IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56 (10746 ptos) | Ensayista de éxito
#1

El sol de la mañana me dio de lleno en la cara. Me senté en la cama y contemplé la habitación. Aparte de la cama y el baúl de palisandro, poco quedaba de mi padre en aquella estancia, aquella habitación que durante años había sido solo suya, ajena a la presencia e influencia de mi madre y ahora devastada por ella. Un viejo sentimiento de rabia infantil se formó en mi pecho, la sensación que me acompañó tras su marcha, ese rencor sordo hacia mi madre que nunca lo quiso, que nunca pudo ver su belleza ni apreciar su tristeza ni su alma dolorida. Me acerqué al pequeño baúl cuadrado, deslicé los dedos por su suave superficie de tonos morados y abrí la tapa con cuidado. Su delicado aroma a rosa y canela me trasladó muchos años atrás, cuándo me refugiaba en esta misma habitación para curiosear entre sus cosas. Mi padre lo había traído de Rangún, dónde estuvo varios meses documentando las acciones del, por entonces, nuevo gobierno socialista, y solía guardar algunas de sus viejas cámaras y objetivos en él, además de un montón de fotografías descartadas.

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Kobbe
Rango10 Nivel 47
hace 28 días

No lo habia leido, o lo hice cuando no eramos tan superamigos y pase de él. Un texto muy evocador

IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56
hace 28 días

"No lo había leído", jajajaja
¡Cómo pierdas objetividad, dejamos de ser superamigos! @Kobbe
¿Quién va a darme caña más que tú?


#2

Yo pasaba horas contemplando esas fotografías esforzándome por encontrar el fallo que hacía que las rechazaran, cuándo yo las encontraba hermosas a pesar del horror que algunas reflejaban y entonces mi padre entraba y se arrodillaba a mi lado para escuchar mi propia interpretación de aquello que él había visto a través de sus lentes. Ignoro que efecto tendrían esos relatos en él pero ni una sola vez me interrumpió para corregirme, cómo si mi visión de niña fuese la correcta o tal vez la que él hubiese deseado tener.
Sacudí la cabeza. El baúl ahora estaba vacío igual que yo.

IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56
hace alrededor de 1 año

Muchísimas gracias!! Siempre anima un comentario así de alguien con experiencia


#3

Agradecí que mi madre lo dejase así y me pregunté adónde habría ido a parar su contenido. Bajé las escaleras decidida a averiguarlo pero mi madre no estaba en casa.
—Su madre ha ido a la ciudad —dijo una mujer saliendo de la cocina—. Tenía una cita a mediodía y quería hacer algunas compras. Me pidió que le dijese que volvería para la cena. Soy Agnes, me ocupo de las tareas de la casa.
—¡Hola! —dije estrechando la mano que me tendía—. Siento haberme levantado tan tarde, no sabía que vendría.
—No se preocupe. Su madre me dijo que estaría cansada y que no la despertase. Ya es casi la una, ¿quiere que le prepare algo de comer?
—No gracias, no tengo hambre, pero sí me tomaría una taza de café.
Volvió a meterse en la cocina y yo salí al jardín para fumar un cigarrillo. Hacía un día magnífico, perfecto para pasear si tuviera ganas. Tan solo me apetecía fumar, beber y lamentarme pero no estaba allí para eso, aunque aún no sabía por qué estaba allí realmente. Agnes apareció enseguida con mi café, algo de fruta y tostadas en una bandeja y lo dejó todo sobre la mesa.
—Ya sé que me dijo que no tenía hambre pero el mal de amores no se cura solo. Una debe estar fuerte.
— ¿Qué le ha dicho mi madre exactamente?
—¡Oh, nada! Su madre es muy discreta pero usted lo lleva escrito en la cara, si no le importa que se lo diga.
—Ya —respondí tristemente—. Pero no tengo muy claro que quiera curarme.
—Está aquí. Eso significa algo.
—Sí, que soy una fugitiva.
—La distancia es buena, a veces. La familia también.
—A veces. No es mi caso. Mi madre y yo no nos llevamos muy bien, Agnes.
—Y sin embargo ha venido a verla justo en este momento.
—Y ella se va a la ciudad.
—Si la necesita debería decírselo.
—¿Para qué? Nunca le he importado. Solo se preocupa de sí misma y de sus malditas apariencias.
—No sea tan dura con ella. Su madre no es una mala mujer.
—Tampoco es buena. ¿Cuánto hace que la conoce?
—Muchos años. La conocí el primer día que vino a esta casa.
—Mi madre no pisó esta casa hasta que murió mi padre.
—Se equivoca. Su madre vivió en esta casa hace casi cuarenta años y el día que la conocí tenía la misma expresión que tiene usted hoy.
—¿Quién es usted Agnes?
—Soy su hada madrina.

