ErendiDemonai
Rango7 Nivel 33 (1972 ptos) | Autor novel
#1

SINOPSIS:

Una noche basta para que toda tu vida pueda cambiar.

¿Existen seres alienígenas entre nosotros? ¿Qué buscan? ¿Qué quieren?

Tal vez nunca debiste hacerte esas preguntas

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CAPITULO 1
ESA NOCHE

Domingo 17 de marzo 2019

11: 00 p.m

—Belstar nos matará, hemos perdido su cargamento , ¿cómo se supone que esos Scramis se enteraron de este basurero?—

Un hombre de piel morena robusto, les reclamaba a sus dos compañeros mientras manejaba su Jeep Liberty azul.

—Si hubiéramos dado esa vuelta de noventa grados en S006, nadie nos hubiera seguido, pero siempre eres tan necio y cabeza dura—

Otro hombre que iba en el asiento trasero, miraba por el espejo retrovisor al conductor, este era más joven, tal vez de unos veinte tantos , piel blanca, ojos cafés, cabello castaño claro y de complexión delgada.

—Ya déjalo en paz…. O ya sabes como se esponja cuando se estresa, no queremos otro vehículo hecho pedazos, de por si estos armatostes son precarios, no pienso buscar otro de nuevo—

El copiloto, era otro hombre, tal vez de unos treinta  años, de procedencia afro y con ese cabello en rastas.

—¡No podemos llegar a Ozark sin nada! Debemos recuperar el cargamento— decía el conductor

—Bien… ¿y exactamente cómo lo haremos? Nuestras armas están en la nave, y la nave está muy lejos ahora, ¡oh ¡ Espera, tampoco sabemos a donde fueron los Scramis— de nuevo reclamaba el del asiento trasero.

—Este planeta es rico en su vida vegetal, ¿y si tomamos uno que otro espécimen? Podemos venderlos en Rayack, nos pagarían muy bien, esta flora es rica en oxígeno— el copiloto buscaba opciones

—Mmmm tienes razón, el oxígeno puro es muy difícil de conseguir hoy en día, además, esta ropa es muy incómoda, habernos metido en estas pieles humanas ya me está molestando, debemos salir de este basurero cuanto antes, apurémonos a tomar esas plantas y vayámonos de regreso a la nave— el del asiento trasero al parecer era el jefe de esos dos.

—¿Que les parece si nos llevamos a uno que otro humano?— preguntaba el conductor

—¿Para qué? No sirven de nada— recalcaba el copiloto

—¡Claro que si¡ sirven de comida, si en Rayack nos encontramos a un Glotoneran estará fascinado con probar carne humana, casi nadie sabe de este planeta, si hacemos lucir apetitosos a los humanos, podríamos tener un nuevo negocio— de nuevo el conductor daba sus ideas.

—Bien… podría funcionar, nos llevaremos a unos cuantos humanos, probaremos con pocos para empezar, y si funciona, regresaremos por más cargamento— el hombre del asiento trasero entonces miraba a sus compañeros para después cerrar los ojos y cruzar sus brazos.

Así, los tres forasteros siguieron su camino en esa Jeep azul, ya habían trazado un plan.

Hace alrededor de 2 meses

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anamar26
Rango8 Nivel 37
hace alrededor de 2 meses

Creo que falta algo de narración, para explicar un poco la escena.


#3

CAPITULO 2 LA CAUSA

En otro lugar, al otro extremo de la ciudad de donde se encontraban esos tres alienígenas, se encontraba una joven de unos treinta y tantos años, de complexión delgada, piel morena, de unos 1.60 de estatura, cabello corto castaño oscuro, no tenía una belleza espectacular, al menos ella no creía que fuera así.

Se encontraba de fiesta en un departamento de uno de los amigos de su esposo. No se le veía muy animada, pues antes de ir a ese lugar, había advertido a su pareja que no se sentía muy bien de salud, la cabeza le dolía al punto de no soportar la luz, la garganta y nariz las tenía muy irritada y al  aspirar oxígeno le dolía, además, de ese malestar llamado cuerpo cortado y escurrimiento nasal.

Ella se encontraba sentada en un sofá mirando los desfiguros de los amigos alcoholizados de su esposo, y al mismo esposo platicando con otros amigos. Cuando este la vio no muy animada se acercó a ella.

—Ven, únete al desmadre, quita esa cara de pocos amigos— le decía

—No puedo cambiar mi cara, me siento mal, ¿qué tal si nos vamos?— le pidió ella en un tono suplicante

—¡Ash! siempre me haces lo mismo, deja me acabo esta cerveza, me echo una más y nos vamos ¿va?— le aclaró en tono molesto

El esposo de la joven se alejó de nuevo dejándola ahí sentada y sola, siguió su platica con sus amigos. Ella entonces lo miró a la lejanía y observa si cumpliría con lo que dijo, no fue así.

Se había terminado esas dos cervezas y aún no iba por ella para retirarse del lugar, al ver esto la mujer, se levantó de su lugar, tomaba sus cosas, se ponía la chamarra e iba a la puerta de salida. Su esposo al verla fue tras ella hasta tomarla del brazo.

—¿A dónde vas?— preguntó molesto

—¿Cómo que a dónde? Pues a la casa, te he dicho que me siento mal, y a ti te importa más ponerte en estado etílico,¿ te quieres quedar aquí? Quédate, me voy sola, al fin, la casa no está lejos— el malestar físico la agobiaba.

—Deja le digo a Marco que te deje dormir en su cuarto, si te sientes mal te puedes dormir aquí— ¿por qué los hombres nunca entienden?

—¡No! No quiero quedarme aquí, me duele la cabeza, no soporto el ruido, neta que me siento muy mal, ya te aguanté cinco horas de fiesta, ahora entiéndeme a mi— pero eso no le gusto al esposo de la chica

—Bueno ya, vámonos— la miró de mala gana y comenzaba a despedirse de todos ahí en la fiesta.

Salieron de ese departamento, bajaban las escaleras sin dirigirse la  palabra, caminaron por el andador hasta llegar a la reja de salida de esa unidad.

Caminaron por la calle, en ocasiones pasaban automóviles y no había ninguno que no los mirara o giraran el rostro para ver a esos dos que iban por la calle. Al llegar a la tercera cuadra, el esposo por fin le dirigió la palabra.

—Te llevo a la casa y me regreso a la fiesta— no le preguntó, mas bien le aclaró a su esposa

—¿Me vas a dejar sola? ¿Y si me pongo peor? — ella lo miró molesta

—Querías venirte a la casa ¿no? Ya te voy a llevar a la casa, yo me regreso a pistear un rato— ambos pararon su andar, se miraron, ahora se convertía en una situación de quien podía mas.

Al llegar a su departamento, que por cierto estaba a unos diez minutos de la fiesta, subieron hasta el segundo piso, ella abría la puerta y le indicaba a su marido que entrara. Él la miró, no entraba, y comenzó el juego de miradas.

—Sabes como me pongo cuando me enfermo, y a ti te vale madres, es más importante ir a emborracharte, y no obstante con eso, yo sé que vas a llegar en la mañana, despiertas y te la vas a seguir, y si uno de tus amigos te encuentras no sé hasta cuando pares de tomar— ella le reclamaba

—¿¡Bueno que quieres!? Querías irte, ya te traje, pero no por eso me vas a arruinar la noche— y a partir de ese momento comenzó una pelea verbal.

Cada uno sacaba su coraje a su modo, él la herida moralmente al compararla con una de sus ex, ella no dejó que eso la afectara y se burlaba de él. Las cosas llegaron a tal punto que la chica aventaba a su esposo adentro de su hogar, haciéndolo caer al suelo de sentón. Entonces él se paraba, la agarraba de la blusa en su cuello y le plantó dos tremendas cachetadas que la hicieron girar el rostro.

Ella no dejó que el llanto la venciera, levantó la mirada llena de enojo y lo miró.

—¿Ya te sientes mejor? ¿crees que golpearme es la solución? ¡qué poco hombre eres!— esa mirada, la mirada de ella hizo que el hombre enfureciera más

Sin esperarlo, él le plantaba una patada en el vientre , esto hizo que ella callera de sentón sobre el pasillo del edificio y chocaba con la puerta del departamento de enfrente, llena de cólera, la mujer se levantaba del piso, él, simplemente se quedaba mirándola en el marco de la puerta.

—¿Sabes que?, ¡muérete! Una que todavía se preocupa de ti, llevas dos accidentes por estar en estado etílico y no entiendes, ¿quieres regresar con tu ex? Pues vete, ya no te voy a retener, mañana que estés en mejor estado platicamos y vemos como vamos a quedar con respecto a nuestros hijos—

Ella giraba y comenzaba a caminar, bajaba las escaleras al primer piso, cuando escuchó

—¿A dónde vas? Son las cuatro de la mañana— él le gritaba

—¡Que te importa imbécil! Lo que yo haga ya no es de tu incumbencia— le gritó

Ambos se giraron y no se vieron más, él cerraba la puerta del departamento y de ahí quien sabe que hacía, ella caminó por el estacionamiento, sacó su celular y abría esa aplicación de taxis a domicilio.

