JulissaSnchezArias
Rango3 Nivel 10 (88 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1

Sinopsis:

Hace mucho tiempo existió una princesa dispuesta a ensuciarse las manos para subir al trono.

Ella aseguró su existencia a través de una maldición; cada 60 años aparecerá entre sus seguidores una heredera que le devolverá la vida a través de su cuerpo...

720 años después, Julia Byington, una niña superdotada de tan solo 6 años lleva oculto un secreto que podría cambiar su vida para siempre...

Ella fue elegida para algo muy grande...

Ella fue elegida en contra de su voluntad...

Ella es la heredera de una maldición, una maldición que le arrebatará su vida...

Ella es JULIANA.

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JulissaSnchezArias
Rango3 Nivel 10
hace 3 meses

Muchas gracias por el apoyo Hiarbas. Te aseguro que el desarrollo te fascinará.


#2

Introducción:

La consternación se denota en los rostros de los individuos que están en el salón. Uno de los hombres que se encuentra en el lugar dirige una mirada de enfado hacia los sirvientes que al observarlo, caminan presurosos hacia la salida mientras él va detrás de ellos. En cuanto los plebeyos han salido, el hombre azota la puerta con fuerza para indicar de manera más explícita que se les es prohibido estar en aquel sitio y que no deben molestarlos. Posterior, el sujeto da media vuelta y se abre paso entre un grupo de personas para luego inclinarse frente a una joven que se encuentra jadeante, de rodillas en el suelo.
―Se lo ruego, déjeme llevarla a su habitación.
No hay respuesta a la súplica emitida por el varón. La joven no lo escucha, guarda silencio mientras aprieta con fuerza la saya de su vestido verde debido al dolor indescriptible que consume su cuerpo y que no puede expresar con palabras. La respiración de la doncella se vuelve más pausada y los latidos de su corazón disminuyen a cada minuto; no hay duda en su mente, ha llegado su momento culmen.
―¿Quién lo diría? La gran princesa Juliana está dando sus últimos suspiros ―dice rompiendo el mutismo, su mirada se vuelve oscura y pronuncia con rabia―: Después de tanto esfuerzo por quitarle la corona a ese hombre, después de ensuciar mis manos con la sangre de todos esos vasallos…
―Usted no debe hablar. ―La interrumpe otra de las personas que se encuentra a su alrededor―. Por favor princesa, trate de recobrar sus fuerzas.
―¡Ninguno de ustedes lo entiende!
Su enfado se hace notar para los demás que de inmediato se abstienen de proferir palabra alguna. Con sus sentimientos mezclados, ella hace un esfuerzo por colocarse de pies pero falla, cae de rodillas y un hilo de sangre escapa de sus finos labios.
―Por favor, déjeme llevarla a su habitación. ―Suplica el sujeto de nuevo mientras le acerca su mano―. Si descansa en su cama podrá utilizar la terapia de energía y…
―¡No lo comprendes! ―Grita exaltada, apartando la mano que la ha extendido―. Ni siquiera utilizando la terapia de energía puedo sobrevivir… Mi poder se está acabando, ya no puedo utilizar la ergoquinesis para obtener energía.
―Tiene que haber una forma de que sane. No nos puede dejar. El reino la necesita.
―Ya no puedo hacer nada, este cuerpo no me sirve. ―Una sonrisa se forma en sus ahora pálidos labios―. La vida es tan irónica, maté a muchos sin ninguna misericordia para obtener poder, a pesar de que me pedían que no lo hiciera porque temían a la muerte y ahora yo… Después de todo si le tengo miedo a algo, a morir.
Su visión empieza a tornarse oscura, la oscuridad invade su cuerpo. De forma repentina, ríe; sus subordinados, los cuatro hombres y las tres mujeres que la rodean quedan atónitos ante su reacción.
―No puedo creer que en el final de mi vida atenderé la propuesta de un inservible esclavo pero no puedo permitirme dejar para siempre este mundo, aún hay muchas cosas que necesito hacer… ¡Acérquense! ―Ordena a sus seguidores―. Ustedes me prometieron fidelidad eterna y hasta este momento lo han cumplido así que les daré un gran honor, a ustedes y a sus futuras generaciones. Coloquen sus manos sobre mí.
Los individuos hacen lo que les dice y ella lleva sus manos al collar que tiene en su cuello. A continuación, cierra sus ojos y de pronto una luz brillante ilumina sus manos y empieza a recorrer los cuerpos de sus súbditos, adentrándose en su interior. Lo único que ellos hacen es mirar expectantes el acontecimiento.
―Les he cedido mi poder, a cada uno de ustedes les he dado una de mis habilidades. Siéntanse orgullosos; cada 60 años resurgiré en uno de sus descendientes el cual nacerá con todo mi poder, mediante él podré vivir de nuevo, poseyendo su cuerpo.
Sujeta su espada que está a su lado y la mira fijamente. La misma luz anterior envuelve el arma y en un instante, la coloca en su muñeca y se corta la vena, el líquido rojo comienza a manar, cayendo en su vestido.
―Esta sangre está tan maldita como mi vida, casi tengo lástima de mi sucesora.
Los músculos de su cuerpo se contraen, tira su espada a un lado y se lleva las manos a la boca tratando de evitar lo inevitable: vomita un espeso líquido carmesí. Se forma frente a ella un charco de sangre y sin poder resistir un minuto más, el violento sonido de un cadáver azotándose en el suelo, marca el fin corpóreo de la princesa.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 3 meses

