Elayha
Rango15 Nivel 71 (29618 ptos) | Estrella de la editorial
#1

Las noches en Lima jamás eran silenciosas.

Era imposible meter a miles de personas de toda la capital en un solo lugar y esperar silencio.

Las canciones del distrito de San Juan de lurigancho, perteneciente al 10 de Canto Grande surgían de las tiendas cercanas donde ella se encontraba, y el barullo de los autos resonaba desde la otra calle cercana utilizada para el ajuste de cuentas.

Los llantos de los niños, de las madres de duelo o de los borrachos devastados por las pesadillas formaban un coro nocturno que acompañaba los rugidos de los cantineros ebrios y las promesas de los vendedores ambulantes que ejercían mejor su comercio en la oscuridad.

No, las noches en Lurigancho jamás eran silenciosas.

Excepto aquí.

Esta parte del 10 de Canto Grande estaba invadida por un silencio mortal.

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RedWerewolves_97
Rango7 Nivel 33
hace 14 días

@Elayha 😍 muy buena cajita
Me transportaste al momento exacto de esa ciudad
Me encanto ...

Elayha
Rango15 Nivel 71
hace 14 días

Mañana subo la siguiente. Habrá mitología peruana de por medio así que atenta por qué está historia está vinculado con algunas series como la gran sangre y mi libro Oscuriam.

Yuriko_Maldonado
Rango11 Nivel 51
hace 14 días

Muy buen inicio paisano, que bueno encontrar a un peruano en esta gran red de relatos

IndigoDolphins_73
Rango7 Nivel 30
hace 13 días

Muy, muy buen comienzo.
Has creado intriga describiendo un escenario q bien podría ser dramático.


#2

Laura sostuvo cerca de su pecho su bolso de pinceles, pinturas y carboncillos al sentir que el barullo de la noche limeña se desvanecía. La ausencia de ruido fue tan repentina y tan impactante que se detuvo en la mitad del callejon (lo cual solía no ser una buena idea) y miró a su alrededor.

La calle formaba parte de un antiguo y opulento sector conocido como Mortoraa, o Puerta de Hierro, pero por lo demás era común y corriente, era un lugar tranquilo e introspecto y ella habia invadido aquella tranquilidad, de todas las calles en San Juan de Lurigancho, esta era diferente, era limpia y solo se escuchaba el barullo de algun que otro carro. La luz extraña de la luna llena se reflejaba en el pavimento de adoquines irregulares, como decenas de ojos observando, y las casas a los costados estaban construidos con sólidos bloques de piedra que mostraban una mano experimentada, probablemente la de un mampostero u obrero. Laura divisó un gran santuario al final de una calle lateral, donde tres figuras estaban arrodilladas ante un lobo de obsidiana dentro de su bóveda de pilares, aquello le parecía extraño y se detuvo un momento para observar la carta que le indicaba la ruta que debia tomar. Sin embargo, todo estaba en orden. Entonces de manera repentina e inmediata los hombres arrodillados alzaron la vista a la par y Laura se apresuró, sabiendo que era una mala idea atraer la atención de hombres que rezaban en la oscuridad. Aquello le pareció extraño, no parecía que estuviera en San Juan de Lurigancho, parecía que estuviera en un distrito totalmente desconocido.

Ella no debía estar en medio de la oscuridad, ella no debería estar ahí.

Rodrigo le advirtió que no se fuera de Miraflores, pero ella había visto a la serpiente en sus ojos, por lo que sabía que no se lo había dicho por desear que ella estuviera a salvo, sino por envidia.

Él siempre se había considerado como el mejor pintor de su pequeño círculo. Que la hubieran escogido a ella para este encargo para este encargo en lugar de ha él había sido un golpe duro. Cuando llegó la carta cuidadosamente doblada y escrita con elegancia al estudio compartido, Zarela y Marcus se pusieron eufóricos, rogándole que recordara todo lo que pudiera, mientras que Alejandro solo le dijo que se asegurara de tener los pinceles limpios.

.......

—¿Crees que podrás hablar con él?—, preguntó Zarela mientras Laura observaba la alarma de su reloj. La idea de aventurarse en la oscuridad de un distrito que no conocía inundó a Laura de miedo y emoción por igual.

