Elayha
Rango15 Nivel 71 (30038 ptos) | Estrella de la editorial

Prólogo.

"Mis ojos solo reflejan el contenido de mi alma. Mis aspiraciones. Mis sueños. Mis motivaciones. Mis anhelos. Eso significa que nunca he perdido de vista mi camino."

Agueon, el lobo negro.

Caía nieve del cielo.

Kirosh contemplo el blanquecino cielo de medio día, una espesa mata de nieve cayo al frente de su puerta, aquel día la posada “El Mirador Cerrado” se llenaba de viajeros y extranjeros que venían a refugiarse del gélido frió de la ciudadela de Arnuin, capital del País de Valimar; la posada era una zona cómoda para asentarse y descansar, pero al mismo tiempo era hostil; hostil por el hecho de que personas como cazarrecompensas, mercenarios, bandidos y asesinos se hospedaban ahí. Por lo cual era muy usual que personas ya cercanas a aquel barrio bajo desaparecieran. La calle Drighad era así, y seguro seguiría siéndolo, hasta que sus habitantes hartos de aquella asquerosa vida, y molestos de sus mandatarios y corregidores tomaran sus armas y se alzaran en contra de la capital, he invadieran el centro de aquella ciudadela.

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CYan_Etc
Rango6 Nivel 28
hace 3 meses

A los proletarios les cuesta darse cuenta de que son mayoría. Me gusto el comienzo! Sigo leyendo


#2

Kirosh podía observar a los niños huérfanos que husmeaban entre la basura como si de ratas se tratara; otros hacían sus jugarretas estúpidas, molestando a los guardias y Custodios que ponían en orden cualquier disturbio; el Distrito Dagon era una zona llena de conflictos; donde lo más probable es que la vida se fuera en un instante; era una zona de ladrones, de comerciantes astutos que iban fuertemente escoltados por más de cinco guerreros; se decía incluso entre susurros que aquel distrito era cuna de ladrones, herejes y prostitutas. Kirosh lo sabía, y era eso lo que le obligaba a ser precavido.

– ¿Sabe maese Fresno? Nunca pensé que trabajaría en un lugar como este.– Dijo Kirosh, mirando la vida miserable del Distrito Dagon. – Pensé que al unirme a la casa Vermillon trabajaría como…

– ¿Cocinero? – Intervino Fresno.

– Puede ser, nunca creí que sería posadero y esclavista a la vez, pero sabe, poco a poco le estoy agarrando tino a este trabajo, secuestrar niños y comprar mujeres en la ciudad de Malash es un problema inmenso, sobre todo cuando tengo que entregarlos como tributo. ¿Qué es lo que hace el duque con esas personas que son enviadas como tributo?

Fresno lo miro con un cierto aire inquisitivo; Kirosh dio un respingo como si una abeja le hubiera picado. La mirada severa de Fresno era implacable.

– Perdón, fui atrevido.

Fresno negó con la cabeza, quitándole importancia.

– Con el tiempo aprenderá a apreciar lo que hace; ¿en cuánto a los tributos? Bueno, eso no es de su incumbencia, es algo clasificado y mi señor prefiere que se mantenga así.

Fresno era el emisario del Duque Vermillon, que a su vez era dueño de los Distritos más bajos de todo Arnuin, era quien se encargaba de proveer alimentos y cosas indispensables para los diversos distritos bajos de la Capital, tal era su cargo que hacía 400 años el mismo Vis-conde de Montreuth le había dado un puesto en el gobierno, posicionándolo en una zona de alto escalafón; dándole a conocer como una persona importante en la sociedad, por muy horrendo que fuera el lugar donde se asentara.

El Duque Vermillon no solo era dueño de varios distritos bajos, sino que era dueño de las vidas de las personas que vivían en esos distritos, el controlaba las vidas de todas y cada una de las personas que vivían en las zonas más bajas de Arnuin, familias, mercenarios, asesinos, violadores, niños, tabernas, posadas y prostitutas; todos le debían tributo al Duque Vermillon.

En pocas palabras, el duque era tu dueño, y tú eras la perra de ese dueño.

– Escuché que hace unos dos meses le había llegado una entrega nueva; dos Elokhar traídas de la ciudad de Malash, y que extrañamente tenían el pelo blanco. ¿No es cierto?