Cierto es que la primera entrega no ha defraudado, sigo pendiente y ahora con mas motivos.

JulissaSnchezArias
Rango3 Nivel 10
hace 3 meses

Lo que viene te encantará. Voy a actualizar mañana, en agradecimiento a la acogida que le han dado a mi pequeña historia. Pendiente!


#3

Capítulo 1 (Parte 1):

La habitación está oscura, llena de dolor y desesperación. Dos padres, poco a poco se hunden en un secreto tenebroso, un secreto que han llevado a cuestas y que con el tiempo se ha tornado cada vez más imposible de soportar.
―Grayson, ya no puedo tolerar más esto. Tengo miedo de que el estado de Julia empeore.
―Tranquila Caroline, debemos ser fuertes. ―Sugiere mientras acaricia su cabello castaño y la abraza―. Estoy seguro que mejorará. Julia es un poco enfermiza, con el tratamiento adecuado estará bien.
―No podemos mentirnos, no es normal que se enferme con tanta frecuencia. Además, su vista está mal. Durante los últimos meses, hemos cambiado varias veces sus lentes porque su vista sigue empeorando y…
―Sabes que no es necesario tener una edad avanzada para presentar problemas de visión. Nuestra hija…
―¡Esos no son simples problemas de visión! ―Grita desesperada mientras se suelta de los brazos de su esposo.
El silencio se hace presente entre la pareja. El joven padre sabe que su esposa está en lo correcto, él está consciente de la situación que rodea a su hija pero aun así, trata de disminuir el dolor de su cónyuge y de él mismo, intelectualizando los hechos.
―Eso no es normal ―pronuncia Caroline con lágrimas en sus ojos―, Julia está conteniendo su poder. A su edad, debería usar ciertas habilidades. Estoy segura que eso debe estar afectando su salud y visión. ―Aprieta sus puños con fuerza debido a la impotencia―. ¡Maldita Juliana! ¿Por qué tenía que escoger a mi pequeña?
―Cariño, cálmate…
―Mami, papi. ―Llama alegremente una niña al entrar en la diminuta sala pero cambia su expresión cuando observa la intranquilidad de su progenitora―. ¿Qué sucede?
Al escuchar el tono de voz temeroso de su hija y al observar cómo ésta sostiene su falda roja a cuadros con fuerza, sus padres intercambian miradas de preocupación mientras piensan qué decirle a su pequeña. Caroline se gira prontamente hacia uno de los sofás y cambia de lugar las viejas almohadas de fundas desgastadas. Este acto lo realiza la madre para encubrir su estado emocional y aprovechar el momento para limpiar las lágrimas que ruedan por sus mejillas.
―No es nada hija. ―Niega su padre tratando de sonar convincente y para cambiar el tema añade―: ¿Estás lista? ¿Te despediste de tu hermana?
―Sí. ―Su expresión vuelve a cambiar y una hermosa sonrisa se dibuja en su rostro―. Terminé de desayunar, cepillé mis dientes y le di un beso de despedida a mi hermanita.
―¿Tu mochila? ¿Tienes todos tus útiles en ella?
―Aquí está ―se gira y señala una pequeña mochila amarilla puntos rojos que tiene en su espalda―, todo está adentro.
―Eres una hermosa niña obediente. ―La abraza y besa su mejilla―. Tu mamá te llevará a esperar el bus escolar, diviértete hija. ―Se acerca a su esposa y antes de besar su sien, susurra en su oído―. Mientras vuelves, le daré de comer a Anne. Todo estará bien, ambos cuidaremos de ella.
La madre, habiéndose serenado un poco, asiente a las palabras de Grayson y sujeta la mano de su hija.
―Adiós papá, te quiero mucho ―expresa la menor despidiéndose.