—Posará para un retrato, así que supongo que tendré que hacerlo—, contestó, señalando hacia el oscuro cielo. —Tendremos que discutir qué manera de pintar es la que desea, en especial porque no tendré luz natural.

—Es extraño que quiera que lo retrates durante la noche, ¿no?—, dijo Marcus, completamente despierto, utilizando su cobija como una capa.

—Me pregunto cómo suena su voz, dicen que los de San Juan son muy oscos—, añadió Zarela.

—Como la de cualquier otro de los distritos bajos—, interrumpió Rodrigo, girándose y acomodando su almohada andrajosa. —¿Saben? No es un dios. Es tan solo un hombre. Ahora, ¿pueden callarse de una vez? Intento dormir.

Zarela corrió hacia ella y la besó.

—Buena suerte—, le dijo riendo. —Vuelve y cuéntanos... todo, sin importar cuán sórdido sea.

La sonrisa de Laura se había debilitado, pero asintió.

—Eso haré. Lo prometo.

...........

Las instrucciones para llegar a la mansión de su cliente eran excepcionalmente específicas. No solo en su destino final, sino en la ruta precisa que debía tomar para llegar. Laura conocía bien las calles de San Juan de Lurigancho tras haber caminado por sus calles durante días cuando la curiosidad la invadía. O cuando se sentía frustrada al saber que se dirigía a un barrio bajo que desconocía.

Sin embargo, esta parte del Distrito era un creciente misterio para ella. Por supuesto que Laura sabía que la mansión estaba ahí... todos en San Juan de Lurigancho sabían dónde vivía él, aunque eran pocos los que recordaban haber ido. Con cada paso que daba, ella sentía que deambulaba en un distrito extraño, en un terreno recién descubierto. Las calles no le resultaban familiares: eran cada vez más angostas y amenazantes, como si cada giro que daba hiciera que los muros se estrecharan tanto que eventualmente la aplastarían. Se apresuró a atravesar el inquietante silencio, implorando por encontrar una fuente de luz fresca; tal vez un faro, o una linterna encendida en una ventana superior, puesta para guiar a un pretendiente a mitad de la noche.

Pero no había más iluminación excepto por la luz de luna. Tanto los latidos de su corazón como su ritmo al andar se aceleraron cuando escuchó lo que podrían haber sido pasos suaves detrás de ella, o el suspiro de una respiración expectante.

Al dar la vuelta en una esquina puntiaguda, Laura se encontró en una plaza circular con una fuente gorgoteando al centro. En un distrito tan abarrotado como este, donde la gente vivía codo con codo y que el espacio era un lujo, tal extravagancia era casi inaudita.

Ella rodeó la pileta de la fuente: vio su agua plateada bajo la luz de la luna y admiró el realismo esculpido de la pieza tallada del centro. Martillada a partir de hierro crudo, representaba a un guerrero sin cabeza cubierto en una gruesa armadura de guerra y empuñando un mazo con espinas.

El agua se derramaba desde el cuello de la estatua y Laura sintió un escalofrío al percatarse de a quién pretendía representar.

Se apresuró a dejar atrás la fuente y se encaminó hacia una puerta doble de corteza plateada, situada en un muro negro de mármol con vetas rojas. Tal como lo había prometido la carta, la puerta se encontraba entreabierta y Laura se adentró entre sus pesadas hojas.

Cara
Rango9 Nivel 42
hace 13 días

Me gustan tus cajas @Elayha Y estaré esperando más.


#3

La mansión dentro de los muros se había construido con una piedra pálida que ella nunca había visto; imponente sin ser monolítica, al igual que solían serlo muchas grandes estructuras de España, en la epoca del imperio de la reyna Elizabeth, era como si hubiera viajado en el tiempo. Y mientras más estudiaba la estructura, se percató de que tampoco pertenecía a un estilo en particular, sino que estaba conformada de una colección de movimientos arquitectónicos que habían surgido y desaparecido en el transcurso de siglos.