Kirosh alzo la vista un tanto sorprendido y al mismo tiempo nervioso.

– ¡Oh! Veo que ya se ha enterado.

Fresno se sonrió.

– En estas calles nada pasa sin que yo me entere, incluso cosas que andan ocultas a mí a ver me son visibles; tarde o temprano me llego enterando de todo. Me encantaría ver los especímenes, antes de que los envié como tributo.

Kirosh se rasco la cabeza, un tanto preocupado.

– Vera; hubo unos problemas. – Dijo Kirosh encogiéndose de hombros –puede que cuando se los diga no llegue a ser de su agrado, maese Fresno. Sin embargo, pienso recibir mi castigo con honestidad.

El emisario del Duque frunció el ceño, con un cierto aire de sospecha. El hombre echo un suspiro, intentando relajarse y luego se sonrió, con una sonrisa que bien podía ser de insinuación.

#3

– Adelante, dígalo, es mejor que sea sincero en este momento a que sea un mentiroso. Algo que aprecio de las personas en este mundo es su sinceridad.

El posadero trago saliva.

– Bueno. – Kirosh hizo una breve pausa intentando ordenar sus ideas–. Hace cuatro días antes de su llegada se me escapo uno de esos especímenes, y tuve que aumentar la seguridad y ocultar al último espécimen que me quedaba.

El emisario se le quedo mirando con fijeza, con los ojos muy abiertos, atentos, luego negó con la cabeza. Parecía muy desilusionado, decepcionado, pero su expresión denotaba comprensión.

– Comprendo, eso es una lástima; ciertamente no puedo informar de aquello a nuestro señor; puesto que ello acrecentaría su ira, y nadie quiere eso. ¿No es cierto?

Kirosh asintió con un cierto aire de Temeridad. Sabía lo que pasaría si acrecentaba la ira del Duque.

Hace cuatro años un grupo de insurrectos que habían provocado una rebelión en los barrios bajos de Arnuin habían provocado un tremendo disturbio en los distritos bajos, se decía que dicha rebelión había durado mucho tiempo; 16 meses para ser exactos; aquel evento había terminado en la quema total de un Distrito entero; según el conocimiento de Kirosh, se decía que había habido una traición en las filas de los revolucionarios, y dicha traición había sido efectuada por un grupo de infiltrados que pertenecían a la casa Vermillon y que habían logrado poner en contra a muchos insurrectos y volverlos en contra de los revolucionarios; y en menos de una semana los insurrectos habían sido purgados y sus vidas arrebatadas, los pocos supervivientes de aquella masacre fueron llevados ante el Duque Vermillon donde desaparecieron y no se supo nada más de ellos, y solo haci acabo una de las más fieras batallas que había devastado todo un Distrito.

Kirosh no lo entendía. No entendía porque había personas tan idiotas, no entendía por qué luchaban contra lo inevitable; en la perspectiva de Kirosh, esa clase de personas conseguían más rápido la muerte.

– Sí, creo que será mejor mantenerlo en secreto. – Dijo.

Fresno asintió con una sonrisa, como si estuviera de acuerdo con Kirosh; luego volvió a mirar a su captor con más detenimiento, como si estuviera escudriñando en sus pensamientos; aunque Kirosh sabía que no era así. Aquello era una idiotez, nadie en este gigantesco mundo podía leer tus pensamientos, eso era algo estúpido. Sin embargo, la mirada intensa de Fresno era tan implacable que Kirosh hizo acopio de toda su voluntad para no quedar intimidado; el rostro de Fresno era la rigidez encarnada, no parecía humano, parecía más un ser de otro mundo, una criatura que caminaba con la apariencia de un hombre.

– No importa. He venido a hablarle de otro asunto importante; se me ha dicho que a usted le gusta tener ciertas relaciones con sus esclavas, se me ha dicho que ese fue el motivo por el cual muchas de ellas se han suicidado.

#4

Kirosh palideció, como si le hubieran dictado una sentencia de muerte, como si le hubieran acusado. Era muy sabido que las personas cercanas al Duque tenían ciertas habilidades específicas; Kirosh no estaba enterado de aquello, pero había escuchado que era mejor hablar con temeridad que provocar la ira de un miembro de la casa Vermillon.

