escritoraatiempoparcial
Rango8 Nivel 38 (2827 ptos) | Poeta maldito
#1

**Nota de la autora : Experimentando como la niña que soy, la mayoría de veces no tengo tiempo para sentarme a escribir, sin embargo, me encanta explorar mi faceta como escritora, por tal motivo, he tomado la decisión de escribir en mis trayectos de autobús.

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#2

YO

Frente al espejo. Ojos negros, venas marcan mi cuello, pequeñas y azules. Agua baña mi cara, salados están mis labios, mojados del dolor.

¿Qué es la maldad?

Huele a hierro, huele a tierra mojada; suenan gotas, gotas de lluvias, gotas de sangre. El dolor físico de mi brazo incrustado de cristales no se compara al de mi interior. La culpa nunca suena en mi cabeza, no existen remordimientos.

¿Qué es un crimen?

He mentido, he engañado, he robado, he matado, y aún estoy con vida.
Ahora se oye el tenue quejido de mi próxima víctima, que me llama, que me suplica. Una corriente eléctrica me recorre, aún en el quebrado espejo veo mi rostro, se escucha el chirrido que hacen mis dientes al tensar mi mandíbula. No siento, duele, pero no es real. Vacía, debería odiarme, mis actos han sido crueles mas no siento compasión, empatía.
El lento clack, clack, de mis tacones contra la vieja madera, violentan a la niña, que al ver mi larga y curvada figura aproximarse a ella, berrea con mayor vehemencia.
Su hedor tras días en mi prisión me molesta. Me niego a tocarla, manchará mi vestido. Mis ojos se desvían al arma de fuego que descansa sobre la mesa. «Demasiado rápido». Esto era algo personal, aquel engendro casi me quita a mi marido, casi lo pone en mi contra. El uso de su sonrisa angelical por poco reactiva el apego paternal de mi hombre. Su gimoteo me exaspera, no me deja pensar. Me recorre el deseo de cortarle la lengua...
La mueca de alegría se hace evidente en mi boca. —No te muevas —le pido educadamente, y en menos de dos segundos vuelvo con mi maletín.
Dulce sonido al abrirlo, mi colección de filosos juguetes en su interior. Bellos, pequeños, largos, con doble filo, con empuñaduras de metal; fríos, cómodos, con acabados de rubíes, esmeraldas y zafiros. Sublime.

Ella es una buena Diana. Yo a 20 pasos delante de su esquelético cuerpo, con una de mis herramientas en mano, la clemencia de sus ojos, la piedad resonando en mis oídos, la sonrisa de mis labios. «Adiós, Rebeca».

Al terminar limpio mis cuchillos y los pongo en su lugar. Recojo mis cosas y las meto en el maletero de mi deportivo negro. El rocío de gas ya está preparado y desde fuera incendio la cabaña. Me meto al coche y me deleitó con el arder de la madera.
De mi bolso saco el desinfectante y esparzo una generosa cantidad en mis manos, ahora ya no hay restos de sangre. Extraído nuevamente el mechero y me deshago de los últimos restos de Rebeca en mi pañuelo de tela que quemó arrojándolo fuera del auto.
Me miro en el espejo retrovisor. Mis cejas se elevan y mis mejillas se ruborizan tímidamente, «ups», mi rímel se ha corrido, «tendré que ponerme las gafas de sol».

Hace alrededor de 1 mes

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Don_Diego
Rango11 Nivel 52
hace alrededor de 1 mes

Algunas madres se tragan a sus crias. Aquie era mama o madrastra. Me quede con la duda.

escritoraatiempoparcial
Rango8 Nivel 38
hace alrededor de 1 mes

Es una viuda negra, por lo que es más probable que se trate de una madrastra. =)

Cara
Rango9 Nivel 42
hace alrededor de 1 mes

me ha encantado

escritoraatiempoparcial
Rango8 Nivel 38
hace alrededor de 1 mes

Me alegro, @Cara , esto forma parte de un reto que se hace por la plataforma, @chatgrupal, si quieres pásate por allí y podrás leer más como este =) un saludo


#3

Yendo al psicólogo

Enciendo la luz y me presento frente al espejo. «Otra vez aquí… ¿Motivo de la consulta?». «Por amor al arte», elevo mis hombros satisfecha con mi reflejo. «Narcisista», acuso clavando la mirada sobre el cristal con fiereza. «Solo veintiséis días del mes». «Coqueta». «De nacimiento», afirmo, convencida de mi veredicto. «¡No pongas esa cara!», riño, un hábito común. «¿Porque no?, es bonita, admite que te gusta». «Sí… lo admito», suspiro. «Lo sabía».

