Hiarbas
Rango8 Nivel 36 (2593 ptos) | Poeta maldito
#1

Simón volaba cauto. No quería llamar la atención de ninguno de los insensatos que paseaban a aquellas altas horas de la noche por la desierta ciudad. Pero ante todo tenía prisa por llegar a casa.

A él le gustaba volar, mecerse al compas del viento, dejarse acariciar por la humedad de las nubes cuando pasaba entre ellas, enzarzarse en absurdas competiciones con los escasos pájaros nocturnos que sobrevolaban la ciudad. Se sentía libre. Lo que realmente le fastidiaba era no poder volar bañado por el sol. Estaba harto de la noche, él quería volver a sentir su piel acariciada por su claridad, dorarse bajo sus rayos, sentir su calor reconfortante. Lo que no deseaba ni de lejos era ser un moderno Ícaro, más aun sabiendo que a él no solo se le derretirían las alas, seria todo su cuerpo el que ardería sin clemencia. Lo de ser un vampiro era un asco o al menos lo era por esas cosas aunque debía reconocer que también tenía su lado bueno.

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Somnus
Rango9 Nivel 42
hace 12 días

Me gusta la historia que planteas @Hiarbas. Lo único que recalcaría para que la lectura fuera mas reconfortante es algunas separaciones entre párrafos, porque tantas líneas seguidas pueden hacer que se canse la vista.

El otro detalle es que tengas cuidado con repetir expresiones muy de seguido, como lo de «bañado por el sol» porque puede hacer que la interpretación del texto se vea rimbombante, por lo demás, excelente.

Hiarbas
Rango8 Nivel 36
hace 12 días

Gracias por el comentario @Somnus. Lo de los parrafos es un problema que nunca me fijo al pasarlo a la caja, pierde la separación del editor de textos y lo otro fue un fallo imperdonable al no repasar, ahora lo corrijo.

Somnus
Rango9 Nivel 42
hace 12 días

No te preocupes @Hiarbas aquí estamos para apoyarnos entre escritores y para aprender y crecer. Igualmente pienso que esta historia tiene potencial, la seguiré muy de cerca.

Don_Diego
Rango10 Nivel 49
hace 9 días

😁😁😁 vere que nueva gran creacion nos traes ahora. 😁 Ansio estoy de saber!


#2

Simón acelero su vuelo, ya se encontraba cerca de su “hogar”. Descendió en el rincón más oscuro del callejón contiguo al edificio en el que había encontrado alojamiento y transmuto su figura, de nuevo volvía a ser el. La noche agonizaba en brazos del amanecer y apresuro su paso para evitar que el astro rey derritiera su blanca piel.

Entro con discreción en el portal del edificio, no deseaba molestar a los vecinos. Era consciente de que sus horarios no eran el problema de aquellos que tenían la desgracia de compartir edificio con él. Ser un vampiro no implicaba ser un monstruo, el solo era diferente a sus vecinos, nada más.

Juan salía, como todas las mañana a su trabajo y como cada amanecer cruzo su camino con Simón.

—Buenos días trasnochador, no hay día que no nos crucemos.

—Muy buenas Juan, ya sabes es lo que tiene trabajar de noche, cuanto daría yo por tener tu horario.

—No te creas, madrugar tanto tampoco es tan bueno y menos un curro como el mío.

—Pues que pase pronto el mal trago, nos vemos Juan.

Simón terminó con brusquedad la conversación, no era momento para entretenerse, el sol no perdonaba si él se despistaba y no sería un momento agradable para Juan contemplar como se derretía, literalmente, delante de él.

La oscuridad le recibió , al entrar en su domicilio. El pequeño piso que había alquilado era suficiente para mantenerse alejado del sol durante el día. Aún seguía sin comprender porque el Gran Maestre les había llevado a esa ciudad tan al sur, por mucho que sufriera un clima húmedo y con incontables días nublados, no dejaban de ser escasas las horas nocturnas de las que disfrutaban.

Simón amaba el sol pero había aceptado vivir lejos de él. Los días nublados cuando se atrevía a salir a la calle, temeroso de que algún rayo escapara entres las nubes, disfrutaba de la belleza que el ofrecía un mundo lleno de luz y color, no la oscuridad en la que llevaba una eternidad viviendo. Pero ahora se debía a la congregación y el Gran Maestre le había dado órdenes concretas, en pocas jornadas todo habría terminado y podrían volver a su hogar, aunque lo odiase.
Vivir rodeado de frio, de oscuridad, de soledad, no era lo que él había deseado para la eternidad. Lo cierto era que no le importaría nada que se olvidasen de él y le dejasen allí. Todo en este lugar era distinto, tal vez más alegre, más luminoso, más afable. Y él también se sentía distinto en este lugar.

