse mis manos en los bolsillos y simplemente me fui. Supuse que reaccioné nervioso y luego pensé “si tuviera que estar cerca de ella para evitar las migrañas, después de esto sería imposible” y me sentí idiota. Quizás no fue mi mejor decisión “aun así, tampoco suena como una buena idea”.

De camino a casa hice varias paradas y esperé un momento, solo por si la migraña aparecía de repente mientras conducía, como un simple retraso. Pero nunca llegó. La carretera estaba vacía, apenas se veía un alma pasar y perderse en la oscuridad de la noche. En una ocasión, salí un momento a tomar un respiro y miré hacia arriba, captando la imagen de las estrellas, visibles por la falta de luz en el camino. Sentí una tranquilidad extraña. Mi dolor de cabeza no se había ido, pero no había cambiado; y eso me hacía sentir... diferente.

Al abrir la puerta de Réve me encontré un silencio ensordecedor, en medio de una oscuridad profunda. Sin duda no era la primera vez que estaba en una situación como esa. Nunca había llegado ebrio a la casa de mi madre como adolescente, pero “esto” ya lo había intentado antes. Muchas veces, sin ningún resultado. Sin embargo, seguía siendo dificultoso cargar el peso del despertar. Subí las escaleras y capté una luz suave, proyectada por la luna a través del ventanal. Me detuve un momento frente a él y pensé “incluso si desaparecen por la chica... ¿estaría eso mal?”

- Parece que volvió antes de lo que debería, ¿pasó algo? - preguntó Buter a mi lado. Era por mucho más cauteloso que yo. Iba en pijama y sostenía una taza de café en sus manos.

- Sí...-respondí- algo sumamente extraño- recordé en un momento todo, aun tratando de aceptar la idea. Hasta ese momento, todo parecía un vago sueño.
- Señor...-dijo después de un breve silencio- sé que fue a intentarlo de nuevo, pero... ¿acaso tomó algunas píldoras de la mesa mientras dormía? - las sacó de su bolsillo y me las mostró. Las miré cansado. Como si fueran una enfermedad que quisiera arrancar de mi cuerpo- sabe bien lo que pasa si las toma antes de que...
- No, Buter. No lo hice. Y créame, no dejaré que ocurra un incidente como ese de nuevo.
- Son las 3:45 a.m.- dijo viendo su reloj de bolsillo- y usted está de pie aquí, sin haber tomado las píldoras ¿cómo superó la migraña? - sonreí levemente, como si estuviera disfrutándolo realmente.
- Eso es lo sumamente extraño.

Buter sirvió más café, y comenzó a llover. Después de un rato de contarle todo y ponerlo en mi situación, se levantó y empezó a preparar un poco más, aunque yo aún no terminaba el mío.

- Entonces...-dijo poniendo el agua caliente sobre los granos- la posible solución ¿está entre el café y la chica?
- Así es- contesté fijándome en el vapor que salía de la taza, adherido a un aroma cálido y suave- Aunque realmente espero que sea el café.
- Ninguna de las dos opciones tiene mucho sentido.
- Pensé lo mismo, pero...de igual forma mi dolor tampoco- contesté de inmediato, a pesar de que era la primera vez que lo veía de esa forma.
- ¿Y planea tomarlo sin que ella esté ahí?
- Sí
- ¿Cómo? ¿Sabe sus horarios? - dijo en un tono un tanto burlón, como si la idea le pareciera ridícula. También fue la primera vez que lo vi reaccionar así.
- No, usted entrará. Si no la ve, yo iré; y si la ve, pedirá un café para llevar y me lo entregará en la plaza- Tomé un poco de café. Buter pareció ponerse un poco nervioso. Estuve a punto de preguntarle si le pasaba algo, cuando empezó a hablar.
- ¿Y cómo sabré quién es? ¿Conoce su nombre?

Me sentí idiota de nuevo “¿Por qué no le pregunté su nombre?” Era algo realmente simple “¿Acaso estaba distraído?” Recordé la sensación de nervios y pensé que quizá había sido por eso.

- No, pero es fácil de distinguir. Es la única de cabello rojo y ojos claros- dije finalmente, con la imagen de la cafetería en mi mente. Siempre prestaba atención a esos detalles, ella era la única en ese lugar que se veía así.
- Está bien- dijo en tono cansado. Hacía tiempo me hubiese sentido mal y culpable por mantenerlo despierto; pero ya no parecía preocuparme realmente. Él decidía hacerlo, y esa era su vida. Ahora solo le devolvía la misma mirada. Sin embargo...
- Ve a dormir, Buter. Aún es muy temprano- Podía intentarlo.
- ¿Y usted que hará, señor?
- Supongo que divagaré un poco en la biblioteca. Quizá lea o escriba algo- Asintió y se retiró. Yo terminé mi café viendo la tormenta, dejando que los sonidos de las gotas de agua vibraran en mi cabeza. Amaba el frío envolvente de ese clima, pero odiaba el sonido que provocaba. A veces deseaba que lloviera en silencio, conmigo en medio de la lluvia, sintiendo el tiempo desaparecer. Era muy poco frecuente, casi nulo, que dejara a esa fantasía entrar en mi mente.

Sentado en el sillón, volví a pensar en todo con más claridad al sentirme un poco más despierto. Por un momento me pregunté “¿Y cuál es la diferencia entre “esto” y el DRZ-34?”. Había un detalle con las píldoras y era que debía esperar a que la migraña empezara para poder usarlas, sintiendo como el dolor incrementaba repentinamente. En “esto” no. La migraña simplemente no empezaba nunca. Podría no ser una diferencia muy grande, pero lograba algo que el DRZ-34 no “¿Y si eso no es lo único que podía hacer? ¿Y si podía evitar la migraña final?” de ser así, podía hacerlas desaparecer para siempre, dejándome un dolor conocido. No estaría completamente bien, pero habría sanado algo. Y, extrañamente, esa idea me entusiasmaba un poco “¿De igual forma no seguiría ligado a algo, fuera el café o la chica?”, fue lo siguiente en abordar mi mente. Supuse que lo que quería, fuera como fuera, era escapar de esa rutina, de ver esas píldoras en mi mano, esperar cada migraña, aguardar la muerte. Escapar de esa vida. Aceptaba incluso que el cambio fuera mínimo, solo un pequeño detalle diferente, incluso si las migrañas no desaparecían, incluso si el dolor aún podía cambiar hasta matarme. Solo quería que fuese distinto... entonces, viendo la lluvia caer al otro lado de la ventana, otra idea abordó mi mente “¿Y si esto solo es un error, como aquella noche en el bar?”

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 26 días

Que bueno que se le quitó el dolor.
Espero ella traté mejor en un futuro a Pat.

Muy buenas entrega <3.

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace 26 días

@phangoria. Bueno. La migraña fue "superada". Pero el dolor sigue presente... Aunque ni el mismo sabe si es así o no ¿Qué le espera entonces a Patrick?
Como siempre. Gracias por estar presente

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 25 días

Al menos ya no tiene el dolor a tal extremo.
: ( Espero pueda ser feliz.
Como siempre, gracias por la entrega.
n w n


#12

Cuando el amanecer llegó, yo seguía atrapado por el espaldar del sillón, mirando el fuego en el cielo. Buter procuraba buscarme una vista así cada vez que buscaba un lugar. Para muchos, esa imagen solo cabe dentro de la palabra “bello”. Pero para mí, solo podía ser la mezcla entre un inmenso sentimiento de paz, y el anuncio de una gran tragedia. Eso en sí mismo era el mundo. Me recordaba a una frase que había leído en un libro hacía mucho:

“Los instantes felices, tan fugaces e imperceptibles
siempre son arrebatados por una realidad
trágica”
Dennis Moth

Solo la había visto una vez en mi vida, pero podía recordarla perfectamente. Esos eran todos los seres humanos en realidad, en cada momento de sus vidas, desesperados por creer que eran “felices”, fuera ignorándolo todo o mintiendo al respecto. Todos intentando ser distintos. Todos creyendo ser reales. Era la única frase que valía la pena recordar y, aun así, nunca pude descubrir en qué libro estaba. En realidad, nunca pude recordarlo. Intenté buscarlo, pero el autor y cualquier copia o ejemplar desaparecieron “Ni siquiera creo que ese sea su verdadero nombre” fue lo primero que pensé. Ahora solo era una frase perdida en mi mente.

- Buenos días- dijo Buter al abrir la puerta. Parecía extrañamente emocionado
- Es un poco temprano para haber dormido tan poco ¿no lo cree?
- Estuve pensando en algo. Lo discutiremos en el desayuno- realmente no tenía mucha hambre.
- No me lo dirá hasta que baje a comer, ¿verdad? - dije levantándome y saliendo por la puerta mientras él asentía con una sonrisa.

A veces me preguntaba por qué se preocupaba tanto por darme una vida normal, tratando de ocupar mi mente con trivialidades como “ella captó su atención” o cosas así. No sabía por qué actuaba de ese modo con un completo extraño que conoció en un bar una vez, le describió una condición extraña y le pidió que cuidara su dosis. Una persona que siempre era distante y reservada, a la que apenas conocía ¿Por qué tratar a alguien así, como si fuera tan cercano? Hubo una vez que quise preguntarle, pero cuando inicié el tema algo en su mirada reflejaba una respuesta oscura, difícil y terriblemente real. Me conformé con actuar acorde a sus peticiones. Al fin y al cabo, no tenía nada que perder.

- ¿Qué encontró? - pregunté una vez le di una mordida a uno de los sandwiches. Apuesto a que sabía bien, pero no creo haberlo disfrutado. No lo recuerdo, realmente.

- ¿Sabe qué día es hoy?
- Es sábado
- Bien. Estuve pensando en que usted debería ir por el café directamente.
- Pero ella podría estar ahí...- dije con aire de obviedad. Eso él ya lo sabía. Sin embargo, sonreía como el que tiene la razón.
- No lo hará. Estuvo en una plaza a las 3:00 a.m. un viernes ¿A dónde cree que fue después de eso? ¿A casa a tener un sueño apacible? - de cierto modo me molestó un poco, y él pudo percibirlo en mi mirada. Fue directo al punto- probablemente este sea su día libre y ayer salió a divertirse.
- Probablemente- le recalqué, levantándome de la silla con el café en mi mano- no puedo actuar bajo probabilidades ahora, Buter. Necesito saber la verdad rápido.
- ¿Por qué necesita saberlo con tanto apuro? Apenas llegamos a París.

