LaBoheme1987
Rango6 Nivel 29 (1299 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Waldo es un joven aspirante a violinista pobre y sin talento que trata de sobrevivir tocando en las plazas de su ciudad a cambio de unas míseras monedas. Cuando comienza a resignarse a vivir en el fracaso, conoce a un gato que tiene un talento extraordinario para tocar el violín y le pide que le ayude a ganar dinero; el gato acepta, pero le impone varias condiciones que Waldo no está dispuesto a cumplir y su falta de palabra le ocasionará graves problemas.

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#2

Capítulo I
Hace ya algunos años vivió en una hermosa ciudad costera un joven huérfano, esmirriado y desgarbado llamado Oswaldo a quien todos conocían simplemente por el mote de "Waldo". Waldo era muy pobre y los paupérrimos ingresos que obtenía en el puerto descargando cajas de mercancía que procedían de diversas partes del mundo apenas le alcanzaban lo suficiente para pagar el alquiler de una pequeña y mohosa buhardilla, la cual era extremadamente calurosa en el verano y condenadamente fría durante el invierno, ubicada en uno de los antiguos edificios del centro a donde únicamente llegaba a dormir hasta bien entrada la noche cuando terminaba con su pesada y agotadora jornada de trabajo.
Cada domingo, que era su único día de descanso, se sentaba en una de las bancas de la plaza principal a tocar su violín, el único objeto valioso que poseía y que había heredado de su difunto abuelo quien en vida había sido un afamado concertista, para así ganar un poco más de dinero. Sin embargo, Waldo no había heredado ni una pizca del talento de su abuelo, sino todo lo contrario, era un completo desastre como músico. El ingenuo muchacho pensaba que su torpeza para interpretar el violín se debía a su falta de práctica y no a su evidente ausencia de habilidad musical.
A pesar de su pésima forma de tocar, nunca faltaban las personas que se compadecían de su miseria y le depositaban unas insignificantes monedas dentro de su sombrero viejo y remendado, lo cual él siempre agradecía enormemente.
Tal parecía que la suerte de Waldo no iba a cambiar nunca, y si lo hacía, seguramente sería para empeorar.
Como cada otoño, las aguas llegaron y no paró de llover en toda la ciudad durante varias semanas. Muy poca gente se paseaba por la plaza y el escaso dinero que el joven llegaba a recibir se redujo a casi nada.
Uno de esos días que resultó ser aún más lluvioso, frío y triste que los demás, no logró recolectar ni una miserable moneda; a nadie le apetecía salir a pasear con el mal tiempo. En cuanto oscureció, Waldo emprendió el camino de regreso a su edificio cruzando las calles adoquinadas enfundado en su desgastado impermeable de un horrendo tono amarillo chillón saltando los numerosos charcos con sus botas negras de plástico para evitar que la lluvia lo empapara hasta los huesos y pescara un resfriado.
Waldo iba maldiciendo su suerte para sus adentros, cuando una suave melodía de violín, interrumpió bruscamente sus pensamientos. Alguien tocaba con maestría y profundo sentimiento una pieza melancólica y exquisita que el chico nunca antes había escuchado y decidió averiguar su procedencia.
Corrió por las calles, doblando a diestra y siniestra, guiándose por el sonido de la música que cada vez se escuchaba más claro y fuerte, lo cual le indicaba que estaba muy cerca de encontrar al prodigioso intérprete. Siguió andando hasta que la melodía lo condujo hacia un estrecho y oscuro callejón sin salida.

NestorAparicio
Rango4 Nivel 16
hace 3 meses

Ya me dio curiosidad por saber lo que le espera al pobre Waldo.

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 3 meses

Estupendo cuento!!! Doy like y te sigo. 😁👌

enamoradadelaluna
Rango12 Nivel 59
hace alrededor de 2 meses

Me gusta, me gusta la historia. Sigo leyendo.
Consejito: divide un poco el segundo párrafo con puntos. Queda demasiado extenso.


