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Rango6 Nivel 25 (762 ptos) | Novelista en prácticas

Aria de dolor

Mil palabras desbordan
las lágrimas de su llanto
en mi silencio;
célico canto
a la vida perdida de un recuerdo.
Y mis sueños
son enterrados
en la tempestad
de ese océano de tristezas.
Cuanta miseria
aprisiona a mi persona,
por el canto
de ese triste llanto
que nadie puede escuchar.

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7

19
GoldBirds_19
Rango12 Nivel 58
hace 7 meses

:)))) ¡qué animal! ¿cómo va a ser área? pa matate y asesinate endespués ;)

Cara
Rango11 Nivel 51
hace 6 meses

Persivo mucho sentimiento, sobre todo tristeza interior.


#2

Dos silencios

Bajo el candoroso, suave,
afable,
piadoso manto de una desolada noche,
se esconde
el llanto de dos silencios;
sus mortecinas lágrimas pregonan la tristeza
por la ausencia
de una amada esperanza.

Bajo los brazos
de una mísera, lóbrega noche,
reposa el inerme, yerto cuerpo
de un gemebundo recuerdo;
sus suspiros
propalan el dolor,
estipendio,
a una perniciosa dicha.

Tras la lacia mirada
de una ciega noche,
se escucha el lamento
de dos infaustos silencios,
tributando una disculpa,
por una falaz culpa;
esmerando soñar de nuevo
con otra voz.

voz_sin_vos
Rango12 Nivel 59
hace 7 meses

Muchos adjetivos me quitan el sentimiento pero es algo particular. Me gustó el final "soñar de nuevo con otra voz"


#3

Entierro

Postrero, pérfido, mortecino,
vencido,
artero, lúgubre heraldo
de un inocente, gentil hálito;
suspiro otoñal,
que arroba el amor,
fulgor póstumo de un recuerdo;
sentenciando,
anunciando el arribo
de la perpetua penumbra,
feral retrato
de la indolente sombra
de un desconocido sueño.

Se despide;
océanos de tristezas
alimentan,
consuelan el llanto de un abismo;
el polvo de fenecidas,
suicidas ilusiones,
abrazan,
besan,
brindan silenciosas condolencias
por el suplicio de una soledad.

Longeva noche,
no te temo,
pues la vida es otro infierno;
lóbrega senda gris,
de perenne sufrir,
de pálidos, marchitos silencios,
vagarosas soledades,
sin cese, apremio, porvenir.

voz_sin_vos
Rango12 Nivel 59
hace 7 meses

Sin dudas un estilo distinto de lo que se acostumbra por internet, bravo!


#4

Umbral

En esa triste noche,
en que incluso la Luna se ausenta,
su llanto esconde;
bajo ese fúnebre silencio,
en el que incluso Dios calla
y la soledad teme;
los gritos ahogados del alma,
pretenden desvelar,
encontrar
la compañía de la voz
de sus recuerdos,
esperanzas, miserias, sueños,
alegrías, culpas, remordimientos;
mas la celosa pena, que en su vacío anidó,
no le permite ningún otro amor.

#5

Pena de un cielo

El cielo destierra el llanto de un mohíno ángel,
por motivo del egoísmo de Dios;
los límpidos pétalos de sus lágrimas descienden
con temor.

Dios silencia el canto de un ángel,
pues su trinar
entristecería el paraíso;
el silencio de su pena ofrenda
un inocente, fatuo perdón;
el latido fantasma de su ceniciento corazón,
tributa el dolor a un amor olvidado,
palabras mudas a unos ojos ciegos,
sonatas a sordas almas.

En el cielo se entona
el silencio de un suplicio profano;
el llanto de una memoria sin recuerdos,
la miseria de un ángel
por el abismo que dejaron los candorosos besos
de unos labios mundanos.

El viento se apiada de su tormento,
con cálidos suspiros
da auxilio
a sus inválidas, mortecinas golondrinas blancas.

Descienden de un infierno
las lágrimas de un sueño,
con la esperanza
de encontrar, de nuevo, a su amor.

voz_sin_vos
Rango12 Nivel 59
hace 7 meses

Está bueno que cada parte tenga alguna relación con la otra. Siguen alguna línea y eso es bueno ya que no te desconcentra al leer varios seguidos


#6

Fuga

En el recuerdo de la ausencia del fulgor
de una mirada desconocida,
hechicera,
que partió,
reside el impío susurro
de la palabra de Dios.