Entonces miró que un servicio estaba disponible cerca de su ubicación, ella tendría sólo que esperar unos diez minutos, le dio aceptar y salía de la unidad habitacional hasta estar en la calle aguardando la llegada del vehículo.

Hace alrededor de 2 meses

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#4

CAPITULO 3. LA CONSECUENCIA

Los viajeros de otro mundo habían estado tomando especímenes vegetales de varios tipos en su camino, se paraban de vez en cuando junto a los camellones y desenterraban la planta, en su camino habían también secuestrado a algunas personas, les inyectaban algo por medio de esas púas en sus dedos y las víctimas caían inconcientes, para después, meterlas en unos tubos de cristal y con una arma rara los encogían, esto hacía que su cargamento fuera basto y nadie notaba que demonios en realidad traían en la parte de atrás de esa camioneta.

Ya iban de regreso a su nave, tenían que cruzar un puente que los pasaría del lado opuesto y así seguir su camino, para eso debían rodear una Unidad Habitacional,  cuando por azares del destino pasaban por aquella calle donde se encontraba la mujer morena esperando el taxi que la llevaría a un lugar seguro.

—Mira eso, hay otro humano ahí solo, aún tenemos espacio— decía el copiloto

—Ya llevamos bastantes humanos, primero hay que saber que tan bien nos pagarán por ellos, antes de atascarnos de ellos— recalcó el del asiento de atrás

—Pero es solo uno más— hablaba el conductor

Sin pedir permiso a su jefe, el conductor daba media vuelta al vehículo donde iban, regresaban por la calle hasta pasar delante de la mujer que para ese entonces ya lloraba.

—¡Disculpa! ¿te encuentras bien? ¿podemos ayudarte en algo?— el conductor había parado el vehículo y bajaba el  vidrio de su ventana.

—Estoy bien gracias, espero a unos amigos, ya no tardan— contestaba ella inteligentemente, un vehículo desconocido que se paraba y te preguntaba cosas, nunca era bueno, eso había aprendido con los años.

—¿Estas segura? Si estuvieras bien no llorarías, tu estado emocional sugiere otra cosa ¿o es que no puedes decirnos?— el copiloto se asomaba y cuestionaba a la mujer.

—Tengo que irme— fue lo único que contesto ella y giraba para entrar de nuevo a la unidad habitacional donde vivía

Al ver esto, los dos porteros del lugar se acercaban a ella, uno a la lejanía le preguntaba si todo estaba bien, ella asintió, al ver la acción, los tres sujetos de la camioneta de nuevo encendían el vehículo, lo ponían en marcha y daban una vuelta en “U” para retirarse.

—¿Olieron eso?— preguntaba el conductor

—Si, al parecer el estado emocional de estos humanitos influye mucho en su aroma, eso los hará bastante apetitosos para muchas razas— decía el copiloto

—Da la vuelta y vayamos por esa perra— les ordenó el del asiento trasero.

Ni tarde, ni perezosos, regresaban por la mujer , cuando ella se dio cuenta de la acción, corrió a la puerta de entrada, pero uno de esos hombres ya le había bloqueado el paso, era muy grande y alto.

Ella iba a gritar que la ayudaran, pero cuando se asomó para ver a los dos porteros de la entrada, estos ya estaban en el suelo inconscientes, esto hizo que ella entrara en pánico. Giró para correr al lado contrario, pero el hombre que había venido de copiloto la tomaba de los hombros, su dedo medio se movía hasta estar cerca de su cuello y de él salía una pequeña espina blanca que rápidamente encajaba en el cuello de la mujer haciendo que en segundos quedara inconsciente.

El hombre más joven la cargaba y la metía en la camioneta, ella había quedado en el lado izquierdo y él del lado derecho, recargó se cabeza de la joven sobre el cristal de la ventana y ahora sí, los tres sujetos regresaban a su nave.

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#5

CAPITULO 5. LA ULTIMA FOTO

No sé que diablos me habían hecho, en un instante sentí un pequeño piquete en mi cuello, luego un ardor recorriéndome de pies a cabeza, sentí el cuerpo pesado y mis ojos ya se estaban cerrando.

Sé que el tiempo había transcurrido, traté de despertar, apenas si pude abrir mis ojos, iba recargada en la puerta del vehículo, ¿luces…?

Luces de las lámparas del alumbrado público, amarillas, muy brillantes ¿o era que las veía así a causa de aquello que me habían inyectado? Mis ojos se cerraban de nuevo.

Al lo lejos escuchaba una canción

“Y tú te vas, jugando a enamorar
Todas las ilusiones vagabundas que se dejan alcanzar
Y no verás, que lo que yo te ofrezco
Es algo incondicional…”

"Y tu te vas".    
Natalia Lafurcade

Me conscientizaba por un instante, esa canción, la conocía, abrí de nuevo mis ojos, un Mazda rojo se había parado a nuestro lado, de “mí” lado, no podía aún mover mi cuerpo, por más que trataba, por más que lo ordenaba, no me respondía.

Los párpados se me cerraban, ¿qué diablos era eso que me  inyectaron? Me frustraba saber que toda la situación me llevó donde estaba ahorita, con desconocidos, en un auto, sin poder defenderme, ¿Qué iban a hacer conmigo? ¿Acaso me matarían? ¿venderían mis órganos en el mercado negro? ¿ o me venderían a un enfermo maniático? Todo era posible y entonces lágrimas silenciosas brotaban de mis ojos.

Con todo lo que pasaba en mi cabeza, mi mano comenzaba a moverse en un esfuerzo desesperado de reaccionar, un dedo, dos, tres… pequeños tics que me decían que ese somnífero perdía efecto y entonces, mi brazo completo lo deslizaba sobre mis piernas

—Ésta se está despertando— decía el hombre a mi lado.

—¿Cómo crees? Es imposible, nuestro veneno no despierta ni a un Gianto— le decía su jefe

—No miento, está moviendo sus brazos, no tarda en despertar—le aclaró

En ese instante ya íbamos por carretera, estaba sola y muy oscura, habían desviado el vehículo por un sendero, se adentraban más y más hasta esos cerros oscuros. Sentí cuando apagaban el motor, para ese entonces, ya estaba consiente, pero con un cuerpo torpe, estaba drogada.

—Baja la carga y súbela a la nave— ordenó el jefe

—¿Qué hago con Ella?— pregunto el que había ido de copiloto

—¿Qué parte de baja la carga, y súbela a la nave no entendiste?— preguntó en tono molesto el líder.

—¿Ya puedo quitarme este traje?— preguntaba el conductor

—Si, aquí nadie nos ve, podemos tomar nuestra forma original—y los tres sujetos empezaban a crecer de tamaño, habían traído puestas pieles humanas que  utilizaron como disfraz, me preguntaba ¿dónde habían dejado los restos de los cuerpos? Ojalá los hayan matado antes de quitarles sus pieles, de lo contrario, seguro habían sido una escena horrible.

Las pieles humanas se  iban desgarrando y de ellas,  iban creciendo seres de piel escamosa, con crestas sobre su lomo, dos aletas en cada extremo de su cabeza , ojos rojos, colmillos grandes y puntiagudos que sobresalían de su boca, se parecían mucho a unas serpientes super desarrolladas,  tenían dos extremidades como brazos, pectorales y músculos desarrollados hasta la cintura, de ahí hacía abajo, ellos tenían una cola enorme.

El jefe , oséa el joven que siempre fue en la parte traera de la camioneta, era de color blanco, el conductor de un color verde oscuro y el  copiloto, el hombre afro, era de color negro, sus ojos rojos brillaban como fuego, se escuchaba el siseo de sus lenguas, en verdad eran enormes y terroríficos. Todo pude mirarlo dentro de la camioneta, estaba totalmente sorprendida y aterrada, comenzaron a hablar esta vez en un lenguaje que no pude entender, miré que el de piel negra venía a mí, traté de moverme, por fin mi cuerpo me obedecía, rápidamente fui del otro lado y salí por la puerta derecha, entonces eché a correr lo más rápido que mis piernas me permitían.

No se veía nada, no había nada a los alrededores, pero atrás de mí, escuchaba algo enorme arrastrándose, voltee, ese ser negro venía por mi, corrí y corrí desesperada hasta ver pequeñas luces circulares.

Aún traía mi bolsita, saqué mi celular y marcaba a mi esposo, no contestaba, sonaba y sonaba, no me respondía.

—Por favor Ed, contéstame— suplicaba a todo lo bueno, por ayuda.

El celular se me caía al suelo, y justo en ese instante la voz de mi esposo se escuchaba en el celular.

“¿Qué quieres?”

Miré la silueta negra venir, entonces regresé por el celular y de nuevo corría en busca de ayuda.

—¡Ed!—

“¿Qué?”

—Dile a mis hijos que los amo, que son los mejor de mi vida— y el  llanto me ganaba, mi voz sonaba desesperada

“¿Lu? ¿dónde estás? ¿estás bien?¡dime!”

