Carki
Rango8 Nivel 35 (2423 ptos) | Poeta maldito
#1

El reloj se había detenido justo a las tres en punto de la madrugada. La bailarina de la caja de música que reposaba sobre su mesilla de noche, giraba en un macabro ballet llenando la estancia de aquella musiquita infernal que parecía querer contar mil historias de tiempos pasados.
No estaba loca. No iba a permitir que nadie acabara por convencerla de que así era. Con dedos temblorosos, recorrió la profunda cicatriz que le rodeaba la garganta y sintió una corriente eléctrica recorriendo todo su cuerpo. ¿Quién era? Bueno. En realidad eso era lo que menos importaba... Lo que realmente le producía escalofríos era la incertidumbre de saber si estaba viva... O muerta.

Hace alrededor de 4 años Compartir:

7

39
tejo
Rango4 Nivel 15
hace alrededor de 4 años

me gusto mucho tu historia. pasa por las mias si quieres, saludos

Carki
Rango8 Nivel 35
hace alrededor de 4 años

¡Eso está hecho!

Carki
Rango8 Nivel 35
hace alrededor de 4 años

Gracias!!!

Un_tal_James
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Buen inicio del relato, creas un rápido enganche con el lector. Éxitos!

Carki
Rango8 Nivel 35
hace alrededor de 4 años

Gracias!

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Espero que esté viva
y que nos sigas contando su historia.
Saludos.


#2

Podía recordar con una precisión fotográfica el momento exacto en el que todo aquello había comenzado. Era una soleada tarde de domingo, del mes de abril. Estaba sentada en las escaleras del viejo porche de casa de su abuela. Casi podía notar el suave tacto del algodón que le recubría el cuerpo en forma de vestido. La suave brisa despeinaba su pelo, dejando algunos mechones fuera de aquella trenza que su madre le hacía cada día con tanto esmero. Miraba ansiosa el camino empedrado por el que de un momento a otro debería aparecer el coche de su padre.
Al cabo de unos minutos, el ruido de un motor rompió la suave paz que reinaba y silenció los cánticos de las golondrinas. Se levantó nerviosa mientras se alisaba la falda con ambas manos. De la puerta trasera del auto, emergió la delgada figura de un niño; más o menos de su edad. Era su primo Ismael. Se iba a quedar a vivir con ellos, debido a que sus padres y su hermana pequeña habían fallecido en un accidente de coche una semana atrás. Ismael observó su nuevo hogar sin ninguna expresión en el rostro. Luego, posó sus brillantes ojos verdes en la muchacha.
-¡Hola! Yo soy Amanda.- Dijo ella mientras le tendía una amistosa mano. Ismael la ignoró y se volvió hacia su tío que acababa de sacar su maleta del maletero.
En cuanto hubo cogido con ambas manos sus pertenencias, Ismael comenzó a ascender las escaleras del porche. Amanda miró extrañada a su padre. No estaba segura de si había hecho algo mal. Su padre le dedicó una débil sonrisa, y acudió a ayudar al muchacho a abrir la puerta. Amanda se quedó observando a su primo, y algo llamó su atención: Una muñeca. Una bonita muñeca de trapo sobresalía por una de las esquinas de la maleta de Ismael.

Hace alrededor de 4 años

4

11
valu_97
Rango8 Nivel 37
hace alrededor de 4 años

Excelente relato, me encanta. Felicidades..!! Espero seguir leyendote, te dejo mi voto.
Si deseas lee la segunda parte de un amor como el nuestro, espero te guste.
Un abrazo.

Carki
Rango8 Nivel 35
hace alrededor de 4 años

¡Muchísimas gracias!Me paso en seguida.

Un_tal_James
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Me gusta El relato, pude imaginar claramente la escena y el lugar.