#3

Capítulo II
Menuda sorpresa se llevó Waldo al descubrir que aquel virtuoso violinista que había estado buscando desesperadamente no era nada más que un gato flacucho de color negro con el hocico y las patas blancas que vestía un viejo esmoquin de cola de pato y llevaba un sombrero de copa roto de la parte de arriba como una vieja lata de conservas. El felino se encontraba sentado sobre un desvencijado y apolillado barril con los ojos entrecerrados sosteniendo entre sus patas delanteras un pequeño violín al que conseguía arrancar las notas más sublimes y armoniosas.
El muchacho se aproximó lentamente para observar de cerca al gato, pero como el callejón estaba tan oscuro, no reparó en que se encaminaba directo a un bote que estaba a rebosar de basura maloliente y chocó contra él provocando un gran estruendo que asustó al singular músico el cual dejó de tocar y bajó de su barril dando un gran salto presto para huir lo más rápido que le dieran sus ágiles patas.
— ¡Espera! ¡No te vayas! — le suplicó Waldo tratando de levantarse del suelo y sacudiéndose de encima una cáscara de plátano y un esqueleto de pescado que ya apestaba a podredumbre. — Nunca antes había escuchado a un gato tocar el violín como lo haces tú. Bueno, la verdad es que nunca antes había conocido a un gato violinista.
El gato detuvo su carrera y dio media vuelta para mirar a su interlocutor de frente, y para sorpresa de éste, se acercó y le respondió. — Tienes razón muchacho, un felino que tiene la extraña afición de tocar el violín no es algo que se encuentre todos los días.
— No, claro que no ¿y sabes? — le dijo Waldo. — Yo también soy violinista, toco todos los domingos en la plaza principal, aunque no soy tan bueno como lo era mi abuelo.
— No te aflijas por eso, jovencito — replicó el gato tratando de animarlo. — Todo es cuestión de tener habilidad y ponerla en práctica.
— Ya lo sé, pero es que trabajo todo el día en el puerto para ganar un raquítico salario que apenas me da para malvivir y rara vez dispongo de tiempo libre para perfeccionar mi talento.
— Me apena mucho oír eso — se lamentó el minino. — Si yo pudiera echarte una mano, o más bien una pata, para mejorar tu situación, con gusto lo haría.
A Waldo se le iluminaron los ojos de emoción al escuchar eso y una idea comenzó a brotar en su cabeza. — ¿Sabes? Creo que existe una forma en que puedes ayudarme.
— Muy bien muchacho, dime ¿de qué se trata?
— Estaba pensando, esto... se me había ocurrido que quizá... — titubeó el chico al tratar de explicarse — ...que quizá tú podrías enseñarme a tocar.
El gato meditó aquella propuesta durante unos segundos que a Waldo le parecieron eternos. — Si quieres que sea tu maestro particular de música tendría que exigirte un salario, y tú no tienes suficiente dinero para pagármelo. Pero no te preocupes por eso, te daré unas buenas lecciones de violín a cambio de dos condiciones que no tendrás problema en cumplir.
— ¡Soy todo oídos! — replicó Waldo frotándose las manos con gran regocijo. — Te prometo que cumpliré al pie de la letra cada una de las condiciones que me pidas.
— La primera de ellas es que quiero que me des alojamiento en tu vivienda, este barril en el que vivo es viejísimo y cuando llueve se cuela toda el agua y no me vendría mal tener un mejor techo donde dormir; y la segunda condición es que compartas conmigo una cuarta parte de tus alimentos ¿Estás de acuerdo?
— Bueno, mi buhardilla no es la gran cosa ni mi comida tampoco, sin embargo creo que las condiciones que me pides son justas. Vendrás a vivir conmigo pues, y cuando vuelva a casa por las noches me ayudarás a practicar con el violín.
— Entonces ¿trato hecho? — preguntó el gato extendiendo su pata derecha para que el joven la estrechara entre su mano.
— ¡Trato hecho! — respondió Waldo tomándole la pata.
— Por cierto, todavía no nos hemos presentado formalmente. Mi nombre es Wenceslao ¿y tú cómo te llamas?
— Oswaldo, pero todos me dicen Waldo.
— Muy bien Waldo, ahora ¡Llévame a mi nuevo hogar, por favor!
El felino y el muchacho emprendieron el camino a casa, y éste último se regodeaba para sus adentros pensando en que al fin, después de haber pasado por tantas penurias, la suerte le sonreía.

Hiarbas
Rango10 Nivel 49
hace 2 meses

Muy buen relato, con un aire exquisito a fabula, me ha enganchado y quedo pendiente de lo que escribas @LaBoheme1987

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 2 meses

Este es uno de los pocos cuentos que me atrapan y gustan. Sigo en la lectura.