En el huraño llanto de una nostalgia
abandonada por el fatuo,
artero amor
de una pérfida esperanza,
reside el lúgubre canto
a un sueño que feneció.

Las memorias tributan sus vidas
por un consuelo prometido.
Los días de luto de una noche desolada
perdieron su fin,
tras tanto esperar
por un Sol que jamás regresó.

Una voz murmura,
se dice llamar yo;
mas en sus palabras no se escuchan
los ecos de la ciudad doliente;
la cuestión lacerante
de quién vela,
quién duerme;
el suplicio de un Cristo
que ha sido abandonado por Dios.

#7

Linceo

El triste mirar ciego
de un sueño cansino,
aguarda un pagano cielo;
religión profana,
purgatorio de huérfanas palabras;
faustos mártires de un castigo,
infierno de míseros devotos.

El olvidado mirar
de una perdida esperanza,
aguarda el dolor de una promesa,
la agonía por la ausencia de un silencio,
el eco del desfigurado recuerdo
de una voz amada.

El candoroso mirar ledo
de un abril,
aguarda la lacerante culpa
de un mohíno otoño,
de funestos suspiros
que deshojan el inocente, inerme corazón
de una primavera.

El errante mirar
de un vagabundo deleznable,
aguarda la huraña pena
de mendigar por consuelos,
amor;
y que terminó
por enamorarse de soledades.

#8

Realidad

El llanto de una pena
invoca sus indeseables presencias;
raudos asisten al lamento de una miseria,
ferales heraldos de una palabra impía,
sombríos jinetes de indolentes penumbras.

Cabalgan sus sombras por
una vasta tierra baldía;
tras de sí dejan
el eco de una sórdida tormenta;
al recuerdo de sus pasos postreros
se rinden grises esperanzas.

Señores portadores de un silencio
al que incluso Dios teme.

Vástagos de un dolor
al que incluso a Dios hiere.

#9

El Diablo llora

El Diablo llora,
y su tristeza pregona el lamento de una pena,
que de culpas mata a Dios.

El Diablo llora,
y en la miseria de sus lágrimas
navega
un fúnebre velero,
en el cual viaja,
el epitafio de un sueño,
lúgubre recuerdo de una fenecida esperanza,
con dirección
al valle de los dolores fantasma,
a los páramos de gemebundas memorias;
sobre mares de escozores
vaga su arcano devaneo,
buscando la misericordia de algún consuelo.

El Diablo llora,
sus sollozos propalan las dudas
de un desdén;
titila una plañidera luna;
mengua la voz del amor
de un amén.

#10

Asilo

Se escucha,
en la ruina de un recuerdo,
la pena de una abandonada radio;
su triste, ahogado canto
habla
de un amor que partió.

Se escuchan las fatuas culpas
de un televisor soberbio,
preso de una voz
que con palabras se mutila
en espera
de la respuesta de un silencio.

Se escucha el susurro de una esperanza,
en la insistencia
de una lluvia que llama al muro
de un hogar,
en donde sólo habita
el contusivo cuerpo
de una vencida soledad.

#11

Quebranto

Una soledad buscó un consuelo
en el deleznable reflejo
de su sombra;
sus labios,
por compasión,
le mintieron, diciendo
que en su silencio
se lee el susurro de una voz
que llora.

Una soledad buscó una compasión
en el abyecto espejo
de su mirar;
sus ojos,
por pena,
le ofrendaron el canto
de nobles tristezas.

Una soledad buscó el calor
de una compañía
en el eco de sus sollozos;
a su miseria acudieron
los besos de gélidos ángeles,
recuerdos mártires,
presos del vacío de un olvido.

Una soledad buscó un perdón
oculto,
en las ocres palabras
de una vieja plegaria,
mas solo encontró
el luto
de un dolor
por una culpa inhumana.

