marmuzz
Rango7 Nivel 32 (1767 ptos) | Autor novel
#1

Han visto algo y no saben cómo describirlo, les han preguntado por la forma de ser de alguien y no saben que responder, sin duda ese es el problema de nuestro personaje, pero también todo lo contrario, hay tanto que decir de él, que en el camino los términos y las definiciones se confunden dependiendo de tu contexto social, religioso y de educación, ya que era un hombre recio, intachable, incapaz de ensuciar su nombre o negar su sangre, pero al mismo tiempo duro, en ocasiones despiadado y casi siempre mal humorado, cuando yo lo conocí tenía 85 años, ya era un hombre mayor, sin embargo era fuerte muy fuerte y en plenitud de sus facultades, físicas y psicológicas, no le dolía nada como se dice, tuvo muchos hijos y por muchos, me refiero a muchos, 25, hasta donde sabemos, todos se conocen y todos en algún momento han convivido con el resto, salvo 4 que murieron antes de la segunda familia.
Era un hombre alto que en su juventud debió ser fornido porque no era tan delgado, las manos grandes, siempre con su sombrero y usaba lentes, lo vi siempre vestido de camisa y pantalones de gabardina, eramuy...

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#2

era muy alineado para ser un anciano revolucionario, nunca olía mal, a pesar de que no usaba lociones salvo en ocasiones especiales y las historias que contaba eran de ensueño, llenas de valor, de honor y de mucho respeto hacia todo aquello que tuviera que ver con el honor de caballero, con él entendí que hoy en día la palabra no tiene el valor que debería, debido a que nosotros se lo quitamos, él no, en su época se decía y se hacía.
Era un hombre sin una sola hora escuela, nunca estudio, nunca nadie le enseño nada, todo lo aprendió en la calle, en la vida, diario, trabajando, era un muchacho cuando se quedó solo, en un mundo agitado por una Revolución que dejo muerte y mucho dolor y en los ranchos alejados de las grandes ciudades era donde más sentía que la Libertad no llego con aquella Revolución, aprendió de la peor manera, aprendió a sobrevivir peleando por no morir, aprendió a defenderse por no perder lo que tenía, aprendió a ganar porque si perdías te desaparecían, aprendió a crecer porque si no nadie te voltearía a ver, aprendió que si no tenia nadie lo iba a respetar, aprendió que solo hay una cosa que la gente respeta más que a la vida misma, el dinero, entendió muy joven que si no tenía dinero y poder entonces le seguirían pasando por encima tratándolo como basura y haciendo que les besara el culo, como siempre lo hicieron antes de que fuera Don Agustín Ferreira.
-Cuando era un niño tuve que lamer culos y soportar que me escupieran para poder comer- El dolor y odio que se veía en sus nublados ojos, era mucho y muy fuerte cuando le tocaba repasar algún episodio de su niñez o vida antes de ser el gran hombre exitoso y de negocios que fue, le dolía recordar quien fue antes de estar en donde estuvo, el odio por su pasado se reflejaba en sus palabras al mencionar lo que paso cuando era apenas un niño y es que cuando ves, lo que se veía en sus ojos, no entiendes como un niño puede padecer tanto y seguir vivo y entonces el adulto en el que se convierte te contesta tu pregunta.
Jamás en su vida, nadie lo volvió a ver para abajo, todos aquellos que lo trataron como un despojo podían irse al infierno, recordar eso le hacía daño, pero era parte de él y eso lo hizo el ser lo que fue, confundido, un tanto perdido, pero con tanto valor y orgullo que el resto de su vida no dependió de nadie en ningún sentido, su fuerza se la daba ese carácter que tenía y la salud de un hombre que creció y murió siendo del campo.
Era duro, a la hora de trabajar, cuando hacia negocios y aún más duro era siendo Padre, no sabía cómo amar y nunca le preguntaron si sabía lo que era el amor, pero era duro, incluso a la hora de creer, la fe que vi en ese hombre no la he visto en mucha gente, el creía en Dios, él sabía que era hijo de Dios, pero nadie nunca le explico de que se trataba el serlo, el supuso que era solo pedir, recibir y pagar, porque nadie como el para pagar, sin embargo, la crueldad y lo despiadado a la hora de castigar a los suyos, tampoco la había visto jamás, esa ira y sed de dolor, solo querer ver dolor por verlo, por escuchar los gritos y no parar, eso nunca lo vi en un ser humano.


