AndruDim
Rango6 Nivel 26 (876 ptos) | Novelista en prácticas
#1
    Partes:
  • #2

Bajo el cielo estrellado de un bosque, se encontraba una pequeña flor llorando desconsolada. Un conejo que la conocía se acercó, curioso por saber qué pasaba.
-¿Por qué lloras?
-La luna me recuerda que estoy sola.
El conejo miró con incredulidad a la pequeña flor.
-Pero tus hermanas están contigo.
-Ya todas se fueron a manos de un enamorado.
-¿Y qué hay del sol?- Preguntó el conejo intentando hacerla dejar de llorar -Él te visita todos los días.
La flor sonrío melancólica al recordar.
-Sí, y me hace muy feliz cuando sus cálidos rayos tocan mis pétalos. -su voz se apagó y la sonrisa se borró -Pero sin importar qué haga, ni cuánto lo quiera, él siempre se irá.
El conejo, preocupado por su amiga, se quedó pensativo con la mirada perdida en una luciérnaga que volaba cerca de ellos. Y entonces, con más entusiasmo, le comentó.
-Bueno, pero en la noche te acompañan las luciérnagas que son muy amables, siempre dispuestas a charlar.
Un grupo de luciérnagas pasaron frente a ellos. La flor las saludó cordialmente y ellas le respondieron con una gran sonrisa.
[...]

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MusicalSky
Rango3 Nivel 10
hace 6 meses

Interesante, espero poder leer la continuación :)


#2

-Lo hacen por educación. -dijo la flor un poco más tranquila -No son malas, pero no somos tan cercanas.
Al ver a su amigo angustiado por ella sin comprender su sentir, le preguntó.
-Dime, ¿qué haces en la mañanas?
El conejo, algo desconcertado por el cambio de conversación, le respondió.
-Llevo a los demás conejos a la pradera. ¿Por qué?
La flor prosiguió sin hacer caso a su pregunta.
-¿Y en la tarde?
-Organizo la madriguera y hago los pendientes del día.
-En las noches, ¿qué haces?
Entonces el conejo sonrió mirando a la luna.
-Veo a mi amada. A veces salimos por la pradera, otras veces no esperamos la noche y nos vemos por la tarde...
-Pero esta noche no estás con ella - lo interrumpió la flor con un dejo de amabilidad en su voz.
La sonrisa se desvaneció y bajó la mirada.
-No he podido verla. Ha estado muy ocupada y yo también.
-Pudiste haberte quedado en la madriguera, -indagó la flor- salir con los otros conejos o incluso con las luciérnagas. Sin embargo, aquí estás, observando la luna por la misma razón que a mi me hace llorar.
El conejo volteó de nuevo a la bella luna hablando en voz baja.
-Supongo que todos nos sentimos solos de vez en cuando.
-O estamos tan ocupados que no nos damos cuenta de nuestra soledad.
Los dos amigos no hablaron más por el resto de la noche. Sólo observaron la luna. Y por primera vez, no se sintieron solos.