Hiarbas
Rango10 Nivel 45 (4336 ptos) | Fichaje editorial
#1

Hace tiempo, mucho tiempo las musas dejaron cerca de mi esta leyenda. Yo me limite a escribirla, a acercarla a quien quiera conocerla.

Tres partes guardan su esencia y estas son:

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#2

Las Lágrimas de la luna.

Escuche una vez una historia, de esas que algunos llaman leyenda, que había pasado de recuerdo en recuerdo, de boca en boca, durante el pausado transitar del tiempo.
En ella se hablaba de una misteriosa dama que aparecía en los bosques que lindaban con el tranquilo pueblo donde me encontraba, la verdad que ahora no recuerdo su nombre.

Sus mágicas apariciones coincidían siempre que la luna tomaba su descanso y deja de iluminarnos en las noches con su tenue luz. Los que habían visto a la misteriosa dama quedaron prendados de la belleza que irradiaba, su nívea piel hacia que se perdiera la mirada en un mar blanquecino que embriagaba al espectador. Su rostro angelical colmaba de paz a los que tenían la dicha de contemplarlo. La ligereza y perfección de su cuerpo encandilaba a los afortunados espectadores.

Todos aquellos que la avistaron se convirtieron en sus fervientes seguidores y algunos la profesaban amor incondicional sin haber cruzado palabra con ella. Tal era el grado de atracción que causaba en los que tenían el honor de contemplarla que los conocidos de estos, comenzaron a apostarse en lugares por los que solía aparecer, con la esperanza de formar parte de sus adoradores. Pero a pesar de los innumerables intentos que hicieron por conseguir un contacto, un acercamiento, nadie tenía noticias de que esto hubiera sido posible.

Así estaban las cosas hasta que una mañana, tras una loca noche de persecución a la deseada dama, el humilde aprendiz del herrero, hablando con sus conocidos, les confesó que la noche anterior, una increíble mujer le había estado hablando, le había contado su historia.

Le contó que ella era hija de un poderoso señor, dueño de todo lo que se pudiera mirar y de todo aquello que había hasta más allá de donde la vista perdía su sentido. La tenía confinada en una jaula de plata, y allí permanecía aislada del resto del mundo, pero una vez cada 20 días ella se escapaba cuando su padre no podía verla. Se fugaba para ver al resto de los hombres y de las mujeres, para tratar de comprenderlos y no solo mirarlos desde la lejanía, quería competir con ellos, quería vivir con ellos, pero se había dado cuenta que era un imposible pues todos la miraban de forma extraña y distinta, unos con deseo, otros con pasión algunas con celos, la mayoría con desprecio.

No entendía la razón, hasta que en varias de sus escapadas le había encontrado a él. La había tratado como a una más, no la había perseguido ni había notado en su mirar el ardor de la sangre ni la calentura del corazón. Por ello se había atrevido a hablarle y a confesarle lo que la pasaba.

Todos quedaron petrificados al comprender que el único ser en toda la comarca que no pretendía hablar con la misteriosa dama, era el único que lo había conseguido.

Voces, reclamos y acusaciones, hicieron que el humilde aprendiz, huyera del lugar, se apartara del contacto con aquellos que, por no haber hecho nada, le reclamaban lo que ellos no habían conseguido.

Pasado el tiempo correspondiente el aprendiz, en la noche sin luna, volvió a encontrarse con aquella mujer que le había traído tantos problemas. Con ingenuidad y sin reparo le reclamo a la bella dama por su desafortunado destino desde que la había conocido, ella dolida y sintiéndose rechazada, lloro lágrimas de plata. Las lágrimas al descender por su albino rostro volaron hasta tocar la tierra que tenía a sus pies y en ese instante el desgraciado aprendiz, noto herido su corazón por un dolor desconocido, una pena tan grande y desesperante como nunca antes había conocido lo invadió bloqueando sus sentidos.

