Ryveed
Rango5 Nivel 23 (596 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Primavera

"Soñaba con creer que todo estaría bien.

Pensaba que mi corazón aguantaría pero nunca imagine el dolor que causarías.

Si antes te amaba, ahora solo siento que me destruyes con una mirada.

Y teniendo mil razones, como mil aves reunidas pero sin llegar a saber cuando despegarías.

Sanar tus heridas era mi cometido hasta que encontraras tu verdadero camino.

Una rosa marchita quise darte porque aprendí a hacerte mío con una mirada, a tocar tu alma

con una caricia y a decir te amo con una sonrisa pensando que tal vez te gustaría.

Soñaba con tener todo junto a ti.

Un huracán se ceñía a mi alrededor, y con cada paso que yo daba te alejaba de mi.

Ajena al dolor inminente, llore pensando en ti."

Hace 4 meses Compartir:

0

5
#2

1

Reacia a la idea de aceptarme, opte por correr sin rumbo; opte por perderme a lo lejos y dejar de atormentar mi mente con mis propios defectos. Sí los demás no me aceptaban, ¿Por qué hacerlo yo con esmero? No tenía pies ni cabeza; el golpeteo constante de mi corazón agitado contra mi pecho hacia que me faltará el aire, mis pulmones pesaban y mi cabeza daba vueltas.

—You say it's okey... —cante por lo bajo sin detener mi paso entre las raíces y el mullido suelo verde. Mis abuelos se quejaban todo el tiempo, hiciera lo que hiciera; nada los complacía y era gracias a su carente atención que no lograba encontrar sentido a nada en mi corto tiempo de vida. Según el abuelo, hace años hubo una tragedia y yo era la causante de ello, yo era la culpable de la muerte de su hijo y nuera, quién estaba embarazada; por otro lado, la abuela decía que yo no pertenecía directamente a la familia porque no era ni un poco parecida a mis padres. Según ellos, yo era una bastarda sin título que debían cuidar por una obligación con el estado—, For my love don't stop me...

Las ramas frondosas de los árboles me tapaban de los rayos del sol, quién es mi enemigo mortal gracias mi delicada piel, y el bosque me confortaba con un viento suave y fresco. Unos kilómetros atrás había caído al suelo, raspando mis rodillas y rasgando parte de las medias largas que tenía; ¿Vendrían a buscarme ellos mismos o vendría la policía? No me creía muy importante para ellos pero aún así, algo pequeño dentro de mí rogaba porque naciera esa llama de amor, cariño y respeto en los ojos de los ancianos que me cuidaban pero era muy distante ese sueño, nadie podría estar interesado en mí ni verme con ese grado de adoración tan alto.

—¿Qué haces aquí? Es propiedad privada —realmente no, no era de él ni de nadie, él no lo hizo y porque lo haya comprado no significaba que era suya, a la naturaleza no le iba a importar un pedazo de papel con muchos ceros a la hora de destrozar todo a paso de una gran tormenta.

—Entonces sácame —al dar la vuelta me sorprendí, pensaba que era un adulto o un joven adulto pero en realidad era un niño con, al parecer, serios problema de testosteronas el que me había hablado—. ¿Dónde están tus padres?

—¿Dónde están los tuyos? Ésta es mi tierra —respondió con otra pregunta, irritado por mi mera presencia.

—Muertos —y me miro como todos suelen hacer, con lastima. Hice un gesto de desagrado y seguí caminando, ahora fuera del camino, para intentar perderme y que así me comieran los lobos, osos, mapaches o cualquier animal que vea apetecible a una niña raquítica y sucia.

—Lo siento.

—¿Por qué? No los conociste, yo no los recuerdo; no me importa.

—Eso no importa, los recuerdes o no igual los extrañas —dijo el niño a mis espaldas y ese comentario hizo clic en algún lugar de mi pecho, aún levemente agitado por la corrida—. En tus ojos se nota; ven, le diré a mi mamá que cure tus rodillas.

En ese momento, algo pudo cambiar en mí; no el hecho de que me aceptara o de que sería feliz por el resto de mi vida, sino el sentir lo que es ser importante para alguien.