#3

Y ahí entra mi primera confusión ya que él rezaba fervientemente, escuchaba misa, tenía un cuarto repleto de Santos, Cuadros Sacros, una enorme Biblia, pero también tenía fe en las brujas o chamanas, visitaba frecuentemente a muchas de ellas y realizaba los rituales y cosas que ellas le pedían, se bañaba con aquellas aguas que le daban y religiosamente hacia lo que decían, sin embargo pedía milagros a los Santos Católicos y yo soy testigo de que una ocasión uno de ellos se cumplió, ahí mi cabeza daba vueltas, no entendía porque un hombre de Dios creía en los chamanes o porque alguien que hacia tanta cosa de chamanes iba tanto a la Iglesia y sin embargo parecía que todo le funcionaba, a pesar de lo mal que hacía, porque aquí se complica todo, esta historia que escuche me dejo atea por meses, no podía creer lo que había escuchado, como aquel hombre que iba a misa los domingos fue capaz de lo que escuche:
-Ese señor es malo, no sé qué hacen sus hijos con él, deberían de abandonarlo, ahora que esta viejo y no los puede seguir lastimando, sabias, que el a su primer esposa, en paz descanse, la colgaba para golpearla- esto me lo platico Doña Juanita, una señora que hacia limpias en el Pueblo.
Eso me desgarro, no podía cerrar los ojos sin imaginar a aquella mujer atada a un palo y siendo golpeada por su esposo, por el padre de sus hijos, como podía ser tan desalmado, sin embargo al mismo tiempo tan respetado por sus hijos ahora ya mayores, todos solo llegan a la misma conclusión, ya lo pagara, seguramente ya lo pago, ya que está muerto, pero esa es otra parte, tuvo una muerte muy extraña que más adelante les contare.
Mientras el tiempo pasaba y yo seguía conociendo la historia de este hombre me encontré muchas cosas muy contradictorias, sus hijos crecieron no temiendo nada, crecieron siendo valientes, muy diestros y hábiles en muchas cosas, fuertes, capaces de hacer pedazos enormes troncos para hacer leña, capaces de arreglar casi cualquier cosa en su casa ellos mismos y todo lo aprendieron de él, de su Padre, pero también estaban y están heridos, son cuerpos fuertes que sanaron, pero algo no está bien en ellos, les faltan cosas, no están completos y es que quien puede estar bien después de pasar lo que pasaron, su propio Padre trataba de matar a su Madre todos los días o a ellos mismo, sin ninguna razón, nadie puede crecer cuerdo viviendo eso y sin embargo no son malos, solo se equivocan mucho, porque por Dios quien puede crecer sin daños cuando ves el odio en los ojos de tu Papá.
Los conozco a todos, si los miraran en este momento a los ojos, ya todos siendo mayores, se darían cuenta que algo les falta, tienen la mirada triste y una enorme herida dentro de ellos, muchos de ellos no se expresan y se esconden en ellos mismos, son dados a los vicios y les es muy difícil entender muchas cosas, no los culpo ellos no saben mucho del amor, del perdón, de la verdad, de que es bueno o malo, solo hacen cosas que no hicieron por ellos o evitan hacer otras que les hicieron y saben que es malo, pero no tienen mucha idea de los porqués, no alcanzan a ver más allá del daño y del intento de sanar.
Son muchas personas heridas de la misma forma, pero no buscan hacer el mal y desquitarse
son personas que luchan todos los días con esos demonios que tenía su Papá, para no convertirse en aquello que tanto mal les hizo.
Crecieron sin lujos, algo que llama poderosamente la atención es que solo tuvieron juguetes cuando ellos mismos los robaban, siendo niños, jamás supieron lo que fue una fiesta de cumpleaños, que llegara Santa o si quiera la Navidad, crecieron jugando con lo que había en su patio y con las ideas locas que se les ocurrían, por lo que se, de niños no median mucho las consecuencias, aunque ahora más bien entiendo que no tenían nada de miedo a nada, ni a nadie, hacían cosas muy arriesgadas para cualquier niño de su edad y así crecieron, solos y heridos.
Comparándose con el resto, en especial los más jóvenes que empezaban a ver como la tecnología y las cosas modernas se apoderaban del mundo y ellos, ni unos zapatos decentes podían tener, heredaban la ropa de los hermanos, sin importar si eran niño o niña, veían como el resto de niños de su edad eran diferentes y felices, eso fue haciendo una herida diferente en los de esta generación, el mundo es cruel y los niños aún más.
Sin embargo, todos coinciden en lo mismo, en esa casa extraña, de cuartos altos, sin ventanas y sin nada de lujos, nunca, ni un solo día falto comida, todo lo contrario había en exceso, las comidas de aquella familia eran enormes, gigantescas cazuelas de guisados, tortillas hechas a mano, leche de vaca 100%, miel de maguey, atoles, café, todo en exceso, se comía tres veces al día y las tres veces igual de suficiente, no pasaban hambre, de eso no se careció ni un solo día, mientras aquel hombre vivió.
De las historias que puedo rescatar, esta es una locura.