Caroline empuja el portón de hierro oxidado que parece a punto de derrumbarse y ambas salen de su hogar, avanzando por un par de calles para llegar al lugar donde pasará el recorrido. Julia mira detenidamente a su madre, pues para ella es extraño verla tan sumergida en sus pensamientos. Pasan los minutos y su madre no pronuncia palabra. Su boca está sellada y no regresa los saludos que un par de vecinos les dirigen. La pequeña se limita a guardar silencio.
Mientras tanto, Caroline sólo piensa en el camino que se ha hecho eterno y que cada día se ha vuelto más difícil por las preocupaciones que se acrecientan dentro de su interior desde que descubrió lo que vivía dentro de su hija. Le es difícil entender que algo que en otro contexto pudo haberla llenado de orgullo, ahora le producía una enorme aversión. ¿Acaso es su recompensa por convertirse en una desertora? o, ¿es producto de su decisión de aquel entonces y que produjo el deceso de…? Mueve su cabeza de un lado a otro para que esos pensamientos no la perturben más.
―Mami, ¿qué te sucede? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? ―pregunta Julia sin poder quedarse un segundo más en silencio.
―Todo está bien hija, estoy muy feliz y agradecida de tener una hermosa familia ―miente tratando de sonreír.
―¡Qué bien! ―Expresa dejándose convencer con la explicación de su madre―. Mami, hoy tengo exámenes de Matemáticas.
La joven sonríe, es el tema perfecto para cambiar sus ánimos y pensar en cosas positivas. Así, puede ver a su hija como lo desea, como una niña normal que algún día se convertirá en una gran mujer.
―Ayer no te observé revisar tu cuaderno, ¿estudiaste?
―No, está muy fácil. ―Ríe con inocencia―. Además, yo no estudio, mami.
―Tienes una mamá olvidadiza, se me olvidó por completo que tengo una hija tan inteligente que no necesita estudiar. ―Sonríe y besa su cabello azabache―. No te olvides de cumplir nuestra promesa.
Por un momento, Julia se queda en silencio. Aunque ella no desea contrariar a su progenitora, no puede quedarse callada.
―No lo entiendo mamá, quiero ser la mejor. ¿Por qué no puedo sacar un diez? ―señala haciendo pucheros.
―Puedes puntuar diez, pero no en todo. Eso no se puede hacer siempre y lo sabes ―dice Caroline con firmeza, dejando que la ansiedad la asalte―. Hija, hicimos una promesa donde mencionaste que no preguntarías la causa. Obedéceme por favor, yo quiero lo mejor para ti. Siempre serás la mejor. Cuando crezcas un poco más, tu padre y yo te explicaremos todo.
―Está bien, lo haré mami.
Vuelve a reinar el mutismo. Es un momento incómodo para la madre, su hija quiere hacer algo, ella tiene que negárselo y eso le causa dolor. Caroline mira a su hija de pies a cabeza, decirle la verdad la haría sentirse liberada pero, ¿a qué precio? La libertad de su hija es más preciada, incluso mucho más preciada que su propia libertad.
Por otro lado, la niña también lidera una batalla mental ya que la conversación sostenida con su madre, hace recordar a Julia una de las tantas promesas que le ha hecho de su progenitora: contarle sus sueños.
―Anoche volví a soñar con ella ―expone Julia un tanto nerviosa.
―¿Con ella? Te refieres a…
―La joven rubia de ojos verdes que siempre tiene una espada brillante pero… anoche fue diferente. ―Explica no entendiendo la razón de sus extraños sueños y añade―: Ella estaba sentada en una gran silla dorada, no tenía la espada pero tenía una corona en su cabeza. Estaba muy triste. No sé por qué pero, parecía triste.
