Sasami_Hanatsuki
Rango6 Nivel 29 (1364 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Las experiencias que vivimos nos ayudan a crecer: buenas, malas o incluso anecdóticas siempre se puede sacar algo de ellas, en ocasiones vivimos situaciones que deseamos olvidar ya sea por tristeza o verguenza, pero, también estan esas experiencias que se guardan en nuestro corazón como un tatuaje permanente. Ese tipo de vivencias son las que estoy registrando y con mucho gusto los invito a acercarse, servirse unas galletas y compartir conmigo.

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Plum_Mirror
Rango7 Nivel 31
hace 3 meses

Yo hubiera empezado por ofrecer las galletas porque, obvio, quien no cae con galletas. XD

SKSeibert
Rango3 Nivel 10
hace 3 meses

Una buena intro y muy cierto lo que dices, no todos los recuerdos que se guardan a fuego son traumantes; hay muchos que se atesoran con cariño. Personalmente, aún recuerdo cuando quería ser vendedora de helados jejeje. Eso sí, esta vez tengo unas recomendaciones por aquí, pequeñas, pero igual ayudan ;)
1-"Las experiencias que vivimos nos ayudan a crecer: buenas, malas o incluso anécdoticas siempre se puede sacar algo de ellas;" -Creo que quedaría mejor así, viéndolo por lo de las comas. Y es "anecdóticas".
2- "También están esas experiencias que se guardan nuestro corazón" – faltó el conector "en" allí.
3-"Ese tipo de vivencias son las que estoy registrando y con mucho gusto te invito a acercarte, servirte unas galletas y compartirlas conmigo". -Esto es más una sugerencia, que creo sonaría mejor como idea de cierre y me arranqué con los tarros aquí XD
Y sería todo por ahora, te dejo el corazón bien puesto y veré si alcanzo a leer algo más. ¡Saludos!


#2

EN EL MUNDO DEL RELOJ

Mis clases de Alemán iniciaban a las 8 con 15, ni un minuto antes, a lo más un minuto después. Para llegar a estas, debía tomar un tren que partía a las 7 con 25, ni un minuto antes, ni un segundo después, de lo contrario debía esperar media hora y no llegaría con tiempo a Berna para caminar hasta el instituto. Para poder hablar con algún amigo -gracias a la diferencia horaria-, tenía que conectarme a la internet a eso de las 6. Por todo lo anterior, fue que me hice de una rutina mañanera que aún, algunos días cuando me levanto de madrugada, suelo extrañar: Al abrir las persianas, mi amada noche aún estaba ahí; entonces abría la puerta del cuarto con temor pues, ocasionalmente una tarántula se paraba frente a la puerta a dar los buenos días; lo siguiente era cerrar la puerta del cuarto vecino para no despertar a nadie, tras lo cual me recostaba en el cálido piso del baño como un gato encaprichado. En vista de que el Otoño allá es más frío que nuestro Invierno, las capas de ropa al vestir me hacían sentir como un capullo reforzado sin gorro (no encontraba que quedará bien). Si bien podía escoger un té, una sopa, un yogurt, el emparedado era siempre el mismo y con ese desayuno empezaba a conversar con uno o más amigos, que sabían a esa hora podrían encontrarme, o responder los correos que mis amigas habían enviado durante su tarde.

Esta era mi rutina, la cual se cortó aquel día en que, por razones emocionales, desee estar en casa, poder aclarar cosas que nublaron la visión de personas que me importaban. Fue tal mi distracción que, no vi el reloj hasta que ya faltaban pocos minutos para que el tren saliera de la estación… ¡Y yo aún en casa!