—No me creerías si te lo explico,  ¡viene por mi,  corro para que alguien me ayude, no se donde estoy...!— en ese momento miraba una carretera y vehículos venir.

“¡Lu! ¡Lu! ¿dónde estás?”

Hace alrededor de 2 meses

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#6

Corrí hasta llegar a es carretera, en un intento desesperado y sin pensar en mi seguridad, me  pararé frente a los vehículos a media carretera para que se detuvieran, llevaba celular en mano y estaba aterrada, gritaba, lloraba y miraba a mis espaldas para ver si  venía ese ser.

—¡Ayudenme!— grité agitando las manos frentéticamente para llamar la atención

Un jetta se detuvo para no atropellarme, cuando me vieron en mi desesperación, inmediatamente retomó su camino,  seguramente pensaron estaba loca. Del otro lado una Xtrail roja se detuvo, corrí hacía la ventana del conductor, pero cuando el volteó a mirarme  se puso pálido y su gesto fue de terror puro.

Eso hizo que yo mirara a mis espaldas,  ya podía ver claramente al  ser serpental enorme negro, sus ojos rojos, esas garras, comencé a temblar.

“¡Lu!” escuché en el celular, había olvidado que seguía con la llamada abierta,  puse de nuevo  el celular en mi oído.

—Ed, tal vez las cosas no siempre estuvieron bien entre nosotros, yo no planee esto, te amo, y a mis hijos también, cuídalos mucho, que crezcan fuertes y aliéntalos en lograr lo que desean ser en el futuro…— eso fue lo último que dije, después me quedé callada, la llamada seguía, puse  la cámara del celular y enfocaba al ser negro.

¡click! Sacaba la foto claramente, se veía tan nítido, cada uno de sus rasgos y se la mandaba a mi esposo por whatsapp.

—¡Ed, ya esta aquí! ¡ya esta aquí!—

Grité al ver a esa cosa delante mío, todo se quedó estático, solo él y yo teníamos movimiento, me miró, lo miré, y de nuevo ese pinchazo que me hizo caer al suelo inconsciente soltando el celular que caía al suelo.

"¿¡Pero que es esa cosa!? ¡Lu! ¡Lu! ¡respondemeeeeee!..."

Al menos si le había llegado la foto a mi esposo, y eso era lo último que sabría de mí, ahora ya era libre, podría regresar con su ex la cual decía era mejor que yo...

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CAPITULO 6. GESTO DE BUENA VOLUNTAD

Planeta Ozark, uno de los planetas que te pueden conseguir lo que quieras, donde puedes conseguir cualquier tipo de servicio, donde el comercio ilegal es lo principal.

Tres de los nueve líderes de la Alianza Galáctica se encontraban justo en este lugar, finiquitaban un trato con mercenarios Darkus, los más viles del universo, a cambio, les habían prometido inmunidad en el sistema oscuro. Cuando tienes una guerra no importan las formas, eso pensaban algunos, les interesaba más aplastar a sus contrincantes y poseer el lugar, pero si trabajaban bajo las leyes de la Alianza nunca ganarían, así que, tenían que buscar maneras poco convencionales para obtener la victoria.

Ozark les había ofrecido armamento único, una gota de ese líquido azul en contacto con el suelo, y todo un planeta hecho pedazos, ¿una buena arma no? Así la Alianza se desharía de sus enemigos sin mover toda su fuerza militar y nadie sabría exactamente a ciencia cierta que pasó.

Sin embargo, los líderes también tenían otros intereses, entre ellos, aquellos que solicitan trabajos "especiales y privados" justo por esta razón, dos de esos líderes se encontraban en esa torre de vidrio plateado, en esa habitación de paredes y puertas de espejo.

La sesión de venta de seres de todo el universo había sido interrumpida por alguien que no estaba planeada, el Líder Galáctico del sector sur había sido el último en haber ganado la subasta de una Alquiliana hermosa de piel rosada, los otros en su respectivo camarote discutían con los demás acerca de la subasta, cuando de pronto, alguien los interrumpió y caía del techo.

Todos se quedaron callados, miraron a la mujer de piel morena, no era una especie que hubieran visto, se veía tan frágil y a punto de romperse y sin embargo, se había levantado y peleado para que las máquinas no se la llevaran.

Uno de los líderes galácticos, el de cabellos rojos largos como fuego, estaba atento a lo que hacía esa mujer, no negamos que acaparó su atención, pero al ver aquella primera vez que las máquinas se la llevaron, perdió interés, peroooo no esperó verla de nuevo, por segunda ocasión entraba esa morena a la habitación, ¿algo tan simple y frágil les estaba dando problemas a aquellas máquinas ultra modernas?

Así que al ver, que por segunda ocasión se la llevaban, el hombre de cabellos de fuego se paraba de su lugar, abría la puerta de su cubículo y pedía hablar con el organizador de la subasta.

Minutos después, un ser morado con púas entraba.

-Mi señor Lovac ¿usted quería verme?- y reverenciaba a las espaldas del pelirrojo

-La criatura que se llevaron hace un momento ¿qué es?- preguntaba sentado en su sofá y hacía chocar sus dedos en un brazo sin quitar la vista hacia la habitación negra.

-Perdóneme señor, pedimos mil disculpas, es un pequeño conveniente, pero ya lo estamos solucionando- en ese instante, el pelirrojo chocaba su puño con el brazo del sofá.

-¡No te pregunte eso!, pregunté ¿qué era esa criatura?- dijo en tono mas enérgico

-E...es... es un ser de un planeta inservible señor, mis Nagas Cazadores trajeron a varios de ellos creyendo que podrían servir de algo, la verdad es que no sirven de nada, son basura- el pelirrojo ya estaba muy molesto, no había contestado su pregunta.

-¿Qué debo hacer para que respondas mi pregunta? ¿quitarte un ojo? ¿una extremidad?- y ahora si miraba al ser morado muy amenazante.

-¡No señor! ¡piedad! No sé por que está tan interesado en esa criatura, mis Nagas me dijeron que se les llama humanos, y su planeta es uno que se llama Tierra, no tienen habilidades, poderes, algo que los haga especial, son aún muy precarios, torpes, brutos y bárbaros- con eso el see morado creyó que el hombre pelirrojo perdería el interés.

-La quiero- dijo el pelirrojo así sin más

-¿Qué?- el ser morado estaba sorprendido

-Que la quiero, añádela a mi lista de posesiones y embárcala en mi nave- Ordenó en tono enérgico y autoritario

-Pero señor, ¿por qué?- el ser morado jugaba con sus brazos nerviosamente.

-Por que si te hubieras dado cuenta de mi interés hacia esa criatura, podrías habérmela vendido a un muy alto precio, pero como no escuchas, entonces me la llevaré como gesto de tu buena voluntad, sin ningún costo ¿verdad?- la mirada de ese ser, hacía que el ser morado no objetara, es más, agachaba la mirada.

-Bien, entonces me retiro- se paraba de su lugar y salía de ese cubículo dejando al ser morado confuso.

-Espero aún esté viva esa criatura...- se dijo para sí el ser morado y sacaba inmediatamente un comunicador de su piel

-Aquí Rosna, la criatura que se escapó la necesito, espero aún esté viva, pónganla con las pertenencias de Lord Lovac. Ahora es su problema- del otro lado se escucho

" Entendido" y la transmisión se cortaba...

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#8

CAPITULO 7. EL VENTANAL

Me dolía todo, pero traté de hacerme la fuerte, ya no intenté pelear con la maquina, ¿de qué servía? No sabía donde estaba, ¿a dónde me refugiaría?No tenía la menor idea de que iba a hacer si lograba salir de ahí ¿Y si afuera era un lugar peor? Era una inútil, no sabía pelear, lo mas seguro es que me podrían matar, pensé en mi familia, mis hijos, el idiota de mi esposo, nadie es perfecto, ¡bendita cualidad humana! La evolución nos hubiera dado un atributo mejor.

-Debiste pensar mejor las cosas Lu- me dije resignada

La máquina andaba y me llevaba a donde había estado en un principio, la aterradora fábrica del mal, escuchaba gritos, súplicas, veía sangre, pedazos de cuerpos por todos lados, ¿Qué demonios hacían con nosotros? Ahora sabía lo que sentían las reces en esos rastros y aquellos pollos en las granjas. ¿Esos animales también estarían concientes de que un día iban a morir?supongo que si, al fin de cuentas eran seres vivos.

La maquina me llevaba directo a un contenedor enorme plateado de forma cilíndrica, en su interior se veía una enorme luz ámbar y chispas color naranja encendído, ahí era donde llevaban a los que iban a ser incinerados, bueno, sabía desde siempre que ardería en llamas algún día, siempre supe que cuando muriera, el cielo no iba a ser mi lugar, y ya hasta me había hecho la idea de que el infierno era un buen lugar.

Sin embargo,la verdad era que no quería morir, no sin antes hacer todo lo posiblemente humano para sobrevivir, debía aferrarme a que afuera era un lugar mejor, que mi vida si valía millones de veces a comparación de aquellos que crearon esa fábrica del mal. Casi a punto de ser arrojada al fuego, yo ya planeaba que hacer y de nuevo escapar, pero no contaba con que la máquina que me llevaba girara y entonces cambiaba de dirección, andubo hasta una puertas enormes blancas que se deslizaron al escanear el código de la maquina rodante.

