DanaArtiles
Rango2 Nivel 8 (56 ptos) | Copista no remunerado
#1

Todo saldrá de las penumbras para conseguir lo que todos quieren... estas dispuesto? Los secretos y las muertes que antes descansaban en lo oscuro verán la luz...

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#2

PROLOGO
¿Qué es lo que hace que la vida de una persona cambie, de un vuelco, o cambie totalmente su perspectiva de ver las cosas? Yo diría que el amor es lo que hace que uno cambie. Y si hay otra forma de cambio no me atrevería a cuestionar ya que parte de la opinión de quien ha tenido... la oportunidad de cambiar.
Todo empezó con un sueño, aunque desde que tengo memoria, siempre lo he tenido y no puedo deducir si realmente paso o no.
Solo sé que, estoy en un bosque y aunque quisiera negarlo no puedo porque me resulta muy familiar; el olor a pasto húmedo y puro, sin cortar y desmarañado luego de una larga lluvia, Los arboles tan altos que me hacen sentir pequeña pero protegida, miro a mi alrededor apreciando el lugar hasta que aparece el.
Una figura oscura de un hombre, pero no logro ver con claridad cómo es su rostro, lo único que hace es extender su mano a mí y con vos masculina, calmada y dulce, me dice:
-Ven conmigo pequeña... ya no hay peligro. - Sus palabras llegan a mi como si lo susurrara de cerca.
Es tan extraño, porque siento el viento helado que me recorre la espalda y mi cuerpo comienza a templar. Lo quedo mirando e inconscientemente me llevo mis manos a mi pecho por el frío, mirándolas tan frías y pálidas. No me sorprendo por lo que llevaba puesto, mi camisón de rallas en blanco y rosa, y ver que no era yo o más bien si lo era, pero tendría como unos tres o cuatro años.
-Ven conmigo pequeña. - Me repite en un dulce susurro haciéndome temblar otra vez.
-No.- Digo con la vos algo ahogada y tartamudeando a causa del frío, retrocediendo un paso.
-No me temas, pequeña, yo no te haré daño y no dejare que nadie te lastime... te lo prometo. - Al escucharlo no sé cómo lo sabía, pero no mentía, que me acerque un paso para tomar su mano. Luego todo se tiño de una luz blanca y plateada.

#3

Capítulo 1. A primera vista, ¿desagradable o amistoso?
Me desperté y como de costumbre unas imágenes pasaron por mi mente. Siempre de tener sueño recordaba a mis padres; mi madre se llamaba Elizabeth Welch, con una sonrisa y cabello corto en marrón oscuro al igual que sus ojos con una miranda que reflejaba tanta confianza y amor que debía reprimirme para no llorar; y mi padre, se llamaba Allan Worton, con ojos y cabello de un tono avellana y su típica expresión de satisfacción y una leve sonrisa en sus labios finos. Me repetí siempre que los amaría y que trataría de no olvidarlos por mucho que pasara el tiempo.
Me hice un bollo en la cama y abrasé la almohada con fuerza.
-Ya pasaron 15 años...- Recordé, lamentando no tenerlos cerca.
Me irritaba a veces el pensar que, aunque pasara tanto desde el accidente de mis padres aun contara con el tiempo que pasara sin ellos.
Habían muerto en un accidente automovilístico cuando tenía 3 años, lo que me irrita pensar que solo recuerde sus rostros de una foto y no de los momentos que allá pasado con ellos. Pero era imposible retener memorias de los 3 años. No tengo recuerdos de momentos previos, ni como eran sus voces, ni siquiera como era el sentirme abrazada por ellos. Pero si sus nombres y sus rostros, claro, y que seguramente me querían.
Después del accidente me fui a vivir con mi tío y su familia. Era el Hermano de mi madre y los únicos familiares. Mi tío Bill Welch y mi tía Callie, que murió hace 4 años atrás, con sus dos hijos, Logan dos años mayor y Cameron de mí misma edad, me dieron un hogar y me cuidaron como si fuera una hija y una hermana.
-Elizabeth! - Me grito.
-Qué? - Respondí.
-Llegaras tarde. - Dijo desde la puerta entre abierta de mi habitación. -Otra vez. - Cerrando la puerta.
-No! - Habiendo aclarado mi mente para saber a lo que llegaría tarde.
Me saque los cobertores de encima para buscar rápido mi celular. Cuando lo encontré, me fijé en la hora, eran las 7: 23 am y entraba a la escuela a las 7: 30 am.
-Mierda! - Maldije disparando de mi habitación al baño.
Me cepille los dientes, me lave la cara y me desenrede un poco el cabello, aunque no figurara mucha diferencia. Mi cabello era largo y ondulado, color castaño rojizo, me caía hasta los codos, me puse rímel y me maquillé un poco para disimular la palidez. Al terminar me fui a vestir, tomé mi mochila y salí corriendo sin siquiera haber desayunado.
La Secundaria Grimme no quedaba tan lejos, a menos que fuera mucha caminar tres cuadras, pero no disminuí mi velocidad. Era mi último año de secundaria y a mitad de año no me apetecía llegar tarde por milésima vez. Aun dicho esto, al llegar no había nadie en los pasillos, con el intento de ver la hora en mi celular rebuscaba en mi mochila fui tomando las escaleras hacia el segundo piso cuando me choco con algo. O mejor dicho... con alguien que no fui capaz de sujetarme de nada cayendo de espaldas golpeando mi cabeza.
Oí una vos masculina que no pude reconocer, me sentí muy mareada para podes concentrarme, luego mis ojos se sentían muy pesados y me dejé caer en el sueño.