Carki
Rango8 Nivel 35
hace alrededor de 4 años

Muchas gracias!! :)


#3

La primera noche de Ismael en su nuevo hogar se convirtió en uno de esos recuerdos que, pasasen los años que pasasen, nunca se borraría de la memoria de Amanda. Le habían relegado a la habitación que había en el ático. El muchacho no había salido de su nuevo santuario en toda la tarde, lo que le resultaba extraño a Amanda. Su naturaleza tímida, le hacía que le resultase imposible y vergonzoso subir las diez escaleras que le llevaban hacia la habitación de Ismael, tan sólo para intentar mantener una conversación con ese primo suyo al que sólo había visto en un par de ocasiones.
Sus padres le habían dicho que no le molestara, que le diera tiempo a que se adaptase a su nueva vida, que esperase a que fuera él quien decidiera dar el primer paso para hablarles. Pero la curiosidad era un parásito que vivía alojado en el cuerpo de la niña, de modo que aquella misma noche, cuando todos en la casa se habían ido a dormir; Amanda saltó de su cama con una ligereza propia de una criatura de diez años y recorrió a oscuras el pasillo. No pretendía colarse en la habitación de su primo a espiarle, sabía que eso no estaba bien, así que decidió colarse en el pequeño agujero por donde su madre sacaba la ropa sucia. Ya había reptado otras veces por allí, cuando había jugado al escondite con sus amigas en la fiesta de su último cumpleaños, y sabía que la otra abertura, quedaba en una esquina de la habitación del ático. Comenzó a ascender cuidando de no resbalarse, y cuando por fin sus dedos tocaron la rendija de salida, se quedó agazapada, tratando de escudriñar en la oscuridad.
Le costó unos segundos, pero al final distinguió susurros. No entendía qué decían, pero la voz que hablaba no parecía ser la de Ismael. Algo en ese sonido débil y arrastrado, consiguió ponerle los pelos de punta. Cuando sus ojos se hubieron acostumbrado a la oscuridad, pudo distinguir en cuerpo relajado de Ismael que dormía plácidamente en su cama. Los susurros continuaban, parecían estar más próximos cada vez, aunque Amanda era incapaz de distinguir de dónde provenían. Pensó que, fruto del cansancio, su mente podría estar imaginando esa extraña voz, ya que en aquella habitación no había nadie más que Ismael.
Como si le hubieran leído el pensamiento, los susurros cesaron. Amanda contuvo la respiración y volvió a escudriñar la oscuridad. De pronto, otra vez. Más cerca. Esa voz le estaba susurrando al oído.
-Amanda...
Un escalofrío le recorrió la espalda cuando acto seguido, como movido por un resorte, vio a Ismael levantarse de la cama con los ojos totalmente blancos y la boca descomunalmente abierta. Un grito de terror quedó ahogado en la garganta de Amanda y comenzó a deslizarse túnel abajo hasta que, cayó de bruces al suelo. Se levantó atropelladamente y corrió hasta su habitación. No se sintió a salvo hasta que se metió bajo las sábanas de su cama.
Hicieron falta unas dos horas para que la niña se relajara y sus párpados comenzaran a pesarle. La luz de la luna se colaba por su ventana, iluminando los ojos escarlata de una preciosa muñeca de trapo que descansaba apoyada en la puerta de la habitación de Amanda.

Hace alrededor de 4 años

3

10
Sheila_Stv
Rango7 Nivel 33
hace alrededor de 4 años

Wao! Uno realmente logra meterse en la historia! muy bien redactado y excelente forma de descripción. Ya me tendrás leyéndote c:

Carki
Rango8 Nivel 35
hace alrededor de 4 años

Muchísimas gracias!! Me alegro de que os esté gustando!!:)


