Kobbe
Rango9 Nivel 40 (3308 ptos) | Escritor autopublicado
#1

La idea es escribir relatos inspirados en hechos históricos pero sin excesiva rigurosidad y bastante imaginación.

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#2

Pripiat

- Camarada, has elegido un día realmente jodido para empezar –me dice, mientras se ríe a carcajadas a través de su desigual barba. Hay zonas donde el pelo rubio crece en grandes matas y otras, donde apenas hay cuatro pelos. Todo en él era excesivo, desde su risotada hasta su cuerpo. Se llamaba Víktor, según me dijo mientras me daba un apretón con su enorme mano, y era uno de los ingenieros del turno de noche. También me explicó que no entendía porque tenía que ser precisamente él el que le hiciera de niñera al novato. Pero estaba siendo una noche bastante excepcional para todos. Cuando le vi, me extraño verle en un sitio como este, estaba completamente fuera de lugar. Con su enorme corpachón y sus manazas tenia más aspecto de recolector de patatas que de ingeniero. Mientras caminamos por el pasillo, sigue con su discurso sin dejar un segundo de silencio – No tengo tiempo para más presentaciones, ni para andar de guía turístico por la central. En cualquier momento puede empezar el simulacro y no me fío nada de Akimov - Tarás Akimov era el jefe de turno nocturno y, aunque apenas había hablado con el cinco minutos, a mí tampoco me había causado gran impresión. Le llamé por teléfono cuando me enteré de que me destinaban a Chernóbil como ingeniero auxiliar. Todo estaba sucediendo muy rápido, apenas había pasado una semana desde esa llamada. Ese mismo día tenía la maleta hecha, con algo de ropa y los escasos recuerdos que tenía. También me había despedido de las pocas personas que me echarían de menos cuando me fuera de Kiev, pero todo cambió cuando, por casualidad, me crucé con Lesya. Nos cruzamos por la calle y todos los planes que tenía se hicieron añicos. A partir de ese encuentro, todos mis esfuerzos fueron para hacer entender a mis superiores que ahora el viaje lo haríamos dos.
- Ahí están los vestuarios. Tienes cinco minutos para ponerte el mono y salir. Si no sales en ese tiempo, ni te molestes en cruzar la puerta y vuélvete a Kiev con tu mamaíta. En tres minutos me puse el mono y salí. Mientras recorríamos el edificio me explicó cuál era la situación excepcional a la que se refería. Habían llegado órdenes desde Moscú para hacer una comprobación con uno de los cuatro reactores operativos de la central. Según me dijo Varia, próximamente se iban a activar dos reactores más y no querían cometer ningún fallo de cara a la opinión pública internacional. Se quería dar una imagen de fuerza y modernidad ante los enemigos.
Pero irónicamente la prueba ya había comenzado mal. Debía de haber comenzado hace horas, pero debido a una avería en el suministro eléctrico, se había vuelto imprescindible la energía de Chernóbil. Si quieren dar una imagen de eficiencia desde luego no empezábamos bien, me había dicho Víktor riéndose. La prueba consistía en apagar el reactor 4 para ver si era capaz de auto alimentarse mediante la inercia de las turbinas antes de que entraran en funcionamiento los motores diesel. Era una prueba sencilla que no debía de tener ningún contratiempo. Además, se había formado intensamente a un equipo de ingenieros para hacer frente a cualquier imprevisto. ¿El único problema? Con el retraso, ese equipo cualificado se estaba yendo a dormir a sus casas y tendríamos que hacerlo los del turno de noche con una escasa preparación.

