Lautan
Rango5 Nivel 23 (630 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Porque entre las sombras cubro mi rostro
ocultando un gran secreto a tus ojos,
porque te llamaré Perpetuo
ante los ojos de todos...

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TealOxen_98
Rango11 Nivel 54
hace 4 meses

Entre las sombras se cubre el rostro, los ojos son el espejo del alma y secreto queda oculto al que le llama Perpetuo. Si por perpetuidad lo ha de nombrar eterno será, y aún ocultando el rostro ante tal secreto no guarda pues ante todos lo llama por nombre Perpetuo. Excelente @Lautan

TealOxen_98
Rango11 Nivel 54
hace 4 meses

Es decir que yo lo interpretó a mi manera, como yo lo siento al leerlo aunque no tenga tal significado. Esa es la magia que tienen los libros, las historias y los relatos que ellas se adaptan a ti, nunca tu a ellas.


#2

Ella decía: “No porque lo deseas lo tienes, y no porque lo tengas lo amas”.

Creo que ambos fuimos el confesor y el confesado; quiero contar esto porque valió la pena para mí haberlo escuchado y en el fondo a ella también le hubiera gustado que la escucharan.
Por las noches me pregunto en dónde estará caminando y por las mañanas me pregunto en dónde estará escondida. Ella era extraña, algo como arriba y abajo sin estar en ninguna de las dos; con el cuerpo de una niña, pero con la mente de un anciano; no era perfecta, pero sabia reconocer los errores que cometía; pero tenía un gran defecto, la culpa, que aun sin tenerla la carcomía.
No sé si ella deseó tocar las estrellas con las manos, pero comprendo el imposible que buscaba; sí, si existen los imposibles. Esto fue lo que casi nos absorbió la vida a ambos; no puedo decir quien llegó más lejos.
No es que hayamos caído bajo, solo que soñamos demasiado alto; no puedo decir quien sufrió más, porque no sé cuánto tiempo ella llevaba llorando; no puedo decir quien se curó primero, porque ambos aun aquejamos el mismo mal.
Somos hijos del mismo dolor y amantes de la misma historia, errantes del mismo sentimiento y traidores del mismo acto sacrílego.
Pero en fin, cómo fue nuestra historia; cómo llegamos a no desear conocernos, fue largo el tiempo en ese entonces y ahora se ha vuelto tan pequeño…
No recuerdo el día, solo sé que es la sensación más deliciosa que mi cuerpo había sentido hasta entonces; era algo invisible palpando mi cuerpo con suavidad y destreza, una vibración que recorría mi cuerpo de pies a cabeza, era una sensación de ligereza; sentía un hormigueo en mi cabeza, pero mi piel y mis cabellos reposaban en una suave y blanca almohada.
Mi cuerpo en ese momento pudo ser blanco de cualquier manipulación, es ese momento en el que sientes que la sangre de tus venas corre de pies a cabeza sin interrupción de nada, mi piel sentía fascinado la textura suave de la sábana que me cubría; pero una brisa cálida luchaba por penetrar más allá de las sábanas y de la ropa que traía.
Entreabrí mis ojos, solo quería saber si podía ver aquella brisa que susurraba a mi oído llamándome a decaer de nuevo en sus brazos; vi a lo lejos un pequeño y tenue rayo de luz que jugaba con las ondas de la cortina que remolineaba con el viento del amanecer.
Sabía que este era un momento perfecto, delicado, único, nada lo podía perturbar; pero ese fue un gran error. No me quise mover, sentía y no era el peso de mi cuerpo; me fascinaba sentir aun ese hormigueo. Pero no duró mucho aquella realidad.
Sí, alguien tocó la puerta de mi departamento, un módico lugar dentro de una gran ciudad, pero con una maravillosa vista, no era lujoso, pero no me faltaba nada; realmente era pequeño, pero muy acogedor.
No quise responder al llamado de la puerta y de nuevo cerré mis ojos; pero alguien insistía en llamar y llamar; que más remedio había sino levantarse.
Pedí al cielo que no fuera mi casero, pedí que no fuera algún amigo oportunista, pero sobre todo que no fuera… en realidad no quería que fuera quien fuese.
Abrí sin siquiera preguntar; y parada con mirada entusiasta, vi a la mujer que amaba en aquellos días, tal vez por ella hubiera dado todo, pero nunca me pregunté si también daría la vida.
Ella era una joven que refleja vida; su mirada era coqueta y dulce, sus ojos miel y su cabellera maple, su piel blanca y tersa; al parecer tenerla no me podía hacer desear nada más. La veía inteligente, decidida, única.
Al verme me sonrió, yo solo la vi, deje la puerta abierta y me di la media vuelta; me dejé caer en el sofá, deseando regresar a mi cama. Ella entró y cerró la puerta tras de sí, y con su voz tan radiante me dijo:

-¿Sucede algo amor? ¿Qué tienes?
-Nada
-¿Nada?, no lo parece

No sé que dejó en la mesa y se sentó junto a mí, y mientras hablábamos comenzó a juguetear con mis cejas, mis pestañas y mi barba; sentía que su tacto irritaba, no mi piel, si no algo que se encuentra en ella y no se puede ver, algo que te llega al estomago y luego se va a tu cabeza, logrando que hagas un seño en la frente y retires el rostro hacia un lado.

-¿Qué pasa, acaso tuviste algún problema el día de ayer?
-¿Cuál problema?
-No lo sé, por eso te pregunto, hoy no estas como otros días

“Hoy no estas como otros días”, me pregunto, ¿todos los días debería ser la misma persona para agradarle?, acaso no era un humano con gustos y disgustos; en qué le perjudicaba a ella si quería o no hablar, en qué le perjudicaba si era otro esa mañana; no le dije nada, solo me levante y fui a mi habitación; por instinto hubiera cerrado la puerta y esperar detrás de ella para poder escuchar cuando Isabel se fuera; pero algo me detuvo y no cerré la puerta solo entré y sin mirar mi entorno fui al baño, escuché sus pasos detrás de mí; y sí, lo hice, cerré en su nariz la puerta del baño, me sentía furioso como si algo me molestara a tal grado que prefería encontrarme solo y no tener contacto con nadie más.
No llamó a la puerta, pero aun así me enfurecía, me senté en la orilla de la tina y cubrí con mis manos mi rostro, puse de nuevo atención a los ruidos del exterior; había carros, gente gritando, niños riendo, pero nada dentro del departamento; y en unos segundos un golpe de la puerta.
Miré hacia la puerta del baño como esperando a que alguien entrara y me atacara; no hubo reacción alguna, salí del baño con algo de temor esperando encontrar de nuevo a Isabel, allí sentada esperando una respuesta de mí con la mirada suplicante, y volviendo a originar aquella sensación de ira.
No había nadie, solo una nota en la mesa: “Si me necesitas llámame”. “Con cariño Isa.”.
“Isa”, qué es eso de Isa, ¿Le cuesta poner “Isabel”?; y fue cuando reaccioné y supe que ese día no iba a ser nada bueno para mí.
Después de arreglarme, salí a comprar algunas cosas, mi alacena estaba vacía y mi refrigerador era igual que el Polo Norte… frío y solitario, gracias a mi suerte la única tarjeta que disponía no pasó para poder pagar mis comestibles, y mi efectivo no pudo pagar la mitad; mi coche tuvo la fortuna de quedar varado a mitad de camino, y no por falta de gasolina, sino por una falla en el motor, -mantenimiento señor, eso le falta a su motor- me dijo el mecánico de servicio vial; sí, no había llevado mi coche a servicio desde hace 3 años.
Y la maldición continuó, me quedé sin gas por “una falla en la línea del servicio”, pues el hijo de una vecina, se sintió inspirado para realizarse como bombero, y por qué no, empezar por el gas; lo que llevó también a que cortaran el servicio de luz, y sí, me quede sin agua caliente y sin comida por el resto de mi fin de semana; por si fuera poco llovió, lo que provocó que toda la ropa que había logrado lavar se mojara y quedara llena de lodo, ya que en el esfuerzo de bajarla, la baje tanto que terminó en el suelo.
Me senté en el sofá que daba a la ventana de la sala, vi los colores del cielo, los rayos, la lluvia golpear mi ventana y no supe como describir mi desgracia, me sentía tan infeliz, como si la vida estuviera en contra mía, como si estuviera pagando una culpa la cual yo no cometía, y me sentí tan solo.
Cerré mis ojos, traté de recordar algo más allá de lo que había sido mi día, pero no lo lograba, trate de escuchar algo a lo lejos más allá del alboroto tras mi puerta y los truenos comenzaron a interpretar una intempestiva sinfonía, la sinfonía de mi corazón con dolor e ira; no comprendía el por qué de mi malestar, pero aun así lo sentía, sabía que era afortunado de alguna forma, pero no era palpable para mí.
Me creí aburrido, sí, eso debía ser, la monotonía de mi vida; llamé a casa de Isabel, su contestadora respondió, dije una sarta de tonterías, como suplicas por su perdón, la belleza de sus ojos y sus palabras de aliento tan dulces, le pedí que nos viéramos al día siguiente, le di un punto de reunión y una hora en especial, aunque le pedí me confirmara si la vería; colgué el teléfono, y aun así no me sentía satisfecho.
Eran ya pasadas las diez de la noche cuando mi teléfono sonó, era ella, con aquella voz tan particular, tan única:

-¿Hola?
-Hola amor
-Pensé que no llamarías, creí que te habías molestado por lo de esta mañana
-No, sólo me preocupé por ti, pero no tenía por qué molestarme
-Lamento haber sido tan rudo contigo
-No te preocupes, te entiendo
-Y que dices, ¿te veré el día de mañana?
-Mmmmm, tengo que pensarlo
-Comprendo, yo solo…
-Claro que si tontito, solo es una broma
-¡Vaya!, yo…, me tomaste por sorpresa
-Claro que te veo mañana, descansa
-Igual tu, que tengas una buena noche
-Adiós
-Adiós

Mi corazón presentía algo en sus palabras cuando colgué, no era algo como solía ocurrir antes, era algo más que emoción, algo que ni siquiera llegaba a la más mínima señal de… en fin, tal vez era el estado en el que me encontraba y el arrepentimiento que sentía.
Dormí lo suficientemente intranquilo como para haber despertado a las 3:00am; no sabía qué hacer, no tenía ganas de prender televisión, no quería encender la computadora; era como desear hacer todos los deberes, pero a la vez como una flojera que me impedía mover un dedo. Solo quería tumbarme en el sillón ver el horizonte y no más; y a la vez… odiaba la idea.

#3

Decididamente me puse a limpiar, descubrí una lata de atún ya muy pasada bajo mi refrigerador, no sabía cómo había llegado allí, ¡a mí ni siquiera me gustaba el atún¡ acomodé mi ropa y separé la sucia de la poca limpia que me había quedado, me arreglé, tomé algo así como un desayuno; y todo esto acompañado con la leve melodía del amanecer en una gran urbe, en esa urbe que no podía controlar.

Estuve listo muy temprano, para ser sincero dos horas antes de mi salida, ya no sabía ni que hacer, lo único que se me ocurrió fue jugar con mi estomago dándole leves golpecitos y escuchando ese sonido huequito que produce.

Me aburrí o más bien creo que me provoqué nauseas, pero no tardé mucho en detenerme; me dirigí a la ventana y sin pensar nada me posé en ella a ver más allá del horizonte, como si quisiera ser un ave y volar tan lejos como me lo permitieran mis alas, era una sensación de paz y a la vez como si presagiara algo de súbito maligno.

El grito de alguien me despertó de aquel sueño, mire hacia abajo y vi la figura de Isabel, tan sonriente como siempre, pero la mire pensativo, algo ocultaba en aquella sonrisa, no me parecía la usual; de nuevo desperté de ese letargo y la saludé, intentando sonreír por un motivo que no existía, era solo… mostrar una sonrisa.

Bajé lo más rápido que pude, traté de verme jovial y feliz, pero aun en ese momento guardaba sospechas de algo sin saber qué podría ser; un instinto me llevó a besarla en la mejilla y no en los labios como acostumbrábamos. Algo andaba mal.

Al principio no sabíamos a donde ir, por fin decididos, fuimos primero a desayunar, pero aun así me encontraba pensativo, analizaba cada movimiento que ocurría a mi alrededor; pero lo que me distraía más eran los movimientos que ella realizaba, sus facciones al hablar; me sentí confundido, con ganas de cerrar los ojos, como entre aterrado y ansioso por seguir mirando; como con la emoción de descubrir un antiguo tesoro nunca antes visto más que por los que lo perdieron. Que fatuo pensamiento.