Una soledad busca,
en un suplicio,
los motivos
que den entierro a sus sueños;
sin embargo,
sólo encuentra razones
para velarlos.

voz_sin_vos
Rango12 Nivel 59
hace 7 meses

Con pequeños ajustes podes hacer una poesía que al leerla quedé con un ritmo peculiar. Al recitarla me quedo trabado porque esperaba seguir con el ritmo inicial de cada parte. (El contenido es genial)


#12

Historia de un pobre diablo

Escribiré el cuento de un diablo
que llora;
que desde el fondo de una penumbrosa fosa
entona
el sufrir de su miseria,
una tristeza desesperada
que llama
al recuerdo de una ausencia.

Escribiré los sentimientos
de un infausto, vagaroso diablo,
que perdió su sendero
tras ser desterrado
del paraíso;
que es guiado por un célico canto,
que habla, sin saberlo, de una pérdida.

Escribiré la huraña elegía
de un amor egoísta,
que todo perdió
por falta de un perdón;
la pena de un pobre diablo ciego
que mira al cielo
en busca del consuelo de Dios.

#13

Te perderé

Te perderé
como se pierden los sentimientos
en las palabras,
las voces en el silencio,
los recuerdos con el tiempo,
los versos en las miradas.

Te perderé
como se pierden los corazones en la melancolía,
los sueños en la vida,
la fe con la pena,
las sonrisas en la tristeza.

Te perderé
como se pierde el Sol en los otoños,
los ojos en los engaños,
los huraños en la soledad,
Dios ante la piedad.

Te perderé
sin pensarlo,
sin desearlo,
sin saberlo,
sin remedio.

#14

La culpa de Dios

Siento la culpa de Dios
al pensar en el dolor
de aquellos aciagos silencios
que imploran piedad;
en cuyos gritos pregona un desprecio,
desertor de esperanzas,
preso resignado del misérrimo deber.

Siento la culpa de Dios al saber
de la fe
de afables plegarias
que con candor ofrendan una contrición
por no poder amar.

Siento la culpa de Dios por conocer
las tristezas
que fecunda el creer
en las promesas
de una mohína palabra,
purgatorio de soledades,
que ni siquiera su voz es capaz de descifrar.

Siento la culpa que a Dios lacera,
que aguarda en su ausencia,
la pena que calla su existencia,
la miseria de su huraño llanto,
el temor de ser amado
y sólo decepcionar.

#15

Sótano

Descendí al sótano del abismo,
en búsqueda de un consuelo;
en su soledad encontré el polvo
de viejos sueños;
el álbum de desteñidas fotos
de un corazón roto;
los diarios de pérfidas esperanzas que partieron;
el recuerdo de una muerte anunciada;
el eco de una voz olvidada;
la figura triste
de un Cristo que prometió todo.

#16

María

En el fondo de un arcano vacío
se esconde la tristeza de María;
Dios aún no cura su pena
por haber arrobado a su hijo.

Bajo un sepulcral silencio,
María mantiene guardado
perenne luto a su dicha,
lúgubre peripecia
que tañe las miserias de un cielo.

Tras la mirada de María
se encuentra el suplicio
del amor verdadero ;
una límpida, inocente venia
por un furtivo escozor.

En los célicos hálitos de María
viajan lacias plegarias
que propalan
la indolencia de Dios.

#17

Viacrucis

Fiel viandante devoto
que va en pos del vestigio
del llanto
de un fenecido corazón.

Caminante contrito,
portador de un desconocido penar,
de cansino paso,
de admirable amar,
que busca en la voz del ocaso
un consuelo prometido.

Marchante de un lóbrego silencio
que profiere la miseria
de un ajado cielo,
los sollozos de una fe
sin esperanzas,
el dolor del suplicio por un Dios perdido.

Mártir de una inocente culpa,
a tu mirar se postrerna
el noble quebranto de un diluvio
que guarece tu luto,
y llora por ti.

#18

Saudade

El alma reviste su sombra
con un matiz
gris nostalgia;
por sus muros se desborda
el llanto de sus penas.

Los ecos de sus recuerdos
le laceran,
amedrentan,
por el desprecio
del querer ser remplazados.

El alma retoca sus sombras;
a su tormento
se presenta la figura
de una perniciosa melancolía,
que a sus oídos susurra
una mentira:
cuán bella es
tu tristeza.