“Porque ayer iba a morir y no lo hice” pensé, conteniendo la molestia. Solo quería saberlo. Necesitaba saberlo. Lo más pronto posible. Sentí algo de ansiedad, y cuando me di cuenta apretaba con fuerza la taza de café. Incluso sentí un leve temblor en mi mano. Hacía mucho que no me sentía así, no desde mi primer día en Hartin, o desde la primera vez que entré al laboratorio y trabajé con Sussan, Carl y Bob para investigar el DRZ-34.

- Solo quiero que así sea- respondí con dificultosa serenidad. Hubo un leve momento de silencio.
- ¿Y si no es el café, sino la cafetería? - preguntó volviendo al tema de conversación, mostrando el punto al que quería llegar. Comenzó a comer despacio, mientras yo aceptaba la idea.
- ¿Cómo podría serlo? - pregunté volviendo al asiento.
- Ayer presentó dos eventos anormales que pudieron acabar con la migraña: el sabor del café de
L'arome du livre y el peculiar encuentro con la chica. Pero, a su vez, la misma cafetería era diferente en sí ¿No cree que algo en su ambiente pueda ser una tercera opción?

Una idea más rebuscada y absurda que la del café, y con mucho menos sentido. Parecía como si Buter quisiera evitar ir a la cafetería por mí. Sin embargo, tampoco podía descartarla. “Una pequeña probabilidad, pero que puedo poner a prueba justo ahora” pensé, aunque seguía pareciéndome extraño.

- Lo entiendo, pero...
- Realmente no creo que ella vaya. Aun así, estaré afuera y le avisaré si la veo aproximarse. Esté usted en la barra cerca a la entrada. Seré viejo, pero aún puedo ver bastante bien.

Sonrió de nuevo. Realmente me parecía un plan ridículo y sumamente arriesgado, pero si por alguna razón era la cafetería y no una de las otras dos opciones, y yo estaba dentro entonces no sentiría ese dolor. Y no quería, no.

- Tendrá entonces que estar ahí antes de las 3:00 p.m.. Tome- me entregó dos pastillas de DRZ-34- en caso de que estemos equivocados.

“Equivocados” esa última palabra devolvió aquella idea bloqueada a mi mente “Tal vez no funcione... tal vez solo es un sueño...” la imagen de mi cuarto empezó a formarse como un recuerdo pero la interrumpí rápidamente, sustituyéndola por una amarga esperanza. Miré las pastillas y sentí la garganta seca.

- Todavía es muy temprano para dármelas, ¿no lo cree?
- Es mejor estar preparados.

No recuerdo lo que hice las siguientes horas después de eso. Solo sé que estaba sumamente aburrido. Intranquilo. Esperando ansiosamente el momento de irnos. Recuerdo haber estado en el sillón, dejándome ir lentamente en mi mente. Para cuando me di cuenta intenté parpadear, pero al abrir los ojos me encontré con mi viejo cuarto, cuando era niño.
Cualquier otra persona estaría confundida, yo tan solo me levanté de la cama y aprecié el lugar. Todo en su mayoría era viejo y estaba sucio. El suelo tenía una tabla levantaba que rechinaba siempre al caminar sobre ella, el desordenado escritorio estaba desgastado (incluso agrietado), al armario le faltaba una puerta y con el colchón de mi cama podía sentir las tablas al recostarme. Era un asco, ciertamente. Pero al menos tenía una ventana... por donde entraba apenas un poco de luz. La luna estaba cubierta por nubes y el farol se estaba fundiendo. Incluso todo afuera parecía un desastre.

- Patrick- dijo mi madre tocando la puerta- la cena está lista.
- Iré en un momento- contesté, luego me dirigí a mi escritorio y vi el calendario. Taché el final del día. Lunes 4 de mayo. Podía recordar perfectamente dónde estaba, aun en ese estado inconsciente: había pasado una semana desde que el dolor había comenzado.

Salí de mi cuarto y ellas estaban en la sala. Mi madre y mi hermana, con la cena lista, esperando por mí.

- Está todo listo- dijo Amber con una sonrisa a la que yo correspondí.
- Huele delicioso- dije tomando asiento en frente de mi madre. Lo decía en serio, y no me molestaba. Ni se sentía forzado.

Todos comenzamos a comer con extrema tranquilidad. En silencio. Para ese instante, esa calma me agradaba “Entre menos piense, menos duele” era lo que yo creía. Y evitaba hacerlo lo más posible. En una conversación intentaba ser directo y seco, pero bajo una máscara de cariño y bondad, para que no notaran que algo andaba mal.

- Es grato poder disfrutar la cena sin interrupciones- dijo mi madre tomando un largo suspiro. Más de tranquilidad. Desahogo. Ellas al fin eran libres. Sin embargo...
- Es mejor que no lo menciones, mamá- dijo Amber con seriedad- sabes donde terminará la conversación. Es mejor que lo olvidemos y sigamos con nuestras vidas- comencé a sentirme extraño. Una sensación en mi mente. Como si alguien golpeara levemente mi cabeza con una pica.
- Querida, tú y yo sabemos que no es algo posible de olvidar. Debemos afrontar la situación y ser más fuertes. Pero no podemos simplemente ignorar que pasó...
- No tienes idea...- Amber comenzó a alterarse y se levantó bruscamente- ¡No tienes idea de cómo quiero que todo desaparezca! - gritaba enfurecida- ¡Todas y cada una de las veces! ¡Todos y cada uno de tus llantos! ¡Todas las veces que obligó a Patrick a ver! ¡Las heridas y los gritos! No tienes idea...- empezó a perder la voz en el llanto que intentaba retener- de cómo, simplemente, quiero ignorar que todo pasó- la sensación volvió, con un poco más de fuerza.
- Todo lo que pasó...- mi madre también sollozaba- ¡es mi culpa por no haberlo enfrentado! Lo siento, de verdad. Soy una inútil. ¡¿Qué clase de madre soy si no puedo proteger a mis hijos?!- el siguiente golpe parecía quebrar algo y me llevé la mano a la cabeza. Ellas lloraban, intentando retener el dolor, mostrar fuerza. Intentando no quebrarse frente a mí. Intentando volver a ese estado tranquilo de hacía minutos. Todos intentos fallidos, porque ellas ya se habían quebrado.
- Aún no lo entiendo...- dijo Amber con la mirada hacia abajo- después de todo lo que nos hizo simplemente se fue ¡¿Por qué?!¡¿Por qué no nos mató de una maldita vez?!- la cuarta vez lo liberó. Un estallido de dolor en mi cabeza, viniendo de todas partes de forma frenética. Me levanté cubriendo mis oídos y corrí a mi cuarto, sin siquiera percatarme si me habían visto. Cerré la puerta y estalló de nuevo, dejándome en el suelo, sin entender qué sucedía o por qué “¿No era ya suficiente?” Quería que parara. Lloraba y lanzaba gritos ahogados a una habitación oscura, sintiendo como mi mente se fragmentaba en pedazos. “¡¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?!” golpeaba mi cabeza y el suelo. Me arrastraba y retorcía, aun gritando, esperando que algo de eso me ayudara. A la media hora me rendí, y simplemente lo sentí por todas partes, hundiéndome en la oscuridad de mi cuarto. Cuando abrí los ojos estaba recostado en el auto, de camino a la plaza, paralizado. Me había quedado dormido.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 24 días

Pobre Pat bebé u.u <3
Mira que tener esas pesadillas.

: c ojalá se le quite el dolor pronto.

Muy buena enrega, como siempre sabes darle el toque de alto impacto, me intriga el orígen del dolor del protagonista, es evidente que el suegr..digo su padre tiene la culpa.

@ThanderostMinder

Espero te encuentres muy bien .

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 23 días

Es que el suegr..digo el Papá fué bien maltratador.
Tal vez el dolor sea una especie de trauma o algo más.
Y claro que cuentas conmigo <3.
Mucho ánimo para la siguiente entrega : ).

@ThanderostMinder


#13

- ¿Cómo se siente? - me preguntó Buter cuando llegamos a la entrada del lugar. Sinceramente, no me había parado a considerarlo.
- No lo sé... un poco extraño- Era una sensación difusa, como la que se obtiene al combinar dos ideas contrarias. Por un lado, aún mantenía esa “esperanza” de que fuese real. Esa ilusión de libertad. Pero, en el otro lado de mi mente, la idea de que perdía el tiempo no dejaba de latir. Ese lado se hacía más fuerte a medida que me acercaba a la entrada.
- Bienvenido- Me recibió un viejo al otro lado de la barra, vestido con el delantal verde oscuro de la cafetería. A juzgar por su situación, concluí que era el dueño del café- ¡vaya!..el turista de ayer. Parece que sí le gustó el café.
- ¿Me recuerda? - realmente me sorprendía que me recordase. Como yo lo veía, olvidar un rostro era lo más sencillo en un mar de caras nuevas. Todos los días. Todos corriendo en diferentes direcciones. Incluso mis recuerdos sobre Sussan, Carl y Bob tenían rostros borrosos. Perdidos en algún lugar de mi memoria.
- Claro que sí. Me es difícil olvidar lo que me parece interesante. Usted entró ayer y miró alrededor, capturando y buscando, luego se dirigió a una mesa. No se percató de las personas al frente. Ni siquiera de aquella que lo saludó.
- Lo siento
- No se preocupe. Usted debe ser así. Un hombre de pensamientos. ¿Un café?
- Sí, por favor- me senté en la barra y esperé a que volviera. La verdad parecía agradable, y su forma de expresarse me recordaba a Buter. Cuando el encargado volvió traía la máquina de café y comenzó a prepararlo en frente mío.
- El café es como la mente- empezó a decir- si agrega demasiada azúcar su encantador sabor se verá sobrepuesto- veía como agregaba el agua caliente, absorto por el vapor que emanaba- pero si agrega demasiado café y poco azúcar terminará muy cargado, lo que será sin duda peor. Una buena cantidad y buena calidad del café hacen la diferencia- dijo mientras lo servía en la taza- disfrútelo.