#3

Verano

“Ojos negros y mente antigua. Hebras doradas y risas de alegría.

Todo para hacer de esto tu vida la mía, sin contar mi presencia entrometida.

Nos hace falta el constante dolor y la poca cordura.

La razón de esto me es nula y tus ojos para mi son señal de amargura.

Tus mejillas rosadas hacen que me duela el alma

y tus hoyuelos al marcarse por una simple palabra, son mi despertar de cada mañana.

Amaba tu risa.

Y sentiría el aire de una ventisca por llegar a tu lado

y sentir esa alegría, destrozando mi vida.

Te ame por tu risa, te ame por tu ira y por tus

constantes gritos de alegría que daban un verdadero sentido a mi vida.”

#4

2

—Está quemado —me queje al ver los waffles frente a mí en un plato de cerámica, el grueso panqué estaba totalmente negro y olía como si tuviera un horno alemán en la cocina.

—Si no te gusta busca un trabajo, una casa y cocínate algo.

—Lo haría pero lamentablemente sigo siendo menor de edad —dije pero ella no me escucho, había salido volando de la cocina y la verdad es que era mejor así. En los últimos años, mi vida era una constante montaña rusa con problemas en las bajadas, siempre chocaba; Tresstan, el niño con problemas hormonales, era el responsable de reparar el carro del juego en cuestión y mis abuelos, juntos a otros, eran los clientes malos que dañaban el juego sin pudor alguno. Pero no me quejaba, al menos comía más que en mis niñez y aunque era más grande para cocinar por mi cuenta, eso no me alegraba pues solo significaba que los castigos eran mayores: cachetadas, agua helada sobre mi rostro, azotes y ese maldito armario de zapatos que había provocado mi fobia a los lugares pequeños o cerrados.

—Este se ve más apetecible que el último —por inercia, sonreí y lo miré. Tresstan seguía creciendo pero su mirada llena de pureza estaba intacta y eso era lo que permitía seguir adelante sin importar qué.

—Y me alegra que no se quedará más, me hubiera obligado a comerlo —dije, aceptando el plato de lindos sándwiches que su madre me preparaba siempre.

—Los cerdos aprecian el arte de tu abuela al quemar los waffles.

Sonreí y mordí el pan absorbiendo el saber del jamón, la lechuga, los tomates y la cebolla acaramelada con mostaza de miel como aderezo mientras que Tresstan me miraba fijamente como si fuera la chica mas linda del mundo. Y la verdad es que si podría serlo: tenía ojos mieles, cabello castaño y rizo, mi piel era levemente bronceada y adornada con lunares en lugares específicos, mi nariz y boca tenían sus tamaños correspondientes y mi cuerpo no era grotesco o simple, tenía lo que debía tener según mi edad. Él, por otro lado, era parecido a mí en todo a excepción de que su piel era más clara que la mía.

Me encantaban sus ojos, tenían ese brillo que los míos no.

—¿Qué me miras?

—¿Qué me miras tú? —respondí con la boca llena, sus ojos casi se cerraron por la gran sonrisa que adorno su rostro.

Algo dentro de mí se removió por esa simple acción, algo en mí interior estalló en llamas y me hizo sentir como si viviera en una nube, amaba esa sensación y era la primera vez que lo sentía con tanto ahínco. ¿Qué tenía él en su miraba que tanto amaba? ¿Por qué era bueno conmigo? No había hecho nada por él, nunca pero aún así él estaba allí para sostenerme y me prometí, en el momento en que su sonrisa se achicó, que yo sería su soporte a partir de ahora y no lo dejaría.

"La inmensidad de sus ojos, el universo en ellos; todo era mío por derecho y solo una decisión me fue dada, dejarlo o amarlo."

#5

Otoño

"Me mirabas, te miraba. Solo nuestros ojos hablaban,

en ningún momento nuestros labios soltaron palabras.

Acostumbrabas a pasar cerca de mi alma, al estar siempre

cuando lo necesitaba pero nunca decíamos aquella sonata.

