Gloris_Diquez
Rango6 Nivel 26 (965 ptos) | Novelista en prácticas

Allí estaba ella, sentada en una fina cafetería, tomaba su usual café helado acompañado de cuatro galletas de vainilla con chispas de chocolate, era Lunes por lo que llevaba el uniforme verde, bajo los lentes, sus ojos color miel contemplaban el café como un pintor observa su musa, el cabello rubio bailaba una danza erótica con el viento, parecía incomodarle porque rápidamente lo sostuvo con una coleta. Miro su reloj y pareció asombrarse, tomo de un solo sorbo el café y metió las galletas a medio comer en el bolso para finalmente dejar una honorable propina sobre la mesa.

Era hermosa, sin duda que lo era, tanto que parecía doler, lastimosamente esa belleza iba a envuelta por la frialdad de una tumba y yo era el encargado de que eso sucediese en menos de 7 días.

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LauraDadaCuentista
Rango7 Nivel 31
hace 5 meses

@Gloris_Diquez Me está gustando mucho tu texto... Es inquietante y a la vez poético en cierta manera. Tienes una forma delicada de escribir.


#2

Eva caminaba a paso rápido por los amplios pasillos del hospital municipal.
─ Lo siento, lo siento ─ dijo cuando entró en quirofano.
─ Tarde como siempre ─ bromeó Ruben, el cirujano principal.
─ Oye Ruben, lo siento, se me pasó y...
─ Descuida ─ dijo levantando una mano ─ ya estas aquí y eso es lo importante.
Ruben Ford era un excelente cirujano, por no decir el mejor, trataba desde un simple quiste hasta una gran obstrucción, gozaba de dinero, lujos y una gran reputación, ademas de una hermosa novia a la que le encantaba presumir... Eva.
Eran las 02:55pm cuando comenzó la cirugía, esta vez se trataba de un paciente con multiples escaras producidas por el encamamiento, el trabajo de ambos era limpiarlas y aplicarle antibióticos directamente para mejorar la infección.
Una vez terminada la cirugía Eva se sentía exhausta no por el abuelo de 80 años que acababan de operar, sino en su padre, Hector que yacía en su casa con demencia senil.
─ ¿Estás bien? ─ preguntó Ruben mientras acariciaba uno de sus delgados hombros.
─ Cr Creo que debo irme.
─ ¿Que ocurre? ─ dijo preocupado.
─ Son las 4, ya Johanna se ha ido de la casa y mi padre ha quedado solo.
─ De seguro tu hermanastra lo dejo en las mejores condiciones, pero si no quieres terminar tu turno descuida, vete.
─ De verdad muchas gracias, Ruben. Te debo otra ─ sonrió tristemente.
─ Algún beneficio debes tener estando conmigo ─ mostró una gran dentadura repleta de dientes perfectos y blancos.
Eva se limitó a besar su mejilla y salió. Una vez fuera del hospital se sentía menos cómoda, se sentía vulnerable y lo que es peor, sola. Llevaba el bolso en una de las manos y en al otra cargaba las llaves del carro, el carnet y el estetoscopio que parecía enredarse como una boa a su presa antes de caer al piso.
─ Mierda ─ susurró.
Se agachó para recogerlo cuando unas manos grandes se interpusieron en su camino.
─ La ayudo doctora ─ dijo una voz grave.
─ Oh, gracias ─ respondió ella sin siquiera mirar.
─ ¿Puedo ayudarla? parece desorientada.
─ No, estoy bien, gracias, es solo que... ─ calló.
─ ¿Qué? ─ la voz mostraba interés.
─ Nada ─ sonrió ─ Debo dejar de contarle mis cosas a todo el mundo.
─ Erick Bale ─ dijo afablemente.
Esta vez Eva dirigió su mirada al extraño que ahora le hablaba. Era alto, extremadamente alto, de cabello castaño y ojos grises como las nubes en un día lluvioso, tenia pequeñas pecas en sus pómulos y su sonrisa ocultaba algo que Eva no lograba descifrar.
─ ¿Lo ve? Ya no soy un extraño.
─ Es muy amable de su parte pero me tengo que ir, y gracias por su ayuda ─ tomó el estetoscopio de las manos de Erick y se dio la vuelta en dirección a su carro. No sabía porque pero el encuentro con Erick la había llenado de miedo e intriga.
Por su parte, Erick, la observaba con su rápido andar, ya lo había visto varias veces, muchas para ser sincero, ya había visto esa rubia melena e incluso había olido su aroma frutal, pero jamás se había fijado en los ojos temerosos e inseguros ya que era la primera vez que Eva lo miraba directamente a los de el, ¿se había sobrepasado? no lo sabía, ¿alguien lo había visto? tampoco lo sabía, solo estaba consciente de lo que debía hacer, ya la había estudiado antes, sabía sus movimientos, sus rituales, que hacía antes de llegar al trabajo y que hacía después.
─ Nada puede fallar ─ dijo sin quitar la mira de Eva que se alejaba en su Mercedes Clase S ─ ¡Nada!

LauraDadaCuentista
Rango7 Nivel 31
hace 5 meses

¡Madre del amor hermoso! ¡Pobre Eva! ¿Qué tiene pensado ese tal Erick? Jajajaja! Me ha gustado mucho, sigue por favor... ;-)


#3

Eva llegó a su casa y saludó a Rocco, su pequeño perro de color azabache que movía la cola como las aspas de un helicóptero.
─ Papá ─ sin respuesta.
De repente una corriente eléctrica rodeo la espina dorsal de Eva, se sintió expuesta y vulnerable. Volteó su mirada a la puerta ya cerrada y confirmó que nadie estaba parado frente al umbral vigilandola.
─ Papá ─ repitió.
─ Aquí hija, en mi cuarto.
Eva soltó un suspiro de alivio.
─ ¿Por qué no contestabas? ─ dijo al llegar a la segunda planta de la casa.
─ No te escuché, ya sabes, mi edad me ha dejado sordo ─ rió.
─ ¿ Cómo te sientes?
─ Ah ya sabes, algo cansado pero con ánimos de seguir adelante.
Hector, el padre de Eva, era un ingeniero retirado, hacía un par de meses había sufrido un evento cerebro isquémico, es decir, que una parte de su cerebro se había quedado sin oxígeno y como consecuencia había perdido la fuerza muscular de todo su hemicuerpo izquierdo.
─ ¿Sabes? amo tu temple ─ dijo ella al sentarse en la cama.
─ Y yo te amo a ti ─ sonrió ─ oye, ¿qué haces tan temprano aquí?
─ Pues me imaginé que la inútil de mi hermana te dejaría solo así que Ruben me dejó salir antes.
─ Ese joven es bueno, hija. Y tu hermana no es una inútil. ─ la miró con reprocho.
Eva se limitó a besar su frente y acomodar su brazo izquierdo con la almohada para luego bajar a la cocina.
─ ¿Quieres pan y huevos? ─ gritó una vez abajo.
─ Mejor un whisky ─ bromeó.
Eva sonrió pero había algo que la incomodaba, sentía nuevamente esa exposición que sintió al entrar en su casa, y nada ayudaban los alaridos de Rocco.
─ ¿Qué pasa bonito? ─ acarició su negro pelaje que estaba erizado.
Eva comenzó a frotar sus manos, cosa que hacía cada vez que estaba nerviosa, caminó hacia la puerta principal con paso lento pero firme, delante de ella, Rocco parecía un lobo atado. Cogió el pomo de la puerta blanca y lo hizo girar, fuera el atardecer se asomaba entre las montañas. Rocco se negaba a salir, se limitó a oler y se quedó junto a su dueña.
─ Podrás ser un perro negro con un ladrido esplendido, pero eres cobarde ─ le beso la cabeza peluda.

