SilverWriter
Rango4 Nivel 17 (284 ptos) | Promesa literaria
#1

Era una noche fría y tormentosa, Morand se encontraba haciendo guardia por el camino real junto a Molander llevaban su uniforme de exploradores con una capa de lino color verde oscuro, con las capuchas puestas y el broche entorno al cuello. Sus espadas estaban sin afilar apropiadamente pero aun así servían para destazar y rebanar unas cuantas tiras de carne. Iban a lomos de dos yeguas, la montura de Morand era parda con lunares blancuzcos y calcetas blancas encima de las pesuñas, algunas herraduras estaban sueltas y oxidas provocando que cada traqueteo sonara metálico y rítmico a medida que avanzaban sobre las piedras puestas en el camino, las lámparas estaban bien cubiertas para evitar que el viento y la lluvia las apagara. La yegua de Molander que era de color grisáceo se mostró inquieta durante todo el camino.
-¿estás seguro que es por aquí? Nadie transita por el camino real hacia Durit desde la cruzada santificada.
-nos llegó una carta desde la guardia de Durit, dicen que ha habido acontecimientos extraños que no se deben ignorar.

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Lunnanegra
Rango8 Nivel 39
hace 8 meses

Promete mucho. Espero con ansia la continuación.

Don_Diego
Rango13 Nivel 62
hace 8 meses

Hey. Pinta fenomenal. 👍 En cuanto pueda le doy una leida. 😊


#2

-¿acontecimientos extraños? ¿Cómo cuáles?
-debido a la reconstrucción del camino boscoso que es el que se tomaba actualmente, los comerciantes de Durit y otros habitantes no pueden cruzar a los demás pueblos o a al castillo en la capital. Por lo que se han visto forzados a tomar el camino real. Se reportó a dos comerciantes desaparecidos, la carreta con mercancías volvió por el camino real hacia Durit con todo intacto, solo que el comerciante y sus jinetes no estaban.
-¿desaparecieron así sin más? ¿No fueron bandidos?
-yo pensé lo mismo, pero no se robaron nada y el carromato volvió por su cuenta junto con las monturas. También se reportó a unos mineros que llevaban minerales a la capital, una familia de granjeros y unos cuantos niños que no se les volvió a ver. Y todos los carromatos que entraban regresaban a la entrada de Durit.
-eso…si es extraño… -Molander trago saliva y empezó a sudar frió. – ¿y porque la misma guardia de Durit no ha enviado a sus hombres?
-a veces olvido que solo llevas un par de meses en la guardia oriente. Lo han hecho, y ha pasado lo mismo, solo vuelven sus caballos, hasta ahora van nueve guardias desaparecidos.
-ah entonces ¿ahora nos toca desaparecer a nosotros?
-solo vamos a hacer reconocimiento. Según el comandante de Durit los caballos llegan con las pezuñas secas, no están llenas de barro, significa que no llegan al camino lodoso.
Cuando la cruzada santificada paso por el camino real hacia Durit, una horda de demonios los embosco por los lados de este, se libró una lucha campal en dicho camino, este fue destruido y hecho escombros, un lugar lleno de muerte, cenizas, y cadáveres, nadie volvió a pasar por ahí, una vez terminado el conflicto, el camino quedo casi intransitable. Ya que había dejado un circulo cortando el camino y dejando arboles hechos carbón, y el piso era blando y lodoso hasta el punto de que los carromatos se hundieran hasta la mitad de la rueda y los caballos tropezaran, se podía transitar pero era un martirio ir por ahí, por lo que la gente se ahorró las molestáis yendo por el camino boscoso, que aunque era peligroso de noche, era mejor y más rápido de día.
-ósea que desaparecen antes de llegar al camino lodoso…- Molander hizo un gesto nervioso que no se podía ver debido a la sombra que proyectaba su capucha. Temblaba y hacia que los remaches y tornillos de las riendas sonaran.
