mikaela_moreno
Rango5 Nivel 20 (454 ptos) | Escritor en ciernes
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Ya solo faltaban los últimos detalles, la enorme carpa de franjas rojas y blancas estaba lista, los malabaristas, actores y fenómenos ensayaban para que al anochecer todo resultara en un show espectacular. Mariana caminaba junto a su perro, asombrada observando aquí y allá todo lo que se había preparado.
- ¿No te parece increíble, Rorro? - le dijo a su mestizo color achocolatado de patas cortas, pelo largo y orejas levantadas.
Un meneo de cola, recibió como respuesta.
- Perdóname por el retraso - dijo Antonio, agitado por la caminata a paso ligero para alcanzar a su prometida.
- ¿No te parece maravilloso todo esto, amor?
- ¿Trajeron al león?
- ¿El qué?. Antonio, ya hablamos de esto, no quiero un león en mi boda.
- Fuiste tú, la que quiso una boda circense, ¿qué es de un circo sin un león?
- No pienso pronunciar una palabra más al respecto. ¡Mira! Un puesto de palomitas. Vamos.
- Aún no hay nada cariño, solo lo están preparando. Además, debo llevar a Rorro a que le corten el pelo.
Rorro, a petición de Antonio, no había sido castrado aún, "¿Cómo le vas a quitar sus... pelotas"

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le había dicho a Mariana, aunque de nada le servía conservarlas, pues nunca había tenido una hembra lo suficientemente cerca. Cuando bajaron del auto al llegar a la Clínica y Spa de mascotas, Antonio, no se percató de la puddle en celo que estaba por entrar en la veterinaria y muy confiado de la obediencia de Rorro, apenas si sostenía la correa, por lo que al éste correr detrás de la hembrita, él no pudo hacer nada para sostenerlo y lo peor fue cuando en la puerta, al toparse con el doctor que tantas veces le había pinchado al ponerle sus vacunas, salió despavorido del susto y Antonio no logró alcanzarlo.
- ¿Qué haré ahora, Dan? - le dijo Antonio a su cuñado, cuando llegó para ayudarlo en la búsqueda de Rorro - esa mujer no se casa conmigo si no encuentro a ese perro.
- Calma, calma Tony, lo vamos a encontrar - dijo Daniel, con la serenidad que acostumbraba hablar, mientras caminaban llamando a Rorro.
- ¡Allá! - dijo Antonio, señalando a un hombre que daba vuelta en una esquina con un perro en brazos. Ambos aceleraron el paso - ¡Hey, el del perro!
Daniel, que era más veloz logró alcanzarlo y lo tomó del brazo.
- ¿Es Rorro, Tony?
- Claro que lo es - respondió casi sin aliento.
- Éste es mi perro - dijo el hombre, de apariencia desaliñada, con voz ronca.
- No, es mío. Devuelvalo.
- Hacemos trueque, ¿qué le parece?
- ¿Pretende que compre a mi propio perro?
- Ahora es mi perro y es muy lindo, me recuerda a uno que tuve de niño.
- Pero...
- Tony, ya, no insistas. ¿Cuánto quiere?
- No, dinero no.
- No puede ser, ¿entonces?
- Pues, verá usted, hace unas semanas dejé olvidado un libro muy preciado para mi en una tienda de compra y venta de libros, ubicada en la esquina norte de la Avenida Central. Si puede conseguir el libro para mi, le devuelvo a su perro.
- ¿Qué? Hoy a las seis de la tarde me caso y usted pretende que pase la tarde buscando un libro para usted.
- Es la una, aproveche el tiempo.
- No puede ser...
- Tony, Tony, basta. Ve a buscar el dichoso libro, yo me quedo cuidando a Rorro. Date prisa.
Antonio, regresó de prisa a la veterinaria donde dejó estacionado su auto y se apresuró a buscar la tienda de libros usados. Al llegar, el dueño le explicó que el libro había sido vendido a una mujer, afortunadamente, se lo había hecho llegar por correo, así que tenía la dirección de su domicilio y aunque fue difícil convencer al hombre de que se la diera, al final accedió. Antonio condujo de prisa hacia la dirección que se le proporcionó. Cuando llegó, una adolescente le atendió y le dijo que su madre se encontraba en un bingo. Al llegar a la nueva dirección que le dieron, se encontró con una escuela abarrotada de personas. Se dirigió al gimnasio, donde estaban cantando los números y las personas sentadas en largas mesas iban marcando el azar de la suerte en su cartón. El muchacho, pensó que la forma más rápida de encontrar a la mujer sería llamándola por el micrófono, que por fortuna le fue concedido.
- Teresa Salazar.
- ¡Bingo! Esa soy yo.
Antonio se acercó rápidamente a la voluminosa mujer y le explicó toda la situación.
- Muchacho, le ayudaría con gusto, pero el libro se lo regalé a mi esposo y desde entonces lo lleva con él a donde vaya.
- ¿Y dónde está su esposo?
- Hoy tiene presentación en una boda, si usted gusta, le acompaño y así lo convenzo de entregarle el libro.
El joven accedió y para su sorpresa, el lugar no era otro que el de su propia boda. El esposo de la mujer trabajaba para el circo. Antonio de inmediato llamó a Daniel y le pidió que trajera al hombre y a Rorro.
- Claro que se lo daré, joven - dijo el esposo al escuchar toda la explicación - está en la habitación de los sombreros.
- ¿Dónde?
- Así le llama al furgón donde guarda sus ridículos sombreros - dijo la esposa.
- Miguel, necesito que ayudes a Manuel con su jaula - le gritaron al esposo.
Impaciente, por conseguir el libro, Antonio decidió no esperar a Miguel y fue en busca de la "habitación de los sombreros" por su cuenta. Cuando alguien por fin le señaló el furgón, se apresuró a entrar, pero al toparse con la gigantesca cara de un león dormido cerró de un portazo la entrada.
- ¿Dónde está el libro? - preguntó Daniel, al ver a Antonio - ¿Qué te sucede? , pareces un papel.
- El libro está ahí - dijo señalando con su mano - junto al león.
- ¿Qué?, ¿pediste el león?
- ¿Qué es de un circo sin un león?
- Eso digo yo y el mío esta ahí dentro echandose un sueño antes del show. Pero mira, si es el viejo Castro - dijo dirigiendose al hombre que sostenía la correa de Rorro - supongo que es el hombre del que hablaron y este el perro.
- Precisamente.
- Castro, eres un desvergonzado, ¿cómo andas molestando a la gente de esa manera?
- Ya me conoces.
- Dales el perro que yo te doy el libro.
Finalmente, Rorro, sin haber puesto una pata en la estética canina, llevó los anillos hasta el altar. Antonio debió acceder a la castración del can y Mariana se tuvo que conformar con el show del león.

Don_Diego
Rango13 Nivel 62
hace 12 meses

Vaya travesia. Muy bueno todo. 😁