Hiarbas
Rango10 Nivel 49 (5904 ptos) | Fichaje editorial
#1
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  • #2

Jacinto boto en la cama, cuando el despertador comenzó a zumbar. Estiro su brazo con pesadez y lo dejo caer sobre el botón que apagaba el molesto zumbido. Comenzaba una nueva jornada.

Movió con dificultad su adormecido cuerpo y se sentó en el borde de la cama, pensativo, mientras introducía sus dedos entre su cabello y se rascaba la cabeza.

Trataba de poner en orden sus pensamientos, de recordar que día era, que había sucedido el día y la noche anterior. Pero solo encontraba oscuridad en su memoria.

Por pura inercia, condujo su cuerpo hasta la cocina, sabía que solo una buena descarga de cafeína pondría su cerebro en funcionamiento.

El olor del café recién hecho, el dulce aroma del cruasán untado con mantequilla, comenzaron a dar vida a sus neuronas. Allí estaba Matilde, sentada frente a su café, mordisqueando su cruasán, despeinada aun, ojerosa y seria, demasiado seria. Algo la preocupaba, tal vez fuera él, tal vez la noche anterior había hecho alguna de las suyas, pero ahora no lo recordaba.

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Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace alrededor de 2 meses

😊 bien. Veamos como sigue.


#2

—Buenos días. —Silencio e indiferencia, obtuvo por respuesta, aquello no pintaba bien. Cuando Matilde se enfadaba mejor era no removerlo, mejor era dejar que el día pasara, que se tranquilizara y esperar a la noche para hablar, fuera lo que fuese lo que hubiera sucedido.

Miro su reloj y vio que marcaba las 6:30 del jueves 22. Tenía que prepararse, el trabajo le esperaba.

Sin querer pensar en que sería lo que pasaba, hizo un tímido gesto de despedida y salió a la calle. Creía recordar que había aparcado el coche cerca, pero no donde exactamente. Anduvo calle arriba fijándose en todos los vehículos estacionados tratando de encontrar el suyo, cuando un fogonazo de memoria le dio la clave, había aparcado a la vuelta de la esquina. Allí estaba su destartalado Ford Escort, con más años de los que se permiten, a cualquier vehículo medianamente decente, para circular por la vía sin ser un peligro. Miro a su compañero de fatigas matutinas y decidió que hoy le dejaría descansar, tampoco había tanto camino hasta su trabajo y por el mal ambiente de su casa, había salido mucho antes de lo que normalmente lo hacía, tenía tiempo de sobra para llegar a la hora de fichar.

Paseo por las calles, casi desiertas a esas horas. Se respiraba tranquilidad, aun no habían comenzado los atropellos ni los empujones, las carreras y el estrés para no llegar tarde. Pocos eran los que deambulaban por las aceras y en todos se veía tranquilidad, las prisas llegarían en unos minutos cuando la mayor parte de los ciudadanos corrieran desesperados su particular contrarreloj.

Pocos fueron los minutos que tardo en llegar frente al alto edificio de la multinacional ORPEST. Allí estaba una mañana más dispuesto a iniciar su jornada como todos los días desde hacía casi 10 años ya.

—Buenos días Juan. —Saludo afable al portero que se refugiaba tras el mostrador de recepción, pero Juan no le devolvió el saludo, ni siquiera le miro, simplemente le ignoro. Extrañado, Jacinto continúo su camino, pensando que tal vez simplemente no le habría escuchado.

Entro en el primer ascensor que abrió sus puertas. En el, dos jovenzuelos discutían del partido de la noche anterior. Le sonaba sus caras pero no lograba recordar quienes eran, lo cierto era que su memoria ese día estaba en horas muy bajas. Al ir a pulsar el botón de la planta 15, su planta, vio que ya estaba iluminado, alguno o los dos jovenzuelos pertenecían a su sección, pero no lograba recordar quienes eran.

La monótona melodía del ascensor le hizo pensar que tal vez sería tiempo de que cambiaran ya de sintonía, siempre eran las mismas en una interminable secuencia que las repetía una y otra vez, y para su desgracia, a él casi siempre le tocaba escuchar las mismas.

Mientras la escuchaba, consiguió ignorar la aburrida conversación sobre tácticas y estrategias deportivas, que los dos jovenzuelos intercambiaban, tratando de demostrar cada uno que la suya era la mejor.

Las puertas del ascensor se abrieron y se encontró delante de la puerta de cristal que daba acceso a su sección, como siempre estaban abiertas. Dejo pasar a los dos jóvenes mas por curiosidad por saber donde iban que por cortesía. Los dos se dirigieron al fondo de la oficina, a la sección de transportes. Serian recaderos y por ello no los conocía lo suficiente como para tenerlos identificados, eran demasiados los encargados de repartir la correspondencia y los mensajes y apenas si conocía a alguno.

