CryCatsNya_Ra
Rango4 Nivel 17 (296 ptos) | Promesa literaria
#1

Luisa Collins una chica de veinticuatro años oculta un gran secreto.
La vida de Luisa cambia al encontrarse con Ismael, un chico que guarda tantos o más secretos que Luisa.
¿Qué secreto guardan Luisa e Ismael?
¿Lo descubriremos en esta primera parte de la novela?

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#2

Tengo 24 años y vivo sola en un apartamento con varias compañeras de universidad. Hoy, he decidido faltar a la universidad, no solo porque ya sé lo que hemos dado, es que espero al fontanero, ya lleva dos horas de retraso y creo que tiene que ser un viejo de setenta años aburrido y mirón. Con esta calor de Junio y a últimos del semestre, mi ropa es más que incomoda para un señor tan mayor, así que decido ir al cuarto de baño a cambiarme, mi pantalón corto de Nike y mi top, pero no llego bien a la puerta del cuarto cuando... Din-don, din-don. Me dirijo a la puerta, no obstante miro el reloj son las 11:36 y pedimos que por favor llegará a las 9:00 este retraso es descomunal.
Abro la puerta y... ¿Qué hace aquí mi compañero de clases de física y matemáticas II?
- Hola. Vengo a arreglar la tu...- Una mirada descarada de Ismael revisando cada centímetro de mi cuerpo. - Tubería.
No hablo señalé la cocina y él se dirige al fregadero.
- ¿Qué le pasa? - Trago saliva si es que me queda algo porque se me ha secado toda. Esos músculos y esa camiseta de tirantes realzan cada bíceps de su cuerpo. Su piel morena y manos grandes que sujetan una caja de herramientas enorme.
Tras explicarle lo sucedido. El se tira al suelo y yo decido hacer de comer son cerca de las 12.00 y a la 1:00 las chicas regresan hambrientas como lobas.
Paso por encima de él varias veces con cuidado para no pisarlo le aviso y le asusto con la misma frase:
- No te muevas. - Su rigidez es normal, no espera que le hable y menos que pase con poca ropa.
Pero una de las veces llevo un bol con agua desde el cuarto de baño a la cocina cuando resbalé en la cocina y caigo de culo justo al lado de él. Se levanta para ayudarme pide disculpas. Mis ojos se abren ante lo que veo. ¿Pero cuando carajos se ha quitado la camisa?
-Me la he quitado porque soltó agua y barro, no sé como tu compañera pensó que el café es divertido echarlo por... - Su mirada se desvió a mi pecho. No llevaba sujetador y se había empapado.
El agua fría endureció mis pezones, tanto que dolían. No puede reaccionar se echó encima mía y me beso, no era un beso me está devorando y absorbiendo todo mi ser. Pasa un brazo por debajo de mis piernas y con el otro agarra mi cintura y me lleva hasta el sofá. Baja mis pantalones. Oh no hoy no me puse bragas ni tanga solo el pantalón. Mira hacia arriba y saca una sonrisa - oh dios que sonrisa- una de esas que dicen eres muy mala y eso me gusta.
- ¿Sueles salir así? - Niego
- No, no suelo salir así, además, hoy no tenía clases.- Mientras hablábamos él iba quitándome la ropa.
- ¿Que estudias? - Oh dios a empezado a tocarme mi sexo y no me salen las palabras.
- Oh. Ciencias. - Asiente y acerca su cara a mi sexo. << Oh santo dios, Isaac Newton no sabía lo que se perdía. >> Gimo y gimo mientras él juega con su lengua en mi sexo, besa mis labios, e introduce un dedo y después dos... Me dejo llevar por sus caricias.
- Estas apretada. Pero muy, muy húmeda. - Como no estarlo con un adonis de ojos pardos bicolor. Mirar esos ojos es como sentir una tormenta por cada centímetro del cuerpo. Mis piernas empiezan a temblar, estoy llegando al clímax y él lo sabe.
- No me cierres las piernas chica invisible - ¿Chica invisible? El se levanta, baja sus pantalones y... -¿No tiene bóxer?- Lo miro a los ojos y le doy una sonrisa de lado. - Te pille... Luego soy yo la mala.- Le digo con la mirada.
- Oh dios, ¿me quieres matar? - Su risa es demoníaca sabe lo que hace y me está volviendo del revés con el placer que me está produciendo. Pero soy más lista que él y muevo mis caderas. Un sonido ronco salió de su pecho y llega a su garganta.
Introduce su erección dentro de mi rinconcito y no se mueve durante segundos que se me hacen eternos.
-Mierda. - Me muerdo el labio mientras me mira para contener la risa y vuelvo a repetir la misma acción.
- Mierda. Eres... - no lo dejó terminar y lo vuelvo a repetir.
Agarra mis caderas en un fuerte agarre y me penetra uno, dos... Diez,... Pasan veinte minutos y su mirada es más oscura que antes. Un tornado está por llegar y explotar y quiero deseo que explote. Una última sacudida dentro de mí y yo llego al éxtasis un remolino de placer recorre todo mi cuerpo temblando de placer y él cae sobre mí. Nos vestimos rápido son las 12:56 y mis compañeras llegarán en 10 minutos. Se mete debajo del fregadero y yo decido darme una ducha. Pero antes de llegar a la puerta abren la puerta y son mis compañeras. Anna y Ely. Pero antes de que me vean cierro la puerta.
- Luisa. - me llama Ely.
- Estoy duchándome. Salí a correr y estoy muy sudada. Dime, ¿qué quieres? - Para qué doy explicaciones seré...
- El profesor José de Física. Dice que tu y el chico ese que hablas mucho esta muy bueno. ¿Ismael se llama no? Anna - está asiente. - Que los dos tenéis examen mañana a primera hora.
- Vale. - Las oigo murmurar algo. - Chicas no hice de comer ir abajo al Burger y comprad algo.
- Eres una perra. - Oigo un portazo y salgo corriendo con solo una toalla. Ismael sale de la cocina y llega al comedor.
- Interesante. Un jodido examen mañana. - me mira. - Deja de morderte el labio chica invisible.
- Mi nombre es Luisa. - le espetó.
- ¿Vas a física? - asiento y le corrijo.
- Física y matemáticas 2 - abre los ojos y su boca forma una O perfecta.
- ¿Desde cuándo? - esa pregunta es tonta.
- Desde que decidí estudiar ciencia. Jajaja. - me mira, luego a la cocina y me vuelve a mirar. - Esta arreglada la avería. Por favor que tus compañeras no vuelvan a lavar macetas y echar los posos del café al mismo tiempo. Las macetas se riegan no se lavan. Y el poso de café echarlo a la basura. - Se dirige a la puerta y antes de salir me mira de soslayo - Nos vemos mañana. Chica invisible.

#3

Son las 6 de la mañana. El profesor de física ha decidido ponerme un examen por faltar el día siguiente a las notas finales. Doy un repaso a las fórmulas dadas este curso y las que ya tengo memorizadas.
Me visto con unos shorts y una blusa fina, calzo mis cuñas negras, tomo mi bolso y salgo de mi habitación dispuesta a aprobar ese examen. Cuando miro a la alfombra y recuerdo la mañana anterior con Ismael. Justo el chico con el que hoy tengo el examen.
Tomo mi café matutino, cojo una manzana y voy dando mordidas mientras ando hasta el campus de la universidad.
Al llegar a la clase veo al fondo a Ismael, enfrascado en algo que tiene en su mesa de estudios, debe de ser los apuntes del examen.
Me siento en mi esquina de siempre. Pegada a la pared y frente a la puerta de salida.
Entra el profesor de física. Un señor mayor de unos 68 años que más que explicar, repite y recalca lo que vamos dando. Para mi facilidad con las fórmulas en un par de ejemplos capto la idea... Otros... – Miro a Ismael –...Creo que no aprenderán ni aunque le pongan el examen más fácil.
Ismael me sonríe. Yo, no le sonrío, decido estar seria y terminar este segundo día cuanto antes. El profesor entrega una hoja con tres problemas. Si acierto dos apruebo, y si acierto un suspendo.
Miro al profesor muy seria. Miro la hoja. Pongo mi nombre, apellidos y mi número de expediente. 7493M. La "M" indica si eres mujer y “H” si eres hombre.
"Ponga sólo las formulas correspondientes a cada problema" ¿Sólo la formula? Este profesor cada día se me hace más raro. Menos mal que si apruebo no lo veré nunca más.
Me río para mis adentros. Tras poner las formulas correspondientes pongo mi examen boca abajo. Me cruzo de brazos y espero a don tranquilidad que termine.
Suena el timbre. Le entrego mi examen y veo el número de expediente de Ismael. "7493H." Hay diosito. Salgo como alma que se lleva el diablo. Pero para mala suerte mía tropiezo en uno de los escalones. Cierro los ojos, como si eso fuera a amortiguar mi caída. Pero una mano firme y fuerte sujeta mi brazo derecho. Al mirar hacia atrás ahí está, don tardón... con su sonrisa perfecta, con su moreno perfecto, todo perfecto él.
Me agarra con la otra mano por la cintura, me mira a los ojos y me pone nerviosa, lo observo y él me observa, no retiramos la mirada durante segundos que para mí se hacen eternos. Tira de mí y caigo en sus brazos.
Veo que se acerca. - ¿Pretende besarme? - Oh, no. Me suelto de su agarre y se sorprende al ver que lo estoy rechazando.
– Nena, además de invisible, eres muy astuta.- Lo miré incrédula. ¿Astuta? Oh, no, nene, soy lista.
– ¡Oh! – Salgo de su agarre y decido bajar las escaleras andando a paso firme. - Adiós Ismael. - Si es que vienes a esta universidad. Me dije para mis adentros. No deseo volverlo a ver.

