orlando
Rango3 Nivel 10 (95 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1

"…y murió de parásitos, porque el agua no era potable."
Me disculpo; estaba ultimando un negocio tardío. Me presento; soy la enamorada muerte.

BOSQUE O CLOACA
La cosa es más o menos así. Si quieres llegar al otro lado y tener tu trasero a salvo hasta que pase el invierno, tienes que cruzar la frontera cedida a las máquinas 3 generaciones atrás. La maldita migración es necesaria si no quieres congelarte hasta morir, o si aún aprecias tener el estómago lleno y algo de grasa por sobre tus costillas. Emigras o mueres. Y mira que la vida ofrece oportunidades, pues hay dos caminos… por el bosque o las cloacas. Resta decir que nadie escoge las cloacas, porque si bien para las máquinas el invierno es temporada de caza, y uno, como simple humanito desvalido es el premio mayor, siempre es mejor que te descuartice una tostadora y ponga tu cabeza a modo de trofeo sobre un muro, a que un pulgón mutante de las alcantarillas te infecte con sus huevos y te mantenga vivo durante semanas, hasta que sus huevos eclosionen y sus regordetas crías alegremente se alimenten de lo que va quedando de tu persona. ¡Puaj!

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#2

Emigrar es necesario y casi obligatorio, pero ¡hey, nadie dijo que sería fácil!

Lo fácil es decidir el camino. Y yo me fui por el bosque.

A poco andar descubrí que no era el único patán retrasado este año. Otros se me fueron uniendo en el camino… el gordo Álex, lento y torpe. La macilenta Irma, siempre temblequeando de frío. Los mellizos Twister y Twist (asumí que eran apodos de la infancia), bien raros ellos dos… pero en fin, el hecho es que tras cuatro días de andar por entre la maleza alcanzamos la alambrada septentrional. Aquí la cosa se iba a poner fea.
Con el paso de los años hombres y máquinas habían llegado a un consenso, una tregua, podría decirse. A ellos se les entregó una amplia y larga franja en torno al ecuador, y los hemisferios norte y sur quedaron para los humanos. Dicen que en los primeros años todo marchó bastante bien, ellos no se metían con nosotros y nosotros les dejábamos en paz. Luego el clima terminó de volverse loco —y esta vez ya de veras— y comenzaron los pulsos helados y las inundaciones ácidas. Se hizo evidente la necesidad de emigrar en invierno. Los del norte tenían que arrancar al sur, y seis meses después, todos juntitos marchar de regreso al norte. Los que se negaron a partir la primera vez, ya no fueron encontrados al año siguiente. Ah, y claro, en medio de todo estaba el terreno concedido a las máquinas. Ellas no se lo tomaron muy bien y diezmaron al 10% del primer grupo —que para algo son máquinas y vaya si saben de cálculos y porcentajes—. El tiempo pasó, las migraciones continuaron, y los ataques de las máquinas se repitieron cada vez con mayor entusiasmo hasta volverse un popular deporte invernal. Hoy en día quedamos tan pocas personas que cuando te encuentras a un compatriota casi montas una fiesta. Antes te toparme con Álex, Irma, Twister y Twist, llevaba como ocho meses sin ver un alma.
Esperamos a que se hiciera de noche, ahora que lo pienso fue bastante torpe de nuestra parte, pues esos chismes mecánicos tienen visión nocturna y nosotros no… pero bueno, así lo hicimos y al comienzo no nos fue nada mal. Abatimos a dos torretas medio oxidadas y sólo tuvimos que lamentar la muerte del gordito, un blanco fácil a distancia. Irma se sacrificó por el equipo y fue derribada mientras intentaba alejar a los galgos plásticos, se perdió en la oscuridad y solo escuchamos sus gritos al ser alcanzada por los dientudos. Y ya faltaba poco para cubrir el terreno final hasta el río, una vez lo cruzáramos estaríamos en casa.

Retrospectivamente comprendo que deje pasar muchas señales. ¿Un gordo? ¿En serio? ¿Quién puede darse el lujo hoy en día de tener sobrepeso? Y los mellizos, trabándose siempre al hablar, terminando uno las frases del otro… y la buena de Irma, con esa piel tan dura y helada, siseando continuamente y llena de tics nerviosos… que ahora comprendo eran cortocircuitos producto de la humedad y el fango. Cuando comencé a sospechar ya solo uno de los mellizos me acompañaba, vigilando todos mis movimientos. Aprovechando un descuido suyo rompí a correr como loco.

