PeterMellarkie
Rango6 Nivel 25 (800 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Capítulo I

¿Por qué el amor tiene que ser tan complicado? ¿Por qué no puede ser duradero desde el primer momento? Nos ahorraríamos entonces un 40% de sufrimiento en nuestras vidas, creo.

Melanie Roberts fue la gotita que rebosó mi vaso. Por ella no lloré, ni siquiera en el momento exacto en que la vi en la cama con otro hombre; bueno, en MI cama. Pero Chloe Allen hizo que, luego de varios meses de esas decepción, mi corazón latiera una vez más.

-Ya decía yo que este día no podía empeorar...- dijo, haciendo un gesto que me hizo dudar de si iba ella a romper en llanto o a salir corriendo y tirarse del último piso de aquél centro comercial en el que estábamos y en donde justamente acababa yo de tropezarla Y hacer que tire un montón de cajas de pizza.

Titubeé antes de decir algo.

-Perdóname yo...

-Debería asesinarte- dijo mirándome a los ojos mientras sacaba su celular.

Miré al suelo con la intención de recoger las pizzas, pero de algún modo se habían salido de sus cajas. Me puse rojo de vergüenza; segundos antes me encontraba yo discutiendo afuera del restobar con uno de los empleados...

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ArtevyTales
Rango4 Nivel 19
hace 10 meses

Que mal esa tal Melanie, como sigue? los asesinó!?

PeterMellarkie
Rango6 Nivel 25
hace 10 meses

@ArtevyTales he ahí otra pequeña parte, surgió un pequeño inconveniente con mi app y no habia notado que no se habia publicado esas líneas. Espero te guste al menos ese corto párrafo.

J_Lani
Rango6 Nivel 26
hace 10 meses

La historia promete humor y drama, pero estoy adelantando deducciones. Creo que estaré pendiente de tu historia.

PeterMellarkie
Rango6 Nivel 25
hace 10 meses

@J_Lani muchisimas gracias!! La historia en efecto promete humor y mucho drama, dentro de unas horas publico la otra parte del capítulo


#2

...segundos antes me encontraba yo discutiendo afuera del restobar con uno de los empleados porque no me dejaba entrar debido a que, según él, "la ropa no era apropiada", por el vidrio del lugar vi personas con vestimentas como la mía. Además, estoy seguro que es un ex de Melanie, cuando se lo dije vaya Dios a saber de dónde sacó esa serpiente. La colocó frente a mi rostro, Con lo mucho que me aterran esas cosas di un respingo, retrocedí y...

-¡Te lo compensaré!- le dije a Chloe, bueno, en ese momento no sabía que así se llama.

-Luego te llamo- dijo ella al teléfono. No estoy seguro si ya tenía rato hablando o apenas y le respondieron la llamada, creo que me ausenté un rato en mis pensamientos, suelo hacerlo. -Creo que ya has hecho suficiente, gracias.

No te hice una pregunta -respondí. -Causé este desastre, yo lo arreglo. ¡Te voy a reponer las pizzas!

Ella me miró de arriba hacia abajo y viceversa hasta reposar su mirada sobre la mía, hizo un pequeño gesto y un intento de sonrisa y contestó:

-Bueno, está bien. Pero sólo porque las necesito con urgencia y si no las llevo a tiempo mi jefe podría asesinarme, o peor aún, despedirme.
No estaba seguro de si el que su jefe la dejara sin trabajo era peor a que le quitara la vida, pero no dije nada.

No puedo negar que tanto su manera de vestir como su forma de ser llamaban mucho mi atención. Era un atuendo semi elegante. Una falda negra que casi le llegaba a las rodillas, con un suéter blanco un tanto descotado, y unos zapatos tipo botas cortas. Era tan extrovertida como seria, y ambas en un mismo contexto. Su cabello perfectamente peinado en trenzas y un moño bastante llamativo...

-Perdona que me meta pero... ¿por qué tantas pizzas?- le pregunté una vez estuvimos en la pizzería esperando nuestra orden.

Ella dejó su teléfono de lado para responderme:

-¿De verdad quieres saber o sólo quieres que el momento sea menos incómodo?

-Ambas- me límite a contestar. Ella dio un suspiro.

-Trabajo en una agencia de festejos. Buscar los aperitivos es solamente una pequeña parte de mi empleo. Hoy hay una boda cerca del Central Park y pues... bueno, ya sabes.

Entonces recordé qué diablos fui a hacer en un principio a aquél bar.

-¿Es la boda de John Wilson, por casualidad?- pregunté.

Ella dudó, asintió y respondió:

-Sí, es él. ¿Lo conoces?

-He oído hablar de él- dije con una sonrisa.

-Sí, seguramente. Su familia es muy reconocida a nivel nacional.

-¿Por su empresa?

-Y por los logros personales de cada uno.

Entonces el mesero nos interrumpió para avisar que las pizzas estaban listas.

-¿Tienes auto?- le pregunté.