1 mes después.

Aquí estamos las tres preparándonos para ir a una fiesta ibicenca con un chico que recién había conocido un mes antes. Cuando voy a saludar a mi chico, él me presentó a todos sus amigos. Entre ellos su hermano.
- Niña, te presento a mi hermano. Ismael. – Mira a su hermano y me presenta – Ella es la chica que he conocido el mes pasado. Luisa. – Le doy dos besos como si nunca lo hubiera visto en mi vida. Y salgo como alma que lleva el diablo junto con mis amigas.
Transcurrida unas horas. Y con los pies molidos decido irme a casa sin despedirme de Toni. Lo quedaré como un amor de verano corto. No me apetece tener que estar con él mientras revivo en mi mente lo sucedido aquella mañana con su hermano. Antes lo hacía no me parecía macabro porque pensaba que no se conocían de nada. Pero sabiendo que son hermanos mejor no verle más.
Voy a despedirme de mis amigas cuando suena la canción de Chino y Nacho. (Me voy enamorando) y la primera persona que se me cruzó por la mente fue Ismael, ante mí, sin camiseta, todo completo para mis vista. Pero en realidad no era una imagen de mi mente. El estaba delante mío pero si llevaba camiseta. – Chica invisible. – Me saluda, tocando con su mano
Mi barbilla para que yo así pueda elevar la vista y mirarle a los ojos. – Me voy para casa. He llamado un taxi y me espera en la puerta. Adiós. – Digo todo de carrerilla como si las palabras quemasen en mi boca, pero en realidad lo que quiero es salir corriendo de allí cuanto antes y a poder ser ya mismo.
Cuando me dirijo a montarme en el taxi una mano me agarra y tras de mí le oigo decir.
– Disculpa las molestias. Toma. – Le tiende un billete de 50€ al taxista.
– No me dé el cambio. Puede irse. Yo llevo a la señorita a su casa. – El taxista le da las gracias y se va.
Voy a girarme para ver quién es el chico que se ofrece a llevarme. Cuando los "Puertos de india" de más hacen efecto de su presencia. Noto como unas delante de mí,
ansias llegan a mi garganta y mi piel se va poniendo blanca, al instante que el chico tira de mí para cruzar la calle, dirección a los aparcamientos de la discoteca. Mi cuerpo sale despedido hacia adelante y los cubatas de más entran de nuevo por mi garganta.
– Gracias. – Le digo en un hilo de voz apenas predecible.
– No hay que darlas. Preferiría verte vomitar aquí, a que vomites a algún crío y me toque darle dos "palabras" para que no se pasase de listo. – Sigo sin mirar. ¿Quién será persona que ha pagado al taxista y ha evitado una catástrofe? Mis ojos se mantienen cerrados. La luz me molesta y mucho.
– Ven te llevo a mi coche así te quitas esa mierda que al parecer es el causante de que te quieras ir despavorida de aquí. – Asiento, pero a cada paso que doy, doy un traspié. – Mierda. – Le oigo decir y tras ello me veo elevada en el aire y agarrada en brazos. En ese instante del susto abro los ojos. Ay está. Ismael en toda su perfección.
– Ismael. Déjame irme a casa. – Cierro los ojos y le suplico que por favor me deje ir. – No quiero que tu hermano y tú tengáis problemas por favor. – El niega. Da media vuelta y tira para la discoteca conmigo en brazos, me deja en el suelo en la entrada, entramos y me dirige a un lugar de la discoteca.
– Mira – Miro en la dirección que me está señalando y veo a Toni besándose con una morena delgada fina y alta. – Eso es lo mucho que le importas al imbécil de mi hermano. – Las lágrimas corren por mi rostro, pero no sé si de tristeza al ver que me está engañando con esa morena, o de alegría para facilitarme el momento de poderlo dejar con una excusa. Al menos no tengo que decirle que lo dejó porque cuando lo beso en realidad estoy besando a mi compañero de física que por cosas del destino es su hermano.
– Joder. Yo lo mato. – Muevo la cabeza en señal de negación. – ¿Te saco de aquí? – Asiento.
Lo oigo maldecir por todo el camino. No sé dónde vamos. Solo sé que me gusta estar cerca de él.

#4

Llegamos a un parque, solitario algo oscuro. Llevamos una media hora en silencio. No hablamos, no hay preguntas, sólo se le escucha a Ismael, maldecir y poner a su hermano - de bonito seguro que no - verde.
- Llevarme a casa, por favor. - No era una pregunta, más bien parecía una orden. No me apetecía andar más y ya notaba que el llevar tacones hacía mella en mis pies. - Tengo trabajo que hacer. - El seguía con sus maldiciones entre dientes. Suelto su mano y salgo a correr, para despistarlo me adentro en un callejón.
- Estos tacones me están matando. - Sólo quería regresar a casa y dormir. - Ahhh.. - Un gato cruzó Pero ese grito que he dado a sido el detonante para que Ismael me detecte.
- Escondiéndote no conseguirás huir de mí. - Ismael sale de detrás de la esquina como si estuviera esperando a alguien. - Ven, te llevaré a casa. - Él, me tiende la mano pero yo no sé la cojo la sostenga, me niego a que él tome posesión de mi cuerpo una vez más. Voy dirigiendo el camino delante de él. Al llegar al coche me paro, lo abre. Entro rápido y me cojo las rodillas en un ovillo.
- Que para ser sincera no me gusta - me abre la puerta. Tomó asiento y él agitando la cabeza en señal de negación y con una sonrisa se decide a adentrarse en su coche en un leve y sensual movimiento. Arranca, pone el mp3 lo suficientemente alto como para sentir que estás en una discoteca.
Vamos por la calle Los Ángeles, cuando suena una canción que no había escuchado. Yo voy cogiendo ritmo con mis hombros me balanceo. Cuando termina hago un puchero, no quería que terminase.
- Ismael.
- Dime.
- Puedes... ¿Puedes decirme como se llama la canción de antes? - No sabía si me respondería o al igual no lo sabía.
- Cheerleader de OMI. - Cambia la canción del mp3 y creo que por el ritmo es la misma que le estaba preguntando. Pero esta vez era como un remix. - Se que has suspendido en inglés. - Lo miro incrédula. ¿Cómo sabe mis notas? - Así que espero que ahora entiendas un poco mejor la canción.
- La voz de este cantante me suena. - Empieza a temblar, lo miro y tiene una sonrisa en su cara. - He dicho algo gracioso.
- Eres muy graciosa. Y bonita, aunque te niegues a aceptarlo. - Respira hondo, agita la cabeza como si negara, aunque parece que más bien intenta quitarse algo de la cabeza - Nicky Jam.
- El perdón, es una de las canciones de ese cantante. - Ismael asiente.
- Eso debería pedirte más de uno. Entre ellos yo. - No sé porque debería pedirme el perdón a mí.
Estaciona el coche en mi calle. Le doy las gracias por traerme y salgo del coche. Saco una cadena que llevo colgada al cuello con la pequeña llave del edificio y de mi casa. Al abrir el portón me giro para despedirme ¿Donde fabrican estos hombres? Desearía cubrir ese cuerpo con pequeños mordiscos de placer. Entero, dispuesto para mí. Ahí está Ismael, con sus vaqueros algo rasgados y informales, una camisa blanca que pone, "Hold me hard". Y yo aquí sin entender el puto inglés. Le hago un gesto con la mano para despedirme de él y entró dentro de mi casa. Al llegar arriba veo que tengo una sonrisa tonta en el espejo del pasillo.