Cada día, cada mes, todo el tiempo que estuvieron nuestros ojos juntos

Y nuestros corazones nunca danzaron al compas de la brisa del mañana."

#6

3

Mi rostro estaba hinchado, rojo por el llanto, con moratones en la quijada y ojo derecho, y mi nariz sangraba. Todo por decir que no quería ese ridícula fiesta de cumpleaños, dónde solo me humillaban y me recordaban que la muerte de mis padres era culpa mía; el abuelo estalló en una ira creíble de un toro y se lanzó hacía mí luego de haberme negado, obviamente mi abuela no hizo nada para pararlo. Ahora mismo estaba en mi, innecesariamente grande, habitación pensando en que le diría a Tresstan cuando me viera de esta manera; él y su familia se preocupaban mucho cuando me veían golpeada o cuando su hermana me chequeaba el peso y no era el que correspondía a mi edad, aquello lo adoraba pero si mis abuelos se enteraban de su acercamiento, yo no sería la única perjudicada.

—You can't believe, you can not fly... —mi habitación quedaba en el tercer piso de la casa, junto a la biblioteca privada, un cine que nadie utiliza y lo que era una sala de reuniones, que nadie utilizaba desde la muerte de mis padres y podría decirse que ese piso, era el piso de las habitaciones que a nadie le gustaban. Tresstan y yo podíamos entrar y salir sin hacer ruido gracias al gran manzano que estaba allí, y aunque era él el que siempre se escabullía luego de escuchar el ruido, hoy no estaba aquí ayudándome a limpiar mis heridas—, I gonna die tonight...

—¿Por qué querrías morir?

—Es una canción, ¿Por qué te tardaste tanto? —no quería sonar desesperada pero en serio lo necesitaba.

—Me enrede en el alambre del jardín, lo renovaron —se levantó el jean oscuro y me enseñó un corte irregular, en todo este tiempo no había levantado el rostro con totalidad por lo que no vio mis magulladuras hasta que corrí hacía él, intentado ver si era grave la cortada.

—Hay que desinfectar el corte.

—¡¿Qué mierda te hicieron?!

—So beautifull... —y no me mentía, el hecho de que sus ojos se hayan oscurecido por el enojo hacia un contraste divino con su piel, su pecho comenzó a subir y bajar rápidamente y un pequeño tic en su labio inferior apareció—. No te preocupes Tress, estoy bien.

Coloque mi mano en su mejilla y lo mire fijamente, él estaba en plena crisis de ira.

—Te destrozaron el rostro Ryanair, ¿Cómo puedes estar tan tranquila? ¿Que dirás en clases?

—Que la nieta predilecta de los Vagnetti tuvo una pelea callejera y me salió por la culata —le reste importancia y sonreí levemente. Su ceño se frunció, haciendo que sus pestañas gruesas casi se tocaran con sus pestañas y que a mi corazón le diera un vuelco por lo lindo que se veía—. Vamos a curarte ese horrible raspón.

—Ryan... Primero tú, y no me digas que no porque recuerda que soy el mayor de ambos.

Asentí y deje que me guiara al baño, como siempre lo ha hecho; una vez dentro, me sentó en el lavabo y procedió a sacar lo que necesitaba para curarme. Una curita, algodón y alcohol etílico para mis raspones en el labio y ceja, los morados fueron cubiertos con una crema de olor feo y un color verde pantano, la hinchazón la bajaríamos con un poco de hielo más tarde y mi nariz fue tratada con unas gotas para detener el sangrado y una gasa dentro de las fosas. Parecía sacada de una película con todo eso en mi rostro, tal vez de una de zombies o alienígenas; el oji pardo sonrió orgulloso de su trabajo y se alejó un poco de mí.

—Ahora serás linda de nuevo.

Estiré mis brazos, buscando un abrazo y él me envolvió en los suyos sin problema alguno; allí en su pecho, me sentí feliz y no recordaba que tuviera algún inconveniente en mi vida, allí estaba la Ryanair Vagnetti que solían recordar algunos buenos vecinos que me hablaban a escondidas. Y no quería separarme nunca de él, pero mi conciencia estaba segura que debía dejarlo ir para que ambos fuéramos felices.