Al entrar en la sala de control no hay ningún tipo de presentación. Todos parecen atareados y nadie repara en mi presencia. Víktor rápidamente se sienta delante de un ordenador. Yo dubitativo, me coloco detrás de él. De pie, en medio de la sala hay un tipo que da órdenes al resto. Por la voz reconozco que es el Jefe de turno Akimov.
- Ingeniero Leonid ¿Qué potencia tenemos? ¿Continúa bajando? – pregunta Akimov con nerviosismo.
- Esta por 500MW y bajando. No sé lo que pasa, el reactor está inestable – Todo esto era bastante extraño. Lo normal que este tipo de reactor produzca más del doble de energía - No lo entiendo. Creo que lo mejor es que pasemos a control automático o que suspendamos la prueba hasta que todo vuelva a la normalidad.
- Aquí no se va a suspender nada. ¿Quieres que nos fusilen o nos manden a un gulag? Pasa al automático.
Tras unos minutos de tensión en los que la potencia continúa bajando a niveles inaceptables, se da la orden de ir sacando barras hasta que aumente la potencia. Si bien es cierto que a unos niveles tan bajos se corre el riesgo de que el reactor sufra un envenenamiento por xenón, no me parece la mejor decisión. No es buena idea retirar las barras de granito y boro, pero parece que en esa sala soy el único que se preocupa por la seguridad.
- No podemos sacar más barras – protesta el ingeniero – violaremos el protocolo de energía nuclear.
- Olvídate de protocolos. Yo asumo toda la responsabilidad. Esta prueba tiene que salir bien. Me estoy jugando el ascenso a director de la central. ¿O acaso tú quieres seguir en el turno de noche para toda la vida?
Tras retirar las barras, la potencia aumenta, por lo que los ingenieros que están en la sala de válvulas aumentan el flujo de agua. Pero sin saber muy bien por qué, esto hace que la potencia vuelva a bajar.
- ¿Qué están haciendo metiendo tanta agua? Decidles que paren – En ese momento algo sucede y las comunicaciones por radio se interrumpen – Lo que faltaba. Retirad más barras – Todos miran a Akimov con dudas. Parece que no es consciente del riesgo que esto implica. En caso de que algo falle no habrá nada que controle el reactor. A partir de ahora, estamos haciendo equilibrios sin red debajo.
Tras dudar un instante, el ingeniero da la orden y se retiran las barras. La situación es insostenible, el protocolo nuclear marca que al menos haya treinta barras y aquí apenas han dejado ocho. Esto es un escándalo, estoy a punto de decir algo pero no me atrevo a abrir la boca por miedo. Delante de mí, veo como Víktor niega con la cabeza pero él tampoco se atreve a decir nada.
- Demos comienzo al experimento. Cortad el suministro eléctrico del reactor. – El ingeniero efectúa los ajustes necesarios y la energía se corta. En la habitación todo el mundo mantiene la respiración. Parece que todo va bien pero de repente algo pasa. La potencia comienza a aumentar rápidamente. El botón de emergencia es activado y las barras de control empiezan a bajar. Pero esto solo causa más actividad y los ingenieros deciden aumentar el caudal del agua.
- Algo falla en el sistema de refrigeración. Algo tiene que estar pasando con el vapor y el caudal está bajando. – Dice Víktor.
- Las barras de emergencia están descendiendo pero muy lentamente, no lo entiendo. – fue lo último que escucho del ingeniero jefe antes de que todo pase.
Un sonido atronador nos envuelve de repente. Por instinto, me agacho buscando la protección de un escritorio. A este rugido le siguen otros igual de inquietantes, pero tras unos segundos los rugidos cesan. Todos en la sala nos miramos con cara de terror sin atrevernos a hablar.
- ¿Qué diablos ha sido eso? – Pregunta por fin Akimov a los técnicos. Decenas de luces parpadean en los paneles de control. Pero no es necesario ningún dispositivo electrónico para darse cuenta de lo que había pasado. Miro a través de la ventana y puedo verlo yo mismo. El techo del reactor 4 ha desaparecido y alrededor del edificio de contención hay múltiples focos de fuego. Una estridente alarma comienza a sonar confirmando lo que todos ya sabemos, el reactor ha hecho explosión.
Tras esto comienza un maremágnum de discusiones a gritos y llamadas nerviosas. A mi lado, Víktor se encarga de avisar a los bomberos de la central, aunque la llamada es innecesaria porque la explosión debe de haberse oído a kilómetros. En este momento me acuerdo de Lesya y no puedo evitar recorrer mentalmente la distancia entre la central y la ciudad. Los apenas cuatro kilómetros que nos separan me parecen insuficientes. Una punzada de culpabilidad recorre mi cuerpo. Me arrepiento de haberla dicho que me acompañara hasta aquí. ¿Pero qué iba a hacer? Cuando me contó que estaba embarazada y quién era el padre, comprendí la situación. Ahora mismo ella y el futuro bebé no eran más que un peligro para una prometedora carrera política. A pesar de que sabía que me estaba enfrentando a uno de los hombres más poderosos y crueles de la nación, no dudé un segundo. He estado locamente enamorado de Lesya desde que recuerdo. Le sugerí que fuese mi esposa y aceptar al bebe como si fuera mío. Quizás me estaba metiendo en la boca del lobo, pero lo que sí sabía, es que esta era la única oportunidad de estar con ella.
Tras colgar, Víktor informa que el equipo de extinción ya esta desplegándose por la zona critica.
En este momento el jefe de turno y el ingeniero jefe discuten a voz en grito. El primero se niega a reconocer lo evidente, que el reactor ha explosionado y esta fuera de control. Su único argumento es que, ni los sensores ni los datos de los técnicos que están sobre el terreno, superan los 3,6 röntgen.
- ¡Acaba de reventar un reactor nuclear! Los sensores o no funcionan o no son fiables. Quítate la venda de los ojos. Tenemos que avisar a todo el mundo, cada segundo puede ser crucial. Hay que pedir ayuda al ejército – dice gritando el ingeniero jefe Leonid, olvidándose de las formas ante un superior. Y yo, en medio de todo esto, me encuentro paralizado sin saber qué hacer. Me limito a observar intentando no molestar y pasar inadvertido. En la academia no nos prepararon para algo así.
- Víktor, coge el helicóptero y sobrevuela la zona. Es la única forma de hacernos una idea exacta de lo que está pasando. Desde ahí podrás hacer mediciones fiables de la radiación. – Le ordena el jefe de turno a un Víktor que le escucha con la cara pálida. Me imagino que en su cabeza está el pensamiento de que no es la mejor idea sobrevolar a apenas una decena de metros un reactor nuclear inestable justo después de una explosión. – Y llévate al nuevo contigo.

Continua...

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 49
hace 6 meses

Me gusta mucho @Kobbe . El planteamiento original de crear un relato de ficción en el contexto de una catástrofe real, la forma en que encajas la historia personal dentro de la otra, tu forma de narrar. Espero siguiente caja.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 6 meses

Muchas gracias por tu valoración . en breve sacaré el siguiente

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 6 meses

He tardado en ponerme a leerlo porque dudaba del planteamiento de la caja de inicio pero me ha sorprendido gratamente. Muy bien ligada la trama de la ficción al hecho real. Otra mas a seguir.