La hermosa mujer se dio cuenta de lo que había pasado, aunque tarde, y trato de consolar el dolor que había infringido en aquella cándida alma. Con las caricias y los susurros, la desesperación desanclo su barco del corazón del aprendiz, y partió buscando un nuevo puerto. El joven, feliz entre los brazos de su protectora, durmió acurrucado sobre el vientre de esta mientras ella le cantaba una triste canción de amor.

Muchos fueron los encuentros entre los dos desde aquel día. El amor y la pasión creció regada por los dos apasionados personajes de tan extraña leyenda. Pero nada es eterno y la felicidad es efímera.

En un soleado día de invierno, pescando en un lago helado, cedió el cristal de hielo que cubría las negras aguas bajo los pies del enamorado aprendiz. Su cuerpo desapareció arropado por el húmedo manto que se escondía tras el cristal y su vida se esfumo sin dejar rastro de su presencia en el mundo de los mortales.

Las noches sin luna la dama busca a su amado por cada rincón del mundo, lo recorre con precipitación, deseando encontrar a quien le robo su corazón. Y todas las noches sin luna sus lágrimas caen al suelo, tiñendo de dolor y angustia todo lo que la rodea, penetrando en los corazones de aquellos que tienen la poca fortuna de vivir cerca del lugar donde duermen sus lágrimas. La tristeza se adueña de las pobres almas que comparten espacio con el reflejo de su dolor, y así permanecen hasta que una nueva lágrima cae en otro lugar del mundo otra noche sin luna.

Hace alrededor de 1 mes

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Don_Diego
Rango11 Nivel 52
hace alrededor de 1 mes

Impresiomante. Si todo esto salio de tu mente @Hiarbas estoy mas que pasmado. Fue en verdad genial y fantastico. Un deleite leer este texto tuyo. Espero la siguiente parte con fervorosas ansias. 👏👏👏👏👏

Hiarbas
Rango10 Nivel 45
hace alrededor de 1 mes

Es un cuento de hace unos años, nació para justificar el titulo de mi blogs, ya iré recuperando algunos de estos cuentos de fantasía.

Don_Diego
Rango11 Nivel 52
hace alrededor de 1 mes

Pues ya de años atras escribias bien. Por cierto el nombre mola.

voz_sin_vos
Rango12 Nivel 56
hace alrededor de 1 mes

Me sonó la canción "e hada y el mago" ajaj. La próxima, dividí el texto en varias cajas!

Kobbe
Rango7 Nivel 30
hace 28 días

muy bueno, con un estilo muy de juglar.


#3

El Guardián de las Lágrimas de la Luna.

Dejando vagar mi cuerpo por esos mundos de dios, encontré un idílico lugar en el que por cosas del azar llego a mí una de esas historias o leyendas que he de contar para que no caigan en el olvido y sigan viviendo en nuestra memoria eternamente.

Me contaron que en un tiempo en el que la vida era distinta a la de ahora y las gentes tenían otra mentalidad ocurrió que en muchos lugares, distintos y distantes, la tristeza y la amargura se adueñaban de sus habitantes durante veinte días para luego desaparecer y retornar la normalidad a sus vidas como si nada hubiera pasado.

Sucedía el extraño acontecimiento coincidiendo con la luna nueva, y desaparecía con la siguiente. Los afectados por tan inquietante situación, contaban la increíble pena que se adueñaba de sus desvalidas almas y el profundo dolor que ello acarreaba.

Extrañados por tan misteriosos sucesos, sabios de todo el globo terráqueo pusieron su ingenio y su buen hacer al servicio de encontrar una solución a tan singular hecho. Pero en vano fueron sus esfuerzos y la situación se seguía repitiendo en lugares distintos con personas que nada tenían que ver entre ellas.

Por aquel entonces un maduro caballero, experto conocedor de los áridos caminos que a ningún lugar conducen, y osado aventurero de innumerables correrías en busca de las más increíbles e imposibles fantasías, cansado de buscar y no encontrar su destino, llego a uno de esos lugares donde todo el mundo quiere algún día terminar sus andanzas y reposar sus huesos en la tranquilidad de lugar donde se respira hogar.