Un sueño, pero diferente, aunque no había tenido ningún otro en el que me encuentro con él, el hombre de la sombra. En este, era yo misma, tal cual había salido de casa en el que estaba flotando. Veía borroso, pestañando un par de veces sin lograr mejorar mi vista. Pero si mover un poco el cuello para ver un rostro que me miraba, o eso podía percibir.
-Estas bien? - Su vos era dulce, seductora susurrándome al oído, pensando si llegarían a ser la misma vos, pero no. Sus tonalidades eran diferentes, percibiendo mi inseguridad. Aun si aseveraba. -Tranquila, estarás bien. -
-Qui... quién eres? - Tartamudee, gimiendo al dolor punzante en mi cabeza. Siendo llevada en brazos, y no flotando.
-Me llamo Gabriel. -
Conforme nos habíamos quedado viéndonos, repentinamente mi corazón comenzó a latir con rapidez, consiente de su cercanía, su aroma, una mezcla de dentífrico de menta y una colonia casi imperceptible. Confirmando lo que ya no sería un sueño más.
-Gabriel...- Repetí con otro dolor agudo, creyendo no oír mal.
Cuando fue que mi fuerza, para mantenerme despierta disminuía solo deje irme. Cerrando mis ojos y dormir.
Me desperté con el tic tac del reloj de pared de la sala de profesores, tumbada en el sofá junto a la Sra. Cladis, profesora de Biología y enfermera graduada. Todos sabían de sus estudios en enfermería y profesorado, pero bien prefería la enseñanza. Sosteniendo un trapo frio y húmedo en mi frente, calmando el mareo y despabilando mi mente, ligeramente, revuelta.
-Que me paso... y como llegue...? - Dirigiéndome a mí, deje la pregunta al aire.
-Chocaste con un alumno en las escaleras y te has golpeado la cabeza. - Mirando mi reacción, suponiendo alguna clase de hematoma craneal, supongo, fui dando el orden a mis ideas con su declaración. Al tiempo que realizaba múltiples preguntas sobre desorientación, náuseas, visión borrosa entre otras, para luego de responder tardar unos segundos y seguir con una sonrisa. -Te trajo en brazos... toda una princesa en brazos de su príncipe. -
-Tiene que ser un sueño. - Sintiendo que realmente lo fuera, a sufrir la vergüenza de haber cruzado la escuelo según como la profesora me lo plasmaba con series imágenes servicio gratuito de imaginación altamente fantasía peligrosa.
- ¿Que dijiste, querida? -
Tomando el trapo, me ayudo a incorporarme a caminar, examinando mi caminar.
-No, nada. -
-Han llamado a tu casa para venirte a buscar, pero no contestan, ¿segura que te encuentras bien? -
-Si estoy bien. Mi tío está trabajando, por lo que no hay nadie en casa. -
Tenía pensada preguntar si podía irme sola, pero descarte la idea por dos razones; la primera es porque no me dejaría ya que recaería la responsabilidad en la escuela; y la segunda es que no soportaría el aburrimiento. Dando una miranda al reloj, solo quedaba una clase para irme. "Sin sacrificio no hay gloria" me dije.
-Puedo ir a clases? -
-Sí, aunque puedes quedarte recostada hasta la hora de salida. -
"Mmm... una oferta tentadora, pero sería como estar desnudo ante un público... paso." solo en declinar la opción.
-No, gracias. - Como si supiera en que pensaba, sonrió tomando papel y lápiz.
-Ok, le tendrás que dar esta nota a tu profesor.
Antes de entrar procure tomar aire para calmarme, odiaba que las personas se me quedaran mirando como animal de circo. Me acerque al escritorio del profesor, me miro levantándose de su silla y le tendí la nota.
-Bien, Elizabeth, puedes sentarte. - Y se volvió de cara al pizarrón para escribir unos ejercicios de matemáticas.
Al dirigirme a mi asiento, note que tenía un nuevo compañero de asiento. Un chico nuevo. No era particularmente antisocial pero no soportaba el tener que obligarme a hacer social, particularmente no quería relacionarme con chico para no crearme "enemistades futuras". Ya que el sequito de la escuela pronto estuviera, de ya estarlo si no, detrás de este chico. Cumpliendo los estándares de "super lindo", como bien dicen. Una vez sentada puede percatarme más en él, cabello rubio oscuro, labios finos un tono más oscuro de su tez y ojos verde.
-Lo siento. - Dijo.
Pensar que lo último que llegaría a decir fuera una disculpa, estaba desconcertada.
-Que? ¿porque te discutas? - Pregunte.
-No te acuerdas? - No espero a que le confirmara solo ver mi reacción le dio para seguirme explicar. - Fue conmigo con quien chocaste... además, ¿porque ibas corriendo? -
Su humor había cambiado al igual que el mío, ¿” Acaso eso es una disculpa sincera?" pensando también que no era de las personas que les gustara dar disculpas.
-Iba corriendo por que llegaba tarde. - Le lance, a modo que solo él me escuchara.
"Dios, era la primera persona en toda mi vida que me había hecho enojar en tan corto tiempo".
-Y si ya llegabas tarde, para que molestarse, ¿no? - No había chiste en su comentario ni tenía ganas de seguir con la conversación. Concluyendo, -Deberías fijarte por donde vas.-
Después de esas palabras me volví en mi silla y preste atención a la clase, rogando que no fuera necesario cruzar palabras, hasta que sonó el timbre de salida.
Descartar su presencia era lo más eficiente, caminando por el pasillo para ir a mi casillero me volvió el mal humor y el cansando mental.