Afuera la brisa soplaba grandiosamente, el cielo se tornaba amarillento rojizo y los árboles danzaban junto al viento. Erick salió de los matorrales hacia la luz. Tenía la frente sudada y un mechón de cabello castaño se le pegó a la frente debido al sudor , sin duda se había asustado, no estaba acostumbrado a este tipo de trabajo.
─ Casi te atrapa ─ susurró ─ si no hubiese sido por ese endemoniado perro ya estuviese muerta.
Sacó de la chaqueta de cuero su iPhone y fijó su mirada en la fecha.
─ Casi un año ─ dijo con nostalgia y sus ojos grises se tornaron negros.
Erick Bale nunca había sido una persona mala, al contrario, era el mejor hermano, el mejor hijo, el mejor esposo y hubiese sido el mejor padre de no haber sido por aquel día, el día que le cambió la vida por completo, aquel día que murió y volvió a nacer en lo que era ahora, un hombre a punto de convertirse en asesino.

#4

HACE CASI UN AÑO...

Sus espasmos eran cada vez peores, su cuerpo se arqueaba igual a la de una persona que estuviese endemoniada, sus ojos se tornaron blancos y de su lengua caía una gran chorro de sangre.
─ Oh mierda, está convulsionando ─ dijo el joven.
Corrió hacia la cocina y tomó una cucharilla para luego salir disparado nuevamente a introducirla en la boca de la mujer.
─ Vamos bebé, tu puedes, la ayuda viene en camino.
El joven sudaba y la voz le temblaba, su esposa, Marie, tenía otro ataque de convulsión provocada por la eclampsia (Cuadro clínico que sigue a la preeclampsia donde la mujer embarazada convulsiona como consecuencia de la presión elevada).
─ Vamos, vamos ─ repetía aquel muchacho mientras veía a su esposa retorcerse y mirarlo con suplica ─ Va a estar bien, ambas lo estarán, se los prometo.
Más que una promesa fue un juramento, para el no existía otro mundo donde no existiese Marie o Josie, su primogénita.
En menos de 10 minutos la ambulancia llegó, un par de paramédicos vestidos de blanco bajaron una camilla y una bombona de oxígeno.
─ No se detiene ─ dijo el sollozando.
─ Tiene la presión muy elevada, dame un diazepam y preparame el nifedipino ─ dijo el paramédico más alto, el que parecía ser el líder.
Colocó la ampolla del anticonvulsivo en la nalga de Marie y prosiguió a darle el antihipertensivo.
─ Se calma ─ dijo el joven con voz esperanzadora.
─ Tenemos que llevarla de aquí ─ dijo el segundo paramédico.
─ No, por favor, yo la cuido ─ dijo el mientras abrazaba a su esposa que ya estaba en la camilla rumbo a la ambulancia.
─ Señor, no se puede quedar en casa, ella debe ser intervenida.
─ Pero...
─ Señor, si no se aparta y su esposa muere lo voy a demandar.
La palabra "muerte" atraía un horror a la vida de aquel muchacho.
─ Pero, si igual va a morir ─ dijo el en un susurro.
Erick sabía lo que vendría a continuación, sabía que la promesa que había jurado hacía no menos de 5 semanas, no iba a poder cumplirla...

#5

HACE CASI UN AÑO PARTE II

Erick vió como la ambulancia se llevaba a su esposa e hija al hospital, sabia que ese dia seria el ultimo en verlas, o por lo menos a una de ellas.
Tomó su chaqueta de cuero y se subió a su motocicleta; mientras conducia a altas velocidades por la carretera su vista se nublaba por las lagrimas que brotaban de sus ojos.
─ Maldita sea ─ repetia sin cesar.
El hospital era grande, de paredes blancas y suelos relucientes, su personal estaba muy bien vestido con uniformes planchados y coloridos. Inmediatamente los camilleros bajaron a Marie que yacia desmayada sobre la camilla.
─ ¿Que le ocurre? ─ preguntó un doctor mayor.
─ Paciente con eclampsia doctor, tiene la presión en 180/100.
─ ¡Wow! Es mucho para una embarazada. Llevenla a quirofano de inmediato.
"Quirofano" la palabra que Erick sabia que escucharia pero que no queria oir.
─ ¿Es usted la pareja? ─ preguntó el mismo doctor.
─ Si, soy yo. Erick Bale.
─ Señor Bale ¿sabe cuantas semanas tiene de embarazo su esposa?
─ 32 semanas, doctor.
─ ¿Tiene usted mas hijos?
─ No ─ dijo en tono secante.
─ Bien, vere que puedo hacer ¿si?
Eick asintió.
Caminaba de un lado a otro sin saber que hacer o a quien llamar, las lagrimas corrian por sus mejillas sin detenerse y nadie salia a darle información. Al cabo de una hora y treinta minutos alguien lo llamó.
─ Señor Bale ─ dijo una voz femenina.
─ ¡Si, soy yo! ¿Que noticias me tiene de mi esposa?
─ Su esposa esta bien, la tensión mejoró pero esta en cuidados intermedios, una vez recuperada y luego de que le hagamos ciertos examenes podra verla.
─ ¿Y mi hija?
─ Señor Bale, no se si ya le habian comentado esto anteriormente. En la tarjeta de control prenatal esta reflejado que su esposa ya presentaba problemas de tensión desde la semana 24.
─ Si, asi es.
─ Su obstetra me comenta que ya les habia dado una charla sobre lo que podia pasar.
─ ¡Digame que pasó con mi hija! ─ gritó, tanto que la doctora pareció asustarse.
─ Lo siento señor Bale, su hija falleció. Sacarla del vientre era la unica solución para controlar la tensión de su esposa, de verdad lo siento muchisimo.
─ ¿Quien le dio la orden de que hicieran eso? ─ dijo sin siquiera mirarla.
─ Fui yo señor Bale, era la vida de su espo...
─¡Mi esposa queria que mi hija viviera! Por eso decidimos no interrumpir el embarazo.
─ Lo entiendo, pero si no sacabamos a la bebe era muy probable de que su esposa tambien muriese.
─ Usted mató a mi hija ¡usted lo hizo!
─ Señor, le aseguro que mi intensión era salvar a ambas, lamentablemente no pude hacerlo.
La doctora parecia querer llorar, su voz se quebraba y sus ojos comenzaron a brillar.
Erick le dio la espalda al galeno que acababa de hablarle y comenzó a sollozar, no le importó que todos lo vieran, estaba destrozado, habia muerto, nadie podia imaginar que un año depsues de la muerte de su hija Erick estaba a punto de matar a la doctora que la habia asesinado.