Mentiría si no dijera que me sorprendí bastante cuando Álex, Irma y los galgos aparecieron de la nada y me cortaron el paso. Se veían muy satisfechos de sí mismos los desgraciados. Alcancé a preguntar que porqué lo hacían… jugar al gato y al ratón hasta el final, si podrían haberme cazado el primer día en el bosque. La pregunta pareció divertirles. “Estos humanos no entienden nada”, señaló con una risita molesta detrás de mí uno de los mellizos. “Nuestro protocolo es unirnos a diversos rebaños humanos y atraerlos a la empalizada, para ser sacrificados y luego exhibidos a la inteligencia colectiva”. Resumió, como si ello explicara algo. Irma pareció captar mi desconcierto y agregó: “El algoritmo que nos guía nos ordena mantener a lo menos un ser humano vivo hasta el final. Como este año no cruzó nadie más, tenías garantizada tu supervivencia hasta el último tramo”.

Si deben escoger entre el bosque y las cloacas, les recomiendo encarecidamente el bosque, porque en las alcantarillas hay cosas todavía peores. Lo sé, tuve la desgracia de morir ahí una vez… ¡Puaj!

orlando
Rango3 Nivel 10
hace 18 días

Fin del primer cuento...

Hiarbas
Rango8 Nivel 36
hace 18 días

Muy bueno este primer cuento, bien narrado, mantienes bien la emoción hasta la sorpresa final. Felicidades sigue así o mejor.

orlando
Rango3 Nivel 10
hace 17 días

Me alegro que te guste y muchas gracias por el apoyo!

Don_Diego
Rango10 Nivel 49
hace 14 días

Bueno el relato, pero me llego a perder en poquito.

orlando
Rango3 Nivel 10
hace 13 días

sí, admito que algunas historias son un poco exigentes...
"Cada texto que aquí aparece no es otra cosa que el boceto de una historia mayor, no contada o apenas esbozada. Cada historia podría ser un cuento de extensión promedio; podría incluso ser un libro/novela. Sin embargo, he dejado cada uno de ellos en lo que he denominado formato raw, es decir crudo, como si de una fotografía digital se tratara."


#3

HUana y HUami

01

Ahora que estoy viejo puedo contaros que una vez —solo una vez— amé a una mujer. Y para mi desgracia luego de ella, las que siguieron sencillamente ante mis ojos apenas parecían sombras de su sombra. Y creerás que mi edad me conduce a perderme y a exagerar, pero HUana se volvió leyenda.

Y así es como empezó todo, el mismo día ese tan extraño en que encontramos miles de abejas muertas. Y no tardó mucho en empeorar. La tierra se puso magra, el ganado enfermó, los tomates se pudrieron mucho antes de madurar.

HUana era la hija del jefe, por lo que tenía voz en el consejo —Yo era nadie, y cincuenta años después sigo siéndolo—. Pero yo podría haberla hecho feliz, o medianamente feliz, y no completamente infeliz, como acabó siendo…

Pero divago y me alejo del tema. HUana sabía la respuesta a la pregunta que todos nos hacíamos, mas nadie quiso oírla, y yo que estaba dispuesto a escucharla y creerla; a ella precisamente a mí, no le interesaba contarme. Yo podría haberla acompañado en su viaje, aligerar su carga, ser su escudo y su espada. Yo habría dado media vida por marchar tras ella en ese extraño viaje que acabó haciendo. Porque una mañana, aburrida y exasperada, casi fundida en ira —aunque era solo una muchacha su carácter rivalizaba con la de cualquier señor de clan—, así un día robó la mejor canoa y se lanzó al Azul completamente sola. Temprano se empezó a expandir el rumor de que la muchacha había ido en persona a arreglar el entuerto que seguro existía con los dioses. Nadie pudo detenerla, evidentemente, pues ella siempre se adelantaba a los planes de todo mundo. Así que seguro se había marchado con algo preparado.

Gran consuelo… yo solo me quería matar.

Las semanas pasaron. Tres meses pasaron y las cosechas fueron un asco absoluto. La tierra seguía negra y muerta. La gente estaba cada día más preocupada. Ni el más precavido tenía almacén o granos suficientes para aguantar hasta el siguiente invierno.