#19

A una golondrina

Desamparada golondrina mísera,
trotamundos,
que vuela por sobre los adustos cielos
plañideros de desesperanzas,
cargando en el maletero de tu silencio
el retrato
de un desteñido padre nuestro,
y el difuminado beso de un amor
en tu mirada;
leo,
entre las mortecinas líneas
de tus epístolas postreras,
el lamento de una inocente ilusión
ante el obsequio de una mentira.
Tienes razón:
hace frío,
este mundo no es tan bueno.

#20

Correspondencia

El cansino, trémulo, mirar
de un moribundo sueño
revisa,
con desespero,
temor, tristeza,
la correspondencia; mas
la sentencia de su longeva condena
no llega.

En su ajado silencio
pregonan, gimen,
lloran los remordimientos
de una voz forajida.

Desde un rincón
de su corazón,
su amada esperanza
le pregunta
-¿Ha llegado?

-No,
mas pierde cuidado;
que no ha de tardar.

Un lóbrego sueño
revisa la correspondencia,
ahogando la pena
de postergar su entierro,
en favor de la alegría de los demás.

#21

Desespero

¿Tras de cuál lágrima
Dios escondió la dicha?,
¿tras de cuál llanto
María ahogó su pena?,
¿tras de cuál plegaria
Cristo dejó guardada su esperanza?,
¿a quién dedica el diablo
el adagio de su elegía?

¿Tras de cuál recuerdo
se encuentra el perdido hogar,
quién lo ha de habitar?
¿por qué se marchó el dolor,
en dónde encontró mejor consuelo?
¿por qué la soledad me abandonó?
¿en que lugar, el porvenir espera?
¿es la muerte la piedad de Dios?

¿por quién llora el cielo?
¿por quién calla el silencio?

El oráculo de un fúnebre sueño
dejó sembrado en el alma
el tormento de un mal augurio
que guarda
longevo luto
por la lamentable pérdida
de aquello que nunca tuvo.

#22

Tarde de un otoño artificial

Vagarosa va mi pena ciega
en búsqueda de un consuelo,
perdida
en los brazos de las tardes aciagas
de un otoño artificial.
De sus tristezas se ampara
la lluvia
del furtivo dolor
de un escozor
que recuerda la ausencia de una soledad.

Errabunda, viaja mi miseria
por las barahúndas
de un neblinoso sentimiento;
implorando a una esperanza,
algún consejo
que le permita olvidar.

#23

Plegaria Soberbia

Fútil plegaria soberbia
la que implora de un mártir su compasión,
de un indefenso su protección,
de un muerto su amor,
del silencio una voz.

Arteras palabras de una fatua pena
que al ser laceran,
pues el luto en el alma se lleva,
y a la miseria
solo la soledad le consuela.

Indolente mensajera temeraria
que con sus sollozos presagia
la llegada
de un pérfido cielo
que sus puertas cierra
al sufrimiento.

#24

¿Por qué me has abandonado?

En el silencio de una noche,
desamparado,
misiona un Cristo
las letanías de una soledad;
ciego de dolor,
huérfano de consuelos,
vaga
propalando la pena
de un huraño amor
a un perdida esperanza.

En el desalmado silencio
de una mortecina noche,
el lóbrego mirar de Cristo
reza
los sollozos de una plegaria:
Dios mío,
¿por qué me has abandonado?

#25

Danza de soledad

Dos recuerdos danzan
sobre la sombra de una lágrima,
les acompaña
una sonata que canta
a una esperanza arrobada
por un silencio.

Dos recuerdos danzan
bajo la penumbra de la pupila
de un fenecido sueño.

Llanto sin derecho a consuelo.
Réquiem de dolor.
Elegía de fe perdida.

Dos recuerdos danzan,
sin dicha,
sin tristeza,
tratando de olvidar todo,
incluso a ellos mismos.

#26

Lamento

Prisioneros de un precito abismo,
sacian los hogares el vicio de penas;
neblinosos recuerdos
de un cielo plañidero de miserias,
cuyo llanto presagió
la muerte de Dios.

La trémula, ajada mano de
una agonizante esperanza
bate contra una divina voluntad;
se ciñen los mortecinos brazos
de sus suspiros
al deseo de dejar
un lamento
como testamento
de sus últimas palabras.

Bajo la tristeza de una penumbra,
reza un desamparado ciego
una misérrima plegaria:
la vida es, tan sólo, eso:
perder, extrañar, olvidar.