#3

Salimos rápidamente de la habitación y bajamos las escaleras tan rápido que estamos a punto de caer un par de veces. Ya en la planta baja, Víktor se para y entra en una sala. Le sigo, y cuando le pregunto que qué hace, me ignora. Con un teléfono en la mano, me contesta mientras marca.
- Mira yo no sé tú, pero yo tengo más luces que esos de arriba. Esto es algo muy gordo y tengo que avisar a mi familia de que se larguen lo más lejos posible. Y tú deberías hacer lo mismo. ¿No decías que tu mujer estaba embarazada? Pues créeme, esta se va a poner feo.
En cuanto cuelga el teléfono lo cojo yo. Me pide que sea breve y sale del cuarto.
- Lesya – digo en cuanto escucho descolgar el teléfono. Debe de estar despierta porque apenas suenan dos tonos antes de que conteste. Miro mi reloj y me sorprendo al ver que ya casi ha pasado una hora desde la explosión.
- ¿Yuri? ¿Qué está pasando? ¿Estás bien? Se ha escuchado una especie de bomba. Hay mucho movimiento de los militares. – me habla tan acelerada que no me atrevo a cortarla.
- Lesya, escúchame. Ha habido un problema en la central así que tienes que irte a Kiev hasta que todo se aclare. Quiero que hables con los vecinos y le expliques la situación para que te lleven en su Lada...- En ese momento oigo, a través del teléfono, una especie de megafonía. Sin decir nada, ambos nos quedamos en silencio y a la escucha.
“Camaradas de Pripyat. Ha ocurrido un accidente en la central de energía de Chernóbil y uno de sus reactores ha resultado dañado. Hay una situación de radiación no controlada y están tomándose medidas para eliminar las consecuencias del accidente. Se está asistiendo a las personas afectadas. El ejército tiene la situación bajo control, permanezcan en sus casas.”
- ¿Has oído eso?
- No les hagas caso. Vete a hablar con los vecinos y, si hace falta, les robas el coche, pero sal de aquí. – le imploro a través del teléfono.

Apenas han pasado diez minutos desde que salimos de la sala de control y las hélices del helicóptero ya están empezando a girar. En él, vamos el piloto, Víktor y yo. Los imprescindibles, para no correr riesgos. Nos habían dicho mientras nos daban un traje de protección y unas tabletas de yoduro de potasio.
Ya en el aire, en medio de la noche cerrada, las llamas destacan como un faro en la inmensidad del océano contra la negritud de la noche y, como un barco a la deriva, hacia ahí nos dirigimos.
Lo que nos encontramos al llegar es abrumador, el techo de acero ha desaparecido. Pedazos de grafito incandescente han volado decenas de metros debido a la explosión y han provocado varios incendios. Y en medio de todo esto, se encuentra lo que queda del edificio de contención y dentro amenazante, el reactor. El contenedor de grafito ha desaparecido así que se puede ver el interior a simple vista y puedo ver como de sus paredes cae una especie de agua luminosa. Todos los materiales radiactivos están expuestos al exterior sin ningún tipo de contención. Aprecio una amalgama de, lo que debe de ser diversos materiales al rojo en estado semilíquido. Metales cuyo punto de fusión es de más de 1000 grados. El calor debe ser inimaginable en ese punto. Y a escasos metros de este infierno, decenas de bomberos tratan de luchar contra el fuego. Ahora mismo, ellos son la única barrera para que el fuego no se extienda por el resto de la central. Si esto ocurre los daños se extenderían por todo la nación. Y estos héroes están haciendo este trabajo con la única protección de un traje preparado para radiaciones diez veces menores. Es una autentica locura. Pero este tipo de personas no se hace preguntas, para ellos cumplir una orden, aunque ponga en peligro su vida es lo habitual.
Saco el medidor y, al encenderlo, literalmente se me quema en las manos. Da un chispazo y no vuelve a reaccionar. Víktor, que va sentado a mi lado me mira y yo le hago un gesto con el que intento expresar que toda esta situación nos está superando. Víktor saca su dispositivo y parece que funciona correctamente. Me lo pasa y puedo ver que marca un valor de 3,6. Rápidamente lo comunicamos por radio, pero ambos sabemos que estas medidas no son posibles y así se lo hacemos saber al jefe de turno Akimov. Los aparatos simplemente están marcando el máximo de su capacidad. Por suerte el helicóptero está preparado para este tipo de emergencias y tiene un medidor más sofisticado. 1800 röntgen marca el aparato en la pantalla al apuntar hacia el reactor. Víktor les transmite por radio los nuevos datos a control que no se lo terminan de creer. Pero es así. El núcleo del reactor está expuesto al aire y una enorme columna de humo se eleva cientos de metros esparciendo toda clase de componentes contaminantes. Mientras sobrevolamos la zona, los bomberos continúan trabajando sin descanso. Desde aquí puedo ver cómo, uno a uno van desplomándose por el titánico esfuerzo.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 6 meses

Buen relato. Enorme tragedia bien reflejada por tus personajes.