#4

Amanda decidió que era mejor olvidar el incidente que había vislumbrado en la habitación de su primo. No quería que la castigaran por fisgona. Aún así, sentía un escalofrío cada vez que su primo estaba cerca de ella. Siempre tan callado, siempre ausente.
Fue por esa época cuando la niña comenzó a sufrir las primeras pesadillas. Se despertaba cada noche a las tres en punto de la madrugada. Amanda abría los ojos sobresaltada, mientras que un sudor frío le perlaba la frente y notaba cómo su corazón latía violentamente. No era capaz de recordar nunca lo que soñaba, pero la sensación de terror estaba ahí, latente. Todas las noches le parecía escuchar la misma musiquilla que impregnaba las paredes de su cuarto. Fue en una de ésas cuando descubrió la muñeca de trapo, sentada vigilante delante de su puerta. Amanda se levantó de la cama y tomó la muñeca entre sus brazos. Unos rizos castaños caían hasta los hombros de la muñeca que llevaba un vestidito victoriano color azul. Una tímida sonrisa asomaba a su boca. Amanda acarició cuidadosamente la cara del juguete. Se preguntó si esa preciosa muñeca podría haber sido de la hermanita de Ismael. Por un momento sintió que estaba invadiendo la intimidad de su primo, pero por otra parte... ¿Qué hacía la muñeca en su habitación? Tal vez Ismael la hubiera puesto ahí para ella...
Amanda la miró de nuevo. Tal vez podría quedársela si su primo no la reclamaba... El pensamiento de que la muñeca podría llegar a pertenecerle hizo que el pánico que Amanda sentía se evaporara por completo, aunque la dichosa musiquita no se iba. La niña empezó a pensar que todo estaba en su cabeza. Una risita nerviosa se escapó de sus labios. Abrazó a la muñeca con cuidado.
-Te voy a llamar... Ivory.- Dijo. La muñeca tenía la mirada fija clavada en su cara. Amanda sintió un pequeño escalofrío. No se había dado cuenta hasta ahora, pero la habitación se estaba quedando helada.
-Ivory, Ivory, Ivory.- Canturreaba Amanda dando ligeros saltitos por toda la habitación. La invisible musiquilla hacía que le dieran ganas de volar, de saltar... Pensó en qué podría pasar si saltaba por la ventana. Le hubiera encantado probar esa sensación de libertad...
Unas voces invisibles empujaron a Amanda y a su recién adquirida Ivory a salir de la habitación y a deslizarse por el pasillo hasta las escaleras. Era ligera, era aire, podía evaporarse en cualquier momento. Amanda descendió las escaleras y se dirigió al salón acompañada por una risa infantil. Una risa dulce y a la vez, terrorífica. Amanda depositó a Ivory encima de la mesa mientras danzaba al compás de esa música que sólo ella podía escuchar. Cuando regresó para recoger a su muñeca, se encontró con que en su lugar había una muchacha de largos rizos castaños, con un vestidito azul. La muchacha tenía la mirada fija en el suelo.
-Ivory... Eres real...- Dijo Amanda. Las risas a su alrededor se hicieron más pesadas, más atronadoras. Ivory levantó la cabeza lentamente para mirar a Amanda, pero en lugar de ojos, unas cuencas vacías y sangrantes fueron las encargadas de mirarla sin ver. La música cesó. Amanda se quedó petrificada en el sitio mientras que Ivory se alzaba sobre la mesa. Lo único que se escuchaba era el sonido de sus huesos destrozados al moverse. Alargó su mano y agarró un abrecartas que reposaba a uno de los lados de la mesa. Amanda retrocedió un paso, mientras Ivory avanzaba en su dirección lentamente portando el abrecartas. La espalda de Amanda chocó contra la pared. Quería gritar, pero no podía. Algo le decía que no había sido buena idea haber cogido la muñeca. Su respiración se detuvo cuando Ivory alzó el abrecartas para hundirlo en su propio cuerpo, abriendo en canal su torso. Un reguero de sangre comenzó a manar del interior de Ivory mientras que una risa diabólica e infantil aparecía en su rostro sin vida. Amanda se tapó las orejas y cerró los ojos. Quería irse de allí, estaba luchando consigo misma para moverse, pero estaba atrapada... Como sucede en los sueños en los que por más que corres no avanzas...
-Eso es. Estoy dormida.- Pensó la niña. Amanda comenzó a gritar con todas sus fuerzas, a pellizcarse los brazos y las piernas para despertar. Sus pies estaban manchados de la sangre que había derramado Ivory. Presa del pánico, comenzó a limpiarlos con el bajo de su camisón. De pronto, un gélido aliento sobre su cuello.
-Ya es tarde.- Susurró Ivory.- Ya nadie puede salvarte.

Hace alrededor de 4 años

4

9
Un_tal_James
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Genial! espero seguir leyendo...

Carki
Rango8 Nivel 35
hace alrededor de 4 años

Gracias! La historia continuará muy pronto...

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Muy bien escrito, enhorabuena,
pasa si quieres por mis poemas de la libertad, nos seguimos leyendo.