- No, Luisa no debes enamorarte. Él nunca será para ti. - Me asomo por la venta para ver si sigue allí esperando. Y efectivamente, el coche si está y él se dirige andando hacía una cafetería que hay justo en la acera de enfrente.
- Adiós. - Cierro las cortinas, voy despojándome de la ropa, cojo un short negro y una camiseta.
El reloj marca las 7.38 de la mañana, voy buscando entre los cajones y armarios de la cocina.
- ¿Pero dónde está el café en esta puta casa? - Cojo el monedero y salgo de casa, con la intención de ir por un café. Tan concentrada en buscarme un café choco con alguien y el olor a café inundan mis fosas nasales. Un leve gemido sale de mi garganta.
- Necesito un café con urgencia. - Levanté la mirada....
- ¿Qué haces aquí? - Ismael está frente a mí.
- Fui por un café para mí y pensé podrías querer uno. - Me mira con cara de arrepentimiento. - Si no lo quieres... - Va a darse la vuelta para irse y yo no hago nada por pararlo. Al contrario, yo también me giro y salgo corriendo escaleras arriba.
Pero... se puede saber qué hago yo subiendo escaleras arriba cuando lo que quiero es un puto café y él me lo ha traído con amabilidad, soy una completa imbécil. << Baja corriendo antes de que te arrepientas. ¡YA!>> De vuelta por el camino escaleras abajo.
Al salir a la calle su coche sigue ahí. ¿Pero dónde está Ismael? Miro a todos los lados y oigo una respiración agitada.
Al mirar a la dirección donde mis oídos perciben esa respiración; veo un Ismael agachado y sentado en el suelo, con un café en sus manos. Me agacho, para mirarle a los ojos y que me vea, como no levanta la mirada cojo el café y le agarro de las manos.
- Discúlpame. Hoy... - No encuentro las palabras exactas para que no se dé cuenta de lo que provoca en mí. - Hoy no es mi día. Bueno si. No. - Resoplo. Entonces él levanta la mirada y parece que va a reír, pero en cambio parece triste.
- Eres muy bonita, para que un imbécil como yo te haga daño.
- ¿Por Qué me harías daño? - Sus hombros suben y bajan, es una señal de <> - Ismael, yo no soy una santa. Siempre más visto, callada, sumisa tal vez, en clases. Nunca has visto donde yo salgo, como fue que conocí a tu hermano o donde. Si supieras que hago los fines de semana te sorprenderías.
Esta muy callado, demasiado y eso me asusta. Pero está claro que él no conoce mi vida y yo no conozco la suya. Tengo frío y la poca ropa que tengo hace mella en mí. Mis pezones cada vez están más duros y me duelen cuando una corriente de aire frío de la noche atraviesa entre los poros de la fina tela de mi camiseta.
- Vamos a mi casa. Como siga aquí, no solo me va doler los pezones, sino mañana todo el cuerpo y con un buen resfriado. - Oigo una pequeña risa procedente de Ismael y eso me indica que su tristeza está bajando. Le ofrezco mi mano y él la acoge gustosamente.
-Pase a mi humilde morada.- Accede a entrar. Le ofrezco asiento y una lata de cerveza. - ¿Quien empieza a desvelar sus secretos más profundos? - Me mira, veo que está dudoso y no sabe por dónde empezar. - Empiezo yo.
- No. Quiero contarte mi vida y si después de escucharme quieres seguir aquí en este salón sin miedo a mí, puedes contarme tu vida. - Asiento. Me siento en el sofá apoyando mi espalda en el brazo de dicho sofá para mirarlo de frente. Él está resto y solo veo su perfil mientras deja la lata en la mesita que está entre el sofá y la tele. Lo veo respirar hondo, respiraciones demasiado profundas. ¿Tanto miedo tiene a su vida?
- No es fácil contar esto a nadie. - Toma una pausa esperando que yo hable, pero no hablo.
Quiero que me cuente todo, mientras antes contemos las verdades, será más fácil conocer nuestras caras. - Cuando tenía 17 años, llegué a casa después de haber estado con los amigos jugando un partido de fútbol, al entrar vi como mi padre pegaba a mi madre mientras ella lloraba y le pedía perdón. Al principio pensé que ella había hecho algo mal y por eso mi padre le pegaba. Pasaron unos meses. Mi madre cada día estaba más magullada.
No salía a comprar y me pedía a mí que fuera. Una mañana llegué de comprar; nunca se me olvidará lo que compré esa mañana. <> Me demoré un poco más, vi unos amigos, nunca debí haberme parado aquella mañana. Mi padre estaba pegando a mi madre de nuevo, yo estaba harto de ver cómo le pegaba. Mi madre cayó hacia atrás y se dio con una mesa de cristal que había cerca del sofá. Fui hasta mi madre, pero ella no abría los ojos. Todo se me nubló, le pegué a mi padre hasta dejarlo inconsciente en el suelo. Llamé a la policía y a una ambulancia.
Cuando mi hermano llego a casa del instituto, le conté todo lo ocurrido. Llamó a unos contactos que él tenía, le debían un favor. Yo llamé a un amigo, su padre era traficante y me echaron una mano, a cambio yo tenía un contrato con el de cuatro años. Acepte. Fríamente acepte. Un contrato vendiendo y traficando a cambio de ver mi padre bajo tierra. Yo quedé libre.
Fue en defensa propia propuso el juez. El juez que dictó la sentencia le debía un favor a mi hermano; salvó a su hijo de que unos muchachos lo tirasen de un puente al salir del instituto. Mi padre al entrar en la cárcel a los dos meses lo encontró ahorcado. Los policías y carceleros dijeron que él debió haberse suicidado tras lo ocurrido. Pero yo sabía que no fue así, una semana antes de que ocurriera el supuesto suicidio, fui a verle. << Te mataré igual que mate a la zorra de tu madre >> Me eché a reír. Él se puso hecho una fiera y yo le di dos días para que me contase porque lo hizo. - Toma un trago de la cerveza y la deja de nuevo en la mesa. Se frota los ojos. Mi cabeza va a mil por hora. Ni un rayo de luz iría tan rápido como mi mente en estos momentos para asimilar todo el dolor que debe llevar encima. - Cuando... Cuando regresé a los dos días me contó que tenía una amante, que todo el dinero que ganaba se lo daba a ella. Que si mi madre tenía para pagar leche y huevos, era porque tenía otro. En ese momento entendí cómo era posible que yo no pudiera estudiar y mi hermano sí. Dijo que su verdadero hijo era José. Que yo era un bastardo. Cuando salí, hice unas llamadas al que era mi nuevo jefe. Me dijo que mi madre no tenía amantes que ese dinero se lo dio la mujer de mi jefe sabía lo que ocurría y se ofreció a ayudarla. Lo de que yo era un bastardo... - Respira profundo y creo que es suficiente para que siga explicando.
- Vale. Déjalo hasta aquí. - Él niega, dice que quiere continuar.
- Descubrí que mi madre me tuvo antes de casarse con él. Tenía 1 año cuando se casaron. Pero no sé quién es mi padre... - Lágrimas corren por su rostro, deseo abrazarlo pero no quiero que piense que le tengo lástima. Respira hondo, me mira y esfuerza una sonrisa.
- No hagas eso.
- ¿El qué?
- Sonreír como si no importase. Quisiera abrazarte pero temo que te alejes porque pienses que te tengo lástima.
- ¿Me tienes lástima? Luisa.

