mikaela_moreno
Rango5 Nivel 20 (454 ptos) | Escritor en ciernes
#1
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  • #2

Camino de prisa por la calle, es una fresca mañana que pude haber utilizado de mejor manera, pero la nota anónima que recibí me pide estar en la lavandería antes de las 10:00am. ¿Anónima? ¡Ah! Pero si me imagino perfectamente quién la hizo llegar hasta mi puerta.
-Soy una musa, confusa y busco una excusa para no ser una hipotenusa ilusa y difusa... - me digo a mi misma - ¿Hipotenusa? ¡Pero que tonterías estoy diciendo!
El chico que caminaba a mi lado me mira y acelera el paso. Por fin, llego a la lavandería, hay una ancianita sentada frente a la máquina que lava su tanda de ropa, parece estar escuchando música y lleva puestas unas gafas oscuras plásticas de marco negro. Saludo al entrar, pero la mujer parece no darse cuenta de mi presencia. Paseo mi vista por todo el lugar, no veo al encargado por ninguna parte. Algo capta mi atención al moverse dentro de una de las lavadoras apagadas, me acerco y descubro un pequeño conejo gris a quien libero de su encierro.
- ¿Quieres? - pregunto, ofreciéndole una zanahoria que hago aparecer en mi mano.

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#2

- ¿Está envenenada, bruja? - pregunta el conejo con voz chillona.
El conejo desaparece y en medio de un espeso humo azul aparece frente a mi Harún, un efrit no muy poderoso a quién otros utilizan frecuentemente de simple mensajero. Hace años se dedica insistentemente a perseguir a los de nuestra estirpe, gracias a un mal entendido que provocó mi hermana.
- ¿Ahora qué quieres Harún?
- Sabes muy bien porque he venido - dice con una voz ronca - ustedes horrorosas brujas tienen algo que nos pertenece.
- ¿A ustedes o a Iblis?
Mi comentario parece molestarlo y lanza una llamarada de fuego desde su boca que yo inmediatamente ataco con una corriente de agua que brota de mis manos.
La anciana, después de un carraspeo de garganta y un poco de tos seca, se levanta, saca su ropa y la mete en una gran bolsa de tela que luego con un solo movimiento de sus brazos coloca sobre su hombro y camina hacia la salida. Sin dirigirnos ni una sola mirada, se marcha del local.
- No tengo yo el Santo Grial.
- Tú no, pero tu hermana sí que lo tiene en su poder.
- Entonces has venido a buscar a la persona equivocada, no sé dónde está ella.
Harún se acerca a mi con furia y aprisiona mi cuello en sus manos y me arrastra para despúes ponerme contra la pared.
- ¿Dónde está el Santo Grial? - su voz se vuelve demoniaca, sus ojos se tornan rojos como sangre, sus uñas largas y en punta se clavan en mi piel.
- No lo sé - digo con voz entrecortada - tendrás que preguntárselo a ella - acerco mi mano izquierda a su rostro y de mis dedos lanzo una llamarada a sus ojos.
- ¡Ah! - grita al soltarme - pero si el fuego me fortalece, yo vengo del fuego, Alah me ha creado de él, hija del barro.
- No soy una simple hija del barro - dije, lanzando un hechizo para que su superficie se volviera fango en que se hundiera.
El efrit se convirte en un ave fénix y lanza llamaradas contra mi. Corro para esconderme a gachada tras el mostrador del encargado ausente y lanzo un hechizo que hace llover dentro de la lavandería. Si Harún tuviera el poder que poseen otros efrits, ya hubiera acabado conmigo. Me levanto lentamente y no veo al fénix por ninguna parte. Escucho un cascabeleo y al mirar el suelo me encuentro con una serpiente que sube por mi pierna, con un hechizo directo a la cabeza de la serpiente la hago reventar uno de sus ojos y esta da un pavoroso grito y cae al piso.
- ¡Maldita bruja!
Corro hacia la puerta pero me topo con Harún. No podría estar más furioso, sus dientes se ven afilados en su boca entreabierta, su piel roja arde y al caer las gotas de lluvia se vaporisan de inmediato al contacto con su cuerpo.
- Encontraré a tu hermana y la haré decirme donde esconde el Santo Grial, pero a ti, a ti te acabaré hoy mismo.
Convierto la lluvia en nieve y antes de que pueda acercarse más a mi, lanzo otro hechizo, esta vez de hielo contra él, no me detengo y comienza a dar resultado, el rojo encendido del efrit comienza a verse vada vez más apagado.
- ¿Qué me estás haciendo? - exclama iracundo Harún.
Con un último hechizo, lo vuelvo a convertir en el pequeño conejo que vi antes y hago aparecer una bolsa de tela donde meto al animal, ha quedado débil y por un buen rato no podrá volver a su verdadera forma. Antes de salir de la lavandería, pongo de nuevo todo en su lugar y me dirijo a casa. Planeo preparar un pastel para el postre después de la cena, que será un delicioso conejo al horno.