Hace alrededor de 1 año

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Don_Diego
Rango13 Nivel 64
hace alrededor de 1 año

Ahhhh poco? Bueno esperare que sigue. Etiquetame si quieres; para saber la continuacion. Pues leo mucho y avecez me salto lo que queria leer.

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Rango2 Nivel 6
hace 3 meses

Observo que confunde el verbo hacer con tocar.


#4

Mi madre telefoneó a las nueve. ¿Podría yo acercarme a la ciudad? Sí, podría. Había cambiado de idea y reservó mesa para dos, a las diez, en un restaurante encantador. No, no hacía falta que me vistiese para la cena. Lo hice de todos modos. Había heredado su predilección por faldas y vestidos y era lo que solía ponerme, pero me pareció que lo que llevaba era demasiado informal y esa noche me apetecía agradarla.
Llegué puntual al restaurante y ella ya estaba allí, hablando con el metre. La observé a distancia, parecía recién salida de una cita con su estilista, impecablemente peinada y con un vestido gris-azulado que destacaba sus ojos fríos y le sentaba como un guante. Ni siquiera aparentaba la edad que tenía, siempre se había visto joven pero ahora podría pasar por mi hermana mayor si se lo propusiera. Saludó con la mano y me acerqué, amago de beso, beso falso de caras juntas. El metre sonrió y nos acompañó hasta una mesa junto al ventanal que ofrecía una hermosa vista de la ciudad, luego hizo una seña a uno de los camareros y al punto teníamos un par de cócteles ante nosotras.
—Parece que vienes a menudo, madre —dije, procurando que mi tono no sonase sarcástico.
—Es el mejor restaurante de la zona y Gustav es adorable.
La miré de reojo en busca de un gesto que delatase algún sentimiento romántico por el adorable Gustav pero fue en vano. Ni romántico ni de ningún otro tipo. Nunca dejaría de asombrarme su capacidad para pronunciar palabras de inherente sensibilidad sin la más mínima emoción.
—He conocido a Agnes. No sabía que tenías asistenta.
—Ya me conoces, la casa no es lo mío.
—¿Cuánto lleva contigo? Parece apreciarte mucho.
—Prácticamente desde que me mudé. Se preocupa por mí, le gusta cuidarme, bueno, ya sabes, es una de esas personas a las que les encanta ayudar. Estoy muy agradecida por tenerla.
—¡Oh! Por la forma en que hablaba, supuse que os conocíais desde hace años. Da la impresión de saber bastante de ti.
Durante una fracción de segundo creí ver una sombra de alarma en su rostro y tal vez para disimular, lanzó una mirada a Gustav que acudió presto a su llamada.
—¿Les apetece pedir ya?
Los dos me miran como si estuviésemos en una obra y yo hubiese olvidado mi texto o en realidad soy yo la que me siento así. Ella me explica que no hay carta y que es el cocinero el que elige lo que comerán sus clientes. Me parece bien. Le digo a Gustav que estoy abierta a probar cosas nuevas y él levanta una ceja ligeramente, en un gesto que me recuerda a ti.
Todo me recuerda a ti.
Gustav mira a mi madre, ella asiente, y se da media vuelta, en dirección a la cocina. Lo encuentro muy atractivo a pesar de la edad.
—¿Y bien?
—¿Cómo dices?
Estaba casi segura de que fingía y de nuevo tuve sensación de irrealidad. Bien, le seguiría el juego por el momento.
—Decía que Agnes habla de ti cómo si te conociera hace tiempo.
—Tal vez tu padre le habló de mi —respondió después de dar un sorbo a su copa.
—¿Quieres decir que papá y ella eran amigos?
—No sé si amigos es la palabra correcta, pero él solía ir por la casa y Agnes vivió siempre aquí, así que puede que sí.
—Pero nunca te habló de ella...
—No. No veo porque iba a hacerlo.
—Madre, ¿dónde están las cosas de papá? —Decidí cambiar de tema en vista de que se había propuesto cerrar filas.
—Tu padre no tenía muchas cosas, ya sabes lo poco que le gustaba lo material.
—Sí, para eso ya estabas tú.
Me miró con cara de disgusto y me di una colleja mental por la falta de diplomacia.
—Lo siento, no quería decir eso —añadí.
—Sí que querías.
De pronto pareció dolida más que contrariada, como si se hubiese producido una grieta en su armadura.
—Me refería a sus cámaras, sus fotografías, los libros...esperaba encontrarlos aquí.
—¿Por eso has venido?
Me quedé callada, dudando sobre lo que debía contestar. Si decía que sí, adiós a la posibilidad de descubrir su secreto, además no era cierto. Si decía que no...
—No sé por qué he venido.
Ella me mira, escudriña mi rostro como si quisiera ver más allá, siento que me atraviesa pero no quiero apartar los ojos. Algo que no consigo nombrar me mantiene conectada a ella, quizás por primera vez. Siento que va a decir algo, puedo verlo en sus ojos, va a ser algo determinante, trascendente, abre la boca, su mirada me envuelve. Y entonces nada.
Nada.
Llegó la comida. Berenjena asada con miso, langosta de la zona a la parrilla. Sorbete de mandarina. Luego Gustav nos sirvió un té especiado muy rico. Se sentó con nosotras en cuánto la mayoría de los clientes se hubo marchado. Charlamos; sí, era un hombre adorable.
Al día siguiente Agnes no apareció, ni al otro, ni al siguiente. No volví a verla en todo el tiempo que permanecí en casa de mi madre, tampoco me la encontré por el pueblo a pesar de mis numerosos paseos a solas. Fue como si se la hubiese tragado la tierra. De las cosas de mi padre no volvió a hablarse ni me atreví a preguntar. Desde aquel extraño momento compartido con la mujer que me dio la vida, todo volvió a ser como solía ser entre nosotras. Distante, impersonal. Frío.
Sin embargo algo quedó. Mi madre ocultaba algo en el pasado, lo mantenía allí, escondido en algún vértice sombrío de sus recuerdos pero durante un breve momento me dejó atisbar. Y lo más importante, yo también había llamado su atención. Eso no había ocurrido jamás. Cuándo subí al coche para volver a casa, no podía dejar de pensar en ello.