Caroline baja la cabeza y aprieta levemente la mano de su hija, no es la primera vez que Julia sueña con la princesa Juliana, pero en los últimos meses sus sueños aparecen con más frecuencia. La única explicación que se le ocurre es que la princesa persigue a su hija.
En un momento, el autobús aparece a tiempo para romper aquel diálogo; la joven madre dirige una tierna mirada a su pequeña.
―Llegó el autobús, aprende mucho y obedece a tus maestros. ―Caroline baja a la altura de su hija, arregla su camisa rojo vino y besa su mejilla―. Todo estará bien Julia. No te preocupes, fue sólo un sueño. Hasta pronto, mi amor.
―Hasta pronto, mamá.
La niña sube al autobús, se despide de su madre con un ademán y camina hasta el primer asiento de la izquierda, justo detrás del conductor. Se sienta con comodidad en su lugar favorito donde se encuentran pocos niños y, donde los gritos y bruscos movimientos de éstos, son menores. Julia guarda silencio en su sitio; la soledad se ha convertido en una de sus características, pero no es porque no desee acercarse a otros niños sino porque últimamente, el ruido excesivo le provoca fuertes dolores en su cabeza.
Al llegar al colegio se dirige a su respectiva aula de clase; se sienta en primera fila, delante del escritorio de su profesora. Espera hasta que suena la campana que señala el nuevo día de clases y la llegada siempre puntual de su maestra. La docente, una señora de unos cincuenta años, de contextura gruesa que en los meses que Julia lleva de conocerla, ni por un segundo, ha entrado antes o después de finalizar el primer timbre.
―Buenos días, ¿cómo están, niños?
―¡Muy bien, maestra Morton! ―Gritan todos al unísono, excepto Julia.
―Me alegra ver que todos han venido. ―Expresa sonriente―. Como todos ustedes saben, hoy tenemos el examen de Matemáticas pero les tengo una sorpresa… ¿Alguien puede adivinar?
―¡No habrá examen! ―Grita un niño de cabello castaño lleno de felicidad.
―¡Exacto! Pero no habrá examen ya que estas personas vinieron a verlos. ―Señala a una mujer joven y dos hombres que han ingresado al aula―. Espero que se comporten y los obedezcan.
La maestra sale del lugar, dejando a los niños al cuidado de los tres individuos. De inmediato, los menores fijan sus miradas expectantes en las cajas que llevan en sus manos los hombres.
―Nosotros venimos a realizar un examen especial ―dice la joven de cabellos rubios claros mientras coloca el seguro en la puerta―. Mis compañeros tienen unos libros que contienen una prueba. Debo mencionar que esto no afectará su promedio escolar, sólo es para evaluar su aprendizaje.
Los hombres caminan por las filas, dejando a cada niño los libros. En cuanto han dejado el libro en su pupitre, Julia mira con detenimiento la primera hoja. La primera palabra que lee es test, una palabra de la cual debe huir por órdenes de sus progenitores.
―Escúchenme atentamente. La prueba que realizarán se llama: “Test de Matrices progresivas de Raven”. ―Explica la mujer con altivez―. Esta es la versión para niños que contiene láminas de color. Lo que ustedes harán es escribir en la primera hoja sus nombres.
Los niños empiezan a escribir sus nombres. Julia lo hace despacio, aún no sabe si es buena idea realizar la prueba debido a las instrucciones de sus padres. El temor la invade pero hay algo más, muy en su interior, que le dice que no debe hacerlo.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 3 meses