#27

Consuelo de una soledad

Una soledad consuela su pena
al mirar
el yerto cuerpo
de una esperanza.

El triste mirar castaño
que durante otoños diese vida,
perdido se encuentra
en el abismo de una penumbra;
sus gritos de piedad
se escuchan en el silencio
del temor de una duda.

Sellados quedaron los labios de
sus promesas;
partieron a otro mar de tristezas,
sus consuelos.

Carbonizada su piel de rosa,
se esfuma
tras cada sollozo.

#28

Ha muerto

¿Qué haremos, soledad?
la hemos perdido.
¿Qué le diremos al otoño?,
¿cómo le explicaremos
que ha partido?
¿Qué consuelo le quedará al invierno
para esperar la primavera?
¿quién arrullará a la lluvia?
¿quién abrazará el cielo?
Si ha muerto,
soledad,
¿quién nos ha de amar?

#29

Nombre

Llamado de letanía, viajero moribundo
de un sollozo que implora piedad,
al soñar los suspiros
de un fenecido otoño.

Lúgubre eco de pena,
esperanza de luto sempiterno,
lamento de un recuerdo.

El viento llora un nombre
que el cielo oculta.

#30

Conversación con la sombra de un ángel

Conversé con la fúnebre sombra
de un ángel mohíno.
El silencio de sus lágrimas,
me confesó sus penas:
incluso Dios,
desconoce qué es el amar;
el también perdió las esperanzas;
tras su mirar huraño,
esconde el tormento de su pecado;
incluso Dios, llora
por culpa del olvido.

#31

Consuelo de una mentira

Bajo la triste noche de un silencio,
el mirar de la esperanza
y la soledad,
contemplan la nostalgia
del cielo.
En alguna parte de un verso errante
el eco de un corazón
entona el canto a un amor.
Te amo.
Te necesito.
- ¿Le escuchas?
- Sí
- La dicha se encuentra tras éste sufrir.
Afable sonrisa de una mentira.
Llanto sin lágrimas,
caridad de inocente consuelo.
Confesión de lamento
a un olvido
que guarda memoria
a palabras perdidas.

#32

Vacuo

Canta
el tenue latido de un corazón,
su sempiterno tormento
por haber visto partir su amor.

Llora,
bajo el amparo de
un confidente silencio,
una abandonada soledad.

Muere,
detrás del mirar de un sentimiento,
el lamento de un verso precito
por haber perdido,
tras un sueño,
su voluntad.

#33

Pérdida

Ceniza de esperanza calcinada,
¿por qué atizas el dolor
de un recuerdo desvalido?,
¿eres acaso el castigo
que comanda el rencor de Dios?

Lóbrega voz abandonada,
guarecida por mi alma,
¿por qué mi tristeza desamparas,
con tu deseo de soledad?,
¿es acaso que no tuvo mi corazón
la bondad de amar?

Fúnebre recuerdo gemebundo
¿por qué tus plegarias no rindes
al olvido?,
¿es acaso que no aprecias
que mi penitencia
de perenne luto
no me permite llorar?

#34

Sobre un abismo

En la desamparada ruina de un abismo,
la soledad y la esperanza,
la tristeza y su pena,
la dicha y su inocencia,
un sueño,
una pesadilla,
un silencio,
un canto,
un decepcionado Cristo,
un abandonado Diablo,
el olvido de unos versos míseros,
el recuerdo
de unos indolentes labios,
encontraron abrigo.

#35

En la esquina de un otoño

Lacerante, pernicioso juego
de inocentes esperanzas,
vicio de desgracias;
deuda de soledad,
por presagiar
que tras la esquina de un otoño,
se encontraba una tristeza.

Longeva condena
de un lacio mirar
de encantadora pena sin consuelo,
pues en el fulgor de su silencio
se leía el castigo de Dios.

Pérdida, tributo, ofrenda de suspiros
al llanto de un cielo
sin lágrimas
que arrullen el eco de su dolor.

Lacerante, pernicioso juego
de inocentes esperanzas,
vicio de desgracias;
deuda de un sueño
por saber
que tras la esquina de un otoño
no se encuentra su recuerdo,
sino el yerto cuerpo
de una noche desamparada.