-lo más probable. –Morand se dio cuenta de que su compañero se encontraba asustado. No llevaba mucho tiempo para ser alguien con experiencia pero tampoco tan nuevo como para no ser asignado a esta misión, aun así, era un niño asustado. Acerco su mano a las riendas, cogió su mano, esta estaba sudada y fría, la apretó con fuerza. Molander levanto la mirada y diviso los ojos gélidos y decididos de Morand. Se calmó un poco y continuaron al trote. El camino presenta dificultad ya que los caballos tropezaban y una que otra vez las pezuñas se hundían hasta la coyuntura. Tenían que detenerse para desatorar las patas de los caballos. Pasadas dos horas por el camino lodoso llegaron a donde continuaba el camino real, este se encontraba encima de ellos a unos 3 metros de altura, se podía subir debido a que el camino descendía como si fuera una pequeña montaña. Se tenía que subir con cuidado y para bajar igual, todo estaba oscuro y solo disponían de unas lámparas de mano que tuvieron que encender en cuanto los faros se terminaron de divisar por el camino real. Las monturas giraron alrededor, Morand detuvo su montura y desmonto, saco la lámpara de gas y la encendió, Molander hizo lo mismo.
-hemos llegado, no podemos subir las monturas. –dijo Morand
-están muy cansadas y las herraduras las harán resbalar. ¿Qué haremos ahora? –pregunto Molander.
-a explorar. Buscaremos rastros de los guardias o los mercaderes, lo que sea.
-esto fue un campo de batalla, si de algo estoy seguro es que no crece nada más que cadáveres y huesos de hombres y demonios.
-eso fue hace siglos, están bajo tierra, más de cinco metros nos separan de sus tumbas. -Morand empezó a recorrer un perímetro basto junto con Molander, no encontraron nada más que barro. La lluvia seguía sin cesar, la bota de Molander se hundió hasta por encima de la rodilla. Una vez terminaron estaban sucios y sudorosos.
-no encontré nada. –dijo jadeando.
-no están aquí, no llegaron al camino lodoso.
-hemos terminado entonces. –una sonrisa se dibujó en su rostro.
-ayúdame subir. –se dio la vuelta hacia donde se encontraba la elevación hacia el camino real que llevaba a Durit.
-¿estas bromeando? Dijiste que solo haríamos reconocimiento, hemos hecho más de lo que se nos indicó. –Morand fulmino con la mirada a Molander.
-soy tu superior, y te quedaras a ayudarme a subir, y no me importa si tienes miedo o estás cansado, necesitamos inspeccionar todo el camino. –se quedaron en silencio un momento, debatiendo con la mirada, al poco rato Molander asintió y llevo a cabo las ordenes de Morand. El guardia dejo la lámpara en el suelo, esta se empezó a hundir unos centímetros. Tiro con fuerza para sacar su bota del camino lodoso, estaba lleno de barro y le pesaba, Molander le ayudo poniéndose como base y dándole impulso para llegar a lo alto, se sujetó con fuerza de los adoquines que se sentían firmes, tiro con fuerza empujándose hacia adelante, logro subir y rodó para alejarse de la orilla, se puso de rodillas y asomo la cabeza por la bajada. –pasa me la lámpara. –dijo con desdén. – Molander cogió la lámpara que estaba hundida hasta la mitad, las cosas no se debían dejar quitas por un momento porque se empezaban hundir los caballos estaban en constante movimiento para evitar que las patas se hundieran demasiado, lo cual los cansaba aún más y se les dificultaría al dar marcha atrás. Molander Trato de acercarle la lampara apoyándose por montículos llenándose las manos de barro hasta la cutícula de las uñas. Morand extendió el brazo para tomarla. La alcanzo, al soltarla Molander resbalo cayendo hacia atrás emitiendo un grito que advirtió a Morand. Impactando contra el suelo con la cabeza, la caída fue rápida y cuando se dio cuenta tenía todo el cabello enmarañado y lleno de lodo, los brazos extendidos a los costados y la pierna izquierda hundida hasta la mitad del tobillo, un dolor punzante recorrió cada centímetro de su cuerpo y este se concentró en el tobillo. Trato de levantarse pero no podía, se dio cuenta que su tobillo tenía cierta elevación que la hacía ver deforme. Empezó a sollozar de dolor.