#6

PRESENTE
Erick se limpió una lágrima de su mejilla y caminó directo a su moto cuando una voz lo interrumpió
— ¿Estas bien?
Erick se volvió y lo que vio lo sorprendió
— Doctora, eh, si, estoy bien — dijo nervioso
Eva parecía confundida, llevaba el cabello suelto, su uniforme verde y en una de sus manos una bolsa de basura.
— No lo había visto por el vecindario.
— No vivo acá, estoy buscando casas para comprar
— ¿En mi jardín?
Erick inmutó.
— Te vi desde la ventana, mi perro no paraba de ladrar así que me asome y te vi.
— Si, lo siento, su hogar parecía solo y quise ver si estaba en venta.
— Mi mercedes esta estacionado aquí — repuso Eva — se me hace que me anda vigilando señor...
— Erick.
— Si, lo olvidé.
En ese momento todo parecía estar perfecto, no había nadie en las calles y nadie había visto a Eva hablar con el extraño.
—" hazlo ahora" — pensó pero las palabras de Eva lo interrumpieron.
— Oye, debo entrar — la bolsa había desaparecido, había ido al bote de basura y Erick ni lo había notado.
— Si, vaya, feliz noche, quizás la vea por acá pronto.
Ella lo miró de arriba abajo con nerviosismo, en sus ojos gritaba el miedo y su cuerpo estaba erizado, Erick sintió compasión, era una muñeca de cristal a punto de romperse y por primera vez la vio hermosa, la vio mujer.

#7

Eva se sentía incomoda, ¿realmente el hombre que vio en el estacionamiento del hospital estaba rondando su patio? ¿O era verdad que buscaba un nuevo condominio?
─ Hija, ¿te encuentras bien? ─ dijo Hector.
─ ¿Ehm? Si, estoy bien.
─ Te conozco ─ la miró con reproche.
─ Descuida papá, descansa y ya voy por tu cena ─ le besó la frente.
Eva sabía que no andaba bien, ese hombre no le inspiraba confianza y por alguna extraña razón le parecía familiar.
La noche fue rápida y Rocco no siguió ladrando, cosa que tranquilizó mucho a Eva, demasiado a decir verdad.
Al día siguiente Eva se vistió esta vez con su uniforme negro y se dirigió a su trabajo. Una vez en el estacionamiento una moto Ducati color rojo llamó su atención, no era su color llamativo o lo hermosa que era, sino que sabía que ya la había visto con anterioridad.
─ ¿Sera...
Un beso en sus rojos labios la dejó sin terminar la frase.
─ ¡Ruben!
─ Pareces sorprendida ─ dijo encarnando una ceja.
─ A decir verdad si, no esperaba verte sino a las 10.
─ Me quedé preocupado por ti, tu padre, ¿esta bien?
─ Si, le he dejado comida y ya Johanna iba en camino a mi casa.
─ Parecías conmocionada por algo.
─ Si, es que...
Lo que vio la dejo inmutada, en el lugar donde yacía la moderna y costosa moto se encontraba vacío, como si nunca hubiese estado allí.
─ ¿Eva? ─ Ruben parecía nervioso.
─ Es que, estaba allí, ¡lo estaba! ─ dijo señalando el lugar vacío.
─ Estaba ¿qué?
─ La moto, la Ducati.
─ Ja, ja, ja, ¿quieres una Ducati?
─ No, no, no. Es solo que... ─ sabia que no iba a llegar a ningún lado. ¿Qué se supone que iba a decir? ¿Qué vio una moto que le parecía a la de aquel hombre que se apareció por su casa? Si, seguro la catalogaría de loca y demás.
Dio caso omiso a lo ocurrido y se preocupó en su jornada laboral.
2km más allá del hospital, Erick andaba a 100km/h, había visto como Ruben había besado a su presa y la había tomado como suya pero, ¿qué le molestaba? al fin de cuentas ella era una mujer desconocida, una desconocida que conocía muy bien, sabía que todas las mañanas se despedía de su padre con un beso y otro más para su perro, sabía que trabajaba todos los días en el hospital hasta las 7pm, sabía que en su hora de descanso iba a la cafetería de la esquina y se tomaba un latte doble vainilla, sabía que era la prometida de Ruben Roy, el mejor cirujano de la ciudad y eso, por alguna extraña razón le irritaba.
─ ¿Qué pasa. Erick? ¿Qué pasa? ─ sacudió la cabeza de un lado a otro, ahora el kilometraje había subido de 100 a 140km/h.
Finalmente la oscuridad invadió sus ojos.

#8

─ Erick, vamos, mantente aquí.
La voz era lejana, demasiado para el gusto de Erick, no sentía nada salvo un fuerte dolor en su pierna derecha, no podía moverla ni ningún otro miembro.
─ Erick, dime donde estas.
─ No lo se ─ dijo arrastrando las palabras.
─ ¿Qué? no te entiendo, Erick.
─ No lo se ─ dijo claramente.
─ ¿como te llamas?
─ Erick... Erick Bale.
─ ¿Qué edad tienes? ─ dijo la misma voz anterior.
─ 27, creo.
─ No me sirve que creas, Erick. Abre los ojos.
─ No, no puedo, Eva.
El nombre de la doctora salió de sus labios sin poder retenerla, la dueña de aquella enmudeció por unos segundos y luego añadió:
─ ¡Bien! Sabes quien soy.
─ Ayúdame.
─ Lo haré, necesito que colabores.
Esta vez Erick sintió que la voz de Eva expresaba seguridad, no aquel miedo e inseguridad que desbordaban sus azules ojos.
─ ¿Cuando naciste?
─ No lo se ─ respondió sinceramente.
─ Erick, te golpeaste muy duro en la cabeza, necesito valorar tu estado neurológico y debes cooperar.
─ Bien, creo que el 7 de Abril.
─ Correcto.
Erick se preguntó como ella pudo adivinar su cumpleaños si el jamás se lo había dicho.
─ ¡Mi pierna!
─ Estás en imagen, tomarán unas radiografías y veremos que podemos hacer. ¡¿Qué pasó con el calmante?! ─ gritaba ella.
─ Cumplido doctora ─ dijo un voz femenina justo después de sentir un pinchazo en el brazo derecho.
Poco a poco, Erick pudo ver que su vista se tornaba menos oscura; lo primero que vio fue una enorme luz blanca, el yacía acostado sobre una camilla y estaba vestido con una transparente ropa azul, en su pierna derechas había un enorme vendaje cubierto de sangre y en su brazo izquierdo pudo ver heridas similares a rasguños de un gato.
┴ ¡Hola! ─ dijo Eva muy entusiasta.
─ ¿Qué me pasó?
─ Quisiera que me explicaras ─ se sentó en el borde de la camilla ─ Estaba trabajando muy tranquilamente cuando llegó un camión de bomberos te trajo, dijeron que sufriste un accidente por la autopista, a la altura de la 57.
─ Recuerdo que iba por allí... pensando. ─ recordó el motivo de sus pensamientos y de que la velocidad de la moto aumentara ─ ¡Mierda, mi moto!
─ ¿Tu moto roja?
─ Si, mi moto roja.
─ ¿La que estaba estacionada esta mañana aquí? ─ Eva lo miró fijamente.
Erick inmutó, ella lo había descubierto, debía pensar en algo rápidamente antes de que ella se diera cuenta.
─ No he pasado por aquí, Eva. ─ intentó sonar tranquilo.
─ No todos tienen una Ducati último modelo de color rojo.
─ ¿Cómo sabes que es la mía?
─ La vi estacionada ayer en mi casa, cuando "buscabas una nueva vivienda" ─ hizo una mueca con sus dedos haciendo referencia a comillas mientras pronunciaba las ultimas 4 palabras.
─ Quizas paré aquí, no lo recuerdo.
─ Ajá. Bien, Erick, no he logrado comunicarme con algún familiar, puedes darme el número de alguno si gustas.
─ Nadie vive acá. Mi familia directa vive a 2 horas.
─ Igual, deben saber. ¿no tienes amigos, vecinos, novia?
Negó con la cabeza.
─ Bien, veré que puedo hacer.
Eva salió de la habitación un poco preocupada, no lograba descifrar si era porque creía que aquel hombre la perseguía o su era porque quería ayudarlo y no podía, así que subió al quinto piso del hospital y fue directo a el almacén de historias médicas, una vez dentro, fue directamente a la computadora y tecleó: "Erick Bale", inmediatamente salió la información, antiguas hospitalizaciones e información de contacto, miró una y cada una de ellas, aparentemente había estado hospitalizado hacía 3 años por un resfriado y había acompañado varias veces a una consulta ginecologica a una paciente llamada Marie Ross De Bale.
─ De Bale, es casado, entonces, ¿por qué mintió?
A Eva le picó la abeja de a curiosidad y comenzó a investigar, quizás se había separado y por eso no quería saber nada de ella o probablemente no quería preocuparla. Comenzó a leer todos los informes uno tras otro.
─ Tiene una hija ─ dijo con entusiasmo.
Su búsqueda se detuvo cuando vio un informe transcrito por ella misma. En el se detallaba como la mujer, Marie Ross, fallecía a causa de Eclampsia y con esto la bebé, hija de ambos.