#36

Jamás le amé

Bálsamo de razón,
el saber,
rezar con convicción,
fe,
que jamás le amé;
pues,
de haberlo hecho:
habría recordado,
con detalle,
cada uno de sus encantos,
y no sólo su mohíno mirar,
que en cada sueño
canta
el adagio de una elegía otoñal.

#37

A menudo converso con el teléfono

A menudo converso con el teléfono,
y le confieso
las palabras que murieron
con el sueño
de haberte amado.

A menudo converso con el teléfono,
cuando me siento solo,
cuando estoy herido,
cuando me encuentro perdido,
cuando recuerdo tu olvido.

A menudo converso con el teléfono,
y sólo hablo de ti,
y sólo por ti pregunto;
le pido razón
de si Dios
ha aprendido a amarte,
si tus ojos han encontrado consuelo,
si aún mientes
tiñendo tu cabello.
Le pido tu figura me retrate,
con detalle sumo,
como si le hablase a un ciego;
mas, supongo
el también debe de serlo,
al ofrecerme sólo el llanto de su silencio.

A menudo converso con
un teléfono muerto,
pues sé
será leal,
fiel
a mis secretos.

#38

Disculpas a un Octubre

Lo siento, Octubre,
me he quedado sin versos;
y del poco amor que me restaba,
nada queda,
antes de ti,
tocó a la puerta
una aurora cuyo silencio
de su mirar,
imploraba la caridad
de algún afable consuelo.

Me gustaría acompañar tu pena,
desolado Octubre,
más me abandonaron mis lágrimas;
peregrinas de su tristeza,
en pos de ella
partieron.

Te ofrecería el calor de
algún recuerdo,
sin embargo,
se desintegraron
bajo el llanto de la lluvia,
tras tanto esperar
de su ausencia
el regreso.

Lóbrego lamento,
lacerante suplicio,
el no resarcir
el sufrir
de la voz de olvido
de un recuerdo.

#39

Yo también necesito de él

¿En qué silencio calla?
¿En qué mirar duerme?
¿Tras de cuáles palabras
su voz canta?

A menudo deseo conocerlo,
al amado,
al gallardo,
el hombre de fe,
sin miedos,
que ríe;
yo también necesito de sus consejos;
yo también necesito de él.

#40

Guitarra de otoño

Cierta guitarra vieja, tañida por la
tristeza del otoño,
trajo a mi miseria
el eco,
consuelo,
de tu voz.

En su llanto
cantaba una pena,
la letra
de una carta
de desamor.

Culpa de un sueño
fecundo
de dolor.

Leí en los versos
de sus ajadas cuerdas,
la inocencia del perdón
de una esperanza
que de su existencia se lamenta.

En los lóbregos latidos
de una decepcionada guitarra
encontré el recuerdo
de mi fenecido corazón.

#41

Compasión

El ajado, lacio mirar de una soledad
manifiesta,
a una esperanza,
la voz
de su huraño escozor:
-¿Por qué permaneces a mi lado?,
¿por qué no buscas la dicha
en otra voluntad?,
¿por qué te abrazas a mi miseria?
-No tengo lugar
a donde ir;
restan pocos silencios que habitar.

#42

Cuarta epístola de Mundus: Soliloquio a un 21 de octubre.

He intentado, durante un largo tiempo, escribir esto; sin embargo, este longevo, perpetuo año, no ha sido benévolo conmigo. Tras cada intento de mi voz en su silencio, las palabras se desfiguraban, se perdían, se desdoraban, se percibían más ajenas, más distantes, más vacuas.

He intentado escribir esto, hacía un largo tiempo; mas entre más crecía el recuerdo, menos era el deseo. Comencé con susurros errantes, míseros, deleznables versos. Terminé por encontrarme perdido siempre en el mismo sendero; cada palabra me guiaba, a un pasaje desconocido; lástima, consuelo de una mentira, confesión de una voz que ya no era mía; sombra maquillada por un sentimiento que no poseo; compasión de un dolor que no desea seguir sufriendo.

Hace tiempo que vengo escribiendo esto; mas, ya no es, nunca fue lo mismo; al igual que tú, al igual que yo, se ha ido diluyendo en lágrimas, consumiendo en silencios. El corazón derramó su tinta conversando con tu ausencia; en su ocre diario quedaron grabadas sus esperanzas marchitas. Sus suspiros fueron el testamento que dejaron los días que te conocieron; los sollozos, la desdicha de no hacerlo.