Me gusta tu narración sencilla y fácil de leer, ideal para que no se aburra el lector. Sigue asi, espero la siguiente entrega @JulissaSnchezArias.

JulissaSnchezArias
Rango3 Nivel 10
hace 3 meses

Gracias @Hiarbas He tratado de que mi narración sea sencilla para que cualquier persona pueda leer mi obra y no se sienta aburrida o fastidiada por la lectura. Me alegra saber que lo he logrado. Pronto actualizaré.


#4

Capítulo 1 (Parte 2):

―Abran sus libros y encontrarán una hoja donde escribirán sus respuestas; tienen prohibido escribir dentro ―dice rápidamente, mostrando poco interés por el trabajo que realiza―. El libro contiene figuras. En la parte superior de cada página se encuentra una figura grande a la que le falta una pieza, debajo de ésa figura se encuentran otras seis imágenes más pequeñas. Sólo una de ellas pertenece al espacio que falta en el dibujo grande. Cuando ustedes encuentren la pieza faltante, deben escribirla en la hoja de respuestas. Por ejemplo: el ejercicio uno que corresponde a la página uno, su respuesta es la figura dos; así que deben de colocar el número de la figura a la par del número de ejercicio. Tendrán 20 minutos para realizar la prueba, ¿tienen alguna pregunta? ―Todos los niños miran de un lado a otro―. No habiendo preguntas, comiencen.
Dadas las indicaciones, la joven evaluadora sube levemente su mano derecha para observar su reloj. Por unos segundos, se detiene a observar las manecillas que cree que se mueven más lento que de costumbre debido a su impaciencia. ¿Qué hace una psicóloga organizacional como ella actuando de psicóloga educativa? Le fastidian los niños y ahora debe estar en continuo contacto con ellos ¡Qué desperdicio para su formación!
Tras varios minutos para analizar si contestar o no la prueba, Julia observa la primera página y de inmediato tiene la respuesta. No es la figura dos sino la cuatro. La joven de cabellos rubios claros y ojos azules les mintió, los está probando desde el comienzo.
―Tengo que fallar al menos cuatro en cada sección ―menciona en un murmullo mientras sostiene su cabeza con sus dos manos.
―Tiene prohibido hablar ―sentencia la evaluadora al acercarse a ella por denotar su nerviosismo.
La niña dirige su mirada hacia arriba, encontrándose con la fría mirada de la joven que analiza cada acción, cada movimiento de ella; ese análisis la hace sentir más nerviosa. Julia trata de concentrarse, analiza cada ejercicio pero falla intencionalmente los últimos cuatro ejercicios de la sección A, B y AB. Mientras tanto, la joven evaluadora no aparta su mirada de ella pues hay algo en la niña que la inquieta.
―¡Alto! Coloquen sus lápices en su escritorio.
Al terminar el tiempo establecido, los hombres caminan entre las filas recogiendo los libros y colocándolos en las cajas. Luego, salen del aula sin decir una palabra más, saliendo de forma enigmática tal y como entraron, sin siquiera una presentación y mucho menos una despedida.
―Procederemos con la siguiente clase. ―Anuncia la maestra Morton al ingresar nuevamente al salón―. Niños, por favor abran su libro de literatura.
Las horas y minutos empiezan a transcurrir. Julia sigue nerviosa, por alguna razón sigue pensando en que haber realizado esa prueba fue un error. Sus manos están llenas de sudor. Su atención en la clase es nula, hace el mayor esfuerzo por aparentar esmero pero al escuchar unos suaves golpes en la puerta y al observar que su profesora la abre para hablar con la misma joven de la prueba, su corazón palpita tan fuerte que cree que explotará.
