Cara
Rango10 Nivel 47 (4987 ptos) | Fichaje editorial
#1

Cuando el sonido del péndulo marcaba la media noche, la perversidad y la demencia se apoderaban de sus sentidos, infringir terror y oir súplicas desgarradoras se convertían en su pasatiempo favorito.

Le gustaba disfrutar de las atrocidades que se le ocurría, vivía de un modo extremo, sin límites y sin reclamo alguno, siendo completamente libre para la siguiente hazaña.

Aquello se había convertido en trabajo extra y se había vuelto un experto, jamás dejaba ningún rastro, nadie sabía de él o al menos es lo que creía, pero como la perfección no existía, un pequeño error lo cambió todo. Fue el inicio de una etapa más intensa, más perversa y llena de conspiraciones.

Nunca actuaba solo, habían muchos como él. Solitario y normal de día, perverso y vil de noche. La oscuridad lo llamaba, lo cubría y a la vez lo hundía, en un juego sin aparente fin, en donde el más fuerte no siempre es quien sobrevive.

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Elayha
Rango15 Nivel 71
hace 3 meses

Me agrada tu narrativa me.recuerda a Poe

Cara
Rango10 Nivel 47
hace 3 meses

@Elayha eso que dices es un alago muy muy grande, gracias.

IndigoDolphins_73
Rango9 Nivel 40
hace 3 meses

Promete. Me gusta cuando introduces el suspense con una sola frase.


#2

Capítulo 1. Martes 15 de noviembre 08:00 horas

La noche había sido intensa, el plan que se habían trazado fue organizado mucho tiempo antes y todo iba de lo mejor, cada uno cumpliendo con las órdenes, hasta que el pequeño contratiempo lo cambió todo.

―¡Como odio a esa mujer!, por su culpa ahora estoy en graves problemas, Rodrigo no me perdonará esta falla, era el único caso que debía salir limpio, y justo fue el único que se nos escapó de las manos, bueno... más bien, se me escapó ―decía el joven caminando de un extremo a otro en esa gran sala, decorada al estilo victoriano―, debo admitir que me excedí en mi forma de actuar, pero... ―se quedó pensando y observando ambas manos al tiempo que un mayordomo aparecía por una de las puertas pidiendo que lo siguiera.

Caminó tras él hasta el despacho en donde un hombre lo esperaba, Rodrigo, joven de unos veintinueve años, alto, corpulento de ojos y cabellos negros como azabache, tez morena y heredero de una gran fortuna que crecía sin límites, además era el responsable de las actividades nocturnas de la logia o club privado, como a él prefería llamarlo, el cual también fue una herencia, algo diferente a lo habitual, por tanto, él era el líder de la logia que existía detrás de la realidad de muchos.

Al tiempo que entró al despacho y el mayordomo se hubo retirado, el hombre que se encontraba revisando detenidamente unos documentos, lo miró en forma intimidante, pidiéndole que se acercara hasta el escritorio con la simple mirada.

―No me importa lo que debas hacer, quiero a esa mujer muerta, lo oíste, muerta ―hablaba en forma pausada, con enojo y con determinación―, no sé lo que te está pasando, pero, lo debes arreglar, has puesto en juego todo lo que he construido ―cargó el tono de su voz en la última palabra sin despegar los ojos del joven, con claras intenciones de seguir amedrentándolo.

El joven absorto aún con las palabras de Rodrigo, bajó la cabeza y decidió callar y acatar órdenes antes de crear un tumulto innecesario, sabía que falló y debía remediar su error de alguna manera y al parecer la única que se le ocurría a él era la muerte de aquella mujer, sabía que debía cumplirlo.

―Me excedí, no volverá a pasar ―el joven miraba a Rodrigo a los ojos, no era un hombre que se achicaba ante los problemas y por más que él conocía sus secretos y estaba a merced de lo que él pudiera elegir, lo respetaba como el líder. A fin de cuentas, él se había encargado de proveerle al culpable de los males de su vida, y darle un poco de la satisfacción de justicia que le habían negado en su momento.

―Tus disculpas no solucionarán los problemas en los que nos has metido, recuerda que esto es un negocio y que no nos permitimos errores de ninguna índole ―había desviado su mirada a los documentos que estaba analizando.
―Lo arreglaré ―respondía convencido, su trabajo sería limpio como de costumbre, ya se estaba acostumbrado a hacerlo de esa manera, pero, siempre las víctimas habían sido desconocidos, culpables y personas solitarias, que han cometido algún tipo de delito; sin embargo, este caso era diferente, estaban hablando de una persona a la que él conocía muy bien y que lograría embarrarlo en algún tipo de escándalo si llegara a la luz alguna información.
―Eso espero ―le pasó la carpeta con muchos papeles dentro―, espero sea suficiente para encontrarla, es todo lo que he averiguado, tienes ―miró su calendario―, exactamente 15 días para cumplir con tu nueva misión.
―Es muy poco tiempo ―se exaltó el joven.
―Lo sé, pero, es el tiempo que he comprado para arreglar este… remediable inconveniente, además, recuerda que si no actúas en el periodo estipulado, Roger o Felipe estarían encantados ―sus ojos denotaban desconfianza, él sabía que Liam era un joven con un pasado tortuoso y con dificultades para controlar su temperamento desde que pasó aquello en su hogar, de hecho fue el motivo por el que lo buscó para que formara parte del club, él tenía el perfil adecuado, pero, también sabía que a pesar de ser manipulable, aún no había perdido el espíritu de lo correcto, aún debía persuadirlo en ocasiones y aún no lo conocía del todo, aquellas cuestiones lo volvían aún una persona no tan confiable y algo peligrosa para sus propios intereses.
―Puedes irte ―Liam se limitó a obedecer y dio media vuelta con intensiones de salir del recinto―, y recuerda… ―Liam volteó de nuevo hacia Rodrigo, quien seguía observando los papeles que lo tenían ocupado― quince días, sólo quince días.

El joven de unos veintisiete años había dejado atrás la reunión con su líder, iba caminando por las calles de uno de los barrios en el que según los documentos que le había dado, podría vivir aquella mujer. Encontrarla sería algo complicado, pero tenía casi quince días para hacerlo, ya que ese día contaba como uno. Empezaría por volver al callejón, pensaba que quizá al estar allí pueda encontrar alguna evidencia que la lleve hasta ella, recordaba su cabello, rizado largo y rubio, y unos ojos oscuros o quizá amielados, aunque muy asustados por lo que había sucedido, fue lo poco que alcanzó a ver.

Luciana seguía ensimismada y asustada después de lo ocurrido, se hallaba perseguida por el hombre que minutos más tarde fue muerto de una forma cruel ante sus ojos, con saña y con odio, el que tomó su vida estaba completamente transformado, no se percató de la presencia de ella, hasta que el susto fue mayor y emitió unos sollozos, a causa de un mal recuerdo muy similar, que fueron escuchados por el asesino.

Sólo se vieron fugazmente, pero logró divisar una cicatriz en el cuello del hombre cuando un reflejo de luz lo descubrió, nunca olvidaría esa noche ni esos ojos que brillaron tanto como los de un felino, brillaban de euforia, de placer tras esa máscara de pintura que cubría sus facciones, era evidente que disfrutó sacarle la vida al hombre. En cambio, él sí la había visto fugazmente y eso la preocupaba, la perturbaba.

No había hablado con nadie sobre lo ocurrido, tampoco lo haría, motivos suficientes tenía para alejarse de los problemas, pero estos se le presentaban, esperaría a ver que decía la prensa al respecto, pero curiosamente, por la mañana en las noticias no mencionaron ningún asesinato, se pasó el día entero buscando alguna información en los canales de televisión, pero no había nada, como si nunca hubiera pasado tal cosa.

La joven tenía muchas preguntas y ninguna respuesta coherente, algo no estaba bien, de eso estaba segura. No estaba loca, aquello sucedió, pero, curiosamente nadie se había enterado. Recordó la escena, la sangre estaba regada por todo el lugar y ocultar aquello de la noche a la mañana era complicado, más bien imposible, era una calamidad.

Ella pensaba y a medida que pasaban las horas se daba cuenta que había cosas que no encajaban, debía descubrirlo antes de que se volviese loca, pero sabía bien que inmiscuirse era peligroso para su seguridad, debía permanecer discreta, con un perfil bajo, quizá él estaría buscándola.

Por un momento deseó volver a aquel callejón, quizá a buscar alguna evidencia de lo sucedido. Aunque estaba consciente que sería la peor decisión de su vida, con la ansiedad y la impaciencia no procesaba con raciocinio sus posibilidades, en realidad estaba asustada, temía que la buscaran, pero a la vez, deseaba conocer el porqué aquel asesinato no fue divisado por la prensa.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 3 meses

Buena historia, quedo pendiente de la continuación.


#3

Capítulo 2. Martes 15 de noviembre 21:30 horas

Liam estaba sentado en una de las escaleras de emergencia del edificio contiguo, analizando el lugar en donde había ocurrido todo, seguía buscando más pistas que lo llevara a dar con aquella chica. Recordaba que no pudo distinguirla muy bien, pero por lo poco que había visto de ella, le pareció hermosa, era una lastima que moriría en sus manos, pero, así de cruel era el mundo, sobrevive el más fuerte e inteligente, y él estaba seguro de ser ambas cosas. Ella tuvo la mala suerte de estar en el lugar incorrecto, eso la condenaba.

Jueves 17 de noviembre 04:00 horas
El joven había pasado los últimos dos días rondando el callejón, tenía una corazonada de lo que podría pasar, usualmente su sexto sentido no fallaba. Pero ella nunca llegó y era lógico, se preguntaba él mismo quién volvería a una escena de un crimen y más siendo una testigo, y sabiendo que el asesino podría estar detrás de uno.

Ese día en particular, estaba algo impaciente, tenía algunas negociaciones en puerta y aún no había tenido tiempo de estudiar los proyectos, pero con lo que había pasado, no podría concentrarse y menos a sabiendas que de ella dependía el regreso de la calma y el equilibrio a su vida.

Recordó que el primer día que estuvo allí, habría pasado parte de la madrugada inspeccionando, esperó, observó, pensó en las posibilidades pero nada fuera de lugar pasó, así transcurrieron las horas, hasta que el día empezó a clarear.

Viernes 18 de noviembre 07:00 horas
La joven jamás regresaría y menos a esa hora y con el frío de los últimos días, aunque tenía sus dudas, algo en su interior le decía que si. Debía empezar registrando los sistemas de cámaras que se encontraban a los alrededores, y sabía que le costaría dinero y tiempo. Sin embargo, al pasar por la esquina en la que ella se había refugiado, decidió detenerse un momento y analizar el espacio. Logró encontrar un poco de cabello y un extraño dije con un símbolo celta.
Lo había reconocido ya que a Samy le gustaba leer sobre esa antigua civilización, no pudo evitar evocarla al ver el dije. Ese símbolo decía muchas cosas más de lo que significaba en realidad.

Por extraño que pareciera, estaba seguro de que el dije le pertenecía a ella, y los cabellos dorados también, los llevaría como evidencia y pediría un análisis. Sacó una pequeña bolsa de plástico e introdujo los pocos cabellos y en cuanto al dije, lo metió en uno de sus bolsillos. Lo que si le llamó su atención fue el porqué esas evidencias seguían allí después de varios días...
—Patrik, necesito que analices una muetsra y luego compares los resultados con la base de datos —se dirigía a su vehículo, el cual era un bugatti veyron del año color negro, con total seriedad mientras escuchaba lo que le decían por el móvil —sí, necesito un ADN para dar con la persona..., perfecto voy para allá.
Subió a su auto y condujo a toda prisa, debía llevar la muestra lo antes posible al laboratorio del Instituto Frank Grihk, hasta el momento no tenía otro lugar en donde pudieran analizar su muestra, sabía que se estaba exponiendo, pero hasta el momento no había previsto ese tipo de situaciones, era la primera vez que pasaba.

Luciana decidió ir a trabajar al día siguiente, pensó en seguir reportándose enferma pero sabía que aquello no iba a ser la solución, debía afrontar su realidad y por tal motivo, se había propuesto investigar a fondo lo que ocurrió aquella noche. Porque estaba segura de que lo visto fue real.

Ella estaba realizando practicas en el laboratorio más importante del país gracias a sus brillantes notas, su esfuerzo había sido recompensado cuando uno de sus tutores el Dr. Michael Robinson le habló de la oportunidad de formar parte del plantel de profesionales de aquella organización. Su alegría fue evidente. Llevaría a cabo sus sueños y ser una científica especializada.

Gracias a las investigaciones que el instituto le permitía, podría terminar la maestría en Química Analítica Forense y con un poco de éxito incluso quedarse a trabajar como permanente en aquella prestigiosa organización.

Su pasado había quedado atrás, ya no deseaba volver a ser la de antes, tenía razones fundamentadas como para nunca regresar al lugar en el que no la querían y en el que estaban todas esas personas que tanto daño la habían hecho. La dulce chica ya no existía, ahora sólo era una máquina de olvido, de dejar atrás el tortuoso pasado que seguía asechandola en casi todas las noches, aunque no sentía culpa alguna por lo ocurrido, más bien por lo que había dejado inconcluso.