No, en ningún momento tuve mi mente tranquila, pero intentaba disfrutar el día; después de desayunar fuimos a una tienda de ropa exótica, después a una galería; donde el único arte que vi fue el bote de basura con un diseño muy bueno, por lo demás ni lo vi; de ahí fuimos a otro almacén, después fuimos a caminar por el zoológico; por un momento me sentí igual de atrapado que los animales; luego fuimos a comer, fuimos a ver una película y después la fui a dejar a su casa; bueno, aunque intente hacerlo me dijo que no, ella tomaría el autobús para irse a su casa, eran las 6:00 pm, tendríamos tiempo de ir a su casa y yo regresaría a la mía con mucha tranquilidad, pero se negó rotundamente, por un momento me pareció que se ponía nerviosa con mi insistencia, presioné un poco más y mostró ira en su mirada; aunque después trató de ocultarla con una sonrisa y un beso en mi mejilla, tomó el autobús con mucha rapidez; o tal vez yo ya no quise reaccionar, me dijo adiós desde arriba y yo… la deje ir.

Una duda surgió en mi mente, casi como un balde de agua fría, ¿por qué tomo un autobús con una dirección que no era la de su casa?, esto lo justificaba todo, tal vez ella…

Llegué a casa alrededor de las 7:00 pm, de nuevo me tiré en el sillón que veía a la ventana, como me fascinaba ese lugar, creo que era mi favorito, tal vez más que mi cama. La vista me llevaba tan lejos, el tiempo se detenía, nada pasaba a mi alrededor y en mi mente de nuevo surgía la imagen de aquel lejano lugar, tan verde, tan aromatizado a naturaleza, pero a la vez tan misterioso, tan opaco, tan… agreste.

Y todo eso no me importaba, me perdía tanto en la naturaleza de ese lugar que sentí la tierra bajo mis pies, el roció en mis manos y la brisa en mi rostro; me fascinaba, me seducía; me sentía… libre.

Y de nuevo aquel sueño tan perfecto y refrescante se terminaba con algún ruido que perturbaba todo aquella imagen clara; sí, era el teléfono. Ponerme o no de pie fue algo difícil de decidir, me sentía como perdido entre la línea de mi sueño y la realidad. Y decidí al fin, levantarme; cuando respondí y escuché quien era, me arrepentí de haber levantado la bocina, ¡demasiado tarde!

Sí, era un “amigo” del lugar donde trabajaba, no gozaba de un salario lujoso y no puedo decir que me permitía vivir bien, pero por lo menos me alcanzaba para comer, a menos que tuviera que pagar algunas deudas. Tampoco puedo decir que mi puesto era algo memorable, pero puedo decir que si no estuviéramos nosotros, los de arriba no tendrían empleo; pero bueno, creo que divago demasiado.

Aquel “amigo” tenía un acento inusual y supe de inmediato, chantaje, sí eso era lo que quería o por lo menos no estaba tan lejos de la realidad.

-Mi querido y estimado amigo del alma, te tengo una propuesta que te va a fascinar.
-¿Acaso no ya te estoy escuchando?
-Que chistoso, por eso me caes tan bien jajaja
-Si claro
-En fin, te llamo por una razón favorecedora; mañana ingresa un nuevo jefe, y se nos avisó que debido a ese cambio no deberíamos presentarnos a trabajar hasta que éste se halla instalado en sus nuevas funciones, por lo que habíamos pensado en reunirnos todos y festejar.
-¿Festejar qué?
-Tú sabes, esto, aquello, cualquier cosa, no hay un motivo en especial
-Aaaa mira, claro me dará gusto… creo
-Excelente, te esperamos entonces en la Quinta y Gamos, no hay pierde, es un lugar modesto pero genial
-Sí, me imagino lo genial
-Bueno te dejo, me imagino que… tienes cosas que hacer, nos vemos entonces mañana
-Si claro, mañana

No soportaba escuchar su risa por el teléfono y ¿Por qué se reía de esa manera?, ¿Jefe nuevo y no hay que ir a trabajar? Eso, eso era nuevo, y no, no lo creí; me dispuse a preparar mis cosas para el día siguiente, si había un jefe nuevo iba a dar una buena impresión, mínimo con que llegara a tiempo sería bueno, lo demás solo se vería con el tiempo.

Cene poco, vi de nuevo aquel lugar al que llamaba casa, me despedí como si alguien dentro me escuchase, y me fui a dormir; el día que seguía no me mostraba una buena cara.