Entre estas rarezas, había una torre de piedra irregular erguida sobre la construcción principal, y esa sola porción lucía fuera de lugar. Daba la impresión de que la mansión se había construido alrededor de la guarida antigua de algún chamán. A pesar de lo discordante del efecto, a Laura le gustó, como si cada aspecto de la mansión ofreciera un vistazo a una época pasada a Lima. Sus ventanas estaban cerradas y ninguna estaba iluminada. La única luz que vio fue un tenue brillo carmesí proveniente de la cima de la torre.

Ella siguió un camino de grava, atravesando un elegante jardín de arbustos elaborados, cursos de agua cautelosamente dirigidos y flores de apariencia extraña con aromas exóticos y colores sorprendentemente intensos. Todo esto, junto con la amplia plaza exterior, indicaba una gran riqueza. La idea de que la hubieran elegido a ella para esta tarea generó un estremecimiento de plácido calor que recorrió sus extremidades.

Cientos de mariposas coloridas con alas de diseños curiosos revoloteaban entre las flores. Criaturas tan ligeras y frágiles, y a la vez tan hermosas y capaces de llevar a cabo la transformación más milagrosa. Laura nunca había visto mariposas durante la noche, y se rio alegremente cuando una de ellas se posó en la palma de su mano. La forma cónica de su cuerpo y el patrón de sus alas extendidas era asombrosamente similar a la heráldica cuchilla alada que veía ondeando en todas las banderas del emperador Kaypa, y sajgra de la mitologia incaica y Chanka. La mariposa agitó sus alas y se alejó volando. Maura la observó dar vueltas en círculos y agrupándose con las demás, asombrada de ver a tantas criaturas maravillosas y extrañas.

Dejó que sus dedos rozaran las hojas coloridas mientras avanzaba, deleitándose con los aromas que se aferraban a las puntas de sus dedos, flotando como partículas de polvo brillando con la luz de la luna. Se detuvo junto a una flor particularmente bella, con pétalos rojos como el fuego, tan brillantes que le quitaron el aliento.

Ningún rojo obtenido de su mezcla de cinabrio español con ocre oriental había conseguido tal brillo. Incluso los carísimos bermellones chinos eran aburridos en comparación. Se mordió el labio inferior mientras consideraba lo que estaba por hacer y después estiró su mano para arrancar algunos pétalos de la planta más cercana. Los pétalos restantes de la flor se curvaron hacia dentro y el tallo se dobló, alejándose de ella, como si tuviera miedo. Laura sintió una gran culpa y levantó la mirada hacia la mansión para ver si alguien la había visto, pero las ventanas cerradas permanecían sin luz.

La puerta principal estaba abierta y ella se detuvo en su umbral. La carta le había indicado que entrara, pero ahora que estaba ahí, sentía una curiosa reticencia. ¿Acaso esta era una trampa, una forma de atraerla hacia un destino indescriptible? De ser así, parecía innecesariamente elaborada. La idea le pareció absurda y Laura se reprendió a sí misma por permitir que el miedo se interpusiera en lo que probablemente era la mejor oportunidad de su vida.

Respiró profundamente, atravesó el umbral y entró en la mansión.

IndigoDolphins_73
Rango7 Nivel 30
hace 13 días

Espero que la continues porque en una sola caja has creado material para una gran historia. Algún error menor pero por lo demás, perfecta.


#4

...........

El vestíbulo estaba abovedado con vigas pesadas y oscuras, con murales descoloridos de los primeros y sangrientos días del Imperio Incaico y Chanka pintados en los espacios entre ellas. Hacia los costados de Laura, grandes espacios abiertos revelaron enormes galerías envueltas en sombras, lo que le dificultaba poder saber quién o qué se encontraba dentro. Una larga escalera curva ascendía hacia un entrepiso superior con un gran arco, pero era imposible distinguir lo que se encontraba más allá. El vestíbulo estaba prácticamente vacío, excepto por lo que aparentaba ser un gran lienzo cubierto con una sábana sobre un caballete. Laura se aceró tímidamente al lienzo cubierto, preguntándose si era aquí donde debía pintar.

Esperaba que no. La luz de ese sitio no era apropiada para hacer un retrato. El espacio era luminoso donde el resplandor de la luna inundaba el suelo de espiga, pero el resto del espacio estaba completamente a oscuras, como si la luz se negara a acercarse a esos rincones.

—¿Hola?—, dijo ella, y su voz resonó en todo el vestíbulo. —Tengo una carta...