En tres tiempos apagué el ordenador y tomé la mochila para correr a la salida, donde dejé las pantuflas, cogí los zapatos prohibidos al interior del hogar y me los acomodé a tras pies cruzando el jardín; Para mi suerte, allá nadie asegura las puertas, por lo que solo debía seguir. Abrochar la chaqueta ya era preocupación para después. Con la nariz congelada, me detuve frente a la casa de la esquina. Si quería dar esa maratón debía abrochar mis zapatos, acomodar los guantes para no congelarme los dedos y la bufanda para no congelarme la nariz. Para mi suerte algo de los rayos de luna alumbraban esa tenebrosa escalera que nacía en la casa esquina, escalera que me ahorraría minutos en bajar. Lo más rápido que pude sin rodar, seguí el camino hasta llegar a la falda de la colina, desde allí se podía ver la estación del tren y el mismo que ya se había estacionado. Con el corazón acelerado y llena de terror, observé que las barras que detienen a los vehículos empezaban a bajar, por lo que no me detuve a respirar y corrí, y sorprendiéndome a mi misma descubrí que podía hacerlo y agacharme sin chocar ni tropezar con los rieles. La mochila cual volantín se elevó todo el camino colgando de mi mano, como si bailara escuchando la alarma que anunció que las barras de detención aún estaban abajo y que las puertas del tren se cerrarían; pero aún estaban abiertas, por lo que salté para subir al andén (dar la vuelta correspondiente no me daría tiempo) y la advertencia del sonido cumplió su amenaza, al mismo instante que puse el segundo pie en el piso. Como acto reflejo verifiqué mi mochila, la cual dio su respectivo rebote contra las puertas cerradas: suspiré y caí, agotada sin aire, sobre mis rodillas.

Una vez aliviada, con los pulmones llenos miré alrededor: ¿Alguien lo habrá notado?— me pregunté,— Esta debe ser Chilena, estarán pensando. —Me dije y aunque ya todos estaban en sus puestos y esperé unos segundos como quien espera terminarse un cigarro… Al entrar en el vagón peinando mi cabello, tímida, con los dedos, sentía que esas pocas miradas me observaban diciendo para sí: “Esta chica toda acalorada, corriendo atrasada, debe ser extranjera”.

Desde aquel día, mi rutina se volvió sagrada y la puntualidad, una costumbre arraigada, aprendida a punta de taquicardia.

#3

DESPISTADA

Cumpliendo un sueño infantil estaba en el REINO DE DISNEY, no era mi sueño ya que jamás pensé que tendría la opción pero, es un sueño infantil estar en Orlando Florida disfrutando de todo eso, más cuando es un regalo de tu hermana quién te suma a unas vacaciones familiares. Mi día preferido fue aquel, en que luego de superar la meta de salir de la casa llegamos al parque mágico Disney sin deshidratarnos.

A diferencia de los otros días, acordamos que dividiría mi jornada entre compartir con la familia y visitar a todas las princesas que se encontraban para fotografiarme con ellas o a ellas. Principalmente, a Bella, por encargo de una chica que adora a esta princesa y por supuesto, a mis favoritas de toda la vida: Rapunzel, y Ariel. Y así lo hice, corrí todo el día, y tras ver todo el parque varias veces terminé con los pies hinchados. Descalza me ubiqué con la familia frente al palacio de Mickey Mouse listos para tomar once y disfrutar la tarde esperando el desfile de los personajes en el parque.
Más tarde todas las luces del sector se apagaron para disfrutar de los bellos carros donde se exponían diferentes personajes. Personalmente no disfruté tanto como hubiera podido ya que, apenas me podía los pies y estuve más concentrada en sacar fotos y que no me pisaran y casi no vi lo que sucedía, también miraba la hora, y me di cuenta que alcanzaría a ir a una actividad de Bella antes del espectáculo de luces, cuando los faroles encendieron miré a mi hermana, le pregunté por los fuegos artificiales “Si corres puedes alcanzar” Me dijo, así que así lo hice. Me puse los zapatos una vez más y comencé a correr entre la gente que se dispersaba nuevamente, mi familia seguiría ahí descansando de tanto caminar y yo podría volver con ellos antes de que se volvieran a apagar las luces.
Llegué al lugar antes de que abriera, había que esperar un poco aún pero al ser la segunda en la fila esperaba desocuparme a tiempo, gran error.
La visita que esperaba fuera fugaz, no era para tomarse fotos como las demás, resultó ser una actividad de contar un cuento de forma interactiva por lo que tuve que esperar hasta el final y descubrir que no se podían tomar fotografías con ella, por lo que tuve que pedir un suvenir que solo era para niños y así, salir, sin embargo, antes de que se abrieran las puertas escuché sonar del primer fuego artificial… ¡Se me había pasado la hora!
Las luces de los faroles estaban apagadas otra vez, caminé apurada hasta reaccionar en que no sabía si iba en la dirección correcta. Miré alrededor con ese pequeño sentimiento de culpa por no estar donde debía:. Estaba en uno de los límites del parque y ellos en el medio, tal vez, creó… parece. Por suerte, llevaba conmigo a mi gran amigo de ese día “el mapa”, pero a pesar de estar con mis lentes puestos no lograba leer nada por la oscuridad de la noche, no obstante cuando uno de los fuegos artificiales estalló en el cielo, todo se volvió claro en el mapa. ¡Esa era la solución! Así pude saber donde estaba y que debía correr en sentido contrario. Llegué a un pequeño puente que logré visualizar y desde ahí, al siguiente punto, si avanzaba lo suficientemente rápido quizás podría llegar a ver el final con mi familia.
Entonces me vi perdida corriendo entre la gente, de fondo el espectáculo de luces en el cielo y el parque de Disney alrededor, una imagen que se me hizo hermosa y divertida, totalmente de película. Una gran emoción recorrió todo mi cuerpo.
Pude ver la parte posterior del castillo y me sentí bien, sabía que mi familia estaba al otro lado observando el mismo cielo que yo, y era bello. Así que me escabullí entre la gente, con la esperanza de alcanzarlos a tiempo pero, como es el mundo real, el espectáculo se acababa y cruce el palacio a tiempo para ver que las luces se volvían a encender. Eso fue todo, me lo había perdido, probablemente nunca vuelva a vivir esa oportunidad y yo me lo perdí ¡Por leer un mapa!
Sin embargo, ese pequeño momento de emoción que a mi niña interna le pareció de película, -ese ínfimo pero único momento de la vida- no lo cambiaría por nada.