El posadero sabía que la ira de un funcionario de la corte laberiana, o la furia de un emisario importante eran peor que la ira de un soldado; sabía que Fresno tenía el poder de destruirlo, podía hacer que lo mataran y eso era lo que Kirosh más temía, ser asesinado como un cerdo, y luego terminar con la cabeza clavada en una pica. Semejante cosa no le ocurriría; pero al ver al emisario vio que sonreía. Aquello no podía ser bueno, un emisario sonriendo era algo malo, no era nada favorable, algo estaba saliendo mal.

– No se preocupe Kirosh, no le haré nada malo; sin embargo, tiene que recordar que hacer cosas como estas trae consecuencias, el alto armisticio en Valimar ha prohibido el cruce entre razas; usted sabe mejor que nadie que nosotros nos ceñimos a las leyes. – Sentencio Fresno, como un recordatorio que no debía ser ignorado – una persona como usted, debería ser más considerada; tenga en cuenta que mi señor siempre tiene un ojo puesto en sus ciudadanos, las personas de estos barrios tan bajos deberían estar más que agradecidos con nosotros, Al menos les apartamos de sus miserables vidas y a cambio exigimos unas vidas pequeñas ante la nobleza del sacrificio; una persona como usted podría llegar muy lejos; puede incluso que llegue a trabajar en el centro de Arnuin. Algunos envíos tributarios, unas entregas justo a tiempo y mi señor podría mover sus influencias para enviarlo al centro de esta ciudadela. Imagínese, salir de este chiquero de Distritos y mudarse al Distrito Dhiadran, Vhysash, entre muchos lugares llenos de prestigio y valor.

Kirosh no comprendía lo que sucedía, pero entendía la situación en la cual estaba metido, pero él era un hombre que guardaba estrictamente la ley, era por ello por lo cual el Duque confiaba en él, sabía que Kirosh no le fallaría, y Fresno era consciente de ello.
El emisario puso su gigantesca mano en el hombro de Kirosh y este no pudo hacer otra cosa más que farfullar algunas palabras incoherentes, antes de que Fresno volviera a decirle otra sarta de palabras.

– Calmese Kirosh, si hubiera verdadera urgencia por sus acciones o si hubiera encontrado alguna falla habrían enviado en mi lugar a un alto evolucionado.

Alto Evolucionado; Kirosh nunca había visto a esos adeptos de la Astra Asessinorum, pero se decía entre susurros que eran letales guerreros, altamente entrenados y que podían matar a 100 personas en un abrir y cerrar de ojos; incluso brujos, hechiceras, y magos les temían.

Era cierto que los altos evolucionados eran temidos; era cierto que el miedo era real, y en un barrio como en el que vivía Kirosh, el miedo podía estar en una brizna de viento que bien podía helar los sentidos. Podía hacer que el hombre más violento palideciera, eso era lo que provocaba el Duque Vermillon; el miedo provocaba que la gente no se revelara; así debía ser, la baja estofa en el suelo, donde correspondía el ser humano de la actualidad; antaño Valimar no solía ser así, pero las cosas habían cambiado, muchas cosas habían cambiado.

– Bueno Kirosh, yo me retiro, informare sobre su tributo al Duque Vermillon, y le confirmare que solo por esta vez obtuvo solo una ganancia mínima, pero estoy seguro que nuestro amado señor lo entenderá. – Fresno se volteo, despidiéndose de su captor.

#5

El posadero asintió y luego lo acompaño hasta la puerta de la posada.

…..

Irelia contempló la nieve.

Contempló el blanquecino cielo de medio día, en el exterior de la posada las personas se movían de izquierda a derecha, como hormigas. Hormigas rotundamente organizadas.

Irelia se encontraba escondida en la parte más oscura de su habitación. En los pocos momentos de paz que tenía. Irelia solo se dedicaba a contemplar las cosas que le rodeaban, después de todo siempre había sentido un cierto aire de atracción por el mundo que la rodeaba.