-¿te encuentras bien? –dijo Morand que se volvió a para ver abajo.
-¡mi pierna! ¡Está rota!- el chico empezó a gemir y soltar bastas lagrimas que se perdían con la lluvia que caía en su rostro. Agitaba los brazos que trataban de alcanzar su pierna lastimada, la otra estaba extendida, inmóvil, la espada se había enterrado en el suelo, solo quedaba a flote el mango de esta. El sonido de truenos se empezaba a reunir en una sinfonía melancólica y caótica. Los relámpagos hacían aparición como directores de dicha orquesta.
-mierda… -Morand trono la boca maldiciendo, la sangre empezó a fluir y sus músculos se calentaron. Tenía que bajar para ayudar a su compañero, una pierna rota en el camino lodoso significaba una muerte lenta y tediosa. – ¡voy a bajar Moli espera! –dijo con la mano entorno a la boca. Tanteo el descenso para no resbalar, ya que corría la misma suerte si pisaba mal al momento de bajar.
-¡AYUDAMEEEE!–soltó un grito desgarrador que sobresalto aún más a Morand.
-¡TRANQUILIZATE MOLANDER VOY EN CAMINO!–frunció el entrecejo, se agacho y bajo una pierna buscando con la punta de los dedos alguna piedra o montículo firme que soportara su peso. Cuando estaba a punto de descender. Escucho el traqueteo de los cascos de un caballo que se aproximaba. Levanto la mirada hacia el camino real y diviso unos faroles que colgaban y oscilaban alrededor de algo que parecía un carromato. Miro por encima del hombro hacia abajo para divisar a Molander que estaba lleno de barro, moco, lluvia y lágrimas sollozando y rogando por ayuda.A la perspectiva de Morand el tobillo se había quebrado, pudo observar que el hueso estaba de fuera y se alzaba unos cuantos grados. Morand torció los labios horrorizado, le parecía desagradable la imagen que veía de su compañero. Se volvió hacia el carromato que se acercaba y volvió a tomar impulso para subir al camino real. –¡iré por ayuda! –dijo en voz fuerte esperando que su compañero lo escuchara.
-¡NO ME DEJES SOLO! – resoplaba llevándose el labio inferior dentro y fuera de lo boca como un bebé, el moco le caía dentro de esta y el dolor solo hacía que las lágrimas brotaran como fuente. Un escalofrió lo recorrió por todo su cuerpo y la sensación de la cálida sangre escapando de su pierna solo lo hizo alterarse más y gritar con más fuerza. Grito hasta que su garganta se sentía en carne viva y desgarrada. Alzaba y dejaba caer su cabeza en el barro para evitar hundirse. El páramo a su alrededor estaba engullido por la oscuridad y los relámpagos solo dejaban ver los arboles carcomidos por el antiguo fuego que los marchito y dejo grises como ceniza en aquella batida contra la legión demoniaca. El crepitar de un trueno que hizo que Molander para de berrear se hizo presente en los oídos de todos a más de 10 leguas alrededor según pensó Molander al sentirse aturdido por dicho estruendo. Se llevó rápidamente las manos a los oídos esperando a que el aullido dentro de estos cesara, apretó los parpados lo más fuerte que pudo y rechino los dientes hasta que la mandíbula le empezó a doler, bufaba sin despegar los dientes acompañado de gemidos. Se retorico llevando la cabeza hacia atrás arqueando la nuca, una vez se el aullido dentro de sus oídos empezó a desaparecer empezó a abrir lentamente sus ojos hinchados. Estos estaban entrecerrados y las lágrimas cruzaban por sus sienes, vio que una sombra pasaba hacia la izquierda perdiéndose rápidamente en la oscuridad, otro relámpago caya iluminando el deprimente paisaje lleno de barro y muerte.