Sus palabras quedaron en el aire y Laura buscó en vano cualquier señal que le indicara que no estaba completamente sola en esta extraña casa, en medio de la noche.

..........

Romahou
Rango18 Nivel 88
hace 9 días

Me gusta la atmósfera creada.
Tiene tensión y es prologo de algo inquietante.
Sigo.


#5

—¿Hola?—, dijo nuevamente. —¿Hay alguien aquí?

—Yo estoy aquí—, dijo una voz.

Laura se sobresaltó. La voz era masculina y le daba la sensación de que pertenecía a alguien sabio y fragante de madurez. Parecía provenir de lo alto y, al mismo tiempo, ser un susurro sin aliento en su oído. Ella se giró en su lugar, buscando al portavoz.

Estaba sola.

—¿Es usted Valerius?—, preguntó.

—Sí, soy yo—, contestó él, su voz cargaba una profunda melancolía, como si escuchar el nombre le provocara un gran tormento. —Tú eres la pintora, como me atrevo ha adivinar.

—Sí. Soy yo. Yo soy la pintora—, dijo y añadió —me llamo Laura Betzenia, la pintora del distrito de miraflores...... Soy la pintora española que mando a......

Se maldijo por su torpeza antes de caer en cuenta de que las últimas palabras de él no habían sido una pregunta.

—Bien. He esperado mucho tiempo por ti.

—Oh. Discúlpeme, señor. La carta que envió indicaba que no debía salir hasta las 7 en punto.

—Así es, y llegaste en el preciso momento que debías llegar—, dijo Valerius, y esta vez Laura pensó ver una manga de color negro profundo entre las sombras. —Soy yo el que debe una disculpa, puesto que he retrasado durante mucho tiempo a alguien como tú. La vanidad nos convierte a todos en tontos, ¿no es así?

Laura sonrio.

—¿Es vanidad?—, preguntó Laura, sabiendo que los clientes más adinerados disfrutaban ser alabados. —¿O es simplemente aguardar el momento correcto para capturar la verdad de su apariencia?

Una tenue risa surgió desde lo alto. Laura no podía decidir si él pensaba que ella había dicho algo gracioso o si se estaba burlando de ella.

—Escucho una variación sobre eso todo el tiempo —, dijo Valerius. —Y en cuanto a la verdad, bueno, eso es algo cambiante. Dime, ¿te gustó mi jardín?''

Laura sintió que había una trampa en la pregunta y dudó antes de contestar.

—Sí—, respondió. —No tenía idea de que podía cultivarse algo tan hermoso en suelo limeño.

—No se puede, y mucho menos en una tierra tan árida como en San Juan de Lurigancho—, dijo Valerius con un entusiasmo irónico. —Un suelo tan poco denso produce solo los especímenes más resistentes, esos que se extienden a lo largo y ancho para expulsar a los demás. Pero ninguno de ellos puede considerarse hermoso. La flor roja que asesinaste era un Inti Huatana, una flor solar incaica, se dice que el emperador Pachacutec tenia muchos en el templo del sol. Eso antes de la llegada de las españoles.

Laura sintió cómo su boca se secó, pero a Vladimir no parecía importarle lo que ella había hecho.

—Las flores solares fueron alguna vez nativas de una cadena de nevados, un lugar bendecido con belleza e iluminación inusuales—, dijo él. —Permanecí ahí durante un tiempo hasta que los españoles en su ignorancia las destruyeron, al igual que destruyeron muchas iniciativas mortales. Tomé algunas semillas de una plantación que alguna vez fue procurada por un espíritu temperamental de las montañas, un apu para ser preciso y las traje a Lima, donde fui capaz de inducir su crecimiento con una combinación de sangre y lágrimas''.

—¿No habrá querido decir sangre, sudor y lágrimas?'

—Querida, ¿qué utilidad podría llegar a tener el sudor en el crecimiento de una flor?

Laura no tenía respuesta, pero la cadencia musical de su voz era seductora. Podría escucharlo hablar durante toda la noche. Maura se sacudió el timbre aterciopelado de la voz flotante de Valerius y asintió hacia el lienzo cubierto.

