Hiarbas
Rango11 Nivel 51 (6744 ptos) | Artista reconocido
#1

David siempre había sido un niño inquieto, por más que lo intentaba era incapaz de permanecer mas de tres minutos sin hacer algo, aunque solo fuera mover las manos, agitar sus pies, o mover su cabeza buscando algo que le interesara. Siempre había sido así y así seguía siendo aquella cálida tarde de verano. El sol había calentado con fuerza durante todo el día y por allí por donde pasaras el suelo abrasaba dejando una desagradable sensación en las plantas de los pies.

David había estado tumbado en la cama a oscuras, obligado por su madre, según ella era necesario para crecer el que se echara un poco la siesta. Lo cierto era que solo de verle todo el día moviéndose de un lado a otro, ella misma acababa extenuada. Pero había sido inútil, los diez minutos que había estado en su cuarto, su cama no había dejado de emitir quejidos por los bruscos movimientos del niño. A los doce minutos su madre entro en el cuarto, “Anda sal y vete donde quieras, pero ojo, a la sombra no te vaya a dar un patatus por el calor”, había claudicado ante el insoportable ruidito de los muelles de la desesperada cama.

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Cara
Rango10 Nivel 48
hace 3 meses

(A los doce minutos su madre entro en el cuarto, “Anda sal y vete donde quieras) esto me recuerda a mi misma jajajaja pobre madre

enamoradadelaluna
Rango12 Nivel 59
hace 3 meses

Sigo leyendo atenta!!
La parte en la que dice: «pero ojo a la sombra» me da la sensación que le falta una coma y signo de exclamación!


#2

Como casi todas las tardes, David se fue al salón, justo a la otra punta de la casa para dejar tranquila a su madre. Durante cinco minutos ojeo una de las revistas infantiles que su madre le compraba. A los seis minutos puso la televisión para ver si encontraba algo interesante. A los quince minutos estaba removiendo la caja de los juguetes en busca de su pistola de agua. A los veinte minutos, el gato maulló enfadado mientras David se reía a carcajadas después de haberle empapado con la pistola de agua. A los veintiún minutos “¡Que te he dicho que te vayas a la calle!” tronó la voz de su madre desde su habitación, mientras un profundo bufido asustaba a David que corría hacia la puerta de la calle como alma que persigue el diablo.

Como siempre era demasiado temprano, sus amigos estarían aun retozando en sus camas. A ellos también les obligaban a echarse a dormir la siesta pero, aunque no querían, ellos si se dormían y disfrutaban del descanso. Por eso una tarde más, allí estaba David recorriendo el pueblo, sudando por el sofocante calor, haciendo caso omiso de las advertencias de su madre, caminando por el centro de la calle donde el sol le daba más de lleno.

A él el calor le daba igual, mientras tuviera su pistola, con la que se empapaba la cabeza, cada dos por tres, no tenía problemas y cuando se terminaba el agua, siempre había una fuente cerca para recargarla y para empaparse otra vez.

Esa tarde, David, decidió que emprendería la búsqueda del dinosaurio que hacía dos días había perdido cerca de la casa del tío Julián.

Cara
Rango10 Nivel 48
hace 3 meses

¡Que te he dicho que te vayas a la calle! resignada la pobre madre. Es tan real esta situación.

enamoradadelaluna
Rango12 Nivel 59
hace 3 meses

Detallecitos: se repite madre muy seguido en la primera y segunda oración. Tronó*

Hiarbas
Rango11 Nivel 51
hace 3 meses

Corregido el acento, lo otro no lo veo tan problemático. Gracias por mostrarme los errores.


#3

El dinosaurio no era más que un pobre lagarto viejo, que por su edad había logrado alcanzar un tamaño considerable. En la fuente de la plaza, lleno todo lo que pudo su pistola, así como una botella que había sustraído a su madre, una que ella tenía siempre en la nevera para refrescarse cuando se levantaba de la siesta. Por el camino se había bebido el agua que ya no estaba tan fresca, seria por el sol, y ahora la llenaba como repuesto para su arma mortal.