Irelia contemplaba los copos de nieve con formas hexagonales, sus sentidos elevados le permitían ver aquellas formas en la vastedad de lo innombrable; los de su raza eran así, y seguro seguirían siéndolo hasta el final de los eones; Irelia no era un Elfo Dimensional, ella era lo que en un tiempo antiguo se le conocía como la raza de los Lyrianos. Irelia era una Lyriana, un miembro de una antigua raza que no venía de las dimensiones, sino que su origen era mucho más extendido y mucho más amplio de lo que un ser humano podría imaginarse. Sin embargo, para su suerte, nadie lo sabía; nadie sabía lo que era Irelia; para muchos Irelia solo era una rareza, y muchos otros solo dirían que Irelia era un elfo que había nacido con la enfermedad del albinismo; la joven tenía el pelo tan blanco y los ojos tan celestes que incluso los elfos dimensionales que eran contrabandeados como esclavos se habían dado cuenta que Irelia no era uno de los suyos.

La diferencia entre los Elfos dimensionales y los Lyrianos era muy clara. Los elfos dimensionales usaban barcazas que traspasaban el velo de la realidad, para viajar entre el tejido de las dimensiones, atacaban a los seres humanos porque pensaban que eran indignos del mundo que se les había otorgado; usaban criaturas conocidas como los Yugernauth, que según algunas especulaciones se decía que caminaban entre sus cuatro patas como un lobo y en vez de un pelaje tenían escamas como las de un lagarto. Los lyrianos por su parte eran seres de tecnología; tecnología muy avanzada y desconocida para los humanos, tecnología capaz de fracturar el espacio y efectuar viajes entre dimensiones y universos. Tecnología capaz de abrir agujeros negros. Agujeros negros, capaces de destruir ejércitos enteros; tecnología que estaba más allá de los esquemas comprendidos por el ser humano. Sin embargo, en el mundo donde Irelia había caído, ni siquiera conocían la tecnología; apenas y conocían lo básico, pero nunca profundizaban más allá de ello. Por otro lado el forjado de armas que se moldeaban en aquel planeta era algo curioso para sus ojos; sin embargo, no era la gran cosa para una raza mucho más avanzada; aunque en muchos aspectos le había fascinado el uso que se le daba a aquellas armas: Algunas armas podían fundirse y cambiar de forma, algunas tenían tamaños exageradamente enormes, y eran cargados con facilidad por unos individuos conocidos como los Custodes Aghary, guerreros de armadura dorda y cuerpos enormes como gigantes; algo que le había fascinado era el uso que esas personas le daban a la energía conocida como la magia. O era así como las personas de aquel barrio bajo denominaban a la energía que expulsaban aquellas armas creadas por sus artesanos.

Irelia se encontraba en una habitación pequeña, una cama improvisada con una manta echa de múltiples mantas que ella misma había diseñado, el tamaño de la manta era grande, tanto así, que podían caber dos personas; sin embargo, a ella ya no le importaba. Su hermana había escapado con la promesa de regresar con ayuda, pero nunca había regresado, lo más probable era que la hubieran capturado y la hubieran vendido como esclava en otra ciudadela, donde Dios sabe qué cosas le harían, y la clase de trato que recibiría. Aun así ya no importaba; Irelia había sido abandonada, dejada de lado. Su hermana había escapado con la promesa de traer ayuda; y sin embargo, nunca había regresado.

Sola; siempre había estado sola. Ya se había acostumbrado a aquella sensación y se sentía familiarizada con la soledad.

“Cuando estás sola, nadie puede lastimarte. Cuando estás sola, nadie puede herirte”.

Aquellas palabras se las había dicho ella misma entre sueños. Irelia había optado por estar sola, porque así tenía más ventaja en la vida que llevaba, pero siendo sincera consigo misma, nunca había tenido una vida. Su vida había estado llena de mentiras, llena de engaños y desilusiones. Ya no tenía ningún sentido seguir viviendo, sabía que nadie vendría a por ella, siempre lo había sabido; odiada por su propia gente, y quizás odiada por su propia hermana.

Irelia Recordaba cómo había llegado a aquel planeta, recordaba como aquella raza conocida como los Alfa Draconianos, recordó como la habían dejado a su suerte en ese maldito planeta, un planeta donde la gente no tendría los recursos necesarios para hacer viajes intergalácticos; sin embargo, a Irelia le sorprendía que aquellas personas pudieran viajar entre las dimensiones.