#4

Guernica

- ¿Qué? ¿Algo bueno? – oigo detrás de mí, pero sigo buscando sin prestar mucha atención. Está anocheciendo y aún no he encontrado nada que valga la pena. Como pase otra noche sin whisky me tiro al metro – Te estoy hablando a ti, al del contenedor. Que si has encontrado lo que estabas buscando.
Saco la cabeza del cubo para ver quién demonios es el que me está rompiendo las pelotas. Me giro y a unos metros veo a una maruja que me sonríe. Debe de tener unos sesenta años y por como viste, parece una señora con dinero. Desde luego lo que no tiene es pinta de poli. Aun así, le respondo con dudas: - No, nada bueno.
Me hace un gesto con la mano para que me acerque hacia ella. No se qué puede querer de mi, pero no parece una amenaza, así que voy. Camino lentamente y, al acercarme, soy consciente de lo jodidamente alta que es, me debe sacar una cabeza. Ella mantiene su sonrisa y sus ojos azules sobre mí. Me siento incomodo al sentir su mirada, no estoy acostumbrado al contacto visual. Normalmente la gente aparta la cara al cruzarse conmigo o finge hablar por el móvil. Al acercarme más veo que, aunque yo no soy ningún experto en el tema, viste ropa elegante y cara. También me fijo en sus relucientes joyas y no puedo evitar echar cálculos de cuánto podría sacar por ellas y la borrachera que me podría pillar.
- Entonces ¿no ha habido suerte? Vaya lo siento realmente. ¿Te gustaría tomar una taza de café caliente y algo de comer? Y te estoy hablando de café intenso, a la europea. No del agua sucia que tomamos aquí – Mientras parlotea yo no me puedo creer lo que me está pasando. Miro a mí alrededor con desconfianza, buscando dónde está el truco. No sería la primera vez que algún jodido grupo supremacista intentaba algo parecido para jugármela y darme una buena. Gracias a Dios, siempre he conseguido escapar sin un rasguño. Pero esta mujer transmite confianza, así que acepto la invitación, aun sin tenerlas todas conmigo. Supongo que simplemente es una mojigata de misa diaria. Que quiere hacer su buena acción de la semana para luego contarlo en el grupo parroquial mientras toman pastas.
Durante el breve trayecto en taxi me voy imaginando cómo será la casa: un enorme palacio en las afueras, con un jardín con la hierba perfectamente recortada, una piscina gigante y un marido con un rifle debajo del colchón. Ahora que lo pienso, espero que el señor de “ricachona enorme” esté atareado con su trabajo de directivo en alguna gran multinacional. No me gustaría tener que salir corriendo.
- Pare aquí, por favor. – dice la mujer y yo no me lo puedo creer. Estamos en medio de un polígono industrial. Y el coche aparca delante de una especie de nave abandonada. Nada más lejos de lo que yo tenía en la cabeza. Bajamos del vehículo y mientras entramos, como si estuviera leyendo mi mente, empieza a hablar.
- Ya sé que no es una casa de ensueño y que no va a salir en ninguna portada. La verdad que es una zona industrial en decadencia pero, al menos eso me dijo mi asesor financiero, en unos años va a empezar a revalorizarse como la espuma. Además el loft me salió tirado de precio y dispongo de mucho espacio para mis aficiones sin vecinos molestos. Aunque no te lo creas, soy una gran amante de las artes y colaboro con el MOMA – La escucho sin prestarle mucha atención, solo pienso en comer algo caliente y ver si puedo sacar algunos pavos a la ricachona. Al entrar un gran espacio se abre antes nosotros. El edificio antes debía de ser una fábrica. Quitando un par de habitaciones al fondo, que debían ser el cagadero y la oficina del jefe, todo lo demás es una nave con techos altos. Hay grandes ventanas en el techo para que entre la luz de la calle y el suelo está cubierto de plásticos. Las paredes están repletas de cuadros pero, sobre todo, me llama la atención uno que cubre todo un lateral. Debe de tener al menos siete metros de ancho.
- Es demasiada casa para mí sola, lo sé. – Le pregunto por su marido y me explica que es viuda y que no vive nadie más. Un millón de ideas empiezan a pasarme por la cabeza y ninguna buena. Instintivamente me acerco hacia el cuadro gigante.