-Sí, en el estacionamiento, ¿por?

-Te agradecería si me ayudas a llevarlas a su auto- dije al mesero.

-Claro señor, no hay problema.

-No creo que sea necesario...- protestó ella.

-Sí lo es, no vaya a ser que un imbécil te tropiese y tire todas las pizzas.

Ella sonrió.

-Bueno, está bien.

Luego de pagar, junto al mesero bajamos las pizzas hasta su vehículo, y sin que ella lo note le di buena propina a él. Cuando nos agradeció, se retiró a su labor.

-De verdad, muchas gracias por todo- dijo ella estando ya en su carro.

-No tienes nada que agradecer, era lo menos que podía hacer.

-Espero no haberte hecho perder tu tiempo.

-No, no. Para nada. Tengo algo que hacer pero todavía estoy a tiempo.

-¿Seguro?

-Sí, si. Sólo quería saber si... si volveré a verte algún día.

-No lo sé, Nueva York no es tan pequeña como parece.

-Sí, lo sé. Pero... si vuelvo a verte, ¿aceptarías que te invite a cenar?

Ella sonrío.

-Si nos vemos nuevamente, quiero cenar camarones.

Entonces arrancó, y sólo vi el auto alejarse.


#3

Capítulo II

Lo que yo había ido a hacer a aquél restobar era a comprar Vino, pero debido a ese pequeño inconveniente me vi en la obligación de buscalo en otro bar de la ciudad. Cuando lo obtuve fui a mi apartamento y me duché, me puse un traje de color azul grisaseo con mi corbata. Entonces fui a mi auto y conduje a la iglesia de la cuadra; una vez ahí sólo bastó con tcar la bocina para que el Pastor saliera a toda prisa y se subira al puesto del copiloto.

-Perdone la demora, estaba resolviendo algunos asuntos- dije.

-¿Demora, Mike? Son las siete treinta; estás una hora a tiempo. Como siempre.

-Vaya...- dije, ambos reímos. Entonces arranqué hacia el norte del Central Park.

Al llegar al sitio pudimos observar una gran cantidad de vehículos estacionados a los alrededores del establecimiento y el gran lote de personas paseandose en el sitio.

El Pastor pronto se mezcló entre los invitados, mientras tanto yo fui directo a la cocina. Dejé las botellas de Vino sobre la mesa.

-¡Oh, hijo! Creí que no vendrías- esbocé una enorme sonrisa al verla.

-¿Cómo crees que me lo perdería, madre?- le di un beso en cada mejilla y un gran y cálido abrazo. -¡Te ves hermosa!

-¡Oh, gracias! ¿Por qué no llamaste? Me tenías preocupada.

-Realmente lo siento, madre. Con tantas cosas en mente apenas y agarré el celular para ver la hora.

-No te preocupes, querido. ¿Comiste algo?

-La verdad es que no, y muero de hambre.

-¡Ya decía yo! Dame un instante y te sirvo algo.

-Gracias, ma.

En tanto se fue a servir comida para mí yo me giré para ver entrar a quien, como lo había pensado, estaría allí en ese justo momento. Abrió la boca al verme, dejó sobre la mesa la bandeja que traía en sus manos y arqueó una ceja.

-¿Estás siguiendome?- dijo al verme.

-Te podría hacer la misma pregunta- repuse con una sonrisa. -¿Me guardaste algo de pizza?

Alguien la interrumpió cuando iba a responderme.

-¡Hermano!- gritó Jhon al verme, y me dio un fuerte abrazo y un par de palmadas en la espalda. -Veo que ya conociste a Chloe.

-Bueno, no del todo, pero gracias Jhon por el dato- extendí mi mano hacia ella. -Es realmente un placer, Chloe; mi nombre es Mike. Mike Wilson.

Chloe quedó sin habla durante varios segundos.

-Chloe Allen- dijo al fin y me dio la mano. -Tú y yo hablamos luego- dijo y se fue.

Mordí mi labio y volteé a ver a Jhon. Él me miraba con una sonrisa.

-¿Qué?- pregunté.

-¿Acaso yo dije algo?- dijo a modo de burla.

-No seas imbécil.

-No soy imbécil, simplemente noto lo que aquí sucede.

Reí.

-Sí, si. Como sea. ¿Cómo te preparas para dar el "sí, acepto"?

-Con tantos nervios como la primera vez que fui al dentista.

-Vaya, eso es mucho miedo. ¿Christopher vino?

-Aún no llega, pero está cerca- alguien lo llamó. -Ya regreso, iré a ver qué ocurre.

-Tranquilo, ve.

Y entonces mamá regresó con un buen plato de "un poco de todo" para mí.

-No quiero ver que dejes nada- me advirtió.

El estómago me comenzó a rugir cuando me senté a comer. Era obvio que no iba a dejar absolutamente nada. Y nada dejé.

Me apresuré a lavar el plato, me serví un poco de vino y salí a donde estaba la multitud.