#4

Capítulo III
Al día siguiente, Waldo caminó de regreso a su edificio con una enorme sonrisa de oreja a oreja a pesar de que había tenido una jornada de trabajo más pesada que de costumbre. Como aquel era el último lunes del mes, y por lo tanto era el día en que recibía su paga mensual, pasó por la tienda de comestibles y compró cuatro latas de sardinas y una gran botella de jugo de manzana para compartir con su nuevo compañero de cuarto.
Wenceslao lo estaba esperando con ansias, a pesar de que se había zampado un par de ratones que vivían en uno de los agujeros de la pared de la buhardilla, éstos no habían logrado satisfacer su hambre en absoluto pues estaban muy flacos porque en ese lugar no encontraban suficiente comida como para engordar. En cuanto Waldo llegó, le abrió su correspondiente lata de sardinas y le convidó la mitad del jugo de manzana, y cuando quedaron los dos satisfechos, se dispusieron a empezar con las lecciones de música.
El gato trataba de enseñarle al chico lo mejor que podía, pero él no consiguió mejorar en nada, sus notas seguían siendo tan chirriantes como siempre. A pesar de eso, no quiso darse por vencido y siguió practicando hasta muy entrada la madrugada hasta que se dejó vencer por el cansancio.
Los siguientes días transcurrieron igual: Waldo volvía del trabajo con comida y bebida para los dos, y al terminar la cena, se sentaban en el alféizar de la ventana para practicar con el violín. Wenceslao se desgañitaba enseñándole a Waldo con suma paciencia y él seguía sin hacer ningún progreso, por el contrario, parecía que sus notas eran cada vez más y más desafinadas.
Para el viernes, a Waldo le quedaba tan poco dinero que únicamente le bastaba para comprar una lata de sardinas y medio litro de jugo, si su situación económica seguía así no podría mantener el trato que había hecho con el gato. El sábado por la noche, dando vueltas sobre su incómodo catre mientras trataba inútilmente de conciliar el sueño, su mente se iluminó e ideó un plan que podría sacarlo de su apuro.
El domingo, Waldo se levantó muy temprano por la mañana y se alistó para ir a la plaza como de costumbre. Wenceslao lo observaba con una mirada confusa. — ¿Vas a salir a tocar? ¿No crees que deberías esperar un poco hasta que logres perfeccionar lo que has aprendido? — le preguntó sutilmente para no ofenderlo, porque a esas alturas él ya se había dado cuenta que el chico era un caso perdido y no había nacido para ser violinista.
— No me queda otra opción, el dinero escasea y no lograremos llegar a fin de mes — respondió Waldo fingiendo una preocupación que en realidad no tenía ya que estaba muy seguro del éxito de su plan. — Además, mañana vendrá el casero a cobrar el alquiler y si no le entrego su paga nos echará a los dos a la calle sin ninguna contemplación.
— Eso no suena nada bien — dijo Wenceslao meneando tristemente la cabeza.
— Claro que no, es por eso que tengo que ir a la plaza, aunque no creo que logre juntar suficientes monedas para sufragar todos los gastos ¡Oh! ¡Si no fuera tan patoso con el violín otra cosa sería!
— No te desesperes, muchacho — replicó el felino para tratar de darle ánimos. — Debe haber alguna manera en que podamos salir de ésta.
Waldo sonrió disimuladamente, pues sus palabras habían surtido el efecto deseado. — Bueno, he estado pensando en algo... pero no creo que sea una buena idea...
— ¿Qué? ¿Qué es? — inquirió Wenceslao muerto de la curiosidad. — ¡Vamos, explícamelo!
— Olvídalo... es una mala idea, te lo digo en serio.
— Y yo te digo en serio que quiero saberla.
— Está bien, si insistes... — respondió el chico encogiéndose de hombros. — Había pensado en que podríamos ir los dos juntos a la plaza, tú tocas el violín tan maravillosamente bien que con toda seguridad la gente nos dará muchísimas monedas.
— Hmm... Pues no es tan mala tu idea.
— Claro, pero hay un pequeño inconveniente...
— ¿Cuál?
— Que la mayoría de la gente no está acostumbrada a escuchar gatos violinistas, y si te vieran tocando, lo más probable es que se asustarían.
— No había pensado en eso — comentó Wenceslao un tanto desilusionado.
— Pero creo que he dado con la solución... — agregó Waldo muy seguro de sí mismo.
— ¿Y cuál es esa solución? ¡Anda, déjate de misterios!
— La solución es que yo simule tocar mi violín mientras tú te escondes en un rincón donde nadie pueda ver que eres el verdadero intérprete.
Wenceslao se quedó callado mientras analizaba detenidamente aquella cuestión. — Creo que ya lo pillo: lo que quieres es que la gente crea que tú eres quien está tocando y no un gato, de ese modo en vez de salir corriendo y desmayarse por el susto se acercarán y nos dejarán dinero.
— ¡Gato listo!
— Pues bien, creo que tu idea puede dar resultado por esta vez. Sin embargo, esto amerita que te ponga una tercera y última condición.
— Ya sabes que soy todo oídos.
— Te ayudaré con la nueva condición de que me des la mitad de las ganancias que logres juntar al finalizar el día ¿te parece justo?
— ¡Me parece justo!
Una vez cerrado el nuevo trato, Waldo y Wenceslao se encaminaron a la plaza con la esperanza de que aquel astuto plan diera resultados positivos.

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace 2 meses

La estas llebando muy bien. Felicidades. Espero continuacion.

Hiarbas
Rango10 Nivel 49
hace 2 meses

Donde no hay no se puede sacar y el pobre Waldo es mas truhan que violinista. Va perfecto el cuento, quedo impaciente a la espera @LaBoheme1987.

