JaiverC
Rango4 Nivel 17 (289 ptos) | Promesa literaria
#1

Tengo dos amigos nocturnos que me visitan casi todas las noches. En las reuniones no tomamos ni una taza de café, ni siquiera cruzamos una palabra, aunque sus visitas no son muy gratas, me acostumbré a ellos.

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Don_Diego
Rango10 Nivel 49
hace 5 días

Buenisima imagen la de la portada e inquietante buen inicio en tu primera caja.


#2

Tuve el placer de hacer dos amigos sin siquiera llamarlos, ellos solos vinieron a mí. Entre sus cualidades están que: son totalmente apáticos a la luz del día y nunca me han dicho una sola palabra, otra cosa, nunca vienen los dos juntos, pareciera que se turnaran al hacerme “compañía”.
Sus peculiares visitas ocurren cuando estoy dormido. Debo reconocer que la primera vez que los vi, estuve tan perturbado que tenía miedo de volver a dormirme.
Al primero lo llamé Torco, lo nombré así cuando le agarré confianza, aunque él no sabe que le digo así. Fue mi primera visita. Dicen que la primera vez que conoces a alguien nunca olvidas la primera impresión, tienen razón, aunque quisiera olvidar mi primer encuentro con mis “amigos”, mi cerebro no me lo permitiría.
La primera vez que vi a Torco fue un sábado en la madrugada, como a las 3am. Casi siempre he tenido la costumbre de dormir boca abajo. Ese día estaba entre dormido y despierto, cuando de repente sentí el cuerpo totalmente pesado, cada célula de mi era atraída hacia mi cama con una gravedad aumentada por 100. Intentaba de todo para mover al menos un dedo, pero no pude. Era como si mi cuerpo estuviera hecho de plomo puro. Eso no era todo, mi pánico se incrementó, cuando vi con el rabillo del ojo a alguien que estaba sentado en mi espalda, poseía una cara con unos ojos negros, inmensos, le brillaban, parecía que miraba el futuro con ellos. Sus ojos era lo que mas sobresalía de su cara parecida a un simio, todo su cuerpo y horrenda cara estaba recubierta por pelo negro. Para ser un monstruo, estaba bien vestido, parecía que llevaba un esmoquin, demasiado elegante el monstruo para asustar a la gente. Al ver esa horrorosa cara, me angustié aún más, intentaba moverme, quitármelo de encima, pero el peso de mi cuerpo no me dejaba, era prisionero de mi propio cuerpo, traté de pedir ayuda, mis palabras no salieron, solo quejidos emanaban de mi boca, quejidos apagados. Estaba a la disposición de esa cosa, lo que eso quisiera hacer conmigo. Al ver que nada de lo que intentaba servía, se revivió en mi la fe cristiana, recordé las fastidiosas oraciones que me enseñaba mi abuela, empecé a repetir mentalmente las plegarias que medio me sabía, le recé a cuanto santo había escuchado que existía, terminé mi propio exorcismo con un padre nuestro. Con esta última oración empecé a sentir que mi cuerpo se ponía más ligero, hasta que recuperó la normalidad, me levanté asustado y miré hacia todos lados, pero no había nadie. No pude volver a dormir. Desde ahí nació un profundo miedo por dormir.
Torco empezó a visitarme con regularidad, la segunda vez que lo hizo, ilusamente le eché los rezos para que se fuera, pero esta vez no funcionaron, ahí comprendí que Torco se iba cuando él quería, cuando se aburría de atormentarme. Lo curioso es que no hacía mas que sentarse en mi espalda, no decía nada, solo se relajaba en mi dorso, ¿tan cómo le parecía? Permanecía ahí, por unos 10 minutos o un poco más, luego se iba como si nada. Mientras el disfrutaba allá arriba, yo debajo de él agonizaba del terrible susto que me provocaba.

Mi segunda visita, una amiga muy querida, llegó después de que ya me estaba acostumbrado a la compañía de Torco, cuando llegó ella, sentí que verdaderamente iba a morir.

#3

Las visitas de mi “amiga” son bastante terroríficas.

