M_KOTTINGHAM
Rango5 Nivel 21 (474 ptos) | Escritor en ciernes
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EL BOLÍGRAFO AZUL

Todo empezó con un simple bolígrafo.
Con uno azul.
Era un bolígrafo ordinario, uno normal.
Y todo para Frank Perkins empezó con un bolígrafo así.
Puede que en realidad todo empezara un poco antes, durante las calurosas noches de verano en que Perkins espiaba desde la ventana de su habitación como chicos sudorosos y musculosos sin camiseta jugaban al baloncesto al otro lado de la calle.
De ese modo todo empezó a cuajarse dentro de su cabeza, a tomar forma en su psique, pero si hablamos de un plano puramente físico, entonces indudablemente todo empezó como digo con un bolígrafo azul.
Contando con diez ańos, (también en una de esas calurosas noches de verano, y también espiando a fornidos chicos sin camiseta), Anthony Perkins se proyecto introduciéndose aquel bolígrafo azul que solía mordisquear nerviosos mientras espiaba a los muchachos al otro lado de la calle, en un lugar donde hasta ese momento nunca antes había pensado en introducirse nada: en su blanco y virgen culo.

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Todo empezó de ese modo y entonces.
Y a pesar de no saber en aquel momento absolutamente nada sobre la introducción de objetos extraños en el cuerpo, Anthony sintió que antes de intentarlo debía de lubricar aquel bolígrafo.
Bajó hasta la cocina pasando por el comedor, donde su madre veía una telenovela y su padre leía una revista sobre deportes de contacto.
Cogió una nuez de mantequilla y regresó a su cuarto, donde embadurnó el bolígrafo azul con la mantequilla hasta dejarlo totalmente cubierto de grasa.
Después se bajó los pantalones, y mientras observaba nervioso a esos chicos lanzar la pelota y correr tras ella, Anthony Perkins introdujo primero la punta del bolígrafo en su culo, dejándola el suficiente tiempo como para acostumbrarse a ella, y una vez se hubo echo con aquella sensación, Perkins siguió introduciéndolo hasta prácticamente hacerlo desaparecer.
Anthony descubrió aquella noche que sus tendencias voyeur resultaban aún más placenteras si eran acompañadas de penetraciones con diversos objetos cotidianos de casa.
Así, aquel bolígrafo azul, dio paso a un rotulador permanente que dio paso a una pequeña banana que dio paso a un enorme pepino que dio finalmente paso a la suntuosa polla de veinte centímetros de un negro al que conoció a los dieciséis años.

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