—¿Es ahí? ¿Es ahí donde voy a pintar?—, preguntó.

—No—, dijo Valerius. —Esa apenas fue mi primera''.

—¿Su primera qué?

—Mi primera vida—, dijo él mientras ella alzaba el borde de la sábana, para observar el dibujo en el lienzo.

#6

..............

#7

La pintura se había desvanecido con el paso del tiempo, la luz la había decolorado y las pinceladas se habían aplanado. Pero la imagen seguía siendo poderosa: un joven chanka en la cúspide de la adultez, con una armadura de bronce de apariencia arcaica, portando un estandarte que mostraba unas alas de curvatura perversa. La mayoría de los detalles se habían perdido, pero los penetrantes ojos claros del chico permanecían brillantes. El rostro era extraordinariamente atractivo, simétrico y con una inclinación en su cabeza que capturó la mirada de Laura. Era hermoso sencillamente hermoso, incluso por un momento dudo que el chico fuera indígena.

Ella se inclinó hacia delante y vio un ejército detrás del joven: un sinnúmero de guerreros corpulentos con aspecto reptiliano, demasiado grandes para ser humanos y demasiado bestiales para ser reales. Sus contornos y rasgos se habían desvanecido con los años y Laura estaba agradecida por esa pequeña piedad.

—¿Este......Este es usted?—, preguntó ella, con la esperanza de que él apareciera a explicar la historia del retrato en persona.

—Alguna vez lo fui, hace muchísimo tiempo, mi autentico nombre era Wajrayasi, que en antiguo idioma significa..... acechante nocturno—, dijo Valerius, y Laura sintió que el frío cubría sus palabras. —Yo era el heredero innecesario de un reino chanka que había desaparecido hacía mucho tiempo, en la época anterior al imperio incaico, en una era en que los Sajgras, seres venidos de la estrellas se declaraban la guerra unos a otros. Los mortales eran sus peones en la lucha que se expandía por todo el mundo, y cuando llegó el momento en que mi padre tenía que arrodillarse ante un dios viviente, me entregaron como un rehén de la realeza draconiana, y así me entregaron al mismísimo Kaypa, el tirano carmesi, era un sajgra tan enorme que las armas rudimentarias no podían matarlo, su piel escamosa era tan dura que era imposible atravesarlo.— Valerius suspiro —. Teóricamente, la lealtad de mi padre estaría asegurada con la constante amenaza de mi muerte. Si él quebrantaba la confianza de su nuevo amo, me asesinarían. Pero al igual que todas las promesas de mi padre, estaba vacía. Yo no le importaba y rompió su juramento en el transcurso de un año.

La historia que relataba Valerius era extraña y fantástica, al igual que los mitos selvaticos que Marcus contaba cuando narraban historias de terror en el techo del estudio durante la noche. Las historias de Marcus eran obras de moralidad apenas encubierta, pero esta... esta tenía un peso de verdad sustentándola y no se sentía contaminada por sentimentalismos.

—Pero en lugar de asesinarme, mi nuevo amo tenía algo mucho más entretenido en mente. Entretenido para él, al menos. Me ofreció la oportunidad de liderar a sus sajgras contra el reino de mi padre, una oferta que acepté con gusto. Destruí la ciudad chanka de mi padre y presenté su cabeza ante mi amo. Yo era un buen y leal sabueso en una correa.

—¿Usted aniquiló a su propio pueblo? ¿Por qué?

Valerius hizo una pausa, intentando decidir si su pregunta era en serio.

—Porque incluso si los dioses guerreros no hubieran llegado, el reino de mi padre jamás habría sido mío—, contestó. —Él tenía hijos y herederos en abundancia, y yo jamás habría vivido lo suficiente como para exigir mi derecho por nacimiento''.

—¿Por qué su amo lo obligó a hacer eso?

—Solía pensar que fue porque vio una chispa de grandeza en mi interior o el potencial para ser algo más que un simple mortal—, dijo Valerius, profiriendo un suave suspiro que provocó cálidos escalofríos en la espalda de Laura. —Pero lo más seguro es que él solo pensó que sería entretenido enseñarle a una de sus mascotas mortales algunos trucos, al igual que un charlatán le enseña a un mono a bailar alrededor de su puesto para atraer a los crédulos.

