mikaela_moreno
Rango5 Nivel 20 (454 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Kiré ya no recordaba cuánto tiempo llevaba vagando en el desierto sin rumbo, había olvidado cuándo fue la última vez que probó algún alimento y lamentaba la pérdida de quienes sucumbieron a las inclemencias de las circunstancias. Con nada más que arena a su al rededor, tan sólo podía pensar en la comodidad de su hogar y en la señorita Sobolalliv de tan dulce rostro, aquel árido paisaje le hacía sentirse más convencido que nunca, depedir la mano de la joven en matrimonio. Formaría con ella una familia y dejaría atrás de una vez por todas, la idea de buscar travesías emocionantes dignas de ser contadas y que anotaba en su bitácora para las futuras generaciones.
La arenas del desierto se metía entre sus párpados, la brisa cálida destrozaba sus labios y el sol había curtido su piel hasta hacerlo sentir como una serpiente en muda. Le faltaban las fuerzas para continuar, sus piernas ya no respondían, moriría solo en aquel lugar alvidado por el mundo, al que no sabía como llegó y del que no pudo salir. Cayó rendido y ahí, tendido sobre la arena, lo encontraron los sirvientes del palacio.

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mikaela_moreno
Rango5 Nivel 20
hace 12 meses

Internto llmar la atención, para ganar los likes, quiero poner el resto de la historia

Extraviada
Rango6 Nivel 28
hace 12 meses

Si gustas puedes continuar, ya no es necesario cierto numero de me gusta para añadir cajitas.


#2

En una camilla hecha a base de dos baras de bambú y una manta de algodón, lo transportaron hasta la ciudad, tal como se les había sido ordenado.
- ¿Lo encontraron? - ansiosa, preguntó Ket, escuchar las voces de los recién llegados.
- Necesita ser atendido, su majestad - respondió uno se los sirvientes.
- Yo misma me encargaré, que sea llevado a mis aposentos.
Una vez a solas, tomó un jarro con agua y sirvió un poco en un vaso y con delicadeza lo puso los labils del joven mientras levantaba ligeramente su cabeza, poco a poco el líquido cruzaba por su bocas hasta su garganta. Seguidamente, le despojó de las prendas que le vestían, todas muy distintas a cualquier traje que ella hubiera visto antes, botas hasta la rodilla, un calzado que jamás hubiera imaginado que existiese, pantalon cafe de una tela que nunca no conocía, y por una camisa blanca llena de botones al frente con unos peculiares vuelos cubriendo las muñecas. Con un poco más de agua y una suave tela, limpió a Kiré, contemplendo cada parte de su cuerpo, su piel blanca enrojecida por el sol ardiente, sus manos de dedos largos, sus piernas escasas de vello al igual que sus axilas, su rostro de nariz perfilada, y su cabello rubio. Finalmente, le cubrió con una sábana fresca y se sentó a su lado a contemplarle en silencio hasta que a poco despertó, fue entonces cuando él se encontró con la mirada penetrante que le regalaba una mujer de extraordinaria belleza que nunca había visto antes, con un tono olivo en la piel clara y de cabello abundante y rojizo caoba.
Se encintraban en una amplia habitación con una salida enmarca por grandes cortinas que caían en pliegues y que daba a un jardín, entraba por supuesto mucha luz natural. De pronto se percató de su desnudez y miró a todas partes en busca de su ropa.
- ¿Quién me desvistió? - preguntó.
Ket se levantó sin quitar la mirada de su invitado y salió de la habitación. Un instante después, entró una sirventa para atenderle y a quién él interrogó de inmediato. Ella le explicó como había llegado hasta el palacio de Airujul, pero nada más. Después le dijo que su majestad, le esperaba en el Laberinto Escarlata, lo cual tomó por sorpresa a Kiré.
Ket, se encontraba en su habitación de meditación, en el altar, le daba gracias a las tres madres lunas, a That, diosa de sabiduría, por guiar el camino de Kiré hasta ella, a Yanu, diosa de la salud, por sanar las heridas de su viaje y a Élia, diosa de la muerte, por rehusar arratrarlo a la oscuridad eterna. Al terminar sus oraciones, fue a prepararse para encontrarse con Kiré.
Después de que Kiré, satisfizo su sed y su hambre, se le otorgó un magnífico traje hecho de algodón blanco y dorado, luego fue acompañado por la sirvienta hasta la entrada del Laberinto Escarlata, dónde se encontraron con una fila de personas que deseaban entrar y que debían pagarle a un fornido y alto hombre de piel morena y ojos fieros de color miel.
- Son cincuenta semillas de cardamomo, si deseas entrar, ese es el precio - dijo el guardian com voz tosca.
- Él, es invitado de su majestad, Oinotna - dijo la sirvienta.
- No he sido informado, Etselec.
- Bien - dijo ella, poniendo los ojos en blanco mientras sacaba las semillas verdes de una bolsita que guardaba entre los pliegues de su túnica - aquí está pago. Ahora entra, entra ya muchacho.
Kiré se encontró en un oscuro pasillo con una alfombra color rojo sangre que se extendía por todo el laberinto. Cruzó eñ umbral de oscuridad y de pronto sintió una mano suave que le recorrió en una suave caricia, desde su hombro hasta llegar a su mano para tirar de ella, al levantar la mirada, logro observar en la penumbra a una bella mujer rubia que posó las manos en el rostro del joven y le besó apasionadamente. Kiré, la observó sorprendido.
- Soy Anairam, bienvenido.
- Debo ver a...
- ¿Su majestad?, debes recorrer el laberinto hasta encontrarla.
Kiré caminó un poco y al hechar una mirada hacia atrás, vio a Anairam besando a otra persona en la entrada, confundido posó su vista al frente y continuó hasta encontrarse con uma pared que de repente vio que se movió y se abrió como una puerta y salió una pareja besandose con gran intensidad, la mujer al ver a Kiré se abalanzó sobre él, besando sus labios y su cuello mientras el hombre que la acompañaba la tomaba para recuperarla entre sus brazos. Kiré entró al lugar del que habían salido ellos y se encontró en una habitación llena de cuerpos semidesnudos, donde todos se besaban entre sí, en un mar de manos que tocaban y piernas que se abrían acompañado con un intenso olor que cargaba la atmósfera. Sin darse cuenta, alguien comenzó a besarlo a él, mientras alguien más lo recorría su cuerpo con estremecedoras caricias y cuando levantó la mirada, al otro lado de la habitación estaba ella,