Parecía que tenía la característica de leer a otros, o creía tenerla. En realidad, tenía razón. Pero era algo que no podía evitar. Los pensamientos estaban ahí. Siempre. Intenté deshacerme de ellos, cambiarlos, disminuirlos; pero no lo logré. Intentarlo fue más una molestia que una solución. Aceptar vivir pensando fue menos tedioso. Aunque fuese cansado, era la mejor opción. Tomé la taza, sintiendo el calor en mis manos. Miré la hora en el viejo reloj del lugar: faltaban cinco minutos para las 3:00 p.m.

Lo bebí despacio. Saboreándolo. Dejándome envolver por un entorno tranquilo, vacío. No me di cuenta de que había cerrado los ojos hasta que los abrí, encontrándome solo en la cafetería, aún con medio café en la taza. Lo disfruté en silencio, sintiendo cómo todo desaparecía. Si ese viejo no sabía de lo que hablaba, al menos si sabía hacer café. Un excelente café.

La puerta se abrió y el lugar se inundó por el sonido de la campana. Me giré sorprendido para ver quién era, pero no había nadie ahí. De hecho, la puerta permanecía inmóvil, como si nunca nadie la hubiese abierto. Me paralicé y sentí frío. Entonces alguien susurró algo a mi oído y, antes de poder entenderlo, la migraña había empezado y yo gritaba dentro de la cafetería.
Era más fuerte, como aquella vez en el bar. Me levanté bruscamente para buscar las píldoras, y cuando las tenía en mi mano la migraña estalló de nuevo. Se me cayeron, aunque no entendí cómo. Tan solo me arrojé al suelo para buscarlas. Estaba desesperado, ansioso y confuso. Como alguien que de repente se hubiera quedado ciego, buscando la luz que solía ver. Entonces el dolor comenzó a disminuir y miré hacia arriba.

- ¿Estás bien? - Ahí estaba ella. De pie, justo frente a mí, eliminando la migraña. No había duda, aunque fuera ilógico. Ella era la causa- ¿Sientes que puedes levantarte?
- Sí... gracias- respondí poniéndome de pie y sentándome en la barra. Cuando me di cuenta, las miradas de todos en el lugar estaban sobre mí.
- No hay nada que ver aquí. Sigan con lo suyo- dijo la chica a todos, en un tono tranquilo, pero a la vez serio. Se sintió un poco extraño. Como si fuese un niño que necesitaba protección. Todos apartaron la mirada y siguieron su vida- Ya está... aquí tienes- me dio un vaso con agua y unas aspirinas, aunque realmente no las necesitara.
- ¿No quieres saber que fue eso? - pregunté, y de inmediato supe que fue estúpido. Ni siquiera sabía qué responder si ella decía que sí. Ni por qué la había hecho en primer lugar.
- No es necesario. A todos nos pasa algo ¿No? - la forma dulce, tierna y amable con la que hablaba no se parecía en nada a la noche anterior. Tampoco parecía recordarme, a pesar de haberme llamado pervertido. Llegué a pensar que tenía una doble personalidad, pero, extrañamente, eso me parecía normal.
- Sí... supongo que es así- contesté. Ella sonrió de nuevo. Luego se levantó, quizá para continuar con su trabajo. Puso su mano en mi hombro y dijo:
- Sea lo que sea que te pase, puede mejorar, y lo hará. No te preocupes.

Y entonces lo recordé, lo que pasó justo después de la primera migraña, cuando salí de mi cuarto a la sala. Cansado. Viendo como mi madre lavaba en la cocina y a mi hermana leyendo en el sofá. Apenas se dieron cuenta de mi presencia me lanzaron una mirada compasiva, más del estilo culpable de causar dolor, con la que miras a alguien que sufre. Ambas pensando en qué decir. Creían que me había ido y llorado por la discusión. Era la excusa perfecta, que no era necesario mencionar. No salí a la sala, tan solo apoyé mi mano en la franja donde se supone había una puerta.
- Lo peor ya pasó- comencé a decir- no tenemos por qué sufrir más. Se acabó. Se fue. Ahora todo puede mejorar para nosotros y verán que, con el tiempo, lo hará- y así sellé el trato. No debían darse cuenta nunca. No debían volver a llorar. Ya no tenían que sufrir “Lo solucionaré solo...” pensé, aceptando ser el único que sufriera, siendo todo lo que ellas necesitaban “Por ahora me basta con que ellas estén bien”. Me sentí incluso un poco motivado al pensarlo. Consideré... no, creí, que yo también iba a sanar.

Y al verla ahí de pie frente a mí, sirviendo plácidamente una taza de café, una idea cruzó mi mente en un susurro “Ahora puedo sanar”. Ahí estaba mi camino, aunque no supiera aún cómo acercarme o verla a las 3:00 a.m. “¿Irá siempre al mismo lugar a esa hora?”, me pregunté, y fantaseé un momento con una vida sin las migrañas. Ahí, en París. En esa cafetería. Podría vivir. Aunque fuera un poco diferente. Aun si no podía rechazar las migrañas finales. Me recosté un momento y suspiré, descansando, incluso con una leve sonrisa.
Entonces, en ese pequeño instante, un aire frío pasó por mi cuello, como si alguien hubiese suspirado detrás mío. Y otro susurró llegó, con la voz de un recuerdo lejano: “Ahora yo te sigo a ti”.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 21 días

Bueno , lo trata dulcemente porque es el Cliente.
XD, igual pienso que debería ser linda con el, siempre.
Oh pat mas.
Saludos @ThanderostMinder , muy buena cajita y ten un buen fin de semana.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 21 días

When se corta mi comentario de amor
Ahora me quedo pensando si la migraña es algo mas bien psicológico y no físico.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 21 días

Yo lo que haría sería cubrirlo con una mantita y darle masaje en la espalda esperando que se relajara para que el dolor pasara.
Mencionaría ver una película o algo pero creo que eso empeoraría el dolor XDDD.
@ThanderostMinder


#14

Capítulo 5: Si se le puede llamar amigo

Y Dennis Moth tuvo razón, de nuevo.
Me petrifiqué, invadido por un temor inexplicable. Era una sensación antigua, enterrada. Como si fuera la primera vez que sientes miedo. Una anciana frente a mí me lanzó una mirada extraña. Debía estar pálido. Fue en ese momento cuando, recordando lo que era el verdadero temor, pude calmarme.

Suspiré. Ahí sentí los ojos cansados y me percaté del dolor de cabeza. Era ligeramente más fuerte que antes. La mesera continuaba su labor con una sonrisa y la miré con lástima. “...a ti, que piensas y sufres” resonó en el fondo de mi cabeza. Dennis Moth y su pelea contra la ilusión del mundo se hacía presente... Después de todo, esa era mi realidad. Yo estaba enfermo. Y era perseguido. Ambas situaciones no tenían origen ni sentido, pero el resultado iba a ser el mismo: Yo iba a morir.

No podía perder el tiempo soñando algo así. No me quedaría en París. Mucho menos cerca de esa mesera. Todo podía ser un error, después de todo. Dos fallos seguidos que yo fuertemente exageraba desesperado por cambiar mi realidad. Es gracioso de cierto modo. Me gustaba, dentro de lo poco que me lograba interesar, pensar que era diferente a las demás personas; pero, al final, me engañaba casi tan fácil como ellos. La diferencia era, quizás, que mis mentiras no duraban mucho.

Buter estaba afuera. No observaba el interior. Tan solo se quedó de pie mirando la calle como si fuera un día normal. Eso me pareció un poco extraño, pero no le di importancia. Aun si se la hubiera dado, no creo que cambiara lo que pasaría después. O tal vez sí. No lo sé muy bien.

Me levanté de la butaca para dirigirme a la salida.

- ¿Se va tan pronto?- Preguntó el anciano detrás de la barra mientras limpiaba tranquilamente un vaso de cristal.
- Me temo que sí- contesté- Hay algo importante que debo atender.
- Lo entiendo. Pero, ¿me permite darle un consejo?- Asentí. Era más fácil que discutirlo, lo diría de igual forma- Nunca había visto a alguien tan cansado, pero sé que todos lo están por la misma razón - tomó una pausa mientras dejaba el vaso de cristal y tomaba la jarra de agua caliente- sea lo que sea que retenga en su cabeza, es mejor afrontarlo que dejarlo crecer masivamente. Las personas sufren porque mienten, y mienten porque temen sufrir- dijo mientras vertía el agua en el café, emanando un intenso vapor de exquisito aroma.
- Lo tendré en cuenta- dije, aun sabiendo que no funcionaba en mi caso. Su actitud me recordó a alguien; pero, a diferencia de él, no sabía por qué se interesaba en decirme algo así. Al fin y al cabo, no importaba. Yo sufría por una razón completamente diferente.

Me giré a la puerta y, justo antes de salir, miré por última vez a la mesera, cuando estaba distraída. Ella se percató y me devolvió una sonrisa. No solía importarme ese tipo de cosas, pero, sin duda, era una bella sonrisa. No era la misma que la que vi cuando repartía café. No. Esta era diferente. Real. Era la sonrisa, de una persona triste.

- Sabe, no tiene mucho sentido que estuviera ahí después del viernes en la noche- dijo mientras cerraba la puerta. Era el cuarto comentario al respecto. Supongo que era su forma de excusarse ante sus errores.
- No todos los humanos se comportan igual, Buter. Usted sabe bien eso- “Aunque todos tienen el mismo objetivo”, pensé, mientras ponía el abrigo en el perchero y le extendía mi mano a Buter. Me miró extrañado - Las de esta noche…
- Eso significa que… ¿No funcionó?- preguntó nervioso, sosteniendo las píldoras en su mano.
- Fue un capricho. Usted bien sabe que algo así no puede existir- respondí tragando saliva. Desde que había salido del café sentía la garganta seca- Deme las pastillas.

Buter me las entregó dudoso, pero parecía tranquilo. Las guardé en mi bolsillo derecho y me di la vuelta para subir las escaleras. Era sábado, después de todo.

“Estaba perdido. Angustiado. Sintiendo la cabeza
increíblemente pesada por la ausencia de sueño,
con unas ojeras tan marcadas, sumadas a su palidez,
parecía un ser anémico, con apenas una oportunidad para
mantenerse en pie. Llegaba al límite.