- Impresionante, ¿eh? – Me pregunta la mujer. Y realmente lo es, una impresionante mierda. Cabezas y brazos puestos sin sentido por todo el cuadro. Como si lo hubiese pintado un niño retrasado – Es un cuadro de un pintor español y lo pintó en forma de protesta contra la guerra civil de su país. Cuando vio que estaba a punto de morir hizo prometer a sus herederos que hasta que cayera la dictadura del general Franco, el cuadro no volvería a España. Por suerte o por desgracia, el dictador ha muerto y el cuadro se marcha de Nueva York. Pero antes de que se vaya, he conseguido que me lo cedan unas semanas. Para ello he tenido que mover cielo y tierra. No sabes la de llamadas a gente importante que he tenido que hacer, menos mal que el pertenecer a la sociedad de las hijas de la revolución americana aún sirve para algo. Y eso sin hablar del seguro que me exigieron contratar y que cuesta una fortuna. Pero ha merecido la pena… Cuando lo has visto por primera vez, ¿qué impresión te ha dado?
- Hombre, yo no sé mucho de estas cosas de cuadros y eso…- intento ganar tiempo hasta que se me ocurra algo que decir sin ofenderla – Me gusta el toro y que sale una teta. Lo demás no lo entiendo mucho. Pero seguro que cuando esté terminado y le den algo de color quedará bonito.
La señora fija en mí sus ojos azules. Veo como algo cambia en su cara. Me sonríe, pero ya no con esa sonrisa cálida de antes. Ahora me ofrece una mueca forzada. – Si le apetece, puede darse un baño mientras yo preparo algo de comer. Le puedo dejar algo de ropa de mi marido, me recuerda usted mucho a él.
Me doy una larga ducha caliente en un cuarto de baño más grande que la casucha donde me crié. Mientras cae el agua caliente sobre mi cuerpo, no paro de pensar. Joder como vive esta gente. Creo que ya es hora de repartir un poco la riqueza. En cuanto coma algo, le pienso dejar la casa limpia a la zorra mojigata esta. Eso sí, antes habrá un poco de mete saca rápido, quiera ella o no. La verdad que me da mucho morbo el trabajarme a una tía tan grande.
Después de secarme, meto mi ropa en una bolsa de plástico como me había pedido la señora. No sé de qué va, pero ni de coña voy a ponerme otra vez los andrajos esos, así que ahí van. La ropa de ricachón respetable me queda como un guante. Salgo del baño, y la señora está delante del maldito cuadro con una copa de vino en la mano. Camino ruidosamente sobre los plásticos y ella se gira hacia mí. Cuando llego a su altura me ofrece otra copa. No me puedo creer mi suerte, ahora me voy a dedicar a beber vino caro. Le doy un sorbo y me sabe a mierda. Estos ricachones pagan auténticas fortunas por bazofia. Pero como se dice “a caballo regalado...” y me acabo la copa de un trago.
- Despacio, no querrás acabar la fiesta antes de tiempo – me dice la mujer. A estas alturas está claro que lo del café era una excusa, lo que quiere es un polvete rápido. A esta tía le va la marcha que te cagas.
- Pues como te decía antes, el autor pintó el cuadro a petición del gobierno republicano para la exposición de Paris del 37 -cojo la botella y me relleno la copa y sigo bebiendo. Siempre se ha dicho que cuanto más bebes mejor sabe – Y por suerte o por desgracia el dictadorcillo ha perecido, y por eso, esta obra tan excelsa se tiene que ir de aquí. – poco a poco me empiezo a encontrar mal, como mareado. Me extraña que un par de copas me esté pegando tan fuerte. La señora debe de haberse dado cuenta porque me acerca una silla. Siéntate, me dice y yo me dejo caer sobre una silla de ruedas. Mientras todo me da vueltas, ella continúa hablando – fíjate en la expresividad. El cuadro muestra el sufrimiento de la gente de Guernica. Esta pequeña población fue víctima de toda la artillería de los bombarderos. Tal fue el ataque, que murió más de la mitad de sus habitantes. En la pintura, la figura del toro representa la fuerza bruta y la violencia de los fascistas españoles. Y ante esta, se ven a personas aterradas y sufriendo. Una madre que acarrea a su bebe muerto. Y todo esto, bajo la presencia muda de luz de la bombilla. La luz de la prensa y del resto del mundo que ve pero no hace nada ante tanta desgracia – Cuando termina el discurso soy incapaz de mover un solo músculo. A duras penas consigo mantener los párpados levantados. La señora se acerca a mí y me susurra al oído – y tú cariño, ¿también eres un jodido toro? – Me tira su copa de vino a la cara y mientras me grita empieza a golpearme en la cabeza con algo duro - ¿Vas a volver a embestirme? – es lo último que escucho antes de perder el conocimiento.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 6 meses