Odin_Figueiras
Rango5 Nivel 20
hace 2 meses

La curiosidad siempre metiendo en líos a los bebés gaticos miau miau. :3


#5

Capítulo IV
Aunque afuera seguía soplando viento frío y el cielo estaba nublado al menos la lluvia había dado una pequeña tregua, y con toda seguridad, la gente se animaría a salir y dar una vuelta por la plaza principal. Waldo y Wenceslao se apostaron en la banca donde el chico solía sentarse a tocar, el gato se ocultó detrás de un gran buzón de correspondencia donde nadie pudiera verlo; Waldo sacó su violín de su estuche y se preparó para la simulación que tendría lugar a continuación, levantó un pulgar en dirección a Wenceslao para hacerle saber que estaba preparado para comenzar.
El felino eligió como primera pieza una melodía suave y alegre que él mismo había compuesto hacía poco tiempo atrás y que al oírla hacía pensar en hermosos campos floridos en primavera. La gente que pasaba por ahí se detenía completamente cautivada por aquel armonioso sonido, Waldo sonrió complacido al escucharlos murmurar entre sí.
— ¡Oh, pero qué hermosa melodía!
— ¡Es divina, sencillamente sensacional!
— ¡Nunca antes había escuchado algo tan hermoso!
— El intérprete es todo un prodigio, sin duda alguna.
Y cuando algunas personas que solían frecuentar la plaza los domingos se percataron de que era Waldo quien creían que estaba tocando, las murmuraciones fueron en aumento.
— Oye ¿pero que no es ese el joven que hasta hace poco tiempo tocaba terriblemente mal?
— ¡Sí, es él! ¿Quién lo diría?
— Al parecer si heredó el talento de su difunto abuelo.
Las monedas comenzaron a caer a raudales dentro del viejo y remendado sombrero del muchacho, y en menos de media hora, logró reunir el dinero suficiente para pagar el alquiler de ese mes y la comida de una semana entera. Waldo se sentía tan satisfecho por el resultado de su treta y por los halagos inmerecidos que la gente le hacía que ni siquiera tuvo el más mínimo remordimiento de conciencia por robarse un mérito que no era suyo.
Para el mediodía habían logrado juntar tantas monedas que ya no cabían dentro del sombrero y Waldo decidió que volverían a casa para disfrutar de una buena comida después de tocar una última pieza, un vals lento que Wenceslao había titulado "Festival Otoñal." Mientras Waldo simulaba tocar aquella sentimental melodía, se acercó a escuchar un señor calvo y con bigote que iba vestido con elegancia a quien el joven reconoció inmediatamente como uno de los ricos comerciantes que solían comprar mercancía en el puerto donde él trabajaba.
El hombre se abrió paso entre la multitud que se había aglomerado en torno al falso músico, y cuando la pieza terminó de sonar, aplaudió con más entusiasmo que los demás. Waldo agradeció al público con una reverencia, acomodó el violín en su estuche y antes de que pudiera abandonar la plaza, el comerciante lo detuvo tomándolo por el brazo derecho.
— ¡Aguarda un minuto, jovencito! Necesito hablar un momento contigo.
— Claro, dígame ¿en qué puedo servirle, señor? — respondió Waldo un poco intimidado por el hecho de que un hombre importante se dirigiera a él.
— Me ha impresionado mucho tu manera de tocar ¿Sabes? ¡Eres realmente un virtuoso del violín!
El muchacho se sonrojó al recibir semejante cumplido inmerecido. — ¡Muchísimas gracias, señor! Me alegra saber que le gustó mi interpretación.
— Así es, me ha gustado tanto que quisiera hacerte una proposición.
Waldo abrió los ojos como platos al escuchar eso. — Pues usted dirá.
— El próximo fin de semana es el cumpleaños de mi hija Wilma y la orquesta que había contratado para animar la fiesta me acaba de cancelar el compromiso y necesito encontrar un músico suplente con urgencia, dime muchacho ¿estarías interesado en tocar? Te prometo que te pagaré muy bien por tu servicio.
— Eh... bueno, yo... — balbuceó el chico pensando en si debía aceptar la propuesta que acababa de recibir que sin duda alguna era muy tentadora; el único problema era que necesitaría de nuevo la ayuda de Wenceslao y no estaba seguro de que el gato quisiera colaborar otra vez, pero de todos modos aceptó. — ¡Por supuesto que sí! ¡Cuente conmigo!
— ¡Gracias, muchas gracias, muchacho! — replicó el comerciante estrechando la escuálida mano de Waldo con mucha fuerza. — El sábado a las cuatro de la tarde te espero en mi mansión, aquí te dejo mi tarjeta con la dirección ¡Por favor, no me falles!
Cuando el hombre se alejó, Wenceslao salió de su escondite para poder hablar con Waldo mientras emprendían el camino de regreso a la buhardilla a través de calles poco transitadas donde nadie pudiera verlos. — ¡Pero chico! ¿En qué lío te acabas te acabas de meter? ¡Tú no sabes tocar, harás un terrible papelón en esa fiesta!
— No te preocupes, ya verás que con tu ayuda todo saldrá a pedir de boca.
— ¡Ah no! ¡Olvídalo! — replicó Wenceslao cruzando las patas delanteras sobre su pecho. — ¡No pienso echarte una mano, quiero decir, una pata en esta ocasión! Tendrás que arreglártelas tú solo!
— ¡Por favor, ayúdame! — le suplicó Waldo. — Te prometo que te daré la mitad de la paga que reciba ¿o es que acaso no he estado cumpliendo con tus condiciones?
El gato suspiró resignado. — Está bien, has ganado de nuevo ¡Pero más te vale que sea la última vez que te saco de un apuro!
Waldo asintió con la cabeza aunque en realidad no le importaba nada, su mente se encontraba ocupada pensando en lo que haría con todo el dinero que obtendría gracias a la ingenua y buena voluntad del pobre Wenceslao.

Odin_Figueiras
Rango5 Nivel 20
hace 2 meses

Exquisita obra literaria!! Me ha fascinado exorbitantemente. Quiero saber más de esta historia. Te sigo!

Hiarbas
Rango10 Nivel 49
hace 2 meses

Sigo malpensando de Waldo y sintiendo lastima por Wenceslao. El relato impecable, con ese aire a fabula y la sutileza de tu forma de escribir @LaBoheme1987.

Rosalia_Pombo
Rango8 Nivel 37
hace 2 meses

Me llama la atención que todos los nombres empiecen por "W" jajaja, es curioso. Fascinante relato, sigue así.