Me bloqueaban el paso el típico grupo de chicas que siempre acosaban a los chicos "bien proporcionados" para no decir "lindos y ya". Se volvía demasiado tedioso y sin gracia. Me recordaban el canal de Discovery donde "los coyotes desesperadas acorralan a su presa". Elogian a su presa y atacaban, como si cambiar de novio equivaldría a un cambio de ropa interior. Y el siguiente en su lista era mi compañero de asiento, el chico nuevo.
A veces, solo a veces, no sabía si sentir pena o solo vergüenza ajena. Estando en el centro de entre todas ellas con cara de sin ánimo, era extraño que con lo felices que la gran mayoría de anteriores chicos han tenido que pasar el tiempo con ellas para luego ser pasados por basura, supondría que al menos no todos les gustaría ser acosado y manoseado por tantas mujeres. E aquí a uno de esos.

#4

Luego de atravesar la barrera abrí mi casillero sacando mi bolso y guardando mis libros.
-Lo siento, chicas. Tengo novia. - Les anuncio.
Parada con mi libro de Química en mano lo solté inconscientemente, al percibir que alguien esta atrás mío. En un segundo una mano lo tomaba en el aire, guardado en mi casillero y cerrándolo.
Al darle la cara nos separaban veinte centímetros entre el rostro mío y de mi compañero, habiendo querido dar un paso atrás pero ya estaba apoyada de espaldas en sobre las taquillas. Tomando la oportunidad de acercarse, creyendo que me daría un beso o algo, agache la cabeza así el cabello me cubriera y no darle el gusto solo fue por mi oído.
-Vamos, Elizabeth. -
Sabía que el grupo de chicas y los demás alumnos que andaban por el corredor pudieron haber escuchado y presenciado el momento. Solo pensaba en seguir siendo invisible hasta que acabaran el año, pero este chico lo había arruinado todo.
Queriendo protestar me lo impidió, entrelazando nuestras manos, como una pareja, y arrastrándome en dirección a los aparcamientos del colegio hasta llegar a un auto gris del ´74, haciéndome un gesto con su mano para que subiera. Soltando su agarre con brusquedad, lo miraba con gran enojo, incomprensión y en busca de una explicación.
"Podía ser tan egoísta?" Pensando si mi mirada furiosa llegara a fulminarlo.
-No subiré, ni siquiera te conozco. - Dije cuando no parecía comprender.
-Ya te lo dije. -
-Qué? - Realmente él sabía cómo desconcertarme. -No recuerdo que nos hallamos presentado en clase, además ¿cómo supiste mi nombre? –
-Te lo dije cuando te llevaba a la enfermería y supe tu nombre por tu libro de química. -
-Gabriel? - Pregunto y el asiente.
-Sube, así puedo pagarte el favor de deshacerme de esas chicas, te llevare a tu casa. -
No me convenzo de que sea de los que no les guste la atención femenina, suspiro pensando en mi trabajo.
-No necesito que me lleves a casa, y debiste elegir a otra para ser comida de coyotes. -
Se ríe un poco, y me percato de que le fui de pique al confesar mi imaginación. “Olvídate de los coyotes”, me reprendo mordiendo mi lengua.
-Te elegí porque te ves linda enojada, Elizabeth. –
Un viento pasa por nosotros y le manda el poco flequillo hacia delante, con un movimiento, lo vuelve hacia atrás, y paso a ver la hora en su reloj. Se me hacía tarde para ir a mi trabajo. Me lo pensé bien, “me debe una, y voy a cobrársela”.
-Creo que aceptare que me lleves, pero no a mi casa…- El levanta una ceja y sonríe de manera traviesa, y puedo ver como lo malinterpreta, pero solo quiere fastidiarme. -Debo ir a trabajar, no quiero llegar tarde. -Le atajo.
-Está bien, ¿dónde trabajas? –
-En Geines. – Intento darle las direcciones, pero ya lo conoce, y vuelve a indicarme que suba al auto.
En todo el trayecto no entablo conversación y por el tampoco.
-Gracias por traerme. -Dije mientras bajo del auto.
-Deuda saldada. -
-Generalmente las personas dicen “de nada” cuando se es amable. –
-Insinúas que no lo soy? – Dice divertido.
-Déjame pensar… - Y comienzo a enumerarle mi punto. – Primero; no te presentas bien cuando nos vemos por segunda vez, sino que me sermoneas por chocarme contigo y llegar tarde, segundo; me inmiscuyes en tus problemas para dármelos a mí con esas perras, y tercero; el decir deuda saldada da a pensar que tu sentido de amabilidad está sobre valuado. –
-Cuando ofreces ayuda sin nada a cambio tal vez, pero esta vez “estamos a mano”. – mira al frente, y pienso que no hay más que decir. Cierro la puerta del auto y me alejo unos pasos, oigo el rugir del motor y me doy vuelta, me queda viendo con una sonrisa y habla sobre el ruido del auto. - ¿Qué te parece si la próxima, te invita a salir y te muestro mi amabilidad? -
-Ja. No seas presumido, no eres mi tipo. -Me burle de su estilo de galán de tercera.
-Y cuál es tu tipo? – Me había alejado solo un paso del auto, por lo que tuvo que inclinarse en el asiento para que siguiéramos viéndonos.
-Los modestos. - Y me gire para irme.
Al entrar al restaurante me dirigí al vertido de empleados, ya listar para su turno estaban Beth y Lía con sus uniformes y delantales negros puestos.