Laura miró hacia atrás para ver la imagen del joven chanka de la pintura, ahora percibiendo algo oscuro acechando en lo profundo de sus ojos. Tal vez era un indicio de crueldad o un destello de amargura supurante.

—¿Qué fue lo que le enseñó?—, preguntó Laura. Si bien no estaba convencida de querer una respuesta, algo en ella necesitaba saberlo.

—La especie sajgra de mi amo tenía el poder de desafiar a la muerte. De esculpir la carne, sangre y hueso para modelar las formas más extraordinarias—, continuó Valerius. —Me enseñó un poco de su arte; un poder que ejercía con la misma facilidad con la que respiraba. Pero requirió cada gota de mi intelecto y de mi voluntad para dominar incluso el más simple de los hechizos. Fue después que me enteré que enseñar sus secretos a los mortales estaba prohibido y se castigaba con la muerte, pero mi amo se deleitaba en alardear sobre los hábitos de su especie. siempre se burlaba de ellos.

La risa omnipresente de Valerius resonó alrededor de ella, pero no había alegría en el sonido.

—No pudo evitar desafiar los pactos y, al final.... Al final, esa fue su perdición.

—¿Murió?—, preguntó Laura.

—Sí. Cuando uno de su especie los traicionó, su poder sobre los cuatro "suyos" se quebrantó. Los enemigos de mi amo, incluido los hijos de Manco Capac se unieron contra él y él me pidió que liderara sus ejércitos para defenderlo. En lugar de hacerlo, lo asesiné y bebí una medida de su poder, pues yo no había olvidado las tantas crueldades que me había infligido a lo largo de los años. Tomar su vida fue mi primer paso en una senda más larga de lo que nunca imaginé. Una bendición y una maldición en un regalo sangriento.

Laura pudo distinguir gusto en el tono de Valerius, pero también tristeza, como si la cicatriz de este acto, no lo hubiera abandonado realmente. ¿Se sentía culpable de este asesinato o simplemente intentaba manipular las emociones de Laura?

No poder verlo hacía que fuera mucho más complicado adivinar su intención.

—Pero basta de esta pintura—, dijo Valerius. —Si bien es vital, es solo una de mis vidas acumuladas. Si vas a inmortalizar esta, debes ver las demás que he experimentado a lo largo de los años antes de que podamos comenzar.

Laura se dirigió hacia las escaleras conforme las sombras que se extendían a lo largo se retiraban como una ola negra y suave. Ella se lamió los labios, consciente nuevamente de que estaba sola en esta mansión resonante con Valerius, un hombre que acababa de admitir haber asesinado a su padre y también a su monstruoso mentor.

—¿Dudas? ¿En serio?—, dijo él. —Has llegado hasta aquí. Y ya te mostré mucho de mi alma.

Laura sabía que la estaba incitando a subir las escaleras. Ese simple hecho debió hacer que se marchara y regresara con sus amigos. Pero si bien sabía que debía tener miedo, una parte de ella se encontraba extasiada por ser el centro de atención de Valerius y por sentir el poder de su mirada sobre ella.

—Ven a mí—, él continuó. —Descubre qué quiero de ti. Y después, si sientes que la tarea es demasiado para ti y decides marcharte, no te detendré''.

—No—, dijo ella. —Quiero saberlo todo.


#8

..,.....

#9

El arco en la parte superior del entresuelo conducía a un pasillo amplio de piedra oscura, y era tan sorprendentemente frío que le quitó el aliento a Laura. Fijas en los muros oscuros había hileras sobre hileras de tablas de madera barnizadas.

Y en estas tablas estaban clavadas miles de mariposas con las alas extendidas.

La tristeza invadió a Laura.

—¿Qué es esto?

—Una de mis colecciones—, respondió Valerius, su voz provenía de ningún sitio y de todos al mismo tiempo. La condujo a seguir avanzando por el pasillo.

—¿Por qué las mató?

—Para estudiarlas. ¿Por qué más sería? Estas criaturas tienen vidas muy cortas. Ponerles fin un poco antes no es una pérdida significativa.

—La mariposa tal vez no esté de acuerdo.

—Pero mira lo que me enseñó cada muerte.

—¿A qué se refiere?

