Arturo_Campos
Rango9 Nivel 41 (3325 ptos) | Escritor autopublicado
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No siempre me nace encasillar lo que escribo. Entre consideraciones profundas y estupideces que llegan a mi mente de manera fugaz no existe una brecha larga, por lo que no puedo darle siempre a mis pensamientos un género específico.

Por eso, pienso usar este pedazo del internet para escribir sobre aquello que no es de tanta relevancia. Eres bienvenido.

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#2

"Clases sociales y un café".

Escribo desde una cafetería muy ubicada en el centro de la ciudad, y lo visto ha desempolvado una vieja reflexión. Hace unos años yo era mesero de un restaurante de comida oriental, al que acudían en su mayoría personas con mucho dinero—nada raro, los precios eran elevadísimos—. No tengo el deseo de ser clasista, pero admito que notaba una gran diferencia en el vestir, andar y hablar de los comensales, y no podía evitar sentirme mal ante ellos. Alguna vez, una compañera de clase: “Cuando estoy a lado de una persona rica y bien vestida, siento que huelo mal”. En su momento, me dio risa esa declaración pero… En el restaurant comprendí todo.

Y es que algunos se enfocan en marcar una línea—afortunadamente, no todos—, y te hacen sentir menos porque según su criterio tú vales menos.

Ha pasado el tiempo, y hace ya tres años que me dejé de verle la cara a esa gente de andares rimbombantes, conviviendo con la clase obrera; con “la prole” como decimos en México. Porque hay necesidad de ingresos, porque la mayoría busca dar un sustento a sus familias, y gran parte del sueldo se nos va en necesidades básicas.

Pero hoy, en esta cafetería, pude volver en el tiempo. Volví a ver gente bien vestida y con celulares caros; en el estacionamiento yacen automóviles que no podría pagar ni con tres años de mi sueldo. Todos ellos atendidos por… Gente normal. Gente que se sorprende al ver la cuenta que ellos pagan con facilidad. Gente que cruza los dedos para que alguno de los clientes coloqué en la mesa una propina digan que compense el buen trato que dieron.

No sé si notan que nos sentimos inferiores, o simplemente miran uniformes y nada más. En mi caso personal, puedo contar que muchos me despidieron con un “gracias” y una sonrisa, y las propinas eran frecuentes. Lo que me hace pensar que, a pesar de que sentimos que somos inferiores… Por un pequeño periodo de tiempo, somos más o menos iguales. En ese momento, conectamos miradas y trabajamos en equipo. Nos sonríen. Los hacemos felices.

Nada, solo me pareció curioso. Igual todos podemos ir a todos los lugares, y habemos quienes ahorramos para comprar una comida completa. Este latte de caramelo está buenísimo, me ayudo a despertar y seguir escribiendo. Aunque no pude pedir nada más, todo en la carta está muy caro.

¡Disfruten su café!