#4

UNA ANÉCDOTA TONTA

Siempre recuerdo aquel día humorístico de verano, en que pasaba tiempo con unas amigas y una de estas se enfermó y como vivía muy lejos para ir a dejarla llamó a sus amigos para pedir que uno fuera a buscarla y acompañarla. Así fue como ese día comenzó a convertirse en el día que todos querrían ser héroes. Yo y mi amiga acompañamos a la enferma hasta el punto de encuentro con sus rescatistas, tres jóvenes que decidieron ir a buscarla sin importar qué.

Esperamos con paciencia a los sofisticados, gallardos, valientes e impuntuales héroes del día y debo reconocer que desde que tuve aquel altercado con la hora, es que me he vuelto muy puntual: El primero, despistado, pasó de largo sin notar a la chica enferma sobre la banca frente a él. Por eso mi amiga con malestar esperó a que este le marcara para decirle que estaba justo por dónde él pasó. Y pronto nos enteramos de que su retraso fue por una amable indigestión que lo iba acompañando o matando, según sus palabras.
Los segundo y tercero, llegaron varios minutos después, y cuales imitadores también pasaron sin reconocer a sus dos amigos, ni mirarnos siquiera. No pude evitar reír con ganas.
Más cuando el segundo habiendo arrebatado el agua de la enferma a la que iba rescatar, casi se atraganta con ella, y comentando que no durmió nada cuenta que la chica que lo acompañaba -y caminaba a traspiés- sufría mareos en esos momentos.

Así que, el zombie, la ebria y el muerto -como los apodé- se fueron con la chica enferma y creyendo que mi amiga y yo éramos mejores héroes que ellos, volvimos a nuestro relajo veraniego. No obstante, esa noche, mientras conversaba con mi amiga está me miró con los ojos de par en par fijándose en un punto sobre mi cabeza: “No te muevas” ordenó con tono heroico. Con firmeza se abalanzó sobre la araña, y golpeó ambas manos aplastándola, y enredándola con mi cabello separó las manos y no encontró al insecto.

"¿Sabes que si amenazas a una araña está te pica?" dije, temiendo mi porvenir.
"No creo que te pique si no está entera"- comentó, aludiendo que una pata estaba en sus manos. "Parece que es algo de…" comenta y comienza a ver mis cabellos "encontré otra pata"
Sobre el piso veo algo negro y arroscado, pregunté si es eso y en mi busto vi trozos del descuartizado arácnido... "¿La trituraste con mi pelo?" Consulté incrédula y, sin esperar respuesta decidí lavarme el cabello y bañarme entera pues esos seres, me dan lipiria y mucho repelús y reímos... “Los héroes de hoy” comenté con sarcasmo, -me salvas de la araña y obtendré pulmonía. - Reí, viéndome en la ducha cerca de las 2 de la mañana.
Los héroes de hoy en día no son sofisticados, gallardos ni fuertes como antes, ¡Pero pucha que te salvan del aburrimiento, a veces!