Hace alrededor de 1 año

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Don_Diego
Rango13 Nivel 64
hace 10 meses

Se te dan bien los dialogos.

AninaZenit
Rango6 Nivel 28
hace 28 días

Me encanta como describes y los diálogos son sublimes. Es como mirar a hurtadillas la vida de una madre y su hija. No puedo parar de leer, me tienes intrigada.

Kobbe
Rango10 Nivel 47
hace 28 días

Si sigues a este nivel se convertirá en mi caja favorita de las tuyas. Me gusta mucho como cuentas y lo que se lee entre lineas


#5

Recuerdo que cuándo era niña siempre quise una mascota. Supongo que ya me había resignado a la idea de que no tendría ningún hermano pero no a la de no tener compañía, así que no dejaba de pedirla a la menor ocasión. El día de mi doceavo cumpleaños mi padre apareció con un paquete enorme envuelto en papel de seda azul. Algo se agitaba inquieto en su interior y mi corazón se aceleró, imaginando las decenas de vidas posibles que podrían caber allí dentro. En cuanto el rostro de mi madre se relajó, rasgué el papel para descubrir una jaula dorada en la que revoloteaba un minúsculo pajarillo de un azul tan pálido que parecía gris. La jaula contenía además un columpio, un espejo, comedero y bebedero y una rara estructura de alambre que intentaba imitar las ramas de un árbol con poco éxito; supongo que el paraíso para cualquier ave que estuviese dispuesta a vivir enjaulada. No he conocido ninguna, por cierto.
De cualquier modo, tenía doce años y por fin una mascota. Mi padre dijo que era hembra y la llamé Lucy, por Lucy y el monstruo, mi cuento favorito.
Lucy y el monstruo, la primera historia que me atrapó, (durante semanas no pude quitármela de la cabeza, tan aterrada como la propia Lucy), era un microrrelato que constaba de tan sólo dos cartas, una de la niña y otra, en respuesta a la anterior, del monstruo. Llegó a mí de la mano de mi padre, como tantas otras cosas significativas de mi infancia. Regresó de México con un libro de cuentos de autores locales y entre ellos estaba este. Inquietante, perturbador, despertó dos cosas en mí: el deseo de escribir y el deseo sexual, aunque ambos tardarían en manifestarse como tal.

