Rosalia_Pombo
Rango6 Nivel 26 (908 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Daniela acostumbraba a pasar largas horas en el jardín rodeada de un montón de libros. Digo "acostumbraba" porque en el momento en el que llegaron los nuevos vecinos a invadir la casa de al lado, su paz terminó.

Estaban en pleno mes de agosto y Daniela aprovechaba la sombra de un árbol para devorar por enésima vez un libro de aventuras. Y es que la chica gozaba leer una y otra vez libros mientras sentía los rayos del sol acariciando su piel blanca. Aventuras, drama, fantasía, teatro, novela histórica, Daniela no podía escoger un género por el cual decantarse porque en todos encontraba sentimientos y emociones que las personas no podían transmitirle y aunque no fuese la primera vez que los leyese, siempre se fijaba en algo nuevo que no había visto antes: una palabra con una sonoridad especial, una frase extremadamente larga, un secreto del protagonista escondido entre un enorme párrafo... Pero lo que sí que tenía claro Daniela era que no quería saber nada de los libros de romances. No los aguantaba, los detestaba y hasta casi me atrevería a decir que los odiaba.

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#2

Odiaba los libros de romances porque los personajes siempre eran muy simples, muy tontos, cortados por el mismo patrón que repetían una y otra vez los mismo errores aun sabiendo que iban a acabar con el corazón roto. ¿Y eso de enamorarse? Corazón latiendo a toda velocidad, sudores, intranquilidad, bloqueo de pensamiento... eso parecía más una enfermedad que un estado de bienestar y placer. Y a ella no le gustaba que le vendiesen una cosa cuando en realidad era otra totalmente distinta, por muchas emociones que hubiera, por eso, los pocos libros de romance que tenía, estaban cogiendo polvo y telas de araña en el desván.

Al principio, apenas notó cambios. Como estaban con la mudanza, casi no los vio más que para ir de aquí para allá moviendo muebles por lo que sus sesiones de lectura al pie del cerezo no se vieron afectadas.

Los problemas empezaron a llegar cuando el chico, que debía tener más o menos la misma edad que ella, o por lo menos fisicamente, empezó a zumbar por su jardín como una abeja en busca de polen. En ese momento se enfadó con su padre por no tener una valla que separase ambas casas y así no permitir que el bicho ese interrumpiese en sus momentos de ocio con preguntas como: "¿Quieres jugar? ¿No te aburres tú sola aquí? ¿Qué lees? ¿Me dejas estar contigo? ¿Quieres ser mi amiga?". Estaba claro que no, que no quería ser su amiga pero ni siquiera le pareció que debía perder el tiempo contestándole y se limitaba a seguir a lo suyo con los ojos puestos en los libros.

Una tarde, cuando la niña estaba decidiendo qué libro leer una vez más, apareció su vecino de la nada, como otras muchas ocasiones, y se puso delante de ella tapándole toda la luz del sol.

- ¿Quieres que te cante una canción? - Preguntó.

Daniela lo ignoró y siguió con su tarea pero el chico no desistió.

- Me la enseñó mi madre. ¿Quieres escucharla?

Daniela, que ya estaba cansada de que el niño viniese a molestarla cada día y por encima le tapase el sol, levantó por vez primera la vista hacia el vecino que la llevaba molestando toda la semana. Encontró un niño que efectivamente parecía de la misma edad que ella, con ojos grises y pelo castaño perfectamente peinado. Daniela pensó que tenía las orejas demasiado grandes y salientes y lo anotó en su cabeza para futuras ocasiones por si lo tenía que utilizar como arma contra él. Era bastante delgado y bajito, con camiseta y peto vaquero sin una arruga y unos zapatos en los que casi podía ver su reflejo. Un relamido con todas las letras. De estos que salían en sus novelas de terror o de aventuras y son los primeros en morir porque carecen de instinto de supervivencia y siempre se van a meter donde está el peligro.

Y después tenía esa sonrisa, de oreja a oreja, que lo hacía más tonto aún, con los dientes cada uno en su sitio mirando para ella esperando su respuesta.