Llegó esa mañana al Instituto Frank Grihk como de costumbre, luego de hacer pasar su tarjeta por el detector, continuó hasta su lugar de trabajo habitual, el laboratorio de química analítica y biológica QAB, en el se realizaban todas los tipos de análisis químicos y algunos biológicos.

En esa sección trabajaba con Patrik Olson y Katerine Willow, sus compañeros, y el Dr. John Colleman, quien era el jefe del área. Todos se llevaban relativamente bien, salvo Katerine que sentía ciertos celos de ella, ya que a la vista se notaba que deseaba tener las atenciones de Patrik.

—De nuevo llegas tarde —Katerine le recriminaba a Luciana ni bien ingresó.
—No volverá a pasar, estuve enferma estos días y aún no me he recuperado del todo —fue lo único que atinó a decir, mientras Katerine negaba su afirmación mediante un movimiento corto de la cabeza de un lado a otro, no le caía bien y le costaba fingir.

Ambas continuaron con sus respectivos trabajos, enfocadas en su mundo y en las pruebas. Mientras que Patrik, despreocupado, se encontraba en la sala contigua realizando los análisis que le correspondían, ese día el jefe no iba a estar, él quedaba como encargado.
Esa mañana le habían dado la noticia a Luciana, se quedaría como permanente a su vuelta de defensa de tesis que sería a mediados de la semana contigua, y por tal motivo habían quedado en festejarlo en un bar no muy lejos del trabajo.

Liam llegó al instituto, debía darle la muestra a Patrik lo antes posible, para poder seguir en la búsqueda de la chica. Se dirigió con su tarjeta magnética hasta el piso y área en la que siempre lo encontraba y esa vez no fue la excepción.

—Buenos días Triki, veo que eres feliz siendo una verdadera rata de laboratorio —Liam le sonreía desde la puerta de acceso, ya que como de costumbre él se encontraba analizando muestras en los equipos.
—No todos tenemos la suerte de ser herederos de fortunas incalculables Willy—fue la respuesta de Patrik, quien se levantó de su sitio y le dio un abrazo.

Ambos eran amigos desde la infancia, Olson si bien no pertenecía a la clase social de Liam, provenía de una familia acomodada y de buena reputación en aquella ciudad. Se habían hecho amigos desde la primaria, habían estado juntos en la secundaria y en la universidad fueron a la misma, sin embargo siguieron carreras distintas.

Patrik dedicado a las ciencias químicas y William a las ciencias económicas, ya que tenía todo un imperio por administrar y debía hacerse cargo del negocio.

Continuaron compartiendo juntos todo lo que duró los años de estudios universitarios, incluyendo las maestrias y doctorados que vinieron después. En el caso de Patrik, el ya lo había terminado y Liam estaba realizando las últimas tutorías para entregar su tesis doctoral, andaba yendo y viniendo de la escuela de negocios del campus universitario.

Luego de ponerse al día en algunos aspectos, ya que hacia unas semanas que no se veían, Liam decidió entregarle la muestra.

—Verás, es una chica y me interesa encontrarla y saber de ella —fue su argumento.
Patrik lo tomó y no evitó una sonora carcajada.
—No puedo creerlo, el gran William Luxe Bramson Grihk está interesado en una mujer —siguió sonriendo, a lo que Liam no pudo negar, no sería bueno hacerlo ya que las intensiones reales no podría decirlas a nadie, tampoco deseaba despertar la curiosidad innecesaria de su amigo, razones por las que sólo asintió.
—Esto deberíamos de celebrarlo, me alegro por ti, por estar dejando atrás esa etapa de tu vida, imagino que ha de ser una mujer excepcional al dejarte de esta manera, y al recurrir a mi para poder encontrarla.
—Bueno, la verdad es que no la conozco, y es justamente por eso que quiero encontrarla, deseo conocerla, ella me causa cosas que… —hizo una pausa pensando en lo que haría con ella una vez la encontrase—, deseo hacerle, tu me entiendes —sonrió de lado con un guiño de ojo.
—Claro que te entiendo, pero me debes contar la historia, hasta ahora no entiendo bien cómo es que aún no sabes quién es —Patrik estaba atento a la historia de su amigo.
—Triki —Liam lo llamaba desde que tenían ocho años de esa manera— es algo complicado pero… —no alcanzó a decirle más, ya que en ese momento una mujer entró a la sala y lo interrumpió.

Él agradeció en su interior por la llegada de aquella chica, ya que en realidad no tenía idea de qué iba a decirle para distraerlo, y no alcanzó a verla porque estaba de espaldas a ella.
—Patrik estos resultados no me… —Luciana ingresaba distraída, no se había dado cuenta que su compañero estaba con alguien más allí.
—Lo siento pensé que estabas solo, volveré más tarde —Liam seguía de espaldas.
—Oh no, no te preocupes Luciana, estaba con un viejo amigo, Willy —a Patrik le encantaba llamarlo así, ya que sabía Liam se avergonzaría por aquel apodo de antaño e infantil.

Él dio vuelta para mirarla y ella hizo lo mismo, ambos se quedaron unos segundos sin decirse ninguna palabra, para ellos era como si ya se hubieran visto. Se pasaron las manos y en el momento en que se tomaron, una sensación extraña recorrió el cuerpo de cada uno, un mal presagio para ella, un escalofrío interesante para él.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 3 meses

Buena continuación, con un toque de novela negra interesante, quedo atento a siguientes cajas @Cara


#4

Capítulo 3
Patrik notó algo raro entre ellos y se le ocurrió la loca idea de invitar a su amigo a la reunión que tenían al salir del trabajo.

—William Bramson, pero puedes llamarme Liam, no le hagas caso a esta rata, lo dijo al presentarse ante ella —Patrik estalló en carcajadas, esas bromas eran comunes entre ellos, se tenían mucha confianza.
—Luciana Fernández —pronunció ella con cierta inseguridad, había quedado prendada de esa mirada intensa, le causaba nervios, escalofríos, curiosidad, un cúmulo de sentimientos que no lograba descifrar muy bien.

Al verlos de cierta manera comportarse algo reticentes, Patrik no tardó en invitar a su amigo a la pequeña reunión fuera de trabajo que realizarían ese día y como él no debía levantar ninguna sospecha, aceptó el ofrecimiento y después se dispuso a marcharse antes de caer en contradicciones. Lo que sí él llevaba cierta curiosidad por conocer más a la joven, fue uno de los motivos para aceptar la invitación.

—Muy bien, a las 19:00 hs en El Marin, te estaremos esperando —Patrik le guiñó el ojo y al hacerlo dejó al descubierto para Willy, que algo se traía entre manos.

Esos gestos no fueron desapercibidos por Luciana, pero decidió no mencionarlos para evitar una vergüenza innecesaria y quedar en evidencia ante Patrik.

Después que Liam se hubo marchado, continuaron como de costumbre con las labores de día, hasta que llegó la hora del encuentro.

Viernes 18 de noviembre 8:00 hs
Liam salió de aquel laboratorio bastante pensativo, esa chica le causó algo extraño. Le había gustado esa sensación, de hecho deseaba volver a verla, tendría que investigarla para conocerla más.

—Marcus, necesito un informe completo de Luciana Fernández, está en el área de Patrik —ni bien dio la orden, guardó de nuevo el móvil que había sacado al salir del laboratorio.

Después de aquello se dirigió a su departamento, debía descansar antes de continuar con el día, siendo quién era, podría darse esos gustos. Hasta ahora, no había descuidado nada relacionado al negocio familiar, ni siquiera por sus actividades extra curriculares nocturnas.

El Marin era uno de bares más viejos, famosos y lujosos del sector de la ciudad en donde estaban, a unas diez cuadras del instituto le facilitaba la llegada a Luciana, quien no tenía ningún vehículo, aunque sabía de sobra que a Patrik no le importaría llevarla, pero había decidido permanecer en cierta distancia para evitar problemas futuros con Katerine, a causa de absurdos celos. Prefería un ambiente de compañerismo.

En otras ocasiones ya habían disfrutado del lugar, Luciana llevaba tres meses de prácticas y debido al excelente desempeño, el Dr. Colleman, había solicitado su incorporación permanente, el cual fue aceptado y sólo tendría que presentar sus investigaciones finales, que llevaría a cabo en unos días más.

Habían decidido acudir al lugar ese día, pese a la ausencia del Dr. Colleman, ya que Luciana estaría de permiso considerando su presentación en la universidad y no tendría más tiempo para ellos hasta volver con la satisfacción de haber culminado una etapa más.
Liam había llegado puntual en el bar, seguidamente de Patrik y Katerine, los tres pidieron una bebida ligera para amenizar la noche, hasta que Luciana luego de diez minutos también hizo acto de presencia.

Ella se sonrojó en varios momentos, estaba segura que Liam no le sacaba el ojo de encima, pese a ello, continuaron los cuatro charlando como si nada, la estaban pasando bastante bien. Liam se había reído en varias ocasiones por las ocurrencias y anécdotas que Patrik contaba sobre ella. Todos parecían normales, pero la normalidad estaba lejos de la realidad y más en aquel selecto grupo.

Pasada las horas, casi todos se sentían bastante ebrios, la primera en darse por vencida fue Katerine quien decidió volver a su casa y Patrik siendo un caballero se ofreció a acompañarla.

Quedaron Luciana y Liam enfrascados en una conversación, ella había perdido la vergüenza a medida avanzaba con los tragos y él no parecía pasado de copas en ningún momento, de hecho estaba en autentico control y le encantaba recibir las informaciones que ella misma le estaba brindando.

Luciana le contó sobre sus andanzas cuando llegó y no sabía nada, perdiéndose en unas cuantas ocasiones e incluso cuando tuvo que dormir en un motel por haberse alejado demasiado y no saber cómo volver.

Así fueron pasando la velada, él se había ingeniado para no estar ebrio, así podía conocer más a la joven, deseaba saber más de ella y a medida que lo hacía, le gustaba más, hasta que llegó el momento de la despedida y con la poca conciencia que Luciana aún controlaba le dijo que debía marcharse a su casa, pero al intentar levantarse, el mundo dio vueltas a su alrededor y empezó a reírse de ella misma, estaba muy mareada, sola le resultaba imposible caminar.

A Liam le pareció jocosa aquella escena, sabía perfectamente que ella no podría irse sola, decidió acompañarla. A esas alturas, su dirección era una de las pocas cosas sin importancia que manejaba a la perfección.

Decidió guiarla hasta su vehículo, se encargaría de ella hasta que estuviera dentro de su departamento. Pero ni bien subió al auto, se durmió profunda, por tal motivo, el camino que decidió tomar fue otro, excusas suficientes tenía.

Sábado 19 de noviembre 08:00 horas.

Luciana abrió sus ojos, el dolor de cabeza que tenía era horrible, se decía a sí misma no volver a beber como esa noche, no soportaría despertar de nuevo con esa sensación tan fea. Pero ella se sorprendió al verse en un lugar desconocido.

Se levantó de prisa, seguía vestida con la misma ropa, la habitación era blanca con muebles rústicos, el piso de un negro brillante y la cama tenía sábanas negras de seda, se acercó a la ventana y pudo notar que estaba en un edificio de al menos veinte pisos de altura.
De inmediato se calzó los zapatos y decidió poner fin a la incertidumbre de quién la habría traído ahí. Salió de la habitación y se encontró con un pasillo levemente iluminado que llevaba a otras dos puertas.

Llegó hasta una espacio bastante grande y sobrio, muebles rústicos parecidos a los de la habitación en la que despertó en colores caoba oscuro la recibían en una sala y un aroma intenso a café, desde la cocina que se hallaba contigua a esta.

—Buenos días Luciana, veo que ya te despertaste —Liam con expresión seria, voz ronca y ojos brillantes, la saludaba desde la mesa de desayuno.

Por un momento no supo qué responder, no recordaba cómo había llegado hasta allí y la vergüenza pronto se apoderó de su ella, mostrándose en un rubor rojizo que despertó el deseo de él, un deseo enfermizo que lo llevaría a cometer más errores.

#5

Capítulo 4
—Buenos días...¿qué estoy haciendo aquí? —la confusión que sintió, era palpable.

—Descuida, te traje anoche porque no conocía la dirección de tu casa y te dormiste en el auto —su respuesta fue tan convincente que ella sintió más vergüenza aún, se sobó la frente mientras se disculpaba al respecto y su rostro se enrojecía. En cambio, Liam disfrutaba de aquella situación bajo su sombría expresión.

Ante aquellos gestos, él se dio cuenta de los dolores probables que ella padecía, era normal luego de beber alcohol despertarse de esa manera. La resaca nunca tenía buen pasar.

Le ofreció una pastilla y la invitó a desayunar. Ya se encontraba allí, no podía negarse. Ella asintió y el tiempo transcurrió en un silencio incómodo, él le producía nervios, no sabía aún explicar el porqué, pero, el porte y la forma en la que la analizaba y su manera de actuar, le causaba una extraña sensación. Todo en él irradiaba misterio y peligro, que a pesar de haber entablado una conversación aparentemente amena unas horas atrás, no desaparecía de sus pensamientos. La sensación inquieta en su corazón no la dejaba sentirse cómoda, quizá eran solo los nervios, o tal vez que él descubra sus secretos, lo cierto es que estuvo en una lucha interna que terminó cuando decidió creer que aquello solo era una paranoia suya. Así dió por zanjado el tema.