—Ahora vamos, tengo que curar ese feo corte antes que se infecte.

Podría ser feliz junto a él por un poco más, antes de que mi vida se acabará por completo.

#7

Invierno

“Eras un icono en mi memoria, eras un ídolo para muchos

Y no creía que supieras realmente quién eras,

No te veías con los mismos ojos que los otros.

Tú verdadera esencia se alzaba en tus letras

Y estás golpeaban con fuerza, marcando mi corazón y mi mente

Sin saber que poco a poco mi vida hacías pedazos.

Las respuestas a mi amor no eran las esperadas, solo decías que me amara con fervor

Y no fue hasta muy tarde, que me di cuenta de lo que decías...

Decías que me amará cómo era.”

#8

4

Dieciséis años y aún no tenía idea de que iba a hacer con mi vida, excepto el plan para huir de mi casa ese veinticinco de noviembre. Mi cumpleaños número diecisiete era esa noche a las once en punto y no podía disfrutarlo adecuadamente porque estaba en una fiesta de la alta sociedad enfundada en un horripilante vestido rosa pálido; quería irme a dormir, quería visitar a mis padres, quería pasar el tiempo con la familia Ferrer.

—Antlia, ven acá —habló el abuelo a mis espaldas, gracias a su suerte que me había curado de su agresión o estaría en graves problemas con el juez Grant, porque eso de que me metí en una pelea callejera ya nadie se la creía.

—Mi nombre es Ryanair abuelo.

—Eres mi nieta, yo quería ponerte Antlia y como asesinaste a tus padres, te quedas Antlia.

—¡Oh, vamos! No seas tan rudo con la chica Michael —exclamó el juez, un hombre alto, algo musculoso y muy moreno.

El abuelo rió, haciendo creer que era un chiste pero no, él hablaba completamente en serio.

—Roger quiere ofrecerte un cupo en la Universidad del Este y en la facultad de derecho —hablo la abuela, que hasta este momento había estado en silencio.

—Y no solo eso, será una gran abogada como su madre —le siguió la corriente la insípida esposa del juez. Como me estresaba esa mujer, siempre tan perfecta— Y tal vez hasta mejor esposa que Aquila.

—¿Esposa? —el ácido estomacal subió por mi garganta y me ardió como el infierno. No podían joderme más, era un mal chiste por parte de aquella mujer pretenciosa. Y de una vez, deje de escuchar a mi alrededor con atención.

Michael y Lorraine Vagnetti, los encargados de mi martirio rieron junto a los Grant, felices de deshacerse de mí y los otros de recibir un cheque humano. En esos momentos recordaba la gran herencia que recibiría a los dieciocho el otro año, que le entraba perfecto a el hijo mayor de los Grant, un hipócrita drogadicto y con problemas de ira. ¿Qué había hecho de malo en mi vida pasado para que esto me pasara?

—Si me disculpan, iré al baño.

Mentira, solo quería escapar de las garras de la alta sociedad. Ahora solo quería hablar con Tresstan, necesitaba de su calor, necesitaba su presencia, necesitaba todo de él. Salí de esa maldita casa y corrí, corrí por el jardín trasero y el bosque pero al llegar no había nadie en la casa campestre, todo estaba oscuro y vacío. ¿Dónde estaba mi sol? ¿Se habrán ido? ¿Se habrá olvidado de este desgraciado día al que le llamó cumpleaños feliz? Me deje caer al suelo y las lágrimas salieron sin permiso, estaba demasiado triste como para esperar por él o como para llegar a casa y encerrarme en mi cuarto con el riesgo de ser encontrada; no me importó el vestido, no me importó el suelo lleno de tierra seca, tampoco me importaron mis piernas y mucho menos me importó cuando comenzó a llover. El cielo estaba de mi lado en estos momentos, llovía y yo me ahogaba en lágrimas, lanzaba rayos y yo soltaba gritos, el cielo se rompía y mi corazón se deshacía; sabía porque él no estaba conmigo, porque estaba con ella siendo feliz en esa noche de tormenta, romántica y ajena al dolor para ellos, todo lo que se podía esperar de mí.