#5

- Oh, no. Sólo que debió ser duro vivir todo eso. Ver a tu padre pegar a tu madre. Ver a tu madre morir. Traficar a cambio de ver a tu padre morir. Bueno esta última parte se me hace cruel. Pero... te entiendo si mi padre hiciera lo mismo con mi madre, creo que lo mataría yo misma con mis manos sin importarle las consecuencias.
- Nunca... nunca me han dicho eso. Cuando se enteran de todo esto, huyen de mí.
-Bueno yo no soy ellos. - le digo con una sonrisa.
- De eso estoy seguro. Eres... diferente. Pareces algo invisible entre la gente. Escuchas, miras, observas, no hablas, pero te enteras de todo lo que ocurre a tu alrededor.
- Tuve un gran maestro, aunque no me gusta mucho lo que hace. Pero me siento orgulloso de él.
- Me cuentas tú, porque no eres una santa. - Me dice entre risas.
- Encantada, pero prométeme tú ahora que si tras escuchar lo primero no quieres escuchar más y te quieres...
- Escucharé hasta que me digas "Esta es mi vida"- Una carcajada hace que los dos entremos en un silencio y no apartemos nuestras miradas.

#6

“Because you know I'm all about that bass, 'Bout that bass, no treble, I'm all 'bout that bass, 'bout that bass, no treble...”
Llama mi padre al móvil, tengo que cogerlo o mandará a alguien a buscarme.
- Mi móvil, disculpa.- Le digo a Ismael para que me permita hablar con mi padre unos minutos.
- Dime, Daddy. - Le saludo a mi padre.
- ¿Como esta mi bebe consentida?
- Aparte de despierta tomando un café riquísimo, muy bien Daddy. - Mi papa es muy protector espero que no se enfade. Si le cuelgo. - Daddy, si me disculpas, ha llegado visita.
- Luisa. Tengo que pedirte un favor, ¿puedes escucharme?- Mira que es pesado.
- Si, Daddy.
- Necesito que me localices un chico de tu universidad. Se llama Ismael Storm.
- Stor... ¿qué? - Ese apellido no me suena de nada.
- Storm. Pero puede que el chico haya cambiado de apellido. Debe tener 26 años. - Miro a Ismael, que al escucharme decir <> a enarcado una ceja.
-Claro Daddy, pero le dirás a tu hija, por qué. Si, noooo...
- Has salido como tú madre, sabes muy bien cómo sacarme las cosas. Resulta que el chico trabajó para mí. Y como fue un chico muy puntual en el trabajo, quiero ofrecerle que sea el gerente y que él se encargue de llevar el bar.
- ¿Que bar, Daddy?
- Open dúo. - Una sonrisa hace alegrarme la mañana.
- Daddyyyy.... ahora mismo llamo unos amigos y busco a Ismael. Pero quiero ser portadora de la noticia. Por faaa, Daddy.
- A ti quien te dice que no. Chatina, te dejo que voy a seguir con los trabajos. Te amo bebe.
- Y yo a ti, Daddy. Gracias por alegrarme el día. - Tras despedirme de mi papá. Me siento frente a un Ismael nervioso y tenso.
- ¿Podemos seguir por dónde empezamos? - Asiente. Está pálido y diría que tiene miedo. - Pagaría lo que fuera por saber lo que piensas.
- Y yo por no ser el Ismael que busca tu padre. No he hecho nada malo por estar aquí junto a ti. - Decido asustarlo un poco, pero no pretendo que se vaya.
- Oh sí. Recuerdo que hubo algo aquí en este mismo sillón hace dos meses. - Una maldición sale de sus labios. Y yo rompo a reír. Le veo levantar las cejas y cada vez le veo pasar más colores por su rostro. Sin poder contener la risa le digo que es una broma y que mi padre no es mala persona. Pero que no lo busca él que busca un tal Ismael Stron de veintiséis años. Pero su piel palidece y lo veo levantarse e ir de un lado a otro del salón. - Puedes sentarte, me pones nerviosa, y debo contarte mi vida. Para eso hemos subido, y tú ya me has contado la tuya.- Asiente y se sienta a mi lado.
- Bueno empiezo desde mis catorce años. Me enamoré de un chico que trabajaba para mi padre. Apenas lo veía por casa. Cuando llegaba siempre iba escondido tras una gorra y una capucha. - Veo que Ismael pasa de tener una sonrisa a ponerse serio.- Siempre me resultó un poco... intrigante. A los dieciséis me di cuenta que no tenía ninguna posibilidad con él. Empecé a leer libros de RA - Veo que levanta una ceja, no sabe qué quiere decir RA. - Libros románticos adultos. Mi padre siempre me daba dinero para comprar ropa y zapatos. Pero yo era de zapatillas y ropa sport. Así que compre una colección de Megan Maxwell. "Pídeme lo que quieras". Me gustó eso de los bares de intercambio de pareja. Le comente a mi padre que quería uno. Pero me dijo que hasta que no cumpliera los veinticinco años no podría yo ser la dueña del bar. Estoy deseando que sea mío ya.
Cuando cumplí los diecisiete vi de nuevo al chico que trabajaba para mi padre. Nunca vi su rostro, pero fantaseaba con él. Me tocaba en la cama y decidí una noche ir con las amigas del instituto al bar. - Noto que el labio se le sube un poco en una sonrisa. Como era la hija del dueño nunca me negaban la entrada. Empecé con un hombre, al principio me tapaba los ojos siempre con un pañuelo, así estuve hasta hace unos meses. Siempre imaginaba a un chico fuerte con su capucha y su gorra lamiendo cada parte de mi ser. - Su cara coge un tono pálido, pero de pronto se pone colorado - Pero cuando tú me distes aquellos mordiscos de placer por el cuerpo... Bueno que fui la noche del examen. Y conocí a tu hermano allí, tenía tu misma mirada, y.... - Me muerdo el labio y noto como mi cara va notando el calor. - Lo hice con él pensando que eras tú.
- ¿Como es tu padre para ti? - Su pregunta me sorprende, pensé que me diría algo del bar.
- El mejor. Sé que tiene sus trabajos no legales. Pero... Siempre le veo portarse bien con la gente que trabaja para él. - Estoy muy orgullosa de él aunque no me guste que venda mierdas - Si tienen un problema les ayuda. Incluso les da cobijo o les hace una casa en el terreno para que vivan aunque solo trabajan con él unos días y luego la casa quedó vacía. - Mientras le cuento lo de la casa recuerdo al chico de la capucha y la gorra.
- Luisa. ¿Puedo saber que ha pedido tu padre? - asiento y le cuento que busca al chico para pedirle que se haga cargo del bar Open dúo. - Gracias.
- El 22 de diciembre cumplo los veinticinco años. El chico que va contratar estará hasta que pase a ser de mi propiedad. Es un local limpio. Hay no se vende ni se trafica nada. El dinero que se gana es limpio, es un bar normal como cualquier otro, pero donde la gente puede jugar y disfrutar del sexo sin miedo a ser juzgados por su raza, género, o edad. Juegas con quien quieres y cuando quieras. No hay obligaciones. Pero si hay normas.
- Puedes explicarme las normas. - Niego. Solo los dueños y el que entra al local lo sabe en el mismo
- Pero si quiero ir contigo debería saberlo. ¿No crees?
- Si fueras conmigo, nadie se arrimaba a ti. Y te informarán al entrar de las reglas. - Asiente.
- Si te cuento una verdad. ¿Me prometes que no te enfadas conmigo? - Le sonrió.
- Demasiadas verdades en una noche, para asustarse con otra.-Mi verdadero nombre es Ismael...-
Duda un momento antes de decirme lo que quiere - Ismael Stron. Trabajé para tu padre, él me ayudó a... - Lo interrumpo no puede ser. Me niego.
- Hay dios. No,... no, no, tú no eres el....
- Si soy el chico de la capucha y la gorra. - Agacha la mirada, yo me levanto voy de un lado a otro por la casa, con las manos en la cara. Hay dios, le acabo de contar que vivió secretamente enamorada de él, que me tocado pensando en él y para colmo que lo he hecho con no sé cuántos tipos pensando solo en él.
- Si quieres que me marche lo haré sin pedir explicaciones.
- Tú... tú.... ¿Sabías quien era yo? - Niega mientras se levanta y se planta de pie ante mí, agarró mis brazos para que deje de moverme.
- No, no lo sabía. Y desde el momento que te tuve entre mis brazos aquella mañana aquí, no he dejado de pensar en ti. Jamás supe que el señor Colin tenía una hija. - Su pecho sube y baja, igual que él mío. La tensión que hay entre los dos es palpable en este momento. - Llama a tu padre, fue bueno conmigo y me ayudó cuando más lo necesitaba. Dile que estoy dispuesto a ayudarlo a él. - Asiento. Sus manos me sueltan y veo que toma el camino hacia la puerta. Siento frío, mucho frío, necesito su calor.
- Ismael. - Lo llamó antes de que se vaya.
- Sí, ¿Luisa? - Lagrimas recorren por mi rostro. Vergüenza por contarle que viví enamorada de él, momento que entra. Para eso tiene Lidia su puesto de informadora.
Miedo a que se vaya y nunca más vuelva a tocarme, tristeza porque se va y necesito su calor.
-¿Sería mucho pedirte que te quedases aquí esta noche?
-Pensé que nunca me lo pedirías. - Corre hacia mí y me besa con pasión y lujuria.
En el momento que empezamos a besarnos, la puerta se abre y tras ella entran mis 2 compañeras de piso. Anna está acompañada de José, ninguna de las chicas, ni José que estaba besando a Anna; si es que eso es besarse, más bien se comían.
- Menudo cabrón. - Ismael parecía furioso al ver como su hermano se liaba con mi compañera de piso.
- Creo... - No dio tiempo a hablar, por la puerta entró Iván, el hombre de seguridad que me protege desde pequeña, debe tener unos cuarenta y cinco años. De piel bronceada, alto, ojos negros, y rapado. Con algunos tatuajes en sus hombros, brazos y abdomen. Es como un segundo padre para mí.
- Disculpa señorita. Solo venía a sacar al señor que acaba de entrar en la casa. - Sus ojos se clavan en Ismael y veo como el tono de piel de Iván palidece a cada segundo más blanco.
- Iván, quiero que vayas a casa de mi padre y le digas que me busqué un nuevo piso, que esta casa la venda o se la den a alguno de sus trabajadores. - Iván no aparta la mirada de Ismael y él no deja de apretarme la mano como pidiéndome ayuda. - Iván, ¿me has oído?
- Sí señorita - Pero su mirada no se desvía para mirarme ni un solo segundo - ¿Qué haces aquí chico?
Ismael me aprieta la mano, aparta la mirada de Iván y me mira a mí que yo no dejo de mirar de Ismael a Iván y viceversa. Lo miro a los ojos y siento que tiene miedo.
- Iván, ¿te he dado permiso para preguntar?
- No señorita, pero....
- Pero nada Iván. - Le espetó algo más fuerte de lo que pretendía decirlo. - El chico que está aquí
Conmigo, es quien me ha traído a casa, me ha pedido un café en el bar de enfrente - Le señaló la mesita de café dónde está el vaso. - Él al menos me ha sacado de ese maldito antro, donde por cierto, el joven al que venias a buscar, me estaba engañando con otra, mientras tú... ¿Tú dónde estabas cuando salí de la discoteca que tuve que llamar un taxi? - Iván palidece, sabe que si mi padre se entera de que no ha estado en su puesto y no me ha protegido, será despedido.
- Disculpas señorita. - Agacha la cabeza, pero su mirada no se aparta de Ismael. Para que deje de mirarlo me pongo delante de él para impedir su visibilidad.
- Iván. Daddy, me ha pedido localizar a Ismael, lo necesita para un trabajo. Dado que yo lo conozco de clases de física donde he estado este año estudiando, me gustaría que hicieras lo que te pida ya mismo. Tú sabes que para mi padre no hay horas del día, siempre que se trate de mí. - Iván asiente.

#7

- Bien. Quiero que salgas de la casa, vayas a casa de mis padres, le pidas a mi padre que para las dos de la tarde quiero todas mis cosas del piso, en otro piso cerca del Bar libre y dile que a las ocho de la tarde, cuando ya tenga todo listo y preparado el piso, lo quiero allí que tengo una reunión con él. Y por cierto Iván, si no quieres perder tu puesto, no digas nada, tú no has visto a Ismael a estas horas y aquí. - El hombre asiente y sale por la puerta.
- ¿Desde cuándo eres así de fría? - le doy una sonrisa.
- Anda cállate y bésame.
- ¿Confías en mí? - Asiento. - Entonces vámonos de aquí, que si no cuento mucho son las doce de la mañana y deben venir a recoger tus cosas, y no quiero que nos encuentren aquí. - Entre risas, salimos de la casa. Con el pijama puesto y una mochila con un terno limpio, nos vamos con su coche hasta su casa. - Bienvenida a mi refugio.
Ismael me lleva a un lugar supuestamente para él un refugio.
Me sostiene la mano, cierra la puerta, me presiona contra ella. El olor de su colonia y su piel inunde mis sentidos, lo deseo, desde aquel día que llegó de fontanero, no puedo apartarlo de mi mente.
- Eres insaciable, mi fiera invisible. - Me susurra Ismael al oído, tras ello me da un mordico, esos mordiscos que me llevan al placer.
Agarra mis nalgas y yo cojo impulso para subirme, abrazarlo con mis piernas en su cadera y dejarme llevar a donde me quieran dejar llevar sus caricias.
- Te deseo. - Sigue, lo deseo pero aquí y ahora.
Esa, esa sonrisa que en su día me enamoró hace unos años, aparece de nuevo. Él sabe lo que quiero y yo sé como dárselo.
Lo beso, me besa, nos tocamos, nos deseamos, nos amamos...
Somos uno en segundos. Lo que siempre deseé, lo que siempre quise, estar con él, vivir estos momentos.
Entre risas despertamos, siempre es bonito despertar con alguien que te llena y te complementa.