Liam por el contrario, no esperaba terminar de esa manera la velada, aprovechó que se quedó dormida para llevarla a su departamento, le gustaba mirarla, la había contemplado por horas cuando la tumbó en la cama, por un momento deseo saber que escondía bajo la ropa, pero aquello no hubiera sido lo correcto, ya que a pesar de la vida que llevaba, se esmeraba en aparentar normalidad, y el hecho de ser respetuoso era parte del paquete.

En sus planes no estaba aún abusar de su confianza y menos cuando recién se habían conocido hacía veinticuatro horas atrás, aunque él tenía la leve impresión de que ya la había visto en otro lado. Lo que sí le llamó la atención, fueron las pesadillas que la joven tuvo en parte de sus sueños, se la oía muy mal, pedía auxilio. Algo la atormentaba. Intentó despertarla en más de una ocasión, pero ella no había reaccionado al estímulo con rapidez, eso jugó a su favor, ya que se ahorraría explicaciones innecesarias y molestas.

Terminaron de desayunar y él se limitó a acompañarla hasta la recepción del edificio, había llamado un taxi para que llegase a su departamento sana y salva, la seguridad hoy en día era algo peligroso para las personas y más en el barrio en donde la chica residía. Pero sus pensamientos ella no los conocía.

—Cuídate, las calles no son nada seguras —se lo dijo sin imaginar lo que ella estaba pensando con la mención de esas palabras.

—Gracias por todo, lamento la molestia ocasionada —Luciana seguía avergonzada por lo sucedido.

—Descuida, no fue nada —dicho aquello volvieron a estrechar sus manos y tal como la primera vez, aquella rara sensación volvió a causarle estragos internos a ambos. De inmediato se despidieron, ya no alargarían el incómodo momento.

*****

Liam había recibido una llamada de Rodrigo, habían pasado seis días desde el ultimatum de él y aún no había dado con la chica. Rodrigo le había dicho que no olvidara el trato, esa mujer debía morir, nada de evidencias, nada de testigos, de lo contrario el mundo que habían creado caería y con ello, todos ellos.

Liam se notaba nervioso, había arrojado el móvil ni bien colgó el líder, esta situación no podría salirse de sus manos, debía solucionarlo y no le quedaba de otra más que buscar en las cámaras de los negocios y edificios cercanos al callejón mientras los resultados de ADN estuvieran. Ya había perdido mucho tiempo innecesario esperando.

Buscó un mapa de la ciudad, ubicó el callejón y trazó un circulo de unos quinientos metros a la redonda, otro de unos mil metros y una tercera franja de unos dos mil metros. Luego empezó a ubicar los edificios de viviendas en esas franjas, las pintó de un color diferente, después ubicó los negocios en esos lugares y los semáforos cercanos.

Entrar en el sistema de vigilancia de los negocios era más fácil que entrar en el sistema de vigilancia que poseían los semáforos, y la policía, empezaría por lo fácil.

En el radio de cinco cuadras alrededor, se fijó que había en total unos 25 conjuntos residenciales de un nivel social medio a bajo, también unos cuarenta y tres semáforos, de los cuales treinta y nueve poseían cámaras y las demás estaban averiados, justo las cercanas al callejón. Entre los negocios, existía unos ciento veinte, de los cuales la mitad poseía cámaras exteriores.

Decidió llamar a Serge, él tendría que buscar todas las imágenes de las cámaras en el horario anterior y posterior a lo ocurrido.

Tomó el móvil y de nuevo marcó a uno de sus contactos.

—Serge, ¿en cuánto tiempo podrías tener las imágenes y vídeos de las cámaras exteriores de una dirección y unos quinientos metros a la redonda de un día y hora determinados? —preguntó conciso y seguro.

Serge era uno de los hombres de confianza, un informático muy capacitado a quien había conocido en la facultad, lo había ayudado cuando cayó víctima de un asalto y por ende perdió la movilidad en las piernas. Desde ese entonces, él trabaja incondicionalmente para Liam, pues era muy difícil encontrar trabajo siendo discapacitado. Líam le había dado más que una oportunidad y por ello, él sería capaz de cualquier cosa por él. Sin preguntas. Sin razones. Era el motivo que los unía.

Liam sabía que Serge era capaz de hackear a los bancos si él se lo pedía, por tal razón nunca se había aprovechado tanto de sus habilidades, si bien en algún que otro momento tuvo que recurrir a él para interferir cámaras y grabaciones, no habían sido tantas y deseaba que así fuera siempre, no deseaba involucrar demás al genio informático en sus actividades nocturnas, a pesar que sabía de él su lealtad incondicional.

Serge le respondió que todo era posible, que intentaría encontrar todos los videos de esa hora e intentaría darle secuencia.

—Buscas a alguien en especial? —fue lo que Serge preguntó, si debía buscar algo, al menos debía saber qué o quién.

—Sí, es una mujer rubia, estuvo en ese horario rondando esa dirección.

—mmm ese lugar no está entre los barrios más seguros de la ciudad —Serge ya se encontraba tras de su computadora con la orden dada y ya podía observar la ubicación que él le había pasado—, creo que me llevará unos tres días más o menos, son muchas cámaras las que deben intervenirse, algunas o las podré hacer desde aquí, otras tendré que acercarme más.

—Está bien, llámame si encuentras algo llamativo y utiliza todos los recursos que sean necesarios, no hay limitaciones —dicho eso, colgó.

Más de lo que estaba haciendo ya no podía, estaba moviendo todas las piezas para ubicarla, se sentó a contemplar la ciudad desde la ventana que daba al balcón, tenía en sus manos el dije con el símbolo celta, era una triqueta, símbolo de la vida, la muerte, el renacimiento y las fuerzas del agua, la tierra y el fuego.

—Pequeña curiosa... ¿dónde estarás? —daba vueltas el dije en sus manos mientras hablaba en susurros—, es una lástima que tu dije represente exactamente lo que pasará contigo. Vida, aún seguirás en esa condición hasta que te encuentre; muerte, yo te llevaré hasta ahí; renacimiento, quizá en el más allá tengas más suerte que en esta ciudad.

Tomó con fuerza el objeto entre sus manos y siguió bebiendo del líquido ámbar que se había servido mientras pensaba en la mujer que le quitaba algo más que el sueño desde que apareció, también, de forma inconsciente, pensaba en cierta mujer a quien deseaba seguir viendo, Luciana.

Sin saberlo, pero con una sensación extraña y sospecha quizá infundada, sentía que ambas estaban relacionadas. Ya muy pronto descubriría la verdad.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 3 meses

Mala solución parece tener el encuentro de estos dos. No quiero anticiparme, espero a ver como lo vas resolviendo @Cara. De momento para mi va perfecta.


#6

Capítulo 5
Sábado 19 de noviembre 10:00 hs
Luciana llegó hasta su departamento con un poco menos de dolor en la cabeza, su barrio no era el mejor, considerando en dónde había estado durmiendo y en el fondo agradecía el hecho de que Liam no la acompañara hasta allí o mejor aún, que él no conociera su lugar de vivienda. Al menos eso pensaba.
No sabía nada de él salvo que era amigo cercano de Patrik, quizá al volver tendría que preguntar más, sin levantar tantas sospechas de interés repentino, aunque la verdad es que le gustaba como él la miraba, le gustaba esa sensación rara que tenía cada vez que hacían contacto sus pieles, y lo mejor de todo, le había gustado compartir el desayuno con él.
Era sábado y ella debía ponerse las pilas para realizar los últimos ajustes a su investigación, le habían dado la semana libre, por lo que debía aprovecharlo al máximo, empezando por ese día.

Sábado 19 de noviembre 15:00 hs
Liam se pasó leyendo y releyendo el expediente de Luciana, Marcus se lo había pasado el día anterior, unas horas antes de su encuentro en el Marin. Le parecía extraño que no encontraran nada de ella, salvo sus antecedentes académicos en la universidad, la beca ganada y su dirección actual, el cual no le agradaba en nada. Ese barrio no era el adecuado para una universitaria que estaba por defender su tesis de maestría. Algo no cuadraba. Pediría que investiguen su vida antes de allí, sus antecedentes, no tenía ninguna cuenta en ninguna red social, prácticamente ella era un fantasma para el mundo globalizado en el cual vivían.
No entendía cómo pudo pasar desapercibido esos datos en el instituto, se suponía que tenían una seguridad óptima, podría pensar que alguien lo hizo pasar de adrede.
Luego de tantas preguntas y respuestas, contactó con un investigador privado, le pasó los datos que poseía y dos fotografías suyas, una le había sacado durmiendo y la otra se encontraba en el expediente.
Después de aquello, se preparó para ir al encuentro de la Logia, era el único lugar en donde podía ser él mismo, esa noche tenían una situación de urgencia que resolver, no acostumbraban a reunirse a menudo, por lo general cada quince días, salvo en situaciones que requerían un accionamiento rápido; tanto Rodrigo como los demás, estaban preocupados, al parecer cierto individuo se había acercado demasiado y rozó el límite de lo permitido.
Se dirigió hasta la vieja casona, la cual daba con el campus del Imperial, y a través de unos túneles bien acondicionados, llegaban hasta la guarida principal.
El túnel era estrecho, pero poseía luces en forma de antorchas que daban luz a lo largo del camino hasta el recinto principal «el centro». Antes de tomarlo y andar por él, se colocaban unas capuchas obscuras, de color negro que habían sido elaboradas exclusivamente, las cuales protegían su identidad ante cualquier eventualidad, podían ingresar al centro solo con esa vestimenta, además, unas máscaras en el rostro complementaban el atuendo de misterio que siempre debían vestir, en ocasiones bastaba con pintura especial en vez de las máscaras, resultaba opcional y cada quien elegía según su comodidad.
El salón principal poseía una mesa giratoria redonda de al menos dos metros de diámetro, en cuyo centro se construyó un pequeño habitáculo para encender el fuego cuyas dimensiones eran menores y no alcanzaba un metro en el centro de la mesa.
Las llamas del centro fulguraban con tal intensidad y era bien acogido por los presentes y más teniendo en cuenta que el frío afuera era intenso.
Cuando Liam llegó hasta la tarima principal ya estaban los demás sentados esperando, unos calmados y otros con cierta ansiedad. Rodrigo se encontraba en medio, Roger a su izquierda, y Felipe a su derecha. Carl aún no estaba bien, después de su último encuentro, habían logrado herirlo, por lo que decidieron enviarlo de reposo hasta que se recuperase del todo.
—Bueno, en vista que ya estamos todos reunidos, quiero informarles que Carl aún no se encuentra en condiciones para asistir y cazar con los cuervos —los demás asintieron en señal de aprobación.
—Por otra parte, es preciso comentarles que hemos tenido un pequeño inconveniente estos días, lo cual se debe al señor Dixon Burrell, ex agente especializado de las fuerzas armadas del país.
Así Rodrigo Battle explicaba lo que el agente había hecho, sin haberlo si quiera sospechado, empezó a investigar algunas desapariciones y halló coincidencia en todas y en una dirección que involucraba a la familia Morrison, es decir, a la familia materna de Rodrigo. Si bien, la dirección no implicaba nada, aparentemente, era preferible acabar con el origen de la preocupación, en el dado caso que al agente le interesara mirar al vecino, es decir a la propiedad de los Morrison.
La situación se había vuelto algo personal, ya que ellos no estaban acostumbrados a tomar la vida de nadie que no sea un paria para la sociedad, más bien, todos los encargos habían sido propuestas teniendo en cuenta sus antecedentes y las injusticias libertinas que se cometían con esas personas.
En otras palabras, hasta ese momento ellos habían actuado como héroes de una sociedad que oculta bajo sus propios preceptos les agradecía, porque ellos los liberaban de ese tipo de escorias que sólo lastimaban y dañaban a las personas de bien, o los grandes acaudalados que pagaban cuantiosas sumas por sacar de sus caminos a algunos indeseados.
Tanto Roger como Felipe ya estaban motivados y ansiosos de encontrar a ese hombre y matarlo como solo ellos serían capaces de hacerlo. Sin embargo, Liam no estaba del todo de acuerdo, aún tenía la leve esperanza de que el hombre al que estaban a punto de cazar realmente perteneciera al grupo de personas con peor reputación, cuyos crímenes eran imperdonables. Pero, no era así esa vez y tenía que afrontarlo. Aunque tampoco se sentiría mal por lo que estaba a punto de hacer.
Quizá en ese salón se encontraban los hombres más influyentes económicamente del país y sumado a ello eran los más sanguinarios.
La casona poseía muchas hectáreas de reserva, protegida con muros bastantes elevados y resistentes, era considerada uno de los pulmones de la ciudad, y por tal motivo nadie se asomaba al lugar, lo cual era perfecto para lo que ellos hacían, aunque a veces debido a la protección y seguridad cesaban las actividades por un tiempo, trasladando a otros considerados más seguros o en todo caso, libremente, como cuando Liam perdió el control y dejó escapar a la testigo. Cazar a sus víctimas en un ambiente neutro y cerrado, usualmente pasaba de esa manera cuando el escape de la víctima no estaba permitido. Su final sería siempre el mismo. La muerte.
—En diez minutos más, el señor Dixon será liberado en la afueras de la casona, y una vez que eso suceda, tendremos libertad para sacar del camino a alguien que osa en complicarnos la vida, a alguien que busca nuestro fin. Quien logre acabar con él, obtendrá el premio acostumbrado.
Dicho eso, se colocaron en las otras cuatro salidas del salón hacia el exterior, esos túneles llevaban a diversos puntos dentro del área del patio de la casona, lugares por donde estará intentando huir Burrell. Sólo uno de ellos estará más cerca de la víctima, la competencia empezaría en breve.
Tres, dos, uno, el sonido del viejo reloj marcaron las doce de la noche, momento en que los cuervos salían por su presa, momento en que se desataban las bestias e iban a saciar su sed de asesinar.
Rodrigo, Roger, Felipe y William, iban ansiosos por el poder que ostentaban, iban transformados en bestias voraces tras su presa.