No me permitía tener amigas en la escuela porque no las había como ellas, a simple vista ambas eran como el agua y el aceite, haciendo incomprensible que se complementaran para llevarse bien, y aun así las dos contenían lo que ni tanto ni mucho me complementaban. La manía atrevida, divertida y no tan madura con sus 22 años de Beth; y, la timidez en ciertos temas y la responsabilidad para ser independiente de Lía.
Me comenzaba a vestir cuando ellas detuvieron su conversación, ambas me miraban con sonrisas traviesas. No me fue in misterio saber en que pensaban.
-Y? – Pregunto Beth.
-Que? – Fingiendo ignorancia.
-Como que “qué?”, estas saliendo con alguien y no nos dijiste? -Creería que cualquier amiga se enfadaría por el tomo incriminatorio de su pregunta, pero su rosto se mostraba divertido. – Y? cuenta, ¿es tu novio? -
-No! Solo es un compañero de la escuela y le cobre un favor que me debía. Solo eso. –
-Oh, bueno. Es una lástima. -Pareció darle menos importancia, pero la conocía. – El lindo. -Hablando con cuidado. Si fuera de las chicas que le quitara importancia a un chico como Gabriel, no sería la Beth que conocía. – Entonces… - Alargando la “s”. -No sales con él? –
Intercambiamos miradas Lía y yo, y luego empezamos a reí.
-Dios me libre, parece un presumido, y un carácter irritante. - Haciendo un gesto de entrega a ella, seguía riéndome.
Pretendía que me ofendiera por si intentara quitarme de mi vista a ese chico. Solo contaba que el séquito de “lanzadas” no se molestaran conmigo a causa suya.
-Beth, acaso no salías con alguien? – Le pregunto Lía después de recuperar la comportara.
-Solo salimos un par de veces, y además no tengo apuro en atarme a alguien, soy algo así como… - Sostuvo su pera pensativa con una sonrisa. –Un espíritu libre.
Le seguimos con el chiste un momento.
-Por cierto, Eli, ¿viste al nuevo camarero? –
Al momento que iba a contestar, las tres miramos la puerta donde sobresalió la cabeza nuestra jefa, Rachel. Su cara de cansancio era notable la mayor parte del tiempo, pero su humor casi nunca era perturbado (o al menos nunca con nosotras respectivamente), ni tampoco le agradaba que la llamáramos jefa. A su suponer, no le gustaba la manera literal a cómo llamarla abuela cuando ni todavía había tenido hijos.
-Que sucede chicas? ¿Por qué no han salido? –
-No, nada. Ya terminamos. - Mentí, aunque ya estábamos hacia unos diez minutos.
-Bien, salgan y ayuden a Drent. – Nos ordenó al irse.
Mientras las demás iban a la cocina, yo me acerque a la barra a preguntar quién era el nuevo.
-Rachel, quien es Drent? –
-Soy yo. – Contesto alguien a mi espalda, dándome un respingo del susto.
Realmente, tenía en mente que hubiera sido un chico joven, de tal ves mi edad o promedio. Quiero decir, no parecía tan gran de edad tampoco lo hubiera adivinado, pues apostaba que madera cerca del metro ochenta o más, con ni tanta musculatura exagerada, delgado y un cabello desaliñado, pero por el relieve en que nacía, ni largo ni tan corto, en cambio bien arreglado.
Tenía una mirada seria y cansada, pero me sorprendió que se las arreglará para dar una sonrisa perfecta y natural. Labios finos y rosados. Ojos celestes cubiertos por unos pocos flecos de cabellos, pero los veía tan claros como el agua.
-Te importaría, aun no me acostumbro a llevar tantos. – Sosteniendo en sus brazos y manos platos de comida. Tres de un lado y dos del otro.
-Sí, no es bueno tentar a la suerte. -Recobrando la compostura, de quedar mirando demasiado. Baje la cabeza para no dar de cuantas que me sonrojaba, ya que el calor que me subía era incontrolable.
-Que mesa? – Tome un plato de casa mano dando vuelta al frente a hacia las mesas.
- 4.- Respondió, si no lo conociera creería que fue algo cortante.
Al verlo de vez en cuando era por puro impulso atractivo, y me refiero del verbo “atraer” no del pecaminosa, no. Y sin más me sonrojaba al momento que me descubría. Me ponía inquieta, más aún con aquella extraña sensación en mi cuerpo. Y sin más era algo totalmente misterioso querer saber de él, por mera curiosidad, creería.
Chicos así hay donde sea; piel blanca, pómulos pronunciados, labios finos y rosados, no creía que tuviera un cuerpo esculpido en músculos, pero bajo el uniforme (la camisa blanca, los pantalones y el chaleco negro formales con el delantal) la mano en la espalda con su complexión alta, seriedad y singularidad daban una elegancia relajante a sus movimientos, que por instinto provocaba que intentara distraer mi mente de él.
Todo en él me había hechizado, pero nada por el lado sentimental que desembocaba al amor, solo porque me parecía irreal. Y aun así no podía asegurarlo, que si había duda en aquel sentimiento no lo sabía. Quiero decir, recién lo conocía. Como es que tuvo gran impacto en llamarme la atención.
Cuando llegué a casa cansada, solo fui a mi habitación y tumbarme en la cama. El comienzo de mi sueño recurrente tomo forma, pero al aparecer la figura masculina y oscura se transformó en… Drenth.

#5

Capitulo 1 parte 2: A primera vista, desagradable o amistoso?
Era sábado y el sueño me obligo a levantarme más temprano para ir a correr. Era terriblemente conveniente para no hacer uso del despertador, pero un terrible dolor de cabeza cuando solo quería imitar a la bella durmiente. Aun que lo bella me quede corta.