Entraba a un pasillo donde todo era de un metal blanco brillante hasta llegar a mitad de este, paraba su andar u abajo de nosotros a mi derecha se abría otra puerta puerta más pequeña, de ahí salían tres seres azulados vestidos con túnicas doradas, la máquina me bajaba y soltaba el agarre de sus pinzas y se retiraba.

Yo, al quedar libre de nuevo mi brazo fracturado comenzó a doler, ahora las costillas se unían a ese sentir, no pude permanecer en pie y caía al suelo de sentón, me dolía, pero al no saber que pasaría con esos seres azules me quedé quieta, esos tres sujetos ¿o eran ellas? Me miraban, su vista iba de mis pies a mi cabeza, uno trató de ayidarme a levantar, me tomó del brazo, pero instintivamente me quité de la dirección de su mano. Al ver que no dejaría que me tocaran, sonaron unos pequeños artefactos en forma de esferas en una pulsera en sus muñecas, estas sonaban como un cascabel, con esto, habían pedido ayuda y dos seres grandotes y robustos de color rojo aparecían, algo parecido a una especie de ogros.

Con la voluntad que me quedaba me puse en pie, iba a correr cuando sin saber, un sexto ser del que nunca me percaté, agarraba mis hombros por la espalda y me dejaba inconsciente...

********

No sé cuanto tiempo había transcurrido, no sé donde estaba, con quien o cómo había llegado ahí.

Mis sentidos comenzaron a encenderse, uno a uno se iban conectando hasta sentir mis propio cuerpo. Estaba recostada boca abajo en un lugar muy suave, no niego que era muy cómodo, moví mis brazos hasta ponerlos a la altura de mi cabeza y poder levantarme de ese lugar.

¡oh! Sorpresa, ya no me dolía mi brazo izquierdo, ni mis costillas, es más, podía moverme a mi voluntad. Me sentía aturdida, más bien drogada, esa sensación entre despierto y dormido con una reacción lentísima en los movimientos, logré incorporarme hasta quedar sentada sobre mis piernas a mitad de cama, miré mi alrededor, pero todo me daba vueltas, no enfocaba bien y estaba borroso.

Bajé de ese lugar hasta que mis pies tocaron el suelo, me puse de pie y caminé y miraba a todos lados estudiando el lugar, a mi izquierda había un enorme ventanal, caminé hacia el y mi asombro fue genuino. Era de noche creo, estaba oscuro todo, pero se veían luces verdes muy pequeñas abajo donde supongo estaba el suelo, mi perspectiva era un desastre, las distancias no eran los que parecía. A lo lejos miré unas luces blancas en forma de espiral y sobre ellas, un gusano de luz dorada las recorría.

Fue ahí, donde miré mi reflejo en el cristal del ventanal, estaba totalmente desnuda, y en mis muñecas y tobillos llevaba unos brazaletes plateados con una gema roja en su centro, había un grabado alrededor de estas, una especie de ave como si se tratase de un escudo, seguí mirándome, en mi cuello llevaba una gargantilla de un cm. de ancho aproximadamente, también era de plata.

Traté de quitármelos, no pude, al parecer estaban unidos a mi piel, y al jalarlos dolía, dolía mucho. Al ver que mis intentos eran fallidos, me quedé mirando por el ventanal, ¿estaría soñando? Debido a mi gripe podía estar en cama y alucinaba todo eso ¿no? Pero ahora, y pensándolo bien, ya ni gripe tenía, el dolor era auténtico, y los objetos muy materiales.

Respiré hondo y me quedé mirando por ese ventanal...

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#9

CAPITULO 8. LA NUEVA ADQUISICIÓN

En otra habitación de ese mismo lugar donde se encontraba la humana, el pelirrojo de la subasta en el Planeta Ozark , Lovac, miraba sentado sobre un sofá lo que hacía esa morena a través de una proyección 3D que venía directamente de la habitación donde se encontraba ella. Mientras la miraba, tomaba en una copa un líquido rojo, jugaba con ella en su mano, pensaba y pensaba en como era posible que alguien de su complexión y fuerza hubiera podido llegar hasta ese cuarto negro y haberse opuesto a las máquinas, no era lógico. Además ¿humana? ¿qué era eso? Nunca había escuchado de una raza alienígena que se le conociera así, ¿Tierra? ¿dónde estaba ese planeta?

La Alianza Galáctica era un imperio militar basto, gigantesco, y aún así, ninguno de sus integrantes antes, había hablado de un planeta llamado Tierra. Esos, eran los pensamientos del líder Galáctico del sector central.

-Señor, ¿que ha hecho esa criatura para haber llamado su atención?- preguntaba un joven rubio a espaldas de Lovac.

-Conoces Ozark ¿no es así? ¿cuántas veces has escuchado de fugas exitosas? Fugas de criaturas simples, sin poder, sin nada y que hayan llegado al piso negro, siendo un problema para las maquinas de ese lugar- Lovac nunca volteo a mirar al rubio, pero en su voz había duda.

-Nunca... los seres que usted describe suelen ser utilizados para reemplazo, ganado utilizado para sacrificar- el rubio también tenía esa mirada, desprecio, odio, vacio...no encontraba la lógica del actuar de su señor.

-¡Exacto!- dijo el pelirrojo , y seguía mirando aquella pantalla tridimensional.

******

-¿Dónde diablos estoy?- me preguntaba una y otra vez.

No podía ver mucho, era noche, muy abajo apenas si se notaban pequeños objetos en movimiento, ¿serían coches? No sé, no alcanzaba apercibir su forma. Edificios, pequeñísimos puntos dentro de ellos en esas ventanas, de vez en cuando pasaban vehículos voladores de formas diversas, esféricos, ovalados, de forma irregulares extrañas, pero muy arriba de donde estaba, eran enormes.

Giré y miré la habitación, podría pasar por una recamara a las que conocía, pero los objetos en su mayoría eran holográficos, un algo que supongo era un reloj, ya que cambiaba sus signos cada cierto tiempo exacto, una pantalla que cambiaba canales de no se donde y de vez en cuando aparecían hologramas de seres diciendo algo que no entendía.

Cuando sin esperarlo, del techo se desprendían cuatro objetos, con un lente rojo en su centro, se ponían a mi alrededor y me escaneaban conesas luces rojas en línea vertical.

Escuche que decían algo, diferentes tonos, dialectos supongo, pero seguía sin entender nada, mi curiosidad era tan grande que mi mano iba directo a tocar una de esas cosas , cuando una voz en las sombras me detenía.

" Ek sal dit nie doen nie " dijo esa voz

Inmediatamente mi rostro miró a ese lugar, de la esquina derecha, salía un hombre, era alto, de piel blanca, estéticamente atractivo, su cabello era largo, tocaba su cintura, algo esponjado y rebelde ya que un mechón caía sobre su frente, pero su mirada... sus ojos eran de un color rojo carmesí, fríos, totalmente helados, proyectaba terror puro en esos ojos sombríos.

Eso hizo que la fascinación que tenía segundos antes se esfumara, y viniera a mí, un miedo terrible, nunca había visto a alguien con una mirada así, profunda, aquella que se te incrusta hasta los huesos desprecio puro, indiferencia, odio, y a la vez nada, no había nada ahí que se reflejara.

Me quedé inmóvil, mi cuerpo temblaba sin poderlo controlar, respiraba intranquilamente. El sujeto alto pelirrojo caminaba a mi alrededor, me observaba, yo, no podía ni siquiera mirarlo.

" Wat is jou naam?" dijo, aunque sonaba muy parecido al inglés cuando pregustas el nombre de alguien.

No contesté, no era dueña de mis labios y la voz no me salía.

" ¿Human?"

Eso si había entendido, lo miré con gran dificultad, pero asentía

" ¿Aarden?"

No supe que preguntaba, entonces el hombre se detenía, ponía su mano izquierda sobre su mentón, pensaba para si. Después de unos segundos, me miró de nuevo

" ¿Ti...tieera?"

Lo miré asombrada, ¿trataba de hacerse entender conmigo? ¿Trataba de pronunciar palabras que yo entendiera?

-¡Si, Tierra!- le dije algo desesperada

La puerta se abría, entonces entraba un robot humanoide, muy parecido a C3PO de star wars pero esté, de color azul, iba a donde estaba yo, se colocaba delante de mi y comenzaba a "hablar" en diferentes acentos e idiomas, que por cierto ninguno era el que yo hablaba.

Cada vez que cambiaba de idioma yo por acto reflejo miraba al pelirrojo, este a su vez al robot, y luego a mi. Su gesto era de pregunta, algo así como ¿has entendido eso? A lo cual yo negaba.

Pasó el tiempo, horas diría yo, nunca hubo un idioma entendible para mi, al ver el robot que no podía comunicarse, fue con su amo y ambos dialogaban, de nuevo el pelirrojo repetía " Aarden" y me miraba, para después hacer que el robot intérprete se retirara.