Convivió con los lugareños y disfruto de la cordialidad y amabilidad que por cada poro emanaban aquellas gentes. Avisado por un camarada de andanzas, partió un triste día de otoño en busca de un unicornio al que no llego a encontrar y a su regreso, abatido y decidido a no emprender más andanzas como aquella, su alma cayó presa del abatimiento y la pena que en aquellos días embargaba a todos en aquel lugar antes afable y jovial.

Veinte días de desesperación, de recorrer su vida sin encontrar aliento al que agarrarse, en el que la pena y la tristeza le hacían encogerse de dolor, finalizaron la noche de luna nueva. Su mente comprendió en aquel instante que esta vez sí había encontrado cuál sería su destino. Sin dilación, con precisión y determinación, armo su equipo de caballero andante y partió en busca de lo que ni él sabía que buscaba.

Recorrió el mundo buscado lugares donde hubiera sucedido algo similar a lo que había experimentado él y poco a poco fue encontrándolos, incluso llego a trazar una pauta, un camino a seguir para encontrar al causante de tal destrozo emocional. Con la certeza de poder hallar el motivo de lo que estaba sucediendo, llego a una apartada aldea una tarde víspera de la noche de luna nueva.

Acampado a orillas del arroyuelo que recorría las afueras de la aldea espero impaciente la aparición de la tristeza que asolaba a tantos lugares. Cayó la noche y en la negrura de su manto estrellado, por entre los juncos que bordeaban el arroyo vio caminar a una sin par dama. Deslumbrado por su belleza trato de acercarse a ella para avisarla del peligro que corría, pero se dio cuenta que la deslumbrante dama vagaba desconcertada buscando algo, mientras gritaba su dolor al viento, y derramaba lagrimas brillantes como diamantes de sus tristes ojos. La pena de nuevo comenzó a embargar su corazón y comprendió que aquella mujer con su dolor era la causante de todo.
Su juramento de caballero le obligaba a proteger a cualquier desvalido y por ello, y a pesar de su increíble sufrimiento, acrecentado al acercarse a ella, trato de ponerse a disposición de la triste mujer. Sorprendida contemplo a aquel hombre que solo mostraba dolor en su rostro, cansada por el paso del tiempo y desesperada por no hallar lo que buscaba le contó su triste historia al hombre que a sus pies trataba de contener el gesto de dolor para no asustarla.

El caballero comprendió el origen del mal y sin más respuesta que un beso en la mano de aquella desafortunada dama se comprometió a seguirla cada noche de luna nueva para recoger sus lágrimas y evitar que ellas hicieran compartir el dolor que el alma de la dama guardaba con celo. También prometió encontrar al amor perdido de aquella mujer el resto de noches y días en las que no tuviera que custodiar sus lágrimas.

Y así, desde aquel día, el caballero se convirtió en el guardián de las lágrimas de la luna.

Las guarda cada luna nueva en un cofre para que no dañen a las nobles gentes que nada tienen que ver en aquella triste historia.
Las custodia celoso para preservar a los m
ortales del dolor de un ser de fantasía, de un ser cuya pena puede provocar el abatimiento de todo un pueblo.

Para su desgracia el antídoto al dolor de la luna no puede encontrarlo, es consciente de que pereció hace mucho tiempo, en el día en el que ella no volvió a verlo, pero aun así sigue su búsqueda con la esperanza de poder librar al mundo del dolor de la guardiana de la noche.

Con el tiempo la leyenda de su sacrificio por
el bien de todos corrió de boca en boca, inspirando a otros a seguir sus pasos, a ayudarle en su justa encomienda.

Hoy los guardianes de las lágrimas de la luna velan en el anonimato para que todos podamos solo sufrir por lo que a nuestros corazones les hiere, por lo que a nuestras almas golpea, pero no por el llanto de dolor de la reina de la noche.