- No- contestó la niña secamente.

Y cuando volvió a levantar la vista hacia él, con un ojo cerrado para que los rayos de sol que se colaban por su silueta no la cegasen, para ver su reacción, vio que su cara no cambiara y que seguía a sonreír como un estúpido. Es más, pese a su negativa, ahora fue él quien la ignoró y comenzó a revolotear a su lado mientras entonaba de aquella manera, las primeras notas de la canción. Molesta, Daniela escogió un libro cualquiera y trató de abstraerse de su jardín y de su querido cerezo sin mucho éxito.

Hiarbas
Rango8 Nivel 36
hace 4 días

Muy interesante el inicio de tu relato @Rosalia_Pombo, quiero saber que pasa con estos dos. Espero no llevarme un chasco, a mi me pasa como a tu protagonista, no me gusta nada el romanticismo.

escritoraatiempoparcial
Rango7 Nivel 34
hace 4 días

¿Quieres que te cante una canción?
Esto es lo que yo llamó un chico yogurin. A mi también me cuesta que una historia de romance me complazca. Es un género, que aunque no lo parece, es difícil de escribir. Un saludo, continuaré con la lectura.

Don_Diego
Rango10 Nivel 49
hace 4 días

Solo digo que la historia la vi que seria de adolecentes o adultos pero de golpe veo que paso a ser de niños. Pues me parecio raro que una niña leyera a su edad libros de romance. Que no los leia dice la historia. Pero leyo, sino no tendria conocimiento de los personajes que como dice; trillados y predecibles.

Rosalia_Pombo
Rango6 Nivel 26
hace 4 días

Muchas gracias @Hiarbas . Espero poder cumplir tus expectativas y que me lo hagas saber si así es.

Rosalia_Pombo
Rango6 Nivel 26
hace 4 días

¡Cántame lo que quieras @escritoraatiempoparcial ! jajajaja. A mí también me cuestan un montón, porque rara vez consigo expresar las cosas del modo que a mí me gustaría.

Rosalia_Pombo
Rango6 Nivel 26
hace 4 días

Sí, @Don_Diego la niña como bien dices ha leído algún libro de romance porque sino no tendría esas referencias. Supongo que todo depende de la edad de la niña (podríamos decir que ronda los 9-10 años) y de su interés por la lectura, esta vemos que devora libros da igual el género o si son más "para niños" o "para adultos". Solo espero que te guste lo que está por venir de la historia.

IndigoDolphins_73
Rango6 Nivel 26
hace 2 días

"Un relamido con todas las letras(...)son los primeros en morir(...)" O es el psicópata que te descuartizará...jajaja.
Buen comienzo, sobre todo la primera caja @Rosalia_Pombo


#3

Los días siguientes siguieron la misma tónica, ella se sentaba al pie del cerezo, notando como su espalda se amoldaba al tronco envejecido del árbol y al poco de comenzar con su lectura se acercaba aquel niño y, pese a su negativa de que le cantara la canción del demonio, él sonreía como un tonto y comenzaba con la letra una y otra vez hasta que conseguía hacer hervir la sangre, rechinar los dientes y que se le subiera un escalofrío desde la punta del pie al último pelo de la cabeza. Entonces era cuando la niña cerraba el libro de un golpe, se levantaba de malas formas y se marchaba dentro de su casa murmurando y echando injurias sobre su vecino.

Cansada de la situación, Daniela estaba a punto de darse por vencida. Tendría que escudarse en la frialdad de su casa bajo aquellas paredes oscuras para poder encontrar un poco de tranquilidad. Se levantó con parsimonia de la cama y fijó su vista por la ventana que daba al jardín. El sol bañaba el césped con su luz y lo teñía de tranquilidad. Un pájaro estaba catando unas cerezas mientras dos mariposas iniciaban una danza con una coreografía perfectamente coordinada. Por lo demás, estaba todo en calma. Chascó la lengua. Estaba segura que en cuanto pusiera un pie en la hierba, aparecería el bicho y transformaría aquel paraíso en un infierno. Cuando ya se iba a girar y volver a tumbarse en la cama, vio a su padre sentado en la terraza a la sombra de un parasol. ¡La terraza! ¿Cómo no había caído antes en la terraza?