Tronaba los dedos, dos seres de piel verdosa pasaban, vestían de blanco, y llevaban cosas en sus manos cargando, se acercaron a mi, una de ellas me daba una tela blanca, yo, no sabía como ponérmela, así que me ayudaron, al final esa tela le dio forma a un vestido, uno muy parecido a los ropajes griegos, pero este, me quedaba a media pierna, no llevaba ropa interior, más que esa prenda.

Ahora que lo pienso, era muy provocativo el modelito, mis pechos solo tapados de la mitad hacia mis brazos y mi vientre descubierto. Mi espalda estaba desnuda y la tela era casi semitransparente, por lo que, se veía todo y no dejaba nada a la imaginación.

De nuevo agarraba la gargantilla, me incomodaba ese metal en mi cuello, lo jalé, pero ahí, el pelirrojo tomaba mi mano y con su cabeza me indicaba que no lo hiciera, pero esa situación, había causado que los dos seres verdosos miraran asombrados al pelirrojo, al notarlo, el hombre de ojos de fuego soltaba mi mano de inmediato.

Finalmente el vestido terminaba con cada extremo de la tela sujeto al collar en mi cuello, no me daban algo que calzar, pero noté que los seres verdes también andaban descalzos. Ya terminado las dos mujeres (por que supongo eso eran) se retiraban reverenciando a su señor, la puerta de la habitación se cerraba y nos quedamos solos.

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#10

CAPITULO 9. MIRADAS

Era un silencio incómodo, pero hacer o decir algo no sería muy conveniente, ese hombre pelirrojo no me entendía, ni yo a él, y mientras pensaba esto, no me había dado cuenta que ese hombre se acercaba a mí.

Al percatarme de su acción, yo fuí retrocediendo hasta quedarme sin espacio para hacerlo, choqué a mis espaldas con el vidrio, miré de reojo a mi alrededor, observaba si había algún objeto que pudiera ayudarme si las cosas se ponían violentas, el hombre había llegado hasta ponerse en frente de mi, me acorralaba con sus brazos chocandolos con el ventanal y su rostro bajaba hasta estar muy cerca del mío.

" Wat is jy?" pronunció

No podía mirarlo, no teniéndolo tan cerca, mi respiración se agitaba, sólo podía mirar sus pies y el suelo.

"¿¡Wat is jy?!?" decía en tono más energíco

A decir verdad, eso sonaba como un " What is" en idioma inglés, era una pregunta, ¿pero qué me estaba preguntando?

Su mano derecha de nuevo era impactada contra el vidrio, ese golpe causó que me asustara, daba un pequeño brinco y cerraba los ojos, ahí, sentí de nuevo la mano del sujeto, pero esta vez la deslizaba sobre mi mejilla, para después mirarme sin hacer absolutamente nada.

Los guantes que usaba ese pelirrojo estaban confeccionados con algún tipo de tela muy parecido al satín, guantes de color negro que al contacto con mi piel, daba una sensación de suavidad, después de unos segundos su mano izquierda tomaba mi mentón, lo alzaba, quería que lo mirara.

Podía sentir su mirada, veía sus labios, sus mejillas, ese mentón bien perfilado, pero no podía mirarle los ojos, así que el pelirrojo apretaba mi mentón y sacudía mi rostro.

" Kyk na my" dijo en tono de orden

Entonces lo miré, su acción había causado que recordara aquellas escenas que me habían hecho salir esa noche de mi hogar su forma brusca de tomar mi mentón me recordaban a esas dos cachetadas que había recibido de parte de mi esposo, ¿qué se creían? ¿Que por ser mas fuertes físicamente tenían el derecho de lastimar a los demás?

Mi mirada esta vez ya no era de miedo, más bien de enojo, no iba a dejar que alguien más me lastimara, bueno, eso pensé en ese momento, por que no sabía lo que vendría después.

Nuestras miradas se cruzaron, él dibujaba una sonrisa perversa, metía su mano izquierda por mi espalda a la altura de mi cintura y me atraía hacia él, de nuevo nos miramos, su mano subía de mi cintura a mi espalda desnuda, ahí el pelirrojo se hacía a un lado y me empujaba delicadamente, ahora íbamos hacia la puerta y salíamos de esa habitación.

En el justo momento que salimos, el hombre de ojos de fuego se colocaba en frente de mi y comenzaba a caminar, con un ademán de mano me indicaba que lo siguiera, pero antes de hacerlo, yo miraba a ambas direcciones de ese pasillo blanco, había varias puertas, ninguna dejaba ver que había adentro, luces blancas verticales cada dos o tres metros alumbrando el lugar, no había nada más, él al ver que no lo seguía, paró de andar y giraba para mirarme, su ceja se levantó, ese gesto que dice " me estás haciendo perder la paciencia" entonces no me quedó de otra, comencé a caminar en su dirección y seguirlo.

¿Quién lo diría? Ese corredor era larguísimo, cuando pensé y seguiríamos caminando por este, nos topamos con unas escaleras y las bajábamos hasta un salón enorme que parecía una recepción, al parecer había una fiesta, demasiada gente y criaturas de distinta índole estaban ahí, conversaban, reían, bromeaban.

Miré de polo a polo, un sexto sentido me decía que no entrara ahí, me quede quieta, no movía ni un solo músculos, tragué saliva, pero entonces el pelirrojo me aventaba por la entrada, para después entrar él.

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#11

CAPITULO 10. LA FIESTA

La única entrada a ese lugar era aquel por donde veníamos, hubiera preferido entrar desapersibida, ser un objeto al que nadie pone atención, ser invisible ante los demás, pero cuando el pelirrojo me había dado ese empujón, habían entrado en ese balcón siendo el centro de atención de todos en ese lugar.

Todos nos miraron, sus ojos en ese balcón arriba de ellos, miré como muchos tenían esas caras de confusión, cuchicheaban los unos a los otros. Sus miradas me incomodaban, algunas eran de sorpresa, otras de fascinación, muchas otras de curiosidad, pero otras estaban llenas de desprecio.

Noté, que los seres ahí abajo eran altos, al menos aquellos que vestían de esas telas brillantes y uniformes militares, tenían apariencia física muy parecida a la mía, humana, pero no gozaban de la forma curvilínea de un humano. Los rostros de las mujeres eran hermosos, pero de cuerpo... No había diferencia entre donde comenzaba una parte y donde la otra.

Los hombres eran iguales a los terrestres, algunos regordetes, otros fornidos, varios delgados, pero les faltaba algo, su figura era muy insípida, todos de piel blanca, esos ojos felinos de cazador con mirada de sádicos matones, tal vez solo me estaba dejando llevar por su apariencia.

Entre todos estos, habían unos hombres que acapararon mi atención, eran distintos, hombres hermosos, varoniles, musculatura perfecta, seis en total contando al pelirrojo junto a mí.

¿Quiénes eran ellos? ¡Eran bellísimos! ¿perfectos? No, eran dioses. Altos, tal vez de unos 1.90 de estatura, piel blanca, pero no como la del los otros, sus pieles irradiaban vida, un brillo especial, rostros perfilados y varoniles, con un aire de señor todo poderoso, sus gestos eran tan sensuales y provocativos que las mujeres del lugar no dejan de verlos y perderse en ellos.

Así que los estudié, dos de esos sujetos eran de cabello rubio, ojos verdes brillantes, uno de cabello lacio, largo hasta su cintura y sin ningún mechón fuera de su lugar, otro de cabello rizado y largo a media espalda, este algo andrógino, pero eso no le quitaba lo varonil a su figura. Había otro de ojos y cabello azulado a los hombros, se notaba que tenía algo de problemas con este, ya que se notaba algo crespo y rebelde, pero este irradiaba de hecho mucha rebeldía en su ser. Otro tenía el cabello verdoso oscuro y muy largo abajo de su cintura, con mirada maniática, pero supongo que esa locura le daba su atractivo, el siguiente era de cabello negro y el más varonil de todos, un bellísimo señor de la oscuridad.

Entonces el pelirrojo y yo bajábamos por las escaleras a nuestra derecha, aún no llegábamos al piso, cuando el de cabello verdoso se acercaba, miró al pelirrojose asomaba para entonces verme a mí, sonreía creo, miraba de nuevo al hombre frente a mi y le decía algo , ambos me miraron, pero sus miradas no me mostraban nada bueno, planeaban algo, algo muy turbio.

A la lejanía, casi en el rincón izquierdo de ese gran salón, el pelinegro tronaba los dedos, mujeres y hombres de diferentes razas aparecían, cada uno vestido de diferente color y diferente atuendo, con esos brazaletes y gargantillas plateadas, cada grupo con una gema de diferentes color.

Se formaron varios grupos, cada uno atrás de su señor, así es, la gema indicaba el señor al que servían, la piedra azul, pertenecía al rubio de cabello lacio, la piedra esmeralda a el rubio de rizos, la piedra plateada a el de cabellos azules, la piedra púrpura a el de cabello verde oscuro, la piedra blanca a el de cabello negro, y finalmente la piedra roja sangre a el pelirrojo.