—Las mariposas que viste en el jardín. No existen en ningún otro lugar de la naturaleza y mucho menos del mundo. Son únicas porque yo hice que lo fueran. Con voluntad y conocimiento le di vida a toda una especie.

—¿Cómo es eso posible?

—Porque, al igual que el Dios del Antiguo testamento, yo elijo cuáles viven y cuáles mueren.

#10

Laura extendió la mano hacia la mariposa clavada más cercana, una con círculos vívidos carmesí en la parte más amplia de sus alas. En cuanto su dedo tocó el cuerpo del insecto, sus alas se desintegraron y el resto se derrumbó como una pintura antigua y descascarada.

Una corriente de aire frío suspiró a un lado de Laura y ella retrocedió alarmada cuando una cascada de desintegración fluyó a través de los especímenes clavados. Decenas y después cientos de mariposas se convirtieron en polvo que giraban en el aire, como cenizas agitadas por un fuego extinguido. Ella gritó y apresuró su paso por el pasillo, moviendo sus manos frenéticamente para alejar el polvo de su rostro. Rozaba la piel debajo de su ropa y escupió al sentir las arenillas de cuerpo de insecto en su boca, además de sentir que se juntaba en sus orejas.

—Mierda, mierda... ¡Puta que asco!—Grito, y creyo escuchar una risa burlona a lo lejos.

Cuando se quito el polvillo del insecto se detuvo y abrió los ojos al sentir que la calidad de la luz y del sonido cambiaban. Se sacudió el polvo de su rostro y vio que había entrado a una cámara amplia y circular.

Laura se tomó un momento para echar un vistazo y recobrar la compostura, sacudiendo lo último que quedaba de polvo de su rostro y de su ropa. Los muros de la cámara eran de piedra de tallado primitivo. ¿Quiza de la era inca pre-incaica? Supuso que se encontraba sobre la base de la antigua torre. Una escalinata labrada toscamente se abría paso por los muros interiores y una extraña luz rubí caía en velos brillantes desde algún lugar de arriba. El aire tenía un aroma a metal caliente, como las corrientes de viento de hierro proveniente de las forjas que trabajaban día y noche para saciar el hambre infinita del imperio por armaduras y armas.

Los muros circulares tenían retratos colgados, y ella se desplazó con cautela por la circunferencia de la galería, estudiando cada una de las pinturas. No había dos parecidas, ni en su enmarcado ni en su estilo, desde abstractos crudos hasta representaciones tan realistas que parecían rostros encarcelados dentro de la urdimbre y la trama del lienzo. Reconoció el estilo de algunos, era el trabajo de maestros del arte que habían vivido hacía muchos siglos, en la época de la Reyna de España.

A pesar de que la pintura en el vestíbulo era la de un joven en su apogeo, estos eran una mezcla del mismo individuo, pero en momentos muy distintos de su vida.

Una lo mostraba a mediana edad, aún en forma y vigoroso, pero con un aspecto amargo en los ojos. Otra era el retrato de un hombre tan envejecido y devastado que Laura no estaba convencida de que lo hubieran pintado mientras el sujeto estaba con vida. Otra lo representaba herido, con mucha sangre, después de una gran batalla ante una estatua titánica de marfil, a su alrededor habían guerreros de España, todos estaban muertos, como si una bestia los hubiera despedazado.

#11

—No entiendo ¿Cómo puede usted ser todos ellos?—, preguntó ella.

La respuesta se filtró en el velo de una luz roja.

—Yo no vivo como ustedes. El don que portaba la sangre de mi antiguo amo me cambió para siempre. Pensé que habías comprendido eso.

—Lo comprendí. Quiero decir, yo creo que lo comprendí.

—Las pinturas a tu alrededor son sucesos de mis múltiples vidas. Con el tiempo me he dado cuenta de que no todos son momentos fueron grandiosos, y en su mayoría fueron capturados por oficiales. Durante los primeros días de mi existencia fui tan arrogante como para creer que cada una de mis acciones eran dignas de tal conmemoración, pero ahora...''

—¿Pero ahora?—, preguntó Laura cuando él no prosiguió.