Con las energías renovadas, cogió un libro a prisa, como temiendo que su nuevo descubrimiento se esfumase si esperaba demasiado, y bajó los pasos de la escalera de dos en dos. Cuando llegó a la planta baja, abrió un poco la puerta de la terraza y asomó la cabeza para asegurarse de que todo seguía igual que hacía quince segundos. Cerró los ojos mientras las comisuras de sus labios se estiraban hasta casi rozar las orejas. Ya casi no se acordaba de cuándo había sido la última vez que había podido leer en calma, tenía la impresión de que los vecinos llevaban allí toda una vida.

Se acercó despacito hasta donde estaba su padre, como temiendo que alguien la escuchase y se sentó a su lado. Echó un largo suspiro y, luego de darle un beso a su padre, abrió el libro y comenzó a devorarlo.

IndigoDolphins_73
Rango6 Nivel 26
hace 2 días

Revisa los tiempos verbales: "fuera", "pudiera"...
Mejor: fue, pudo


#4

¡Aquello era genial! No se escuchaba nada, nadie cantando quiero decir. El sol lucía, el cálido viento le movía el pelo... ¡Hasta tenía una bebida para refrescarse entre capítulo y capítulo!

Daniela encontrara por fin "el sitio".

Una semana llevaba saliendo a leer a la terraza con su padre cuando levantó la vista del libro por enésima vez. Nada, todo estaba tranquilo. Cerró los ojos y volvió a lo suyo.

- ¿Pasó algo, mi vida?-Preguntó su padre en una de esas-. No dejas de mirar para los lados.

Daniela negó con la cabeza y su padre asintió con una sonrisa. A unos cuarenta metros se escuchó el crujir de un arbusto que hizo que el corazón de la chiquilla empezara a latir a cien por hora.

"Mierda. Ahí está otra vez" pensó.

Hizo sonar la lengua y dirigió la vista hacia el ruido. Tras un par de segundos, de entre los arbustos que cercaban su casa, asomó una melena larga y rubia con unas gafas de culo de vaso que le ocupaban la mitad de la cara. La vecina los saludó levantando la mano y se metió en casa agarrando una maceta.

Paranoica. Ya se estaba volviendo paranoica. Pero no, tenía que dejar de pensar en que el vecino iba a aparecer en cualquier momento y se pondría con la cantilena.

"Carpe diem, Daniela, carpe diem".

Hiarbas
Rango8 Nivel 36
hace 3 días

Al menos logro algo de tranquilidad. Seguimos con la lectura en próximas cajas, que aun estamos en el inicio.


#5

Pasaron los días y Daniela disfrutaba de pasar las horas en la terraza. Por aquella época, el mes de agosto ya se había despedido y el viento de septiembre anunciaba que las hojas no tardarían mucho en teñir su color.

Su padre también había cogido la costumbre de sentarse en la terraza a su lado a estudiar libros de medicina; y aunque no articulasen una sola palabra, podría decir que pasaba tiempo con su hija.

Pero a pesar de todo, la chiquilla no estaba completamente tranquila. Ya no hacía tanto calor como en los meses de estío y a ella le sudaban las manos como nunca, apenas podía permanecer en la silla sentada más de cinco minutos sin tener que cambiar de posición y tenía la sensación de que el corazón iba a salírsele en cualquier momento del pecho. Más de una vez se lo comentara a su padre pero este le restaba importancia achacándolo a una posible congestión vírica por el cambio de tiempo.

En una de esas que estaban padre e hija sumando palabras para pasar el tiempo, Daniela cambió de posición por enésima vez mientras hacía una panorámica con la vista. Pensó que su padre no iba a tardar mucho en tener que recortar los setos para evitar que las ramas más valientes creciesen a su libre albedrío.