Cada amo daba una indicación a sus grupo, estos se formaban en fila y entraban en distintos andadores que había justo abajo del balcón hasta perderse , no entendía, miraba y miraba a todos lados, los invitados enronces comenzaban a marcar sonrisas perversas y muy tétricas.

Una joven con alas de mariposa me tomaba del brazo y me jalaba, me guiaba a andador, aquel del rincón derecho, entrábamos, me llevé una sorpresa al ver que ese lugar era gigantesco, habían habitaciones, la mariposa me indicada que entrara a una, ella siguió caminando hasta otra cortina amarilla al fondo y de ahí se perdió.

Ya en la habitación, me puse a observar el lugar, habían sogas, cadenas, objetos extraños, no quería pensar para que eran, pero ya me estaba dando una idea. Quise salir de inmediato de ese lugar, pero al llegar a la puerta y quererla cruzar, una onda eléctrica me rebotó hasta la pared al fondo de la habitación.

Estaba aturdida, la carga había sido demasiado fuerte, me agarré de un mueble y me levantaba del suelo torpemente, entonces escuché las puertas deslizarse, miré, mi sorpresa fue ver a uno de esos seis hombres ahí, no, no era el pelirrojo, era el pelinegro atractivo , sonrió, pero su sonrisa me aterró, era perversión pura.

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#12

CAPITULO 11 LAS SESIONES

El pelinegro entonces se acercaba a mí, de nuevo yo retrocedía, pero antes de que pudiera llegar lejos, me jalaba del brazo muy bruscamente y me aventaba al lado opuesto, caí de nuevo al suelo, uno de sus pies lo ponía sobre mi espalda y me presionaba al suelo, se agachaba y desabrochaba el vestido que llevaba puesto, miró mi espalda, de una mesa contigua tomaba un objeto punzocortante, un pequeño cilindro de unos cinco cm de largo.

De un lado, sacaba una cuchilla de luz color azul y entonces comenzaba a dibujar sobre mi espalda. La luz entonces cortaba mi piel, pero esa luz era muy dolorasa, al contacto no solo cortaba, si no, ardía como si hubieran hechado alcohol sobre la herida, por dar una comparación, un escozor terrible que se extendía de pies a cabeza, grité.

Mis gritos desgarradores hacían que ese pelinegro disfrutara lo que hacía,yo pataleaba, manoteaba, me contorcionaba como gusano, no solo por el dolor, si no en un intento desesperado de safarme de su pie, pero eso causó que hundiera más el filo de la cuchilla de luz en mi espalda.

—¡Ahhh!— grité llena de dolor

El hombre pelinegro decía algo, no entendí, la curiosidad del pelinegro en saber que era yo o que hacía fue tanta, que me lastimó hasta más no poder, no contento con eso, del otro lado del cilindro salía una punta de metal y se calentaba, la hundía en mis heridas y ahora me quemaba, en cada intento que yo tenía para escaparme lo intentaba, jugábamos al gato y al ratón al rededor de esa mesa fría.

Cansado de ser el cazador, el Pelinegro me tomaba de los cabellos esa última vez que traté de escapar, me arrastraba por el suelo y me alzaba hasta colocarme en la mesa y ponerme de espaldas, tomó varios objetos, unos con puas, otros con balines, otros con una arena rara color plata y buscó por donde podía meterlos en mi cuerpo, al ver que no me quedaba quieta, optó por amarrarme y ahora si, hizo todo lo que se le ocurrió.

Al final, termine con la espalda abierta a la mitad y mi piel había sido jalada a los extremos , mi espina dorsal podía verse, la sangre no paraba, y estaba ya perdiendo el conocimiento entre convulsiones y espasmos.

El pelinegro observaba, creo tenía la esperanza que yo guardara una habilidad especial, me levantara y pudiera jugar conmigo de nuevo, no fue así, era una simple humana sin chiste alguno.

Perdí totalmente el conocimiento, sentía frío, mucho frío, el dolor que había sentido durante el juego del pelinegro se había ido, ya no me dolía nada, ya no escuchaba nada, y un vacío era todo lo que podía sentir dentro de mi, después de ahí, ya no supe nada más.

**********

Cuando volví a abrir mis ojos, estaba flotando en un líquido azul espeso dentro de un tubo enorme conectado a una maquina de mayor tamaño, sentí pequeños piquetes en mi espalda y como algo jalaba mi piel, no me dolía, estaba anestesiada con una dosis elevadísima, volví a dormir.

De nuevo despertaba, pero esta vez en la habitación de aquel día cuando llegué, no supe como ,ni cuando llegué ahí o cuantos días habían pasado, perdí la noción del tiempo.

Me levante de esa cama y mi cuerpo ya no estaba herido, me encontraba entera , sin ningún rasguño, me habían curado, ¿por qué? Hubiera preferido mil veces que me dejaran morir. Me quejaba de dos simples cachetadas, una cesarea, raspones y cortaduras pequeñas, lo que había pasado con ese pelinegro, había superado todo mi límite de dolor.

Al pasar los días, me di cuenta que siempre era igual, las "fiestas", no era más que tortura hacia nosotros, los que servíamos a esos seis, éramos los objetos a jugar de esa clase burguesa que rodeaba a los seis hombres bellísimos, nos podían herir, golpear, cortar, violar, todo con el permiso de nuestros dueños y entonces, nos destrozaban interior y exteriormente.

Los abusos eran tales, que la servidumbre en una oportunidad por ser libres, terminaban suicidandose para ya no volver a ser parte de esas fiestas.

Muchos lo hicieron, cada vez miraba caras nuevas, ¿dónde estaban los otros? la respuesta era que habían logrado su cometido o habían terminado muertos en esas sesiones.

Yo no tuve esa suerte, morir se había convertido en uno de los privilegios que se me negó muchas veces, siempre terminaba muy cerca de morir, perdía el conocimiento y cuando volvía a despertar, me encontraba en esa habitación roja de siempre y que se había vuelto mi hogar.

No sé por que tenía la impresión de que antes de despertar, alguien me miraba en la oscuridad, tal vez sólo imaginaba las cosas, ya que cuando lograba concientizarme por completo, nadie estaba en mi habitación aparte de mi.

En esas fiestas de terror nunca, nunca, el pelirrojo se había presentado conmigo en la habitación que me tocara, no niego que siempre planeaba como salir de ese lugar, pero siempre me atrapaban y a cambio de ello, las sesiones de tortura terminaban a manos de el pelinegro, que parecía más mi amo y el de cabellos azules, un sádico pasivo. Pareciera que el placer que sentían esos dos era a base de lastimar a su presa, por que nunca tuvieron contacto íntimo conmigo, de hecho ningún tipo de contacto que no fuera expresamente para hacerme sufrir, gritar y llorar...

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#13

CAPITULO 12 PLAN DE ESCAPE

Habían pasado ya tres meses desde que llegué a ese lugar, si estuviera en la Tierra, la fecha exacta sería Miércoles 19 de Junio del año 2019, ¿cómo lo sé? Extrañamente mi celular apareció un día junto a mi y hasta ahora no se le ha acabado la pila, comienzo a pensar que el Valg tiene mucho que ver con esto, espero algún día poder preguntarle.

Cada tres días hay sacrificio de ganado, oséa nosotros, los que portamos las gemas en los brazaletes. Me empiezo a acostumbrar a el dolor, pero eso no significa que sienta placer con eso, aún peleo cuando tengo oportunidad para hacerlo y me opongo a ser lastimada.

Ya no estoy dispuesta a terminar así cada noche, por primera vez planeo algo realmente descabellado, en vez de ir a esas habitaciones, me escabulliré a la ala opuesta de la fiesta y entraré a una de esas habitaciones que siempre se mantienen cerras, así cuando la noche aparezca, podré salir e irme en esos cargamentos que llegan cada noche a la misma hora.

El plan ya estaba hecho, ahora el problema principal era poder obtener la llave de alguna de esas habitaciones herméticas, y para eso necesitaría la sangre de uno de esos seis, los más cercanos a mí, eran el pelinegro y el peliazul, sólo debía soportar una sesión más y obtener una gota de su sangre, si, podría aguantar una vez más.

La sesión de rutina se llevó a cabo, el peliazul ahora se encontraba conmigo, esa risa malvada era la luz verde para provocarlo y poder hacer un corte en su piel sin que él opusiera resistencia, eso le hacía subir su adrenalina y despertar su parte psicópata.

Tomaba un pequeño cuchillo y cuando trató de agarrarme de mis ropas yo le cortaba el brazo justo a la altura de la muñeca, miré que sus ropas empezaban a humedecerse de un líquido azul, su sangre de ellos era color azul.

—¡oh!— pronunció al ver su sangre correr

Entonces iba a mí y me azotaba contra la pared, su brazo herido iba a la altura de mi cuello y me sofocaba, yo con el pequeño cuchillo cortaba un pedazo de su ropa mojada en sangre y lo apretaba en mi puño, pero su agarre me estaba dejando sin aire.