La pequeña y descolorida Lucy no cantaba, jamás pronunció sonido alguno a excepción de una especie de chillidos que emitía cuando algo la asustaba mucho. Y una de las cosas que más la asustaba era Gus, el gato del vecino, desde el día en que este se coló por la ventana abierta del salón, derribó la jaula, consiguiendo que se abriera y la persiguió por toda la habitación. La muy boba, en lugar de escapar por la ventana, revoloteó de una estantería a otra con el gato detrás, mientras libros, jarrones y cuadros caían a su paso. Montaron tal estropicio que mi madre estuvo a punto de denunciar al vecino, el pobre Sr. Cortés que no podía haber tenido apellido más apropiado y también a punto de soltar a Lucy. No lo hizo porque mi padre estaba en casa y no lo permitió, por suerte para mí y por desgracia para la pobre Lucy que ese día perdió dos oportunidades de ser libre.
Claro que yo por aquel entonces no sabía nada de la libertad ni de los sueños de un pájaro o quizás no quería saberlo. Después del incidente del gato, mi madre no quería ni verla, así que mi padre subió su jaula definitivamente a mi habitación y yo me pasaba días enteros con ella. Había conseguido que Lucy subiese a mi mano cuando le servía su alpiste, me permitía cogerla un ratito sin picotearme los dedos y finalmente, si la sacaba de la jaula, daba un par de vueltas por la estancia en vuelo raso y luego se posaba sobre mi índice. Cada vez que mi padre volvía de uno de sus viajes, yo le enseñaba nuestros avances cómo si fuese un número de circo y yo una domadora de fieras y él reía con esa risa cristalina que cada vez era menos cristalina y cada vez era más triste y más cansada, cómo si ya le costase trabajo reír, así que seguíamos incansables con nuestros ensayos, confiando en que la próxima vez sería algo más grande, más asombroso y esta vez sí, esta vez reiría de verdad, una risa amplia, con la boca abierta, enseñando su perfecta dentadura.

El día que los gritos sonaron más alto, no hubo función.

Poco tiempo después la saqué de su jaula, abrí la ventana y la solté. Cayó a plomo hacia el suelo y pensé que se estrellaría contra las baldosas del jardín pero justo cuando estaba a punto, batió sus alas y remontó el vuelo para desaparecer detrás del tejado de la casa del Sr. Cortés. "Tal vez, Gus se la comerá", pensé, casi deseando que lo hiciera y le ahorrase sufrimientos. Al cabo de una semana, cuándo volvía del colegio, la encontré tirada en la acera a pocos metros de mi casa. Estaba tan muerta como la Lucy del cuento y me alegré por ella. Durante meses deseé ocupar su lugar.

Don_Diego
Rango13 Nivel 64
hace 10 meses

Tu persobaje, que bien definida tienes su personalidad. Por cierto pobre lucy 😭

Gala_Sanchez_Montero
Rango11 Nivel 51
hace 9 meses

Pocas cosas hay tan tristes como un pájaro enjaulado :(
Pobre Lucy... y pobre papá, intuyo.

AninaZenit
Rango6 Nivel 28
hace 28 días

Yo no me apiado del pajarín, me apiado de la niña. Me estremece este relato, es que y perdóname por esto me hace sentir un no sé qué dentro. Congoja quizás sea la palabra que mejor lo describa.

IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56
hace 28 días

No sé que quieres que te perdone. En tal caso me disculpo yo por acongojarte. @AninaZenit
Gracias por tu presencia. Enriquece mis cajas.

