A_S_Alva
Rango3 Nivel 12 (142 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1
    Partes:
  • #2

El Destino se cernía sobre los hombros de un grupo de personas con inmensas ojeras, pupilas cansadas y cuerpos lastimados. Un grupo que había deambulado por el dolor que, a veces, injustamente la vida le da a las almas de corazón tranquilo. Esos seres, se mantenían firmes, gracias a las ganas sentidas, de darle una oportunidad de vida a la humanidad. Ataviados en capuchas, esbozaron por eso, al son de los relámpagos, una resignada y cautivante sonrisa.

A costa de sus humeantes existencias, levantaron las barbillas y contemplaron a los monstruos consumidores de frente. Recalcándoles con el puño en el pecho que, los suyos, esa especie que con sus acciones habían convocado al abismo, después de enterarse de su sacrificio... Serían capaces de corregir el camino. Confiaban en que esta vez su conciencia refulgiría en sincronización con el universo, confiaban en que esta vez, serian verdaderamente humanos.

Posterior a eso... La colisión se dio.

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#2

Espiritus Errantes
Sonidos potentes se escuchaban a la distancia, mientras los nervios daban indicio de que el fin había llegado. La electricidad intermitente se volvió, las velas tomaban de a poco su lugar; la gente se reunía a las afueras de su casa y miraban al cielo, quien carente de estrellas les daba la espalda.

Los jóvenes sonreían, escupiendo ocurrencias y apuntando sus cámaras por todos lados. Los de edad mediana colocaban su atención hacia sus maestros, es decir, hacia sus padres, hacia sus tíos y sobre todo... Hacia sus abuelos. Estos últimos, con los parpados obturados, asentían la cabeza y juntaban las palmas, en una clara señal de saber lo que les deparaba.

— ¡Esto se acabó! —mascullaban los venerables.

Entonces el ambiente se coloreó, la tierra se cuarteó y las emocionadas risas dejaron de existir. Centellas sentaron a algunas personas, impelieron con violencia a otras más, todo eso dependía de la cercanía que uno tenía con el lugar de donde salían, ya que en los casos más infortunados... los cuerpos eran por ellas, reducidos a polvo.

Gritos alertaban del caos, aquel caos que no tenía figura. Por eso, una persona increíble, de labios gruesos y delicadas manos, estando en el retumbante sitio, beso un diamante tallado por el más humilde joyero del planeta, logrando estampar en los cielos, con cada una de las pulidas y brillantes caras, las imágenes de lo que ahí acontecía.

Las mentes mundanas enseguida se notaron confundidas, pues lo proyectado en lo alto, eran un par de gigantes esferas de consistencia gelatinosa, que daban saltos para colisionar una y otra vez con la tierra; castigándola y castigando a sus alrededores, con las detonaciones que su masividad producían. Era surrealista lo exhibido, pero tomó más veracidad, cuando increíblemente, a pesar de su evidente peso, aquellas por fin se detuvieron en el aire, flotando a unos cincuenta metros del suelo, deteniendo con eso a las centellas.

En todos lados, las mejillas de los receptores no tardaron en ser bañadas por sus desbordados ojos, unos entendiendo tal suceso como una señal de que el bien había llegado, pero otros, captándolo como un cruel preámbulo, que sellaría las duras palabras de los más viejos.