Una tarde cualquiera y cual cuento de hadas, escuché: “ha vuelto”, y supe que era ella. Y así fue. Y con ella regresó el perfume del bosque, la lluvia clara y fresca, el sabor a la fruta y el color al campo. Así fue y puedo jurarlo ante cualquiera, eso así aconteció. Se convirtió ella entonces en nuestra primera princesa, y prontamente después ya era nuestra verdadera reina. Y pese a saber que merece eso y más —yo le habría dado todo, si todo hubiera tenido—, así todavía no estaba yo contento, ni por ella, ni por mí. No solo acababa de cumplir los veinte el día que me enteré de todo esto, también acabé por perderla para siempre. Antes solo la quería yo. Ahora la querían todos.

Pero aunque ella no hubiera sido nadie (y entonces sé que debo detener esta cabeza chocha, pues ella era alguien, ella era la salvadora de la isla completa) y no hubiera partido el pan junto a dioses y espíritus, ni viajado por encima y por debajo del Gran Azul; así y todo su destino habría desbordado con mucho al mío.

La vi el otro día… tan gris, tan seca. Tan triste pese a su juventud eterna.

02

Y ahora que estoy muerto puedo contaros sobre HUami, el semidiós, y como apareció en la isla un día, que no era cualquiera día ni mucho menos. HUami llegó cuando murió HUana, a quien la muerte tenía prohibido tocar, ya que los dioses inmortales le habían concedido esa gracia. Pero la muerte se había enamorado de mi HUana, y su palabra siempre es la última en hacerse oír.

Así entonces mi amada HUana menguó y se fatigó hasta consumirse por entero.

Terribles resultaron aquellos días, que crecieron hasta acumular semanas de miseria. Y cuando finalmente durmió el gran sueño, HUami apareció. Llegó oculto en el viento, nadie le vio pasar, más apenas reveló su presencia a nuestros ojos, el rumor de su arribo se extendió como brisa en hierba y la aldea completa salió a recibirle y colmarle de regalos. Pero el divino HUami no estaba para homenajes aquel aciago día, pues la pérdida de HUana atormentaba a su corazón. Con pavura y asombro nos fue revelado que la leyenda en torno a nuestra reina HUana era cierta: había ella caminado junto a semidioses. La misma Aena le prestó ayuda cuando, tras cabalgar el Azgul, las negras olas de éste quisieron romper las alas de su blanca nave.

Aunque la revelación más grande de todas era la presencia de HUami en la isla, quien derramó lágrimas de negra sangre, oscura como brea espesa, sobre el lecho en el cual velábamos el último sueño de nuestra soberana.

Pero un semidiós no es un hombre, y no ama como tal. El amor de HUami no se extinguió con la muerte de su amada. No mermó lentamente o se convirtió en recuerdo, sino y por el contrario creció de manera atroz y terrible con el tiempo, se retorció en su desesperación, se alimentó de amargura y enojo. La pérdida de HUana sumió a HUami en colérico desprecio, que duro noventa y nueve días de barbarie en torno al mar infinito y sus islas. El día número cien regresó a nuestra aldea…

¿Qué negro y oscuro pensamiento arrastró nuevamente a aquel demonio hasta nuestras costas? Nunca lo sabré, porque viejo y ya cumplidos yo también las edades de rebalse, sobrecargado en ira tremenda le salí al encuentro.

Enfrentarse a un semidiós iracundo es estúpido —no importa cuánto escueza tu sangre y tu corazón—; pero ofrece una satisfacción particularmente insana, que no por ello es menos alegre.

Lo sé, yo morí así una vez…

orlando
Rango3 Nivel 10
hace 16 días

Fin del segundo cuento...

Hiarbas
Rango8 Nivel 36
hace 16 días

Un placer disfrutar este segundo cuento, a mi me ha encantado, quedo a la espera de nuevas entregas.


#4

DE TURISTA Y EN BATA

No contratéis nunca un Cüarguen… lo que de ellos se dice es cierto; te dejan tirado en cualquier momento. Yo contraté uno como guía anoche. Pues resulta que no había pasado ni el medio día y una hembra de su clan entró en celo.