#6

Capítulo V
En cuanto Waldo terminó de zamparse la exquisita comida que había conseguido gracias a su bien elaborada treta, repartió las monedas entre él y Wenceslao a partes iguales como lo había prometido y se dirigió al centro de la ciudad a buscar una indumentaria adecuada para poder presentarse el sábado en la mansión del comerciante.
Anduvo recorriendo varios negocios y al final se compró un frac de segunda mano con sombrero de copa y guantes incluidos, también dio un paseo por las zapaterías y consiguió un par de zapatos decentes de charol. De su compañero felino, en cambio, no se acordó ni siquiera para comprarle un sombrero que al menos no estuviera roto.
Caminando de vuelta a la buhardilla, Waldo iba pensando en cómo podría ocultar al gato en la fiesta mientras él fingía tocar el violín, hasta que le salió al paso una tienda de antigüedades donde tenían en exhibición un gran biombo traído desde el lejano Oriente que súbitamente llamó la atención del muchacho. Entró al local, preguntó por el precio, que era un poco elevado, pero no le importó ya que había logrado juntar el dinero suficiente en la plaza para poder comprarlo, y se lo llevó.
Aquella semana pasó tan rápido, que cuando menos lo esperaron, había llegado el sábado. Waldo se arregló y lo preparó todo desde muy temprano, y la hora en que el comerciante lo había citado, llegó a la lujosa mansión donde toda la servidumbre andaba por los jardines para arriba y para abajo completamente atareados, algunos colocaban arreglos florales en las mesas mientras otros preparaban enormes bandejas con canapés y copas de vino blanco.
El mayordomo condujo a Waldo, que llevaba a Wenceslao oculto dentro de una enorme mochila, al escenario que habían improvisado al fondo del jardín donde él (o mejor dicho, el gato) iba a dar el concierto de violín. El chico colocó el biombo oriental sobre la plataforma para que nadie pudiera ver a Wenceslao mientras él representaba su pantomima frente al público.
A las cinco en punto los invitados empezaron a llegar a la fiesta y Waldo se preparó para dar inicio al espectáculo. La agasajada salió al jardín de la mano de su padre vestida con un largo y elegante vestido rojo que combinaba perfectamente con el color de su cabello, el chico se impresionó mucho al verla y se arregló el moño de la corbata para causarle una buena impresión también a ella.
Waldo comenzó su actuación (o más bien, su fingida actuación) con algunas melodías lentas para que los comensales pudieran relajarse y conversar mientras disfrutaban el banquete, y al cabo de una hora, siguió con los valses para que todos pudieran levantarse de sus lugares a bailar. El comerciante condujo a Wilma al centro de la pista, y mientras iban girando al compás de la música, la festejada le dirigía miradas furtivas al muchacho que había logrado impresionarla con su falso talento.
La fiesta se prolongó hasta muy entrada la noche, y cuando los últimos invitados se marcharon, Waldo metió a Wenceslao nuevamente dentro de la mochila y la ocultó detrás del biombo. Antes de retirarse, el dueño de la mansión lo llevó a su despacho privado para darle su pago correspondiente. — ¡Gracias a ti la fiesta ha sido todo un éxito, realmente te mereces una buena paga! Aquí tienes muchacho: quinientas monedas por tu magnífica actuación de esta noche.
Al joven le brillaron los ojos de codicia cuando el comerciante le entregó un pesado saco lleno de tintineantes monedas en sus manos. — ¡Muchísimas gracias, señor! Me alegra saber que ha quedado satisfecho con mi trabajo.
Waldo se retiró del despacho dando saltos de felicidad, pero antes de volver al sitio donde había dejado escondido a Wenceslao, sacó las monedas del saco y las contó. Quinientas monedas eran demasiadas para compartir la mitad con aquel insignificante gato, así que decidió embolsarse doscientas monedas repartidas entre los amplios bolsillos de su frac para que Wenceslao no notara nada.
De vuelta en la buhardilla, Wenceslao salió de la mochila y se plantó frente a Waldo con la cabeza en alto, lo fulminó con sus felinos ojos verdes y le espetó. — Muy bien jovencito, ya que fue un verdadero martirio permanecer escondido dentro de esta incómoda y asfixiante bolsa, quiero que me des lo prometido ahora mismo sin excusa ni pretexto.
— Descuida, amigo... — lo tranquilizó Waldo — ya mismo te daré la parte que te corresponde. — Dicho esto, vació el contenido del saco sobre la mesa para comenzar a repartirlo. — El comerciante me pagó con trescientas monedas de las cuales a ti te tocan ciento cincuenta.
— ¿¿Sólo trescientas monedas te dio ese riquillo tacaño?? — protestó el gato enseguida. — ¡Qué mezquino! Esperaba que por lo menos pagara con cuatrocientas.
— Sí, pero ya sabes como son los ricos de codiciosos.
— Lo sé, la avaricia y el amor por el dinero los termina corrompiendo al punto de convertirlos en personas sin escrúpulos.
Después de cenar, Wenceslao decidió salir a dar un paseo por los tejados, y aprovechando su ausencia, Waldo sacó un maletín que ocultaba debajo de su catre y escondió las doscientas monedas que aún llevaba guardadas en los bolsillos de su frac y se frotó las manos maliciosamente. Si conseguía sacar provecho del talento y la candidez del gato violinista por mucho tiempo más, podría llegar a ser tan rico como los comerciantes del puerto.

Hace alrededor de 2 meses

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Hiarbas
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 2 meses

Ya sospechaba yo del farsamte. Como siempre genial, mantienes el nivel y a mi me tienes espectante a la espera de la siguiente entrega @LaBoheme1987

LaBoheme1987
Rango6 Nivel 29
hace alrededor de 2 meses

Gracias por tus comentarios @Hiarbas por cierto, ya se acerca el final de la historia :3

Hiarbas
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 2 meses

Lo bueno siempre se acaba, pero ya empezarás otra.


