juanCarlos
Rango8 Nivel 35 (2355 ptos) | Poeta maldito
#1

Creemos que está oculto en algún lugar vacío, oscuro, invisible incluso a plena luz pero el caso es que siempre se encuentra detrás nuestro, haciendo sentir su presencia y susurrándonos al oído mentiras, disfrazando de sombras y murmullos su cuerpo ilusorio. Es el miedo a lo que no podemos ver, fantasías de niño que hace que miremos debajo de la cama para asegurarnos de que solo hay un par de zapatos. Pero cuando al levantarnos la mañana siguiente vemos que esos zapatos sobresalen del borde dejándose ver, nos invade esa mala sensación que nos hacía ocultar cuidadosamente nuestro calzado para evitar verlo así, como alguien que se esconde sin conseguirlo, y es por esto que desechamos la lógica idea de que tal vez esa noche fuimos descuidados al guardarlos. Es en ese momento cuando el miedo se vuelve corpóreo, la creencia se hace realidad, y si el suceso se repite puede que no volvamos a dormir por un tiempo, al menos en ese lugar. Pero tranquilízate, que todo es producto de tu imaginación, que todo es cosa de niños…

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#2

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Es de noche, es cuando podemos entrar, sin saber qué habrá al otro lado de la puerta si un mundo loco en el que las cosas más inverosímiles nos parecen completamente normal o una película de terror de la que somos protagonista. Puede que corramos en la oscuridad al sentir que alguien nos persigue sin buenas intenciones, puede que notemos las piernas pesadas de cansancio impidiéndonos avanzar y que nuestro perseguidor esté cada vez más cerca de nosotros, puede que intentemos gritar como último y desesperado intento para pedir ayuda pero que el miedo impida que la voz nos salga de la garganta, puede que finalmente nos alcance y que en ese mismo instante despertemos sobresaltados alegrándonos de que solo sea una pesadilla. Puede.

#3

Qué pasaría si un incontrolable miedo, intenso e irracional, uno de esos llamados fóbias, evitara que dejaras tu domicilio, lugar donde te sientes seguro y de donde te es imposible salir por más que quieras, por más que tengas que hacerlo para, paradójicamente, estar a salvo porque el peligro está dentro y solo fuera podrías escapar. ¿Cual de ambos temores ganaría el pulso, el imaginario o el real? Quizás no tengas el valor suficiente para vencer tu miedo perverso.