#9

─ Erick, vamos, mantente aquí.
La voz era lejana, demasiado para el gusto de Erick, no sentía nada salvo un fuerte dolor en su pierna derecha, no podía moverla ni ningún otro miembro.
─ Erick, dime donde estas.
─ No lo se ─ dijo arrastrando las palabras.
─ ¿Qué? no te entiendo, Erick.
─ No lo se ─ dijo claramente.
─ ¿como te llamas?
─ Erick... Erick Bale.
─ ¿Qué edad tienes? ─ dijo la misma voz anterior.
─ 27, creo.
─ No me sirve que creas, Erick. Abre los ojos.
─ No, no puedo, Eva.
El nombre de la doctora salió de sus labios sin poder retenerla, la dueña de aquella enmudeció por unos segundos y luego añadió:
─ ¡Bien! Sabes quien soy.
─ Ayúdame.
─ Lo haré, necesito que colabores.
Esta vez Erick sintió que la voz de Eva expresaba seguridad, no aquel miedo e inseguridad que desbordaban sus azules ojos.
─ ¿Cuando naciste?
─ No lo se ─ respondió sinceramente.
─ Erick, te golpeaste muy duro en la cabeza, necesito valorar tu estado neurológico y debes cooperar.
─ Bien, creo que el 7 de Abril.
─ Correcto.
Erick se preguntó como ella pudo adivinar su cumpleaños si el jamás se lo había dicho.
─ ¡Mi pierna!
─ Estás en imagen, tomarán unas radiografías y veremos que podemos hacer. ¡¿Qué pasó con el calmante?! ─ gritaba ella.
─ Cumplido doctora ─ dijo un voz femenina justo después de sentir un pinchazo en el brazo derecho.
Poco a poco, Erick pudo ver que su vista se tornaba menos oscura; lo primero que vio fue una enorme luz blanca, el yacía acostado sobre una camilla y estaba vestido con una transparente ropa azul, en su pierna derechas había un enorme vendaje cubierto de sangre y en su brazo izquierdo pudo ver heridas similares a rasguños de un gato.
┴ ¡Hola! ─ dijo Eva muy entusiasta.
─ ¿Qué me pasó?
─ Quisiera que me explicaras ─ se sentó en el borde de la camilla ─ Estaba trabajando muy tranquilamente cuando llegó un camión de bomberos te trajo, dijeron que sufriste un accidente por la autopista, a la altura de la 57.
─ Recuerdo que iba por allí... pensando. ─ recordó el motivo de sus pensamientos y de que la velocidad de la moto aumentara ─ ¡Mierda, mi moto!
─ ¿Tu moto roja?
─ Si, mi moto roja.
─ ¿La que estaba estacionada esta mañana aquí? ─ Eva lo miró fijamente.
Erick inmutó, ella lo había descubierto, debía pensar en algo rápidamente antes de que ella se diera cuenta.
─ No he pasado por aquí, Eva. ─ intentó sonar tranquilo.
─ No todos tienen una Ducati último modelo de color rojo.
─ ¿Cómo sabes que es la mía?
─ La vi estacionada ayer en mi casa, cuando "buscabas una nueva vivienda" ─ hizo una mueca con sus dedos haciendo referencia a comillas mientras pronunciaba las ultimas 4 palabras.
─ Quizas paré aquí, no lo recuerdo.
─ Ajá. Bien, Erick, no he logrado comunicarme con algún familiar, puedes darme el número de alguno si gustas.
─ Nadie vive acá. Mi familia directa vive a 2 horas.
─ Igual, deben saber. ¿no tienes amigos, vecinos, novia?
Negó con la cabeza.
─ Bien, veré que puedo hacer.
Eva salió de la habitación un poco preocupada, no lograba descifrar si era porque creía que aquel hombre la perseguía o su era porque quería ayudarlo y no podía, así que subió al quinto piso del hospital y fue directo a el almacén de historias médicas, una vez dentro, fue directamente a la computadora y tecleó: "Erick Bale", inmediatamente salió la información, antiguas hospitalizaciones e información de contacto, miró una y cada una de ellas, aparentemente había estado hospitalizado hacía 3 años por un resfriado y había acompañado varias veces a una consulta ginecologica a una paciente llamada Marie Ross De Bale.
─ De Bale, es casado, entonces, ¿por qué mintió?
A Eva le picó la abeja de a curiosidad y comenzó a investigar, quizás se había separado y por eso no quería saber nada de ella o probablemente no quería preocuparla. Comenzó a leer todos los informes uno tras otro.
─ Tiene una hija ─ dijo con entusiasmo.
Su búsqueda se detuvo cuando vio un informe transcrito por ella misma. En el se detallaba como la mujer, Marie Ross, fallecía a causa de Eclampsia y con esto la bebé, hija de ambos.

JorgeBenitezR
Rango9 Nivel 41
hace 4 meses

...te felicito... obtienes tus puntos con un amplio despliegue de creatividad, con esfuerzo y dando no poco, sino ofreciendo abundante texto de buena calidad literaria...


#10

Eva estaba anonadada, ella había autorizado la cesárea de emergencia para salvar la vida de Marie. Un golpe dio en su pecho y se sintió de lo peor.
— Pero, ¿por qué? Yo quise salvar la vida de su esposa. No es mi culpa — susurró.
Cerro el historial y volvió a la sala de hospitalizados, al volver a la habitación Erick tenia un yeso en su pierna derecha.
— Así que el traumatologo ya te vio — señaló el miembro.
— Así es, ¿cuando podré irme?
— Aun no, sufriste un trauma craneoencefalico, debes quedarte al menos 6 horas.
Ella lo miró fijamente, parecía abatido y melancólico, sus ojos eran hermosos pero tristes, sus ojeras eran visibles y su barba mostraba algunas canas. En ese momento sintió compasión y dolor.
— Lo siento — dijo ella.
El levantó la cabeza y la miró confundido
— Por todo, tu accidente, tu moto, tu pierna y tu vida. Lo siento.
— No entiendo, Eva.
— Yo si. Te dejaré solo un rato, debes descansar.
— Eva...
— ¿ Si?
— Gracias — dijo después de un largo rato.
Erick se sentía realmente confundido, tenia sentimientos encontrados, el odio por esa mujer se desvanecía por las ganas de querer tenerla cerca.
Eva se dio la vuelta y cuando estaba a punto de salir Erick replicó:
— No te vayas.