No sabría decir cuando lo empezó a oír, pero pronto se empezó a escuchar un rumor que iba creciendo en volumen más y más. Al principio no fue capaz de discernir de qué se trataba pero tras un par de segundos pudo distinguir una voz. Una voz aguda que se metía en los oídos y se quedaba reverberando dentro de la cabeza.

- ... Tú y yo tenemos un corazón que late al mismo son...

Al sentir aquello, Daniela abrió mucho los ojos, su cuerpo se puso inmediatamente en alerta y su corazón envió una dosis extra de sangre que la hizo rebotar en el asiento. Movió rápidamente la cabeza a ambos lados y cuando encontró su objetivo entornó los ojos.

Se iba acercando cada vez más a donde estaban ellos. La canción se escuchaba más fuerte y la chica casi podía jurar que le temblaban las manos y que se estaba mareando de la cantidad de sangre que estaba recibiendo.

Su padre se quitó las gafas y cerró el libro probablemente con más fuerza de la que le hubiese gustado.

- Niño del demonio, ya tardaba en venir. No calla ni debajo del agua.

Dicho esto, se lenvantó y se metió enfadado dentro de casa. En cambio Daniela quedó allí, no sabía muy bien porqué, pero no se movió del sitio. Esperó a que el bicho se acercara a ella con esa sonrisa de tonto y cuando estaba a dos pasos de ella lo miró a la cara. Él finalizó su canción, extendió el brazo hacia ella y sin cambiar su cara le dijo:

- ¿Quieres venir a jugar conmigo?

- Antes dejo que me coman las bestias.

Cerró su libro igual que había hecho su padre hacía unos instantes y lo dejó allí comiendo moscas.

#6

El verano finalmente dijo adiós y cuando el viento comenzó a producir escalofríos en los brazos desnudos de la niña, como si de una novela de terror se tratara, Daniela cambió la madera viva por las confortables sillas de castaño del viejo comedor.

Aquello tenía dos ventajas: podría poner los pies al lado del fuego hasta que se le subiera el calor a la cabeza y por mucho que su vecino se plantara enfrente de la ventana de su comedor, y por mucho que pusiese a bailar a aquellos dientes perfectamente alineados, jamás la molestaría con sus berridos .

Pero también había una desventaja que hacía a Daniela tener ataques de ansiedad. Ahora, cada vez que pasaba las hojas de un libro sentía unas ganas terribles de salir corriendo, tenía palpitaciones, le sudaban hasta las cejas y le resbalaban de las manos los libros. Y es que a donde quisiese que mirase, todo lo que veía era la cara del belcebú, aunque no estuviera de cuerpo presente. Sus personajes favoritos se convertían en morenos y pánfilos, veía sonrisas en los espejos, incluso cuando cerraba los ojos y se disponía a dormir aparecía la imagen de su vecino, y hasta el olor de su padre le estaba empezando a recordar al niño.

Daniela dejó descansar la cabeza encima de sus brazos, apoyados en la mesa del comedor, mientras miraba de forma repulsiva el libro que había desistido en leer porque su mente la llevaba a escuchar una y otra vez aquella frase: Tú y yo tenemos un corazón que late al mismo son...

Cerró los ojos y echó un suspiro.

"Eso es lo que tú te crees."

Miró de nuevo al frente sin fijar la vista en nada en concreto hasta que se fijó en una pequeña caja metálica casi comida por el óxido que estaba en el otro extremo de la mesa junto a un libro antiguo que era tres veces su libro más gordo.

"El viejo instrumental de papá..."

Parecía que estaba ahí esperando a ser encontrado.

Se levantó de la silla y fue caminando con parsimonia hasta aquel pequeño descubrimiento mientras deslizaba los dedos por la madera de la mesa. Daniela no sabría decir porqué era, pero de pronto el aire de la habitación cambió, era como si se volviera más pesado y la estuviera empujando a seguir hacia delante e invitándola a profanar aquel tesoro.

Quitó con cuidado la tapa de la cajita y miró lo que había en su interior. Tras un par de segundos llevó la vista hacia el libro que estaba a su lado y en su cara apareció una sonrisa ladina. Al final iba a ser verdad eso de que las soluciones a los problemas estaban en los libros.