Fue increíble. El espinazo se le electrificó como a un maldito gato sin pelo. Realmente horrible (bajo cánones humanos, claro). Luego salió disparado. Yo le grité: “¡Hey, adonde vas! ¡Aún tienes que llevarme hasta el otro lado del Wabömba!”

Se volvió apenas un segundo a mirarme con ambos ojos fuera de sus órbitas enrojecidas; y me soltó:

“Amigö, tu sabes que yo vivo únicamente esperando este momento. Es la razón por la cual existo. Lamento los problemas que pueda ocasionarte, pero he de ir a batirme en duelo con cualquier otro macho de mi especie que se presente. El alfa resultante podrá copular con la hembra. Ella sólo aceptará al alfa.”

Y se largó el muy bastardo, dejándome tirado y a merced de Wabömba… y yo de turista y en bata.

Háganse un favor y sencillamente no contraten Cüarguen’s, los abandonan en lugares insólitos; como el maldito infierno eufemísticamente llamado Wabömba.

Lo sé, yo morí ahí una vez…

Hiarbas
Rango8 Nivel 36
hace 13 días

Interesante, aunque este me resulto algo corto y escaso de contenido.

orlando
Rango3 Nivel 10
hace 12 días

Nuevamente gracias por tu comentario, pocas cosas son mejores para quien escribe que ser leído y recibir un comentario a cambio.
Curiosamente este es uno de mis favoritos justamente por lo breve y sintetizado que está. La enamorada muerte es en cierto modo un experimento que pretende jugar con el lenguaje y el concepto de micro cuento o micro historia, y a medida que avanza sólo se pone más raro (me he concedido muchas libertades creativas)


#5

CANELA

No sabiendo bien como empezar, empezaré por el final… estoy muriendo, o más exactamente me están asesinando. Ocho horas creo que ya ha durado mi agonía y la de mi mortal enemigo, el hempata que me está cazando en estos instantes.

Para quien no sepa qué es un hempata, le diré que se trata de una especie de pez aéreo nativo del Cinturón de Maxwell, que no tiene más chiste que ser una criatura empático/telepática. Todo eso sabía yo cuando me decidí a bucear por los espesos cielos verdes de Maxwell 4. Lo que no sabía era que su telepatía era rugosa, y que esto le permitía fácilmente penetrar mi corteza cerebral y licuar a su antojo mi memoria.

Tampoco estaba al tanto de su tamaño, o de que fueran omnívoros de insaciable apetito. Infatigable él, no me ha dado descanso ni tregua. Me está jodiendo en serio… resulta que al parecer son capaces de estimular ciertas zonas del cerebro —mi cerebro—, haciendo saltar a placer regiones enteras de neuronas al azar. Y esto que suena tan bonito y espacioso, se siente vertiginoso, como bajar corriendo una escalera del colegio a los 6 años, pero sintiendo en el cuerpo la ingravidez de alguien que sube, pues se encuentra a 3 kilómetros de altura, flotando inmerso en un océano calipso tan alto, que casi roza la luna más próxima. Y el tiempo también se ve alterado… y empiezas a tener mucho miedo, ya que comienzas a entender que lo que te rodea es lo que tus sentidos te dicen. Ellos escanean la realidad y luego te informan. Pero si tus sentidos están siendo engañados, la realidad cambiará por completo. Un maldito cóctel químico. El hempata no necesita inyectarme una toxina para alterar mi metabolismo interno y/o liberar endorfinas y más a placer, no con mi cerebro ya estimulado de acción desbordante y frenética, lanzando todo tipo de impulsos que el resto de mi cuerpo acepta obedientemente, como está acostumbrado a hacer. Como decía, el tiempo interno en mi cabeza tampoco concuerda con la lógica o la razón. Ya sea puro azar o asombrosa evolución, siendo ya un adulto debiera sentirme fuerte y grande, y aunque conscientemente entiendo que tengo más de treinta años, lo cierto es que mi organismo cree y sentencia que estoy en primero básico y tengo seis años de edad, en tanto merodea en torno a mí un horrible pez carnívoro, de un maldito mundo exterior al que tuve la ocurrencia de venir de negocios.

Fabuloso, ¿no?