#3

vestida con nada más que una tela rojisa traslucida, sus ojos, grandes y oscuros, su mirada lo llamaba y de inmediato la siguió al verla cruzar por otra de las puertas secretas, pero al llegar al pasillo no la encontró.
El joven buscó aquí y allá, en medio de manos que recorrían su cuerpo, lenguas que entraban en su boca o saboreaban su piel. Pasilla tras pasillo parecía estar lleno de cuerpos casi deanudos, sudorosos y excitados, siendo impulsados por los deseos carnales, ansiosos por obtener el placer de quién pudiera ofrecerlo. El cuerpo de Kiré comenzó a responder a los estímulos que se le ofrecían por doquier, fragancias dulces se mezclaban con el aroma a sexo inundaban el aire. No sabía quién mordía sus labios y su cuello, quién acariciaba sus geniales y quien desperdigó los besos que recorrieron su espalda, tres o cuatro mujeres - no estaba seguro - le excitaron como nunca podría haber imaginado, una voz susurró algo casi inaudible, pero la melodía que creo en su cerebro fue más embriagador que todos los estímulos que estaba recibiendo físicamente. La mujer, con aquella tela roja que la hacía parecer más desnuda que si lo estuviera en realidad, besó una a una a las jóvenes mujeres que gozaban del cuerpo de Kiré y finalmente tomó de la mano a éste para perderse juntos tras una de aquellas puertas secretas.
Un cautivador olor a rosas y jazmín perfumaba la habitación y la vista de Kiré ae deleitaba con la imagen que tenía frente a él.
- Las madres lunas te han traido a mi, Kiré ¿Les has visto?
- Pensé que eran delirios que tuve en el desierto, al ver tres lunas en un mismo cielo.
- That, Yanu y Élia, te han hecho llehar a mis brazos y yo te he visto en sueños. Ellas me mostraron que vendrías.
- ¿Por qué he venido? Todos mis amigos se han ido y yo sigo aquí.
- Porque debes cumplir un propósito, Kiré.
- ¿Qué propósito?
- El del placer de la carne para ti y para mi.
Ket se acercó, lentamente desistió a Kiré, mientras besaba cada centímetro de su piel. Él se estremecía con cada roce de sus labios, con cada toque de sus dedos, era una dulce tortura y deseaba que no acabara. Ket, se desprendió de la única prenda que llevaba y quedó, por fin, a merced de Kiré.
- Puedes hacer de mi, lo que desees - susurró.
Como un león hambriento sobre su presa, Kiré la tomó y entre apasionados besos la arrastró hasta la cama. Recorrió cada rincón de su cuerpo con sus manos, con sus labios, con su lengua, hasta hundirse en el más tibio y húmedo umbral que saboreó hasta sacearce para después penetrarlo hasta el cansancio. Con cada embestida, un poderoso agotamiento se apoderaba se él aunque no podía detenerse. Continúo hasta que sus fuerzas escaparon y su corazón dejó de latir, para caer rendido sobre el pecho de su amante.
La hermosa mujer, observó el cadáver que reposaba sobre su cuerpo y dijo:
- Haz cumplido tu propósito, Kiré.