#11

Eva se volvió y lo miró confundida.
— Lo lo siento, yo...
— Tranquilo, estas cansado y dolorido.
— Tienes razón.
— Si, pues...
— Me refiero a la moto, si estaba estacionada allí fuera, si estaba vigilandote.
Eva abrió los ojos como platos y sintió un miedo infernal.
Por su parte, Erick, no podía creer lo que de su boca salió, no sabia si eran los analgésicos o si era su corazón el que había hablado.
— Me refiero a que desde aquel día en el estacionamiento no he dejado de pensar en ti — mintió.
— Oh — logró decir Eva.
— No quiero incomodarte, solo soy honesto — volvió a mentir.
— Debe recuperarse señor Bale — salió de la habitación.
Eva sintió que su corazón latía con tanta fuerza que hasta lo podía escuchar, caminó por el pasillo hasta que se tropezó con un cuerpo grande y fornido.
— ¡Eva! Te estaba buscando.
— Uff Ruben. Disculpa estaba con un paciente.
— ¿Cual? — levantó una ceja.
— El tipo del accidente.
— Pero si ya quedó a cargo de traumatología.
— Si pero...
— Pero.
— Hace un poco menos de un año llegó una paciente eclamptica y yo la vi. Autorice la cesárea donde ella y el feto murieron. Resulta que eran la esposa e hija del señor del accidente.
— ¿ Y? Eso no es relevante — Si lo es Ruben. Veras, me siento mal por ese hombre.
— Tu y tu enorme corazón — sonrió y le dio un beso en la frente — pero son cosas de la vida, ya lo superará.
— Supongo — dijo ella con nostalgia.
Pero no pudo dejar de pensar en el pobre hombre que, además, le había confesado que la había seguido y vigilado. Se sentía nerviosa pero era un nervio emocionante, excitante a decir verdad. No era la misma sensación de estar con Ruben, era algo diferente que hacía su mente volar.
— Oye, ¿almorzamos?
— Emm, si, claro.
Ruben empezó a sentirse preocupado por su novia, normalmente era preocupada por sus pacientes pero nunca llegaba a algo personal y era eso lo que veía en sus ojos, de hecho, no le gustaba para nada el hecho de que Eva tratase a aquel hombre desvalido y aparentemente indefenso

#12

Erick pasaba su mano por el cabello castaño y pasaba la lengua por sus labios mientras pensaba en que hacer. Le faltaban pocos días para el aniversario de la muerte de Marie y su hija no nacida y tenía que cumplir su promesa, solo que esta vez algo mas grande se entrometía, sus sentimientos, había vigilado a Eva durante mucho tiempo y la conocía mas de lo que creía, era hermosa, no había duda de ello y le gustaba, mucho para su querer.
— Debo salir de aqui , no pueden vincularme con ella.
— ¿Con quién, señor Bale?
Ruben entró en la habitación como cuando un tigre acecha a su presa.
— Doctor, ¿no debería tocar antes de entrar?
— Eso es para cuando estas en tu casa. No puede dejar de intrigarme su frase de hace un momento. ¿con quien no quiere que lo vinculen?
Ruben lo miraba fijamente con ambas manos dentro de los bolsillos.
— Con nadie. — se limitó a decir.
— Mi prometida — hizo énfasis en la ultima palabra — esta muy interesada en ti, no te referias a ella ¿ o si?
— No se quien es su prometida, de hecho no se quien es usted
— Me llamo Ruben Casher, cirujano y director de este hospital, mi prometida es la doctora que lo trató al llegar.
— Eva.
— Así que la tuteas. Interesante. Le recuerdo señor Bale que debe mantener estricta relación medico paciente.
— Eva no es mi doctora, estoy a cargo de traumatología.
— Con mas razón. Te vi esta mañana observándonos — dio un paso hacia adelante — o te alejas de mi mujer...
— ¿ o que?
Ruben rió de medio lado y negó con la cabeza.
— No sabes en lo que te metes, limitate que yo haré lo mismo.
— Lo mismo digo.
Ruben salió y se dirigió al comedor, le había dicho a Eva que iría a su oficina por el beeper.
Por otro lado, a Erick lo consumía el enojo, ese mismo hombre había sido el causante de que acelerara y tuviese el accidente y ahora lo había amenazado.
— "¿ Qué se cree?" — pensó, ahora debía salir de allí pero no antes de ver a Eva.

#13

3 DÍAS ANTES DEL ASESINATO

Erick caminaba entre los pasillos del hospital con sus jeans todos por el accidente, su camisa cuello en V color negro y su americana de cuero. Parecía un completo demente, cojeando y con el vendaje lleno de sangre, su cabello revoloteaba con la rapidez y sus ojos más grises que nunca buscaban una melena rubia.
Entró en lo que parecía ser una cafetería, muchas bata blanca se vislumbraban entre las mesas, los doctores hablaban y reían.
" — Son vanos, carentes de humildad " — pensó Erick — "se hacen ricos a costa de las desgracias de los demás"
Pero sus pensamientos se detuvieron cuando una mano fría se posó sobre la suya.
— ¿Señor Bale? — Eva parecía asombrada — ¿qué esta haciendo fuera de su habitación?
— Debo irme, solo tenía que decirte eso.
— Pero, usted no esta recuperado.
— Tranquila, pagaré, dejé un cheque en mi habitación con cien mil dolares, eso debe bastar.
— No me importa su dinero, señor Bale, me importa su salud.
— Verá...
— No, vea usted — miró a todos lados como si se asegurara de que nadie la viese — sígame.
— ¿A donde?
— Solo hágalo.
Eva se escabulló y salió del comedor, caminó a paso rápido entre las enfermeras y se metió en lo que parecía ser un armario.
— ¿Qué hacemos aquí? — preguntó Erick.
— Necesito hablarle.
— ¿Sobre qué?
— Creo que ambos sabemos de que, oiga, se que ha de ser muy dificil dada las circunstancias pero, necesito que entienda que lo que hago es por amor a mis pacientes.
Erick sabía por donde iban las cosas.
— Eva no...
— Si,Erick. Necesito que entiendas que yo no maté a tu esposa e hija ¡No lo hice! Entiende que la cesarea era la manera de salvarla.
— ¡Pero no lo hiciste, Eva, no lo hiciste! — las lagrimas comenzaron a brotar.
— Creo que es por eso que me sigues, te me has encontrado 3 veces en mi trabajo y mi hogar, creo que buscas una explicación y te la estoy dando.
— No hay explicación que valga, ellas no están.
— Erick, de no haberla intervenido iban a morir igual.
— Yo le prometí a Marie que iba a luchar por la vida de Amanda — sonrió tristemente — así le pusimos.
— Y lo hizo, pero lamentablemente hay cosas de las que uno no se puede salvar. Si la cesarea hubiese sido antes, es decir, oportuna, Marie estaría viva y podías haber concebido otro hijo.
— ¿Estas diciendo que la muerte de ambas es mi culpa?
— No, Erick, escúchame...
— ¡Basta! No quiero oírte — abrió la puerta y se fue del armario dejando a Eva sola y sumergida en una profunda oscuridad.