Emprendió su camino dispuesto a terminar con aquel monstruo esa misma tarde, si el sol no acababa antes con él. Según fue avanzando por el camino se fue aprovisionando de todos los guijarros que encontró y que considero que serían útiles, es decir aquellos afilados y con aristas que pudieran hacer daño a su futura víctima, en pocos minutos sus bolsillos eran ya una pesada carga, se acordó entonces de su mochilita roja, esa que siempre llevaba a las excursiones y que le habría venido muy bien en ese momento, pero no merecía la pena regresar a por ella, sobre todo porque su madre se enfadaría mucho si volvía a despertarla, tendría que apañarse con lo que tenía.

Llego al descampado que había junto a la casa del tío Julián, justo cuando más apretaba el maldito sol. Sofocado, utilizo un poco del agua de la botella para mojarse la cabeza, le ardía. Un ruido a su espalda le alerto. Entrecerró los ojos, como había visto que lo hacían los héroes de las pelis de acción, y miro por encima del hombro mientras movía muy despacio el resorte que alimentaba de aire su pistola y que hacía que el agua llegase más lejos y saliera más fuerte. En medio de la maraña de tallos de espigas, algo se movía con cautela. David comenzó a moverse, muy despacio, con la vista fija en las dos espigas que en ese momento se movían agitadas por el intruso que correteaba bajo ellas. Quedo quieto apuntando su pistola a medio metro de las espigas, justo donde había un claro entre la maleza y hacia donde parecía dirigirse su futura víctima. David aguanto estoico, durante un largo minuto, sin mover ni un musculo, soportando el calor, sintiendo el sudor que le corría por todo el cuerpo hacia el suelo, y al fin cuando el hocico del lagarto apareció en el claro, sintió una enorme alegría que recorrió todo su cuerpo, tenso sus músculos y siguió fijo en su objetivo.

El anciano lagarto husmeo el aire con su lengua, en busca de algún enemigo, se enfrentaba a terreno sin protección y debía ser precavido, si tenía la edad que tenía era porque siempre había sido el más cauto entre los cautos. Noto algo extraño en el aire pero no supo identificar que era aunque le resultaba familiar. Miro en todas direcciones y cuando ya había dejado todo su cuerpo al descubierto lo vio, allí estaba el humano que hacía unos días le había perseguido hasta que, con mucha suerte, consiguió esquivarle.

David se dio cuenta de que el terrible dinosaurio le había visto, no podía perder un segundo más o aquella amenaza para la humanidad se le escaparía. C0n rabia apretó el gatillo y un destructor chorro de agua se lanzó en busca de su presa, pero esta fue más rápida y consiguió esquivarlo, tocaba correr. “¡No huyas maldito cobarde!” Grito con toda la rabia que había acumulado en la espera y salió corriendo tras su presa mientras sacaba de su bolsillo una piedra de afilado contorno, “Ahora probaras mi arma más destructoraaaaa, ¡toma!”. Lanzo con fuerza la piedra hacia donde creía que se estaba moviendo el monstruo.

El viejo lagarto, corría y corría en zig zag, para evitar que, fuera lo que fuese lo que escupía el objeto que portaba el humano, consiguiera alcanzarle, tenía la sensación de que no era nada bueno para él. A escasos metros estaba la entrada a la madriguera del topo, con un poco de suerte el no estaría allí ahora y podría esquivar a su perseguidor. Ya la veía, ya la tenía tan cerca que podía sentir la frialdad de la tierra oscura, y de pronto algo cayó del cielo y la entrada de la madriguera quedo bloqueada, una piedra de aspecto mortífero le advertía de las intenciones del humano.