#7

Capítulo VI
Waldo logró convencer a Wenceslao de que continuaran acudiendo los domingos a la plaza para ganar dinero. Mientras él fingía tocar, el gato se escondía detrás del buzón y las personas que pasaban le dirigían halagos inmerecidos y le depositaban monedas en el sombrero, que ya no era el remendado y viejo de siempre, sino uno nuevo que había logrado comprarse gracias a las sucias jugarretas que le gastaba al ingenuo minino.
Cada vez que tenía oportunidad, Waldo sustraía una buena cantidad de monedas del sombrero y se las escondía en los bolsillos de los pantalones para que al final de la jornada, cuando tocaba repartir el dinero a partes iguales como había acordado en un principio, Wenceslao se llevara una cantidad mucho menor a la que en realidad le correspondía. Y así transcurrió el resto del otoño y todo el invierno.
Cuando llegó la primavera, la hija del comerciante fue a la plaza para buscar a Waldo. En cuanto el joven logró distinguirla entre la muchedumbre aglomerada frente a él, se puso tan nervioso que por poco deja caer su violín al suelo, lo cual hubiera dejado al descubierto su embuste. Wilma aguardó pacientemente a que terminara de tocar sus últimas piezas y lo interceptó antes de que se retirara.
— Eh... ¡Hola! Di... disculpa, no sé si me recuerdas; hace tres meses mi padre te contrató para que tocaras en mi fiesta de cumpleaños — lo saludó la chica tímidamente con las mejillas completamente encendidas como el color de su cabello.
— ¡Pe... pero por supuesto que me acuerdo de ti! — respondió Waldo muy nervioso y a la vez lleno de entusiasmo por volver a hablar con ella. — ¡Cómo podría olvidar tan fácilmente a una muchacha tan encantadora como tú!
— Gra... gracias por el cumplido — replicó Wilma con el rostro aún más colorado que antes. — Vine a buscarte porque necesito que me hagas un gran favor, si no es mucha molestia.
— ¡Claro! ¡Será un gran placer ayudarte! Dime ¿qué se te ofrece?
— Sucede que en mi colegio estamos organizando el Festival de Primavera y necesitamos un músico para la representación teatral que vamos a presentar mis compañeras de clase y yo ¿Querrías apoyarnos? Obviamente, yo no puedo pagarte tanto dinero como mi padre, pero al menos puedo ofrecerte unas cien monedas.
— No te preocupes por el dinero, te echaré una mano con tu presentación; tú solo dime dónde y cuándo.
— Mi colegio es el que se encuentra tres cuadras detrás de la plaza, te espero mañana a la hora de la salida que es cuando nos reunimos en el auditorio para ensayar ¿está bien?
— ¡Muy bien! ¡Ahí estaré puntual!
— ¡Muchas gracias, te estaré esperando! Por favor, no me quedes mal.
Wilma se despidió de Waldo estampándole un sonoro beso en la mejilla que lo dejó mirando estrellas de colores por un buen rato hasta que Wenceslao lo hizo volver a la realidad. — ¿Otra vez metiéndote en problemas? Chico, recuerda que tú no eres un músico talentoso, tarde que temprano podrían descubrirte.
— Tranquilízate, hasta ahora todo nos ha salido a pedir de boca, no veo por qué habría de cambiar nuestra suerte.
Al día siguiente, Waldo se presentó en el colegio de Wilma a mediodía cargando con Wenceslao escondido dentro de su mochila y con el biombo plegado sobre la espalda. La chica lo estaba esperando en la entrada y lo llevó al auditorio donde iban a tener lugar los ensayos y el espectáculo.
— Miren chicas... — dijo Wilma dirigiéndose a sus compañeras — él es el violinista del que les he hablado, su nombre es Waldo.
Las otras muchachas comenzaron a parlotear al mismo tiempo completamente emocionadas. — ¡Ah, sí! Yo ya lo he escuchado tocar en la plaza, lo hace muy bien.
— A mi madre le gusta mucho como interpreta los valses.
— Tendré que pedirle un autógrafo, porque estoy segura de que muy pronto será un concertista famoso.
Waldo estaba sintiéndose en su elemento, pero tenía que preparar todo muy bien para lograr engañarlas a todas. Desplegó el biombo al fondo del escenario y ocultó la mochila detrás de éste para que Wenceslao pudiera salir sin ser visto.
— ¿Por qué cargas ese biombo contigo a todas partes? — le preguntó Wilma con mucha curiosidad, pues recordaba que el joven lo había llevado el día de su fiesta también.
— Es que... — balbuceó Waldo pensando a toda prisa en una justificación que resultara convincente — es que así como el violín me lo heredó mi abuelo, el biombo es un legado de mi difunta abuela y siempre que voy a tocar en algún sitio importante lo llevo conmigo para que me dé buena suerte.
Al parecer, Wilma quedó satisfecha con la explicación, aunque en el fondo estaba comenzando a pensar que Waldo, como buen músico, era un tanto excéntrico.
Mientras las estudiantes repasaban sus respectivos diálogos y ensayaban los ademanes y posturas de la representación teatral, Waldo (o mejor dicho, Wenceslao) tocaba una delicada melodía que a todas les pareció encantadora.
Todo marchaba estupendamente, hasta que el falso violinista comenzó a sufrir retortijones a causa de los frijoles que había comido a la hora del almuerzo; y cuando sintió que su cuerpo no podría resistir más, pidió tiempo fuera y preguntó a Wilma. — Disculpa ¿me podrías decir dónde queda el baño más cercano?
— Hay uno aquí a la izquierda.
— ¡Muchas gracias, regresaré enseguida!
Y salió disparado con las manos cruzadas sobre el abdomen como alma que lleva el diablo.
Mientras tanto, Wenceslao rogaba en silencio para que ninguna de las muchachas se asomara detrás del biombo y lo fuera a ver. Pero para su mala suerte, empezó a sentir un intenso cosquilleo en la nariz que lo hizo lanzar un estornudo tan furioso que hizo caer el biombo hacia adelante y quedó descubierto a la vista de todo el mundo.