Entonces sucedió algo que jamás había pasado, el hombre pelirrojo aparecía y gritaba

" los dit uit"

El peliazul lo miraba y me dejaba caer al suelo, yo, inmediatamente tomaba bocanadas de aire para recomponer mi ser

El peliazul molesto se acercaba al pelirrojo y le decía algo, este negaba y me indicaba que fuera hacia él, obedecía y nos retirábamos de ese lugar regresando a mi habitación de siempre.

Tenía por fin mi llave a la libertad, el pelirrojo no se enteró de ese pedazo de tela ensangrentada, todo estaba listo, en tres días podría salir.

Pero las cosas no resultan como uno siempre las planea, no fui la única que había pensado en huir en esa fiesta. Justo el día que pretendía hacerlo, antes de que todos empezáramos a andar a esas cabinas del terror, una joven de piel escamosa perteneciente al grupo de las gemas esmeralda, salía corriendo a toda velocidad hasta atravesar los cristales de la recepción, en ese momento, el hombre rubio de rizos a cargo de ese grupo, se quitaba el guante izquierdo blanco que siempre portaba, y abajo de este, traía algo parecido a un reloj, el brazalete de la chica escamosa empezaba a sonar, la gema brillaba en verde, cuando la vimos alejarce del lugar, el guante del rubio de rizos se iluminaba de amarillo y ¡Boom! Con un movimiento de su dedo pulgar había accionado algo y había hecho explotar a la chica en pedazos a la lejanía.

Todos nos quedamos helados y el salón estaba en total silencio, todos los que portábanos los brazaletes entonces nos miramos los brazos, mientras tuviéramos eso puesto, no tendríamos oportunidad de escapar.

Entonces el rubio de rizos volteaba a ver a sus juguetes, su mirada era aterradora, proyectaba maldad pura y entonces sus juguetes lo supieron, su amo iba a tomar represalia contra todos sin piedad alguna.

" Het hulle geweet?" pronunció

El grupo de gemas esmeraldas no contestó, empezaban a entrar en pánico, algunos se arrodillaban y lloraban, otros habían comenzado a temblar descontroladamente con esos gestos llenos de terror.

"¡Het hulle geweet!" grito de nuevo el hombre de rizos mas enérgicamente

Entonces el grupo de gemas esmeralda comenzó a dispersarse por toda la habitación corriendo para salir de la visión de su amo, sus brazaletes comenzaban a sonar como el de la chica escamosa, el rubio de rizos de nuevo alzaba su mano y el centro de su reloj se había puesto en luz roja, las gargantillas plateadas caían al suelo y con ello, la mayoría de los esclavos comenzó a sofocarse cayendo al suelo, entonces comprendí, los collares eran los que nos ayudaban a respirar en ese planeta, contenían oxígeno.

Algunos murieron al no poder respirar, los que si se habían adaptado al ambiente siguieron corriendo, tal vez lejos de nuestra visión y ahí fue, donde de nuevo el rubio de rizos apretaba ese mecanismo con su pulgar y varias explosiones se escucharon por todos lados ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum!...

Después silencio, todos los esclavos de otros planetas estábamos en silencio y en shock, agarrábamos las gargantillas plateadas en nuestros cuellos y otros agarraban sus brazaletes, al final, el rubio se había deshecho de su grupo de esclavos, treinta y cinco vidas se desvanecieron ese día.

Pero ¡que importaba para esos seis! Al siguiente día traerían un nuevo grupito que podía reemplazar al anterior, al fin sólo éramos piezas de repuesto y ganado disponible.

Adiós intento de escapar, mientras ellos tuvieran esos guantes, no podría realizar mi plan. Cada amo aún con su grupo, ordenaba a todos regresar a su lugar de descanso, comencé a caminar cabizbaja, todo se había ido a la mierda, mis esperanzas se habían desvanecido y las ganas de vivir con ellas.

#14

CAPITULO 13 LA BIBLIOTECA

En el camino, miré una de aquellas puertas que siempre se mantenían cerradas, ahora y tal vez por lo que había pasado, alguien había olvidado cuidar esa puerta y se encontraba abierta. Miré de reojo, parecían libros,  cientos de libros en anaqueles, mi punto débil era la lectura, así que no iba a desaprovechar la oportunidad, de todas formas, algún día me iban a matar.

Mi curiosidad salía a relucir, miré que todos estaban tan absortos en sus pensamientos que no prestaban atención a su alrededor, el pelirrojo y su mano derecha se habían quedado más atrás dialogando con los otros, así que lentamente comencé a caminar a esa puerta y entraba en ella,  había un enorme compendio de libros, grandes, chicos, delgados, de diferentes pastas y distinto color, una gigantesca biblioteca, así que me adentré más, hasta que me detuve en una vitrina  y entonces  tomaba algunos libros, los abría e intentaba leer, mis ojos se movían de derecha a izquierda,pero obvio no entendía nada.

Así que seguí caminando entre corredores, hasta que fui a dar a un apartado donde se encontraba una puerta de hierro enorme, de nuevo, la curiosidad me ganó, giré las palancas y la puerta se abría, habían más libros, pero lo curioso es, que muchos tenían letras que si entendía.

Títulos en Alemán, Italiano, Ingles, y muchos otros con jeroglíficos egipcios, mayas, sumerios, que conocía por imágenes ¿eran libros terrestres? ¿por qué los tendrían ahí encerrados? Iba a tomar uno de ellos,  cuando alguien me impactaba durísimo con el estante de metal que contenía los libros, quedé aturdida.

Ese frío que emanaba aquel ser  en la piel, lo conocía, sólo había un ser con esa característica,  era el sujeto pelinegro.

No, no era bueno, no era nada bueno, podría jurar que nadie me había visto entrar ahí,  ¿entonces cómo es que él estaba ahí? comencé a temblar, si me pasaba algo en ese lugar, nadie iría por mi, era una cámara cerrada con puertas de hierro y por lo visto nadie había entrado ahí en un largo tiempo, había mucho polvo, los libros se veían viejos, era tan fácil como cerrar esa enorme puerta metálica conmigo adentro, todos pensarían que me había matado como todos los demás, pero esta vez el pelinegro podía partirme y hacerme pedazos sin que nadie se enterara.

El pelinegro me tomana de la gargantilla plateada y me alzaba por arrriba del suelo, me lastimaba el cuello y yo peleaba por que soltara sus manos, me agarraba del cuello y me impactaba contra esos anaqueles de frío metal,  rompía mis ropas, me ponía de espaldas y con su brazo derecho me abrazaba debajo de mi pecho.

Su mano izquierda  la deslizaba hasta colocarla entre mis piernas y entonces,  uno de sus grandes dedos lo introdujo en el único orificio disponible en esa parte de mi cuerpo.

Esta vez ya no traía guantes, así que  me causó mucho temor.

Los Valgs, por que  así se  les llamaba a ese grupo de seis, eran seres creados a partir de una divinidad a la que ellos llamaban " Madre" ,un rayo de luz enorme que habitaba  en una de las cámaras muy por debajo del suelo donde nos encontrábamos nosotros, los Valgs estaban fuera del alcance de todos y nadie era merecedor de ellos, jamás se relacionaban con su servidumbre, podrían jugar con ellos, pero nunca, nunca, habría contacto de uno al otro, siempre mantenían una distancia, usaban guantes y utilizaban intermediarios si algo se les ofrecía a ellos.

Por ese motivo, ahora ese contacto a piel desnuda me aterraba, lo que estuviera planeando ese pelinegro no era nada bueno. Su dedo entonces se movía en mi interior, yo no sabía que hacer,  estába en pánico total, por fin se decidía a sacar ese dedo y bruscamente me giraba para estar de frente a él, me cargaba hasta tener mis piernas en su cintura, subía mis manos sobre mi cabeza y las sujetaba con fuerza con una de sus manos.

“Ek wou dit doen, maar nie altyd saam met hom nie”  lo que haya dicho, no entendí

Sus labios  iban a mi cuello, baja a mis pechos, su piel fría hacía que me estremeciera, ¿qué demonios estaba pasando ahí?

Había pensado varias veces en tocarme  en esa habitación, no niego que a veces lo deseaba, sentir ese placer exquisito en vez de dolor, pero siempre terminaba inconsciente y sin tiempo para pensar en el tema.

El roce de los labios de ese pelinegro hacía que poco a poco el placer apareciera y me fuera invadiendo,  del miedo,  pasé a querer sentir de nuevo ese contacto carnal, el pelinegro ayudaba mucho en eso , pero todo terminaba cuando alguien lo jalaba por la espalda sacándolo a volar fuera de esa habitación.

Caí al suelo estupidizada, entonces reaccioné, por así decirlo, miré quien había sido el que había interrumpido y  me llené de terror al verlo ahí, era ese pelirrojo, me miraba más frío que nunca, se agachaba y me tomaba del cuello alzándome sobre el suelo.

“Die enigste een wat jou so kan raak, is ek, niemand anders nie” dijo en tono amenazante.

Quería gritarle y decirle " ¡Idiota, no te entiendo nada, hablas y hablas pero no entiendo ni mierda que dices!  no entendía ni un ápice, y no sé por que el pelirrojo pensaba que esta vez si podría, pero no era el momento de gritarle, no en la situación que me encontraba.