#8

Estoy en mi nuevo piso, todo está a la perfección y solo falta que llegue mi padre.
Llaman al portero, por la pequeña pantalla veo que es mi padre y lo dejó pasar, junto con algunos guardaespaldas. Le pido con un gesto a Ismael que se siente.
- Hola, Daddy. - Le digo con una sonrisa. Me da un fuerte abrazo pero dura sólo unos segundos.
- Ismael, hijo.
- Hola, señor. - Ismael baja la mirada, en una señal de respeto. Mi padre le da un fuerte apretón de mano y un abrazo.
Tras un montón de preguntas, sobre cómo está y que ha hecho desde los veintidós años hasta ahora que tiene veintiséis años. Ismael, le responde todas sus preguntas, con seriedad y tranquilidad. Aunque muy tranquilo no está, porque no deja de estrujarme la mano.
- Bueno, Daddy. Yo quería pedirte un favor.
- Dime, princesa. Tus deseos son órdenes para mí. - Mi padre siempre hace todo lo que le digo, así que espero que este favor me lo cumpla como todos los demás.
- Como tú sabes solo me queda el examen de Matemáticas en septiembre para terminar el curso. E Ismael está estudiando...
- Luisa, yo he terminado mi curso, solo me quedaba por aprobar física. Y he aprobado el examen con un ocho. Tengo ya la Universidad terminada.
- ¿Que has estudiado, hijo?
- He estudiado, para profesor de matemáticas.
- Que casualidad, mi hija Luisa, ha estado estudiando lo mismo esto años de universidad.
Miro a Ismael. ¿Porque nunca lo he visto, hasta este año?
- Tu hija, señor, con su respeto, es una chica muy invisible. No supe que ella estaba en mis clases hasta este curso.
- ¿Sabías que ella era mi hija? - Ismael le hace un gesto negativo con un movimiento de cabeza.
- No, señor. Esta tarde supe que era ella cuando se paró a hablarme. Le dije que ese Ismael que su padre buscaba era yo.
Tras varias preguntas más de mi padre para Ismael. No sé, ni cuantas preguntas le hizo durante toda la tarde. Mi padre se fue tranquilo. Pero debía cuidar de Ismael, si mi padre se entera, que estamos juntos, le haría daño y eso no se lo permitiré nunca. Fui a ducharme y prepararme para llevar a Ismael a su nuevo trabajo. Y enseñarle el local y sus lugares. Creo que será una noche loca, muy, muy loca.

#9

Le enseñó el local, le doy una lista de normas y puntos a seguir, no solo él, sino todos los trabajadores e incluso las personas que entren al local.

“Cada persona que entre al local, para jugar, han de entregar el DNI para apuntarlo y grabarlo en la lista de clientes. Los que sean nuevo cliente, no pagan. Pero si ya han entrado una o dos veces deben pagar la cuota del día. Sea chico, chica o pareja. También hay una lista para los clientes que pagan mensualmente. Deben informar antes de entrar para mirar si su DNI correspondiente sí, está en la lista de los clientes que han pagado el mes su consumición es gratuita. Si es hombre nuevo una consumición gratis y si es mujer dos consumiciones. Eso es siempre y cada día, sea nuevo cliente o cotidiano....”

Ismael, está concentrado con los papeles mientras yo le voy explicando algunos puntos más importante de los papeles que le he dado.

“El club está dividido en dos zonas. La zona azul y la zona verde. En la zona azul solo pueden entrar las parejas; tiene tres habitaciones con jacuzzi y ducha; tres salas, una para BDSM, una de orgías y otra VIP; solo pueden entrar los clientes que paguen para ello. En la zona verde los solteros o solteras; tiene dos habitaciones con jacuzzi y ducha, una sala con cortinas separadoras, la chica o chico que entre, cuelga un cartel, donde indica lo que desea y debe de ser cumplido así....”

Miro a Ismael y asiente, me está haciendo caso a todo lo que le voy diciendo y es buena señal. Le informo de las demás salas, todas ellas viéndolas el mismo.
- Me parece bien que me expliques todo, pero yo podría haberlo leído mañana por la mañana en tu casa. - ¿Piensa pasar la noche en mi casa? Lo beso, cuando nos separamos le agarró de la mano y me lo llevo al despacho que debe ocupar. En el despacho hay una pequeña puerta que da a una habitación preparada y acondicionada para vivir en ella. Tiene una pequeña cocina, una barra y una cama que está empotrada en forma de armario.
Entra Johan uno de los trabajadores de mi padre.
- Señorita, Luisa. Perdona por interrumpirle, pero un grupo de gánster tienen amenazado a su padre, con matarlo. Sólo hemos descubierto, que el chico...- Mira fijamente a Ismael y le pide disculpas. - El chico que conoció hace poco aquí en el local. Fue mandado para enamorarla y sacarle información de su padre.
Ismael se levanta del sofá donde estábamos sentados.
- Maldito gilipollas, pero ese niño es tonto. No sabe con quién juega. Joder.
- Ismael, tenemos a su hermano en uno de nuestros lugares. Él nos ha dado toda la información necesaria. Pero debo decirle que nosotros haremos lo que el señor nos pida. - Ismael asiente.
- ¿Puedo verlo?
- Esa pregunta es estúpida. - Le digo a Ismael muy seria. - Nadie me sacaría información de mi padre por más que me lo pidiera. Aunque me dieran el cielo y la tierra. - Me dirijo a la habitación por algo de ropa para cambiarme. Esta noche será dinámica.
Cojo mi liga con mi pistola. Un vestido fino y flojo para que no noten la pistola y salgo lista para una visita y una cena agitada.
Una semana antes de irme de la casa Anna Fernández me invitó a una cena en su casa, será la ocasión perfecta para poder informarme sobre lo ocurrido y lo que pretenden con mi padre.
Iván me dijo que “Los Fernández” son la familia que intenta matar a mi padre. Y voy a presentarme, a pesar de haber dejado a mis compañeras plantadas en aquel piso sin decirles nada al respecto.
Tras enviarle a Iván un mensaje con el lugar de encuentro y lo que necesito para tener protección en caso de algún percance. Salgo dispuesta a por todo y a demostrar a mi padre que estoy dispuesta para salvarle e informar de todos y cada uno los problemas de la familia.
- Vamos a visitar a tu hermano y después a una cena.- Ismael asiente muy serio. Tiene los ojos humedecidos, no quiere ver a su hermano muerto, pero le duele ver que se ha metido en un lío.
- Lo siento, Luisa.
- No te disculpe, Ismael. Tú no tienes la culpa de nada mi vida. - Le doy un beso tierno y rápido - Te quiero.
Ismael sostiene mi mano, noto como tiembla y sé que está nervioso.
- No le pasará nada, recuerda que papá hará lo que yo pida.
- Si se merece que le den un gran escarmiento Luisa. Se cree el dios del universo, que todo lo puede. Pero contigo no quiero que se meta, si no lo matare yo mismo. - Decido permanecer callada. Lo mejor será que él hable con su hermano y ya se verá que sucede.