#3

Molander se sobresaltó y empezó a agitarse tratando de seguir con los ojos bien abiertos a la figura que escapo de su visión. - ¡LOS MUERTOS VIENEN POR MI LOS MUERTOS VIENEN POR MI! ¡MORAAAAAAAND! ¡MORAAAND!
Morand miro por encima del hombro escuchando las suplicas de su camarada. Apretó los labios dejando una fina línea en su cara, cogió el mango de su espada apretando como si quisiera romper dejar sus dedos marcados en el cuero, le llamo en voz alta para tranquilizar a su compañero y decirle que la ayuda iba en camino. Emprendió el camino real corriendo para alcanzar el carromato que se acercaba a paso taimado con las linternas agitándose y oscilando encima de ella. Entre más se acercaba, con jadeos y una respiración forzada noto que el paso del carromato y el traqueteo de los caballos se hacía más lento hasta el punto de detenerse, cuando Morand se encontraba apenas a 3 metros frente a él, freno y empezó a caminar sin despegar la mano de su espada, la linterna que tenía a la mano ya se había extinguido. Se la colgó al cinturón, sin bajar la guardia, los arboles lucían espectrales aun teniendo su follaje y corteza intacta, altos y en la oscuridad eran imponentes e implacables, su corteza marrón era verduzca con grisáceo y sus hojas parecían manos que querían alcanzar a Morand. Los relámpagos no lograban iluminar del todo a él carromato y la lluvia entorpecía su visión al filtrase por los dobleces de su capucha. El único pensamiento que pasaba por su cabeza era el saber de quien se trataba, algún mercader, lord o ser. Lo más probable es que fuera un ser o un lord más allá de las llanuras de Durit.se sobresalto y se llenó de una perturbarte intranquilidad al ver que no había jinete que sujetara as riendas de los caballos que estaban inmóviles, no resoplaban ni pisaban las piedras llenas de barro, ni siquiera expedían vapor, ni siquiera respiraban.
- ¡necesitamos ayuda! ¿Hay alguien ahí? ¡Somos de la guardia oriente! –exclamo Morand acercándose hasta encontrarse al costado de uno de los caballos que eran negros como el ébano, no se veían el brillo de sus ojos, una vez se encontraba frente la puerta del carromato. Soltó la espada y empezó a golpear la puerta. – ¡si hay algún lord o mercader necesitamos su ayuda! ¡Mi compañero está herido en el campo de lodo! ¡Necesitamos ir a Durit para tratarlo!-dijo sin parar de golpear la puerta, por un instante pensó que se abriría entre cada oración pero nadie respondió. -¡por favor abra mi señor!- el sonido de la lluvia acompañado con el rechinar de las lámparas fue la única respuesta que recibió, Morand se desesperó al no obtener respuesta de la persona dentro del carromato que se escondía para no ayudarle y de ahí la razón por la cual pararon al ver que un guardia que para ellos pudo ser considerado un bandido se acercaba. -¡mi señor soy de la guardia oriente! ¡Tengo mi salvoconducto!- cogió una medalla de cobre que llevaba prendida a la capa y trato de pasarla por debajo de la puerta, la medalla debido al grifo que tenía como blasón no dejo que las protuberancias le diera paso. –mierda me cago en los dioses. – su mano enguantada no le dejaba sostener bien la medalla, esta resbalo del cuero y cayo entre las grietas de las piedras. -¡no! - estiro la mano buscando la medalla pero no la podía ver ya que las lámparas no llegaban a alumbrar por debajo del carromato. Los gritos de Molander que eran enmudecidos por la tormenta hicieron que Morand entra en una crisis de ansiedad que lo altero y entorpeció, desesperado por ayudar a su compañero no vio más opción que desenvainar la espada y tratar de abrir la puerta a la fuerza. Lo pensó dos veces ya que si se trataba de un lord lo podían condenar al calabozo y despido de la guardia oriente. Aun así decidió optar por ayudar a su compañero, se reincorporo y rápidamente se llevó la mano al mango de la espada, apenas unos centímetros de la hoja salió de la vaina cuando las lámparas se apagaron de golpe. Morand se sobresaltó maldiciendo, miro hacia el techo donde solo se divisaba las siluetas negras de las lámparas y un cielo sin luna que contrastab a con un azul profundo y melancólico. El viento azotaba las mejillas de Morand y las gotas de agua se sentían como clavos fríos que se incrustaban en su cara entumeciéndola. Apretó los dientes al mismo tiempo que su mano apretaba el mango de su espada de hierro. De repente escucho el rechinar de la madera y como el carromato se agitaba contrayéndose hacia un lado para volver a su posición original con un rebote, Morand retrocedió sobresaltado al mismo tiempo que desenvainaba la hoja por completo, su capa se abrió haciendo que cayera por detrás de ambos hombros quedando desprotegido de la lluvia y el viento, el aire gélido e implacable le arrebato la capucha que cubría gran parte de su rostro, un rostro regio y expresión seria y adusta color cobre, una cara llenad e arrugas y unas ojeras negras alrededor de sus ojos, la sombra de barba se veía oscura pareciendo casi frondosa estaba húmeda y filtraba las fuertes gotas.