Diferente al anterior pero no por ello pierde el interes. Quedo a la espera.


#5

El genovés

Con el sombrero bien calado cubriéndome el rostro con su ala, camino hacia la taberna “la trucha saltadora”. No he dicho a donde voy, ni siquiera a mi mujer. A esa menos que a nadie, no tengo ganas de escuchar su habitual cacareo acerca de lo que opina sobre mis proyectos. Por eso, es imprescindible que no me reconozcan. Si esta historia es cierta, puedo ganar fortuna y fama pero si es un embuste… si es un cuento, ensartare a ese felón con mi espada. Pero tiene que ser cierto, por dios, tengo que salir de esta isla y acabar con esta vida mediocre como sea. No he venido yo a este mundo para andar de aquí para allá, transportando mercancías en barcos de otros. He nacido para grabar mi nombre en mayúsculas en el libro de la historia junto con Alejandro, Aníbal o Julio Cesar
Entro en la tasca y apenas hay tres clientes y el dueño. Sin llamar mucho la atención, me siento en una mesa del fondo. Echo un vistazo rápido y no veo al extranjero. Fui yo el que le dije de vernos aquí. Espero que no se haya perdido. Podíamos haber quedado en algún lugar solitario apartado de todo pero no termino de fiarme de este tipo. Toda esta historia podría llevarme a terminar con la bolsa vacía y el cuello rajado. Alguien entra por la puerta y es él. A pesar de haberle visto poco más de cinco minutos, su cara se me quedó grabada en la mente. No hace ni dos horas que estaba bebiendo con otros marinos, cuando se acercó a mi mesa y me pidió unos instantes para hablar. Me pareció un marinerucho desarrapado del montón pero algo en su forma de hablar me sedujo. Nos alejamos un poco, y cuando me comentó de que se trataba le rogué que guardase silencio. Aquella taberna de mala muerte estaba llena de oídos y no podía dejar que me arrebataran la oportunidad. Asique le cite en un lugar más tranquilo. Un tugurio en las afueras con apenas clientela donde pudiéramos hablar alejados de miradas curiosas. Y aquí estamos. Le hago un disimulado gesto con la mano y se sienta a mi mesa.
- Buenos días nos de dios – dice el extranjero.
- Buenos sean, ¿señor….? Me sentiría más cómodo si supiera tu nombre.
- Me puedes llamar Alonso – dice y le hace un gesto al camarero. Antes de que este venga, continúa hablando – he oído que por estas tierras hay unos pescados magníficos y no quiero desaprovechar la ocasión. Además, supongo que estaré invitado a comer y beber todo lo que quiera.
- Soy un hombre muy ocupado así que dejémonos de tonterías. Creo que tienes una información que de ser cierta me podía interesar. Y si lo es, te aseguro que podrás comer hasta reventar.
El extraño me sonríe. Cuando viene el camarero le pide solamente algo de beber.
– La información es cierta, y tan valiosa que puede cambiar nuestra fortuna para siempre. No te voy a engañar, solo estoy dispuesto a compartirla contigo porque nadie va a creer a un simple marinero como yo. Pero tú en cambio, aunque solo sea por con quien compartes la cama, tienes cierta credibilidad por esta zona y conoces a la gente adecuada. Además, por lo que he oído tienes ganas de comerte el mundo y yo puedo ponértelo en bandeja de plata – el camarero le sirve un vaso y se retira. Mientras bebe, me mira fijamente. Impaciente, le aguanto la mirada y cuando, por fin termina de beber, continúa hablando - Viendo cómo se las gastan los turcos cada día esta más difícil el transporte de especias con Asia a través del Mediterráneo. El imperio Otomano nos la tiene jurada a los reinos cristianos y no hacen más que poner en dificultades a las caravanas que atraviesan sus dominios. Y eso por no hablar de los terribles piratas. Lo que yo te traigo, es una nueva ruta evitando los peligros y de una forma más cómoda.
- Eso suena muy bien, abrir una nueva ruta comercial a través del atlántico nos haría ricos pero ¿cómo es que un vulgar tipejo como tú tiene tal información que nadie más conoce?
- Dios siempre ha sido bueno conmigo. Esta información me la trasmitió un marinero hace apenas unos días, justo antes de morir. Por casualidad, me encontré los restos de su barco y a él como único superviviente. Según me contó, era de la tripulación de un barco que se dirigía a las Canarias desde Madeira. Un viaje sencillo, en principio. Pero se vieron sorprendidos por una terrible tormenta que les arrastró hasta sabes dios donde. Estuvieron a la deriva semanas. Y cuando estaban a punto de morir de hambre, llegaron a tierra. Pero era un territorio ignoto. Al desembarcar se encontraron con unos hombrecillos imberbes en taparrabos que no hablaban ninguna lengua conocida. Por lo que llegaron a la conclusión de que esas tierras tenían que ser las indias. Estuvieron unos días en el lugar para abastecerse y reparar la embarcación. Y según me confesó, no perdieron el tiempo con las lugareñas. Los marineros se pasaban prácticamente todo el día refocilándose con las indias que, según es costumbre por esa tierra bárbara, iban prácticamente desnudas y tenían menos reticencias que las cristianas al ayunte. A este infeliz, apenas le dio tiempo de detallarme la ruta que habían trazado al volver y a la distancia que estaban estas tierras, antes de expirar.
Tras esto se quedo en silencio y volvió a beber.
- ¡Habla, por dios! No te calles ahora, continua.
- Antes de nada, necesito alguna seguridad de que esta información nos reportara parejos beneficios. Y no es por dudar, pero no me fio ni un pelo de la gente poderosa.
- Tienes mi palabra de caballero. Y en cuanto me muestres los mapas donde se detalle la ruta, iremos a mi casa y te firmare un documento haciéndonos socios.
Dicho esto, puso sobre la mesa un pergamino. Ansioso lo desplegué y ante mí se abrió un dibujo del océano Atlántico.
- La ruta a seguir es esta – me fue señalando con el dedo y dándome detalles – Según me dijo el anciano se debería llegar en menos de dos meses teniendo el tiempo de cara.
Si lo que me está contando este miserable es cierto, ante mí se abre la oportunidad que tanto tiempo he esperado. Por fin podre dejar de arrastrarme ante la arpía de mi mujer. Siempre menoscabando mis proyectos, comparándome con su padre. Por fin el nombre de Colon se grabara en la historia. Haré que cuatro malnacidos se mueran de envidia. Pero aun hay varios cabos sueltos. Si sale a la luz la historia del anciano, le quitara gloria a mi hazaña. Tengo que ser el primer hombre en llegar a las indias… Nadie se acordara del segundo barco que llegó. Tendré que inventarme otra historia para dar credibilidad a mi proyecto. Quizás podría falsificar los datos de algún libro antiguo y errar a la hora de medir la distancia de la tierra. O fingir una revelación divina… aun tengo que pensar en este asunto. Pero todo lo podía desbaratar este patán. Ante mí, bebiendo vino, se halla otro cabo suelto. Y bien grande. No me puedo fiar de que mantenga la boca cerrada. De alguna forma tengo que quitármelo de en medio, lo tengo claro. Es el único obstáculo entre la gloria y yo. Cuando por fin acaba su bebida le invito a ir hasta mi despacho para que firmemos el acuerdo. Al salir del bar me toco el costado donde esta mi daga. Como dijo Alejandro: la mejor forma de acabar con un nudo en un cabo, es cortarlo por lo sano.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 49
hace 5 meses

