Galin_H
Rango6 Nivel 26 (841 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Dicen que el amor es ciego. Normalmente los jóvenes de hoy en día se juegan con esa frase, diciendo a sus amigos y amigas que “el amor es ciego” por el físico. La verdad es que eso se dice más que por el físico, es por la personalidad. Muchas personas son una completa mierda realmente y aún así tienen a alguien detrás de ellos, vueltos locos y enamorados. A eso es que nos referimos cuando hablamos de que el amor es ciego.
Sin embargo lo de Pat y yo no fue un amor ciego por causa de las personalidades. Para nada, lo que nosotros vivimos fue realmente ciego. Cuando cumplí diez años me detectaron una enfermedad, la glaucoma. La cual me quitó la visión poco después.

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#2

Era y aún es extraño que esta enfermedad se dé en los niños, pero allí estoy yo como un buen ejemplo de que no es imposible. Claro que también están mis otros amigos que padecen de esta enfermedad...la única diferencia entre ellos y yo es que ellos perdieron la vista después de que vivieron todo lo que tenían que vivir, y yo la perdí cuando apenas comenzaba a vivir.
Esto no se trata de mis amigos, esto se trata de Pat. Cuando conocí a Pat tenía 17 años, ya saben, esa edad en donde cualquier cosa que pasa te provoca morirte enseguida y todo, absolutamente todo te molesta. Incluso cuando mis hijos llegaron a esa edad yo me reía de ellos cuando se molestaban por cualquier tontería y les decía “te entiendo, toma diez dólares y comprate un helado o una cerveza, lo que prefieras”
Pat se molestaba conmigo porque ellos siempre elegían la cerveza y como todos sabemos no tenían la mayoría de edad. Sin embargo yo los dejaba ¿Qué más daba? Ellos podían ver, sus ojos servían y podrían correr viendo en dónde pisaban si un policía los perseguía. Ya lo sé, no soy el mejor padre del mundo, pero así como los mal acostumbré a muchas cosas, también los enseñé a ser inteligentes y buenas personas.
Volviendo al tema de Pat. La conocí en el verano, yo quería morirme porque todos mis amigos hablaban de lo hermosas que eran las mujeres y los cuerpos que eran de muerte. Pues yo...yo no podía verlas y mucho menos sentirlas.
“Vamos Nick, tampoco es para tanto” dijo un día mi mejor amigo. Provocaba golpearle la cara por ese maldito comentario, él no era ciego, ninguno de mis amigos lo eran y ellos sí podían ver y tocar a las mujeres.
Ese día me molesté tanto conmigo mismo por no poder ver que me fui a la playa (mi padre me llevó) y comencé a lanzar piedras al mar. Oh sí, esa era mi manera de desahogarme.
“Es hora de irnos” dijo mi padre y no le presté atención “bien, entonces llámame cuando estés listo”
Volteé a donde él estaba, me guiaba por su voz.
Asentí y seguí lanzando piedras. Esa tarde conté todas las piedras que tiré, fueron doscientas treinta y tres piedras.
Supuse que era de noche por el clima así que dejé de tirar piedras.
Levanté la cabeza y suspiré, pero entonces un palo de madera chocó con mi pierna.
“¡Lo siento!” dijo una chica “es que estoy practicando y soy nueva en esto, la verdad es que no puedo, es difícil y...” no paraba de hablar y reírse nerviosa.
Sonreí pero enseguida supe que ella no me vería hacerlo.
“No hay problema” le respondí y ella rió otra vez nerviosa.