Solía salir para conciliar el sueño, pero luego ya me dio igual. Esta vez lo necesitaba, tome por la carretera para luego atravesar el bosque, por el sendero que me llevaría más rápido al centro y de vuelta a casa.
La semana había pasado entre suspiros con la mente cargada por la rara situación con la que me veía sostenida con los chicos nuevos. Sostenía que pudiera ser mi imaginación puesto que me sentía observada por ambos, lo dejaba pasar, pero dándome intranquila, y las conversaciones que entablaban conmigo era una medida escasa. Reconocí que en un principio que les devolvía la mirada mostraban una seriedad y pena, ¿pena? Que luego cambiaban, Drenth adoptando su expresión tranquila y Gabriel una sonrisa divertida.
Salía del vertido cuando me encontré con Drenth a punto de entrar al almacén cargando unas tres cajas, y se detuvo observándome detenidamente como si me examinara. Iba a hablarme, pero yo fui más rápida.
-Hola, ¿quieres que te ayude? – El bajo la mirada negando.
-No, gracias, no es tan pasado. ¿Estás bien? Te ves cansada. – “No, solo no dormí lo suficiente”.
-Fui a correr… puedo llevar esta. – Dije al tiempo que me estiraba para tomas la caja que parecía impedirle ver por donde andaba.
-Yo me encargo, - Dejándome con el amague. -Además, tendremos el doble de trabajo. Una de tus amigas está de viaje y la otra se enfermó. -
-Sí, me entere, pero estoy acostumbrada. – Levante mis hombros.
-Bien. – Dicho esto, se giró para seguir con lo que hacía.
Los dos nos las arreglamos para tomas las órdenes y servir en las mesas. De tanto en tanto me sorprendía cuando mi bandeja estaba pesada de tantas ordenes, me la quitaba la bandeja haciendo que atendiera las demás mesas mientras se encargaba de esa o compitiendo la carga para entregar las ordenes.
Estaba en la barra a punto de cargar con una bandeja de tragos, cuando Drenth me susurra por detrás.
-Elizabeth, espera. -
No pude girar del todo que él me había tomado de un lado de mi cadera y la otra del abdomen para seguir de espaldas, rosando mi cintura al arrastrar el delantal al ajustarlo, lo sentía casi apoyado en mi cuerpo. Un hormigueo siguió por todo mi cuerpo, un calor subiendo mi temperatura y unas palpitaciones leves, en consecuencia, a que sentía como subía su pecho con su respiración y el aire que soltó cuando dio con mi nuca.
Una sensación extraña, pero a su vez relajante. Casi como una droga, un relajante muscular, sentí como se erizaba mi cabello, mis hombros se descentencionaban y cada musculo, que antes ni sabia, se iban relajando.
-Gracias. – Dije volviéndome hacia él.
Los dos nos quedamos mirando frente a frente por un instante, como si el tiempo se detuviera. Me estaba sonrojando, y podía jurar a que lo noto mostrando una galante sonrisa.
Me atraía y no podía pensar en otra cosa que Drenth, tanto que quería que me besara en ese preciso momento, se acercó pasando una mano por mi cintura a mi espalda teniendo nuestros cuerpos sumamente juntos y la otra acariciando mi mejilla rosando con su pulgar mis labios. Cuando creí que me daría l beso que anhelaba, nos sobresaltó el llamado de una señora de una de las mesas.
-Mesero, ¿nos tomaría la orden? –
Maldije en mi interior, dejo caer su mano de mi espalda cuando yo retrocedí bajando la mirada a mi bandeja.
-Debo… - Señalo las mesas con la cabeza.
-Sí, yo también debo…- No supe más que decir, pero decir que estaba algo desconcertada y anonadada era poco, ya que no creía lo que había ocurrido o lo que ocurriría de no haber sido interrumpidos.
Dimos unos pasos sin dejar de mirarnos y seguimos con nuestro trabajo, intercambiando miradas dos por tres.
Al terminar de limpiar algunas mesas, entre al vestidor cuando a punto de desabrocharme el tercer botón de mi camisa blanca vi a Drenth con unos jeans oscuros y de la cintura hacia arriba sin nada. Su torso completamente desnudo. Pude apreciar su cuerpo musculo y fuerte, y al segundo darme la espalda.
Quede desconcertada por su acción, pero luego caigo en la cuenta de que tenía más de la mitad de la camisa abierta con mi sujetador a la vista. Cerré mis ojos, al igual que con mis manos intenté cerrar mi camisa, pero ya había pasado. Mi corazón estaba acelerado, y el calor de mis mejillas recorrieron todo mi cuerpo, totalmente avergonzada.
Traje duro -Yo… yo lo siento, pensé que no había nadie… que te habías ido. – Contener mis nervios casi me dejan sin hablar con claridad.
El hecho de que me sorprendiera cambiándome es una cosa, pero pensando en, si hubiera entrado un poco más antes yo lo hubiera sorprendido vistiéndose.
-No, ya terminé. Lamento asustarte, te dejo para que te cambies. -En todo momento me dio la espalda, pero cuando salía se detuvo, sin voltearse. – Después… podemos hablar? –
-Ah, sí claro. – Conteste mecánicamente.
Me cambie los más rápido que pude y salí al salón, Rachel me había dejado encargada de cerrar el restaurant, no vi a Drenth así que procure a dar un recorrido de seguridad, apague las luces y puse la alarma. Cuando salí Drenth me esperaba reclinado en su coche, una camioneta Fort negra ’77 en muy buen estado. Mis conocimientos en vehículos y motores eran escasos pero útil para identificar ciertos modelos, y se los atribuía a mis primos.