“Maldito dinosaurio, siempre consigue esquivarme, pero pronto será mío”. David estaba rabioso porque el lagarto había pasado por encima de la piedra que le había lanzado cuando esta se había incrustado en el suelo. Tenía frente a si un escurridizo rival, debería esforzarse más y poner en práctica sus poderes especiales. “Niño deja de gritar que no son horas”. El tío Julián se había asomado a la ventana, su rostro, de por sí ya feo y malhumorado, ahora daba mucho más miedo. “Si, si, no se preocupe ya me callo”. Orejas gachas y silencio, mejor no provocar a la bestia, bastante tenía con enfrentarse a un monstruo como para hacerlo con dos a la vez.

David espero a que el tío Julián volviera a cerrar la persiana para mantener oscura y fresca su casa, en cuanto lo hubo hecho salió corriendo como un poseso a la captura de su archienemigo el maléfico dinosaurio. Lo malo fue que tres zancadas después, un enorme peñasco, escondido entre las altas espigas amarillentas le hizo tropezar, y tras das dos descoordinadas zancadas más, caer al suelo. David sintió como su cabeza chocaba contra la blanca piedra que había visto acercarse a él mientras su cuerpo se desplomaba y que no había podido esquivar por más que lo intento, después las luces se apagaron lentamente no sin antes ver como su archienemigo se acercaba a él y le miraba triunfante.

El viejo lagarto, se acercó al humano, había tropezado y se había golpeado contra una dura piedra, de su frente manaba sangre y sus ojos poco a poco perdían vida y se cerraban. Ahora su curiosidad le había vencido, tenía la oportunidad de ver a aquel ser de cerca, ahora que no podía hacerle daño, podía acercarse a él. Le miro de arriba abajo, correteo sobre él, se sintió poderoso al estar sobre su perseguidor, por una vez el que vencía era el pequeño.

Cara
Rango10 Nivel 48
hace 3 meses

Me recuerda mucho a "Mi planta naranja lima", es una historia llena de ternura, aquella que solo los niños y sus hazañas pueden brindarnos.

Hiarbas
Rango11 Nivel 51
hace 3 meses

No la conozco @Cara, el cuento continua, mañana colgare lo siguiente. Este es un cuento que le escribi a mi hijo para ver si entendia lo trasto que era, no sirvió de nads jejeje.

Cara
Rango10 Nivel 48
hace 3 meses

Recomendada la novela Mi planta naranja lima, en esa historia las gallinas son los dinosaurios, te va encantar.
Estaré pendiente del cuento, realmente es hermoso @Hiarbas

Hiarbas
Rango11 Nivel 51
hace 3 meses

Vale la apunto. Pero con una vez valia jajaja.

Cara
Rango10 Nivel 48
hace 3 meses

@Hiarbas fue un error tecnológico jajaja lo siento

DanaMaat
Rango12 Nivel 55
hace 3 meses

Espero la continuación del relato, pues es un cuento que pinta bastante bien.

@Hiarbas


#4

David comenzó a abrir los ojos, le dolía la cabeza y tenía la visión borrosa, no sabía dónde estaba. Trato de moverse pero algo se lo impedía, estaba atado. Intento fijar mejor su vista en lo que lo rodeaba, con mucho esfuerzo, comenzó a enfocar. Estaba en una especie de cueva, en las paredes de esta, complicadas maquinas con muchos botones de colores que se iluminaban, las cubrían casi hasta el techo del que colgaban grandes focos blancos que apuntaban a él sus luces. Trato de ver que le sujetaba pero apenas podía mover la cabeza, algo se la inmovilizaba. Aquello no le gustaba nada y encima sentía frio en la espalda, la cama sobre la que estaba debía ser de metal. Sintió miedo, mucho miedo, quería estar con su mama, quería estar con sus amigos, no quería estar allí, ¿Por qué había perseguido a ese monstruo? ¿Por qué se había metido en ese lio? ¿Por qué siempre estaba buscando problemas? Una lagrima escapo de sus ojos y corrió por su mejilla hasta precipitarse y chocar con la mesa metálica en la que se encontraba. Justo cuando eso sucedió una potente sirena comenzó a sonar y luces rojas iluminaron toda la cueva en la que se encontraba.