Kobbe
Rango10 Nivel 47
hace 27 días

Sin animo de ser salamero... Me sigue interesando tu historia, si que es verdad que te has salido del carril de la historia, pero era una parada necesaria.
No puedo evitar sentir curiosidad por todo el tema del libro y el despertar sexual...ya me conoces, no puedo evitarlo

Kobbe
Rango10 Nivel 47
hace 27 días

Que gallega eres...no.me das una alegria


#6

Me sequé las lagrimas con la manga de la camisa. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? Miré el reloj y no sirvió de nada porque estaba parado. Había estado sentada frente al ordenador hasta las cuatro y al fin, harta de mi maldito vacío creativo que había decidido ayudarme con el alquiler -tal vez conmovido por mi soledad ahora que no estabas- me acomodé en la alfombra de mi dormitorio con una caja llena de recuerdos y fotos viejas. Tal vez buscaba alguna musa allí dentro, pero lo único que había encontrado por el momento había sido dolor y sufrimiento que ya no recordaba que tenía. Miré alrededor. Decenas de fotografías esparcidas por la alfombra, fuera de la alfombra, por el suelo y bajo la cama, recortes de prensa, viejos billetes de avión de mi padre, papeles de azucarillos vacíos de todas las partes del mundo, trozos de pasado inútiles que se me clavaban en todos los recodos y abrían de nuevo heridas que, de tanto ignorarlas, habían criado costra y de las que fluía ahora cualquier cosa menos sangre. Me dolían las piernas, los ojos y el alma. Cogí una foto borrosa, como no, en la que mi padre sostenía un bebé que en algún momento fui yo y al hacerlo descubrí una imagen en blanco y negro que no había visto nunca.
No tenía nada de especial a primera vista, seguro que no la recordaba, mi madre muy joven, muy hermosa, con un hombre. Pero al observarla con más detenimiento supe con seguridad que no la había visto jamás. Tenían las cabezas juntas y él, camisa abierta, ojos que parecían claros, muy atractivo, le pasaba un brazo por los hombros. Miraba a algún punto a la derecha del fotógrafo pero mi madre lo hacía directamente a la cámara. Nunca la había visto así. Brillaba, su mirada, su piel y toda ella. Y yo reconocía ese brillo. Lo había visto antes. Era la imagen que me devolvía el espejo cuándo estabas cerca.

Hace alrededor de 1 año

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Rosalia_Pombo
Rango9 Nivel 41
hace alrededor de 1 año

¡Qué bonito! Consigues una narrativa poética muy buena! Deseando ver cómo continúa la historia.

Don_Diego
Rango13 Nivel 64
hace 10 meses

Quiero pensar que llevas años practicando la escritura, sino como es que escribes tan bien??? Muy buena caja por cierto 😁👍

Gala_Sanchez_Montero
Rango11 Nivel 51
hace 9 meses

El final, lo confieso, me ha hecho verter una lagrimilla.
La vida cambia y a veces no lo hace de la mejor manera :(


#7

Hace tiempo que ya no intento entender el por qué de las cosas, qué motivaciones hay detrás de las acciones de la gente, los traumas ocultos o no tan ocultos que se esconden detrás de nuestras decisiones, los mecanismos que hacen girar la monstruosa rueda de la vida. Solía vivir así, tratando de entenderlo todo, dominada por la razón y la lógica.
¿Qué llevó a mi padre a distanciarse física y emocionalmente de nosotras? ¿Acaso no sabía la falta que me hacía, cuándo en medio de la noche, me despertaba y gritaba su nombre? ¿Por qué mi madre nunca se lo contó?
Mi madre.
La hermosa y fría mujer que me dio la vida. Eso dice ella, que me dio la vida, como remarcando que debería estarle agradecida o quizás pagárselo de alguna forma.

—Hija.
—Madre.