Carki
Rango8 Nivel 35
hace casi 4 años

Me pasaré!! Muchas gracias!! :)


#5

Los días comenzaron a sucederse como si todos hubieran sido cortados por el mismo patrón. Desde la noche en la que Ivory cobró vida, algo en Amanda cambió: Tenía la continua sensación de ser observada, de que alguien escrutaba cada uno de sus movimientos por pequeño que fuera.
Las noches eran de pesadilla. Acurrucada en su cama, escuchaba el crujir de las ramas de los árboles contra la ventana de su habitación. Una musiquilla que parecía llenar cada rincón de la casa la despertaba cada madrugada a las tres en punto. Y desde cualquier oscuro rincón, la diabólica sonrisa de Ivory velaba por sus pesadillas.
Irónicamente, no fue la única que experimentó cambios. Ismael, comenzó a hablar, a comportarse como uno más de la familia. Pero Amanda estaba bastante abstraída y muerta de miedo para darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. No fue hasta una soleada mañana cuando, mientras ella se encontraba sentada en uno de los columpios que su padre había puesto en el jardín, Ismael se acercó para hablarle. Amanda tenía los ojos clavados en la puntera de aquellos zapatos rojos que tanto le gustaban.
- ¿ No te aburres aquí sola?- Preguntó Ismael. Amanda levantó la cabeza. Sus ojos estaban hundidos y rojos a causa de la falta de sueño.
-No quiero hablar con nadie. Vete.
Ismael ignoró su comentario y se sentó en el otro columpio, a su lado. Comenzó a columpiarse con calma. Los hierros de las correas crujían cada vez que el muchacho se daba impulso. El sonido taladraba los sesos de Amanda.
-La muñeca que trajiste en la maleta el día que llegaste... ¿De quién era?- Preguntó al fin Amanda. Los impulsos de Ismael en el columpio se hicieron cada vez más débiles hasta que se detuvo. Su primo se quedó muy quieto, mirándola con los ojos como platos.
-¿Qué muñeca? No tengo ninguna muñeca...
Ismael rehuyó su mirada. Amanda no entendía por qué mentía. Y si mentía, es que sabía muy bien de lo que le estaba hablando...
- Claro que sí... Esa preciosa muñeca de trapo... Sabes perfectamente de lo que te estoy hablando porque tú también lo has vivido... Y ahora está pasándome algo... Creo que me estoy volviendo loca... Y tengo mucho miedo... Ella quiere matarme...
Los ojos suplicantes de Amanda se posaron en los de Ismael. Él, por su parte, parecía estar librando una complicada batalla interior. El viento movía las hojas de los pequeños arbustos del jardín, y por un momento, los cantos de los pájaros cesaron. Ismael miró con cautela a su alrededor.
- Chhhs... Habla más bajo... Ahora no puedo contártelo.- Amanda le miró dubitativa. Ismael señaló con un rápido movimiento de cabeza hacia uno de los arbustos. Amanda entrecerró los ojos: Le pareció ver dos rubíes que les escrutaban desde su escondite. Un escalofrío le recorrió la espalda.
-A media noche iré a tu cuarto y te contaré todo.- Prosiguió Ismael.- Tenemos que acabar de una vez por todas con ella.
-¿De una vez por todas?- Preguntó Amanda. Ismael sonrió irónicamente.
-De una vez por todas. Porque nunca puedes librarte de ella. Siempre vuelve.

Hace alrededor de 4 años

3

8
Dani_99
Rango7 Nivel 34
hace alrededor de 4 años

Estoy esperando con ansias la continuacion ¡que intriga! te dejo mi voto, felicitaciones, me atrapaste con esta lectura. :D

Carki
Rango8 Nivel 35
hace casi 4 años

Gracias!! Muy pronto la historia continuará...

Dani_99
Rango7 Nivel 34
hace más de 3 años

Estupenda, hace tiempo estaba esperando la continuación!