#10

Llegado al lugar donde tienen escondido a José Stron. Está a las afueras de Madrid, en medio de un pequeño bosque. Cuando íbamos a la pequeña cabaña, decidí que por seguridad Ismael debía ir con los ojos vendados. No es que no me fiara, bueno sí, es que ya no puedo fiarme es, su hermano, puede que trabaje con él para matar a mi padre.
- Ven conmigo. - Agarró la mano de Ismael, le tiembla la mano. - ¿Estás bien? - Ismael asiente.
En un silencio, cruzamos la puerta de la pequeña cabaña donde tienen retenido a José. Sentado en una silla en medio del salón, se encuentra José, un poco magullado. Algo me dice que a la fuerza le han tenido que sacar la información.
Ismael me suelta la mano y corre hacia su hermano, le agarra del cuello de la camisa y le propicia un puñetazo. José empieza a sangrar, en un corte del labio.
- Eres un completo imbécil.- Ismael se gira y coge un vaso de agua que hay en una mesilla cerca de la silla. - Niñato de mierda. - Masculla al mismo tiempo que le tira el vaso a la cara.
- Ismael. ¿Tú qué haces aquí?
- Mierda. - Ismael vuelve a agarrar a su hermano del cuello. - ¿Ves esa chica?- José asiente. - Ella es la chica que te conté que me gustaba en la universidad. Luisa es la chica de la que te hablaba cada día, todo este año en casa. Y ahora voy y me entero, que mi jodido hermano, pretendía matar a su padre y jugar con ella. No suficiente, tuve que soportar que me la presentaras como tu novia, que también le pongas los cuernos delante de mis narices con una tipa y después llega con una de sus mejores amigas. ¿Tú crees que puedes llegar así a tu propio piso? - José cada vez está más blanco.
- Perdona, yo... Yo... yo no sabía que ella era la misma Luisa de la que me hablabas cada día. - José empezó a llorar.
- José, no solo es la chica de la que estoy enamorado, sino también es la hija del hombre para el que trabajé curato años, un hombre que me dio una casa y dinero para que tú - Le señaló. - Siguieras estudiando. Pero lo has jodido metiéndote en una banda. Una banda que ahora pretende matarte...
- ¡No lo lograrán! - Respondí, interrumpiendo las palabras de Ismael.
- No estés tan segura. - Masculló en un susurro José.- Esa gente, sabe de vosotros más que tú de ti misma. - Me dijo con una mirada fría y calculadora.
- Qué saben ellos de mí. - Río-. ¿Puedes contármelo? - José asiente. Colocó un sillón frente a José, Ismael se sienta en el sillón. Me despojo de mis tacones y los dejó encima de la mesilla donde antes estaba el vaso de agua. Camino hacia Ismael y me siento encima de él, dejando caer un suave beso entre sus labios. Hago un gesto a los guardaespaldas para que salgan de la casa.
- Señorita Luisa. Cubriremos la casa desde fuera. - Asiento.
- ¿Señorita?
- Dime, Iván. - Miró fijamente al chico que vino a mi casa en busca de José la mañana anterior. - ¿Cree que está segura usted sola?
Con un tono un poco más alto del que pretendía le respondo con una pregunta que hace a Iván salir por la puerta sin mirar atrás.
-¿Me crees, Iván, tan estúpida para mandaros fuera, si no fuese así?
Un silencio incómodo se hace de la casa. Salvo por el ruido de los guardas indicando la posición de cada uno.
Miró a José esperando que me responda a mi pregunta. Como no habla le repito la pregunta.
- José, ¿puedes contarme qué saben de mí? - Asiente. Veo cómo su garganta se mueve, como si tragara saliva para coger fuerzas.
- Saben, que estudias ciencias en la misma universidad que mi hermano. Que el bar Dúo no se qué.
- Open dúo. - Le espeto.
- Sí, ese bar. - Toma aire. Ismael esta acariciándome la espalda. Menos mal que no está tocándome la pierna. - Saben, que entras en ese bar cada noche, que te vendas los ojos para jugar con chicos. Me dieron la orden de entrar una noche después de tenerte enamorada y matarte, ya que estarías vendada no podrías ver lo que hago.
- ¿Por Qué crees que no podría verte?
- Por Qué tendrías los ojos vendados y no verías nada.
- Pero puedo escuchar donde te mueves y que haces.
- También tienes razón, Luisa. - Levantó las cejas. Veo cómo su pecho sube y baja. Miro a Ismael que está serio y le doy un beso para que se relaje.
- Saben con quienes te juntas y quiénes son tus guardaespaldas - Asiento. Eso es fácil saberlo si me vigilan mucho.
- ¿Hay algo más?- Asiente y mira a su hermano con tristeza.
- Me contaron que tú padre, fue quien mandó a matar a mi padre. Y obligó a mi hermano a trabajar para él. Por eso me ofrecí para matar a tu padre o matarte a ti.
- Yo no estaba obligado - Espetó Ismael. - Y fui yo el que mandó al señor Colin a matar a papá. Llame a Johan, para pedirle el favor de que su padre matara a ese hombre.
Johan es mi hermano mayor. Es el brazo derecho de mi padre en sus empresas y movimientos. Y el que me enseñó "los trucos del silencio" como los llama él.
- Ese hombre es tu padre, Ismael. ¿Cómo pudiste permitir que lo mataran?
- Ese hombre no es mi padre. Mi madre estaba embarazada antes de casarse con él. Ese hombre al que tú llamabas papá, mató a nuestra madre. Tenía una amante, a la que le daba todo el jodido dinero y a ella no le daba ni un duro para comer en casa. - La cara de José se puso pálida a cada palabra que le decía Ismael.
- Por... - Una lágrima corre por las mejillas de José.- ¿Por Qué nunca me contaste todo eso?
- Por Qué quise que estudiaras como madre siempre quiso. - Ahora es Ismael el que derrama lágrimas, recordando los recuerdos dolorosos del pasado.
Después de hablar con José, nos fuimos a una fiesta familiar.
Agarrada de la mano de Ismael. Antes de entrar por la mansión de "Los Fernández". Una familia de gánster que siempre quiso comprar los barcos de mi padre. Ellos tienen una hija de mi edad, esa hija es mi ex-compañera de piso, Anna. Ella nunca supo que yo lo sabía, pero sé que se hizo pasar por estudiante, para vigilar mis movimientos. Pero es que en la Universidad, me comporté siempre como una... "Una chica invisible". Como me llamaba, Ismael. Lo miró de soslayo. ¿Él sabrá mi secreto?
<> Me grita mi subconsciente. <> Trago saliva, coloco mi vestido largo, entregó la invitación que me dio Anna antes de irnos a la discoteca la otra noche.
- Buenos días, señorita... - Toma una pausa para leer la invitación-. Señorita Colín. Buenos días, señor. - Lo mira serio.
- Viene como acompañante mío. - Me pongo firme para no demostrar nervios.
- Vale señorita. - Abre la puerta -. Pasen señores.
Pasamos por un pasillo largo. A lo lejos veo a Anna con una cara un poco triste. Nuestros ojos se encuentran y mi mirada pasa de dolor a rencor.
Le sonrío como si nada sucediese, como he hecho todos estos 4 años de universidad.
- Hola, Anna. - Le voy a dar dos besos, pero me retira la cara.
- ¿Sucede algo? - Le pregunto con tristeza. Una tristeza falsa.
- ¿Donde tenéis a José?- Me pregunta en un susurro al lado del oído.
- ¿De qué me hablas, hermana? - Miento como una bellaca.
Me agarra del brazo, me lleva por un pasillo. Ismael va a seguirnos cuando le hago un gesto - "No pasa nada, estaré bien." - Abre una puerta, que lleva a un despacho.
- Cuéntame. ¿Qué han hecho con él? - Me espetó furiosa.
- No sé de qué me hablas, Anna. - Bueno. Pero esta que se cree que no se mentir. - ¿Anna, por qué dices que se lo llevaron? ¿Y, a quién?
- A José, tú novio tía. Estaba en la casa para verte, pero no estabas. Vinieron dos hombres altos y con pistola en mano. Se lo llevaron sin darnos explicaciones a ninguna de las dos. Después a la hora, eentraron unos hombres con uniforme de inmobiliaria, se llevaron todas tus pertenencias y nos dijeron que pagáramos el alquiler si queríamos seguir viviendo allí. - Madre, y yo me quejo de mentir. Bueno lo último lo propondría mi padre, por el hecho de que se han tirado cuatro años viviendo de gratis.
- Yo no estoy con José. Me puso el cuerno con una rubia en la discoteca. Al parecer se lo estaba pasando muy bien. - Anna palidece. <>
- ¿Y entonces? Si, tú no sabes dónde está, ¿dónde puede estar?- Me encojo de hombros y pongo morritos hacia un lado. - Tía, estoy preocupada por él. - Una lágrima recorre su rostro.
- ¿Te gusta José, verdad? - Anna, me mira fijamente y abre los ojos.
- ¿Se me nota mucho?
- No, que va. - Le digo con ironía. Después saco una sonrisa. - Tonta, si te gustaba. ¿Por qué no me lo hiciste saber? - Ahora ella se encoge de hombros.
Después de una charla llena de risas falsas por ambas y alguna mentira más. La mentira más gorda, decirle a Anna que estoy embarazada, por eso me mudé a otro piso con Ismael.
-Hola, ya estaba echando de menos a mi amor. - Me dice Ismael, abrazándome por detrás.
- Os dejo, pareja. Voy a ver como sigue papá. - Cuando da unos pasos, consciente de que ya no me oye digo en un tono de voz para que solo me oiga Ismael.
- Más bien, a contarle que estoy embarazada y así tomar una estrategia para hacer daño a mi padre.
- ¿Cómo? - Ismael me suelta rápido, me gira y me mira fijamente. - ¿Qué es eso de que estás embarazada?
Estalló en una carcajada. Pobre mío, que no es consciente de las mentiras que he soltado en ese despacho, por miedo a que tuviera micrófonos.
- Deja de reírte. Un hijo no es para tomárselo a risa. - Me acerco a su oído y le digo en un susurro.
- Es mentira, ¿Tu sabes, la de mentiras que he soltado? ¿Y si graban todo lo que digas? Tú no piensas por lo que veo. - Ismael, saca una sonrisa.
- Eres una chica muy lista.
- Alguien me enseñó, muchas cosas.
- Johan, hizo un buen trabajo, cuidando de que su hermana supiera cuidarse.
- ¿Por Qué nombras a mi hermano Johan?

#11

- Él.- Me señala entre la multitud y veo a mi hermano sonriendo, camelando a Anna. - Supo, enseñarte muchas cosas cuando tenías catorce años. Yo os veía de lejos entrenar, correr, hacer ejercicios, un sinfín de cosas más. Todos esos dos años que te vi con él, reír y haceros cosquillas tirados en el césped del jardín. Yo... - respira hondo -. Yo pensé que erais novios.
- Sí, lo parecíamos. De hecho, esos dos años, nos besábamos por la calle, él iba por mí al instituto. Era un método, de que nadie supiera que éramos hermanos.
Beso a Ismael. Cuando noto que una mirada me traspasa por dentro.
Giro mi cabeza e intento buscar entre la multitud de la fiesta, una mirada de odio e ira.
Ahí está, un joven alto de piel canela oscura, con barba y algo malhumorado, mira a Ismael y después a mí. Nos observa, sabe que no estamos solo para ver la fiesta, que buscamos algo más. Pero me mira con una mirada de odio que tengo la sensación que pretende matarme.
Miro a Ismael, él sabe que algo está pasando me lo nota en la mirada, pero ambos seguimos disimulando como si no supiéramos de qué va esas miradas.
- Hola, chicos. ¿Lo pasáis bien? - Nos pregunta Anna con una sonrisa falsa. La miró de arriba a bajo y algo extraño una sensación de un arma cargada cerca de su espalda.
Fijó la mirada en ese punto en la cadera. Y un bulto, me dice, que ella no está aquí sólo para hacer amigos.
- Hola, Anna. Estamos bien y... - Miro a donde antes se encontraba mi hermano con ella pero, ya no está.
- ¿Dónde está mi hermano?
Anna levanta las cejas con una sonrisa en su rostro, entonces la sensación de peligro se hace más intensa. Cuatro hombres nos rodean. Me hago la indefensa, me giro sobre mis tacones y beso a Ismael.
- Luisa, ¿ya te despides de él tan rápido? - Niego con una sonrisa. - Solo quería hacer una tregua. Ustedes me llevan por José y yo te devuelvo a tu hermano. ¿Qué te parece la idea?
- Tan placentera que no espero como llevarte. ¿Nos vamos?- Le tiendo la mano en dirección a la salida, pero ella niega.
- Voy a hablar con los chicos un momento en el despacho. Os espero en la puerta. - Asiento y tiro de Ismael hacía la puerta.