#7

Capítulo 6
Domingo 20 de noviembre
De nuevo era domingo, la rutina de Luciana no se llevaría a cabo, su tesis se lo impedía, pero tenía ganas de tomarse un breve descanso, eran a penas unos ajustes que así como iba, los terminaría a más tardar el día siguiente, así sólo le restaría repasar para el jueves, día en el que estaba programada su presentación.
Se estaba preparando para salir a caminar un rato, pero un mensaje en el móvil la alertó de continuar con sus preparativos.
«Buenos días, te invito a almorzar, paso por ti más tarde. Liam».
Luciana se quedó boquiabierta al leer el mensaje, no esperó que él se acordara de buscarla, sabía que no debía inmiscuirse demasiado con nadie, debido a sus antecedentes, pero, ese hombre le causaba una atracción extraña que le gustaba, por lo que lo convirtió en su distracción del día y decidió aceptar, respondiéndole en forma afirmativa.
Liam regresó temprano a su casa, Rodrigo les había ganado la partida y fue él el verdugo de Burrel, estaba algo decepcionado ya que deseaba con ansias el premio, sería para la siguiente oportunidad.
Decidió que mejor continuaría investigando a Luciana, se había convertido en su segunda distracción favorita, el aura de misterio que la envolvía, a él lo dejaba con ganas de saber más.
Quedó en almorzar con ella y tal como lo planeó pasó a buscarla, luego de que ella le diera una dirección diferente a la real, aquella acción lo intrigó más y deseó con más vehemencia que el investigador contratado pronto le diera noticias interesantes.
La llevó a un restaurant bastante discreto, pero no por ello menos lujoso, él estaba acostumbrado a una gran vida, pero sabía que ella no, por lo cual quiso buscar un punto medio, quería que se sintiese a gusto a su lado.
Algo ocultaba esa mujer, algo que a él lo llenaba de curiosidad. Deseaba conocer sus secretos, porque tenía la intuición que no eran nada buenos, quizá oscuros. Sea como fuere, él lo sabría, tarde o temprano.
Pasaron la tarde hablando, de a poco entraban en confianza, aquella que él buscaba.
A Luciana se le hizo un tanto difícil seguirle la conversación, gran parte de lo que le decía distaba mucho de la realidad y en ocasiones le costaba hilar las palabras correctas, pero le caía bien ese hombre y muy en el fondo de sí, deseaba volver a tener una vida normal, contrariamente a su intuición inicial, se sentía a gusto con Liam.
Liam por el contrario, no logró sacarle ningún tipo de información concerniente a su pasado o a su origen, entre dudas que él supo apreciar, ella logró persuadirlo, bueno, al menos fue lo que le hizo pensar.
La dejaría en paz por el momento, pero cuando le diera la oportunidad, debía encararla y desmantelar de una vez esa pantalla de mentiras a su alrededor.
Luciana consiguió que él la volviera a dejar en el mismo lugar en donde la había recogido y agradeció internamente, pues una desviación a su plan, le llevaría a inventar más mentiras para ocultarse.
Luego de llegar a su pequeño departamento, continuó con las labores previstas hasta que recibió una llamada.
—Hola —se quedó en silencio mientras escuchaba atenta—, entiendo, pero… qué fue lo que pasó realmente —de nuevo guardó silencio —desapareció… y ¿qué tengo que ver con todo esto? —esta vez el silencio fue de mayor tiempo—, perfecto, puedes traerlos hasta aquí, los voy a guardar.
Al terminar la llamada siguió en lo suyo, sin imaginar lo que el destino le estaba preparando.
Liam de camino decidió volver a llamar al investigador, le ofreció más dinero por conseguir en el menor tiempo posible alguna pista sobre ella, pero para su sorpresa, él ya tenía algunas informaciones que le entusiasmarían.
—Te las estoy mandando ahora, me encuentro en Argentina, fíjate —fue lo que se oyó en el altavoz antes de que el celular realizara el típico sonido de la llegada de una notificación, en este caso, unas imágenes.
Él miró detalladamente las imágenes, eran las copias escaneadas de unos pasaportes, uno de origen argentino y otro de origen mexicano, pero lo que más le llamó la atención, fueron las fotos de la mujer, la primera llevaba por nombre Priscila Anna Figueroa Martínez, de nacionalidad Argentina, la segunda era Elba María Pacheco Riart, de nacionalidad mexicana, una de ellas era rubia, la otra de cabello negro, pero, eran la misma, era Luciana.
—¿De quién estás huyendo Luciana?, ¿cuál es tu verdadero nombre?
Liam se preguntaba cómo es que ella llegó a despistar a las autoridades de su propio país, era evidente que no estaba sola, alguien tendría que estar ayudándola.
Mientras tanto, con esa información ya tendría suficiente por el momento, cada vez sentía más ganas de analizarla y descubrirla.

Jueves 24 de noviembre
Pasaron tres días y finalmente llegó la ansiada fecha para Luciana, el día de la defensa de tu tesis, se había preparado de forma intensa y sentía confianza y seguridad.
Tal como lo había predicho su tutor, la calificación que obtuvo fue la más alta, sin duda alguna, ella era una excelente investigadora, sus conclusiones respecto al tema elegido hablaban por ella.
Liam no había dejado de enviarle mensajes durante esos días, como tampoco tenía actividad en la logia, se puso en campaña con los negocios pendientes por cerrar, ambos estuvieron bastante ocupados.
Al termino de su defensa, los profesores que actuaron de jurado y otros que estaban en el auditorio se acercaron a felicitarla y a desearle más éxitos, para su sorpresa entre ellos apareció William, vestido de manera imponente con un traje gris oscuro que casi la deja sin aliento.
—Esto hay que celebrarlo, he preparado algo especial —Liam le sonreía de lado, a lo que ella sólo pudo asentir, estaba tan contenta que de a poco estaba creyendo sus propias mentiras.
Mientras ella estaba defendiendo su trabajo, Serge avisaba a Liam del trabajo terminado, ya tenía los videos y se los enviaría, se había retrasado más de la cuenta, ya que problemas inesperados obstaculizaron su investigación. Esa noticia lo puso más feliz aún, ya no soportaba al imbécil de Rodrigo ni a sus estúpidas amenazas. Él cerraría el circulo abierto para que todo vuelva a la calma.
Esa noche tenía pensado ir más allá de una despedida de manos con ella, sentía la necesidad de poseerla. La atracción que emergía entre ambos era indudable a tal punto que los empezaba a carcomer, ambos pasaban el día entero pensándose e imaginando momentos y esa velada sería el inicio de una relación sin precedentes.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 3 meses

Justo cuando se pone interesante termina la caja, no queda otra que esperar.

Cara
Rango10 Nivel 47
hace 3 meses

@Hiarbas tranquilo, falta mucho aún... gracias por seguir de cerca y estar atento a la historia.


#8

Capítulo 7
Jueves 24 de noviembre 20:00 horas.

El departamento de Liam estaba preparado para albergar a la pareja de comensales que disfrutaría de una exquisita cena, con vino de la mejor calidad y un ambiente bien preparado de ante mano, él se había encargado de contratar a un equipo que realizaba ese tipo de servicios, quería sorprender a su conquista de turno. No quiso llevarla a un restaurante porque no quería perder tiempo para lo que venía después. La deseaba y no perdería otra oportunidad.

Luciana se sintió bien en su compañía, no tan intimidada como de costumbre y le gustó la sorpresa que él le había dado, durante la velada hablaron de muchas cosas, de sus sueños, de los lugares que le gustaría conocer, de la suerte que había tenido para ir a parar en el mejor instituto de investigaciones de aquel país, entre otros temas triviales sin importancia aparente, sin embargo, siempre limitándose a expresarse tal cual era, debido a su tormentoso pasado y a no querer caer en contradicciones.

Él por su parte no le había contado sobre sus negocios, agradecía que ella no haya preguntado demasiado al respecto, y aunque de haber sucedido algún interrogatorio, sabia que sus respuestas no hubieran sido convincentes ni verdaderas, no le gustaba exponerse y menos con alguien que a ciencia cierta no sabía quién era. Despues de todo, ella continuaba siendo una extraña. Tampoco deseaba presionarla, ya que otra sería su reacción si supiera ciertas preferencias de su persona, lo más probable que hubiese pasado es que ese momento nunca se existiese, ni si quiera en su imaginación.

—¿Quieres bailar? —le preguntó ella de forma desinteresada y un tanto valiente, se la notaba muy jovial, muy alegre y poseía una voz aterciopelada que le recordaba a Samy.

Él no le contestó de inmediato, pero al segundo de oirla ya pensó en su siguiente paso y salió de la estancia dejandola un tanto descolocada, ella no sabía qué habría pasado para que él hubiese reaccionado de esa manera, le preocupaba que haya visto en ella a una mujer fácil, sin embargo, al poco tiempo oyó que habían puesto música suave dentro del departamento.

La agradable melodía lograba que ella disfrutara más de las vistas desde el balcón. Le gustó que él se haya tomado la molestia de buscar una canción acorde. Detalles inolvidables para ella, incluso por un leve instante se imaginó siendo normal, viviendo la vida que le truncaron por aquel destino cruel que le habían impuesto.

Esta vez fue él quien se acercó a ella extendiendo la mano en señal de invitación, sellando de aquella manera el ofrecimiento incial. Si bien él estaba acostumbrado a llevar las decisiones en todo momento, fue una grata sorpresa la tímida osadía de aquella mujer, podría decir que le habia encantado. Estaba viviendo algo novedoso e inusual.

Al aceptar juntar sus manos, un escalofrío intenso empezó a extenderse por todo su cuerpo, ese hombre la intimidaba, le superaba en gran medida, le era dificil no caer ante la tentación que representaba, y Líam lo sabía, se daba cuenta de lo que causaba en ella, por eso estaba aprovechando esa oportunidad, estaba jugando sus mejores cartas de hombre seductor.

Bailaron juntos, iniciando una lenta danza al compas de las melodías, disfrutando minuto a minuto del contacto, de la cercanía, del cúmulo de sensaciones que crecía en el interior de ambos, sin poder darle aún un nombre adecuado, sabían que era deseo, sabían que la atracción entre ellos estaba llegando al límite, ¿quién caería primero? era la pregunta crucial, que quizá marcaría la única diferencia.

Poco a poco el fuego fue creciendo entre ambos, y la necesidad de sentirse más cerca y de fundirse en la piel del otro se volvió insoportable. De caricias casi imperceptibles y besos cargados de inocencia fugaz, fueron aumentando hasta llegar a besos intensos y a caricias pasionales.

Se besaban de manera exquisita, intensa, profunda, cargada de pasión y fuego, ambos estaban ardiendo, consumiendose en sus deseos, no existía razones, no existían impedimentos que los separase en ese momento, eran dos adultos disfrutandose entre sí.

El tiempo se detuvo para ellos, las manos de Líam recorrieron cada centímetro del esbelto cuerpo de la joven y ella hacía lo mismo con él, y a pesar que sabía que no debía ilusionarse con nadie, se dejó llevar por que extrañaba sentirse importante para alguien, al menos de esa forma, ella veía que era en parte la causante de la excitación extrema al que estaban llegado.

Lo último de lo que fue conciente antes de caer sobre una superficie suave, la cama, fue haberlo escuchado hablar.

—Eres tan hermosa —le susurró al oído antes de iniciar un lento camino de besos que inció tímido, pero continuó sugerente, seductor y pasional. Había emun camino de besos en la oreja, continuando con el cuello hasta llegar a tomar sus labios, como un néctar delicioso que estaba esperando por él y que fue hecho solo para él. Actuaba como si estuviese reclamando sus derechos sobre ella, como si ella le perteneciese de algún modo.

Ambos se dejaron arrastrar y sucumbieron ante lo inevitable. Él la desnudó con maestría, con vehemencia, urgía sentirla, la necesitaba para calmar esa tensión sexual que había sentido desde que sus pieles entraron en contacto.

Ella se dejó llevar y por primera vez en todos estos años, ambos no pensaron en su pasado, solo eran los dos, compartiendo sus cuerpos, dándose placer en forma pausada, intensa y entregándose por completo a la sensualidad, al deseo y quizá a algo más.
Después de la intensa noche quedaron extasiados y se dejaron llevar por el sueño hasta el día siguiente.