#3

El día siguiente fui de nuevo, pero no estaba molesto, solo fui a caminar por la orilla para conseguirme a la chica y sí, lo logré, su palito de madera volvió a chocar con mi pierna.
“¡Lo siento!” dijo otra vez “de verdad lo siento, no lo hice queriendo y...”
“Lo sé” la interrumpí y reí “soy yo otra vez”
Ella rió.
“Que verguenza chocar con la misma persona dos veces, pensarás que lo hago a propósito” dijo.
“No lo creo, sé que es difícil al principio, ya después te acostumbras”
Ella se quedó callada un momento.
“¿Tú tampoco ves?” me preguntó y me reí a carcajadas.
“¿Crees que si pudiese ver dejaría que me golpearas con tu palo de madera?” le pregunté y ella rió. Pude imaginar su sonrisa y ya me parecía hermosa.
“¿Cuál es tu nombre?” le pregunté.
“Patricia, pero me dicen Pat” fue su respuesta.
Y allí fue donde supe que ya tenía a alguien destinada en mi vida. Llegué a pensar que ese amor podría haber sido un amor de verano, pero pasó el verano y seguíamos igual de enamorados. Nos entendíamos tan bien y nos sabíamos querer.
Pasaron los años y nunca hubo complicaciones para estar juntos, nuestras familias se amaban y se entendían muy bien. Pat perdió la vista en un accidente de tránsito a los dieciséis años, ese mismo año que la conocí.
Me gustaba imaginar el color de sus ojos y el de su cabello, el color de sus labios y cómo se vería su cuerpo. Pude sentirlo muchas veces y creo...no, no lo creo, sé que es mucho mejor sentir las cosas que verlas.
Pasaron muchos años, nos casamos y tuvimos dos hijos, un niño primero y una niña después de un año. Salieron sanos y por lo que decían, nuestros hijos eran más hermosos que nosotros dos por separado, pues ellos eran una combinación de nosotros y era la combinación perfecta. Los ojos de Andy y Alexa eran verdes, igual a los de Pat (los míos eran marrones). El cabello y las pecas en sus rostros eran castaño claro, igual que las mías.
Nuestras vidas eran perfectas, siempre lo fueron. Porque para nosotros los problemas económicos (que por supuesto llegamos a tener pero salimos de ellos) y los otros problemas materiales, nunca fueron tan difíciles, sólo pensar en que llevábamos casi toda nuestra vida sin ver, era suficiente evidencia de que lo que sobraba era fácil.

#4

Hace tres meses Pat falleció. Yo tengo 68 años y sí, no les miento, me siento solo, lo más probable es que muera pronto. Sin embargo aún sigo sintiéndola, porque realmente nunca la vi ni ella me vió a mí. Pero así nos enamoramos y llegamos a viejos juntos.
Cuando uno se enamora no necesita ojos para ver, ni una boca para hablar, incluso alguna otra parte de tu cuerpo, solo recostar tu cabeza sobre la de la otra persona basta para sentir lo que la otra persona siente si es una conexión de verdad.
Una semana después de su muerte fui a la playa donde nos conocimos, siempre íbamos juntos desde jóvenes, incluso dos días antes de su muerte fuimos allí. Pero esa semana me sentí tan triste y lleno de furia.
Recordé que ese fue el mismo sentimiento que tuve el mismo día que la conocí, así que comencé a lanzar piedras. Por supuesto, esta vez las conté y no fueron más que ocho, ya cuando iba en la siete estaba cansado y realmente no tengo la misma fuerza de antes.
Pero sentí que alguien me tocó el hombro cuando ya estaba sollozando de tristeza y rabia. No volteé a donde sentí el toque, solo bajé la cabeza y la ladeé un poco hacia ese lado. La cabeza de mi viejita se recostó de la mía y allí lloré más. Sabía que era ella, llevaba años sintiéndola y sí, era ella. Caminé con ella esa tarde, le conté todo lo que sentía y ella solo me agarraba del brazo. Caminé con su alma toda la tarde hasta que se hizo de noche y sentí que volvimos a ser aquellos chicos de diecisiete y dieciséis años.
Mi viejita...mi linda y hermosa viejita. Allí estaba conmigo, porque nunca el amor se acaba; incluso después de la muerte, el amor sigue estando vivo.

FIN.