Simón desvaneció sus pensamientos en brazos del sueño. Despertó cuando el mediodía había quedado muy atrás. La tibieza del agua de la ducha despejo por completo su cuerpo y regenero su espíritu. Aun tenía el etílico sabor del indigente borracho que le había servido de cena la noche anterior. Si algo bueno tenía este lugar era la incalculable cantidad de almas rotas, olvidadas por la sociedad, excluidas del mundo, que vagaban en la noche anónimas, sin nadie que les llorase y las echara de menos cuando simplemente evaporaban su existencia.

Los remordimientos quedaron atrás perdidos con los años vividos en su nueva condición de no muerto. Ahora simplemente trataba de no atormentar al que quedaba vivo. Se alimentaba, si se excedía, el incauto perecía. Normalmente era así pues elegía presas escasas en condición de vida, precarias de salud, machacadas por la vida. Eran los más prescindibles, esos a los que nunca nadie extrañaba, esa era su lógica, fría y calculada, la que le dejaba dormir con tranquilidad a pesar de lo que hacía para sobrevivir. Lo único que le consolaba era pensar que no quedaba nadie que les llorara, que sufriera por su perdida, eso no lo soportaba. Vialki siempre se reía de él, decía que era un blando, que no se podía pensar en todo, ellos eran superiores, la raza dominante y debían alimentarse sin tantos remilgos como los que el tenia. A él le daba igual, su forma de actuar era la que le había mantenido cuerdo hasta ahora y no iba a cambiarla por mucho que le dijeran y si la sangre no era tan buena como la de un fornido y musculado jovencito, tampoco le importaba, para él era suficiente, así había sido hasta ahora y así iba a seguir siendo.

Dejo atrás sus pensamientos y extrajo una jugosa bolsa de sangre del refrigerador. El Gran Maestre para esto era minucioso y cuidadoso, siempre les aprovisionaba bien antes de empezar cualquier misión, a él aún le restaban 24 bolsas de jugosa sangre embolsada.

Sorbió el desayuno despacio, sin prisa. Era insípida e insustancial, como todo lo embolsado, carecía de la fuerza que da la sangre viva, pero al menos te permitía cargar la suficiente energía para empezar el día, ya daría cuenta de algún desdichado cuando terminase su encargo de esa noche.

Don_Diego
Rango10 Nivel 49
hace 9 días

Exelente vampiro con conciencia. Tomar las vidas de los desdichados es un gran favor uno que, imagino yo, ellos mismos de poder hacerlo se lo agradecerian mucho 👍👍👍

JaiverC
Rango4 Nivel 17
hace 9 días

Me gusta como describes al vampiro, trata de simular que es un humano más. Pero su condición le obliga a alimentarse de ellos. Con conciencia escoge a quien devorar, sin formar un gran escándalo. Un vampiro muy humano, si se podría decir así...Saludos

Hiarbas
Rango8 Nivel 36
hace 8 días

Gracias por los los comentarios @Don_Diego y @JaiverC, iremos conociendo a este vampiro un poco mas en las siguientes cajas.

Somnus
Rango9 Nivel 42
hace 8 días

Grandísima mejoría @Hiarbas, se nota muchísimo. Me encanta el personaje de Simón y el hecho de que tenga en cuenta la repercusión que puede tener alimentarse de una u otra persona, gran realismo. Solo te falta corregir algunas tildes que se te escapan de vez en cuando, lo demás es excelente.


#3

Recogió el piso, lo adecento un poco, llevaba varios días sin hacer nada y aquello empezaba a parecer el piso de un Erasmus. Termino sus tareas y tomó asiento frente al montículo de documentos que debía estudiar para seguir adelante con su misión.

El Gran Maestre tenía la costumbre de documentar ampliamente cada uno de los objetivos que les encargaba, no era dado a la improvisación y mucho menos a la ignorancia. Les exigía aplicación, si él encargaba a un grupo de sumisos que realizaran aquellos enormes informes era para que se aplicaran y empaparan sus mentes con el conocimiento que en ellos se guardaba.

Simón estudió su objetivo de nuevo. Durante las tres noches anteriores se había dedicado a confirmar los datos de los informes, a milimetrar cada movimiento, a estudiar cada gesto de su encargo. Estaba seguro de que no podría fallar y que esa era la noche ideal para realizar su misión.
El Gran Maestre les había dado a todos cinco días como máximo para realizar la tarea. Cada uno de los diez miembros del equipo llevaba un mes infiltrado entre los humanos de aquella ciudad española. El Gran Maestre había llegado solo hacía una semana, sin perder tiempo repartió tareas, entregó informes y exigió cumplir en el plazo, cinco días desde que recibieran la orden por mensaje en los teléfonos móviles.

Simón era contrario a la tecnología. En su prolongada vida siempre le había parecido un atraso las mejoras tecnológicas, ellas solo traían dejadez y apatía en el ser humano, los convertía en seres cada vez menos activos, mas cerrados, menos dados a compartir y a convivir, algo que a él le encantaba, incluso en su condición de “monstruo”. Los bares eran su pasión y más aquí que cerraban a altas horas de la madrugada, incluso algunos ni cerraban. Si no temiese la ira del Gran Maestre, habría dado rienda suelta a su vena lujuriosa y se habría perdido en las noches etílicas y libidinosas que tanto le tentaban desde el día que llego a la ciudad.