Hace tiempo que deseaba escribir esto, mas ahora que lo hago me domina el miedo por terminarlo. Tengo certeza que no es bueno, siquiera honesto; anhelo que el palpitar de las palabras se desbordara y no se limitara a mentiras. Esto no es como lo pensé, como lo soñaba, como lo esmeraba. Decepción de una nostalgia, fatua culpa de una melancolía.

He intentado escribir esto hace tiempo; quizá motivos encontró mi llanto en el canto de una melodía otoñal que lleva tu nombre; compañía de elegía a mi pena; aciago fausto que de la dicha de sus miserias no se olvida.

Hace tiempo que deseaba escribir esto. Nunca poseí idea de cómo comenzar, mas siempre supe como terminaría. No hay mejor ofrenda a tu memoria que una disculpa: Lo siento por no dirigirme a ti, si no es así, como un 21 de tantos octubres.

#43

Apología a un aciago diablo

Agonizante, taciturno, moribundo diablo
triste, desolado,
que lloras en la sombra
de un nocturno olvido;
cuyo misérrimo, exhausto
mirar
pregona la condena
que guarda la pena
de un Cristo decepcionado;
culpa de un pecado
sólo por Dios conocido,
encuentra el alma
que contempla
la ausencia de tu fulgor extinto;
eco de lóbrego cielo
que canta
los epitafios
de tus sueños muertos.

Me miento
al pensar
que el candor de mis besos
pueda brindar consuelo
a los estigmas de tus miserias,
que siempre recuerdan
el paraíso perdido.

#44

Ruego a una esperanza

No, no partas, esperanza,
te lo imploro,
no me abandones,
no me dejes sólo;
necesito de tus caricias,
tus besos,
tu compasiva sonrisa,
inocente,
mártir,
de huraña, conocida,
semejante tristeza.

No, no te marches, esperanza,
que este huérfano corazón
no soportaría
de ningún recuerdo, otro adiós.

Perdona, mi fatuo amor mezquino,
mas incluso la soledad
se ha ido,
yo no hay
quien llore conmigo.

Permanece a mi lado,
esperanza,
te lo ruego,
que sin ti,
a quién diré,
que nada pasa
y todo está bien;
que mi llanto no es de dolor,
sino de nostalgia;
por quién mentiré
al prometer creer
en el amor de Dios;
quién prometerá morirá
conmigo.

No te vayas esperanza,
que te amo,
te necesito.

#45

Un recuerdo: una persona

Un recuerdo pretende el consuelo
del quebranto de una persona:
-¿Qué miseria atiza tu llanto?
-He muerto.
-Pierde cuidado,
eso lo hacemos a diario;
pronto te acostumbrarás.

#46

Palabras a un cristo de Octubre

Cuán mísero me juzgo,
al no ser capaz de fecundar
un diluvio que rinda tributo,
amado luto,
a tu recuerdo.

Cuán abyecto me siento,
al fingir,
mentir,
que aún escucho
la voz de tu silencio.

Cuán deleznable me considero,
al lacerarme
por no comprender,
olvidar,
tus palabras;
por encontrar mayor dolor,
que en tu ausencia,
el asentir,
en otros,
lo que, quizá, tu voz nunca profirió;
mayor tristeza,
en lo que tu esfumado fulgor
para sí guardó;
soñar
desprender de tu cruz los clavos,
y tomar tu lugar;
al preguntar a Dios,
quién de los dos
sufre más;
por prometerme decir
que tu partir
no fue en vano,
que logré ser feliz
aun sin ti.

#47

Llanto ausente

Aherrojada en la tristeza
de un cielo
que en su mirar
esconde,
guarda, su pena;
y que no llora,
por consuelo;
yace las cenizas de mi alma.

Lo siento, mi amado cielo,
mas,
he perdido el corazón
que algún día me regalaste.

El primero de
sus tres suaves pétalos,
se lo ofrendé
al recuerdo
de un ángel negro,
que en pos de su calvario,
tan sólo quedaron
los estigmas de las cruces
de fenecidos Octubres,
que en sus suspiros rezan
los días de un otoñal milagro.