―¿Julia Byington? ―pregunta la joven evaluadora.
―Soy yo ―contesta mientras se coloca en pie rápidamente.
―Necesito que vengas conmigo por un momento, sígueme.
La niña mira a la mujer y luego a su maestra. No quiere ir, no quiere moverse ni un centímetro. Es más, quiere salir corriendo.
―Julia, por favor sigue a la señorita Carroll. ―Ordena la maestra―. Ella sólo quiere hacerte unas preguntas. No tienes por qué estar nerviosa.
Ella respira profundo para controlarse y sigue a la joven. Mientras camina, la sudoración de sus manos aumenta y sus pies tiemblan. Por su lado, la señorita Carroll avanza hacia adelante, tratando de no mostrar su enfado. Si Julia resultara ser quien ella piensa, sería una desgracia; una niña débil e insignificante no puede ser a quien ella busca.
La señorita abre la puerta de una oficina y los hombres cierran la puerta tras ellas. Julia se sienta en una pequeña silla, siendo lo único que la separa de la mujer, un escritorio.
―Hemos corregido las pruebas que realizamos. Por si no lo sabes, la prueba era para medir el coeficiente intelectual. No me gusta dar vueltas al asunto así que te diré que percibimos que fallaste intencionalmente la prueba ―explica mostrando al fin su enfado.
―No entiendo. Traté de dar lo mejor, jamás haría algo como fallar a propósito.
―¡No mientas! ―Grita colocando las manos en el escritorio con furor haciendo que Julia tiemble―. En los test psicológicos hay algo que se llama cálculo de discrepancia en el cual existe una diferencia entre el puntaje real y el esperable y, tu prueba es inconsistente. Normalmente esto no sería un problema ya que cuando éstos test se hacen en colectivo tienden a haber pruebas inconsistentes pero sé que ocultas algo, así que… Toma este libro y realiza el test de nuevo.
―¡No quiero! No me puede obligar. Mis padres podrían… ―Se detiene no recordar cómo se llamaba eso, sabe que lo escuchó en una ocasión y que para ello necesita un abogado y aunque sus padres no tienen para uno, es lo único que se le ocurre para detener a la mujer―. Ah, sí, demandarla.
―Qué linda. ―Menciona con sarcasmo―. Si tus padres contratan uno, yo contrato cien. Si no te has dado cuenta, debes obedecerme porque si no lo haces, quedarás expulsada del colegio. Además, ningún colegio de la ciudad de Elyria, del estado de Ohio, de Estados Unidos o incluso de cualquier país del mundo te aceptará. No son simples amenazas, tengo el poder de hacerlo.
Sus palabras incrementan el miedo de Julia, sabe que lo dicho por la señorita es verdad, sus ojos no mienten; ella planea cerrarle las puertas de la educación y no puede permitirse eso. La joven sonríe triunfante, la mirada aterrorizada de Julia le indica que aceptará y no se equivoca pues al instante, la pequeña se sienta y con enfado empieza a realizar los ejercicios.
―No se te ocurra hacer lo mismo de antes.
Julia no la mira y sigue concentrada. Transcurren diez minutos, dirige su mirada a la joven y le coloca al frente, el libro con los ejercicios resueltos. Al instante, la evaluadora empieza a corregir.
―Ningún error. Rango uno, nivel de inteligencia superior a la normal ―dice en un murmullo―. ¡Leonti! ―Grita a su compañero y se acerca el hombre más alto con cabello castaño―. Trae la escala avanzada.