#14

3 DIAS ANTES DEL ASESINATO
Eva se quedó mirando la puerta cerrada mientras pensaba en que no tenía que darle explicación a Erick, a fin de cuentas, ese era su trabajo, salvar vidas, solo que esta vez no hubo tiempo de salvar ninguna.
Salió del armario y fue hacia los archivos, volvió a encender la portatil y tecleó, una vez encontrado lo buscado lo anotó en un récipe y lo dobló, se sintió exaltada cuando escuchó su nombre por la bocina situada en una de las esquinas de la habitación.
— Dra. Cross a quirófano — había dicho la voz de Elena, la secretaria del director, Ruben.
Eva metió el papel en su bata y salió hacia quirofano, tenía un apéndice que extraer, ya se ocuparía de lo otro más adelante.
Erick cojeaba mientras buscaba un taxi, con su apariencia nadie había querido detenerse a ayudarlo.
Llegó a su casa y se desvaneció sobre el mueble de cuero blanco, gimió por el dolor en la pierna y comenzó a llorar, no sabía si era de dolor, de nostalgia por Marie y Amanda o porque comenzaba a gustarle Eva, la asesina de su mujer e hija.
Cogió un vaso de agua y se sentó en la mesa de mármol de la cocina, el había decorado todo luego de pedirle matrimonio a Marie, sabía que ella amaba lo moderno y que quería una casa lujosa, no había sido dificil puesto que el es director de una empresa de bienes raíces y gana mucho dinero, le había comprado un Ferrari 488, y había llenado su cuerpo de joyas y vestimenta costosa, la amaba, mas que a cualquier otra cosa en el mundo, cuando se enteró que estaba embarazada fue la noticia mas importante que habían recibido en sus 26 años cumplidos para ese entonces, la llevaba a consulta todos los meses y había comprado todo lo que un bebé pudiese necesitar, cuando les dijeron que Marie sufría de preeclampsia fue devastador, sin embargo siguieron el tratamiento al pie de la letra, con la mala suerte de que Marie se había complicado con eclampsia, había estado hospitalizada y la obstetra le había dicho que tenían que sacar a la bebé o sino ambas morirían, Marie se negó rotundamente e hizo prometerle a Erick que jamás iba a permitir que le practicasen una cesárea si su hija aun no tenía las semanas necesarias para sobrevivir en el mundo externo, el lo hizo.
¡Ding Dong! — el timbre.
— Mierda, no estoy para visitas.
Permaneció en la mesa deseando que las visitas se fuesen.
¡Ding Dong!
— Maldita sea.
Se paró cojeando y abrió la puerta, lo que lo esperaba afuera lo dejó sin palabras.
— Eva — dijo en un hilo de voz.

#15

— ¿ qué estás haciendo aquí? — preguntó el.
— Solo quería saber si llegaste bien, te vi alterado, además de que no cumpliste las horas reglamentarias en el hospital.
— Eva, agradezco tu ayuda pero estoy bien, además a tu prometido no debe gustarle nada que estés aquí.
— ¿ Ruben?
— Si, ese tío tuvo una conversación muy rara conmigo.
El rubor lleno los cachetes de Eva, no estaba apenas, estaba furiosa.
— Oye, no se que te habrá dicho pero lo siento.
— Descuida, no suelo caer muy bien.
— ¿ puedo recompensarte?
Erick asintió y la dejó pasar.
Eva observó la elegante casa con asombro y detalle.
— Pareces sorprendida
— Es que...
— Creíste que era un psicópata — no era una pregunta.
— Lo siento
— ¿ sueles disculparte tanto?
— Si, lo...
Ambos rieron.
— ¿ bebes? — Erick estaba en la cocina con cara hacia la nevera.
— Una soda estaría bien, debo regresar a casa y lidiar con un padre enfermo
— Oh, ¿es grave? — fingió no saber.
— Gracias a Dios, no. Sólo tiene ciertas secuelas pero no quisiera hablar de eso ahora.
Erick notó que el que su padre estuviese enfermo afectaba mucho a Eva.
— además, no vine a hablar de mi. Dame mi soda y sientate.
El hizo lo que ella ordenó y se sentó mientras no aguantaba las risas.
— No sólo se curar, también se cocinar.
Sacó de una bolsa una cajita de pasta, una carne, verduras y comenzó a cocinar.
— La lasagña es mi plato favorito.
Cocinó mientras hablaba sin parar, se sentía extraña puesto que era muy tímida, pero se sentía cómoda y feliz de estar con alguien que no criticara lo que decía.
— Creo que te gustará — comentó mientras ponía dos platos en la mesa.
— Al menos huele bien
— Quiero que sepas que no soy ese tipo de mujer que entra en casa de cualquier hombre y cocina. Simplemente siento que te debo algo.
— Gracias. — dijo seriamente
Su mente divagaba, ese era el momento, llegó la hora, ¿ que si faltaban 3 días? La oportunidad de asesinar a Eva había llegado.

#16

— ¿Estas bien? Luces muy pensativo.
— ¿Eh? Si, perdona, es la primera vez que alguien mas usa esas ollas desde que mi esposa se fue.
— Perdoname — lanzó los platos como si le quemaran.
— No, descuida, les hacia falta.
— Soy de lo peor, llego a tu casa e irrumpo tu tranquilidad.
Erick se levantó de la silla y se fue a su habitación sin decir nada dejando a Eva sola y confundida. Dentro de su cuarto todo estaba igual, frío, las sabanas sin arreglar y oscuro, fue hacia el tercer cajón de la peinadora y tomo el polvo que yacía guardado en una bolsa de plástico, el cianuro brillaba con la tenue luz mientras una triste sonrisa se dibujaba en sus labios.
— ¿ Erick? — dijo Eva
Erick guardó la bolsita y se volteó rápidamente.
— ¿ Estas bien?
— Si — dijo el
Ella se acercó y posó su delgado y delicado dedo en uno de sus pómulos por donde bajaba una lágrima.
— Lo siento tanto — dijo ella.
— Eva — dijo mientras quitaba la mano de ella de su rostro — por favor vete.
Eva palideció y cerró la boca de un instante mientras lo miraba confundida, el le había dicho que no dejaba de pensar en ella y ahora la corría de su casa.
Sin decir nada se volteó y caminó en dirección a la salida dejando a Erick solo e inmerso en la oscuridad de su habitación.

#17

Erick gritó en la oscuridad de su hogar, gritó y lloró como cuando murió su esposa y su bebé hacía casi un año, no comprendía lo que pasaba por su cabeza, necesitaba hacer justicia de lo ocurrido con su familia pero al mismo tiempo Eva se metía en su cabeza cada vez más.
─ Debes hacerlo, debes hacerlo, se lo prometiste en su tumba ─ dijo mientras se secaba las lagrimas esparcidas en su rostro.
Levantó la bolsita con cianuro y la observó detalladamente, sonrió al pensar el destino de ella y se tumbó en la cama hasta que el sueño se mezcló con las pesadillas.
Al día siguiente se levantó, se alistó y salió en dirección al hospital, unos minutos más tarde Eva entraba por la puerta principal, usaba un uniforme negro que la hacía ver más blanca y fragil, de su mano colgaba la mano de Ruben mientras la furia invadía su cuerpo.
─ Buenos días ─ dijo cuando se acercó a ambos.
─ Erick ─ dijo ella sorprendia.
─ Eva, ¿te quito un minuto?
─ Tienes consulta, Eva ─ dijo Ruben secamente.
─ Solo es un segundo, es po lo de anoche.
─ ¿Anoche? ─ dijo Ruben mientras sus ojos se abrían como platos ─ Creo que tienen cosas de que hablar ─ soltó la mano de Eva y entró en el hospital sin dar vuelta atras.
─ No tenías que hacer eso ─ puso los ojos en blanco.
─ Si no decía eso el no te iba a dejar en paz.
─ Erick, es que yo no tengo nada que hablar contigo.
─ Exacto, soy yo el que tiene que hacerlo. Escucha, perdoname por lo de anoche, se que tiviste las mejores intenciones...
─ Pero
─ Es que ─ se pasó una mano por el cabello ─ es complicado.
─ Soy doctora, tengo una relación con un cirujano muy codiciado y mi padre está enfermo, creo que puedo con las cosas complicadas.
─ Solo te pediré que haga lo que haga, diga lo que diga, no te acercaras a mi, así te busque.
─ No entiendo, Erick.
─ Solo has lo que te digo, por favor.
─ Pero, ¿por qué?
─ Porque me he enamorado de ti.

