Avefenix
Rango6 Nivel 29 (1394 ptos) | Novelista en prácticas
#1
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  • #2

En la ciudad hubo una epidemia desconocida, las calles yacían desoladas, los negocios cerrados, los coches estacionados y llenos de polvo. El control de sanidad fue el siguiente: todo humano debía resguardarse en el lugar dónde estuviera al haberse dado el toque de queda. Ese día, Rhys, Corín y la joven, habían estado en casa de su abuela y por indicación ya no salieron de ahí. Ellos no se quedaron con la historia qué daban en los noticieros, pues decían que se trataba de una enfermedad contagiosa; sin embargo, ellos sabían la verdad detrás de la supuesta epidemia. La menor enfermó y los tres mayores tuvieron que cuidarla pues su enfermedad tenía un cuadro de psicosis, alucinaciones, fiebre y estupor.

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Supieron que se infectó porqué comenzó a ver cosas que no estaban pues decía que había sombras, así que prendió las luces de toda la casa. Después una noche, mientras tomaba una siesta, despertó gritando e hizo que la lámpara del techo explotará por el tono agudo de su grito. Su abuela preocupada, la revisó. Su piel ardía en fiebre y el termómetro marcaba más de 40 grados centígrados; estaba empapada en sudor y a la vez, temblaba de frío. Su abuela sabía que podía pasarle si su cuerpo hervía a tal temperatura, por eso, tomó la precaución de darle muchos baños con agua tibia en la regadera de mano, sobre una silla, dónde la fijaron por sí entraba en estado de sueño.
Corín comentó a la abuela que esa noche él se encargaría de revisarle la temperatura y hacer lo posible para que esta descendiera, además, le avisó que debían mantenerse en cuarentena. Así pues, decidieron aislar a la joven en la habitación de la anciana; se turnaban para dormir con ella.
Rhys días después, propuso que la mujer y su amigo se fueran de la casa y buscarán un refugio ya que algo le daba mala espina y no quería permanecer más tiempo en aquella ciudad. Alegó además, que mientras ellos buscaban otro lugar el cuidaría de la joven y, que cuándo mejorará su condición, les darían alcance. Ambos accedieron y emprendieron el viaje; mientras tanto, Rhys cuidó de la chica día y noche por unas semanas. A veces la misma enfermedad, dejaba a la fémina desconectada del mundo y Rhys, le relataba historias, porque no quería que se olvidara de él y mucho menos perderle del mundo terrenal.
Después de quince días en las cuales el estupor la invadió por completo, despertó. Lo primero que vio fue a su abuela que estaba sentada en una silla al lado de la cama dónde estaba acostada; miró que su abuela tejía un suéter color rojo. La observó tanto tiempo hasta que su abuela, se percató que había despertado.
—Hola—, dijo con su acento peculiar.
—¿No estoy muerta?
—No…—Contesto la mujer, sonriendo —Rhys y Corín se esmeraron mucho para que sobrevivieras. No recordaba qué tú pudieras enfermar así.

***

Después de despertar su abuela le contó toda la aventura que pasaron mientras ella enfermó. Se aseó, se cambió y dejó a su abuela en la habitación aun tejiendo el suéter y mirando televisión. Además, le ordenó ir en busca de su hermano adoptivo y de Rhys para que vieran que sus esfuerzos dieron frutos.
—Ve a darles una sorpresa. —Le dijo. —Están en la playa tomando un poco de aire. Al salir de la casa de pintada de color amarillo, infestada de muchas personas, olió el mar. Sintió la brisa salada llenarle los pulmones.
Calculó una distancia de veinte metros de la casa al mar. Buscó con entusiasmo a Corín mientras pasaba entre personas que corrían y jugaban; en la playa había muchos niños jugando en un día nublado; vio hacía el cielo y dedujo que pronto llovería. Su mirada se clavó en Rhys que sonreía mientras platicaba con unas personas. Corín no estaba con él así qué intentó gritarle a Rhys, pero el eco de su grito fue ahogado por la muchedumbre que vagaba por la playa. No perdía de vista a Rhys, pues hubo un momento en que él desvió la mirada hacia su dirección. Sus ojos negros brillaron tanto de felicidad, que el corazón de la joven palpitó con fuerza.