Hace alrededor de 1 mes

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3
Hiarbas
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 1 mes

Bien, ahora es cuando se pone interesante, por fin se va a descubrir al farsante. Sigue genial, como las cajas anteriores, te está quedando un gran cuento. Quedo a la espera de la continuación, un saludo @LaBoheme1987.


#8

Capítulo VII
Wilma y sus amigas que se quedaron completamente patidifusas al ver a Wenceslao y comenzaron a cuchichear muy alarmadas entre ellas.
— ¿Y este gato cómo entró aquí?
— ¿De dónde salió?
— ¡Mira! ¡Va vestido y lleva un violín!
Wilma se acercó al gato y procedió a interrogarlo directamente. — ¿Quién eres tú y qué hacías ahí escondido?
El felino se puso nervioso, y como no encontró ninguna buena excusa para justificar su presencia en ese lugar, decidió decir toda la verdad y nada más que la verdad.
— Me llamo Wenceslao y desde hace varios meses soy el compañero de cuarto de Waldo. Ambos hicimos un trato: yo le enseñaría a tocar el violín a cambio de darme alojamiento y alimento; pero como el chico es realmente un desastre con la música, se empezó a quedar en la ruina. — El gato hizo una pausa para tomar aire y prosiguió con su relato. — Y como casi no le quedaba dinero para comer ni pagar el alquiler, me propuso que fuéramos a la plaza, yo tocaría mi violín escondido en un rincón mientras él fingía tocar el suyo y así la gente nos daría mucho dinero a cambio. Yo acepté con la condición de que me diera la mitad de las monedas que ganara, y como ves, no nos fue nada mal.
— ¿O sea qué..? — lo interrumpió Wilma bruscamente — ¿quieres decir que tú eres quien en realidad ha tocado el violín todo este tiempo?
— Así es — admitió Wenceslao asintiendo lentamente con la cabeza. — Waldo compró el biombo en una tienda de antigüedades para que yo pudiera esconderme mientras él simulaba tocar en tu cumpleaños.
— ¡Vaya embustero! ¿Con que el biombo "un legado de su difunta abuela" eh? ¡Pero cuando regrese me va a tener que oír!
— ¡Por favor, muchacha! — trató de tranquilizarla el minino. — El chico no lo hizo con mala intención, solo necesitaba dinero para llegar a fin de mes, y después se fueron presentando otras oportunidades, como tu fiesta de cumpleaños.
— ¡Fiesta por la que mi padre le pagó quinientas monedas que no merecía recibir en absoluto!
Al escuchar eso, Wenceslao abrió los ojos como platos. — ¿¿Quinientas monedas?? ¡Pe... pero él me dijo que solo le habían pagado trescientas!
— ¿Conque eso te dijo? ¡Pues te engañó! Ese muchacho es un sinvergüenza y al parecer se ha aprovechado de ti y te ha estado viendo la cara todo este tiempo.
— ¡No puede ser! ¡Qué tonto he sido! — se lamentó el gato con profundo pesar en el corazón. — ¿Y ahora qué voy a hacer?
La hija del comerciante se quedó pensando un momento, y al poco rato, se le iluminó el rostro de alegría. — ¡Se me acaba de ocurrir un plan estupendo para darle una buena lección a ese mequetrefe abusivo!
— ¿En serio? — inquirió Wenceslao con suma curiosidad. — ¿Y cuál es ese plan?
Antes de responder, Wilma levantó el biombo y lo colocó otra vez en su lugar. — No hay tiempo para explicártelo con detalles, Waldo regresará en cualquier momento; por ahora solo te pediré que actúes con normalidad y le hagas creer que nadie lo ha descubierto aún. Espera hasta el día del festival.
El gato hizo lo que la muchacha le ordenó y le hizo creer a Waldo que nada había sucedido.
Los dos continuaron yendo a los ensayos que duraron una semana, conforme se iba acercando la fecha del Festival de Primavera, Wenceslao se ponía cada vez más ansioso por saber qué es lo que Wilma tenía planeado para poner en su sitio al joven charlatán.
Cuando el tan esperado día llegó, Waldo se presentó en el colegio muy temprano por la mañana con el biombo y con Wenceslao dentro de su mochila antes de que llegaran Wilma y sus compañeras. Iba caracterizado de grillo con un leotardo verde que lo hacía verse más esmirriado de lo que era, unas alas transparentes y unas largas antenas de metal sobre la cabeza. Se aseguró de colocar bien el biombo para que el gato pudiera esconderse sin ser descubierto.
El telón del escenario se subió, el público aplaudió entusiasmado y dio comienzo la obra teatral. Wilma recitó sus líneas correspondientes disfrazada de mariposa con un tutú color de rosa y unas alas brillantes colgadas a la espalda mientras sus amigas iban vestidas de flores, catarinas, abejas y colibríes. Waldo no dejaba de sonreír satisfecho, todo parecía marchar a la perfección.
En cuanto la representación terminó, todo el público se puso de pie para ovacionar a Waldo y a las jóvenes actrices. Los muchachos se tomaron de las manos formando una media luna e hicieron una respetuosa reverencia de agradecimiento. Sin que nadie se diera cuenta, Wilma se escabulló en dirección al biombo detrás del cual se ocultaba Wenceslao, lo pateó para que cayera al suelo y todo el mundo pudiera conocer al fin la verdadera identidad del violinista.
Los espectadores soltaron exclamaciones de asombro al darse cuenta de que un simple y escuálido gato era quien había estado tocando durante toda la función.
Al embustero se le cayó la cara de vergüenza al verse descubierto y súbitamente echó a correr para huir lo más lejos posible de las miradas que lo acusaban, pero Wilma fue más rápida y le puso la zancadilla para hacerlo tropezar y entre ella y las demás estudiantes lo arrastraron hacia la orilla del estrado para exhibirlo delante de todo el mundo. — Damas y caballeros, como pueden ver, el chico a quien todos creíamos un prodigio resultó ser todo un fraude, el verdadero músico que merece nuestra admiración es el pequeño minino.
El público comenzó a abuchear y rechiflar a Waldo. Wilma se llevó el dedo índice a los labios para pedirles que guardaran silencio. — Y no conforme con apropiarse de los méritos del gato violinista, también lo estafó al incumplir el trato que había hecho con él y le robó una buena suma del dinero que mi padre pagó a este farsante por tocar en mi fiesta.
— ¿Y bien, Waldo? — inquirió Wenceslao acercándose al muchacho que en ese momento estaba deseando ser tragado por la tierra. — ¿Qué tienes que responder ante esas acusaciones?
Waldo fue incapaz de sostenerle la mirada al felino y agachó la cabeza sintiéndose completamente humillado. — Soy culpable.
— Me alegra que al menos hayas tenido el valor de reconocer tu culpabilidad, pero eso no es suficiente — espetó Wilma. — Tienes que prometer que le devolverás a Wenceslao todo el dinero que le quitaste, moneda por moneda.
— Sí, juro por la memoria de mi abuelo que lo haré ¡Pero por favor, déjenme marchar!
Las muchachas soltaron a Waldo para que pudiera irse. Pero al bajar del escenario, toda la gente que estaba más que enfurecida con él, comenzaron a lanzarle toda clase de objetos que encontraban a la mano para que así recibiera un merecido escarmiento y no le quedaran más ganas de volver a aprovecharse de los inocentes.