#12

Hemos llegado a la casa de campo, donde está José encerrado.
- ¿Aquí está José? ¿No me estarán engañando? - Pregunta Anna preocupada.
- No tengo porque engañarte, Anna. Tienes a mi hermano y no gano nada poniendo en peligro su vida. - Le digo en un tono asustada por mi hermano Johan.
- Te entiendo. - Responde Anna. Un apretón de mano me saca de mis pensamientos, Ismael está asustado por su hermano y lo comprendo.
Indico a mis guardaespaldas que se queden fuera de la casa.
- Dile a tus hombres que se queden aquí. - Le espetó en voz alta a Anna. Ella asiente, les hace un gesto a sus hombres y ellos echan un paso hacia atrás.
Abro la puerta de la pequeña casa de campo. Le ofrezco a Anna que entre delante mía, si hace un movimiento raro será muerta antes de que termine su acción.
Anna sale a correr y se tira en los brazos de José, esté al verla la recibe con una sonrisa y nos mira con una imagen de dolor. Anna decide besarlo.
- Te he echado de menos, mi niño. - Me mira. Anna está llorando. - ¿Puedes soltarlo? Por favor, Luisa.
Miré a José y después a Anna. Un colgante que lleva Anna llama mi atención, me acerco a ella.
- Este colgante lo he visto yo en algún lado. - Le digo mientras lo toco con mis manos. Doy unos pasos hacia la mesilla, allí hay una caja con los objetos de José. - Aquí está.
La enseño en alto para que todos la vean. Anna se acerca y con lágrimas en los ojos la agarra, se acerca a José y la coloca en su cuello.
- Ahora, entiendo todo esto. - Les digo feliz por la pareja que se encuentra medio abrazada delante de mí. Puesto que José está atado y no puede abrazar a Anna, pero seguro que está deseándolo.
Me acerco a ellos y Anna me interrumpe en mi acción. Le doy una mirada seria, agacha la mirada y José le susurra que no pasará nada. Desaté a José; él ilusionado no se mira el daño de las cuerdas solo la abraza y la besa.
- Anna, ¿sabes que tu padre quiere matar a José por contarnos que pretende matar a mi padre?
- ¿Que mi padre pretende matar a quien? - Mira a José y él asiente.
- Sí, mi niña. Tu padre quiere matar al señor Carter.
- Tu hermano... Tu hermano está con mi padre. - Miles de improperios salen de mi boca.
- Cálmate, Luisa. - Me dice Ismael acariciándome el brazo.
- No me calmo, como disparé a mi hermano me da igual que sea tu jodido padre Anna. Lo mataré. - Anna asiente, nos indica que vayamos hacia el lugar donde se encuentra su padre y mi hermano.
Anna, José, Ismael y yo salimos corriendo hacia los coches.
Llegamos al Hotel Sol Amor. Anna baja del coche y se apresura a entrar en el hotel, indicando que subamos a la planta 8.
Ismael sostiene mi mano, no quiere que nada malo me suceda, lo sé, lo presiento.
- Suelta mi mano, por favor. - Le digo un poco más alto de lo que pretendía. - Lo siento, estoy muy enfadada.
- Te entiendo, es tu hermano y no quieres perderle.
- Espero que no le haya pasado nada. - Miro el ascensor, vamos subiendo por la planta cinco. - Maldito ascensor. ¿No puede ir más rápido?
El ascensor se detiene y entran dos hombres. Los observo y tengo la sensación, que nada bueno traen.
Uno de ellos agarra a Anna por el cuello, le apunta con una pistola y el otro me agarra a mí. Una carcajada sale de mis labios, no puedo parar de temblar y reír.
- Deje de reírse señorita o...
- ¿O qué? - Le interrumpe Ismael.
- Shhh... - Les digo a todo. - No hay porque ser tan fiera, Ismael. Recuerda, que la ira no nos llevará a ningún lugar.
Suena el ascensor ya llegamos a nuestra planta. Al salir de él, pisé al hombre que me sostiene clavando el tacón en sus zapatos.
- Jodida perra... - Alza su mano, para darme una bofetada, pero falla en el intento y recibe un puñetazo de Ismael.
- Parad o la mata...
- ¿Matarás a quien? - Le digo al otro hombre que tiene a Anna.
Él le apunta con una pistola en el cuello y yo a él en la cabeza. Miro a Ismael y a José.
- Vais a estar todo el día hay mirando. - Ismael sonríe y José niega con la cabeza.
Ismael saca un arma de su espalda y José se acerca con sigilo al hombre que sostiene a la chica que ama.
- Suelta a Anna.
- Suéltame imbécil. - Le grita Anna.
- ¿Qué coño haces con mi hija, Jin? - Dice la voz grave y envejecida de un señor.
- Jefe, yo... yo... - El hombre suelta a Anna.
Ella sale corriendo a los brazos de José. Veo un movimiento tras la puerta donde se encuentran apoyados la pareja, me acerco a ellos y los empujo mientras disparo con el arma a dos hombres que apuntaban con sus armas hacia mis amigos.
Un objeto frío está apuntado en mi sien, me agacho y disparé en el estómago del hombre que momentos antes tenía a Anna.
- Dime donde se encuentra mi hermano Johan o lo mato a usted ahora mismo. - El señor levanta la cabeza.
- Habitación, 708. - Me dirijo a la habitación decidida de sacar a mi hermano. Cuando oigo un disparo en mis espaldas. Miro...
- ¿Qué has hecho?- Le oigo a José preguntar.
- Pensaba matarte, Jin me lo dijo. Que te mataría a ti y a la familia de Luisa.
Ismael abre la puerta de la habitación 708 sin su arma en la mano.
- ¿Donde tienes...?
- La tiene Anna. Dame la tuya.
- Ha Ni lo sueñes. Mi arma es mía y sin ella no salgo nunca.
- ¿Cómo? - Ismael me discute y me regaña por llevar un arma conmigo, pero es que no entiende que mi padre es un gánster y corro peligro si voy sin ella.
Al entrar a la habitación cinco hombres nos apuntas a los cuatro con sus armas. Miro a mi hermano, herido, sangrando. Con lo guapo que es mi hermano, lo han acribillado.
Agarré la navaja de Ismael del bolsillo y le hice una raja al vestido. Le quité la pistola de Ismael a Anna.
- Bueno señores, solo quisiera deciros una cosa. - Miro la sala y observo a mi hermano sonreír. Su risa sube unos grados más, eso provoca que los hombres que van de negro y sostienen sus armas, miren a mi hermano Johan.
Acción que me da el tiempo justo para disparar y dejar a los hombres muertos en el suelo.
Abro mis brazos disparo a los dos de cada punta, en ese momento los tres hombres restantes se giran tiré el cuchillo en punta, hacia el hombre del medio clavando el cuchillo en su cuello y antes de que los otros dos hombres tengan su arma apuntando en mi dirección, ya les he disparado yo.
- Hermanita, que bien te enseñé.
- Y tú qué bien que me conoces. - Voy hacia él lo abrazo fuerte y le doy un gran beso. - Te quiero, hermanito.
Tras salvar a mí hermano, de las garras del padre de Anna.
Salimos del Hotel a toda prisa. Anna grita como una loca, todos nos miramos, pero ninguno la entendemos, hasta que de pronto se para en medio de la calle a tan solo unos metros de nosotros. La veo, miro a los chicos y observo como la miran. Sube las manos, empieza a girar y gritar como una loca.
- ¡Quiero casarme contigo! - se paró en seco, mira a José que se encuentra al lado de Ismael - , y quiero que sea ahora.
Observamos a José, este abre los ojos, no cree que la chica que ama este tan loca como cuerda en este instante.
- ¿Cómo?, ¿Estás loca?- Anna asiente como una niña.
- Si, loca de remate - afirma-, pero loca por casarme contigo, ahora. - Le dice enfatizando en la última palabra.
Lo agarra de la mano y tira de él con tanta fuerza que creemos que lo va caer al suelo.
Todos corremos tras ellos, cuando observamos desde la otra cera que se encuentran parados frente a una iglesia con la intención de entrar...
Bueno más bien Anna aporrea la puerta en busca de que un cura salga, pero no obtiene respuesta.
Anna nos mira, su cara empieza a hacer pequeños pucheros.
-¿Que quieres hacer? - le pregunto acercándome a ella.
- Casarme, con este energúmeno que no se mueve ni me ayuda. - Me pregunta, mientras le da puñetazos al pobre José, sin comprender porque se enfada con él.
Asiento, miro a Ismael, el se encoje de hombros como si no supiera que hacer.
- Busquemos una Iglesia, Madrid es grande, seguro que encontramos una que este abierta a las tres de la madrugada. - Les comento a sabiendas de que ninguno tiene intenciones de ayudarme.
Los chicos comienzan a charlas mientras Anna y yo buscamos en el mapa de google una iglesia cercana.

