Hiarbas
Rango11 Nivel 50 (6216 ptos) | Artista reconocido
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La noche cubría el cielo con su leve velo negro, despertando las sombras de los oscuros rincones. La lluvia caída en el día, llenaba de inquietos reflejos los suelos de las calles. La refrescante humedad acariciaba su rostro mientras paseaba distraído, rompiendo las luces reflejadas en los charcos.
Una idea daba vueltas en el tiovivo de su cabeza. Pasaba y pasaba, una y otra vez, girando sin definir lo que quería sugerirle. Esa idea no se concretaba pero no paraba de hacerle pensar en ella.
Su paz, su tranquilidad, ese sosiego que siempre había mantenido en su interior, ahora se tambaleaba y le creaba una inquietud de la que no podía desprenderse.
Solo hacía unos días que la había conocido, sonrió al recordarlo. Desde el primer momento había sido algo distinto. Cuando Jerónimo los presento, un clic hizo que en su interior un resorte que no conocía, dejase abierta una compuerta que hizo brotar sensaciones que nunca antes había experimentado con nadie. Desde ese mismo instante sintió algo especial por ella.

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Para él el amor era una asignatura suspensa con nota muy baja. Tal vez fuera por pereza a la hora de aprender la materia, tal vez porque realmente no estaba capacitado para ello. Por lo que fuese, nunca había experimentado todo aquello que los enamorados dicen sentir cuando les acierta Cupido con sus flechas y tal vez por ello sus relaciones había terminado siempre mal o fatal dependiendo del grado de negatividad con la que lo hubiese afrontado. El resultado siempre había sido el mismo, un muy deficiente como nota final en cada relación y una amistad perdida en el sexo opuesto.
Lo que experimento no sabía si era eso que todos llamaban amor, pero sí lo era, desde luego, era algo totalmente nuevo e inexplorado por él. Aunque claro está, sería más un flechazo pues ni siquiera la conocía para saber si era amor. La solución fue rápida. Una cita, después otra y así varias hasta que llego a la conclusión de que desde luego, fuera lo que fuese, era algo muy intenso y le hacía pensar y estar todo el día inquieto con la imagen y el recuerdo de ella en su mente, montada en su tiovivo.
Su interior sufrió cambios. Algunos para bien, otros inquietantes y algunos nada positivos. Había cambiado y todos se lo decían y se sonreían al decirlo, insinuando claramente el motivo del cambio. A él le parecía simpática la situación, al principio si, en un par de días, le empezó a molestar, no quería se centro de nada, él quería seguir siendo tan invisible como siempre había sido.
Ahora paseaba, con sus ideas montadas en el tiovivo de su mente, girando sin parar, sin dejarle ver cuál era el camino y como debía afrontar lo que le pasaba.
“Juan” Un grito desde el otro lado de la calle, rasgo el silencio que le envolvía. Miro inquieto y la vio allí. Le estaba buscando. Inquieta, no entendía porque no había acudido a la cita que tenían, Él no se excusó, no tenía escusa. Necesitaba aclarar su mente, parar el tiovivo y hacer bajar de él las cosas que ya no quería que en el estuvieran.
Sentía algo por ella, algo que jamás había sentido, además se creía correspondido, pero a la vez sentía la necesidad de saber si podía prescindir de lo que hasta ese momento había sido todo su mundo, para dejar entrar en él, aquello que ella comenzaba a situar en su espacio. No sabía si podría aceptar perder intimidad, perder parte de su espacio, perder su soledad, su paz.
Las ideas seguían girando y ninguna abandonaba la atracción, el tiovivo.
Clara lo miro, sentía algo muy fuerte por aquel hombre, algo que jamás había sentido en su destartalada vida amorosa. Sentía que esta vez si había llegado su momento. Pero ahora notaba en el algo que no la gustaba. Distancia, miedo, duda, recelo, aquello no lo esperaba, creía que el sentía lo que ella, y cuando el amor te llega no se duda, se vuelca uno, aunque tal vez no todos seamos iguales y no todos reaccionemos igual, pero lo que no aceptaba es que las tuviera ahora, en el inicio, en el principio, cuando aun solo se estaban conociendo.
Clara le hablo con dulzura, quería clamarlo convencerlo, explicarle, pero él era una caja de seguridad con un difícil cierre casi imposible de abrir.
La noche siguió, hablaron, caminaron, trataron de comprenderse.
Pasada la media noche, el perdido deambular de sus pasos les llevaron a una cafetería donde descansar tanto sus cuerpos como sus sentimientos, tenían que concretar, hablar y aclarar que eran el uno para el otro.
Una hora y en la desvencijada cafetería nocturna, ocupada por almas errantes de la noche, lleno de pesar sus corazones y contagio a los presentes, aquello no tenía futuro. Él dudaba, ella no consentía la duda. Él la quería pero con espacio, ella quería compartir su espacio vital. No había punto de encuentro, la tristeza navegaba por sus ojos queriendo brotar y dejar caer sus débiles diamantes por sus rostros.
Clara le ofreció un último café, que Juan acepto aunque solo fuera por estar un minuto más con la persona que sabía que era su complemento y que estaba dejando escapar.
Abandonaron la cafetería, dejándola moribunda, herida por el dolor que manaba de ellos dos, corrompida por los triste pensamientos de los habituales del lugar.
Caminaron, en silencio, sin tocarse, había llegado el fin, no había más camino.
Un callejón oscuro, el frío brillo de un afilado cuchillo y un río purpura se mezcla con el agua sucia que cubre la calle. Clara yace inerte en el suelo, Juan ha vuelto a hacerlo. Una vez más sus relaciones mueren, tanto en su corazón como en el de ellas. En el suyo con el olvido de la persona ajusticiada, en el de ellas con su último aliento.
Pero hoy algo no es igual, se siente mal, su cuerpo se crispa, se quiebra, se rompe, su corazón se para, hoy el también muere. El veneno que Clara vertió en su café hizo su efecto.
Dos almas perdidas que solo encontraban solución a sus errores, con la muerte, chocaron en la húmeda noche de la ciudad. Las dos viajan juntas ahora y quedan unidas aunque no querían estarlo en vida. Dos asesinos a los que el destino hizo coincidir para unirlos en la eternidad. Condenados a viajar eternamente juntos.

JorgeBenitezR
Rango9 Nivel 41
hace 4 meses

...mi respeto ante tan bien elaborada prosa, ante ese fluir de sensaciones que escapan de tus manos —¿de tu ser?— y adquieren sutiles y a veces abruptas formas... y estremecen, enternecen, encrispan, complacen; por sus símbolos que dan que pensar (frase robada de Ricoeur). Saludos, amigo.

DanaMaat
Rango12 Nivel 55
hace 3 meses

Realmente enlazas muy bien las palabras y plasmas lo que quieres transmitir, como dice @GoldBirds_19 es muy romántico que almas condenadas se puedan unir por toda la eternidad.

@Hiarbas

Don_Diego
Rango12 Nivel 55
hace 3 meses

Joer!!! En esta historia te luciste. Me fascino todo y el final Grandioso. Bien hecho. 👏👏👏