-Pensaba que podía llevarte a tu casa, si quieres? –
-Si, gracias. –
El camino fue lento, y en cada semáforo fue como un reinicio lento al trayecto, pero no me molestaba. No sentía una gran incomodidad, solo confundida. Le pedí que me dejara en la esquina de mi calle, agradeciéndole rápidamente, detuvo mi mano de abrir la puerta del auto, para soltarme enseguida.
-Es que quería hablar contigo…-
No me miraba, solo sostenía el manubrio con ambas manos, lamentado. Supe de lo que quería hablarme, y también de lo que esta lamentando, aunque yo no lo estuviera. Afloje el agarre de mi bolso e intente destensarme, y verme desinteresada para lo que tendría que decir. No iba a ponerme triste porque un chico no me quisiera, digo el me gustaba, si, pero al parecer a Drenth no. Y mi mundo no acabaría con eso, ni tampoco seria la primera ves en sr rechazada.
Aun que tampoco, quisiera que pasara siempre. Ser rechazada.
-Esta bien, puedo olvidarlo. – “Bien, lo dije. Ya quiero salir.”
-Yo… lo siento, es que no quiero ilusionarte. –
“Ilusionarme?” ok, había preferido parecer desinteresada por su bien, pero me empezaba a costar. Sino quería “ilusionar” a alguien porque no solo… agrr… ni siquiera se como debería de haber actuado, ya que ni yo había tenido control en ese momento.
Las ganas de salir huyendo, era decir poco. No era una niña para que me creyera el ilusionarme con alguien que apenas si conocía, es el mundo real. Tenia fantasías, de el amor a primera vista, pero sabia muy bien no cruzar la línea de lo real y lo ficticio. Perfectamente.
-Esta bien, después de todo no paso nada. Gracias por traerme . – Dije, baje del vehículo tan rápido como podía. Ya no quería escuchar mas.
-Elizabeth…- Me llamo, y me sorprendí por el pequeño respingon, o parálisis momentánea que tuvo mi cuerpo en su reacción. Rogando disimularlo bien, seguí mi trayecto a casa.
-Esta bien. – Repetí, mas para mi.
Estaba muy lastimada, simplemente hubiera querido sucumbir ante la atracción, pero solo había sido “un acto al calor del momento” que me había negado a pensar de lo que estaba a punto de hacer.
Quería olvidar, dormir y que al día siguiente llegara. Exacto, borrón y cuenta nueva. No?

#6

Capitulo 2 parte 1 "Sonidos indiscretos"
Había llegado bien a clases, trate de seguir con la rutina de mi vida sin pensar en Drenth.
-Hola. – Me saluda Gabriel, algo serio y parecía muy cansado.
-Hola. – Le devuelvo.
-Pareces distraída. –Siento sus miradas de reojo, pero no hago caso de ello.
-Solo falta de sueño. –Lo miro por un segundo. – Al parecer tampoco dormiste mucho. –
-Te preocupo? - Se encorvo para estar a mi altura y ver mi rostro. No encontraría nada por mi parte.
-Ni sueñes. – Volvía a ser el chico presumido, con la simpatía encendida en su rostro.
Nos enfocamos en nuestros deberes durante todas las clases, cruzando una que otra palabra para ayudarnos en las tareas. Y en todo momento sentía las miradas de mis compañeros y alumnos de otros cursos, como en el aula y el pasillo, pero lo que me causaba más rareza era que la mayoría de las miradas eran de las chicas. Cuando recordé la escena poco ortodoxa con que manejo Gabriel su problema de plagas, sin duda está siendo mal vista con los celos y rencor de un par de ellas.
-Elizabeth, puedes llevar los libros a la biblioteca? – Su tono me hizo volver a al presente.
Debió haber notado que no estaba presente mentalmente en la clase, cuando fui a tomar una de las dos filas de libros sobre el escritorio de su escritorio, Gabriel ya estaba a mi lado tomando la segunda pila.
-Puedo ayudarla? – “No iba a esperar una negativa”, pensé. – Es mucho peso para que lo cargue sola. -
- Bueno, vallan. –
***
Mientras yo ordenaba los libros en él estate, Gabriel tuvo que ayudar a la bibliotecaria en la sala de computación, cuando escuche un ruido detrás mío, pero en cuanto quise girarme para ver que había sido, ya tenía a alguien jalando de mi cintura con una mano en mi cabeza obligándome a agacharme. De alguna forma estaba siendo oprimida, caímos al suelo de un golpe seco. En el transcurso, el estante que tenía detrás y en el que estaba colocando los de biología se desmoronaron y con ello, fueron cayendo todos en estampida.
Me aparte un poco y ver a Gabriel. No entendía, como él había llegado sin darme cuenta y alejarme antes de que todo se estropeara. Ni siquiera había notado que pudiera haber o escuchado a alguien caminando cerca.
-Estas bien? - Nos preguntamos al mismo tiempo. El asintió con un suspiro, aunque no le dio mucha importancia, me soltó poco a poco mientras inspeccionaba el resto de los libreros que se habían salvado. – Debería ser yo quien te pregunte. – Se puso en pie y me ayudo a hacer lo mismo.
-Por dios!... Chicos, ¿están bien? – La bibliotecaria apareció algo agitada, parecía haber tomado carrera. – Me sorprendió que hallas desaparecido tan de repente, ¡¿Qué paso aquí?!-
-Estamos bien, gracias. – Respondimos a la vez, estábamos en la misma página.