—Aja, el niñato nos ha salido llorón, como no. — David trato de ver de quien era aquella siniestra voz que había rebotado por toda la cueva. – Llora, llora, pero guarda algo para después, necesito ver tus lágrimas cuando te haga pagar por tus pecados. — Forzando todo lo que pudo, al fin consiguió ver quien estaba hablando. Desde un lado de la cueva, el lagarto, ahora gigantesco, más alto que el, más alto que su madre, incluso más alto que el tío Julián, que era el más alto del pueblo, se dirigía hacia él, despacio, con un pequeño cuchillo en las manos, uno de esos que en las películas llaman bisturís. — Vas a pagar caro todos estos años de crueldad con mi especie, vas a sufrir despacio todo lo que les has hecho a mis hermanos. — David estaba maravillado, era la primera vez que veía hablar a un lagarto, estaba tan alucinado que no se daba cuenta de lo que le estaba diciendo el dinosaurio.

—¿Qué me has hecho? ¿Me has encogido?

—¿Encogerte? ¿Para qué? Ahora estas en mi mundo, estas en el mundo de los lagartos y aquí todos somos grandes, algunos mucho más grandes que yo, aquí somos los reyes y aquí es donde te voy a matar. — Cuando David escucho aquello, comprendió que no era una broma, que aquel bicho iba en serio.

—¿Pero porque me vas a matar? Yo no he hecho nada, si soy bueno, solo hago alguna que otra trastada yo…

—¿Alguna que otra? Eres el terror del pueblo, cuando te ven aparecer perros y gatos huyen, te temen, saben que si les pillas sufrirán. Los reptiles hace mucho tiempo que no habitan allí por donde tú pasas, los insectos decidieron emigrar al otro lado de la pradera para evitar tus experimentos. Ningún ser vivo quiere estar cerca de ti, eres lo más malvado que jamás se vio por aquí. — David escuchaba y no podía negar nada de aquello de lo que se le acusaba, dentro de él, en su cabeza algo le decía que realmente había sido muy malo, que se había portado muy mal demasiadas veces.

—Señor, apiádese, solo soy un niño, tengo toda la vida por delante, yo prometo…

—Promesas, promesas, paparruchas, sabemos cómo son tus promesas. Todos los días le prometes a tu madre que vas a cambiar, que vas a portarte mejor, que vas a ser más obediente, y en cuanto te das la vuelta lo olvidas, porque tus promesas las haces sin creer en ellas. Además tú nunca has tenido piedad con pequeños o grandes, o ¿no recuerdas al pequeño gatito de los Bernárdez? Yo sí, aun veo su carita mientras lo metías en el saco en el que lo arrojaste a la charca verde para que hiciera de cebo del monstruo que decías que allí había, el pobre se ahogó y el monstruo no salió. Y como él hay cientos, mejor no recordarlos a todos sino me enfurecería demasiado.

Pensándolo bien, si se había portado mal con los animales, tal vez demasiado mal, pero es que se aburría mucho, aunque sabía que no era escusa y que una cosa era jugar con ellos y otra muy distinta lo que él los hacía, tenía demasiada sangre inocente en sus manos. Comenzó a llorar, sabía que nada de lo que dijera podría evitarle lo que le fueran a hacer, por eso un llanto desconsolado broto de él.

—Llora todo lo que quieras, no me vas a ablandar, toma maldito. — El lagarto le hizo un corte en el pecho y David sintió el dolor, tanto que comenzó a gritar como un loco, aquello dolía mucho. — Toma, toma, toma, te voy a hacer tantos cortes como victimas tienes en tu lista, toma, toma… — Y seguía y seguía y el dolor cada vez era más fuerte, notaba como la sangre le cubría ya todo el pecho, solo pensar en todos los pobres animalitos que había matado, si habían sentido aquello y en la cantidad que eran, le causaba desesperación. — Ja,ja,ja, sangra maldito, sangra por todos los que hiciste daño, jajajajajaja — El dolor comenzó a ser tan intenso y era tanta la sangre que había perdido que sintió como las fuerzas le abandonaban y poco a poco todo dejaba de importarle, se alejaba de allí, cada vez oía mas lejos las tonterías del lagarto, todo se desvanecía, hasta que de nuevo todo fue negro.