—Ahora solo dedico la renovación de mi vida reflejada en el lienzo a los hechos que marcaron puntos decisivos en los asuntos Peruanos y latinoamericanos. Sube las escaleras y sabrás a qué me refiero.

Laura descubrió que su recorrido por la galería la había conducido a la base de las escaleras, como si cada paso la hubiera llevado a este punto. No solo esta noche, sino cada momento desde la primera vez que tomó un pincel y pintó a los animales de la granja de su madre.

—¿Por qué yo?—, preguntó. —¿Por qué estoy yo aquí? Hay mejores artistas en Lima que yo.

Una tenue risita surgió a su alrededor.

—Tanta modestia. Sí, es verdad que hay artistas con un mejor nivel técnico que el tuyo—, dijo Valerius. —Por ejemplo, Rodrigo, tu amigo envidioso, comprende mejor la perspectiva de lo que tú alguna vez lo harás. El uso del color de la joven Zarela es sobresaliente, y el estoico Marcus tiene un gran ojo para el detalle, lo que hace que su trabajo sea infinitamente fascinante. Sin embargo, tu amigo Alejandro, no será más que un simple aficionado, pero eso ya lo sabes.

—¿Conoce a mis amigos?—, preguntó ella.

—Por supuesto. ¿Piensas que te elegí al azar?

—No lo sé. ¿Cómo fue que me eligió?

''Para capturar un momento tan renovador, requería a alguien cuyo corazón y alma queden plasmados en su trabajo, un artista verdaderamente digno del título. Esa es la razón del porqué estás aquí, Laura Betzenia. Porque para ti cada pincelada es personal. Cada marca en el lienzo, cada elección de color tiene un significado. Comprendes el corazón de una pintura y estás dispuesta a entregar una parte de tu alma para capturar la vida que representa''.

Maura había escuchado los halagos de sus clientes y los elogios vacíos de sus compañeros pintores, pero las palabras de Valerius eran absolutamente honestas. Él realmente creía en cada palabra que decía, y el corazón de Laura se alegró al escuchar tal declaración.

—¿Y por qué ahora? ¿Qué tiene de especial este momento en el tiempo para que desee que pinte su retrato? Como usted mismo dijo: solo haría que lo retrataran en un punto decisivo en los asuntos del mundo...'

La voz de Valerius parecía enroscarse en ella mientras hablaba.

—Y ese momento ha llegado. He vivido aquí durante mucho tiempo, Maura. Lo suficiente para expulsar al fantasma de sangriento del Imperio del Tahuantinsuyo, lo suficiente para ver a los múltiples virreyes posteriores que se abrieron paso para apoderarse de los cadáveres de sus hermanos antes de que la traicionera y negra ambición acabara con ellos. Lo suficiente para conocer a la llaga que acecha el corazón de mi amado peru: una flor de media noche enraizada en un suelo corrupto y viejo. Ella y yo hemos bailado... oh, cómo hemos bailado sobre sangre durante siglos, pero el compás de la música cambió y el baile se acerca a su fin. Este desfile de tontos entre los que camino, esta vida... no es adecuada para lo que se avecina''.

—No entiendo. ¿Qué es lo que se avecina?'

—Casi en cualquier otro momento habría podido contestarte con certeza—, continuó Valerius. —¿Pero ahora...? No lo sé. Lo único que sé es que debo cambiar para hacerle frente. He permanecido pasivo durante demasiado tiempo y permití que lacayos y aduladores complacieran todos mis caprichos. Pero ahora estoy preparado para tomar lo que es mío, lo que me negaron durante tanto tiempo... mi propio Imperio. Si lima desaparecerá, de hecho Perú desaparecerá de la faz de la historia, así como desaparecerán los otros países: España, Estados unidos, Inglaterra, entre muchos otros. Previsto por las profecías de los viejos incas y los viejos curacas de otras culturas antiguas, desde hace cientos de años, antes de la llegada de los españoles. Desde que mate a los miembros de la "gran sangre" pobres idiotas, pobre Dragon.... Pobre Mandril, pobre Tony. Los tendré siempre en mi recuerdo.

—Si—contesto Laura, un tanto asustada y consternada.—Ya me puedo ir.

—No, no puedes.... No puedes Laura, porque esta es la inmortalidad. La mía y la tuya.

#12

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