Viernes 25 de noviembre 06:00 horas.

Liam despertó temprano como de costumbre, tenía el sueño ligero y se sentía relajado, había pasado la mejor noche de todas en muchos años, y se lo debía a ella, a Luciana o como se llamase, a esas horas lo único que deseaba era volver a hacerla suya de mil maneras diferentes.

La veía dormir a su lado y le encantaba esa imagen, si fuera por él, pasarían el día entero en la cama, quería explorarla en todo sentido, quería de ella lo mismo que sintió durante la noche.

Empezó a desperdigar besos húmedos a lo largo de su cuello, y al darse cuenta que iba despertandola empezó a bajarlos hasta llegar a sus pechos, los cuales estaban a merced de su boca, de sus manos. De nuevo la pasión se hacía presente entre los dos, y sin dudarlo él volvió a sentirla de la misma forma que horas atrás, esta vez de forma pausada, de manera cadenciosa, buscando obtener el máximo placer posible, ella se retorcía entre sus brazos y gemía, sonidos que lo volvían literalmente loco, quizá ya no podía estar peor, pero se había equivocado, ella podía lograrlo.

En el momento más intenso, cuando estaban por llegar a la cima de sus deseos divisó en ella un pequeño tatuaje, que no había visto la noche anterior. Se quedó sin palabras y sin movimientos. Era aquel símbolo. La trisqueta.

Era el mismo símbolo del dije que había encontrado en el callejon, fue allí que se percató también, que llevaba puesto una fina cadena sin ninguna medalla. Allí empezaron a hilarse las incognitas, el cabello rubio, la ubicación de su departamento, la forma extraña de actuar que a veces tenía. Era ella y la había encontrado. A su mente llegó la única pregunta que quizá no sabría como contestar, ¿qué haría de ahora en más?.

Luciana al darse cuenta de la repentina situación, le preguntó qué pasaba, pero en ese momento al abrir los ojos y con la claridad del día que se filtraba por la ventanas todo fue muy claro, lo vio, pudo notar aquella marca en su cuello, la cicatriz que jamás olvidaría y los ojos brillantes que emanaban misterio y oscuridad; siempre tuvo una corazonada con él, pero hasta ese momento fue que pudo saber el porqué.

El cielo se le nubló por completo y el terror invadió su ser, él se dio cuenta del miedo repentino que sintió, de hecho, empezó a temblar entre sus brazos. Ambos ya lo sabían, no hacía falta esclarecer nada, el destino había hecho de las suyas juntándolos en una situación espeluznante. El era el asesino y ella la testigo. El debía encontrarla, ella debía ocultarse. Él debía matarla.

La bestia interior de Liam había despertado en ese preciso momento, aunque aún confundido por el nuevo descubrimiento, no iba a dejar de sentirla como tanto la había ansiado. Continuó moviéndose entre sus piernas, apresándola de ambas manos y al sentir sus sollozos, quedó confirmado lo que ambos ya sospechaban, lo que ya sabían. La besó de nuevo con fuerza, esta vez ya no existía cariño ni suavidad y aunque ella intentaba resistirse, el placer que le causaba no podía evitarlo. Era una encrucijada.

Él prácticamente la estaba forzando, pero se daba cuenta que ella también lo disfrutaba, la brusquedad en los movimientos excitaba más a los dos y así continuaron hasta que llegaron al final de todo, extasiados pero con una incertidumbre voraz. Solo después de eso, él la soltó cayendo sobre ella y susurrándole al oído una simple y llana frase cargada de terror con la que iniciaría el juego y las máscaras caerían «te encontré».

IndigoDolphins_73
Rango9 Nivel 40
hace 3 meses

Esta parte es más acorde con el comienzo. Buen giro, intensa escena


#9

Capitulo 8

Las lágrimas de Luciana eran cada vez más, la desesperación que sentía, el temor que Liam le provocaba, su mirada siniestra, el brillo raro de sus ojos, todo de él gritaba terror, muerte, oscuridad.

Antes de levantarse de su lado, ella empezó a temblar y esa sensación a él le encantaba, le gustaba ver reflejado el miedo en sus ojos, le gustaba notar la desesperación y la impotencia en las personas y en ella aún más.

—Pequeña curiosa... ya no puedes huir de mi, desde ahora, me perteneces —y dicho eso se levantó de encima de ella, dejándola expuesta. Ella intentó cubrirse con las sábanas como pudo, pero ya era tarde, él la estaba observando y además, después de lo ocurrido entre ellos, ya estaba demás esos detalles, de igual forma, le hizo sonreír por su ingenuidad. Él la contemplaba desnudo.

La dejó para dirigirse al baño y vestirse, mientras ella, temblorosa buscaba sus ropas, las cuales estaban aún regadas por el piso de la habitación. No podía creer que el destino le estuviera jugando una ironía de tal magnitud. Se vistió de prisa e intentó salir, corrió hasta la puerta principal, pero él logró interceptarla antes que pudiera alcanzar, pegándose a ella con brusquedad con su imponente cuerpo.

—¿A dónde crees que vas? —le habló al oído con voz hostil—, te dije que me pertenecías desde ahora —dicho eso la volteó para poder mirarla a los ojos, sosteniéndola de los brazos.

La contempló con mil dudas en su cabeza, la había encontrado, pero las decisiones que tomaría de ahí en adelante a cada segundo se volvían más difusas, más inciertas. Si bien debía asesinarla, no estaba aún seguro de cúando lo haría, ni cómo, lo que acontecía también fue una sorpresa para él.

—Déjame ir —sollozaba y se retorcía de miedo entre sus brazos—, te juro que no diré nada pero solo dejame ir por favor.

—Ese no es el único problema pequeña curiosa —se fijó en cada uno de los detalles de su hermoso rostro, bañado con lágrimas cristalinas, sin duda ella le recordaba a Samy, pero con aires de misterio que lo volvían loco.

Luciana no estaba razonando, veía en sus ojos el peligro, él era un asesino y ella lo había visto. Debía escapar, sabía que podría conseguir otra identificación falsa sin problemas, se largaría de aquel país, empezaría de cero en algún otro lado, fue muy ilusa al creer que esa vida de mentiras podría llegar a buen puerto. Pero él tenía otros planes para ella. A su mente llegaba la advertencia de Rodrigo, que le recordaba su misión y el resultado posible si fracasaba.

—No intentes escapar, porque puedo enojarme contigo y no suelo ser compasivo con quienes me fallan o no siguen mis órdenes —su voz tenía un tono autoritario y demandante, ya no había nada del hombre romántico y alegre que ella había conocido, además la fuerza con que la estaba acorralando era tal que se formarían cardenales alrededor de los brazos de la joven —, y creo que sabes muy bien de qué te estoy hablando —él hacía referencia a esa noche.

Sin embargo, Luciana decidió pedir ayuda.

—Socorro, socorro, auxilio, alguien que me ayude por favor —sus gritos desesperados estaban mezclados con los hipidos normales del llanto, las lágrimas habían bañado su rostro, dejándola con surcos negros producto de los restos del maquillaje que con tanto esmero se había realizado el día anterior.

—Nadie te va a escuchar, recuerda en dónde estamos —se lo dejó bien claro al tiempo que la apartó a un lado y se apresuró en reforzar la seguridad de las puertas de acceso, introduciendo los códigos en el panel digital, Luciana pensó en ese momento que de ese lugar no saldría con vida.

Resignada y por su propio bienestar decidió hacerle caso, en vano intentaría escapar del ático de un edificio de más de veinte pisos, que él conocía a la perfección. Había sido muy ingenua al pensar que esta vez sería diferente el curso de su vida. El pasado de alguna manera estaba volviendo a ella, a recordarle lo infelíz que había sido, que sigue siendo y que probablemente seguirá atormentandola.

William la encerró en uno de los cuartos, el mismo que ella había ocupado la noche en que estuvo ebria. No tuvo mejor idea que esa, estaba con una conmoción que disimulaba bien, pero en su interior, hubiera deseado que no fuese ella la mujer a quien estaba buscando y a quien debía asesinar para dejar protegido su oscuro secreto y el de los demás. Ellos la querían muerta, pero él, antes quería tenerla por más tiempo. Ella sería su nuevo juguete. Se deleitaría con su miedo.

Decidió fumar, no había otra cosa que calmara sus nervios, bueno, si había pero en ese momento no podía arriesgarse a que ellos se enterasen de sus motivos reales, Rodrigo se lo había dejado bien claro, si él no la encontraba, la tarea sería designada a Roger o a Felipe, y sabía perfectamente que ellos la encontrarían sin dificultades, tenían las características de sádicos asesinos cazadores, llevaban más tiempo que él en la logia. Pero, no era precisamente eso lo que le preocupaba, sino más bien el hecho de que esos colegas suyos eran unas bestias, personas que amaban torturar y si Luciana caía en sus manos, tendría un final muy doloroso, su agonía no duraría horas, ellos eran capaces de hacerla sufrir por días e incluso más.

No comprendía esos sentimientos repentinos que despertaba en él. Se preguntaba porqué simplemente no la asesinaba de una y arreglaba el asunto de raíz, solo que no hallaba respuestas satisfactorias ni convincentes, la razón estaba lejos de ser entendida.

La situación no le agradaba, no quería que la mataran de ninguna manera, no quería que nadie le hiciera daño, solo él podía, solo él tenía ese derecho y no se lo cedería a nadie más.

11:00 horas.

Pasaron las horas y decidió salir de prisa, necesitaba estar lejos de ella, necesitaba pensar en frío, su presencia le nublaba la mente y los pensamientos no eran nada críticos ni razonables, se recriminaba interiormente por eso, estaba siendo débil y eso para su posición no era recomendable. Debía tomar una decisión lo antes posible. Se estaba volviendo más loco de lo que ya estaba.

Estando en su vehículo decidió mirar los videos que Serge le había enviado, eran un total de diez, empezó a reproducirlos uno a uno y la veía caminando, a ella, a Luciana. Desde media hora antes del suceso, hasta media hora después. Por lo que pudo observar, no podría decir de qué lugar venía, pero sí a dónde se dirigió, al Magestic Plaza, uno de los hoteles más lujosos de la zona en donde no vivía. De nuevo otra rareza en ella, según los datos que conocía, vivía en el Complejo Residencial Génesis, donde residían en su mayoría extranjeros y estudiantes de clase media a baja.

—Pequeña... ¿qué hacías en uno de los edificios de Felipe? —pensó en voz alta, cada vez le cuadraban menos los datos de ella—, quién eres en realidad.

Pasado aquello, se dirigió al café en el que se encontraría con el investigador, quien le había enviado un mensaje el día anterior solicitándole encontrarse en persona, le tendría más noticias que solamente podría decirle de frente, el caso era serio y delicado, según se lo explicó, Liam no tuvo más remedio que aceptar. Estaba ansioso de poder conocer algo más sobre su pequeña curiosa y había llegado el momento de saber qué ocultaba.

De camino pensaba que aún no estaba seguro de lo que haría con ella una vez volviera. Matarla no era una opción en ese momento, quizá más adelante, pero mientras tenía que sacarse esa ansiedad que no lo dejaba razonar.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 3 meses

Cada vez se pone mas interesante. Me gusta tu forma de narrarlo. Quedo intrigado a la espera de mas @Cara.


#10

Capítulo 9
12:00 horas

—Buenos días señor Perton —se pasaron las manos en señal de un saludo amistoso—, espero que me tenga buenas noticias y novedades sobre el tema.

El caballero sólo asintió de manera efusiva, lo que le diría a Liam estaba fuera de su alcance y sabía que él no aceptaría una negativa, su vida corría peligro, por lo que decidió citarlo en un lugar público, al menos se sentiría más seguro.

Liam notó el nerviosismo en el señor Perton, cuando contactó con él su actitud era muy diferente a lo que veía en ese momento, algo no estaba bien y pronto entendió lo que pasaba, notó la vigilancia de personas sospechosas a su alrededor, pero debía calmarse y guardar las apariencias. No sabía en realidad tras quién iban.

—Verá señor Bramson, en el sobre puede encontrar los documentos que logre recaudar —le tendió un sobre gris de manila, sus manos estaban temblando ligeramente—, me temo que no pude hallar más.

Liam decidió seguirle la corriente, ya se encargaría de hacerle una visita más adelante, pero en ese momento no debía levantar sospechas.

—Está bien, voy a mirar los documentos, usted continúe con su trabajo —se lo dijo tranquilo.

—Tengo otro problema señor Bramson —Liam lo miró atento—, no podré seguir con la investigación, tengo problemas de fuerza mayor y tendré que dedicar mi tiempo a eso.

Si bien los argumentos de Perton eran leves, demasiado evidentes y carentes de validez, William decidió no hacerle más difícil, sabía que no llegaría a nada y sólo arriesgaría su vida por motivos que aún escapaban de su lógica.

—Está bien señor Perton, le agradezco la información conseguida, cualquier cosa lo estaré contactando nuevamente —se levantó de la mesa, le pasó la mano y se despidió tranquilo.