#6

Amanda esperaba a Ismael hecha un ovillo debajo de sus sábanas. La presencia de Ivory llenaba cada rincón de la estancia. Otra vez, esa musiquilla sonaba incesante, como si se tratara de la respiración de Ivory. Como si pretendiera demostrar que estaba viva.
Un chasquido en la puerta. Amanda se quedó paralizada. Unos pasos, y de pronto una mano que se posaba suavemente sobre su cabeza. Amanda soltó un grito de terror.
-Chhhssss, tranquila, que soy yo.- Susurró la voz familiar de Ismael.
La niña se destapó. La musiquilla había cesado. Escrutó la oscuridad y pudo ver a Ivory, con su aspecto de muñeca, tendida sobre la mesa de su tocador. Ismael la vio también, y sin decir nada, agarró la temblorosa mano de Amanda y la guió hacia la puerta. Los dos niños caminaron sigilosos hasta la puerta de la habitación sin apartar los ojos de la muñeca. Ismael empujó a Amanda fuera de la habitación y cuando se volvió hacia la puerta para sellar la estancia, se topó cara a cara con las cuencas ensangrentadas de Ivory. Ismael agarró el pomo de la puerta con fuerza, pero Ivory posó una de sus manos sobre su cuello, apretando cada vez más y más. Ismael sintió una náusea; estaba a punto de ahogarse. A sus espaldas, pudo escuchar la voz llorosa de Amanda que gritaba su nombre. Ivory acercó sus labios a la cara de Ismael.
-Es mía.- Susurró. Entonces, soltó al chico.
Ismael cayó de bruces al suelo tosiendo y masajeando su cuello. Amanda se agachó junto a él y le ayudó a levantarse. Cuando Ismael se hubo recuperado, ambos miraron de nuevo al interior de la habitación. La muñeca permanecía en el mismo sitio, como si no se hubiera movido.
-Vamos, corre, antes de que despierte otra vez.
Ambos bajaron a toda prisa las escaleras y se encerraron en la cocina. Ismael se sentó en una silla.
-¿Quién es ella?- Preguntó Amanda.- ¿Cómo llegó a tu poder?
Ismael respiró hondo antes de comenzar a hablar.
- Todo comenzó el verano pasado, cuando estábamos de vacaciones en una casita rural. Mis padres la habían alquilado durante una semana para que mi hermana y yo pasáramos un tiempo rodeados de naturaleza en un entorno tranquilo y diferente. El viaje fue una maravilla, hasta que un día, mi hermana trajo la muñeca. La habíamos dejado durmiendo en la casita mientras que mis padres y yo íbamos a tomar algo de merendar a un pequeño y acogedor restaurante que había cerca de la casa. Al parecer, cuando mi hermana despertó, y no encontrarnos en la casita; se puso a jugar a explorar. Recuerdo que la casa tenía como un pequeño trastero en el que había un montón de trastos, muy posiblemente cosas que los visitantes se dejaban olvidadas. Y entre esas cosas, estaba la muñeca.
Mi madre le dijo que podría quedársela siempre y cuando nadie la reclamara. Y nadie la reclamó en el tiempo en el que estuvimos allí, de manera que la muñeca, volvió con nosotros cuando abandonamos la casa.
Pronto nos olvidamos del asunto de la muñeca, hasta que mi hermana comenzó a tener pesadillas. Pesadillas en las que aparecía una niña sin ojos que se parecía mucho a su muñeca. Con el tiempo, esas pesadillas parecieron convertirse en algo real, porque cada vez que mi hermana se quedaba sola en una habitación, sus gritos desgarradores nos avisaban de que su muñeca era una niña mala que quería hacerle daño. Mis padres la consolaban con abrazos y besos y le decían que sólo era una muñeca y que los muñecos no tenían vida propia, que todo estaba en su imaginación... Hasta que la imaginación de la niña pasó a otro nivel: Un día, llamaron del colegio diciendo que mi hermana se había partido una pierna. Mi madre acudió corriendo, y allí le dijeron que había sucedido en el recreo: había tropezado en las escaleras y había caído. Pero mi hermana lloraba y lloraba, y decía que había sido su muñeca, que estaba intentando matarla.
Una tarde, mi padre y yo volvíamos a casa después de mi entrenamiento de baloncesto, y nos encontramos a la pequeña Lidia en el jardín. Estaba hablando con alguien, pero no podíamos ver con quien. Mi padre entró en casa, pero yo me quedé un rato observando a mi hermana. Se apoyaba en sus muletitas, y parecía querer moverse, pero algo la mantenía paralizada en el sitio. Me acerqué a ella, tratando de ver con quién hablaba. Pensé que podría tratarse de algún vecino, pero hice un repaso mental de todos los vecinos de nuestra manzana y ninguno podría ser tan menudo como para no verlo desde donde me encontraba,,, A no ser que Lidia estuviera hablando con algún otro niño. La llamé por su nombre, y mi hermana se volvió hacia mi con el terror reflejado en su rostro. Llegué hasta donde ella estaba y vi en el suelo a su muñeca.
-Dice que quiere volver a vivir, que no quiere ser una muñeca... Y que me necesita a mi, pero yo ya no quiero ayudarla...- Lloraba mi hermana.
Esa misma noche, después de cenar, me colé en el cuarto de Lidia y cogí la muñeca. Sin pensármelo dos veces, la metí en la bolsa de la basura y observé a mi padre mientras que tiraba la bolsa, con la muñeca y las sobras de la cena, al camión. Esa misma noche, recuerdo que me desperté sobresaltado, empapado en un sudor frío y que, entre las tinieblas de mi habitación, distinguí una silueta que llevaba puesto un vestido que parecía ser de otra época. Sus largos tirabuzones le caían por los hombros, y sus ojos, dos cuencas vacías y sangrantes, estaban clavados en mi.
Fue entonces cuando comprendí que nuestra pesadilla no había hecho más que empezar.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Buen escrito, creo que supera el mío sobre Annie Nell. Felicitaciones. Te invito a pasar por mi historia sobre la neoyorquina, si gusta. Saludos con cariño y mi respeto para ti. Escribes bien y atrapa.