Su increíble teoría de convertir la mente en datos y enviarlos
a través de la luz era fuerte. Pero carecía de algo. Siempre había
un fallo en la transcripción de recuerdos. Y, después de todo,
sin memoria no valdría la pena viajar. Pero sin viajar no valdría la pena vivir”

Levanté mis manos temblorosas del teclado. Tuve que esforzarme un poco más esa vez. De alguna forma, me sentía más cansado que antes. La esquina inferior de la pantalla anunciaba que eran las 6:00 p.m. Suspiré. Otro autor ocasional, cuyo nombre realmente no recuerdo, una vez mencionó que:

“Un hombre libre, bajo la falsa ilusión de libertad, lo es solo cuando
vive sin vagas promesas”

Hubiera sido bueno recordar quién era. Debía responder el correo de Amber, por más molesto que fuese mantener tal fachada. De un modo u otro, también debía ver que el acosador no estuviera cerca. Como siempre, la bandeja tenía dos correos nuevos. Abrí el de ella primero:

“Patrick. Hola. ¿Cómo estás?. Lamento no haberte
escrito la semana pasada, he estado muy ocupada últimamente.
Pero si todo sale bien, pronto traeré buenas noticias. Preguntaste
por mamá. Bueno. Ella ha estado bien. Todo sigue normal por aquí.
¿Cómo está Suecia? ¿Qué hay de nuevo?”

Amber Hendless

Más allá de todo, me alegraba un poco que pudieran estar bien. “Buenas noticias…” pensé. Parecía que habían podido vivir bien, aunque yo me hubiera ido.
Aunque no supieran nada de mí. En ese momento ya lo había aceptado. Darles mentiras por su felicidad era lo mejor que podía hacer, aun si Amber no las creía del todo. Aun si había resentimiento por lo que hice. Al fin y al cabo, mi existencia pasaba a segundo plano, y ellas finalmente podían vivir sin pensar en el dolor de alguien más. Era como un bello sueño.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 18 días

: c Pat yo quiero que seas feliz <3 I love u.
Como siempre me gustó mucho la cajita.
Como va avanzando todo.
Ten una bonita semana @ThanderostMinder
Y gracias por una nueva entrega.


#15

El otro correo, por otro lado, no estaba obligado a responderlo. Pero era un caso particularmente distinto:

“No dijiste nada respecto al anterior mensaje,
por lo que supongo he acertado en algo. Podemos
discutirlo cuando nos veamos. Estaré llegando para las 2:00 a.m.
¿Podrías venir a recogerme al aeropuerto?”

Jeff Williams

Era una molestia, sin duda. Pero no tenía realmente algo qué hacer, y hablar con Jeff siempre era interesante. Desde que nos conocimos en Hartin, podría decir que es la única persona que se ha acercado a entender mi mente. Al menos un poco.

La primera vez que nos vimos fue en la biblioteca de la universidad. Creo que era viernes, pero de seguro eran las 4:00 p.m. Había decidido ir después de la migraña para evitar llamar la atención. En ese momento, disfrazarlas era realmente complicado, por lo que procuraba mantenerme solo y moverme en horarios donde no llegara a “afectarme”.

Estaba sentado en uno de esos pocos espacios de lectura al fondo de la biblioteca. Era una zona descuidada, donde se filtraba un poco la humedad y se mantenía fría. Un asco, ciertamente. Pero los asientos eran cómodos y, principalmente, siempre estaban vacíos.

Leía un libro titulado, "De los estímulos en redes neuronales", de Gisele Patterson. Uno de los primeros que leí cuando empecé la universidad, y mi favorito en ese entonces. Gisele siempre fue una neurocientífica increíble, al menos para mí, por su loca propuesta del dolor espontáneo. Ella defendía la existencia de un tipo de dolor que no respondía a estímulos externos o sobrecarga física/mental, como lo son la mayoría. Tampoco era un dolor emocional. Ella misma, en uno de sus volúmenes, marcó la diferencia entre este y el psicológico. Una obra de arte.

A veces mientras leía algunos de sus libros, tenía la vaga fantasía de conversar con ella sobre eso. De pedirle ayuda. Quería pensar que podía estudiarme y sanarme, además de probar su teoría. Era un poco triste el hecho de que la única persona que podía entenderme estaba a kilómetros de distancia, en algún país asiático. Fue peor aún que, cuando podía finalmente ir a verla, ella había fallecido por una terrible enfermedad. Completamente sola. Sin que nadie más que un extraño la recordara.

Todo comenzó cuando Jeff dejó caer un libro al suelo, provocando un ruido aturdidor que vibró en la parte trasera de mi cabeza. Levanté mi mirada y por su postura parecía preocupado por eso. “Patético” pensé. Pero, cuando vi su rostro, su expresión daba a entender lo contrario. Vi el título del libro: “Psicopatología de gente realmente enferma: Dolor”. Ahí lo entendí.

-¿Cómo te llamas?- dijo al no ser capaz de leerme. Conozco ese tipo de mirada. Era una habilidad de ciertas personas para descubrir sus problemas o debilidades. Lastimosamente para él, no pudo encontrar nada mío. Yo pude ver, sin embargo, como en sus ojos despertaba el interés.
- Patrick. Patrick Hendless- el silencio de la vacía biblioteca hacía que todo sonara más fuerte, por lo que cada palabra golpeaba mi cabeza. Pero la conversación prometía ponerse interesante y no me esforcé en terminarla de inmediato.
- Un apellido peculiar ¿no lo cree?
- Supongo ¿y usted es?
- Jeff Williams. Un nombre un poco simple comparado al suyo. Pero al fin y al cabo, esas etiquetas no importan, ¿cierto?
- Quién sabe. De igual forma todos se presentan como quieren- traté de volver a mi lectura, pero Jeff se acercó a la mesa e imprudentemente tomó una silla.
- ¿Puedo sentarme?- Preguntó creyendo conocer mi respuesta y acomodándose de inmediato. Yo no dije nada.

Aunque estaba fastidiado por interrumpir mi silencio, no era tan molesto como las demás personas. Era listo. Parecía poder entenderme de cierto modo, y eso me ahorraba el tener que decir algo. Además, se veía casi tan interesado como yo en el dolor humano. Dejó su libro de psicopatología sobre la mesa y comenzó a leer otro que traía en su mochila. Un título familiar.

- ¿Por qué alguien que lee sobre el comportamiento humano salta a un tema con tan poco fundamento como ese?- pregunté
- ¿Poco fundamento? Usted lee uno de la misma autora.
- Y por eso conozco su defecto- sonrió, como si esperara esa respuesta.
- Digamos que tengo una teoría opuesta a su propuesta. Yo creo que todo dolor humano es netamente psicológico.

Y sin duda tenía razón. Yo ya lo había visto. Todas las personas reaccionaban a su entorno, creando problemas con los que lidiar para tener una motivación más de vida. Después de todo, una persona sin objetivo no está viva. En cuanto a “dolor” se refiere, era así. Sin embargo, sintiendo la presión en mi cabeza, también sabía del simple y puro dolor sin sentido.

- Bueno, ella ya expondrá las situaciones. No todo dolor es provocado.
- Encontraré la relación.
- Eso ya lo veremos.

Y así hablamos otros cuarenta minutos. Y lo repetíamos cada día. A las 4:00 p.m. Mismo lugar en la biblioteca. Con el tiempo lo consideré mi mejor amigo. El único, en realidad. No porque tuviéramos cosas en común, o le confiara mi vida, o nos ayudáramos mutuamente. Sino porque podía hablar con él sin que llegara a molestarme. Fue el primero en saber del dolor en mi cabeza, pero no llegó a entenderlo por completo. Creo que intentó ayudar. La verdad, ni siquiera cuando me acercaba en el auto al aeropuerto recordaba bien esa conversación. O su reacción. Quizás debí haberme esforzado por hacerlo. No lo volvimos a mencionar, creo que por eso lo olvidé tan fácil.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 17 días

Tiene un mejor amigo.
Me pregunto ¿Qué clase de persona será?
Entonces tal vez el dolor sea producto de sus emociones.
Saludos.
@ThanderostMinder

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace 17 días

@phangoria Bueno es ver tus comentarios. Tus teorías son bastante interesantes. Aún falta mucho para saber que pasó. Claro, en caso de que quiera mostrarlo.
Ten una buena semana...


#16

Jeff esperaba en la salida. Tenía apenas un par de maletas. Estacioné el auto frente a él y se subió al reconocerme.

- Ha pasado mucho ¿No?
- Nueve años, creo- contesté.
- Es bueno volver a verte después de tanto ¿Cómo va todo?
- Bien, está tranquilo.

Solo recuerdo que después de decirle

- Aunque pareces cansado, Patrick. ¿Sigues usando esa etiqueta?

Empezamos a vernos con menos frecuencia y a usar más el correo electrónico.

- ¿Qué más podría usar?

Hasta el día en el que me gradué y nos despedimos formalmente, siguiendo vagamente en contacto.
La niebla de madrugada se condensaba más mientras íbamos de camino a su hotel, en el centro de la ciudad.

- Algún día tendrás que afrontarlo- dijo, después de un rato en silencio- debes ver tu reflejo en el espejo y separarlo del de tu padre. No eres como él. No has tomado las mismas decisiones…- no pude evitar recordarlo en ese momento. La forma en que miraba. Su maníaca risa. La silla... sentí náuseas- ...Al fin y al cabo- me perdí parte de la conversación, de nuevo- Tú eres tú. Pero, si sigues escondiéndote, no podrás saber quién está detrás de esa etiqueta- ese tipo de preguntas realmente no me importaban- Espera, detente aquí,- dijo bruscamente- necesito unos medicamentos prescritos- me detuve al frente de un supermercado que tenía una farmacia justo al costado. Jeff y yo salimos del auto.
-Tómate tu tiempo y trae unas cuántas cosas. Quiero tomar algo de aire- le dije.