Decimos estas palabras desprovistas de toda emoción, desnudas de significado. Podríamos llamarnos de cualquier otra manera, utilizar alguna lengua desconocida para hablarnos, quizás de esta forma podríamos intentar algún tipo de comunicación. Todo es un formalismo con ella, un trámite que no conduce a nada salvo al vacío de sus ojos azules. Ojos vidriosos, como una muñeca de porcelana, justo lo que siempre me pareció. Mi bella madre, altiva, elegante; lo único que se podía hacer era mirarla, siempre intocable, inalcanzable. Quizás mi padre soñó con poseerla cuando la vio por primera vez, sentada sobre una maleta vieja, en una estación cualquiera de una ciudad cualquiera. Se acercó a ella. Ella levantó la mirada y encendió el cigarrillo que acababa de llevarse a los labios en la cerilla que él le ofrecía. Podría haber sido un gesto simbólico pero no lo fue en absoluto. Si se iba a alguna parte, nunca lo hizo. Si acababa de llegar, mi padre tampoco lo supo.
Es curioso como nada se dijo de lo que había sucedido en la vida de mi madre hasta ese instante. De niña solía imaginarla como una espía que se movía por todo el mundo vendiendo información a cambio de dinero. De adolescente el escenario era similar, el trueque distinto; era su cuerpo lo que vendía a cambio de la información que luego utilizaba a su favor. Ahora simplemente la imagino como lo que me muestra: una mujer vacía que iba de un lado a otro sin buscar nada, sin esperar nada, sólo lo que la vida le deparase, como el mar, que deposita tesoros o mierda sobre la orilla con la misma indiferencia. Aceptó a mi padre como a cualquier otro, supongo que con la tibieza con que me aceptó luego a mí. No tenía ni tiene ninguna expectativa, nada la defrauda, nada le conmueve.
En qué momento mi padre perdió toda esperanza de llegar a su gélida esposa, no lo sé. Mi primer recuerdo de él ya es distante, en la mayoría de mis primeras fotos también se nota su ausencia, su imagen desdibujada, brumosa, como una sombra detrás de mí. Lo que le mantuvo unido a ella todos estos años, incluso después de abandonarla, también es un misterio. ¿O no?. Quizás simplemente la amaba. Quizás mi padre también fue un hombre hermoso.

«¿Qué haces aquí? ¿como te atreves a venir después de tanto tiempo?».
«Desagradecida, ¿a qué has venido?».
«¿Acaso crees que vas a obtener algo de tu padre ahora? ¡Está muerto como lo estuvo siempre! ¡Nunca le importaste lo más mínimo, como tampoco me importaste a mí!».

Hubiera preferido mil veces cualquiera de estos saludos, algo que mostrase la sangre, las vísceras o la bilis de su cuerpo. Pero mi querida madre está hueca, aunque no hay fragilidad en ella, su armazón duro como el diamante.
Magnífica.
Fría.
Afilada.
Irrompible. Imperturbable.

—Hija.
—Madre.

Hiarbas
Rango11 Nivel 53
hace 10 meses

Lleno de dureza, cargado de fuerza, pero sobre todo de la naturalidad con la que relatas. Muy bueno como siempre, espero que no se dilate mucho la siguiente caja.

IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56
hace 10 meses

Quién sabe? Ya ves que soy muy irregular con eso. Escribo todos los días pero para publicar le doy mil vueltas, siempre esa vocecita que dice "a quién coño le va a interesar eso?".
Todos vosotros, con vuestras lecturas y comentarios me ayudais cada día, igual que participar en los retos. Así que muchas gracias @Hiarbas por leer y comentar, gracias por tu tiempo. Un abrazo.

Don_Diego
Rango13 Nivel 64
hace 10 meses

Esta no es una historia inventada. Es una historia de alguien que lo ha vivido O eso es lo que siento al leerlo. Muy bien hecho. Te continuo siguiendo, y si tardo en leerte es por falta de tiempo y nada mas.

IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56
hace 10 meses

Pues es 100% ficción @Don_Diego . Otra cosa es que, con una situación diferente, haya sentimientos similares. Ahí ya no te digo que no.

Gala_Sanchez_Montero
Rango11 Nivel 51
hace 9 meses

No me quiero ni imaginar cómo es tener una madre así, pero solo con intentarlo me entra un angustia del carajo; supongo que porque mi madre es el polo opuesto totalmente y no me entra en la cabeza... da escalofríos que una madre pueda llegar a ser así con su hija, va contra natura y dudo que la mente humana esté preparada para soportar el rechazo y la falta de afecto de una madre :(

IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56
hace 9 meses

Fíjate que yo creo que sí lo está. No cualquier individuo, desde luego, pero la capacidad de adaptarse y sobrevivir es inherente al ser humano.

Eduardo_Moonrise
Rango9 Nivel 41
hace 5 meses

Eres increíble @IndigoDolphins_73 , este relato es perfecto! en cada milimetro cuadrado! No me sorprende mucho en verdad, porque conozco tu calidad literaria, pero este especialmente es mágico, dulce, melancólico, y repito, es perfecto en toda su extensión. He quedado muy conmovido.

Y es lo mejor que te he leído y he leído en Sttorybox. LO MEJOR!

IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56
hace 5 meses

Muchísimas gracias @Eduardo_Moonrise, aunque me tomaré con calma los halagos, no se me vayan a subir a la cabeza.
Esta historia y "Viscoso" son con las que estoy más conforme y las que suelo utilizar como carta de presentación. Son más convencionales en fondo y forma, pero también más íntimas e intimistas, que en el fondo es lo que me va.
Me alegro de haberte conmovido, jajaja, espero no para mal.

Eduardo_Moonrise
Rango9 Nivel 41
hace 5 meses

Estimada amiga @IndigoDolphins_73 , no tendría nada de malo que se te suban los halagos a la cabeza, si es que son merecidos. Y en tu caso, te los merecen. García Marquez dijo en una entrevista, cuando le preguntaron si eran vanidoso, dijo algo así, que no era ser "vanidoso" en el sentido despectivo, si en verdad había logrado algo notable con su obra. Era un reconocimiento merecido. Tal es tu caso. ;)
Vanidosos son los que se creen superiores no siéndolo.
-(ya veo que tenemos diferentes ideas en torno a "estos temas", pero lo importante es el respeto por la opinión del otro).

IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56
hace 2 meses

Que de todas mis historias, hayas escogido precisamente esta, dice varias cosas de ti, @Naufragoenlaluna.
¡Muchísimas gracias por tu lectura y comentarios!

IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56
hace 2 meses

La gran belleza! La tengo en mi lista de pendientes. No me cuentes nada!


#8

Al fin me decido a ir al cementerio. Justo al llegar me cruzo con una mujer que me resulta familiar y que me devuelve una mirada que interpreto rencorosa. No tengo tiempo para misterios. Cojo el lirio que acabo de cortar y camino hacia la tumba de mi padre.
Está impecable. Solo un par de rosas rojas en un pequeño jarrón, supongo que cosas de mi madre. Me llama la atención el número. ¿Por qué habrá elegido precisamente dos? ¿Ellos dos o nosotras dos? Ambas opciones me parecen absurdas. Dejo mi triste flor junto a ellas para que se marchite al sol, suplicando por un poco de agua.
Leo el epitafio: «Os recordaré siempre». Él a nosotros, los que nos quedamos.
No me creo que mi padre haya elegido esa frase tan cruel.
Me lamo la herida mentalmente y se entreabren las compuertas. Atisbo un hueco tan grande que dudo que tú puedas llenarlo por mucho que me claves a la cama.

¿De qué va a servirme que me recuerde desde el más allá, si cuando lo hizo desde este lado tampoco me sirvió? Mantuvo las distancias a partir del día en que se fue. Conmigo, la niña de sus ojos. Antes ese era nuestro chiste y luego se convirtió en una broma de mal gusto. Cada vez que me miraba al espejo, le veía a él.
Lloro por la niña tonta y egocéntrica, por tu impotencia, por los huesos de mi padre. Me apoyo contra el tronco de una morera, más por ocultarme de miradas indiscretas que por falta de fuerzas. Estoy consciente de mi fragilidad. La vida es una mierda pero todo parece estar en su lugar por una vez.