Jajaja, cuando lo que te cuentan en los libros de texto es más cuento que el de Caperucita. Me reí mucho @Kobbe .

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 5 meses

Bueno, lo mio tampoco es 100% verídico, pero pudo ser así :)


#6

Réquiem

TOC TOC
Oigo como alguien llama a la puerta de mi despacho. No contesto, he dado orden expresa de que no se me moleste. Debo terminar esta maldita obra como sea. Ahora mismo además de esta opera tengo a medio terminar un concierto para clarinete, bosquejadas un par de canciones y le hice la promesa a Emanuel de ensayar la flauta mágica antes del estreno.
TOC TOC
Vuelven a llamar y antes de que pueda mandarla al averno, mi mujer irrumpe por la puerta.
-Ya sé que dijiste que no fueras molestado mientras trabajas en tu música pero hay un caballero en la puerta que dice que quiere verte.
- ¿Pero es que aquí nadie me hace caso? – le digo alzando la voz. Con estas continuas interrupciones es imposible trabajar. Parece que el mundo entero conspira para que no pueda llevar a cabo mis proyectos. Es desesperante, como llenar una bañera con un dedal. Trabajo incansablemente pero me abruma la inmensa pared de cosas que tengo en mente hacer. Por cada tarea que finalizo me surgen tres ideas nuevas. No tengo tiempo, y menos aun con estas interrupciones – ¿Qué clase de caballero molesta a otro en su casa a estas horas de la noche? No me contestes Constanze, lo sé. Uno que no es tal cosa, claro está. Dile a ese insolente que se marche.
- Le dije que estabas ocupado y que no recibirías a nadie. Pero él se limito a clavar en mi sus ojos. Unos ojos negros que me helaron la sangre, por cierto. Educadamente insistió y dijo que era de máxima gravedad.
- ¿Y no te dije que a este tipo de pesados les amenazaras con obsequiarles con un trabucazo?
- Y así lo hice, a pesar del pavor que tenía. Pero el desconocido se rió y volvió a insistir. Me dijo que te enseñara esta moneda –
Mi mujer alarga su mano y me la muestra. Pero antes incluso de verla yo ya conozco de qué se trata. La escuadra y el compas confirman mis sospechas – dile que suba.
Me levanto de la silla y miro a través de ventana, veo un carruaje negro con dos enormes caballos a juego. No entiendo de qué se puede tratar pero me inquieta. Antes de que suba el extraño, recojo todos mis papeles y los meto en el cajón de mi escritorio. No sería el primero que mediante artimañas intenta copiarme una obra con la excusa de ser un amante de mi música. Me coloco frente al espejo y me atuso los cabellos. Mientras me ajusto la camisa siento algo detrás de mí, como una corriente de aire. Me giro y veo como un hombre aparece en la habitación y, a pesar de ser más bien de estatura corta, la llena con su presencia. No veo a mi mujer y me extraña que no le haya acompañado hasta mi despacho.
- Solo le he recibido por deferencia a un compañero francmasón- le digo directamente sin ningún tipo de presentación ni de formalidad. Quiero dejar claro que pese a claudicar en lo de recibirle, no lo hago de buena gana. Intento parecer seguro, pero la verdad que el hombre que tengo ante mí es de los que empequeñecen al resto. Viste un traje de terciopelo negro sobre una elegante camisa blanca. El pelo negro peinado hacia atrás de forma estrafalaria. Y su piel de un blanco similar a las teclas de un piano que nunca ha sido tocado. Se podía decir que todo en él es en blanco y negro. Lleva su mano izquierda metida en un bolsillo interior de su chaqueta y la derecha apoyada en un bastón. Este tiene en su empuñadura un extraño símbolo tallado en algún tipo de cristal ámbar. Es un espeluznante monstruo cornudo con las fauces abiertas.
- Querido Amadeus… ¿puedo llamarle así? Me veo incapaz de pronunciar lo de Wolfan –antes de que pueda poner una objeción a su falta de formalidad y cortesía por tutearme, continúa hablando. Lo hace con un extraño acento que, a pesar de que he viajado a todos los países importantes, no consigo identificar. Habla arrastrando las eses, añadiendo musicalidad a su voz – lo que le traigo es una propuesta que sin duda le resultara atractiva. Pero antes de nada ¿Dónde queda mi educación? Me presentare. Soy el señor Divell y represento los intereses de… alguien muy importante en nuestra sociedad. Mi cliente me ha pedido encarecidamente que guarde su identidad en el más absoluto anonimato. Según me ha informado, tiene la certeza de que pronto morirá y antes de que esto ocurra tiene un deseo. Este caballero es una amante de su música y le propone a usted que cree el más grande réquiem jamás imaginado. Una obra que sea recordada cientos de años después, haciendo que el nombre de su creador jamás sea olvidado.
- Agradezco mucho el interés pero… – intento excusarme pero antes de que acabe me hace un gesto con la mano y se mete la mano en la chaqueta. Saca una bolsa y la coloca sobre la mesa. Curioso, me acerco hasta ella y la abro. Dentro hay más dinero del que cobré el año pasado por toda mi obra. Le miro a la cara dudando. Quizás si aplazase… pero no, hay algo de todo esto que me da mala espina e intento ganar tiempo – Me apena mucho oír sobre la mala salud de su socio pero ahora mismo me sería imposible aceptar este encargo, quizá dentro de unos meses…
Creo que no me has entendido bien… - me dice con una sonrisa en su boca - Dentro de unos meses será tarde – me contesta alzando la voz. Da un paso hacia mí y golpea el suelo de madera con su bastón - Si no acaba esta obra antes de que acabe el año se arrepentirá. Supongo que conocerá a Tartini, pues se podía decir que el que haya oído hablar de él es gracias a un encargo similar a este. Y no es necesario hablar sobre su éxito, el mayor virtuoso del violín que ha habido nunca. Lo que le ofrezco es dinero, fama y sobre todo gloria eterna si cumple con su parte del trato.
El dinero y su palabrería me están tentando. Tiene una forma de hablar muy seductora. Cuanto más habla más me hipnotiza con su cadencia, coloca las palabras de forma armoniosa. Quizás podría decir que sí. Y hacer lo habitual, aceptar la oferta y cobrar el anticipo para después alargar los plazos. Lo que siempre decía mi abuelo cuando llegaba el cobrador de impuestos, hacer bailar al diablo al son de tu música.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 5 meses

Añadido: Mozart comenzó a trabajar en este réquiem inmediatamente pero con el tiempo, debido a su carácter y al volumen de trabajo no consiguió terminarlo antes de que le sorprendiera la muerte pocos meses después. A pesar de que fue terminada por otro artista siguiendo las directrices de Mozart, se considera una autentica obra maestra de la música. Un réquiem es una música que se creaba para las misas de difuntos y hay gente que considera que fue el mismo diablo el que, ante la perspectiva de una muerte próxima, le hizo el encargo.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 49
hace 5 días

Detecto un tono muy diferente al que sueles usar, en este texto. Y me ha gustado muchísimo.
*"...he dado orden expresa de que se me moleste". Aunque me hizo mucha gracia la frase, supongo que te comiste un "no".


#7

Pripiat II

Ucrania, en la actualidad.