David abrió los ojos, le dolía muchísimo la cabeza, tanto que apenas si podía mantener sus parpados abiertos. Miro alrededor y todo lo que le rodeaba era blanco, muy blanco, demasiado blanco. Estaba en una cama, como las de los hospitales de las películas, esas que suben y bajan tocando botones, cerca de él había una ventana por la que entraba muchísima luz, y frente a ella una mujer. Enfoco su mirada todo lo que pudo y cuando lo consiguió se quedó atónito, allí frente a la ventana estaba aquel ángel, todo vestido de blanco, de larga cabellera rubia, con un rostro angelical, bellísimo. David la miro y la miro hasta que ella se volvió hacia él.

—Ohhh si nuestro pequeñín ya está despierto. — Su voz era armoniosa y dulce, como si una preciosa melodía saliera de su boca. David comprendió que estaba en el cielo, que el dinosaurio le había matado y había ascendido al cielo, a que aquel precioso ángel la cuidara. — ¿Y cómo se encuentra nuestro hombrecito?

—Me duele la cabeza, pero bien, aunque no sé porque me duele la cabeza, aquí no debería dolerme nada.

—Jajajajajaja, somos muy buenos en nuestro trabajo pero no tanto, con el tremendo golpe que te diste, es normal que te duela la cabeza, pero ahora te doy algo para que se te pase el dolor.

David estaba embobado, aquel ángel era precioso y muy simpático, ojala todos fueran así, estaba deseando comprobarlo, desde luego aquello iba a estar muy bien, estar en el cielo rodeado de ángeles como aquel.

—Tomate estas gotitas y veras como enseguida se te pasa el dolor. — La mujer le tendió una cuchara que contenía un líquido rosa, que David se tomó sin rechistar, no era lugar para protestar el cielo y eso que a su madre siempre la montaba un poyo cada vez que le quería dar alguna medicina.

—¡DAVID!, ¡Mi niño! Hay que alegría verte despierto ya, menudo susto. – David dio un salto en su cama, abrió los ojos todo lo que pudo y se quedó boquiabierto cuando vio a su madre entrar por la puerta.

—¿Mama? Es que ni en el cielo me vas a dejar en paz.

—¡David! Serás… Que cielo ni que ocho cuartos… Enfermera no le habrá pasado algo a la cabeza del niño ¿verdad?

—No señora todas las pruebas estaban bien, solo fue el golpe y el desmayo, nada del otro mundo. Con reposo todo se le pasara. — David miro a su ángel, decepcionado, solo era una enfermera, guapísima pero solo una enfermera.

Despacio le contaron como le había encontrado el tío Julián tendido en el suelo con la cabeza sangrando, les llamo y le llevaron todo lo más rápido que pudieron al hospital ya que no se despertaba, allí le habían hecho todo tipo de pruebas, en ninguna se apreció nada malo, con lo cual le dejaron reposar, achacaron más a su hiperactividad y al cansancio que esta le producía el que siguiera durmiendo a cualquier otra cosa.

David se sintió muy decepcionado, todo había sido solo un sueño, y encima no estaba en el cielo, seguía en su pueblo. Miro a la ventana, por la que entraba el sol con toda su fuerza y vio un lagarto que le resultaba muy familiar, el lagarto le miro también a él y para sorpresa de David le guiño un ojo y después desapareció.

Desde ese día David perdió su nerviosismo y sus ganas de hacer daño. Se convirtió en un chico muy distinto, en el chico que más cuidaba de todos los animales del pueblo, especialmente de los lagartos.

FIN.

Don_Diego
Rango12 Nivel 56
hace 3 meses

me a gustado mucho. Muy buena historia. en especial la parte donde recive su merecido el condenado diablillo.