Después de tres meses no lograba entender su idioma,  su agarre era fuerte, estrujaba mi garganta, yo peleaba por soltar su mano, no podía, era muy fuerte, me estaba quedando sin oxígeno y perdía el conocimiento….

#15

CAPITULO 14 PERCEPCIÓNES

Odiaba despertar en esa cama, era un indicador de que me habían sometido de nuevo, me dolía todo, ¿qué más había pasado después de que el pelirrojo me tomó del cuello? ¿cómo demonios llegaba siempre a esa habitación?

Tantas veces desperté ahí que nunca me puse a pensar, en quien , o qué me llevaba hasta dejarme recostada en esa cama. Haber desobedecido la orden del pelirrojo de ir a mi habitación era causa de un castigo, y conociendo a los Valgs, uno muy terrible.

Pero entonces ¿ me habían castigado y después llevado a mi habitación? Digo, quedé inconciente cuando el pelirrojo me apretó por el cuello, tal vez se desquitó después en mi inconciencia y no recordaba nada. Eso me hizo preguntarme también ¿a los demás los trataban como a mí?, pero entonces caí en la conclusión que era la primera vez, en tres meses, que me levantaba adolorida del cuerpo y sentía cada punzada al moverme, si, definitivamente el pelirrojo me había castigado aún estando inconsciente.

Me levante de la cama y fui directo a un espejo que habían colocado en la habitación, un día apareció incrustado a una pared así sin más, supongo sabían de la vanidad de todo ser, o tal vez me miraba terrible y era una forma de decirme "arréglate".

Me paré frente al espejo, miré mi cuello, estaba morado y aún conservaba las marcas de los dedos del pelirrojo, aún no sabía su nombre después de noventa días, así que seguiría llamándolo así.

Aunque pensándolo bien, la verdad era que casi no veía a ese Valg, a menos que fuera en una de esas fiestas enfermas, no se paraba por mi alrededor o nuestros alrededores, sin embargo, aún tenía ese extraño presentimiento de que alguien me miraba en la oscuridad.

Seguí mirándome al espejo, por estar viendo las marcas no me había percatado de algo importante, ya no tenía la gargantilla plateada de siempre en mi cuello, me asusté, ahora traía uno diferente muy parecido a un collar elegante con pequeños eslabones plata y una piedra roja colgando a su centro. Eso debía significar algo, y no sabía que.

*******

El Valg pelirrojo siempre observaba desde sus aposentos, se había vuelto la humana su objeto de estudio desde que llegó a ese lugar, no entendía como siempre se oponía a la voluntad Valg siendo más débil y eso le causaba más problemas, como lograba apenas sobrevivir a cada sesión con los dos Valgs, o mejor dicho, por que él mismo interrumpía la sesión antes de que la mataran, pedía a sus "acompañantes" la cargaran y de ahí la transportaran a esa sala llena de contenedores con ese líquido azul, haciendo que los que laboraban en ese apartado, se sorprendieran de su acción.

Entonces dibujaba una sonrisa maliciosa en sus labios cuando miró que su humana se tocaba el cuello y se asustaba por no traer el collar de siempre, en ese instante, tronaba los dedos y mandaba a su robot traductor a su habitación, minutos después, llegaba con ella.

La puerta de la habitación se abría y se deslizaba, la humana miró al robot azul entrando , con mímica le pedía que hablara, si, eso era raro, un robot haciendo un intento de mímica para que le dijera algo.

Lo único que se le había ocurrido a la humana fue decirle " No se que me tratas de decir". Inmediatamente el robot se actualizaba, trataba de entender sus palabras, pero al ser una maquina, se quedó ahí pasmado o no sabemos si se había trabado.

La morena lo miró y después detrás de él, la puerta estaba abierta, el robot humanoide había olvidado cerrar la puerta después de haber entrado, esperen...

¿El robot había olvidado cerrar la puerta? No, era un robot, estaba programado para hacer lo que le ordenaran, así que la humana cayó en la conclusión de que le habían ordenado al robot dejar la puerta de esa manera...

#16

CAPITULO 15 LOS LIBROS TERRESTRES

—No Lu, es una terrible idea— me dije al ver la salida desbloqueada

Sabiendo que podía ser una mala idea, sabiendo que podía ser una trampa, salí de ese cuarto y bajé por donde recordaba lo había hecho tantas veces hasta la recepción, al estar en esa sala, podría haber salido de ese lugar, no lo hice, la razón, es por que quería saber que diablos tenían esos libros terrestres encerrados, que era lo que los Valgs querían esconder, o en su defecto proteger.

De nuevo fui a la biblioteca, estaba abierta, si, definitivamente alguien me estaba plantado en su juego y estaba yendo directamente a su set, entré, nadie la custodiaba

—Si fueras spiderman, tu sentido arácnido ya te hubiera alejado al saber que aquí hay algo turbio Lu— pero ignoré mi propia advertencia.

Caminé hasta llegar a esa sección de la puerta enorme de metal, de nuevo giraba esos pernos, las palancas cedían, pensé en todo mi camino, desde la habitación, hasta donde estaba ahora, la situación era rara, en el camino no me había topado con nadie, estaba desierto el lugar, lo ignoré, quería ver esos libros, de nuevo abría esa bóveda, e iba al lugar donde recordaba ver esos libros de la Tierra.

Tomé uno en idioma alemán y que tenía en su pasta una esvástica nazi. Era un libro de pasta roja en letras doradas que decía "Der Vertrag" que en español significaba " Él Contrato"

Lo abrí, comencé a leer sus páginas y mi asombro crecía cada vez más al pasar las hojas, ahí había información que los más estudiosos de cada nación terrestre se preguntaba y hasta la fecha, no habían obtenido respuesta.

—¡Lo que darían los gobierno por estos libros! Han encontrado solo vestigios equívocos, migajas que les han dejado varias razas alienígenas— me dije al leer las páginas de ese libro.

Pasaba página tras página, realmente los investigadores alienígenas terrestres no habían estado equivocados, Hitler si había sido ayudado por formas de vida extraterrestre para someter a varias naciones, su armamento no coincidía con la época en que se encontraba y los rusos sabían eso, pero por seguridad , nunca lo dijeron. Los campos de concentración si tenían un fin, eran la réplica de esa fábrica del mal en donde había despertado cuando me sacaron de la Tierra, los humanos éramos cocecha, nos mataban y nos convertían en diversos artículos vendibles en el universo.

Estaba tan fascinada con la lectura, que no me percaté de que alguien me miraba, iba a tomar otro libro, cuando alcé mi cabeza y lo ví, me quedé inmovil, la sangre se me heló, el Valg pelirrojo había estado ahí recargado en la puerta con los brazos cruzados, mirándome no sé desde que momento y no había dicho nada.

El libro se me cayó de entre las manos, él se acercaba a mi, se agachó y con su mano derecha acariciaba mi mejilla, había algo en ese sujeto que causaba esa reacción con esa mirada, un algo que te advertía estar en peligro y debías salir corriendo, antes de que fuera tarde.

El Valg, miraba la mesa donde había puesto los libro que había estado leyendo, luego se agachaba para levantar el libro que se me había caído, lo tomó y lo miraba por todos lados.

Entonces abría el libro en una página "x" , me miraba y me hacía señas dándome a entender que leyera, lo miré, después al libro, esa ceja que arqueaba indicaba que estaba perdiendo la paciencia, entonces comencé a leer.

El libro estaba escrito en alemán, yo había aprendido a hablar ese idioma con canciones que escuchaba en la tierra y no sólo ese idioma, si no, inglés también, este segundo idioma era indispensable para darse a entender con todo mi demás mundo, así que lo perfeccioné con clases privadas, sin embargo, sabía algo de italiano, al ser un idioma muy parecido al español, de japonés, al ver por años esos animes se te pegan palabras y cuando menos te dabas cuenta, ya entiendías una frase completa.

Terminé de leer toda la página , miré al Valg, me alejé un poco de la mesa y agachaba la mirada esperando alguna reacción de parte de él, este miraba esa página, rapidamente giraba hacia las estanterías a nuestras espaldas y comenzaba a bajar libros, los ponía en esa mesa formandolos y me miraba.

Yo me acerqué, miré las pastas de los libros, el Valg me señalaba cada uno de ellos y creo que eso significaba un "¿lo entiendes?". De diez libros, sólo entendía aquellos que estaban en los idiomas que mencioné arriba, sin embargo, conocía la escritura de unos cuantos, como aquel que estaba en francés, ruso, chino, portugués, árabe, y aquellos con jeroglíficos, egipcios, mayas, sumerios.

El Valg tronaba los dedos, el robot intérprete aparecía unos segundos después, le decía algo y el robot tomaba los libros que yo había señalado y se los llevaba de esa habitación. Giraba él pelirrojo y con esa mirada intimidante me observaba, caminaba a la salida, me hacía un ademán de que lo siguiera y subimos de nuevo a "mi habitación" , me indicaba que entrara ahí, y entonces me encerró de nuevo.