Y a medida que transcurren los minutos y luego también las horas, y comienzo a perder el sentido de lo que es real, de lo que no, pienso en lo listos que son estos hempatas, pues en la lluvia constante de estímulos y recuerdos de mi corteza cerebral, que estalla en este baile alucinógeno que produce el ataque empático-telepático de mi predador, ya comienzan a orquestarse cosas más complejas y elaboradas que el demencial olor a canela de un postre de la abuela, sudor de un día de verano en el tren subterráneo, mi ex profesor de matemática gritando furibundo, y el temblor incontrolable de aquella vez que casi me congelo en el planeta rojo, aunque eso sí, contemplando mis manos en la ducha y un agua sin forma, espesor o sonido, deslizándose por entre mis dedos. Ahora ya todos los estímulos que mi cerebro es capaz de idear y mis sentidos de recoger, se perfilan de un modo más creíble y relacionado, ahora el algodón de azúcar sabe a dulce, y no a cepillado de dientes; ahora los caminos conducen a lugares…

Mi conciencia se desvanece. El pez ese cada vez está más cerca, mientras yo divago contando estrellas y nombrando constelaciones —¡Ahí está Casiopea!—, mis cálculos dicen que le ha tomado entre 8 y 9 horas devastar mi sistema nervioso central y reducirme a una presa indefensa. ¡Pero qué digo! ¡Nunca me había sentido mejor en toda mi vida! Tendré que morir mañana, pues se me hace tarde y el tren está a punto de despegar…

No voy a mentirles, da harto asco la idea de morirse así, tragado por un repulsivo pez en un mundo alienígena y hostil. Lo sé… ¡Ah!… ¡Huele a canela!

Hiarbas
Rango8 Nivel 36
hace 13 días

Mejor, mucho mejor, este si esta en sintonía con los primeros. Me gusto mucho, sigo adicto, saludos @orlando.


#6

EL BUEN ENVENENADOR

Había una vez un envenenador molesto,
por esa manía constante de la gente a desconfiar
[como si uno los fuera a envenenar].
Cada vez que a la víctima de turno visitaba,
ofrecía su santa copa envenenada;
y la gente —por supuesto— declinaba.
Tomaba él una pequeña dosis entonces
[guiñando un ojo travieso]
La víctima se alegraba y bebía extasiada,
aunque luego muriera envenenada…
El buen envenenador se jactaba
de a su propio veneno inmune haberse vuelto,
mataba una vez al mes, y su mesada cobraba.
Hubo un día de asesinar a un sargento,
lo que no tiene mucho cuento;
más ese día murió por su propio veneno,
envenenado, el envenenador.
Porque al décimo goloso trago,
este cobró su precio, cuota y dolor.
Veneno corto, veneno sordo;
veneno sordo y escueto.
Veneno que no tiene precio,
pues lo más preciado ya te lo has llevado.
Lo sé muy bien… pues morí así también.

#7

DESCABEZADOS [panfleto]

“Descabezad a esta mujer, descabezad a este hombre, pues claramente no usan su buen cerebro para pensar por sí mismos.”

“POR CUARTA VEZ LOS CUATRO FANTASTICUATROS 4”… El anuncio retina se pierde, se queda atrás murmurando hasta mezclarse y confundirse con el ruido de la ciudad. Yo voy al trabajo, siempre estoy yendo al trabajo y comienzo a preguntarme si algún día llegaré, o si seré al menos capaz de girarme y de regresar a casa (bajo el supuesto de que tal lugar exista realmente).

La vida de cualquier descabezado es un poco como aquel anuncio refrito de la cartelera de cine. Por cuarta vez los cuatro, cuatro, y otra vez cuatro… siempre cuatro. Un filósofo diría el eterno retorno de lo mismo. Pero cuando te han descabezado, lo mismo siempre es nuevo, y nuevo será la segunda y la tercera vez, siempre nuevo, maldita y condenadamente nuevo: primicia, estreno, apertura, inauguración, lanzamiento o simplemente primera temporada. Nunca te aburres siendo un descabezado, ya sea camino al trabajo o a tu horizonte más cercano. El truco es que hagamos lo que hagamos, estemos donde estemos, nunca dejamos de ser productivos. Somos descabezados, una parte importante de nuestro cerebro ha sido “portado”. Y portado es el término de moda, si pudiéramos llamarlo por su nombre: “secuestro”, entonces sería un crimen, y me temo que no han reescrito todas las leyes de la constitución para que “ellos” terminen siendo delincuentes, ¿verdad? Sería tan feo como llamar al crédito con interés, usura; palabra horrible donde las haya…