Hace alrededor de 1 mes

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Don_Diego
Rango11 Nivel 52
hace alrededor de 1 mes

No es esa una cajita de pandora? Honorables guardianes sin duda su servicio es arduo. 😁👍. Estoy en modo de Espera 😊👍

Hiarbas
Rango10 Nivel 45
hace alrededor de 1 mes

Mañana pondré la ultima parte.


#4

El Joven Guardián.

Hace unos días, la verdad no se precisar cuántos ya, mi hija me presento a un amigo suyo, chico introvertido y tímido, de aspecto extraño, aunque hoy en día eso no sea nada raro.

Cuando se hubo marchado, ella emocionada me hablo de lo misterioso que era su amigo, que tenía un gran secreto, no lo sabía porque se lo hubiera contado, bueno en si ella lo suponía, por su forma de comportarse y por como guardaba secreto de todo lo que le rodeaba.

No di importancia en un principio a las fantasías de la efervescente mente de una adolescente. Yo por aquel entonces andaba recopilando información de una secta, grupo o como se quiera llamar, que llevaba siglos trabajando en el más absoluto incognito.

Todo arrancaba de una curiosa leyenda en la cual la luna trasfigurada en mujer las noches de luna nueva, había logrado encontrar el amor en un humano, fue feliz con él hasta el día que este desapareció, desde entonces la luna en las noches de luna nueva llora y entristece a los hombres que están cerca del lugar donde sus lágrimas caen.

Para evitarlo esta secta o hermandad decidió capturar y guardar las lágrimas de la luna para que la humanidad no se entristeciera por ellas. Desde entonces han estado realizando esta labor en la sombra, escondidos de la mirada del resto del mundo, anónimos héroes que velan para que los humanos no sufran el dolor de un ser mítico.

Mis investigaciones me habían llevado a seguir con enorme esfuerzo, los escasos pasos de los que estos hombres habían dejado huella en la historia, hasta nuestros días. Y ahora creía haber encontrado una facción de esta secta muy próxima al lugar donde residía.

Armado de un valor del que carecía, y tembloroso como una rama agitada por el viento, emprendí una mañana el viaje que creía me llevaría a conocer a los enigmáticos guardianes de las lágrimas de la luna.

Tenía la esperanza de poder obtener información para así desarrollar un libro que diera a conocer la labor de estos formidables hombres.

Mi camino terminaba en una apartada casa del pueblo de al lado del mío, bien cuidada y amplia.

La casa esperaba a que hiciera acopio de mis últimas migajas de valor para acercarme a ella y llamar a su puerta.

El timbre rompió el silencio y obtuvo por respuesta una voz que me resulto familiar. Allí, al abrirse la puerta estaba el tímido amigo de mi hija.

Su sorpresa no fue menor a la mía y azorado por tratar de saber que era lo que me había llevado hasta allí, me invito a entrar en su casa.

El desprecio por el mobiliario era la tónica dominante en la vivienda, aun así algo en ella la hacía agradable y protectora, como si allí dentro el resto del mundo no pudiera alcanzarte con su maldad.

Sentados en el único sofá que había en el salón, iniciamos una conversación insustancial de cortesía, pero yo tenía un cometido y aunque no creyera que aquel jovenzuelo pudiera darme muchas respuestas decidí, ya que mi miedo ahora no era tal ante el interlocutor que había encontrado, lanzar las preguntas de las que tanto deseaba respuesta.

Una tras otra mis elucubraciones fueron haciendo comprender al joven amigo de mi hija que sabía más de lo que el desearía que nadie en el mundo supiera. Pero lo sorprendente fue que no tuvo problema alguno en contestar a todo cuanto le pregunte.

Sorprendido trate de comprender el porqué de descubrirme algo que llevaba tanto tiempo oculto. Su respuesta fue sencilla, no ocultamos nada a quien pregunta porque nadie sabe y aun los que saben no lo creen.

Me conto que la hermandad hoy en día era muy extensa. Él había llegado a ellos cuando al quedarse huérfano, su familia de acogida, caballeros ellos, le habían iniciado. El cariño que le habían profesado y la maravillosa forma de acogerle, le había creado un compromiso con ellos en lo que le pedían. Hoy el compromiso cada vez se le hacía una carga más pesada.