Carki
Rango8 Nivel 35
hace casi 4 años

Muchísimas gracias!! Me pasaré a leerte.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Tras leer todo lo publicado quiero felicitarte por lo bien que escribes. Un abrazo, acabo de poner otro poema en POEMAS DE LA LIBERTAD por si quieres pasar a leerlo.

Carki
Rango8 Nivel 35
hace casi 4 años

Muchísimas gracias!!!

Dani_99
Rango7 Nivel 34
hace más de 3 años

Que aterrador, envolvente y escalofriante, felicitaciones!!

Carki
Rango8 Nivel 35
hace más de 3 años

Gracias! :)


#7

-La presencia de la muñeca parecía perseguir a mi hermana allá donde iba. Comenzamos a observar que tenía moratones y profundos cortes en las piernas y los brazos. Mi madre la regañaba, diciéndole que qué le sucedía y por qué hacía eso... Pero Lidia nunca contestaba. Por mi parte, yo comencé a experimentar unas horribles pesadillas, en las que una niña con largos tirabuzones y las cuencas de los ojos ensangrentadas me perseguía por un callejón sin salida. Un día, mientras comíamos, descubrí que tenía un enorme arañazo que le descendía por el cuello. Mi hermana se levantó de la mesa y dejó su plato en el fregadero. Antes de salir de la cocina, se acercó a mi y me susurró al oído: "Está intentando matarme".
Esa misma noche, cuando todos dormían, tomé la decisión. Agarré la muñeca, que reposaba sobre una de las sillas de la habitación de Lidia, observándola. La metí en mi mochila y, sin hacer el menor ruido, salí a la calle. Cogí mi bicicleta del garaje, y comencé a pedalear sin descanso. No paré hasta que llegué a un pequeño claro del bosquecillo al que íbamos a hacer excursiones con el colegio.
Encontré una papelera, y arrojé la muñeca y sin pensármelo dos veces, le prendí fuego. Tal vez no tenía que haber actuado de una manera tan impulsiva, pero estaba seguro de que mis padres no me iban a creer. Igual que tampoco creían a Lidia.
La muñeca y la papelera quedaron reducidos a cenizas. Cuando me hube cerciorado de que la pesadilla había acabado para siempre, regresé a casa.
La siguiente semana fue tranquila, todo parecía olvidado. La muñeca no había vuelto a aparecer y todos los incidentes de los días anteriores quedaron reducidos a un mero y difuso recuerdo.
El día del accidente, íbamos a comer con unos amigos de mis padres. La radio sonaba con una musiquita sutil, mi madre le recordaba a Lidia que debía portarse bien y comer todo lo que le pusieran en el plato. Yo daba cabezadas apoyado en la ventanilla, mientras que mi padre iba al volante. De repente, un grito de mi madre diciendo que parara el coche. Mi padre dio un volantazo. Se me heló la sangre en las venas cuando vi a una niña con largos tirabuzones y un vestido azul que cruzaba con la cabeza agachada y muy lentamente la calzada. El coche salió de su carril, y otro coche nos embistió de lleno. Lo último que recuerdo son los agónicos gritos de toda mi familia.
Me desperté una semana después en el hospital con la espantosa noticia de que todos había muerto. Les hablé de la niña, de esa niña que se había puesto en nuestro camino y había provocado el accidente que mató a mi familia. Nadie la había visto, ningún testigo. Para el resto del mundo, esa niña no existía, a pesar de que yo sabía que había vuelto desde el infierno y renacido de sus propias cenizas para acabar con nosotros.
Una vez recuperado de mis heridas, me vine a vivir con vosotros. No volví a saber nada más de la muñeca hasta que tú comenzaste a mencionarla. Hasta que comenzó a hacerte a ti lo mismo que le hizo a mi hermana. Y si te lo está haciendo a ti, significa que por algún motivo, mi hermana no le servía para su cometido. Y con esto, estoy más seguro que nunca de que Ivory, siempre vuelve.