#18

"Me he enamorado de ti" ─ la frase resonaba en la mente de Eva sin siquiera creerlo.
─ ¿como puedes estar enamorado de mi? No me conoces, Erick.
─ Te conozco más de lo que crees, Eva ─ inmutó un minuto esperando que una palabra fuera pronunciada por ella antes de continuar ─ se que usas uniforme de trabajo todos los dias menos los viernes, ese dia te gusta ir elegante al hospital, se que te encanta el café con galletas de vainilla, que sacas Rocco todos los dias cuando llegas a casa, que tu padre y tu hermana son lo más sagrado que tienes así como se también que amas tu trabajo más que a ti misma.
─ ¿como sabe eso? ─ comenzaba a asustarse.
─ Te lo he dicho, te he vigilado, Eva.
─ Pero, ¿por que?
─ Es complicado.
─ ¡Y vuelves con lo mismo! ─ alzó los brazos en señal de desesperación.
─ Eva, si te digo el motivo estoy seguro de que no querrás verme nunca más.
─ Jamá haría eso, Erick. Me gustas, me pareces algo tenebroso ─ sonrió ─ pero me gustas mucho, dejame comprender, ¿es por lo de tu esposa e hija?
Erick cerró los puños antes de responder.
─ No las menciones más, por favor.
─ Son tu pasado , Erick, debes aceptar...
─ ¡No las menciones! ─ abrió los ojos como plato controlando la ira.
─ Entonces creo que no podremos llegar a un acuerdo, no todo puede ser a tu manera, tu convicción y creencia.
─ Solo dejame hacerte saber que me devolviste las ganas de seguir viviendo.
─ Erick...
No pudo completar la frase, el hecho de que Erick le confesara que la amaba complicaba las cosas, la hacía dudar de sus sentimientos hacia Ruben y lo que es peor, hacia Erick.
─ No tienes que decirme algo ahora, yo necesitaba que lo supieras.
─ Creo que debo entrar ─ no lo podía mirar a los ojos.
─ Lo se. Perdona por el rollo que te generé con tu prometido.
─ Dudo que quiera seguir siendo mi prometido ─ se sintió aliviada con esto último.
─ Lo siento ─ se acercó y le dio un cálido pero breve beso en los labios.
Su boca era tal cual como la imaginaba, dulce y suave con un toque de erotismo, sintió como los vellos de la nuca se le erizaban y pudo notar que a Eva le había gustado.
─ Siento causarte mas broncas.
─ ¿Mas? ─ Eva rió ─ Adios, Erick.
─ Adios, Eva.

#19

Eva caminó hacia el hospital con el corazón en la garganta, al entrar pudo notar que Jessica, su compañera de trabajo, la miraba con ojos de reproche.
─ ¿Qué? ─ Eva rió.
─ Tu sabes que, Eva, ¿quien es ese chico malo?
─ No lo se ─ dijo pensativa.
─ ¡¿como no puedes saberlo?! te besaste con el.
─ Se llama Erick Bale, es familiar de un antiguo paciente.
─ ¿Te ligas con tus pacientes? ¿Que hay de Ruben?
─ Debo hablar con el ─ la sonrisa se borró de su rostro.
─ Suerte.
Jessica le dio un beso en la frente a su amiga y la dejó ir, mientras a Eva el corazón le latía cada vez mas fuerte, debía hablar con Ruben y lo que era peor, debía aclarar su situación con Erick.
─ ¿puedo pasar? ─ dijo ella al entrar en la amplia oficina de Ruben.
─ Adelante ─ dijo sin mirarla.
─ Ruben, lo que ocurrió...
─ ¿Lo amas?
─ ¿Qué? ─ ella abrió los ojos como plato.
¿Como podía responder ante aquella pregunta? Ni siquiera conocía a Erick, ¿como sería capaz de amarlo? sin embargo, le respondió a Ruben con el corazón en la mano y la sinceridad por delante.
─ Si, lo amo, o bueno, eso creo.
Silencio.
─ Ruben de verdad lo siento, yo creí... es que... la verdad no se que decirte.
─ Me dices que terminas conmigo, es eso lo que dices, que rompes nuestro compromiso.
─ Necesito...
─ ¡No Eva! No necesitas nada, aparentemente solo necesitas a tu hombre amado ¿no es así? Te di mi vida, yo te hice quien eres ahora.
─ ¡Mi trabajo no tiene nada que ver contigo!
─ ¡ Yo te puse donde estas!
─ No, no es así, Ruben. Tu no tienes nada que ver con mi profesión.
El golpe arremetido la hizo caer y olvidarse de todo.

#20

Eva sentía que el ojo izquierdo le latía con fuerza, era un dolor sordo y punzante al mismo tiempo.
─ Ahh ─ gimió.
Ruben la había golpeado tanto que perdió la consciencia por unos 15 minutos, apenas podía abrir el ojo, con el derecho veía borrosamente donde se encontraba.
─ Ruben ─ llamó pero nadie contestó.
A duras penas logró salir de la oficina de Ruben y con una mano tapó el ojo inflamado para que nadie lo notase, se dirigió a su oficina y cuando se vió en el espejo del baño comenzó a sollozar sin detención.
─ ¿Qué te ha pasado, Ruben? ─ susurró.
Como pudo maquilló su ojo que ya se estaba poniendo de un color verde-morado y salió de su oficina, tenía que irse y lo que era peor, pasar desapercibida.
Unos metros más adelante logró vislumbrar la cabellera roja de Jessica.
─ Psss, Jess ─ la llamó.
─ Uy, ¿traes la alergia?
─ Emm si, oye debo irme, me siento muy mal.
─ Quizas debería llamar a Ru...
─ ¡No! ─ gritó ─ No, yo me voy.
─ ¿Te iras con el tipo ese verdad? ─ su amiga la miraba con felicidad
─ No, solo quiero ir a casa, cubreme ¿si?
─ Descuida y descansa.
Eva le dio un suave beso a su amiga en la mejilla y salió directo a su coche, una vez dentro de el terminó de drenar, lloró, gritó y pataleó hasta que no tuvo fuerzas, se miró al espejo, se había maquillado muy bien pero eso no disminuía la hinchazón. Arrancó el auto y comenzó a deambular, no sabía a donde ir o a quien acudir, a la policía sería lo más sensato, así que dobló en la siguiente cuadra y se dirigió a la estación más cerca.