#13

La más cercana se encuentra a unos pasos, pero mejor llamar un taxista el día no está para andar de noche.
Anna me mira, asiento y nos montamos en un taxi, ya le diremos a los energúmenos que no se mueven, donde nos encontramos.
José llama a Anna, pero esta no lo coge, le interesa más buscar en el mapa una iglesia nueva puesto ya llevamos 5 y todas andan cerradas.
Ismael y mi hermano me llaman, pero no lo cojo y dejo que el móvil vibre en mi bolsillo.
Estamos en la puerta de una Iglesia, cuando diviso en la acera de enfrente una ermita, con jóvenes saliendo.
Agarro a Anna de la mano y cruzo la calle tirando de ella.
- ¿Donde vamos?- me pregunta a gritos.
- Ya lo veras.
Llegamos a la ermita y vemos un cura cerrando ya las puertas y lo llamo.
- Señor, padre...
- Hola, hijas. - os saluda- . ¿En qué puedo ayudarlas?
- Quiere casarse, - le digo señalando a Anna y con el corazón bombeándonos por las prisas y las carreras.
-¿Dime hija mía?- la incita a Anna a que le cuente.
-Quiero casarme ahora con el hombre que amo.- El padre abre sus ojos marrones, me mira y yo me hago la sueca. Con una mirada que dice - padre hable usted con ella que yo no entiendo las prisas.
-Pero hija mía, si os queréis, ¿porque tanta prisa?
Dejo al padre seguir hablando con Anna estos no dejan de llamarnos para saber dónde estamos.
-Dime, Ismael.
- ¿Dónde estáis? - Grita Ismael.
- Nos secuestró un taxista y... - Pero Ismael no me deja terminar de decirle, cuando lo oigo gritar.
-¿Cómo? - Empiezo a escuchar voces y gritos.
- Niño que un taxista nos secuestro, para buscar una iglesia. - Pero no me oye. Me los imagino a los tres como locos, sin saber dónde ir o que hacer.
De pronto escucho a Ismael explicarles seguramente a José y a mi hermano lo ocurrido.
- Que dice que le han secuestrado un taxista. - Escucho la voz de José gritar.... Pero me es imposible seguir escuchándolos.
Me da la risa y el hipo me acompaña detrás, ya no puedo pararlo.
- Nena, nena, ¿estáis bien? - Asiento, como si él fuera a verme, pero la respuesta es un hipo ahogado en un sí.
- Maldito cabrón, te matare.- Ismael comienza a gritar, cree que nos han secuestrado e intentan ahogarnos. Los insultos que sueltan y las palabras mal sonantes.
Anna y el padre se acercan a mí.
- ¿Qué pasa? - Me pregunta Anna, pero como me veo incapaz de responderle, le doy el móvil y con una señal le indico que lo escuche.
Se acerca el móvil al oído y pregunta:
- ¿Que sucede? - La veo abrir los ojos, pasa de estar colorada a blanca y de blanca a colorada de nuevo por la risa.
Anna tiene la mala costumbre de cuando ríe, comienza a llorar.
- ¿Creen que nos HAN SECUESTRADO? - Pero esas dos últimas palabras las vocaliza en un sollozo un tono más alto del que hablaba al principio.
El padre nos mira, no cree que dos jóvenes se rían porque otras personas que están tras el teléfono crean que nos han secuestrado. El padre se dispone a hablar con ellos para tranquilizarlos.
- Joven, hijo, parad... - veo el padre abrir los ojos y quedarse en blanco.- Hay, padre Dios... - a cada segundo el padre está más blanco que al principio.
Agarro el móvil consciente de que el padre si sigue escuchándolos se desmaya.
Decido poner el manos libres del coche.
- Llama a tus hombres, que busquen el localizador de Luisa, del móvil. - Grita Ismael.
- Cálmate, cuñado, si sigues así te dará un ataque.
- Ni me calmo ni ostias, aquí al móvil nadie responde, solo se oyen risas, hipos y alguien llorar.
- Yo mato al imbécil que haya secuestrado a mi futura mujer, joder que nos íbamos a casar ahora.
Mientras más los escucho, más me doy cuenta que no nos vieron montarnos al taxi, ni oírnos cuando le dijimos que buscaríamos una iglesia.
- ANNA QUIERO CASARME CONTIGO. - La voz de José, hace que nuestra risa, hipos y llanto se paren.
- Y yo también quiero casarme contigo. - Responde Anna.
- ¿Anna puedes escucharnos?, di algo.
- Algo amor, algo. - Responde Anna.
- No estamos para bromas Anna, dime donde os encontráis.- Dice un José enfadado.
Me vuelve a entrar la risa con el hipo y a Anna le da por reír y llorar. Esto es un caos y no estamos por la labor de hablar y explicarles.
- ¿Donde estáis?, donde está el secuestrador, que hace un momento hablo con nosotros.
- Estamos en la Ermita con el Padre Manuel, que va a casarnos...
- Pero solo si os confesáis antes. - Responde el padre antes de terminar Anna de hablar.
- ¿Y Luisa? Escuchamos que la ahogaban.
- El hipo. - Responde mi hermano Johan.
- Pero si escuchamos a Anna también gritar y decir que nos han secuestrado mientras lloraba.
- Ay hermano, que a Anna le entra ganas de llorar cuando le da la risa. - Explica José.
- Ay dios mío, que me da. - Digo al escucharlos como caen en la cuenta de que se han vuelto histéricos.
- Hija, no pronuncie el nombre de Dios en vano. - Me riñe el padre Manuel.
- Perdone padre. - Me disculpo y agacho la mirada.
- Amor, no me dejaste terminar la frase, te pusiste histérico - les explico -, quise decir que un taxista nos habia secuestrado para buscar una iglesia para que Anna y José se casaran. Pero al escuchar la palabra secuestro, empezaste a gritar y me dio la risa.
- Hijos míos, venid y confesaos. Y espero de todo corazón, que nuestro padre Dios os perdone por todas las palabras que habéis dicho.
- Sí, padre Manuel. - Responden al unísono.
Cuelgan y miro a Anna.
- Padre, ¿podemos confesarnos nosotras mientras? - El padre asiente y nos dirigimos al interior de la ermita.

#14

Anna y José al final se casaron. Como testigos nos quedamos Johan, Ismael y yo.
Después de un "Sí, quiero" por parte de los dos enamorados y el beso del final, salimos todos felices de la pequeña ermita.
Deciden, quedarse en mi piso. Allí estarán más protegidos.
Mi hermano, regresa a casa para contarle lo ocurrido a nuestro Daddy.
Yo en cambio me voy al bar, para estar con Ismael.
- Eres toda una fiera. - Me dice Ismael en un abrazo. - Si te llega a pasar algo...
- No harías nada porque yo puedo defenderme sola. - Le corté.
Entramos al bar y nos vamos al despacho. Llamé a Iván, para que traiga algo de ropa mía y de Ismael, necesitamos cambiarnos.
- Ha sido una noche muy larga.
- Sí, amor. - Le respondo a Ismael, sentándome a horcajadas encima de él.
- Casémonos tú y yo, Luisa.
Beso a Ismael, mientras él juega con la cremallera el vestido. Baja la cremallera y el vestido cae en nuestras piernas, dejando al descubierto mis senos.
Me quito de encima de él y me voy al cuarto dejando caer a mi rastro la poca ropa que llevo. Primero los zapatos al lado del escritorio, después mi vestido en la habitación oculta que da a la habitación. Ismael me sigue por detrás observando cada paso que doy.
Me giro sobre mis pies con una sonrisa traviesa y pícara. Le hago un gesto con el dedo.
- Ven... Mi fontanero. - Ismael sonríe y me tira a la cama.
- Mi pequeña chica invisible. Te amo.
Me muerde el labio, noto que mis bragas ya están húmedas. Sigue besándome; se quita todo el traje y con bóxer se acerca a mí. Sostiene mi pie derecho y le da un pequeño mordisco, que manda una electricidad hacia mi vagina.
Ismael da pequeños bocados, dejando una señal de sus dientes en mi pierna, llega a mi vagina y pasa su lengua por encima de mis bragas de encaje azules.
- Hueles exquisita, mi amor
Un gemido sale de mis labios. Ismael arranca mis bragas, dejando una pequeña marca roja en la cintura.
Introduce un dedo en mi humedad, lo gira y lo saca, repite la misma acción, una, dos, tres, toca mi clítoris, humedeciéndolo y haciendo que mi pierna derecha vibre con el placer que me está proporcionando.
Me agarro de las sábanas al notar que Ismael acaricia mis labios, con la yema de sus dedos.
- No la voy a introducir hasta que me respondas.
- ¿El qué? - Le pregunto, quejándome.
- Cásate conmigo, Luisa. - Muevo mi cadera para que introduzca su erección en mi vagina. - No. Responde. - Vuelvo a intentarlo pero él se retira. - No, no. - Me dice con una sonrisa picara.
- Vale, vale, vale. Acepto casarme contigo, pero hazme tuya ya, por favor. - Una carcajada de Ismael,
Lo lleva a introducir su pene duro y erecto en mi vagina húmeda y receptiva.
En cada movimiento me da un beso, un muerdo suave, acaricia mi rostro, lo besa, acaricia mis pechos, muerde el cuello, me susurra palabras al oído.
Ismael estira su brazo, pero sigue con sus embestidas, acaricia mi rostro. De un gemido grave, fuerte y gatuno llegué al éxtasis, terminando Ismael conmigo.
- Toma. - Agarré la pequeña caja de terciopelo verde.
- Esto...
- ¿Quieres ser mi futura y única esposa? - Asiento y dejo que el hombre que tengo frente a mí, que una vez me llamo chica invisible, ahora sea el hombre que comparta todos los días de mi vida.
Mi pierna tiembla cada vez más seguida.
Un grito sale de mi garganta. Ismael con una sonrisa, saborea mi sexo y después deja un reguero de besos por mi barriga hacia mis senos. Los besa y sigue por mi cuello dejando mordiscos de placer a su paso.
Juega con mis pechos, las caricia, endurece mis pezones, los pellizca, los mordisquea... Se quita sus bóxer dejando que rocen nuestros sexos en cada movimiento.
Pero su erección roza mis labios, provocando que yo levante mi pelvis en busca de su roce.

Continuará…