Hace alrededor de 1 mes

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Ed_Venaplus
Rango6 Nivel 27
hace 27 días

Hola Laboheme1987, somos editorial Venaplus. Una nueva editorial que publica a escritores noveles que escriben en sttorybox,y/o redes sociales. Querríamos llevar sus escritos a librerías físicas sino lo has publicado ya en librerías o te hayas autopublicado. Ya que publicamos las obras inéditas. Si nunca antes, has publicado nada y tus escritos que escribes en sttorybok son inéditas en papel nos gustaría el poder publicarte. Totalmente financiado por nosotros al 100%. Sabemos que al ser un autor no conocido, tienes muchas trabas y zancadillas a la hora de publicar. No tienes la oportunidad de que te financien en librerías, ya sea por el desinterés de las editoriales, que sólo publican a autores conocidos o consagrados en ventas, o bien, porque sólo encuentras indeseables que quieren sacarte tu dinero con la auto o coedición. Donde además de gastar su dinero, tendrás muy mala imagen de cara a los libreros y lectores. Con ediciones Venaplus, no tienes que pagar por publicar tu libro. Nosotros te financiamos. Somos una editorial convencional. Ya es hora de dar el salto en papel.
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Muchas gracias y cualquier consulta me tiene a su disposición.
Atte. Lara Gómez.
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#9

Epílogo
Después de haber quedado totalmente exhibido en aquel Festival de Primavera, Waldo volvió a ser el chico sin suerte y sin talento que malvivía en su ruinosa buhardilla descargando cajas en el puerto. Nunca más se atrevió a poner un pie en la plaza donde ahora Wenceslao se dedicaba a deleitar a los transeúntes con sus hermosas interpretaciones, y gracias al buen dinero que recibía por su gran talento, ya no era un gato flacucho y harapiento sino que había ganado peso y vestía con los mejores fracs y sombreros de copa.
A pesar de que su extraordinario talento le había hecho ganar mucha popularidad, Wenceslao se mantuvo en sus cabales y siguió siendo tan humilde como siempre. Aunque incluso llegaron a ofrecerle jugosos contratos para tocar con los mejores directores en orquestas sinfónicas internacionales de renombre, él prefirió continuar tocando en las calles para la gente sencilla; porque gracias a su experiencia, comprendió que la ambición desmedida por la fama y el dinero podía llegar a corromper hasta a la más pura y noble de las almas.

Hace alrededor de 1 mes

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Hiarbas
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 1 mes

A sus pies ya que es de reconocer que le quedo perfecto el cuento, con moraleja y todo. Espero pronto otro que ha sido gratificante la lectura.

LaBoheme1987
Rango6 Nivel 29
hace alrededor de 1 mes

Gracias @Hiarbas! Me alegra que te haya gustado el final de esta historia :3