Asintió y entró sin más. Me recosté al costado del auto y miré el reloj. Un minuto para las 3:00 a.m. Alisté las pastillas en mi mano y esperé a que iniciara.
Había un cristal negro frente a mí, del edificio continuo. Ahí apenas podía ver mi reflejo iluminado por la luz. Solo pude detallar mis ojos vagamente puestos en unas pesadas ojeras. Entonces, se cruzó de nuevo la imagen de mi padre en mi mente y retiré la mirada.
Mi dolor no era inventado. Era real e ilógico. Un problema con el que no podía lidiar o distraerme. Nada que me diera un objetivo. Nada que me diera vida. La migraña empezaba. Podía sentir como palpitaba con fuerza. Miraba las pastillas. Preparado. Aun sintiendo la garganta seca. Pero se esfumó de repente y levanté mi cabeza de inmediato. La vi de nuevo. Con una triste sonrisa, movida sin entusiasmo hacia adelante, con el viento levantando vagamente su cabellera rojiza. Pasó sin siquiera notarme y yo volví a cruzarme con mi mirada. Estático.
Solté las pastillas. Después de todo, no podía seguir negándolo “Si sigues escondiéndote…” de una forma u otra, ella hacía que las migrañas se fueran. De modo apenas distinto. “...no podrás saber…” Era algo a lo que podía aferrarme, aunque no tuviera ningún sentido. Yo igual sufriría. Yo igual seguiría enfermo. Pero, si en algo podía cambiar, debía por lo menos intentarlo. Debía encontrar “...quién está detrás de esa etiqueta” a aquel que me estaba buscando.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 15 días

ʕ •ᴥ•ʔ ❤️

Espero tengas un buen fin de semana.
@ThanderostMinder

Excelente cajita. Mi amors Pat , pronto deberá enfrentar "aquello".
Aunque , quién sabe cual es el verdadero orígen de su estado.


#17

Capítulo 6: Motivos

Lograba recordar más sobre Dennis Moth de lo que esperaba. En uno de los capítulos del libro dijo que el principal error de los humanos al pensar era, sin duda alguna, el cómo formulaban sus preguntas. Y por eso siempre obtiene las respuestas incorrectas.
La pregunta no era “¿Quién me está siguiendo?” sino “¿Por qué me está siguiendo?”
- ¿Estás bien? - preguntó Jeff sin aire de preocupación. Su intención era que dejara de pensar en lo que sea que me estuviere distrayendo.
- Jeff…- comencé no muy seguro de mencionar algo que el pudiera relacionar - ¿Qué harías si alguien te siguiera?
- ¿A qué viene esa pregunta?
- Bueno, eres psicopatólogo. Solo sentí curiosidad por lo que alguien pensaría en una situación así. Leí un caso esta mañana - debía darle una excusa simple. Algo pequeño que lo distrajera – y eso despertó mi interés.
Su mirada se agudizó ligeramente. Sabía que lo hacía en cada análisis, la pregunta era si analizaba el caso o que yo se lo preguntara. Suspiró
- Bueno. Es un caso simple. No se puede cazar un fantasma que no conoces. Pero esconderse no es productivo. Lo primero sería perseguir un motivo, que pudiera hacer a ese fantasma real- Tal y como había dicho. Era bastante obvio, pero no fácil de responder ¿Por qué me están siguiendo? - La ventaja es que si alguien lo hiciese - dijo, después de un rato en silencio – estoy seguro de que habría dejado algo atrás, de otro modo ¿Cómo sabré que me siguen?
Entendía a lo que se refería, pero en mi caso eso no funcionaba. Los papeles en blanco regados en el suelo muestran la falta de interés por dejar marca. No. Más bien la falta de personalidad del autor. La carta, por otro lado, no amenazaba nada en específico, y tampoco representaba un juego. Iba directo a mí, aunque solo me definía en pocas palabras. Describía vagamente lo que pensaba de mí, pero sin un motivo de odio o ira. Decía que me seguía, nada más. La carta realmente no decía más que los papeles regados en el suelo, entonces ¿Por qué me sigue? Para matarme pero…¿Por qué matarme?
Cuando me percaté del silencio en el eco de mis pensamientos me giré a ver a Jeff. Tenía mi misma expresión y estaba en otro mundo. Me sentí nervioso de que quizá lo descubriera.

- Eh… Jeff
- ¿El caso sigue en pie? – preguntó de repente, sin cambiar de posición
- Era un fragmento de una novela de misterio – sus ojos se abrieron incrédulos. Trataba de orientarlo a un juego, de modo que pudiera arriesgarme un poco más. Quizás podía ayudarme más de lo que esperaba.
- ¿Ah sí? ¿Qué decía?
- Parecía una carta. El protagonista la encuentra en el sillón de su casa.
- ¿Qué dice?
Le redacté la carta al pie de la letra y parecía inexpresivo al respecto. La analizaba detalladamente.
- Ciertamente, es difícil encontrar una motivación en ese escrito – dijo, llegando a la misma conclusión de hacía rato – Pero, las partes “los fantasmas te persiguen” y “dejaste todo descuidado” me parecieron particularmente interesantes.
- ¿Por qué? – pregunté mientras aparcaba frente al hotel – son más como una opinión del autor de la carta. Algo simple.
- Así es. Pero, bajo esa “capa de mentiras” el acosador, si podemos llamarlo así, le dice al protagonista que pertenece a su pasado, que lo ha visto al menos una vez. No necesariamente le hizo algo malo, pero sin duda lo conoció. Y, además…- comenzó a abrir la puerta con cuidado y, con los guantes recién puestos, tomó ambas maletas y las sacó del auto, preparándose para salir – sabe algo que el protagonista sin duda olvidó – salió del auto y cerró la puerta detrás de él.
“¿Sabe algo que olvidé?” pensé, mientras veía la relación entre la palabra “olvidar” y “descuidar”, que era bastante fuerte “¿Cómo pude ignorarlo?” Entonces, esa carta cobró algo de sentido. Pero, bajo esa vaguedad de palabras ¿Qué más estaba obviando?
El toque de Jeff en la ventana me hizo volver. Pensaba que ya se había ido.
- ¿Cuál es el nombre del libro? – preguntó rápidamente, apurado quizá por entrar al hotel.
- No lo recuerdo – Asintió con la mirada fija
- Bueno. Si sabes algo más de esa historia, cuéntame por e-mail. Por favor. Logró captar mi interés.
Asentí, sabiendo lo que pretendía. Se alejó y entró al hotel sin más. De seguro no podía contarle más o se daría cuenta; después de todo, la línea entre ficción y realidad era demasiado frágil como para darle más detalles. Especialmente si era Jeff. Pero lo que dijo, sin duda alguna, era conveniente. La nevada comenzaba y yo también debía apresurarme para volver.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 12 días

ʕ •ᴥ•ʔ ❤️ Excelente entrada.
Ojalá pronto descubra al acosador.
>w<

Espero tengas buen inicio de semana.
@ThanderostMinder


#18

“Lo he visto alguna vez” Esa idea rondó por mi cabeza todo el camino. Si era así, limitaba el rango de búsqueda a mi periodo antes y durante la universidad. Pero, del mismo modo, hacía todo más difícil. De los pocos que alguna vez conocí ¿Quién se interesaría por seguirme? Además, como no tenía el DRZ-34 en esa época, hay mucho que no logro recordar con claridad. El dolor era lo único en mi cabeza. “Al menos hay algo que puedo hacer” pensé abriendo la puerta, dejando la nevada justo detrás de mí.
- ¿Cómo le fue, señor? – preguntó Buter mientras traía una taza de café. Dejé mi abrigo y la tomé. No sabía igual a la de la cafetería y esa ausencia era notable.
- Gracias… Fue un recorrido interesante. Buter ¿Dónde están mis cosas de la universidad? – no podía esperar mucho.
Buter se sorprendió un poco por la pregunta. Yo acababa de llegar, creo que eran las 4:30 am y lo primero que hice fue preguntarle por cosas viejas e inútiles que se supone no deberían importarme. Cosas que él insistió que debía conservar. Para él todo eso era extraño.
- Están en el cuarto de mantenimiento ¿Quiere que le traiga algo en particular?
- No. Yo iré – no podía dejar que siquiera se acercara.
- Señor…- me volví y lo miré a los ojos – Parece algo…descansado.
Sonreí. Había olvidado decírselo.
- Pasó de nuevo. Cuando la migraña iba a estallar, ella pasó caminando por la misma calle. Supongo que funciona, de un modo u otro.
Buter esbozó una sonrisa arrogante. Como si esperara que sucediera. No porque lo supiera, sino porque lo deseaba.
- Un encuentro casual muy interesante- dijo, finalmente- Eso significa que ¿Debería prepararme para verla por aquí?
- Quien sabe – respondí y me di media vuelta.
Buter confundía de cierto modo las cosas. Creía o esperaba creer que ella me interesaba como algo más. Y eso era apropiado de alimentar. De ese modo Buter uniría los puntos en otra dirección, asumiría que por eso le mentí ayer con que no funcionaba, y no se involucraría de ningún modo en el asunto real. No estaba seguro de como estar cerca de ella a las 3:00 am, pero no era necesario relacionarme más de lo necesario. El supermercado estaba cerca a la fuente. La fuente a la cafetería. Parecía una zona común en su rutina y estar cerca no representaba ningún problema. Claro, si en verdad era así.
Abrí la puerta y encendí la luz. A pesar de que la casa era lujosa ese era un cuarto descuidado. Había algo de humedad en la pared detrás de la zona de lavandería, tenía un plafón suelto por lo que colgaba sobre la habitación que apenas iluminaba, era algo estrecha y el suelo era de madera vieja y algo desgastada. Completamente diferente a toda la casa. Al fondo, donde había otro interruptor y un plafón bien puesto, estaban las cajas organizadas en estantes. El trabajo de Buter.
No pensé realmente que tuviera tantas cosas, pero supuse que la mayoría pertenecía a Buter. Y tenía razón. Detrás de las cajas, al fondo, justo al costado de un par de zapatos, había una que señalaba “Hartin”. Al abrirla, me encontré con un sobre de manila:

De: Amber Hendless
̶P̶a̶r̶a̶:̶ ̶J̶e̶f̶f̶ ̶W̶i̶l̶l̶i̶a̶m̶s̶ ̶
Para: Patrick Hendless
Lugar: Universidad Hartin. Cuarto ̶3̶0̶2̶ 703

Resulta curioso que al final Jeff igual se diera cuenta del contenido de la carta.
Dejé todo como estaba y puse el sobre encima de la lavadora. Saqué una primera carta:

“No sé si servirá de algo
Pero no quiero conservarla
Te la dejo, ya tú decides
Aunque solo sea un juego de niños”

Amber Hendless

Amber solía firmar como “Tu querida hermana” en cada carta. Pero luego debió sentir que no era realmente importante. Ella siempre supo que le estaba mintiendo, y a veces me preguntaba si sabía de todas las risas, felicitaciones, charlas que tuvimos antes de irme. Si ella siempre fue buena para detectar mis mentiras ¿Se habrá dado cuenta de mis discursos forzados? ¿Habrá visto mi falta de interés a sus problemas? ¿o habrá notado la falsa sonrisa de mis repentinas desapariciones? Me pregunto si alguna vez se dio cuenta, de que yo no era más que un bonito sueño. Una bella mentira.
Tomé la carta del acosador y la revisé de nuevo, señalando las frases que mencionó Jeff. Estaba seguro de que había algo más que omitía. Que la carta no era tan simple como se veía. Me dolía más la cabeza el solo intentar analizarla.
Señalaba, unía puntos, releía frases. Nada mostraba ningún tipo de conexión y parecía más como un análisis forzado. Por más que tratara, no veía nada más que una simple carta. Estaba comenzando a pensar que era ridículo siquiera intentarlo. Leía el primer párrafo por quinta vez cuando lo noté: “Bajo una capa de mentiras”.
“Una carta simple, un secreto simple” pensé y, levantando la carta sobre mi cabeza contra la luz, pude notar como las palabras desaparecían dejándome apenas unas cuantas resaltadas.