#9

A la salida vi a un hombre acostado sobre el muro. Me atrajo su pasmosa tranquilidad, dormido bajo el sol de mediodía al lado de la carretera. Quise zarandearlo, preguntarle quién era y por qué estaba allí. No me atreví. Temí que me preguntase lo mismo. Seguro que él tenía una historia fascinante que contar y yo solo diría gilipolleces. Entonces, el tipo abrió los ojos.
—¿Qué estás mirando?
Evoqué esos reptiles raros que se desprenden de la cola si se sienten amenazados y la dejan ahí, agitándose mientras ellos huyen.
—No quería asustarte —tartamudeé.
—Eres la hija del fotógrafo —Se incorporó y descendió de un salto. Ágil para la edad que aparentaba.
—¿Nos conocemos?
—No, pero tienes sus mismos ojos. Un poco tarde para venir a verle, ¿no crees?
—¿Cómo dice?
—Era un buen hombre, tu padre. Callado, pero dispuesto. Cuando mi mujer se largó, pasaba cada día por casa, antes de su paseo matinal, por si necesitaba algo. Los vecinos lo querían bien. Nunca supimos por qué nadie le visitaba. Claro que tu madre es más estirada y siempre tiene la casa llena de gente, qué sabré yo —exclamó.
—Eran muy diferentes. Así que usted los conoció a ambos, ¿Sr...?
—Robinson, pero llámame Hugo —Alargó una mano sucia—. Sí, bueno, a tu madre apenas. Va mucho a la ciudad y no se relaciona con los del pueblo, solo con la peluquera.
—Agnes.
Asintió y me miró con curiosidad.
—Estuve aquí hace unos meses y la conocí —expliqué—. De modo, Sr. Robinson, que usted y mi padre eran amigos.
—Eso es mucho decir, pero de vez en cuando uno iba a casa del otro con unas cervezas y charlábamos.
No imaginaba a mi padre bebiendo cerveza, pero al fin y al cabo eso no significaba nada. Me ofrecí a llevarle a casa con la esperanza de averiguar algo más.
—No tengo casa —anunció—. Tuve ciertos problemillas y el banco la embargó.
—Pero vivirá en algún sitio, tendrá un lugar para pasar la noche al menos.
Negó con la cabeza.
—Voy de acá para allá. Siempre encuentro cobijo o un alma que me ofrece un colchón. ¿Qué vas a ofrecerme tú a cambio de que te hable de papaíto?
No me gustó su tono. Le miré fijo. Me di cuenta de que no era tan mayor como parecía, eso explicaba la agilidad y las maneras descuidadas.
—¿Por qué me habla de ese modo? No sabe nada de mí.
—Cuando tu padre se refería a ti, parecía que estuvieseis muy unidos pero en trece años que llevo aquí, es la primera vez que te veo. Eso ya me dice cosas.
—¿Sabe qué... Hugo? No aguanto juicios y menos de un desconocido. Además no creo que tenga nada interesante que contarme.
Rodeé el coche para meterme dentro y al ir a cerrar la puerta, él me detuvo y asomó la cabeza por la ventanilla.
—¿Ni siquiera lo del amante de tu madre?
Me eché a reír y arranqué el coche sin tan siquiera esperar a que el tipo se apartase. Reía por fuera pero lo que en realidad sentía era ganas de matarlo. Desconocía el motivo, aunque sabía que no tenía que ver con la dignidad de mi padre o la honra de mi madre. Enfilé por la carretera principal y pisé el acelerador. No podía sacarme de la cabeza al hombre de la fotografía.

GoldBirds_19
Rango13 Nivel 62
hace 28 días

Es algo muy personal. Es como acompañarte por el recuerdo como fantasmas sin voz y recorrer de tu mano instantes que conservas grabados a fuego.

GoldBirds_19
Rango13 Nivel 62
hace 28 días

Mi relación con los vecinos es en blanco y negro. O somos íntimos o nos odiamos, pero sin pudor alguno. Que hablen de mí me da igual, lo van a hacer igual, que murmuren, que me miren mal, que comenten, cotilleen... Yo hago vudú con sus sueños, por eso pasean esa cara de amargados, se ve que no duermen bien 🤣🤣🤣

IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56
hace 28 días

Me pasó igual @Naufragoenlaluna, pero salió así, Últimamente intento trabajar la voz de los personajes, que no hablen todos igual, vaya. Con este fue fácil, me iba dictando todo al oído, jaja. Es que fue un tipo que vi ayer, tal cual, dormido al sol en lo alto de un muro.

IndigoDolphins_73
Rango12 Nivel 56
hace 28 días

@GoldBirds_19, los vecinos así, cotillas o amiguísimos, sin término medio, son entrañables. Yo tengo uno que me regala café a cambio de poder desahogarse de las miserias de su divorcio... Ay, el vicio me pierde. Mejor voy a verlo como un trueque para no sentirme mal.

GoldBirds_19
Rango13 Nivel 62
hace 28 días

Para ser sincero me llevo mejor con los críos que con sus padres, bueno, con las madres me llevo mejor, no se porqué jajaja es verdad. Sólo te digo que la que no está separada, está divorciada y cuando llega el viernes no quieren ir con los padres y dicen yo me quedo en casa del David. El fin de semana esto parece una casa de colonias!

Kobbe
Rango10 Nivel 47
hace 27 días

Pues sobre el tema de "le querían bien" ...yo creo que es algo que nos cuesta a todos, dar carácter a los personajes. En este caso, no puede hablar igual la madre que es una señora elegante y estirada, que un tío del pueblo y que encima se apellida Robinsón (...?)
@Naufragoenlaluna creo que la moraleja no es la que ves tú, si no al contrario, no te aisles y te sumerjas en tus pasiones o acabarás loco