Unos minutos antes Erick deambulaba por las calles cuando vió un Mercedes plateado doblar mientras chirriaba los cauchos.
─ Eva ─ dijo antes de perderla de vista ¿qué le había pasado? Se subió en la Ducati que reemplazó a la del accidente y comenzó a buscarla por las calles, no había manera de que se perdiera.
Una, dos, tres cuadras más y no habían señales de Eva hasta que una sirena de policía logró captar su atención, en el carro se subió un oficial regordete y otro no tanto, cuando el carro-policía comenzó andar dio vista al Mercedes de Eva.
─ ¿Qué hace en la policía?
Estacionó la moto detrás del Mercedes y entró en la delegación, Eva hablaba rápido con un oficial corpulento de cuello grueso, mantuvo distancia pero ladeó la cabeza para escuchar lo que decía.
─ ¿Puede repetir el nombre, señorita?
─ Si, Rubén, el es el cirujano en jefe del hospital estatal.
─ Y usted estaba...
─ Fui a hablar con el y tuvimos una discusión, se alteró, tanto hasta el punto de que esto pasó ─ se señaló el ojo ─ se que no lo puede ver pero se está poniendo morado y cada vez puedo ver menos.
─ Entonces la golpeó ─ afirmó el oficial mientras escribía en una hoja .
─ Así es.
Eva sintió un frío helado que le corría por la espalda, cuando volteó no había nadie, solo la puerta que se mecía como si alguien acabase se entrar... o salir.


#21

Ruben escuchaba ansioso el repicar del teléfono mientras caminaba de un lado a otro por los pasillos del hospital, Eva no contestaba, hacía menos de un par de horas la había abofeteado por enterarse que amaba a otro hombre que no era el, sabía que se había sobrepasado pero eso no hacía que Eva le devolviera la llamada.
─ Cariño, por favor responde. Lo.. Lo siento ─ dejó en el mensaje de voz.
─ ¡¿Lo sientes?! Maldito infeliz ─ Erick yacía en el umbral de la puerta del quirofano observando a Ruben.
─ ¿Qué quieres? ─ Dijo Ruben sin mirarle.
─ La has golpeado.
─ Así que ya te fue con el chisme, ja, mujeres ─ se burló.
─ Eres un infeliz poco hombre.
─ No te metas en lo que no te importa.
─ Si vuelves a hacerle...
─ ¿Qué? ¿Me matarás?
─ Puede que lo haga.
Ambos hombre estaban tan cerca que podían oler sus alientos, de pronto la furia invadió el cuerpo de Erick y se abalanzó contra Ruben agarrándolo desprevenido, las enfermeras y los pacientes gritaban e intentaban separarlos pero era inútil, la pelea había comenzado y no había nadie quien pudiera detenerlos.
Ruben estaba contra el piso mientras Erick bañaba de golpes su clásico rostro, un camillero lo agarró por los hombros y con el esfuerzo del año logró liberar a Ruben de las garras de Erick.
─ ¡Que no me entere que la has golpeado, ya sabes lo que te pasará!
Erick lo amenazaba mientras escupía y se limpiaba los labios, Ruben lo miraba con ojos de odio pero sin darle respuesta. Mientras tanto, Jessica observaba la pelea y logró entender la conexión.
─ Eva ─ dijo ─ no era alergia, Ruben la golpeó.
El camillero llevó a Erick a la salida a patadas mientras este se resistía.
─ Ese bonito rostro se verá hermoso en prisión ─ dijo el camillero.
─ Que me demande, no me interesa, el estará preso por algo peor.
El camillero dudó y se volvió hacia el hospital a ayudar a su jefe, a escondidas, Jessica, caminó hacia Erick.
─ Oiga, ¿esta bien?
─ Si,descuide.
─ Vino por Eva.
─ Si, ese mal nacido...
─ Lo se, la vi, mi amiga tenía la cara hinchada.
Erick cerró los ojos como si le doliera.
─ Creo que Ruben no lo denunciará.
─ Por su bien es mejor que no.
─ ¿Sabe donde está ella?
─ La ultima vez la dejé en la policía, no sabe que fui allá.
─ ¿Y como supo?
─ La escuché hablando con el oficial y vine a matar a este tipo.
─ Oiga eso no está bien, pude meterse en problemas, ¿quiere que pida un taxi?
─ No, tengo mi moto allí.
─ ¿La roja? siempre la veo aquí.
─ Si.
Jessica quedó extrañada, amaba las Ducati y desde hacía un año pudo notar que la misma moto se estacionaba cercana al hospital, claro que esta ultima se veía más reluciente.
─ ¿Usted vigila a Eva?
─ No ─ mintió.
─ Porque...
─ Me iré, gracias doctora...
─ Jessica, Jessica Wagner.
─ Wagner. Hasta pronto.
Jessica vió como el hombre se alejaba, le parecía extraño, sabía que no era seguro ni para ella y mucho menos para su amiga, debía advertírselo, debía protegerla, ese hombre la seguía y estaba segura que no era para nada bueno.

#22

Eva estaba en su casa con hielo en el ojo mientras meditaba, habían pasado muchas cosas desde que Erick había aparecido en su vida, había llegado para arrebatarle su paz y estabilidad, ahora se sentía en un torbellino del cual no podía mantenerse en pié.
Un repique, dos repiques.
— ¿Alo? — dijo ella.
— ¿Puedes abrirme?
Erick.
— Claro, ¿donde estas?
— En el umbral de tu puerta.
— Voy.
Eva bajó las escaleras corriendo como una niña a punto de abrir los regalos de navidad, se detuvo en seco cuando el palpitar de su ojo comenzó a zumbar.
— Hola
— ¿Estas bien?
— Si.
— ¿ me dejarás pasar?
Eva escondía la mitad de su rostro detrás de la puerta.
— Si — dudó.
— No te haré daño. Ya no.
Eva levantó una ceja ante el ultimo comentario pero hizo caso omiso.
Erick vio por primera vez el ojo morado de Eva, nuevamente la furia se apoderó de su cuerpo y quiso salir a matar a Ruben, sin embargo acercó sus labios al ojo morado y dio un suave beso, Eva se olvido de todo dolor e ira, la paz había vuelto.
— Ruben ...
— Shhh, lo se, casi lo mato
— ¿que?
— Te vi en la delegación, escuché cuando hablabas con el oficial asi que fui y le di lo suyo.
— Erick es muy arriesgado lo que has hecho, pueden meterte preso.
— No lo harán, no me denunciará
— No lo conoces
— Pero el si me conoce, sabe de lo que soy capaz.
— No te importaría ir a la cárcel ¿verdad? Digo, ¿que mas puedes perder?
— A ti. Te convertiste en mi nueva esperanza, mis ganas de vivir, mi dicha.
— Oh, Erick
Eva no pudo terminar la frase, Erick la besó con pasión, como si fuera la ultima vez que la veria, la tomó por las piernas y la subió a su regazo.
— Tu padre...
— En su cuarto, sube — jadeo
Erick lo hizo mientras seguia besándola y acariciándola.
— La tercera puerta — gimió en su boca.
Erick entró y pudo oler el aroma frutal que caracterizaba a Eva, una vez dentro no pudo detenerse, le beso los labios hasta que estuvieron hinchados, el cuello y los hombros, poco a poco fue bajando hasta besar sus pechos, eran firmes y dulces, tales como los imaginaba, Eva gemia y repetía su nombre entre jadeos, finalmente entre besos y caricias Erick le hizo el amor a Eva, porque eso era lo que pasaba, se habia enamorado ciegamente, la adoraba, la idolatraba