-¡no lo repetiré señor! ¡Salga ahora mismo del carromato! ¡EN NOMBRE DEL REY KALBUR Y EN NOMBRE DE LA GUARDIA ORIENTE LE EXIGIO QUE…- se vio interrumpido al ser empujado con fuerza hacia la puerta del carromato, azoto con fuerza rompiendo la madera y astillándola, su barba se llenó de pequeñas astillas que penetraron en su piel, unas cuantas entraron en su ojo izquierdo, varias también se le metieron en la boca dejándole un sabor de madera húmeda y correosa, se astillo la lengua y se llevó a la garganta un buen pedazo de madera que lo corto al descender por su tráquea, sus brazos estaban apoyados con los codos para frenar el choque contra el carromato pero al impactar con este se deslizaron por la madera dejando que todo su cuerpo impactara con la puerta, al principio no lo sintió como un empujón, fue más como un latigazo que le dio justo en la espina dorsal por encima de las nalgas, sintió el sonido astillado en sus huesos, creyó por un instante que había quedado tullido e inútil pero logro mantenerse en pie, sus labios hinchados y astillados llenos de sangre escupieron unas cuantas maldición con saliva y coágulos. Sostuvo fuerte la espada con la mano derecha, dándose la vuelta hacia donde yacía su atacante, la otra se la llevó al vientre cubriéndoselo con el antebrazo y la mano trato de llegar hasta la espalda para tocar donde el dolor punzante permanecía latente, pero no lo alcanzo y solo se reconforto con la idea de que no había quedado tullido, trato de enfocar con su ojo bueno en la oscuridad, el ojo astillado le escocia y sentía como la cabeza le palpitaba y se sentía bajo una presión aplastante, alzo la espada apuntando a todas dirección, sus piernas débiles se doblaron y estaban temblorosas, este casi cayo pero logro poner la punta de su espada como soporte simulando un bastón para mantenerse en pie. Los gritos de su compañero se escuchaban de fondo, enmudecidos por el viento y la lluvia y la sinfonía de relámpagos y truenos. Miro hacia todos lados buscando que lo había atacado, la sangre brotaba de su boca y no podía decir alguna palabra, solo podía emitir un gemido gutural, la sensación fría de la lluvia, el insoportable dolor punzante en su espalda baja, piernas, omoplatos y vientre, el escozor de las astillas incrustadas en su cara y el ardor que sentía en el ojo ciego lleno de virutas de madera que no le permitían abrirlo. El miedo y ansiedad que le provocaba el no saber quién o que lo había atacado. Sus piernas, hombros y brazos temblaban al igual que su labio inferior, trato de mantener la calma y luchar con el miedo que lo engullía, pero fallo, las lágrimas brotaron de ambos ojos lastimando el ojo ciego, su cara se contrajo y se arrugo aún más endureciéndolo. Su cabello le caía por la frente causándole cierta comezón e incomodidad, quería apartárselo pero su cuerpo no respondía, le dio un bajón de adrenalina haciéndole temeroso de la situación que se encontraba, no supo que hacer mas que contemplar la oscuridad y las siluetas de los árboles que se encontraban fuera del sendero del camino real, buscando un atisbo de algo que lo hiciera volver en sí.
-¡MOOORAAAAAAAND AYUDAMEEEEE ESTA AQUÍ ESTA AQUÍ! –los gritos desgarradores de Molander se hicieron oír por encima de la implacable y ruidosa tormenta que bloqueaba los oídos de Morand, este reacciono, volviendo en si momentáneamente, giro la cabeza hacia el descenso del camino lodoso. Los gritos de su compañero seguían resonando y estos en vez de ayudar a Morand a reincorporarse solo lograron asustarlo y aturdirlo aún más.
Lo único que paso por su mente es que los muertos ya tenían a su compañero y lo harían desaparecer como a los mercaderes y lores que habían pasado por el camino real fuera de Durit. La muerte estaba presente en el bosque, el guardia experimentado se quedó contemplando el descenso oscuro y escuchando como su compañero rogaba por ayuda, la hoja de hierro con manchas cobrizas repiqueteaba con los temblores de su portador, su ojo estaba bien abierto, un sonido gutural casi ahogado emergió de entre los arboles sobreponiéndose sobre los gritos, lluvia y truenos, Morand giro la cabeza rápidamente tratando de enfocar su vista para poder ver entre las sombras amenazantes que se erguían sobre él, su labio inferior e hinchado por la sangre temblaba, dio un tras pie al retroceder, chocando con la escalerilla que yacía bajo la puerta rota del carromato, sus ojos seguían entornados en la penumbra tratando de averiguar de dónde procedía dicho sonido, el sonido se volvió a hacer presente con un rugido ensordecedor.