«Te ves bien hoy», comento a regañadientes. «¡Gracias!». «Siento haber estado enfadada ayer». «Y yo», respuesta corta y sincera. «No estaba receptiva», admito incomoda. «Lo sé». «Es fácil hablar contigo». «Es difícil mentirme». «Son los ojos». «Ya… nos delatan». «La ventana del alma, ¿recuerdas?». «Sí...», suspiro, encajo mis hombros, coloco mi espalda lo más recta que puedo y asiento, «tenemos que hablar». «Bien», rostro impertérrito. «Creo que ahora sí». «¿Tú crees?», elevo las cejas escéptica. «Me gusta». «Puede». «No, me gusta», es la primera vez que mi voz emite lo que pienso. «¿Te fías de él?» «Sí, ¿no debería?» «Te han gustado muchos idiotas», afirmo con mis ojos desorbitándose. «Lo sé, conocemos de mi predisposición por lo prohibido y exótico». «¿Y este?» «No, él no es exótico, ni complicado». «Dijiste que los buenos no te gustaban». «Ya». «Mentiste», acuso sutilmente. «No». «Entonces no te gusta de verdad». «Sí». «Entonces...»
«¡¿Te puedes callar?!», grito al espejo, estoy nerviosa, «no me gustaba al principio, pero ahora...»

Pasan varios segundos, «¿Qué ha cambiado?», ojos claros y tiernos, devuelvo la intención de mi mirada, empatizo. «No sé, hay algo diferente en él, hay misterio, sí, pero hay bondad también. Es parecido a mí». «A mi también me cae bien», aseguro, calmando al alma atormentada. «Lo sé». «Pero no quiero que te enamores a lo tonto». «¡Para!, ¡para!, he dicho que me gusta, no te pongas ha planear la boda», advierto, conociendo la vieja costumbre. «Cierto, perdón, tienes razón», acepto, alejando esa región de nuestra mente. «Quiero ir lento, aún ni siquiera sé si le intereso». «Claro que sí, eres un bombón», recuerdo. «Ya te dije que él es diferente», tomo en cuenta. «Bien». «Iré poco a poco». «Bien». «Ahora únicamente quería saber si lo apruebas». «¿Aprobarlo?», puede que esté ofendida. «Que vea a alguien más con los ojos con los que yo te veo», salen las palabras, como un susurro regalado al aire. «A mí siempre me verás diferente», respuesta rápida y concisa. «¿Estas segura?», temo. «100%», prometo. «Bien». «Además, te lo recordaré todos los días». «Bien». «Podrás admirarlo, quererlo, pero jamás te dejaré olvidarme». «Guay». Otros segundos pasan… «Buena charla». «Lo mismo digo», asiento complacida. «Hasta mañana», y la luz se apaga.

Don_Diego
Rango11 Nivel 52
hace 29 días

Sufri un poco de mareo. Realmente dificil eso de hablar con tu otro tú.

escritoraatiempoparcial
Rango8 Nivel 38
hace 29 días

Ay lo siento, nunca había escrito un monólogo Interior, así que no sabía cómo hacerlo menos cargado o fluido a la hora de leerlo 🙈

IndigoDolphins_73
Rango7 Nivel 31
hace 29 días

Me encanta!!!! Lo presentaste al reto de esta semana? Yo aún no me pasé por allí y quiero hacerlo pero el espejo me da algo de miedo.
Volviendo a tu relato, es genial. Puede que sea algo lioso porque es un diálogo pero no lo estructuras como tal y eso me gustó. Al fin y al cabo, las conversaciones con una misma suelen ser raras y un poco caóticas. Mi más sincera enhorabuena @escritoraatiempoparcial . Te daría más corazones pero solo me dejan dar uno, jejej

escritoraatiempoparcial
Rango8 Nivel 38
hace 29 días

Jajaja, muchas gracias @IndigoDolphins_73, sí, lo he presentado al reto de la semana. A mí también me da miedo el espejo, siendo sincera, es el reto que más he tardado en sacar a delante, porque lo he ido abandonando en varias ocasiones. Al final tome la decisión de no crear un relato "explicitamente" sobre mí, es más un personaje. Puede que eso te sirva para hacer el tuyo.
Me alegro que haya sido de tu gusto, espero que puedas poner el tuyo en el reto =). un saludo