Aliviado por lo lógico de su falta de memoria, dejo que sus pies hicieran su camino, ese que tan bien conocían. Llego hasta la puerta de su despacho, su secretaria aun no había llegado, estaba claro que hoy había madrugado demasiado.

Allí estaba su rincón, el lugar donde día a día, se escondía de los demás y trataba de hacer un trabajo que nunca había llegado a gustarle. Siempre había querido cambiar, siempre se decía que tenía que buscar otro camino, otro destino para su vida, que allí se estaba desaprovechando su capacidad, pero le faltaba decisión, le faltaba iniciativa, se había vuelto cómodo y prefería lo malo conocido, que todo aquello bueno que pudiera o no, llegar a conocer.

—Joer cada vez que paso por delante de la puerta del pobre Jacinto, se me pone el pelo de punta…— Aquella era la voz de Marcos Alcaide, el jefe de sección. Jacinto se quedo extrañado, que había hecho el ahora para que a su jefe se le pusiera el pelo de punta por su culpa. Una vez más trato de recordar que era lo que había hecho en el último día, pero no había forma, todo seguía difuso, no tenía una idea clara, no tenía una imagen del día anterior. Trato de recordar más atrás, para saber desde donde no recordaba, pero tampoco tenía imagen de más atrás. Aquello comenzó a ponerle nervioso. ¿Y si estuviera enfermo? ¿Y si le hubiera dado algo a la cabeza y hubiera perdido la memoria? Sería terrible. El vivía de su cerebro, de sus ideas, de su capacidad para jugar con el pasado, con las historias del pasado. Aquello empezaba a crear en Jacinto un estado de nerviosismo que le hizo comenzar a sentirse mal.

Salió al pasillo, tenía que alcanzar a Marcos para preguntarle que le pasaba, porque decía aquello de él. Lo vio junto a la máquina de café, estaba hablando con Francisco Vergara, el secretario de Dirección, alguien demasiado importante para estar a esas horas por aquella sección.

—Ha sido todo terrible, demasiado impactante, aun no se ni como estáis ya trabajando después de lo que paso…

—¿Y qué vamos a hacer? ¿Quedarnos en casa? Creo que lo mejor, por ellos, es volver a trabajar, a hacer lo que tanto les gustaba.

—Es que mira que es mala suerte también joer, que los pillara a los dos en la oficina a esas horas, seguro que por eso paso todo… por cierto ¿se sabe que hacían los dos a esas horas aquí?

—Francisco, no es que quiera manchar su memoria, pero imagínate lo que estaban haciendo, fue una desgracia, y lo peor fue que el ladrón se asustara y los matara a los dos, pero cuando los encontraron estaban en una postura… poco decente, por decirlo de alguna forma…

—Coñe de eso no me había enterado. Que jodio el Jacinto, murió con las botas puestas.

—Menos guasa Francisco, que está todo muy reciente y no queremos que se entere la gente, sobre todo por su mujer…

—Ya, ya perdona…

Jacinto se había quedado mudo, estaba allí, delante de ellos dos, mirándolos a la cara y ninguno de los dos le veían. Hablaban de él, hablaban de su supuesta muerte, hablaban de su infidelidad a Matilde, y a él no le veían, no le habían escuchado cuando les había gritado en la cara que él estaba allí, cuando desesperado les había tratado de coger las pecheras de las chaquetas y sus manos simplemente habían atravesado sus cuerpos.

Jacinto, no podía pensar, estaba aterrado, histérico, perdido, que le había pasado, quien era el ahora, que era lo que pasaba, salió corriendo y sin saber cómo se encontró frente a su casa, allí estaba en la puerta Matilde, llorando, con las llaves del Escort en la mano.

Aterrado, abrió los ojos, sudaba, temblaba, castañeteaba los dientes, todo su cuerpo manaba miedo. Histérico se toco la cara, el pecho, las piernas, y vio que eran reales, y comenzó a reír, a carcajadas, casi llorando, todo había sido un sueño. Abrió más aun los ojos pero no veía nada, estaba todo oscuro, trato de extender los brazos para encontrar su lámpara de noche pero se encontró con una pared a su lado. Giro para el contrario y sucedió lo mismo. Con el miedo volviendo a galopar en su interior, trato de extender los brazos hacia arriba y tenía otra pared muy cerca de su cara. El terror volvió a invadirle, aquello no podía ser cierto. Grito con desesperación, pero al otro lado de la tumba nadie había para escucharle.

Hace alrededor de 2 meses

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Kobbe
Rango7 Nivel 34
hace alrededor de 2 meses

Pobre Jacinto, eso es lo que se llama tener un mal dia

Don_Diego
Rango11 Nivel 54
hace alrededor de 2 meses

Genial. Ya por la mitad me lo habia imaginado el muerto pero el final fue diferente al que pense muy bueno. 😁👌