Adan_Quiroz
Rango4 Nivel 16 (258 ptos) | Promesa literaria
#1

Salían de trabajar y el sol estaba cansado y cerraba sus ojos, se podía ver en el campo de trigo cuando la luz avanzaba dejando un rastro de sombra. Es su naturaleza, llegar hasta ese rincón donde ya no había más luz. Porque el sol tenía sueño y cerraba sus ojos — El perro que solo tenía tres patas corría para llegar a su casa—. El viento soplaba y se llevaba aquellas hojas de paseo. Se encendían las lámparas cálidas de la calle y resplandecía en la oscuridad aquellos caminos.

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Odin_Figueiras
Rango5 Nivel 21
hace 7 meses

Por la casa hay un perro de tres patas vecinu, ya no levanta la patita al orinar jeje... Me gustó mucho!!!

IndigoDolphins_73
Rango11 Nivel 51
hace 2 meses

Es un inicio muy conmovedor @Adan_Quiroz .
Sólo una cosa: "Es su naturaleza..."
Me chirría ese presente ahí en medio. Tiene algún objeto?


#2

Me encontraba frente al río en esa noche otra vez. No podía dejar de resistir esa sensación de mirar nuevamente hacia el otro lado del río. Me causaba misterio y quería saber porque todas las noches aparecía ese lugar. Tan solo mirar al otro lado me transportaba a una ciudad diferente, pero solo de noche. En el día no era más que una colonia del otro lado del río.
¿Porqué hay un río en medio? —me pregunté—. Si no he visto la forma aún de cruzar el río por la noche, las luces que pedí aun no llegan. Alumbraría mi camino cuesta abajo y cuidaré de no caer al río, me habían dicho que su corriente dejó hilos de vida y ahora son viejos, una sola caída y los rompería. No estaría bien despertar su ira, es un río amable y hermoso. Mejor sería cruzarlo por aquellas rocas que tienen marcadas las huellas que guían al verdadero camino.

Me imaginaba que sería fácil cruzarlo, faltaban solo las luces más que las ganas de seguir por ese camino, no podía dejar de pensar ni un día en dar el primer paso.

#3

De noche, salí a mirar el cielo. El lugar donde vivo es especial, grande y silencioso. Pegado a una barranca y cerca del río se escucha su corriente. Al subir por la escalera que da hacia la puerta principal, voltee mi mirada a la noche, para sentirme libre en ese momento, donde nadie puede quitarme ese tiempo de disfrutar. Es como la montaña rusa que mientras avanzas disfrutas de todo a la vez, la altura, la rapidez, el paisaje, todo te cabe en ese momento. Estaba la luna ahí presente ante el cielo despejado. Y del otro lado a la altura de mi vista tenían frente a mi, una galería de arte. Tres cuadros grandes presentados por la noche fresca y nublada, iluminados con luces cálidas. No pude contener mis ansias por cruzar para observar cada lugar que me llevará ese lado del río.

Empezó a llover y yo me encontraba descendiendo por aquel callejón que llevaba al camino del río. Abajo, miré a mi derecha y había lámparas pegas en la barda, alumbraban el camino que debía seguir, lo demás, era oscuro. Avance sin temor, la noche ya era silenciosa como para notar cada sonido a detalle a mi al rededor, las gotas caían y rebotaban en las gruesas hojas de aquel árbol, sonaba con autoridad, cada gota dejaba su nota. Era un lugar oscuro no miraba más que el camino en ese momento, y captaba la sensación de ver los árboles como sombras, solo veía sus siluetas. Llegué a una parte dónde no podía avanzar más en forma recta, a mi lado izquierdo había una escalera con escalones hechos de las piedras del río. Seguía bajando cuidadosamente de no resbalar, de disfrutar cada paso, bajo la lluvia y bajo el sonido de una lluvia contínua y segura.