¿Acaso no estaba preocupada por sus “queridos” estudiantes?
-Al parecer, su estante no resistió el peso de los libros. – Le informo Gabriel.
-Eso parece…- Dijo, lamentándose por los libros esparcidos.
El resto de la tarde, estuvimos ayudando a reordenar y distribuir entre los demás estantes los libros, revistas y diarios viejos, para luego ir a nuestros casilleros. El pasillo estaba despejado y el casillero estaba a tres más del mío, suponía que me escucharía.
-Em… Gabriel… gracias… por salvarme. –
-No fue nada. –
-Cómo te diste cuenta de que caería todo? –
-Solo me di cuenta a tiempo. –
Lo observe por un minuto, pareciendo pensativo y monótono al contestar, escogiendo las palabras adecuadas.
-Ni siquiera estabas cerca…-
-Estaba detrás de ti. - Me atajo. – Estabas muy concentrada con los libros. –
-Pero la bibliotecaria dijo…- No pude seguir, cerro su casillero de un portazo y me miro como fastidiado.
-Lo que importa es que no pasó nada, ¿no? -
-Sí, supongo. –
-Ya me lo agraces iste ahora olvídalo, ¿de acuerdo? -
No espero a que diera algo más, solo tomo su mochila del suelo y se fue.

#7

Capitulo 2 parte 2 "Sonidos Indiscretos"
Ya había pasado una semana. Había pasado más que el tiempo necesario para acostumbrarme a Drenth y Gabriel; a sus miradas, sus presencias y a los mínimos momentos en que nos rosábamos al estar juntos y lo rápido en que se alejaban de mi cuando sucedía. Me enojaba mucho, lo hacían como si tuviera algún tipo de virus, pero decidí tratar de no darle importancia y disimular que ellos no provocaban absolutamente nada en mí. Pero, la verdad, era que los dos despertaban sentimientos intensos de nervios, inquietud y de una atracción ajeno a lo pasional, de momento.
Todo mi cuerpo y mi mente eran un caos cuando pensaba en ellos, quería saber, y el porqué de ello era un misterio hasta para mí misma. Aun que, si era claro que su mera existencia, no encajaba en lo que a su alrededor se refería.
Me estaba terminando de abrochar los botones del chaleco, cuando Beth me hizo que saliera de mis pensamientos cerrando mi casillero, en su mirada divertida corría una idea que pudiera querer de mí.
-Hey, Eli ¿Qué harás el sábado? - me pregunto.
-Mmm… No tengo nada planeado, ¿por qué? -
-Beth tiene entradas para un concierto de grupos de rock. - Dijo Lía.
-Es un concurso para bandos de rock locales, será divertido. -
La expresión de Lía me decía que no le importaba mucho, pero iría seguro con tal tener la mente en otro lado.
-Lía dio que sí y ¿tu? -Cuando Beth noto mi expresión de pensativa puso ese rostro de perro degollado, esperando un si con impaciencia. - y luego podemos ir a comer algo. -
-Bueno, dale…-
-Bien, ese es el entusiasmo. - Nos dijo Beth saltando de alegría, revoloteando su bandeja.
***
Fuimos a comer a un restaurante y luego al concierto, cuando termino era ya las cinco de la mañana.
- ¡Que buena noche, el pase genial, chicas! ¿Y ustedes?
-Fue genial, eran muy buenos. - Afirmo Lía.
Ciertamente si, pese al momento en que llagamos se escucharon un tanto desorganizados entre los miembros del grupo y los que perecían al lugar.
-Sí, ¿verdad? -
-Tocaban muy bien. - Para mi sorpresa. No había tenido tantas esperanzas que fueran de mi agrado las canciones.
Las tres estábamos tan cansadas que Lía y Beth se quitaron los zapatos de tacón, yo me los deje puestos, no quería ensuciarme los pies y sentir el asfalto helado, aunque los tenía muy adoloridos.
-Eli, ¿quieres que tomemos un atajo? - Supuse que Lía se había cuenta que no podía caminar muy bien
- ¿Sabes de algún atajo a alguna parada de taxi? - Si seguía cambiando dudaba que pasado mañana pudiera ir a trabajar.
-Sí, tomemos por acá. - Dijo Beth.
Ella señalo un callejón oscuro y espero a si nos parecía bien a Lía y a mí, aunque tenía dudas sobre el camino ya estaba muy adolorida y si era más corto estará bien.
-No se preocupen, yo paso por aquí casi siempre, no pasa nada. - Nos aseguró.
-Está bien. - Dijo Lía compartiendo una mirada conmigo, si me parecía.
-Ok, vamos. -
Habíamos caminado casi dos cuadras yendo por callejones donde había poca luz, el lugar me ponía los nervios de punta y con todos mis sentidos en alerta, pendientes de todo, fue entonces cuando tuve un mal presentimiento. Escuchaba pasos de dos personas detrás nuestro, sabía que tenían cuidado en no hacerse notar por lo lento que caminaban, pero estaba segura de que nos seguían.
-Beth, vamos más rápido…-susurre muy bajo, para que solo ella me escuchara. - Nos siguen unos tipos.
- ¿En serio? - Pregunto Lía, su voz estaba teñida de miedo.
Me percate que ellas no se habían dado cuenta, ni siquiera los escucharon. Beth giro un poco la cabeza para mirar por detrás y su expresión cambio terriblemente. Fue cuando escuche que los dos tipos corrían hacia nosotras.
- ¡Corran! - Nos gritó Beth.