-Cuando éramos niños abríamos las baterías de coche que ya no servían, les sacábamos las laminitas de plomo que tenían, las fundíamos y hacíamos una especie de moneda gigante a las que llamábamos “guasas” y jugábamos con ellas al cuadrito-
-También, nos aventábamos desde el techo hasta la arena o a la camioneta-
En una ocasión me cuentan que jugaban a la PALOMA Y EL GAVILAN, los niños tenían que agarrar a las niñas y llevarlas a algún punto y así ganaban, una de ellas era mayor que su hermano y al querer atraparla lo arrastro por todo el patio de la casa, dejando una enorme cicatriz en la espalda, debido a que mientras lo arrastro le desgarro la piel, eso fue una locura.
Y todo se vuelve raro, -cuando íbamos a las fiestas patronales de las Comunidades cercanas o aquí mismo en el Municipio, siempre cenábamos todos juntos, era tan emocionante comer tacos o lo que fuera, fuera de la casa, nos encantaba ir a esas fiestas porque mi Papá siempre tuvo buenas camionetas, entonces íbamos todos, cabíamos todos y llegábamos, visitábamos la Iglesia y después cenábamos, nos compraba dulces típicos y hasta golosinas, algo que solo comíamos en ese tipo de ocasiones, mi Papá era otro, estaba feliz, sonreía y si se encontraba con alguien conocido platicaban mucho rato, lo que nos daba oportunidad de ir a corretear por ahí, mi Papá se transformaba- me contó una de sus hijas.
Otro me decía, que cuando iban a las grandes ferias, en aquel entonces había carpas donde daban espectáculos de música y Don Agustín, llegaba y todo mundo sabía quién era, lo reconocían y eso a sus hijos les daba mucho orgullo, cuando me lo contaban los ojos se les iluminaban y casi podía ver como se les hinchaba el pecho de la emoción de acordarse lo que era ir a aquellos lugares con su Padre.
Yo me confundía cada vez más, por cada historia buena que escuchaba había otra terrible, no lograba descifrar los sentimientos en estos hijos de este Padre, ni en los mayores, ni en los menores, todos tenían orgullo, pero también un profundo dolor.
Y mientras las historias seguían surgiendo, una tras otra unas más alegres, pero otras duras, dolorosas y repugnantes, su propia sangre me conto:
-Nos golpeó con una vara hasta hacernos del baño encima-Pídanme perdón- gritaba con voz entrecortada por la rabia que tenía, -Que me pidan perdón- Y aquel enorme hombre no dejaba de golpearnos, a pesar de ver que sangrábamos y que del esfuerzo orinamos y defecamos ahí mismo –déjalos, los vas a matar- le decía mi Madre, -pídanle perdón- nos pedía con lágrimas en los ojos, -no ven que los va a matar- pero mi Padre no dejaba de pegarnos y maldecirnos, -Perdón- grito Joaquín y dejo de golpearlo, mientras tanto siguió conmigo y me pegaba y no le pedí perdón, solo hasta que el cansancio se apodero de él dejo de hacerme más grandes mis heridas, era un hombre grande y muy fuerte, que se cansara llevo mucho tiempo, mismo tiempo, el que yo su hijo, si, su hijo, sangre, me orine y defeque delante suyo y a él solo le importaba golpearme o dejar de hacerlo hasta que le pidiera perdón, perdón, por hacer algo que a esa edad todos hacían, ser niños.
Del suelo entre la mierda, la sangre, mi orina y el lodo, me levanto mi madre, llorando y con un profundo terror.
Por el resto del día no lo volví a ver, mi Madre me oculto en el cuarto más lejano de donde pudiera verme y me sano, mientras lloraba y no decía nada y que podía decir, que más podía hacer, si el terror, la ignorancia y el terror se apoderaban de ella.
Y sané y seguí haciendo lo único que se podía hacer en aquel entonces, seguir trabajando y tratar de sobrevivir a lo que el viejo nos hacía a los nueve años, empecé a perderle el miedo a muchas cosas, conocí la maldad en los ojos de mi padre y en el mismo conocí a Dios.
Cuando me conto esa historia estaba postrado en una cama por una operación en la columna y cuando me conto todo el tiempo apretaba su puño contra su pecho y no dejo de hacerlo y empezó a llorar y me dijo algo que me hizo dudar de todo, de aquel hombre, de Dios del bien y del mal, me dijo –Éramos unos niños y Dios dice que somos sus hijos, porque no hizo nada entonces cuando me vio sangrar, cuando vio que no iba a dejar de pegarme, cuando me hice del baño encima- con sus ojos con lágrimas como pudo me miro a los ojos y me dijo – ¿sabes porque?, porque Dios existe y es igual de sádico que mi Papá.
Un escalofrió me recorrió, solo imaginar a dos niños de 7 y 9 años llorando, suplicando por no ser golpeados de esa horrible manera y que Dios solo se quedara viendo, esa imágenes no me dejaron dormir por días enteros, me estaba volviendo loca, porque en esa misma platica, en algún punto aquel viejo hombre me dijo que nadie fue, ni será como su Padre, porque fue rico, el más rico de la región y se ganó el respeto de todos, de él incluso, pero solo como hombre, como Padre lo único que podía agradecer era que le dio la vida, sin embargo lo admiraba, dijo respetarlo y que reconocía que el Jefe había sido muy chingon, entonces mi cabeza ya no podía más, yo estaba perdida entre entender que era aquel hombre y que sentía este hijo