Mientras conduzco, voy dándole vueltas a la conversación con mi padre. No puedo entender que sea tan benévolo con toda esta situación. Precisamente él que lo vivio todo de primera mano. En mi cabeza resuenan sus palabras “no seas demasiado duro en tu reportaje, ya han pasado 30 años y las cosas han cambiado mucho. Tu ves el accidente con los ojos de hoy. No entiendes la situación política de entonces…”
Desde el periódico también me han dicho que le dé un enfoque positivo: la recuperación económica de la zona, la vuelta progresiva de desplazados, el nuevo sarcófago que garantiza la seguridad por unos cien años…Y para vender esta imagen idílica tengo que ir hasta la zona cero del accidente de Chernóbil. Y una vez en el lugar, hablar con la gente de allí sobre lo buena que es su vida y hacer fotos a algún ciervo.
La verdad que la zona es impresionante.
He quedado con un tipo que me hará de guía. Ya que, aunque la seguridad está “garantizada”, aun mantienen restringido el acceso. El hombre se dedica a controlar la fauna de la zona y a que la de fuera no haga nada inapropiado.
Al llegar al lugar aparco y bajo del coche. Me sale a recibir un hombre fuerte a pesar de que debe de tener unos setenta años. Tras las oportunas presentaciones me explica que él sería encargado de enseñarme la zona. Con una sonrisa, me dice que va armado. No sé si como amenaza o para tranquilizarme. El tío comienza a andar por un camino de tierra. A los pocos metros se gira hacia mí y me dice:
-Andando es mejor. Esto no es la ciudad, aquí el aire es puro – y comienza a reír.
Andamos un poco y para romper el hielo antes de hacer las preguntas pautadas sobre la zona, hago que hable un poco sobre él.
- ¿Y cómo conseguiste este trabajo? – se queda en silencio, como si estuviera sopesando qué respuesta darme.
- Nos ofrecieron el puesto a los liquidadores del Chernóbil. – al oír eso no me lo puedo creer. El animal periodístico que llevo dentro se despierta. Un montón de preguntas se amontonan en mi cabeza. – Sí, no pongas esa cara. Supongo que lo hacen como un gesto simbólico. Es su forma de cerrar el círculo, como me dijo uno de los políticos que vino a inaugurar una placa preciosa.
- Parece un buen trabajo, entre tantos ha sido una suerte que te hayan elegido a ti
- Bueno…- me dice con una sonrisa sarcástica en su cara. - No te creas que quedaban muchos que puedan hacer el trabajo. La mitad están muertos y la otra mitad demasiado viejos o demasiado borrachos para levantar el culo de la silla.
- ¿Y tu como te encuentras? ¿Te ha afectado de alguna forma la radiación?
- Bueno, tengo 53 años y aun puedo cumplir bien con mi mujer. No me puedo quejar. Se ha caído la mayoría del pelo y por las mañanas con el frio me cuesta arrancar. Además, cada día me duele una cosa nueva, pero me gusta pensar que es por la edad y no por la radiación
- Si no es indiscreción… ¿cómo fue aquello?
- Entonces tenía 23 años y estaba en el ejército. Sin dar muchas explicaciones, en el ejército nunca las dan, nos dijeron que teníamos que ir hasta la central de Chernóbil. Una vez allí, vimos todo el panorama y, sin saber mucho del tema, nos dimos cuenta de que pintaba bastante mal. Nos dijeron que el reactor había explotado y debido a esto, muchos fragmentos peligrosos se habían esparcido por la zona. Era de máxima prioridad que todo este material fuese volver a meter todo en el interior del reactor. Su gran idea era devolver todo a su sitio y luego taparlo con un sarcófago gigante. La vieja técnica de esconder el polvo debajo de la alfombra.
- Me imagino que trabajaríais en unas condiciones peligrosísimas
- Ni entonces ni ahora se ha dicho la verdad sobre aquello. Se dijo que apenas se había liberado material a la atmósfera pero, los que estuvimos allí sabíamos que no era así. Hoy en día grabas un video con el móvil y, al segundo, lo ven al otro lado del mundo, pero entonces todo era más hermético. Para que te hagas una idea, lo de la explosión no se hizo público hasta que en una central nuclear sueca no empezaron a notar que sus trabajadores tenían radioactividad en su ropa. ¡En Suecia! Y tardaron dos días. Nuestro trabajo consistía en cargar bloques de material contaminado de unos 40 kilos hasta el interior del reactor. Teníamos que trabajar con un traje protector que pesaba 30 kilos, era tanto el esfuerzo que solo hacíamos turnos de 3 minutos antes de ser relevados. El aire en la zona era tan contaminado que después de cada turno tenía tal sed que era capaz de beber un litro de agua seguido. Estuvimos casi un año desplazados allí y fue durísimo. Por las noches, a pesar de llegar agotados a la cama, me costaba descansar. Dormíamos todos juntos en barracones y, de estar todo el día respirando ese ambiente, teníamos la garganta tan irritada que no parábamos de toser toda la noche.
- ¿Y en ningún momento os planteasteis que fuera peligroso?
- No sé muy bien a qué te refieres, nos decían que hiciéramos algo y lo hacíamos. Claro que sabíamos que aquello tenía su riesgo, pero un buen soldado no hace preguntas, cumple órdenes. Nos explicaron que si no conseguíamos contener la fuga de radiactividad la situación podía ponerse complicada para prácticamente todo el continente.
- No te lo creerás pero mi padre también estuvo presente en el accidente.
- ¿Y a qué puesto estaba destinado? ¿Era militar o civil?
- Era ingeniero – al decir esto noto como su cara cambia. –Precisamente ese era su primer día en la central. – Me excuso. A pesar de mi aclaración no termina de convencerle, supongo que desde aquel día no tendrá en gran estima a los ingenieros que casi acaban con todo su mundo. Decido cambiar de tema – ¿Y cómo afectó todo esto a la naturaleza?
- Después de la explosión se creó una zona de contención de unos 30 kilómetros a donde no se podía acceder. En un primer momento esta contaminación afectó a la flora y la fauna de por aquí. Por ejemplo, fue tanto el impacto, que los pinos que rodeaban a la central se volvieron rojos al absorber tanta radiación. Pero pasado un tiempo, con los años se ha ido recuperando. De hecho, esto es prácticamente una reserva natural, sin apenas acción del hombre, los animales viven en libertad. Ahora mismo hay más población animal que antes del incidente. Como curiosidad te puedo contar que una raza de caballos, prácticamente extinta, se está recuperando en torno a Chernóbil.
Mientras escucho esto y miro al cielo azul, me da por pensar. En tan solo treinta años la naturaleza se ha recuperado del accidente. Sería un gran titular para el reportaje: El ser humano es más perjudicial para el medio ambiente que un desastre nuclear.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 5 días

Esta es la continuación de un relato anterior que se habia quedado sin publicar

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 4 días

@IndigoDolphins_73 eso intentaba explicar en el comentario, es la segunda parte de otro relato que no se porqué no había publicado