La parte más valiosa de nuestro cerebro ha sido aislada del resto de nuestra mente, y puesta a disposición de ese pequeño porcentaje de individuos que controlan el sistema mundial. El Imperium decidió un día que nosotros usábamos incorrectamente la maquina pensante más poderosa que la evolución logró crear. No le dábamos un buen uso, dijeron, y se arrogaron a sí mismos la capacidad y el derecho para interferir y robar nuestra capacidad cognitiva. ¿Qué hacen con todo el terrible e incomparable potencial que la mente del ser humano es capaz de ejercer? No lo sabemos ¡Sólo somos descabezados! Amputaron y redirigieron nuestra gnosis al proyecto que ellos llaman Zeus. Y este creció y se comió el mundo.

Y nadie de los que conozcas se enteró tampoco…

El caso es que yo ya me he descompuesto. Soy consciente de estar descabezado, y ellos, aun lamentándolo mucho, tendrán que prescindir y renunciar a mi memoria y a la aceleración que mi cerebro aporta al monstruoso ordenador cuántico. Yo estoy consciente –ergo defectuoso– y aunque el sistema se ralentizará cuando me desechen, el riesgo de dejarme dentro es demasiado alto. No hay alternativa y debo ser desconectado. Perder un descabezado siempre duele al sistema, su avaricia hace que cada merma, por minúscula que sea, resulte dolorosa en extremo. Alguien perderá su puesto por esto, y yo moriré una vez más. ¿Y adivinan? Sí, ya me habían matado así una vez…

Hiarbas
Rango8 Nivel 36
hace 5 días

Este me ha gustado especialmente, muy retorcido y con posibilidades, si lo que pretendes es tener betas abiertas para posibles escritos, este promete @orlando.

orlando
Rango3 Nivel 10
hace 4 días

Gracias, y de hecho diste en el clavo porque terminada esta selección de micro cuentos, mi idea es partir desde aquí con una historia mayor.


#8

DRAKAQ

Criaturas terribles los drakaq cuando atacan, volando y escupiendo fuego al mismo tiempo. Ese fuego horroroso, medio líquido, pastoso y ardiente. Y la brisa arrastra hasta tu olfato el olor a pelo quemado y carne asada. Y de pronto adviertes que dos filas completas de hombres han desaparecido transformados en leños ardientes, caídos en el suelo como si llevaran ahí ya tres horas consumiéndose, solo que apenas treinta segundos atrás aún eran seres humanos y gozaban de excelente salud, y ahora el viento basta para arrastrar lejos sus cenizas blanquecinas. Porque el fuego del drakaq seguirá ardiendo en ellos… y no dejará de hacerlo hasta haberles consumido por entero, que precisamente eso hace el fuego del maldito… dura apenas un chispazo, pero alcanzas a sentir que te cocinas en tu propia salsa, en tanto tu otrora brillante armadura se derrite en torno a tu piel despellejada, como una apretada mortaja que ya ningún dios podrá separar de tu cadáver calcinado,

Lo verdaderamente triste es que incluso así, reducido a una turba compacta, grasosa y mal oliente, los hombres continúan vivos, aunque muy poco quede de ellos. ¿Y cómo es posible este tormento? Nadie lo sabe… magia negra, como negro fuego.

Y pueden pasar horas, incluso días consumidos y abrasados por dentro. Los de afuera, los vivos, nada saben de esto, y en su inconsciencia orquestan funerales, ritos, túmulos y hasta entierros para los cenicientos huesos de quienes han caído, y a quienes creen rendir tributo. Sus desconsoladas viudas cortan su cabellera en señal de duelo, y escuchan el llanto amargo de padres y hermanos, al lanzar otra palada de tierra sobre ellos.

¡Y gritas! Vaya si gritas tratando de hacerte oír. Pero los sin boca o garganta poco pueden cantar un lamento, y los sin ojos no alcanzan a atisbar una última vez a sus deudos. El fuego del drakaq es una centella que dura un parpadeo, y así creen los vivos que mata.

Entretanto yo quizá llevo semanas bajo tierra esperando a la muerte, que una vez más se demora…