JorgeBenitezR
Rango9 Nivel 41 (3456 ptos) | Escritor autopublicado
#1

EL ZORRO Y LA URRACA

El zorro y la urraca, cada uno por su parte, llegaron al mismo sitio… se encontraron. Esta vez tenían algo en común, que les llevó a conversar. Estaban asombrados, consternados y confundidos ante aquel horrible y denigrante espectáculo de destrucción. Ambos también habían perdido su hábitat cotidiano.

La Urraca se dirigió al zorro, señalando al hombre que caminaba nervioso buscando entre aquellas ruinas. Con un gesto muy suyo dijo al cuadrúpedo: "Mira a ése, nada de lo que busca encontrará. Pobre, ha de morir pronto".

El zorro sólo percibió hipocresía en sus palabras, y arrugó el rostro.

Agregó ella: "Claro, jugaba como los otros... con su libertad, con el amor y con la Naturaleza". Entonces, trató de ser más precisa: “puede ser que consiga lo que le interesa, pero muy difícil que encuentre lo que verdaderamente le conviene a él y a los demás”.

El zorro distendió suavemente su arrugado rostro… comprendió la verdad subyacente a las palabras de la urraca.

La miró, en gesto de estar de acuerdo, sin agregar nada. Y continuó... buscando comida…

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#2

EL ZORRO Y LA URRACA

En aquella terrible y triste desolación, moviéndose penosamente entre las ruinas, el hombre encontró —al fin— a otra persona. Y ese día caminaban juntos buscando resolverse y conseguir a otros…

Dijo la urraca al zorro: "Mira… ahora son dos, encantados de encontrarse. A ver cuánto les dura la amistad. En esa relación humana siempre hay uno que da menos y espera más". El zorro no entendió, arrugó el entrecejo y murmuró para sí mismo: "La amistad no es una simple forma de intercambio. Es mucho más...".

La urraca, al ver su expresión de desacuerdo, agregó: “Es que pocos humanos aprendieron el verdadero sentido de la Vida. Poder vivir y hacerlo satisfactoriamente implica compartir, vida en común sobre la base del respeto entre sí y conservar el ambiente”.

El zorro volteó hacia adelante, adonde estaban los hombres... y quedó luego con la mirada fija en la lejanía.

#3

EL ZORRO Y LA URRACA

Al día siguiente, la urraca y el zorro volvieron a coincidir en un mismo sitio. Y no era extraña tal coincidencia; es que cada uno buscaba seguir de cerca y enterarse de los movimientos de aquellos hombres que habían sobrevivido a aquella catástrofe. Dijo la Urraca: "Míralos, tan cooperantes y bien dispuestos. Pero... qué costo tan alto el de ese aprendizaje”.

Replicó el zorro: “Si acaso es que aprendieron algo". Y se le ocurrió comentar: "Oí decir a un profesor que de los seis niveles de la inteligencia, la mayoría de los humanos sólo desarrolla los tres primeros. Sí no buscan el saber...".

La urraca agregó: “…una forma de flojedad muy extendida es la pereza mental…”.

El zorro no supo qué agregar; fijó su mirada en su propia sombra... luego oyó, impávido, el rudo y chocante aleteo de la urraca, alejándose de allí. En su mente, su sensación adquirió forma verbal: «piensa tanto en sí misma que tampoco creo que sobrepase el tercer nivel, el aplicativo».

#4

Un nuevo episodio interactivo entre el zorro y la urraca.... Ambos buscaban, anhelantes, algo entre las ruinas de aquella gran devastación. Además de comida, deseaban ver el renacer de la esperanza, la reconstitución de todo aquello, que todo volviese a ser como antes.

A la primera mirada interrogante del zorro, dijo ella, al ver a lo lejos a tres hombres caminando y abriendo espacios entre los escombros:

"Ahora tratan de reconstruir el mundo que destruyeron... No está mal. Primero deberían aprender a pensar, a reflexionar y a convivir en auténtica comunidad" dijo la Urraca al zorro.

Contestó así el zorro: Veo que estás aprendiendo de ellos.

La Urraca volteó hacia un lado y alzó el vuelo.

El zorro quedó mirando la Luna... era lo único que permanecía igual en aquel conjunto confuso, dramático y desordenado.

#5

Antes de la gran explosión devastadora de su hábitat, estaban la urraca sobre una rama baja del almendro, y el zorro encaramado sobre una pequeña roca. Ambos hablaban de la Luna, admirados por su brillo y su constancia diaria, sus ciclos…

Al instante, se sobresaltó el zorro ante una de esas ocurrencias femeninas: "Qué tontos”, decía ella con una evidente sonrisa. “Se preguntaban ellos qué fue primero, si el ave o el huevo" dijo con ironía la urraca.

"¿Y tú, como ave, qué dices? le inquiere el zorro.

"Lo que está mal es atreverse a preguntarlo. Pretender una respuesta a esa pregunta implica caer en una regresión al absurdo”, dijo la urraca ya lista para alzar el vuelo.

Inquirió el zorro: ¿Y eso...?

Contestó la urraca: Porque esa pregunta supone un error: obviar o dejar fuera las predeterminaciones genéticas., y la pregunta que derivan de éstas ¿de dónde salieron?

Ya en el aire, gritó ella con su voz altisonante: “Primero fue la realidad. Y la realidad es... lo que es"