Perton por el contrario traspiraba frío, había hecho todo lo que le pidieron y para su suerte pensó que Bramson no se había dado cuenta de nada —eso fue fácil —pensó. Sin embargo, sus días se dieron por terminado cuando de la nada, cayó abatido en medio de la calle, a pocas cuadras del café. Había recibido un tiro en medio de la cabeza, un tiro certero y letal.

Liam salió de aquel café con los sentidos al cien por ciento, Perton mentía, tenía la seguridad que los documentos entregados eran falsos y los hombres observándolos, no eran simples personas.

Estaba seguro cada vez más que el secreto de Luciana era oscuro, ella estaba metida en algo mayúsculo y tenía la sensación de entusiasmo a medida que avanzaba hacia ella.

Intentó perder de vista a las personas que estaban atentas a él, y así lo consiguió unas cuadras arriba cuando se introdujo en un local comercial bastante concurrido, de esa forma pasó desapercibido entre la multitud.

13:00 horas

Cuando volvió a su ático revisó el sobre con los documentos que venían dentro, eran copias de los pasaportes, había un total de cinco, todos diferentes pero con las fotos muy similares como era de esperarse, ya que se trataba de la misma persona, Luciana.

Antes de enfrentarla debía pensar muy bien lo que diría, no podía cometer errores, nunca antes le había costado tanto conocer una verdad.

Abrió la puerta donde la tenía encerrada y la encontró mirando la ventana, se pasaría contemplandola por horas, pensó en un momento dado cuando la suave brisa de la tarde movía cadenciosamente su cabello junto a las cortinas. Sin embargo, la magia terminó tan solo ella se levantó de ahí y lo vio.

Tenía el ceño fruncido, a nadie le gustaba ser prisionero de nadie y él lo comprendía, a pesar de que sabía muy bien que en el fondo deseaba más de ella.

—¿Cuál es tu nombre? —Liam se notaba tranquilo al igual que su voz.

A ella le extrañó aquello, por un momento se imaginó a él conociendo sus secretos, descubriéndola, pero desacreditó la idea, él no tendría los medios, o tal vez sí... preferiría pensar que no —Luciana —respondió.

—A ver, te lo vuelvo a preguntar —esta vez lo dijo más pausado, haciendo énfasis en algunas palabras—, ¿cuál es tu nombre... real?

Escucharlo de su boca era como sentir mil ojos dirigidos hacia ella. Se preguntaba en qué momento él habría averiguado algo sobre su pasado, le habían asegurado que nadie se enteraría.

Su cara fue de completo espanto, lo cual no pasó desapercibido por Liam, él conocía muy bien las expresiones del rostro de las personas, engañarlo resultaba difícil.

—Luciana Regina Fernández Riquelme —el sonido de su voz denotaba cierto temor que fue comprendido por Liam.

—No quiero jugar Luciana, Elba o como te llames... —su voz empezaba a subir de volumen y se notaba intimidante, tal como era su expresión—, no suelo caracterizarme por ser un hombre de paciencia y menos en esta situación, no juegues conmigo, que puede irte muy mal.

—y qué mas da quien sea o no, de igual manera vas a terminar matándome por lo que se —hizo una pausa al tiempo que ambos se fijaron la mirada—, ¿o me equivoco?.

Ella no estaba muy lejos de la realidad, si bien la idea original de Liam era matarla una vez que supiese quien era la mujer que lo había visto asesinando al botín de aquella noche, el problema radicaba en que justo esa mujer era la misma que lo estaba sacando de sus casillas, la misma que despertaba en él un interés genuino que iba más allá de un mero capricho, la misma que había logrado que él olvidara por unos momentos a Samy, su antigua novia.

Ella era una mujer desconocida que despertaba en él el misterio, la curiosidad y las ansias por conocerla, por descifrar los secretos que llevaba a cuesta.

Se acercó peligrosamente y ella en un afán de defenderse, lo único que pudo hacer fue retroceder hasta dar con la pared, en donde él la presionó, utilizando su cuerpo, cubriéndola, rozándola.

—Creo que no entendiste aún algo —le susurró en el oído—, desde el momento en que decidiste quedarte conmigo y compartir mi cama, me perteneces.

Ella temblaba, pero no sabía si lo hacía del miedo o de la excitación que Liam le provocaba, era un hombre intimidante, sensual y misterioso, en equilibrio perfecto según sus expectativas. No le era nada indiferente, de hecho la noche que habían pasado juntos le servía de prueba irrefutable.

Antes que ella pudiera contestarle algo más, en medio de forcejeos inútiles de su parte, él de nuevo probó sus labios con urgencia, con fuerza, como si en esos besos le demostrara quien era superior, quién daba las órdenes, quién tenía las riendas de esa relación tóxica.

El beso había sido tan pasional que de nuevo ella se dejó llevar por lo que él causaba en su interior, de nuevo había sucumbido ante el deseo, aquel que los estaba llevando hasta un callejón sin salidas, del cual escapar quizá resultaría imposible. Ambos se estaban desviando del plan original.


#11

Capítulo 10

Después de haber probado una vez más desde los labios de ella el sabor del placer y haber vuelto a hacerla suya, ya no tenía dudas que ella sentía lo mismo y eso lo alteraba, pues sabía que sólo alguien que era capaz de dejarse llevar por tal pasión y olvidarse de quién realmente era la persona con quien estaba, posiblemente tenía el alma tan oscura como él, o al menos un alma fácil de perturbar y de corromper.

De cualquier manera, ya la estaba arrastrando a su infierno personal, a ese del cual disfrutaba, ese del cual nadie sabía. Y por un lado se sentía a gusto con ella, pues conocía su secreto, sabía de él y aún así se derretía entre sus brazos y le correspondía cada beso, cada caricia, cada segundo que estuvieran unidos envueltos en la pasión más arrebatadora que él sintió alguna vez, incluso casi igual que los sentimientos que la muerte causaba en sus pensamientos y en sus emociones.

Él era un demente, un psicópata a quien le gustaba dañar a los demás hasta matarlos, hasta verlos convertidos en nada y ella era una persona difícil de describir, de predecir, era una total desconocida, él no tenía formas de descubrirla, cada vez que seguía el patrón habitual, los detalles hacían la diferencia, podría considerarla una mujer atípica, una mujer fuera de lo común, transformándose así en la mujer que lo tenía entretenido en sus cavilaciones.

La dejó encerrada en aquella habitación, sin darle mayores explicaciones, por un lado deseaba torturarla hasta que le dijera quién era en verdad, por otro lado se despertaba en él cierto sentimiento que desconocía pero que deseaba destruir, él no podía sentir compasión por nadie.

Dejó junto a ella el almuerzo que le había comprado y se marchó de nuevo, asegurando la salida.

Ese día se cumplía el plazo que el líder de la logia le había dado para encontrarla, no sabía cómo encararlo aún, quizá diciendo que no la hallaba, pero eso sólo despertaría la cólera de Rodrigo y el envío de otros sádicos tras ella.

Pensó mucho antes de tomar una decisión. Frente a él también tenía el sobre enviado por Patrik, el cual nunca abrió porque se traspapeló entre otros documentos, quizá si hubiera encontrado antes hubiera evitado que la situación con ella llegase hasta tal punto, bueno... eso si en verdad aquellos análisis hubiesen arrojado algún indicio, la situación estaba yendo por un camino sin retorno.

Patrik se había extrañado cuando no encontró coincidencias en la base de datos policial, definitivamente, todo apuntaba a que detrás de Luciana encontraría algo bien grande, gente muy poderosa, quizá igual o más que él. Mientras tanto, era un enigma, un acertijo que él deseaba con ansias descifrar y descubrir.

15:00 horas

Se encerró en su despacho a investigar por cuenta propia lo que estaba pasando, juntando todas las evidencias e informaciones que había recabado con ayuda de sus informantes.

La situación se estaba volviendo complicada, por un lado el lapso de tiempo para encontrar a la mujer llegó a su fin y debía buscar una salida y una respuesta acorde, aún no tenía intensiones de acabar con Luciana, y por otra parte las últimas noticias que pudo observar mientras almorzaba, el asesinato repentino de un hombre en la calle, el señor Perton, cuya actitud le había resultado demasiado extraña. Razón que lo llevó a contactar a Gregorio, quien fuera miembro de la inteligencia francesa.

En esos momentos agradecía el hecho de contar con los recursos suficientes para poder darse esas atribuciones. Por un lado el laboratorio de inteligencia en el cual trabajaban Serge y Gregorio, sus dos hombres más leales.

Aún recordaba cuando Gregorio apareció en su vida, había sido desvinculado de su anterior trabajo debido al tráfico de influencias y se encontraba siendo perseguido. Lo encontró en una de las noches de los cuervos, cuando cometió su primer error, el cual debió hacerlo desaparecer. Gregorio lo había visto asesinar a un sicario que andaba tras él, uno que ya había acabado con su familia. Desde esa noche, él se había convertido en su única familia y le agradecía el hecho de haber desaparecido a la escoria que irrumpió un día a cegar.

Tanto Serge como Gregorio eran invisibles ante el mundo, nadie salvo Líam conocía de ellos y eso representaba una ventaja ante cualquier dificultad, el trabajo que ambos realizaban hacia que él pudiese tomar decisiones acertadas en sus negocios.

La decisión de contratar a Perton fue justamente por iniciativa de Gregorio, quien había manifestado las inconsistencias alrededor de Luciana y debido a lo ocurrido, fue lo mejor que pudo hacer, de esa forma, la identidad de su equipo de investigación quedó protegida.

Enfrascado entre ventanas de acceso desde su ordenador personal, pudo hurgar entre los archivos y base de datos de los países que aparecían en los pasaportes de Luciana, cinco naciones, ninguna coincidencia y lo que más llamaba la atención, ningún tipo de evidencia que indicaba la falsedad de los documentos, tampoco ningún rastro en los sistemas sobre el acceso a esos nombres, ni a base de datos, ni a registros públicos. Era una total fantasma.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 3 meses

Se templa y se calienta la historia con facilidad y sutileza. Lo manejas bien y le da frescura. Sigo pendiente de nuevas publicaciones

Cara
Rango10 Nivel 47
hace 3 meses

Gracias por el apoyo de siempre @Hiarbas la sigo escribiendo con ganas.

IndigoDolphins_73
Rango9 Nivel 40
hace 3 meses

No, el estilo romántico no es lo mío, lo admito, pero está bien escrita, hay una trama bien hilada detrás, ese toque de novela negra le sienta bien. En fin, la seguiré. ;)


#12

Capítulo 11

Cuanto más investigaba, más misterio, más incongruencias, menos información concisa hallaba. Continuó toda la tarde hasta que al fin pudo programar el software que habían creado en una de sus corporaciones sobre identificación facial y que había sido mejorada para su uso por su equipo, utilizando las fotos recientes. Una tecnología similar a la que utilizaban algunos gobiernos.

El software leía los datos ingresados en un lenguaje de números según un algoritmo creando un código único para cada combinación y los comparaba con todas las fotos existentes en internet, así podía encontrar las coincidencias con los códigos de las imágenes de esas cinco naciones.

Los resultados se mostraron unos minutos después, solamente unas tres fotos que mostraban a una Luciana de entre unos 4 a 5 años junto a otra mujer, por cuyas características, se podía decir que era su madre. Al rastrear el origen de la foto, llevaba al posteo en una red social en Asunción, capital del Paraguay, proveniente de Silvia Mendoza.
Intentanto adquirir más datos sobre la mujer, otros nombres relacionados como Francisco Montiel, Mirta Ibarra, Raquel Prado, emergieron en la lista.

Era una lástima que ese país no tuviera tantos avances tecnológicos como para poder acceder desde su computadora personal hasta los archivos y datos de la policía, pero tenía alguien que sí podía hacerlo sin inconvenientes, rápidamente lo llamó y solicitó la información deseada.

Decidió volver junto a ella y de paso cenar a su lado mientras le avisaban sobre su pedido, finalmente pensar en ella hacía que de nuevo se despertara en él el deseo incontrolable de poseerla, de sentirla en todos los sentidos, le gustaba el miedo que emergía en ella cuando él la trataba en forma brusca, le encantaba oírla suplicar, lo excitaba su aroma, su sabor, todo de ella lo hipnotizaba, ella era un elixir exótico y misterioso que le gustaba poseer y degustar.

Desde que Líam la dejo sola, ella entró en una desesperación histérica, empezó rompiendo todo lo que había a su paso, desde los espejos, los vidrios, las sábanas, al menos de esa manera iba a molestarlo, aunque sabía muy bien, que la posición económica de él, quizá sea más que superior a las expectativas que tenía y esas pequeñeces ni le importarían, pero a ella de cierta manera le calmaba.

Cuando él entró junto a ella y vio todo el desastre que armó, se dijo a sí mismo esbozando una media sonrisa que había sido raro que ya no lo hubiera hecho, sin embargo, ella se había abalanzado sobre él con furia desmedida, golpeándolo como podía, ya que él físicamente era mucho más grande, 110 kilogramos versus 55 de ella, casi el doble, sin mencionar los tonificados músculos.

—Estás muy tensa pequeña, cálmate— lo decía al tiempo que la agarró de sus dos brazos y la empujó contra la puerta.
—Eres un maldito imbécil, suéltame, déjame ir o mátame de una vez— ella jadeaba debido al esfuerzo que había hecho, sus golpes no fueron nada para él.