DaiM
Rango3 Nivel 11
hace casi 4 años

Me encanto la historia, ya quiero leer la siguiente parte


#8

Amanda escuchó el relato de su primo en silencio. Sólo se escuchaba el crujir del viento golpeando los cristales de la ventana. Estaba claro que Ivory no la iba a dejar en paz hasta que lograse su cometido. Ya lo había intentado una vez, y al final la pequeña Lidia acabó muerta. Por un momento, pensó en el dolor que debía sentir su primo al recordar toda su historia. No podía suceder de nuevo, tenía que detener a Ivory.
- Tengo que ser yo la que se enfrente a Ivory. Creo que sólo yo puedo acabar de una vez por todas con ella. Tú lo intentaste una vez y...
-Fue un completo error. Pero quería proteger a mi hermana, cuidar de ella... Y sé que ella tenía una suficiente cantidad de terror acumulado que le impedía hacer cualquier cosa.
Amanda se dirigió hacia el cajón donde guardaban los cuchillos y agarró con manos temblorosas un cuchillo jamonero.
-Ten cuidado, Amanda, no dejes que se apodere de ti. Hará que tengas visiones horribles, e intentará hacerte daño. No dejes que entre en tu mente. Yo estaré aquí para protegerte.
A fuera, una dulce y macabra musiquilla comenzó a llenar cada parte de la casa. Amanda e Ismael contuvieron la respiración. Una pálida mano se posó en el cristal de la puerta y la empujó para entrar, mientras que los niños sentían un escalofrío recorrerles la espalda al encontrarse frente a frente con una niña con largos tirabuzones y unas cuencas vacías y sangrantes por ojos. Amanda empuñó el cuchillo apuntando hacia Ivory.
-¡Qué es lo que quieres de mi!- Gritó. A su lado, Ismael, paralizado por el miedo, no podía apartar la mirada de la hipnótica visión que ofrecía la muñeca.
-Muy simple. Algo que tú tienes y yo no...- Dijo Ivory esbozando una diabólica sonrisa.- Quiero la vida.
Amanda se aferró con fuerza al cuchillo.
-¿Quieres matarme?
-No... Te vas a matar tú.
Ismael agarró con manos temblorosas en brazo de Amanda.
-Amanda... No la escuches...
Ivory comenzó a avanzar hacia Amanda, decidida sin temer el cuchillo que Amanda empuñaba.
-Sabes que nada de esto es real, que Ismael te está tomando el pelo...
-No la escuches Amanda...
-...Yo no asesiné a su familia... Quería vivir a través de Lidia, pero por miedo a que yo pudiera hacerle algo... Fue él quien se encargó de matarlos a todos... Él cortó los frenos del coche...
-...Amanda... No es cierto, no la escuches...
-...Y fue eso lo que hizo que el coche se saliera de la carretera... ¿Crees que quiere salvarte a ti también? No, pequeña... No...
Amanda comenzó a temblar y el cuchillo cayó de sus manos. Ivory se agachó para cogerlo y lo presionó contra el cuello de Amanda. Una gotita de sangre escapó de la raja que la afilada hoja comenzaba a hacer en la piel de la niña.
-Supongo que tanto tu primo como yo queremos lo mismo... Él quiere sobrevivir a pesar de llevarse a quien sea por delante... Y yo simplemente... Quiero unos ojos con los que poder admirar la vida...
Amanda giró la cabeza, sintiendo cómo el cuchillo rasgaba su piel. Miró a Ismael con ojos suplicantes.
-Me has mentido...- Dijo.
-No... No, Amanda, no la escuches; yo no les hice nada, les quería...
-Amanda- Susurró Ivory en el oído de la niña.- Sólo hay una manera de acabar con todo esto...
Amanda cerró los ojos. Ya no sabía lo que era real y lo que no. No sabía quién decía o no la verdad. Cuando volvió a abrirlos, se fundió en la vacía mirada de Ivory. Y se dejó llevar, mientras notaba que la sangre comenzaba a resbalarle por el cuello.