El segundo,
lacio,
marchito,
opaco,
se lo ofrecí
al dolor de un aciago Dios pagano,
condenado al feral suplicio
de ver morir a su hijo.

El tercero,
y sus versos,
me fueron arrobados,
por el encanto
del silencio
de una aurora
con nombre de soledad.

Letanías de lágrimas,
plegaría penitente;
mísero castigo
el contemplar
un llanto ausente,
por haber perdido
un corazón.

#48

Mandria

Me siento inútil;
exasperada, inexorable,
irremediablemente inútil;
como objeto arrojado al mundo
por la desdeñosa voluntad de Dios,
con el propósito de enaltecer su orgullo;
de demostrar que mi suplicio
no es comparable al suyo;
que nadie sufre más que él.

Por el calvario de mi mirar
se propala el sermón
de un fatuo, pernicioso amor,
proferido por los oscuros gritos
de un espejo que desnuda mi mediocridad.

Mi llanto reza para ser ciego
y no poder contemplar su dolor,
ser sordo
y no poder escuchar el silencio.

#49

Pecados

Desalmado calvario,
impío suplicio sin derecho
a misericordia,
que solo conoce,
solo soporta,
el desconsolado corazón
de una funesta María;
dolor de afable pecado;
mentira de compasión,
consuelo
de hijos indeseados,
besos de despedida
a ángeles desterrados.

Lamento de un Cristo
de amor crucificado
con corona de espinas;
cuyo llanto reza
el escozor de vivir,
morir,
con fin de hacer sufrir
a los demás.

#50

Elegía de diablo

El diablo canta la letra
de su elegía;
y su pena pareciera
ser la mía.

Diluvio de miserias,
lamentos de sueños rotos,
dichas arrobadas,
condenas sin consuelos,
soledades;
perniciosos, amados recuerdos;
vacuos, fatuos reinos;
un mal correspondido corazón
lleno de pecados.

#51

Abandono

Desearía abandonarme;
arrojar mi silencio
al abismo
de un mar desconocido,
y escucharlo ahogarse
en la penumbra de su olvido.

Desearía no encontrarme,
desearía se perdiera mi reflejo
en el recuerdo de otro mirar.

Ser ese prosaico verso abandonado,
inconcluso;
senil desesperanza
de una triste alma
infausta, lúcida
de un apócrifo,
arcano mandamiento.

Ser el forajido sentimiento
resignado
a la pena
de no poseer palabra,
la ausencia soslayada
de una voz que calla;
ese viento
que no canta,
no acaricia;
la fotografía que mora
en un álbum de cenizas,
ese libro que nunca fue publicado,
la noche en que todos duermen,
la luna vestida
de neblina,
una nocturna
estación de tren subterráneo.

Desearía abandonarme en
la esquina
de algún recuerdo grato,
y perderme
en los brazos
de alguna soledad.

#52

Deber

Voluntario preso resignado
a la falaz caridad
de una monotonía artera
de esperanzas;
entre suspiros,
remendando
las heridas de un andrajo
de corazón.

-¿Eres feliz ahora?-
Voz de candor,
sincero deseo de bien ajeno.

-¿Verdad?-
Condolencia de una bondad
que encontró,
en un ofuscado mirar,
el dolor
de un huraño luto.

-Sí..., debo serlo.-
Triste pena sempiterna,
tributo de un silencio.

#53

Ciega memoria

Llora sobre una sepultura,
una memoria ciega;
en las lágrimas de sus tormentos,
se desbordan,
sus recuerdos muertos;
carga en su pena
un marchito crucifijo de
mal correspondidas plegarias;
en sus ahogados sollozos,
reza una culpa
las letanías de sus lamentos.

Envuelta en penumbras,
llora un ciega memoria
sobre la tumba
de su propio abismo,
con temor de ser el fantasma de un olvido;
negando estar muerta;
preguntándose si ha vivido.

#54

Esclavo de un mirar

Esclavo de un mirar aciago,
viaja por sobre la umbrosa figura
de una despedida,
errante vagaroso,
el recuerdo misionero
de un fenecido sueño olvidado.

Esclavo de un mirar aciago
reza un devoto diablo,
el rosario de sus tristezas,
que el consuelo implora
de un otoño
que ha perdido todo.