Sin embargo, toda esa palabrería lo único que causó en Líam fue un instante de gracia, por más que lo intentase, ella siempre sería el objeto de su deseo y tal como ella reaccionaba a él, sentía su piel erizarse cuando se acercó al lóbulo de la oreja y la empezó a besar, consiguiendo que ella se calmara y cambiara sus reproches por suspiros y gemidos involuntarios.
—Te dije que eras mía —le susurraba al oido mientras la devoraba con besos—, te guste o no.

20:00 horas
El informe que Líam solicitó le llegó al móvil, los datos incluían fotos de una familia, una mujer de nombre Elisa Prado, un hombre mayor llamado Gustavo Benet y un niño de aproximadamente 12 años llamado Gustavo Benet Prado, con muchos otros datos personales de los tres.

Según el informe, el hombre es un político importante del país y la familia es producto de su segundo matrimonio. No menciona mucha información sobre la primera esposa de él, salvo que quedó viudo desde hacía más de 15 años.

Tampoco había información relacionada a la señora, salvo que tenía una hija de nombre Sol Salas Prado, que hasta el día de hoy es prófuga de la justicia por el asesinato de un tal Tobias Stein.

Cuando Líam releyó el informe, el apellido Stein le sonaba peculiar, no recordaba exactamente en dónde lo había escuchado, sin embargo, toda esa información lo llevaba a deducir que sol Salas era ella, pero sin una foto que lo probase, no tenía ninguna certeza. Decidió investigarla más, utilizando cada uno de los recursos que poseía.

Buscó más información sobre Sol Salas Prado y recopiló cada resultado que iba obteniendo con el transcurrir de las horas. Las revelaciones ya estaban iniciando, a la vista podía decir que ella era una asesina igual que él, al menos con esos datos iniciales.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 2 meses

Se pone interesante, ahora los dos son de la misma calaña. Nada quedo a la espera ya que ando intrigado.


#13

Capítulo 12

Sábado 26 de noviembre 07:00 hs

Luciana despertó con la sensación de verse cada vez más atrapada por su captor, quien también era un asesino peligroso, de quien duda pudiera escapar airosa. Se sentía como si estuviese en una calle sin salidas.
Revolvió el lugar en busca de una salida, sin embargo, el departamento parecía más una cacarcel de seguridad que cualquier vivienda normal. Le resultaba imposible escapar.

Líam no estaba, y no tenía idea de a dónde se había ido, ni a qué hora se fue, pero tenía la certeza de que volvería. Pensó y meditó las opciones que tenía, si él hubiera querido matarla, ya no estaría allí, además, la atracción entre ambos era inevitable y eso le jugaba en contra. Estaba decidida a utilizar ese recurso a su favor.
No tenía opciones válidas, no en esas condiciones, sabía muy bien que podría estar años recluida con él y nadie la buscaría. Ya nadie sabía de ella desde lo ocurrido.

Líam llegó horas más tarde bastante serio, molesto e iracundo a la vez, la conversación con Rodrigo no fue buena, él había decidido relegarlo del caso y mandar a buscar a la testigo, o sea a Luciana, con los demás, de cierta manera le había perdido la confianza y eso no era bueno para sus pasatiempos ni para sus negocios. Debía actuar de prisa, antes que lleguen a ellos.

Entró al departamento y se fijó en que la habitación estaba abierta, el desayuno lo había ingerido, lo demás estaba en buen estado, e incluso, había mejor orden, al parecer ella por fin había entendido todo, una media sonrisa se dibujó en su rostro mientras recordaba la noche anterior y se dirigía hacia ella.

La encontró sentada en la cama, tranquila, serena y pensativa, al parecer también lo estaba esperando.

—Veo que has estado ocupada arreglando todo —dio una mirada general dentro de la habitación.

—Creo que debía hacerlo, no me gusta el desorden y además, no tenía nada qué hacer —levantó levemente ambos hombros en señal de resignación.

Mientras eso pasaba, él intentaba distraerse con su figura, con sus ojos, con sus labios, con todo su ser, evocando cada uno de los momentos en que la escucho gemir en sus brazos.

Sin embargo, luego de la conversación con Rodrigo, sabía que debía entregarla, por más que la quisiese conservar, ella era prohibida, su vida tenía fecha de vencimiento y no hay muchas posibilidades para conseguir dilación, era cuestión de tiempo para que todo llegase a su desenlase final.

—No se qué es lo que quieres de mí realmente —ella lo miró a los ojos y en ellos él notaba un pequeño brillo de miedo, conocía muy bien ese momento, en que no hay más opciones y solo queda la resignación—, yo no diré nada de aquello que vi, de ti no sería capaz de decir nada, solo déjame ir por favor —al oír esas palabras se dibujó un rastro de sonrisa en su pétreo rostro, sabía muy bien que ella mentía, no habían compartido tanto como para jurarse amor ni protección, de hecho, a él no le interesaba esa cursilería, solo buscaba diversión.

—No necesitas decirme nada... nada de lo que digas te servirá —ella se abalanzó sobre él con furia intentando golpearlo con sus delicados y pequeños brazos.

—Eres un maldito, bastardo, déjame ir —lo intentaba golpear y él se dejaba en algunas ocasiones hasta que de tanto hacerlo se cansó de soportarla.

La presionó con fuerza por la pared y le susurró lo que sería el comienzo de las persecusiones que se avecinaban.

—Aunque te deje ir, ellos vendrán por ti, estás más segura conmigo, al menos no te matarán tan rápido.

—estas mintiendo, dejame ir —ella seguía forcejeando a pesar de sentirse apresada por aquel hombre.

—quieres irte, hazlo —la tiró con brusquedad en la cama—, pero luego no regreses a pedir ayuda, porque sabes muy bien que te estoy advirtiendo Sol Salas—y lo último lo dijo en forma pausada.

Ella no podía creer que él supiera quién era realmente, se suponía que sus documentos estaban en regla, quedó petrificada por aquel nombre, su pasado volvía a ella para atormentarla, para recordarle que tenía una cuenta pendiente y que quizá esta vez no iba a poder escapar sin consecuencias nefastas.

Pasó unos minutos hasta que se recuperó de esa oscura sorpresa que representaba el recuerdo de lo que alguna vez fue, unas lágrimas se habían dado paso por sus mejillas, denotando la tristeza reflejada en sus ojos, Líam lo supo al instante, el sufrimiento estaba presente en su mirada y a la vista podía notar que aquello que estuviese evocando la consumía lentamente, algo que ambos tenían en común, la culpa.

—Bueno en vista que no dirás nada más, y que tampoco te estás yendo, debo hacerte unas cuantas preguntas, y tendrás que responderme con la verdad porque te puedo asegurar que soy tu única alternativa de vida en estos momentos.

—No tengo mucho que decir, de hecho... —pero no logró completar la oración, un ruido estrepitoso se oyó desde la entrada, ambos miraron con sorpresa hacia la puerta de la habitación, al tiempo que él corría a cerrar la puerta de seguridad que se encontraba en el pasillo, nunca imaginó que alguna vez se vería obligado a utilizarla, hasta ese momento.

—Ya vienen por ti —dijo al verla asustada, esas palabras solo despertaron en ella el miedo.

—No... no puede ser, yo... yo —temblaba del miedo y no era capaz de hilar palabras.

—En otro momento debemos hablar de eso, por ahora, hay que salir de aquí, toma algunas cosas —él sacó de uno de los armarios unos bolsos y le pasó uno de ello a Luciana, al tiempo que detrás del perchero se pudo notar una puerta de seguridad similar a las cajas fuertes, cuya apertura solo pudo hacerlo con la introducción de un código y su huella dactilar, ella se quedó viendo todo aquello, armas de fuego, una colección de cuchillos y demás elementos que jamás había visto—, apresúrate.

Ambos empezaron a cargar todo cuanto pudieron dentro de los bolsos mientras los golpes seguían en la puerta de seguridad, ya no había tiempo, era cuestión de minutos para que ingresaran hasta ellos.

Liam siempre había previsto una situación similar, razón que lo llevó a rediseñar su departamento y parte del edificio, ya que el mismo era de su propiedad. Colocó salidas de emergencias ocultas que solo él podría encontrar, en este caso, una de las ventanas, la cual, a simple mirada denotaba que no existía más nada, solo el vacío cuesta abajo, sin embargo, eso era un simple reflejo de lo exterior, ya que detrás, se encontraba un pasillo que dirigía hasta la puerta de servicios de cada uno de los pisos, fue así que ambos pudieron salir ilesos del departamento. Se adentraron en los oscuros pasillos, los cuales fueron creados por todo el edificio, como un laberinto cuyo camino solo él conocía.

Terminaron dos pisos debajo del edificio, en donde la última puerta conducía a dos posibles salidas, al estacionamiento del subsuelo y a otro pasadizo que los dejaría a tres cuadras del lugar, en el sótano de una antigua casa, aparentemente bien cuidada.

Luciana se encontraba observando todo, mientras él se disponía a explorar la casa en busca de algo, por la familiaridad con la que se movilizaba, ella dedujo que aquel lugar también debía de pertenecerle, sin embargo, no lo preguntó, sólo se limitó a quedarse en donde él le había pedido.

Regreso unos minutos después con un manojo de llaves, y por un momento se tomó el tiempo de contemplarla mientras ella observaba la pintura que colgaba sobre la chimenea.

Al sentirse observada decidió voltear, encontrándolo con ojos oscurecidos y fijos en ella, una vez más casi se perdía en su mirada, él tenía la capacidad de hacerle sentir que nada más existía a su alrededor, por todo aquello se repetía que no debía sentir eso, considerando las circunstancias en las cuales se conocieron.

—Debemos irnos, no es seguro aquí —lo dijo mientras aún la seguía contemplando, quizá el paisaje de aquella pintura despertaba el interés de ella por ser un campo verde lleno de naturaleza y algo de esperanza, lo cierto es que por una razón similar lo había adquirido años atrás, como un pequeño refugio que lo transportara a un lugar que no estuviese tan contaminado de su actual vida, esa casa era lo opuesto a toda su personalidad, pero se sentía más él cuando estaba allí, que cuando daba rienda suelta a su perversión. Porque eso era él actualmente, un hombre perverso que era capaz de asesinar para sentirse bien consigo mismo, que se regocijaba con el dolor y sufrimiento ajeno.

Con el ceño fruncido tomó las llaves del auto del garaje y salieron de allí como si nada hubiese pasado. Lo que aún no comprendía era la importancia que se le estaba dando a Luciana, y el porqué tanto misterio alrededor.

Rodrigo estaba ocultando algo más y quizá Luciana le dé un poco de luz a los misterios, pero antes debían pizar terreno seguro y estar a salvo de los hombres que los estaban rastreando. Los cuervos de Rodrigo venían por ambos, jamás imaginó sentirse presa de alguien más. No le gustaba esa sensación.

#14

Capítulo 13

horas atrás...

Líam llegó a casa de Rodrigo con la excusa de darle noticias precisas sobre su objetivo, de esa manera podría deducir algunos detalles que necesitaba esclarecer y ganar algo de tiempo.

La conversación desde un comienzo no fue buena, lo que William desconocía, Rodrigo lo manejaba al dedillo, la desconfianza reinaba en ambos y ninguno llegaba a donde realmente quería.

Frustrado pero tranquilo por haber descubierto una mínima conexión salió de aquel ostentoso despacho, sabía desde un principio que Rodrigo nunca diría nada, más bien, estaba seguro que la visita aparentemente no tendría los resultados esperados, pero, tampoco contaban con la información que él ya estaba manejando.

Lo que Rodrigo no se dio cuenta durante la inesperada visita fue cuando Liam instaló un pequeño micrófono bajo uno de los reposabrazos de las sillas frente al escritorio de él, el dispositivo era tan pequeño que podía compararse a un grano de maíz.

De esa manera William pudo descubrir que los estaban persiguiendo , que venían por ella. Su voz seguía repitiéndose una y otra vez desde que la escuchó.

—Mátenlos.

En algún momento de esos últimos años consideró a Rodrigo como un hermano, alguien que lo estaba ayudando a superar sus desequilibrios después de haber perdido a casi todos sus seres amados, jamás imaginó que lo traicionaría de tal forma, ni que ordenaría su eliminación.

Durante todo el camino hasta su departamento, ideó el plan que llevaría a cabo, la clave de todo eso era Luciana, estaba empezando a imaginar que el hombre que había asesinado semanas atrás, solo era un señuelo y que él al igual que esa mujer eran apenas piezas de un rompecabezas. También investigaría ese asunto y debía una visita a su amigo Olson.

Recordaba la última vez cuando le pidió ayuda, no quería involucrarlo de nuevo en sus andanzas, le había prometido hacerlo y lo hubiese cumplido sino fuera por los últimos acontecimientos.

Antes de verlo se cercioró de perder a los que lo estaban vigilando. No podía correr el riesgo de exponer a Patrik, y en tanto sus acciones funcionaban, lo llamó diciendo la única frase que significaba todo entre ellos «el pastel de manzanas de Aby» aquella frase tenía un significado sentimental que sola ellos dos conocían, habría sido un secreto entre ambos, de modo a salvaguardar la integridad física de uno de ellos, significaba problemas urgentes y con un simple destino de reunión, la escuela primaria en donde se conocieron.