Sentía el dolor de mis pies y un miedo de preocupación. Era raro. No sentía miedo por lo que llegara a pasarme sino por lo que les pasaría a mis amigas si nos agarraran a todas.
Ellas corrían más rápido, pero yo estaba muy atrás, sentí mis piernas más y más pesadas. Lamente no quitarme los zapatos.
“Malditos zapatos!” Maldije al dolor que me causaba el correr y el no haberme puesto al más adecuado para una ocasión que ni en mis sueños creí que me llegaría a pasar.
De repente uno de ellos me tomo del brazo con fuerza y caí de rodillas, grité tan fuerte por el dolor que tosí al tomar aire tan rápido. Ellos me sujetaron de los brazos, no los distinguía por la noche y mis ojos llorosos, miraba sus siluetas y luego Beth y Lía que habían dejado de correr a lo lejos.
Estaban llorando, lo sabía, estaban lejos, pero las escuchaba sollozar. Quería que me ayudaran, quería gritarles que lo hiciera, pero una parte de mí no quería que las atraparan también. No quería que les hicieran daño.
Entonces mi cerebro reacciono tan deprisa cuando escuche que Beth dio un paso en mi dirección, respire hondo y une todo el valor que pode contener en mi para mirarlas:
-¡¡Corran!!
Lloraba, pero no me importaba que me dejaran, mientras menos de nosotras tengan mejor, pensé, que estuvieran a salvo.
-Pero que chica tan linda y valiente. – Apretó su agarre y con la otra levanto mi rostro.
-Es una lástima, pero nos divertiremos contigo. – Escuche decir al otro, tomo un cabello mío hasta legar a las pintas y luego recorrió el escote de mi blusa.
- ¡No me…toques! - Grite con un patético intento de levantarme.
Uno de ello, no supe bien quien, fue el que me tomo por los pelos inclinando mi cabeza y mirando al cielo. Me tomo con tanta fuerza que creí que me los arrancaría que, al momento de gritar por la agonía, desesperación y dolor cerré los ojos cuando creí que su otra mano me golpearía. Pero solo me tapo la boca, la mano del sujeto era grande, tanto que incluso tomaba mi mandíbula. Clave mis uñas lo más que pude, para que soltara mi cara. Pero fue nada, mis uñas eran de una lamentable para la situación. No solía dejármelas crecer, y aun si pudiera tenía la mala costumbre de mordérmelas.
Mi cuello estaba totalmente expuesto, tan inclinado hacia atrás que mi piel lo sentía exigiendo la presión.
Para mi sorpresa solo gemí al dolor para luego tomar por instinto todo el aire que pudiera al momento en el que este paso algo filoso y frio. La lucidez del momento no era mucha, pero del impacto mi conciencia permanecía; ¿Estaba ebria? ¿Era una ilusión? El miedo me había inmovilizado ya que había olvidado toda idea de escape y a atenerme a los detalles.
Fue entonces que tuve la sensación de que me corría un líquido por mi cuello hasta el interior del escote de mi musculosa negra.
“¿Sangre? ¿mi sangre?” Pensé.
Mi cuerpo no quería seguir luchando con la conciencia y ellos lo notaron. Cuando me soltó me fue posible tomar más aire si creer que podría entrar a mis pulmones con este nuevo intento.
La muerte, era verdad, la muerte estaba en escena.
Lloraba y mis parpados me pesaban. Tal vez creía que podría descansar, pero mi mente se negaba tan necia como una bestia. Quería saber lo que presenciaba, de lo que era imposible creer.
No podía levantarme con facilidad, pero me resistía tratando de zafarme de sus manos, si encontraba la forma escaparía con las fuerzas que tuviera, pero en este punto estaba mareada, y en cualquier momento me desmayaría.
-Ya la oyeron…- Otra persona, una voz masculina. - Suéltenla. -
-No es asunto tuyo, idiota. - Dijo el que sujetaba mi brazo izquierdo. - Lárgate o te matare.
Entonces el de mi lado derecho saco su propia navaja, su filo reflejo mis ojos.
- ¿No escuchaste?, estúpido, lárgate. - Le dijo.
Ahogue un grito, porque el hombre de mi derecha me sujeto con mucha más fuerza del brazo. Tuve que cerrar los ojos porque una ráfaga de viento me azoto la cara dejando mi cabello por detrás. Y sentí que me habían soltado mis atacantes. Era mi oportunidad, estaba libre, pero caí al cemento.
Escuche golpes, unos gemidos de dolor y pasos de personas corriendo. Tenía miedo de mirar, por eso mantuve mis ojos cerrados. Minutos después, fui tomando media conciencia por aquella tercera esa voz masculina que me resultaba familiar.
- ¿Estas bien? - Esa voz. Era calmada, pero bajo una capa de ira…aun me aterraba abrir los ojos.
Sentí que primero me verifico el pulso puso una especie de trapo en mi cuello presionando. Tomando mi cuerpo por detrás abrazándolo a él. Entre abrí los ojos un poco y frente a mi tenía su celular llamando a lo que parecía emergencias.
-No te preocupes, solo aguanta. –
Esas primeras palabras las recordaba del “hombre de mis sueños”, no tuve que dudar, una oleada de confianza paso por encima de mí. Reconocía esa vos, giré el rostro por instinto, y si, era Drenth, con la poca fuerza fui a tomar su mejilla con mi mano, me miro algo sorprendido y aterrado, también. Lo estaba preocupando más, pero agradecí que estuviera en ese momento.
Luego de eso, paso por mi mente una idea, que se desvaneció al momento en que me desmaye.