Retomó el estudio de su plan, repasó detalles, aseguró minutajes, confirmo movimientos. Todo estaba estudiado, ahora solo quedaba equiparse. En una hora el sol dejaría de molestar, divina molestia, y podría tomar la calle para empezar su misión.

El zumbido del teléfono le alerto cuando se disponía a salir por la puerta.

—Dime Braim.

—Tenemos problemas, no hay noticias del Gran Maestre, parece que ha desaparecido.

—¿Estás seguro de eso?

—No hay forma de contactar con él, Axel término su misión y al tratar de informar le fue imposible. Contacto conmigo, como referencia del grupo y desde entonces tratamos de encontrar al Gran Maestre sin éxito. No está en su refugio, ni nadie sabe de él, ni aquí ni en casa. Hable con el resto del equipo para informar, han decidido terminar sus misiones hoy y luego reunirnos para tratar de localizar al Gran Maestre.

—Bien, yo pensaba terminar también hoy. Nos vemos en tu casa cuando termine.

—Perfecto, allí te esperaremos.

Aquello no pintaba bien, pero no podía distraerse, primero la misión luego lo demás.

En una amplia bolsa de deporte, introdujo todo aquello que necesitaba. Vistió bajo un holgado chándal la ropa de asalto y se cubrió con el impermeable. Estaba listo y el sol moría en el horizonte, podía salir al asfalto.

Las calles de La Coruña manaban vida a esa hora. El final de la jornada laboral, la distensión del día agonizante, llenaba las calles de viandantes perdidos en su alivio al dejar atrás parte de sus preocupaciones. Simón los envidiaba. Sentía nostalgia del tiempo en el que solo fue un mortal preocupado por sobrevivir un día más. Añoraba la felicidad de compartir y sentir el afecto y el cariño de los que sufrían como tú y reían las mismas alegrías. Ahora era un ser amargado, condenado a la eternidad, casi exento de empatía y alejado del amor. Como se reía de las insulsas películas, de los absurdos libros, de las estúpidas teorías sobre vampiros enamoradizos dándolo todo por su amada. Todo era mentira. Con tu alma, esa que se perdía al convertirte en inmortal, huía tu capacidad de amar, de sentir afecto, te convertías en un monstruo carente de ese sentimiento. Por desgracia muchos otros se acrecentaban, engordaban ocupando el hueco dejado. Simón tenía la certeza de que no había peor infierno para él que el que estaba viviendo desde que fue consciente de lo que implicaba su condición de no muerto.

Aparto sus pensamientos y se encamino a su destino, debía cumplir su misión. La sumisión, el cumplir órdenes, tanto como el desear dejar de cumplirlas pasando por encima de quien las ordenaba, ardía en su interior, venia en el pack de vampiro.

Un par de autobuses y el triste edificio de cristal se alzó imponente ante él. Perdió sus pasos en una discreta callejuela tres puertas antes de llegar a la entrada del edificio. Tenía estudiado el lugar, era el ideal para esconder su ropa y disfrazarse de intruso nocturno. Pertrecho su ridículo mono negro de licra, con lo necesario e imprescindible para realizar su misión y aguardo, refugiado en la sombra de un maloliente contenedor, a que la noche cubriera por completo la calle.

Ya era la hora. Con la agilidad propia de su especie, ligero como una pluma, sutil como el más silencioso espectro, ágil y rápido como ningún humano podía imaginar ni llegar a observar, trepó la pared de cristal hasta la planta que debía abordar. Con su afilada uña cortó el cristal y penetró en el edificio. Solo le recibió el silencio y la oscuridad, hacia horas que los oficinistas habían abandonado el lugar. Debía ser rápido, moverse con agilidad y llegar hasta el despacho del desafortunado Presidente de la Entidad. Sabía que estaría trabajando, el nunca abandonaba su oficina hasta bien entrada la noche. Sabía que no habría nadie más, lo tenía estudiado, lo había comprobado. El trabajo debía ser rápido y preciso. La muerte le debía sorprender sin que le diera tiempo a reaccionar.

Cara
Rango7 Nivel 33
hace 5 días

Quedo expectante a más, muy buena narración.

Don_Diego
Rango10 Nivel 49
hace 5 días

Genial. (Inserte aqui la cancion de mision imposible) jeje espero continuacion.

JaiverC
Rango4 Nivel 17
hace 5 días

Me gusta como describes dándole profundidad a Simon, hablando de lo que siente, su envidia y por lo que se ve atraído.

orlando
Rango3 Nivel 10
hace 4 días

Bien, veo que lentamente se va perfilando esta historia y la personalidad de este vampiro maldito y atormentado. Aún parece temprano para adivinar la dirección que tomará la historia, pero sería muy interesante ver algún giro inesperado... ¿Quizá en el asesinato de esta noche?
Estaré atento a la historia...