Me eché para atrás de golpe y me recosté en la pared “Llámame Dennis Moth…”, era el resultado de juntar todo lo que quedó visible. Esperaba una pista o indicio de quien era, pero en lugar de eso me dejó un detalle mucho más problemático. Era evidente que no podía ser el autor, pero sabía su relación conmigo y, durante mi vida, nunca consideré importante contarle a alguien sobre él. Era algo vago y pasajero. Un simple libro que leí una vez, del que tampoco recuerdo nada más que frases “¿Cómo sabe el acosador de él…?”
De repente la pared comenzó a crujir y agrietarse. Antes de que me diera cuenta ya se había quebrado, y yo caía por unas viejas escaleras de madera. Recuerdo el golpe cuando las últimas tres se rompieron y choqué con el suelo de concreto. La habitación olía horrible y podía sentir la enorme cantidad de humedad en el aire, acompañada de cierta pesadez, como si faltara oxígeno. Estaba casi por completo oscuro. La luz del cuarto de mantenimiento apenas llegaba.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 10 días

❤️
Ahora me pregunto si el acosador es algo psicológico de Pat o algo sobrenatural.
X/D
Muy buena entrada, como siempre dejas en suspenso al lector.
Feliz semana y espero te encuentres bien ❤️ ❤️ ❤️.
@ThanderostMinder

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 8 días

XDD ajajaja cada vez se me ocurren más posibilidades.
>n< aajaja.
Gracias por leer mi humilde opinión ❤️


#19

Me levanté con dificultad sosteniéndome de la pared hasta que mi mano se cruzó con una cadena metálica. La jalé sin pensar y la luz parpadeó antes de encenderse. Tenía la visión desenfocada por el golpe y cuando me di la vuelta apenas vi unas cuantas figuras. Y se fue clarificando, hasta dejarme ver por completo: Tres cadáveres cubiertos de tela ensangrentada, encadenados con extrema fuerza cada uno a una silla de madera. El suelo estaba completamente manchado de sangre, casi tanta como la que había en las herramientas de los armarios a su alrededor, en las paredes y hasta en el balde de químicos al rincón de la habitación.
Me dieron náuseas. Desde esa posición pude imaginar cuanto habían sido torturados. Madre, hija e hijo por igual. En esa habitación al fondo, de seguro habían gritado con fuerza, pero nadie nunca hubiese podido escucharlos. Su posición indicaba cuanto habían intentado zafarse, antes de desangrarse por completo. Se podía sentir cuanto habían intentado aferrarse a la vida… Sus manos, todas sobre estiradas, intentaban alcanzarse entre sí, como si quisieran un último contacto humano. Podía imaginar sus gritos y eso me provocaba aún más náuseas.

- Shhh… No grites – recordé la voz de mi padre – o terminará mucho peor.

La imagen de la silla volvía a mi mente. Esa sensación. Las cuerdas amarrando mis brazos y piernas. El calor. Hacía mucho calor y yo estaba mareado. Volví a escuchar esa risa. Esa maníaca y desagradable risa.
Vomité sobre el suelo de concreto, sosteniéndome de la pared, aun mareado por los químicos en el aire y llamé a Buter con un grito. Él estaba en la punta de la escalera, extendiéndome su mano para ayudarme a subir. La policía llegó en menos de veinte minutos.
- Sin duda son ellos – me dijo el oficial encargado de la escena, mientras extraían en camillas los cuerpos. Debía tener unos 56 años, por lo menos – diecinueve años. Sus cadáveres deben estar descompuestos, pero genera algo de alivio en la familia. Finalmente… no puedo creer como un bastardo le hace eso a su propia familia. Menos mal por esto ya está muerto. Gracias por todo.
- No hay cuidado – “incompetentes” fue lo único que pude pensar sobre ellos. No era un escondite difícil de encontrar. Bastaba tan solo con buscar una pared hueca lo suficientemente sospechosa y romperla. Esperaba más de la policía de París.
- Por cierto – dijo volviéndose, antes de bajar el último escalón, extendiéndome una tarjeta – es un servicio especial de limpieza para este tipo de escenas. Vaya a otro lugar mientras se encargan de ello. Tiene suerte, aún es temprano – me acerqué y la tomé, fijándome en la placa de su chaqueta “Oficial Méndez” – Bueno, cuídese bien. Debo hacer el papeleo para que el asesino sea procesado. Este es un mundo cruel, hijo – dijo encendiendo un cigarro – pero aún podemos enfrentarlo – “vagamente”. Se alejó hasta un coche de policía, mientras la neblina comenzaba a hacerse más densa.
Déjà vu. Esa imagen se sentía familiar. Esas palabras. No pude conectarlas con nada en mi pasado, y en esa situación era un intento inútil. Quizás lo había leído en un libro. Pensé en eso un momento, no estando muy seguro de si en realidad podíamos enfrentarlo, pero ¿No estaba intentando algo similar?
Cuando llegué al café me sentía exhausto. No me había percatado que no había dormido en toda la noche, y eso hacía cada movimiento más difícil. Incluso me temblaban las manos cuando abrí la puerta.
- Te ves bastante mal – levanté la mirada y vi como la mesera sonreía mientras sostenía una bandeja - ¿Un café?
- Lo agradecería mucho
- Bien. Ponte cómodo.
Pasé y me senté al fondo, justo al lado de los estantes de libros, en un cómodo sillón verde. La cafetería parecía bastante vacía, por lo que justo era apropiada. Buter se quedó en Réve para verificar que la limpieza se hiciera correctamente, aunque realmente no era necesario.
Miré el reloj frente a mí. En su suave movimiento apuntaba las 11:12 am. Sentía que había pasado más rápido ese día. También me pareció, como era la primera vez que lo veía, un reloj bastante normal para una cafetería con esa temática literaria. “Él lo sabe…” comencé a retomar la idea. No tenía tiempo que perder “Si él lo sabe, no pudo ser alguien que simplemente conocí. Debe ser alguien más importante. Lo suficientemente cercano como para haberme visto leyendo ese libro y saber su importancia”. Fue lo que razoné. El problema era que aquellos cercanos no podían ser sospechosos. Era algo ridículo. “O tal vez no…” después de todo “es la única opción que tengo”.
- Aquí tienes… - puso el café suavemente sobre la mesa y se dispuso a irse – que lo disfrutes.
- Espera- le dije, sin saber si era una buena idea, y ella se giró, acomodando su pelo - ¿Cuál es tu nombre?
- ¿Para qué lo necesitas? – preguntó sonriendo, como si se tratara de una broma.
- Bueno, seré un cliente regular. Quería poder llamarte por tu nombre – no se me ocurrió otra cosa que decir. Ella lo pensó un momento y, extendiéndome la mano, dijo
- April Misere
- Patrick Hendless – le respondí estrechando su mano.
- Bueno. Debo seguir trabajando… - se giró con una sonrisa calmada y la seguí con la mirada. Necesitaba relacionarme un poco si quería evitar problemas al encontrarme con ella en la noche o para encontrarla en caso de que no esté. Aunque, realmente, aun no sabía cómo evitar que fuese extraño para ella.
Cuando caminó cerca de la barra mis ojos se desviaron. Había un hombre sentado de espaldas hacia mí con su mano extendida. En ella había ocho cuartos de DRZ-34. Me levanté de inmediato. Si llegaba a tomarlas sufriría un derrame cerebral instantáneo. No era la primera vez que alguien lo usaba para suicidarse, aunque era realmente difícil de conseguir. Pero fue tarde. Cuando me acerqué lo suficiente, ya se había llevado las pastillas a su boca. Hizo un movimiento, y mi dolor comenzó a incrementarse. Se llevaba la mano a la cabeza y se sostenía de la misma forma y con la misma intensidad que yo, con cada migraña que superaba.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 8 días

Dx Que feo lo que le pasó a la familia, ojalá mi bby no haya pasado por eso.
Cada cajita mantiene el suspenso , me está gustando mucho como avanza tu historia.
❤️
Feliz fin de semana @ThanderostMinder