Hace más de 3 años

1

3
Dani_99
Rango7 Nivel 34
hace más de 3 años

Ahhh nooo, espero con ansias la continuación


#9

Se despertó con un sabor amargo en la boca. Volvió a mirar el reloj: Las diez de la mañana. Dedujo que había logrado dormirse de nuevo. Volvió a palparse el cuello con cierto temor, pero no había ni rastro de la enorme cicatriz que le parecía haber sentido a media noche, así que decidió que se trataba de una pesadilla. Le sorprendía que sus padres o su primo no hubieran acudido a despertarla, así que decidió ir a la cocina a desayunar.
Bajó las escaleras teniendo una extraña sensación en el estómago, se sentía mareada, y todo parecía muy grande a su alrededor. Dio un pequeño traspiés en el último escalón y calló al suelo
-¿Mamá? ¿Papá? ¿Ismael?- Dijo con voz temblorosa. De pronto, la puerta de la entrada a la casa se abrió de par en par, y su primo Ismael entró sonriente. Ni siquiera reparó en ella. Amanda iba a pronunciar el nombre de su primo cuando una ola de miedo le recorrió todo el cuerpo al verse entrar a ella misma por el descansillo.
-Mamá, mira qué collar tan precioso me ha regalado Ismael.- Dijo aquella Amanda que era una fotocopia de ella misma. Su madre apareció en el pasillo, y observó como la niña mostraba un collar de terciopelo negro que se ajustaba perfectamente a su cuello. De él pendía una "I"
Entonces, Amanda lo comprendió todo justo en el momento en el que su madre se agachaba a su lado y la recogía del suelo.
- Amanda, ¿Es tuya esta muñeca?
La niña sonrió y miró hacia la muñeca con una mirada diabólica, enseñando un poco los dientes y llevándose la mano hacia la enorme cicatriz del cuello que ahora cubría el collar. Amanda comenzó a gritar, pero parecía que sus alaridos no eran escuchados por nadie, a fin de cuentas, era una muñeca. Ismael la miró sin ninguna expresión en su cara, para acto seguido, dirigir sus ojos hacia Ivory, que sonreía aniñadamente acariciándose el collar.
Se miró aquél precioso trajecito azul victoriano, y notaba el peso de unos largos tirabuzones sobre su cabeza. Su madre la depositó en el sofá. Con terror, y sin poder hacer absolutamente nada, Amanda se quedó mirando la escena: Ismael corría hacia la cocina llamando a voces a su padre para que fuera con ellos a recoger moras, mientras que su madre, acariciaba los cabellos de Ivory...
Estaba condenada, condenada a pasar la eternidad siendo sólo una espectadora de su propia vida. Y entonces fue cuando pensó en lo feliz que le haría poder arrancarse los ojos para no volver a ver la vida que se le escapaba nunca, nunca más.

Hace alrededor de 3 años

2

1
artguim
Rango13 Nivel 63
hace alrededor de 3 años

Muy buena historia, @Carki. Inquietante de principio a fin y bien escrita. Quedo pendiente de, cuando tenga tiempo, pasarme por tu perfil y leer otros de tus trabajos.
Un saludo.

Carki
Rango8 Nivel 35
hace alrededor de 3 años

Muchísimas gracias!! :)