Fue así que Olson llegó algo decepcionado de Líam, pero no podía abandonarlo, había pensado erróneamente que él ya había superado su problema psiquiátrico ya que se había mostrado normal los últimos meses, pero la realidad distaba lejos de esos supuestos.

No hubo mucho que explicar, él ya imaginaba el tipo de problemas en el cual estaba inmerso su amigo, pero lo que no esperó es saber de Luciana.

—¿Quieres que investigue el pasado de Luciana?... —él no podría creer lo que oía—, por Dios William... te has vuelto loco, no puedo creer que la hayas arrastrado a ese mundo de porquería que te hace feliz, esa mujer es muy especial y con esto que me dices solo puedo imaginar que acabarás con su vida.

—Sí, es lo que te estoy diciendo —respondió escueto.

—Pero yo mismo le di entrada a sus documentos, están en regla, todo completo —aseveró Patrik.

—No te estoy pidiendo que busques lo que ya existe, te estoy pidiendo que veas aquello que no quieren que sepamos —hizo una pausa mirando hacia otro lugar, Patrik no tenía idea de la situación real de los documentos de esa mujer—, ella es un misterio, te pasaré toda la información con la que cuento, busca lo que no se pide. Ella no es lo que parece y no me reproches ahora nada, limítate a hacer lo que te pedí —hizo una pausa—, me lo debes, recuérdalo.

El tono de voz que Líam usó era de más de orden, comparada a la de un dictador déspota, sin embargo, Patrik tuvo que tomar sus precauciones para salir ileso de aquella persecución. Al menos mientras tanto, conocía muy bien el mundo en el cual jugaba su amigo, y era uno que por más que lo haya intentado, de una u otra manera volvía a él, una y otra vez, estaba resignándose a aceptar que siempre lo perseguiría y sería arrastrado en esa oscura vida, a la cual se estaba acostumbrando.

Si bien tenía una gran deuda con Líam, en ocasiones deseaba que no fuera así, ya que nada de lo que él pudiera ofrecerle como recompensa sería suficiente. Lo que su amigo hizo, nadie nunca lo haría y eso era algo con lo cual debía convivir y estar eternamente agradecido.

Se aventuró a buscar las respuestas a todas las dudas acerca de Luciana, desde que ella llegó al laboratorio, nunca tuvieron inconvenientes, de hecho lo ultimo que se le hubiera ocurrido era investigarla, recordaba que aparentemente todos sus documentos estaban en regla, él mismo se había encargado de verificar la documentación.

—Si Líam dice que ocultas algo, yo lo voy a descubrir Luciana —Olson hablaba consigo mismo mientras iba de camino al espacio que juntos solían compartir, un lugar ajeno a lo habitual, el cual solo él y su amigo conocían. Lo utilizaban en ocasiones especiales, para no decir cuando surgían problemas que involucraban poder de por medio.

Por otra parte, los hombres que Rodrigo había mandado tras William se había reportado con él, informándole de la situación y solicitando más instrucciones para continuar. La llamada que tuvo respuestas al darles la directiva de ir hasta el departamento de él. Rodrigo tenía la certeza que la mujer estaba en su casa, que de alguna manera Líam había descubierto algunos cabos sueltos y eso no podría pasar aún. Existía un plan y no podían incumplirlo.

Aquel reporte fue escuchado por él, seguía totalmente incrédulo ante la traición de Rodrigo, no comprendía el porqué ahora deseaba matarlo, caminó sigiloso pero con tranquilidad cuando llegó a su edificio, se dio cuenta que existían más personas de lo habitual, pensó que probablemente estaba llegando a una trampa, pero no se iría de allí sin ella.

Cuando entró al departamento, revisó y todo seguía en orden, ellos vendrían pronto y la debía sacar de allí antes que la vieran.

Al mismo tiempo, una comitiva de al menos tres hombres armados estaban ingresando hasta su piso de manera normal, sin levantar sospechas, tal como él solía actuar cuando tenía algún encargo, la diferencia esta vez, es que ellos venían por él y por Luciana. A la vista se notaba que la mujer era más valiosa de lo que se hubiera esperado y dudaba que fuera solo por haber sido testigo de aquel infortunio.

El juego iniciaba y debía escapar de allí, lo que ellos no sabían era que él se había guardado las espaldas en todo momento y atraparlo les costaría bastante, estaba siendo traicionado y eso no lo iba a disculpar, su supuesto amigo debía pagar lo que estaba haciendo, iría por Luciana, Sol o como se llamase y la llevaría a un lugar lejos del radar de los cuervos, mientras se preparaba para contra atacar.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 2 meses

Una lastima que los cuervos traicionen ahora a Liam, con lo bien que trabajaban todos juntos. Bueno espero la siguiente parte.


#15

Capítulo 14:
"El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos". Pitágoras.

Esa noche Rodrigo necesitaba desquitarse, por lo cual llamó a los demás cuervos para una nueva cacería, esta vez no le importó quien fue la víctima elegida, ya tenía unas cuantas opciones y solo se encargó de llevarlo hasta donde siempre,necesitaba sentir un poco de poder en sus manos, y qué mejor que arrebatándole la vida a alguien, esa era la mayor sensación de poder que una persona pudiera tener, la decisión sobre la vida o muerte de un ser vivo, así pensaba él, así había aprendido.

Se realizó el mismo ritual de las caserías habituales, solo que esta vez, se contaba con la presencia de dos cuervos más, uno de ellos Carl quien ya se encontraba en condiciones y el otro, un nuevo integrante. Mientras aquello iniciaba, él pensaba que pronto Líam sería solo una parte de la historia de la logia y debía ser reemplazado y cuanto antes mejor.

Aquella repentina aparición causó cierto malestar en los demás, debido a que no fueron informados sobre lo que estaba pasando y mucho menos sobre las nuevas incorporaciones.

—Creo que estas tomando decisiones muy apresuradas, quien crees que eres para exponernos de esta manera —decía furioso Felipe, quien además solicitó hablar en privado y no en el centro.

Todos a excepción del nuevo fueron hasta una sala privada, la cual había sido acondicionada como un despacho rústico pero lujoso. La discusión entre los presentes no se hizo esperar, a tal punto que Rodrigo debió mencionar que quien ese día los acompañaba era un familiar, sin revelar la identidad del mismo.

El hecho no mejoró la percepción de los demás, ya que él se había tomado atribuciones que no le correspondía, por más que lo habían elegido líder de la logia, existía un código que debían respetar, según el cual todas las decisiones se tomaban en consenso.

Felipe se retiró furioso del lugar, por más que sentía la necesidad de saciar su perversa obsesión, logró calmarse y pensar en frío, no existían garantían ante aquel nuevo integrante y no se expondría, después de todo, tenía una imagen que cuidar ante la sociedad, era el hijo de un ministro de estado muy popular cuyo nombre se respetaba bastante. Sabía que de haber algún tipo de escándalo asociado con su familia, su padre era capaz de matarlo y exhibir su cuerpo ante el pueblo sin inmutarse ni pestañear. Lo conocía muy bien, a él no le temblaría la mano para mandar a asesinarlo, eso si no lo hacía él mismo.

Por otra parte, Carl se encontraba con dudas, daba la razón a Felipe en todos los sentidos, pero su demencia lo volvía vulnerable, por lo cual decidió quedarse, pese a no estar confiado. A él no le importaba tanto lo que sucediera más adelante, tenía las maneras y los medios adecuados para salir limpio de cualquier situación. Siempre encontraría las soluciones a los problemas, o más bien, otros encontrarían esas salidas por él.

Roger por su parte siempre fiel a Rodrigo y eso no cambiaría en ese momento, por un desliz de él. Llevaban más años conociéndose que con el resto de la logia, por lo cual la relación entre ellos era más cercana y mucho más sólida, ambos se habían ayudado siempre y permanecían juntos en todo, podría decirse que eran hermanos de alma, los dos descubrieron juntos su pasión por la sangre. No traicionaría a Rodrigo jamás, su lealtad siempre sería para con él, al menos en ese momento lo tenía muy en cuenta y pensaba de esa manera, ni Felipe ni nadie iban a hacerlo cambiar de opinión, aunque en el fondo se instalara en él la duda sobre los hechos y que ellos tenían cierta razón.

Los demás sabían de esa dupla y tenían siempre presente que sería así, lo habían demostrado a lo largo de esos años con todas las decisiones y acciones que habían tomado juntos.

Ya sin Felipe y con la ausencia de Líam, la cual Rodrigo comunicó sin mediar detalles, él quedó algo decepcionado de todo, pero pronto cambió de opinión cuando el nuevo se le acercó a hacerle un comentario en forma silenciosa, sin que los demás lo escuchasen. Fue entonces cuando a él se le dibujó una sonrisa siniestra en los labios y dejó salir al verdadero ser que llevaba dentro, un demente y endemoniado asesino.

El juego inició y todos se centraron alrededor de la gran fogata, tomaron sus respectivas dagas y cada uno se hizo un corte en la palma de la mano, dejaron escurrir la sangre sobre las brazas en llamas, dando así la bienvenida al nuevo integrante, quien al igual que los demás, estaba totalmente cubierto con una gran capucha negra.

El péndulo inició un sonido pausado, el cual indicaba que había llegado el momento, marcaron las doce en aquel reloj de salón antiguo y el juego tendría su inicio.

Los cuatro abandonaron el recinto dirigiéndose cada uno de ellos hacia una de las puertas que conducía a los extensos pasillos que daban con el patio en donde la víctima sería lanzada.

En esta ocasión, el desafortunado era un hombre con muchas deudas de juego, cuyo deudor se había cansado de esperarlo y prefería verlo muerto antes que siguiera disfrutando de vivir, ya que si aún seguía así era justamente porque ya le había dado demasiado tiempo para saldar sus cuentas. Habían buscado algún familiar para extorsionarlo, pero no tenía nada, era un hombre soltero y huérfano, no se conocía más de él. Al menos eso fue lo que llevó a Rodrigo para seleccionarlo de entre una lista de otros posibles candidatos, a quienes había estado investigando.

El miserable hombre despertó minutos antes de la media noche con un terrible dolor de cabeza, se encontraba desorientado y el temor que sintió al verse encerrado en una obscura y húmeda celda le causó impresión y desconcierto, no tenía idea en dónde estaba ni cómo había llegado hasta allí, sólo recordó que estaba en el sanitario de un bar cuando sintió un golpe en la nuca, llevó su mano a aquel lugar y luego de confirmar sus sospechas, buscó alguna salida. Había sido secuestrado.

Mientras intentaba en vano forcejear los barrotes de la celda, se dio cuenta que la misma se activaba solo por electricidad, y no tenía formas de escape posibles, de pronto se encendió una pantalla plana que no alcanzó a ver hasta ese instante, en el se mostraba la imagen de cuatro personas alrededor de una llama, él estaba viendo el ritual que la logia estaba haciendo, hasta que la frase que mostraba sobre la imagen le infundió más miedo aún «Corre… ellos vienen por ti», momento en que se apagó la pantalla y se abrió la puerta en forma automática.

Él no tuvo más remedio que correr todo cuanto pudo, y más cuando se dio cuenta que los túneles en los que se encontraba tenía una similitud con lo que vio reciente en la celda. La salida del camino lo condujo a un predio boscoso, igual de oscuro que la celda, salvo por la luna llena de ese día, quizá no tendría forma de ver algo si no fuera por ello, agradecía internamente esa situación.

Corrió cuanto pudo, pero aquello solo era un juego en el cual él siempre habría un perdedor, él.

Su suerte estaba echada y para sorpresa de todos el nuevo lo encontró, ante la atenta mirada de Rodrigo y de Carl, lo cortó en el cuello de un movimiento con su daga, haciéndole un tajo por donde la sangre se escurría a borbotones, era muy ágil.

El hombre intentó defenderse ante aquello, pero su esfuerzo no fue suficiente, mientras tanto los demás observaban la escena embelesados.

La herida que le causaron lo dejó a merced de la demencia de su asesino y justo antes de sufrir el desmayo, él le dio la estocada final, traspasando con la daga el medio del estómago, llegando a enterrarse entre sus entrañas la mitad de la mano que lo empuñaba.
Allí pudo ver como la vida se esfumaba de los ojos de su víctima, generándole un sentimiento inigualable y más aún cuando sacó su mano y observó como la sangre bombeaba con más fuerza, salpicandole el rostro y obligándolo a sacarse la capucha.

Los que presenciaban la escena, excepto Rodrigo, quedaron impactados al ver al nuevo saborear la sangre esparcida por sus labios, era repugnante y enfermo, pero ellos lo disfrutaron y más cuando se descubrió por completo, dejándolos perplejos, no era un hombre, era una mujer y ellos la conocían muy bien.

Rodrigo le sonreía, había hecho un excelente trabajo y por lo que podría observar, los demás estaban conformes con lo que hizo. Ella era bienvenida a la logia y ahora tendría su premio.

Hace alrededor de 1 mes

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Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace alrededor de 1 mes

Sangre al final, los asesinos dan la cara.