#20

Capítulo 7: Miseria

- ¿Lo he incomodado de alguna forma? – Preguntó mirando a la nada y tomó un sorbo de café “¿Me está hablando a mí?” Estaba lo suficientemente cerca para ver su movimiento, pero no como para que él me notara- la taza…- dijo girándola hacia mí, y mis ojos captaron mi reflejo en la brillante porcelana – puedo verlo a través de la taza ¿lo incomodo en algo?
Debía pensar algo rápido.
- No. Perdón. Lo he confundido – volví a sentarme.
Mi cabeza dolía más y la sentía pesada “¿Estoy nervioso? Creo que sí…” y era bastante lógico. Había alguien más, justo frente a mí, con mi mismo problema. Tenía que ser así, o algo parecido. Pensé que quizás solo poseía las migrañas y las resistía con las pastillas, que no era necesariamente mi mismo dolor, “Pero la intensidad debe ser igual si usa el DRZ-34 y eso era realmente extraño ¿En verdad hay alguien que sufre como yo?”
- Que buen café ¿No lo cree, señor Hendless?
Me impacté y miré a mi izquierda. El mismo hombre que había visto se sentó a mi lado. Sostenía la taza de café y miraba al frente. Se veía bastante tranquilo, ordenado y bien vestido. No tenía ojeras ni parecía débil “¿Realmente está enfermo?” No encontraba un rastro similar hasta que vi sus ojos. Detrás de esa máscara, reflejaban un cansancio extremo, el peso de cargar con el dolor. Y eso fue como si mirara mi propia miseria.
- ¿Me conoce? – pregunté, recordando que me había nombrado directamente, mientras recobraba la misma ansiedad de hacía un momento
- Claro. Lo he estado buscando por mucho tiempo…
Mi garganta se secó de inmediato. “Hasta que un día nos encontremos…” No podía creerlo “¿Está aquí? ¿Logró encontrarme? Justo ahora… cuando iba a comenzar. Cuando decidí dejar de esconderme. Fue demasiado rápido, tanto que no pude darme cuenta que tan cerca estaba ¿Cómo?” Estaba alterado. Para mí, no podía haber otra razón por la que alguien me buscase. Siempre había mantenido un perfil bajo y apenas se me mencionó en el pasado.
- ¿Señor Hendless? ¿Está bien? – preguntó, inclinándose un poco para verme a la cara.
- Sí…- dije, recuperando la cordura - ¿Para qué me buscaba?
- Necesito su ayuda. Después de todo, usted creó las pastillas que salvan mi vida – “Las pastillas… así que de eso se trataba”.
- ¿Mi ayuda?
- Sí. Usted pudo ver lo que pasó hace un momento – esperaba que dijera algo, pero me mantuve en silencio y tomé un sorbo de café – Bueno, creo que debería empezar por el principio, antes de pedirle cualquier cosa. Estoy enfermo, señor Hendless. Pero es una enfermedad peculiar.
Mantenía la misma serenidad de antes mientras bebía el café. Sabía a donde se dirigía, y ya había probado que era real al tomar las pastillas. Pero, aun así, no podía bajar la guardia. Todo el mundo miente y algunos lo hacen extremadamente bien. “El acosador…” era posible, no podía simplemente descartarlo por ser como yo. Pero, si ese era el caso, ¿Qué tramaba al conversar directamente?
Normalmente podía sentir cuando el acosador se acercaba: la presión del acecho, sus pisadas detrás de las mías, la constante sensación de ser observado y a punto de ser emboscado. Sabía perfectamente cuando era hora de irme. “Este tipo…no provoca ninguna de esas reacciones”.
- Yo desde el principio me sentí extraño. Debo decirle que cuento el principio desde el momento en que adquirí consciencia propia, hace ya treinta años, cuando tenía apenas tres. Sentía como si tuviera una pequeña pelota rebotando dentro de mi cabeza, algo minúsculo. Era como…como…
- Una pequeña palpitación – Intervine, tratando de ocultar mi sorpresa ante los parecidos “Así es como empezó”
- Exacto. El detalle fue que, esta pequeña palpitación, un día cualquiera…- “estalló con mucha más fuerza, al punto de ser insoportable” – durante una hora completa. Me llevó tiempo comprender lo que sucedía; no fue sino hasta la quinta vez que pasó que lo tuve claro. Pero se puso peor, mucho peor. Estos estallidos llegaban con más frecuencia, y el último de ellos…- “se convirtió en el nuevo ritmo de palpitación”.
>> Era un infierno y no podía soportarlo. Se lo dije a mis padres, con esperanza de encontrar ayuda- “Ayuda…” me pregunté por un momento ¿Qué hubiera pasado si pedía ayuda? La duda no duró mucho. Recordé perfectamente el por qué no pude “habría terminado, mucho peor”- pero a cada lugar que íbamos recibíamos la misma respuesta “Nada anda mal. Debe ser psicológico”. Cosa que, a pesar de mi insistencia, mis padres terminaron creyendo. Tenía cinco años cuando supe que debía lidiar con eso solo…Terminé mis estudios sin involucrarme con nadie; era demasiado molesto y tedioso el hacerlo. Comencé entonces, ya que tenía suficiente edad, a probar drogas experimentales en cada hospital que encontraba, con la esperanza de encontrar algo que funcionara. Mis padres dejaron de ayudarme y me echaron de casa, por lo que trabajaba en varios lugares para poder pagar los tratamientos. Cuando ya no me quedaba nada que probar en mi ciudad natal decidí irme, pasándomela de ciudad en ciudad, hospital en hospital, con el dolor creciendo dentro de mi cabeza, completamente solo. Estuve a punto de volverme loco…
Pensé que quizás, si no hubiese sido por Buter y los emails de Jeff y Amber, yo hubiera perdido la cordura hacía mucho. Aunque realmente también, siempre estuve solo. La diferencia era que yo lo había decidido. “Pero eso da igual…Aun así, no se sabe si lo que dice es cierto”.
- De cualquier forma – dijo, haciéndome notar la pausa que hubo en la conversación – Un día, cuando tenía 26 años, visitaba Nueva York cuando vi un letrero de una reconocida universidad:

“Prueba de medicamento para curar cualquier sensación de dolor instantáneamente. Si tiene un dolor que necesite ser tratado pase por la Universidad Hartin. Laboratorio de biomedicina”

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 5 días

❤️ ❤️ ( ჻︶// ◡ //︶) Pat tan atractivo como siempre
Ahora encontró a alguien parecido.
Pobrecito hombre : ( .Espero puedan encontrar una cura o al menos saber el orígen de la enfermedad)
Muy buena cajita y deseo que tengas una linda semana.
@ThanderostMinder
(´◕ω◕`)


#21

>> Recuerdo que apenas me sorprendí al verlo. Estaba tan destrozado que otro atisbo de esperanza no lograba motivarme. Solo era un intento más, al que me movía sin pensar o saber por qué. Supongo que era mi única razón de vida. El día de la prueba fui el primero en llegar. Sentía que el “Estallido” iba a venir pronto, por lo que no podía aguardar mucho. Un hombre… creo que tenía pelo largo… y un par de lentes…- Parecía como si le costara recordar. A mí también me era muy difícil en ese momento. Ahora, escribiendo esto, todo fluye con más facilidad. Como si recordar fuera lo último que puedo hacer. Aunque no recuerdo por qué específicamente estoy haciendo esto. Supongo que ya llegaremos a esa parte – Él me entregó dos pastillas y un vaso plástico con agua. Me impactó mucho el diseño que tenían los encapsulados. Era como una red de fibras suspendidas en el aire. Pasé largo rato apreciándolas, ignorando la apasionada explicación del delgado hombre. Finalmente, cuando el estallido comenzó, me lancé las pastillas a mi boca. Ahí lo vi a usted por primera vez, señor Hendless. Es gracioso, ese día tuvo la misma reacción que hace un momento…
Sentí un leve golpe en el interior de mi mente. Un pequeño crujido. Lo había visto antes; solo que, con el pelo largo, la descuidada barba y la sucia vestimenta parecía más un indigente cualquiera “¿Es el mismo hombre de hace 7 años?”
- Lo vi discutir con una mujer al fondo apenas se dio la vuelta. Pero yo estaba feliz. Muy feliz cuando noté que el estallido no se había disparado. Por primera vez… aun sentía el dolor de cabeza, pero evitaba ese desgarrador dolor. Iba a agradecerle en ese instante, pero todos discutían y terminaron sacándome del laboratorio y hasta del campus. No lo entendí muy bien pero ya no importaba. Había encontrado lo que quería. El DRZ-34
“Este hombre debía estar muerto” fue lo que pensé. Hubo un error ese día en la dosis experimental que debía ser suministrada en una persona normal. Un cuarto era lo que mostraba el análisis de su composición en los casos de dolor más extremos, que aplicaba también a dolores generales. Pero la pastilla debía ser generada por completo y después dividida, para que no perdiera su efecto.
Lo que pasó ese día fue que, después de obtener los resultados, al momento en que todos se fueron tomé la máquina para escanear mi propio cerebro, y así conocer la dosis necesaria para curarme de mi dolor. Debía hacerlo rápido y sin que ellos lo supieran.
El ACSE IV midió las señales encefalográficas detectando los puntos de origen de dolor en mi cerebro, pero luego de un minuto de escaneó, la máquina señaló toda mi área cerebral como punto de origen. Se procesaron los resultados y me quedé sin aire al ver la dosis necesaria para curarme: Dieciséis pastillas.
Repetí la prueba tres veces, con el mismo resultado. Sabía perfectamente, basado en el funcionamiento del medicamento, que una dosis así me mataría de inmediato. Estaba frustrado. Ansioso. Todo por lo que había trabajado esos cuatro años, dejándolas atrás, había sido por nada. Yo igual seguiría enfermo. Yo igual sufriría. No iba a poder volver, lidiar con problemas triviales, discutir con mi madre, pelear con mi hermana, tener algún patético sueño que perseguir. No sanaría. No podría, finalmente, ser real.
Aún tenía la máquina conectada a mi cabeza cuando la migraña estalló, y pude ver claramente como, sobre esa masa de dolor, justo desde el área occipital salían nuevas fibras que cubrían mi cerebro por completo. El programa había reconocido la masa de dolor como el estado natural y, luego de un minuto de ver como todo palpitaba en mi cabeza, el ACSE IV lanzó el resultado: Dos pastillas de DRZ-34
Sin pensarlo dos veces las tomé de la mesa justo al lado, y vi como las fibras que cubrían mi cerebro se reducían lentamente hasta llegar al centro de origen, y retenerlo ahí.
Después de una hora, el punto de origen y la fibra que lo rodeaba se desvanecieron, dejando la masa de dolor común en mi cabeza.
- Patrick ¿Qué haces? – me preguntó Sussan, sosteniendo una carpeta azul en sus brazos.
- Configuraba el programa – le mentí, acostumbrado a crear excusas espontáneas, retirando disimuladamente el casco ACSE de mi cabeza – probaba un caso particular ¿Podrías reconfigurarlo a los valores predeterminados? Ya debo irme – No podía arriesgarme a que intentara analizarme, a que hiciera preguntas. Era una mujer lista y si notaba algo extraño, me escanearía sin dudar.
- Claro…pero…
- Gracias – le interrumpí y salí corriendo, pasando por su costado, viendo su rostro de confusión y molestia antes de irme.
- ¡Patrick! – fue lo último que le escuché decir.
En ese momento pensé que, por lo menos…- había encontrado una pequeña salida – dijo el hombre, retomando la conversación, devolviéndome al amargo presente – El único problema fue que cuando el DRZ-34 fue lanzado, solo podía conseguirse en cuartos de la pastilla y era lo más costoso en las farmacias. Supuse que era un medicamento potente y no me hice muchas preguntas sobre su cambio de dosis. Sabía lo que yo necesitaba, nada más. Recuerdo gastar todo lo que tenía en comprarlas diariamente, solo para sobrepasar las migrañas. La mejor semana, ciertamente. Hasta que el día llegó. Ese donde los estallidos llegaban a cada hora del día. “La transición” así lo llamé yo – “Reemplazamiento…”- Creía estar listo con las pastillas, pero no. No funcionaron esa vez. Con ninguno de ellos. Maldije ese día de nuevo; no por no estar acostumbrado a que pasara, sino porque tenía la esperanza de que lo superaría. De que sería diferente. Pero en su lugar yo sufría igual que siempre, completamente solo… Ese mismo día, 23 de abril, había ocurrido otra tragedia que me haría más miserable.
- La decisión de que el DRZ-34 fuera un medicamento prescrito, por los suicidios masivos ocurridos en Japón, Estados Unidos, Canadá, México y Chile durante esa semana. Una serie de muertes horribles. Además, se consideraron también, los efectos secundarios del consumo de la pastilla, restringiendo su uso solamente a dos ocasiones al mes. Y en casos de dolor extremo. Recuerdo esa reunión – dije amargamente, recordando la inmensa molestia que sentí.
- Y lo único que tenía eran las pastillas que conseguí para superar la transición. Solo para 10 estallidos más. Pero, como era el reinicio, tenía suficiente tiempo para arreglarlo. La pregunta era ¿Cómo?
>> Recuerdo que me reí al empezar a pensar en eso. A pesar de no curarme por completo ni resistir las transiciones, tenía algo que podía darme un poco de tranquilidad, y eso me hacía sentir motivado. Con una nueva oportunidad de vivir mi vida – Yo no lo tomé igual. Cuando el DRZ-34 no funcionó con las migrañas de ese día, lo único que pude sentir fue rabia y frustración. Yo igual seguía enfermo, aún después de todo lo que sacrifiqué por sanar “Me esforcé…” pensaba, recordando el dolor de pensar en cada clase, cada encuentro, cada problema, cada análisis “Me esforcé al máximo”. Destruía todo a mi alrededor, sintiendo el inmenso dolor en mi cabeza, sin entender por qué debía continuar, con qué fin. Ya lo había perdido todo y el resultado era el mismo de la primera vez: Yo, agonizando en el suelo, completamente quebrado. Solo que esta vez era diferente. Había una amarga sensación en mi pecho, ardía con fuerza recordándome que debía irme, huir. De algo que tampoco entendía. Supe que mi vida ya no me pertenecía. Fue gracioso en cierto sentido, me pregunto ¿Alguna vez fue mía? Estaba en el suelo, dejando que la migraña se instalara como la nueva constante de dolor, cubierto por la oscuridad de la noche en un sitio destrozado. Me preguntaba una y otra vez “¿Con qué fin?”
Creo que, la verdad era, que yo odiaba vivir… pero me asustaba la idea de no seguir viviendo. Por eso hui, dejándome donde estoy ahora. Roto.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 3 días