El hombre sale presuroso y en menos de cinco minutos, trae otro libro pero con muchas más páginas. Julia observa a la evaluadora desconcertada y ella le devuelve una mirada llena de furia.
―Realiza esta prueba. Las indicaciones son iguales a la anterior. Tienes noventa minutos como máximo.
La tensión se apodera de la habitación y de la joven que está envuelta por muchas emociones que no la dejan creer. La niña que está al frente podría ser quien está buscando.
―Terminé ―indica Julia rompiendo la cadena de pensamientos de la señorita.
El test fue terminado en tan sólo 35 minutos. La evaluadora revisa el documento. Pasa las hojas una por una, cada una está correcta, mira a Julia y ella está seria, ni siquiera parece cansada. Mientras pasa las hojas se nota más desesperada y, ¿cómo no estarlo? Los resultados del test son impresionantes. La escala que le fue aplicada es utilizada en graduados que pretenden seguir estudios avanzados. Todos los ítems son correctos lo que indica que su coeficiente intelectual, es superior al normal.
―John, dame el archivo de ésta niña. ―Coloca sus manos en su cintura hasta que el hombre de cabellos negros y ojos azules le hace entrega, echa un vistazo y lo cierra con furia―. Su madre es Caroline Krieger y su padre, Grayson Byington. Están usando sus verdaderos nombres. Debí de revisar esto antes. Sólo hay una forma de estar seguros.
Se levanta de la silla y de debajo de su falda negra saca una daga. Sujeta a Julia del brazo y sin darle tiempo a reaccionar, sube la manga de su camisa y corta la vena de su muñeca. Ella grita del dolor y un líquido rojo empieza a fluir.
La señorita Carroll cierra sus ojos y se concentra; lo realizado debe resultar favorable pues el miedo y la adrenalina puede hacer que el fluido psíquico de la niña se haga presente. Sin perder tiempo, empieza buscar poderes psíquicos en el área. Los primeros en ser localizados son los de sus compañeros y luego, se dirige a buscar el de la niña. A pesar de tomarle un par de minutos, lo descubre, un pequeño poder mental que no llama su atención de gran manera pero… ¿Qué es aquello? Hay algo que la deja estupefacta, un poder que emerge poco a poco y que opaca al primero.
La joven hace una reverencia a los pies de Julia y hace una señal con la mano para que los dos hombres la imiten.
―Princesa Juliana, disculpe nuestro irrespeto. Por favor, perdone a sus súbditos.
―¿Princesa? ¿Juliana? ¿De quién hablan?
Los tres individuos empiezan a levantarse y la miran fijamente. Julia se estremece, no sabe qué sucede, su brazo le duele y está entrando en pánico. La señorita la mira incesantemente, es más que obvio que no sabe acerca de la princesa Juliana. Toma su celular y empieza a marcar un número; su deber es comunicar de inmediato lo sucedido. En cuanto la llamada se enlaza, pronuncia:
―Padre, la encontré, localicé a la doceava. ―Explica a la persona al otro lado de la línea―. Tal y como suponíamos, nació en la séptima familia pero lo hizo en la tercera rama. Su madre es Caroline Krieger ―guarda silencio―. Es una niña de seis años. Se parece mucho a su padre. Tiene tez blanca, cabello negro y ojos del mismo color, cursa primer grado y su residencia está en Elyria, Ohio. ―Pausa―. La llevaremos de inmediato.

Hiarbas
Rango11 Nivel 50
hace 3 meses

Sigue con el mismo nivel de las cajas anteriores. Enhorabuena @JulissaSnchezArias te esta quedando genial. Sigo a la espera de mas.