Estar pendiente cada veinte días de si la luna aparecería en su zona, de estar preparados para sentir y sufrir durante una noche el dolor más grande que se pueda imaginar producido por la tristeza, comenzaba a menguar sus fuerzas.

La charla fue distendida, y me aporto todo lo que necesitaba saber, aquel muchacho era una persona sumamente madura, consciente de cuál era su responsabilidad y consciente también de lo duro de ella.

A la hora de la despedida, en un último acto de cordialidad por su parte, me invito a una guardia que tendrían que llevar a cabo en tres días, la noche de la luna nueva, además me indico que era tiempo de que la luna vagase por la zona con lo cual podría hasta tener la suerte de poder contemplar algo insólito en el mundo.

Emocionado accedí a su invitación y como un niño con el regalo del mejor de los juguetes, me fui a mi casa para organizar mis ideas y asimilar todo lo que me había contado.

Llego el día y fui al encuentro del joven, tenía dudas de si encontraría a alguien al llegar o solo me habría dado una cita para despistarme y así tenerme alejado de lo que fueran a hacer esa noche, pero para mi sorpresa allí estaban él y sus padres.

El recibimiento fue de lo más cordial y con pocas indicaciones me orientaron en lo que debía seguir.

Recorrimos en estado de alerta los bosques cercanos sin encontrar nada, la decepción se comenzaba a dibujar en el rostro de mis acompañantes, cuando a todos a la vez una punzada de dolor nos llegó certera al corazón.

La tristeza nos capturo y comenzamos a sentir la desesperación de una pena imposible de ignorar, difícil de soportar.

El padre de la familia se dirigió entonces hacia un claro donde una hermosa mujer lloraba desconsolada, con humildad se postro ante ella y le ofreció un cáliz donde fue depositando con dulzura las lágrimas cristalinas que de sus ojos nacían.

El amanecer comenzó a hacer acto de presencia y ante nuestros ojos la hermosa dama desapareció despidiéndonos con un tierno beso lanzado al aire para que sus esforzados guardianes lo recogieran como recompensa, pero justo en el último instante antes de desaparecer, un cruce de miradas, me hizo comprender que tal vez estaba ante el fin de la vida de los guardianes de las lágrimas de la luna.

Terminaron su labor capturando cada lágrima caída esa noche y cerraron con premura el cofre donde estas permanecerían. Nuestra tristeza murió al compás que el cofre encerraba el cáliz, y la paz volvió a embargar nuestros doloridos corazones.
ompartí con la familia el resto del día para conocer cuáles eran sus cometidos tras la captura de las lágrimas y con la amplia información obtenida me di por satisfecho ante el hecho de poder contar una historia, pero sabía, tenía la certeza de que debía esperar para cerrar aquel tema.

Veinte días después, allí me encontraba yo, convertido en un torpe espía, tratando de seguir al jovenzuelo amigo de mi hija, torpe como pocos, aun hoy no sé cómo no pudo descubrirme o si lo hizo porque no me delato.

Él había salido aquella noche y se dirigió al mismo lugar donde encontramos a la hermosa mujer. Y allí estaba ella, pero esta vez no había pena ni dolor en su rostro, no la contagiaba, no derramaba sus dañinas lágrimas.

Como si de algo natural se tratase, los dos se miraron y comenzaron a pasear hablando que se yo de qué, pero en el aire se respiraba algo muy especial, algo indescriptible pero que llenaba de una inmensa sensación de paz y felicidad a todo lo que a los dos los rodeaba.

Comprendí que había terminado mi investigación, y con una sonrisa en los labios me aleje del lugar sabiendo que tenía tanto el final de mi historia, como el de los guardianes de las lágrimas de la luna.

FIN... de momento.

Hace alrededor de 1 mes

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Don_Diego
Rango11 Nivel 52
hace alrededor de 1 mes

Te quedo muy bueno el cuento. El final en especial me parecio satisfactorio.