Como siempre, estaba durmiendo en mi habitación, mi cama se encontraba perpendicular a la puerta de mi cuarto. Me desperté a la media noche, entre despierto y dormido, mi cuerpo estaba boca abajo y muy pesado, no me podía mover. ¿Otra vez tu Torco?, me preguntaba mentalmente, nunca podía emitir palabras de mi boca. Para mi sorpresa, con el rabillo del ojo no miré a nadie en mi espalda. Desvié la mirada a la puerta de mi habitación, estaba abierta y en ella una mujer me miraba, su cara era blanca con oscuras ojeras, tenía una delgada y huesuda figura, sus manos terminaban en unas largas uñas, ella flotaba en el aire, llevaba un vestido de novia, blanco, casi transparente, se le ondulaba como si dentro de mi habitación el viento soplara. << ¡Oh Dios mío!>> fue lo único que pensé. Ella me miraba fijamente. Me estresé, asusté, horroricé, mejor dicho, me dio de todo. Entre más trataba de moverme intentando erguirme, más sentía que me hundía en mi colchón, todo resultaba con el efecto contrario al que yo quería. De pronto, vi que aquel espanto se acercaba a mi flotando, de un momento a otro saltó y se posó en mi espalda, inmediatamente cada uno de mis ojos tomó autonomía propia, se movían rápidamente para donde ellos querían, parecía que estaba siendo poseído. La piel se me erizó, mi espalda se congeló y sentí que el cuerpo se hundía aún más.

Ella presionaba mis brazos, pasaba su ososo rostro por mi nuca y espalda, como reconociendo a su víctima, podía sentir su largo cabello grasoso arrastrándose y cubriendo mi cuerpo. Sus garras arañaban mi espalda. El pánico podía conmigo, en mi mente ordenaba gritar, pero mi cuerpo no ejecutaba esa orden. Después de un rato de sufrimiento y estar a la expectativa de morir en cualquier momento, aquella cosa desapareció. Tampoco pude volver a dormir. El miedo a que llegara la noche volvió a incrementarse.
Si Torco me molestaba, esta cosa nueva era peor.
Intenté contarle a la gente, pero no me creía, solo se burlaban de mí diciendo que mi novia me esperaba en las noches para hacerme cochinadas.
Ella venía muchas veces a visitarme. La empecé a llamar con el nombre de la novia maldita, no creía que esa cosa horrorosa se merecía un nombre mejor. Con el pasar de las noches me acostumbre a ella, también a Torco, se turnaban para hacerme compañía, “me querían tanto” que a veces me visitaban hasta 3 veces por noche, boca abajo me paralizaban.
Una vez llegué cansado del trabajo y me dormí boca arriba, nunca lo volveré a hacer, esa vez llegó la novia maldita, no fui capaz de abrir los ojos para verla de frente, solo sentí como sus garras recorrían mi cuerpo. No volveré a dormir de esa forma.
Con el tiempo ya casi no me estresaba, ahora solo me relajaba un poco siendo la alfombra de ellos. Fue así como descubrí el antídoto para que ellos desaparecieran lo más rápido posible. Lo que hago es relajar el cuerpo, luego, lentamente muevo los dedos de mis manos y pies, para activar la circulación de mi cuerpo y dejar de sentir tanto miedo, el efecto es que ellos en unos momentos se van, luego sigo durmiendo como si no hubiera pasado nada.
Soy sincero, últimamente no me están visitando mucho y eso me hace extrañarlos, es como si sus tormentos ahora se volvieran una especie de masoquismo placentero. Sus intermitencias me hacen pensar que están atormentado a alguien más, a parte de mí.
Casi todas las noches espero impaciente a que lleguen y luego se vayan. Como recuerdos de ellos, conservo muchos rasguños y moretones sobre mi cuello, pecho y espalda.

Estos son mis peculiares amigos, espero que un día los puedas conocer. Ahora me voy a dormir, creo que esta noche le toca a la novia maldita.

Hiarbas
Rango8 Nivel 36
hace 4 días

Simpáticos visitantes nocturnos los tuyos. Buen relato @JavierC. Seguimos incrementando el censo de monstruos.