❤️❤️❤️
: C cosito.
Espero se recupere pronto.
Como siempre, muy grata lectura U w U ❤️.
Te deseo una bonita semana.
@ThanderostMinder

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 2 días

:< tal vez no... o tal vez si...
Q A Q ohh Pat.....<3 .....
X//D Muchas gracias por las cajitas.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 2 días

Y.... por cierto....
¡Feliz Día de San Valentin!
(✿ ˵◕ ᴗ◕˵)つ(✿ ˵◕ ᴗ◕˵)つ(✿ ˵◕ ᴗ◕˵)つ❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤(✿ ˵◕ ᴗ◕˵)つ(✿ ˵◕ ᴗ◕˵)つ(✿ ˵◕ ᴗ◕˵)つ❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤
Espero mi "el nobio" Pat (que de seguro la pasará con la pelirroja sensual) y tú, se la pasen de maravilla.
Siempre me alegras mucho con tu trabajo , eres un gran escritor con mucho talento ^w ^.

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace 1 día

Gracias @phangoria No había visto tu comentario, perdona. Espero que hayas pasado un gran día. Tus comentarios siempr eme motivan, gracias por leerme

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 1 día

❤ ❤ ^ w^

Me alegra motivarte, así evitas en art block....
El art block es bastante feo Q w Q .
X//3 Espero tengas un bonito fin de semana y hagas muchas cosas geniales.
O w O No sé cómo esté el clima en dónde vives, pero ojalá este bonito X3.
Cuidate mucho ❤ .
@ThanderostMinder


#22

- En menos de dos años me convertí en detective en la sección de narcóticos, después de descubrir la cantidad de contrabando que había con su medicamento – Jamás lo supe – Y así comencé a “tomar” un poco de la mercancía incautada. Me armé una vida, por primera vez, sin tener que vagar buscando cura. Tenía camaradas, amigos. Llegué a hablar de nuevo con mis padres e incluso pude tener una relación. Vivía, en lugar de solo sobrevivir…
- Pero hubo un problema – Sonrió, con una sonrisa como aquel que siente un inocente golpe. Tomó un sorbo de café, aun mirando el reloj frente a él
- Exactamente. Ya fue un año desde que me descubrieron y tuve que escapar. Deshonrado, difamado y enfermo. No tuve oportunidad de dar una explicación – de cualquier forma, no hubiera servido - Creí que era mi fin. Otra vez solo, bajo un desgastado puente de concreto en el centro de la ciudad, sentado sobre viejos periódicos. Y ahí lo vi “Millonarios de la noche a la mañana: Los creadores del DRZ-34” Un periódico de muchos años olvidado me recordó que aún había una salida. Y esa era encontrarlo a usted, Señor Hendless.
- ¿Cómo me encontró? – Quería saber que tan fácil era, realmente, dar conmigo.
- No fue sencillo. Primero tuve que definir qué hacía y una investigación básica señaló su desaparición de Nueva York. La gente llegó a pensar que usted se había suicidado por culpabilidad, debido a lo que el medicamento había hecho – “Ridículo” – No lo consideré posible. Opté por hackear la red de aeropuertos y ahí se complicó todo mucho más, ya que usted siempre viajaba a lugares solitarios donde era imposible siquiera localizarlo. Hasta que eligió un lugar más transitado, como París, donde las propias cámaras me llevaron a usted. Y solo faltaba una forma de llamar su atención.
“Soy un grandísimo idiota” pensé al considerar las cámaras de París. Si el acosador usaba los mismos métodos, me encontraría antes de lo que esperaba. Tenía menos tiempo. Eso claro, si el hombre que tenía a mi izquierda no lo era ya.
- ¿Por qué tomarse tantas molestias en buscarme? Los otros habrían sido una opción más rápida y sencilla.
- Bueno porque creí que, si había algo que pudiera brindar un poco de tranquilidad en mi miserable vida, debía esforzarme al máximo por conseguirlo. No es como si tuviera algo más que hacer. Después de todo, había llegado muy lejos solo por un par de pastillas.
“¿Es solo esa su intención?” Pensé, tratando de entenderlo, encontrando el parecido entre su decisión y la que había tomado hacía mucho “Lo solucionaré solo…”
- Además...- continuó, después de terminar su café – de usted pude obtener una pista.
“¿Qué? ¿Acaso no se sabe nada de ellos? ¿Qué pasó?” Tragué saliva. No era que me importaran de alguna forma, pero me parecía extraño. Eran unos genios completamente sanos.
- ¿Y cómo espera que yo le ayude? – le dije, finalmente
- Bueno… usted es el creador. Pensé que quizás podría proveerme pastillas de forma directa.
- ¿Y por qué piensa que puedo conseguirlas?
- Es solo una idea
- ¿Vino hasta acá basado solo en esa idea?
- Sí – O realmente no sabía nada de mi dolor, del hecho de que yo las conseguía, y era un completo idiota; o mentía bastante bien, sin incoherencias.
“Si considero su historia como cierta, llegó después de la creación del DRZ-34, cuando el acosador realmente había llegado antes. No puede ser que fuera él quien me seguía porque apenas comenzó a hacerlo desde el año pasado. Pero, de no ser así, sería casi tan astuto como para considerarlo el autor de la carta. Casi tan astuto…como Dennis Moth. Bajo una capa de mentiras…Si así desea hacerlo, entonces… “Pensé, terminando mi café, viendo el reloj señalar las 12:34 pm
No podía arriesgarme, pero si ese tipo era el acosador, consideré que mantenerlo cerca y estudiarlo podría ser una buena opción; aunque no entendiera sus intenciones ni acciones “y todo lo demás desaparezca” resonaba en mi cabeza, preguntándome si era realmente a eso a lo que se refería. Además, si no lo era, igual podía beneficiarme de él.
- Hagamos un trato – dije, finalmente – Usted es detective ¿No es así?
- En teoría, sé lo que se necesita saber. Aunque para la sociedad, soy más un fugitivo – “Puede llegar a entenderme más de lo que espero”
- Entonces, yo le daré las pastillas, si usted me ayuda a encontrar a alguien – el hombre tragó saliva, sorprendido ante la petición. Algo nervioso.
A pesar de todo, era bastante expresivo, o pretendía serlo. De una forma u otra, este “Plan” me llevaría a la verdad
- ¿Quién, exactamente?
- Alguien del que no sé nada en absoluto – lo pensó un momento, y no sabía si preguntarme o no porque lo pensaba tanto. Debía definir que era normal y que sospechoso y en que situaciones, para saber con quién realmente trataba. No podía confiar en él.
- Acepto, señor Hendless – dijo, extendiéndome su mano – Tenemos un trato.

phangoria
Rango7 Nivel 32
hace 1 día

Pat ya encontró algo de ayuda, aunque a ver si ese detective resulta ser efectivo y da con el acosador : w<
{\_/}
(• - •)
/>🍩

ThanderostMinder
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 23 horas

@phangoria Eso está por verse. Te dejo el título del siguiente capítulo: "Primeros Nombres"