—Like you did, looking a me with that smile? Forever, forever, stop saying that —susurré en un agudo canto en medio de aquel ruido tan natural para el mundo—. We were going toward the same place, but this place becomes our last place...

Hace mucho debió haber pasado, solo fue un pequeño desliz del destino al sacarme de aquel auto hace quince años. Ahora, debía entregarme al mundo, sería un ser infinito al lugar donde iría.

"We talked about forever, but we destroy each other mercilessly."

#9

Aurora Polar

"La larga noche me está siguiendo mientras mi mente huye,

El tiempo me sigue y te desvaneces, ámame.

¿Por qué consigues alejarte más?

Estás tan lejos que ya no puedo alcanzarte y abrazarte.

Dime el porqué, estoy tan mal, ¿Por qué?

¿Por qué puedo estar más en tu corazón? El amar es tan doloroso

Y no puedo seguir si no estás aquí, regresa a mis brazos.

Me haces falta, ámame.

Esta noche es la final, porque no estás conmigo.

Ahora nuestra despedida será el principio y el final de este lugar."

#10

El amor no se ha terminado porque nunca hubo uno, ámame y por favor no me dejes de nuevo. Tus palabras suenan en mi mente como si tuvieran muchos significados; y es donde siento que el espacio entre tú y yo se hace más profundo. No me dejes, cree en mí y comienza a correr, ya no hay que dar un paso hacía atrás. Nuestros caminos se cruzaron y se separaron, gracias al cruel destino o que tal vez estábamos comenzando una carrera con el fin de chocar y acabar.

Sí comienzas a alejarte de mí, está bien, lo entenderé; no te preocupes por nada. Es mi turno de irme está vez, definitivamente me librare de tus pensamientos hacía mí; haría todo de nuevo, en aquel espacio entre la oscuridad y la luz dónde prontamente estaré. Llorando. No habrá final si me tiendes tu mano, eras mi última esperanza. No importaba que lluvia cayera, no importaba que oscuridad hubiera si tú estabas a mi lado... Y en un segundo, todo desapareció, ahora que se fue esa razón que tenía de vivir. Ya hay un final marcado, los latidos de mi corazón hacen daño y sabré como pararlos, gracias a ti.

Una aurora polar iluminaba mi rostro, nunca había visto tantos colores brillantes en el cielo. Tampoco imagine que tuviera ese olor amargo y frío, ese que se calaba entre tus huesos hasta congelarte por completo; ¿Morir se sentía tan liberador? El aire que se filtraba por mi nariz era dulzón, el césped bajo mis pies era suave y mi mente no estaba pesada por las antiguas páginas llenas de las preocupaciones que tenía todos los días.

—¡¿Qué le hicieron?! ¡¿Qué le hicieron?! —un llanto atroz me llamo desde la distancia, reconocía esa voz pero no podía caminar hacia ella. Mejor dicho, no quería caminar hacia ella. Ya había tomado la decisión de dejarlo ir, ya había tomado la decisión de separar nuestros caminos; en cambio, otra voz fue la que me llamó, justo a mis espaldas y está me hizo querer caminar a ella.

—Te estábamos esperando desde hace mucho tiempo Ryanair...

—Mamá... —mi voz se quebró al final y corrí a aquellos brazos que mi corazón añoraba. Sus manos comenzaron a acariciar mi cabello y tarareaba una dulce canción, como las que yo me cantaba para tranquilizarme.

—Tranquila, pequeña... Tu padre y hermano te están esperando.

Eleve mi mirada y la observe sonriente, era hora.

—Close yours eyes... And let go.

Hice caso a lo que dijo y me deje ir a las luces sobre nosotras, aún escuchando los llantos de Tresstan a los lejos. Lo sentía tanto. El frío me envolvió y luego un calor lo reemplazó con velocidad haciendo que me relajará y todo se volviera negro, provocando que dejara de sentir aquel mundo al que había pertenecido sin mi consentimiento y donde había sufrido tanto por amor como por desamor. Ahora, por fin, era libre.