En el centro de la ciudadela de Arnuin habían mausoleos con barcazas flotantes que podían fracturar el espacio y abrir brechas dimensionales donde podían efectuarse viajes de larga a corta distancia; de hecho, en muchas zonas de la Capital de Arnuin había tenido la suerte de ver portales dimensionales activos; los habían para viajes de corta distancia, como los de uso personal para un viaje a larga distancia; y había escuchado que el uso de los portales era gracias al dominio de la materia y la frecuencia que se movía en las partículas del espacio, algo que ni siquiera las hechiceras más dotadas de aquella ciudadela habían logrado descifrar.

#6

“Creo que la gente de este planeta relaciona muchas cosas fuera de su percepción con el concepto de magia; sin embargo, he visto que la mayoría de cosas y proezas que alcanzan son clases de energía cuántica”. Pensó Irelia, viendo una barcaza flotando en el cielo esclarecedor.

Siguió la ruta de la barcaza con la mirada; el barco, se asemejaba a una nave inter-estelar, con la diferencia de que aquella barcaza parecía una fortaleza flotante, decorada y ornamentada, tenía un globo gigantesco de forma ovoide, como un ovalo en vertical que mantenía la nave a flote, en la proa de la nave se encontraba la escultura de una mujer empuñando una espada, era como si la estatua de bronce apuntara su arma contra el cielo blanquecino, en la proa se encontraban figuras diminutas, aquellas figuras se movían de izquierda a derecha corriendo de aquí y allá.

De manera inmediata un rayo de energía envolvió la barcaza, las figuras diminutas que ya hacían en la proa de la nave se esfumaron dirigiéndose al interior de la barcaza, luego de un parde minutos aquel rayo de energía se aglutino en el punto de la proa, diversos ases de energía viajaron hacia la estatua de bronce, y un rayo de energía refulgente como un láser se disparó en el espacio; el espacio blanquecino se abrió como una boca negra y humeante, la barcaza que ya hacía cubierta de aquella energía azuloide se introdujo por aquella brecha y se perdió en el espacio dimensional.

Irelia capto aquella imagen impresionada, asombrada, acto seguido se levantó de su lugar y capto que alguien subía a su habitación, era Kirosh que por el tono de su voz y por la discusión que se estaba llevando en el exterior de la habitación, significaba que estaba furioso, era por algo o alguien; Kirosh no se enfurecía de la nada, eso era algo estúpido, quizás aún seguía furioso por la desaparición de su hermana o quizás por otra cosa. Irelia detecto que el hombre se dirigía a su cuarto, y se lanzó al suelo, se cubrió con su manta y disimulo estar dormida. Escucho el chillido de la puerta al abrirse, el viento helado del exterior, el aroma a pan y la carne asada, luego escucho el sonido de la respiración de Kirosh; Irelia sabía lo que vendría luego. Kirosh volvería a desfogar su rabia en ella, la golpearía. La golpearía hasta que su piel se volviera roja como la sangre, y la seguiría golpeando.

#7

Capítulo I

“Un guerrero no puede arrepentirse de nada, porque su vida siempre será un interminable desafío.”

Agueon, el lobo negro.

La muerte iba con él.

Amanecía en la Capital de Arnuin, las calles se llenaban de comerciantes y labriegos que iban de aquí y allá, del Este y del Oeste; en las zonas más altas como en el distrito de Fheluan, los nobles salían de sus respectivas casas, para continuar con su labor de todos los días. Las calles estaban conformadas por hileras de bibliotecas, y los tecnosacerdotes, caminaban impartiendo el conocimiento de la Dama de Negro, la diosa de los altos evolucionados.

En las calles casi vacías como en el distrito Drigad, los ladrones y cazarrecompenzas salían para recibir los encargos de todos los días, con el destino de mancharse las manos de sangre, pues en los distritos como Drigad y Adhalyan la vida era efímera, y escasa, todos podían matarte, todos eran tus enemigos; en el momento en el que nacías te volvías en un objetivo para los más fuertes, la única manera de sobrevivir era traicionando; traicionar no tenía nada que ver con la amistad; era un simple acto de supervivencia.

#8

Justo ese día un extranjero venido de otras tierras ingresaba a una de aquellas calles vacías, el joven extraño miro hacia los alrededores de una manera sigilosa, atenta. Como siempre las primeras que lo vieron fueron las prostitutas que se acercaron para proponerle garantías seductoras y tratos especiales en la cama, pero el joven no buscaba placer y paso de largo sin darles una sola mirada.

Luego se revelo que el nombre del extranjero era Agueon; sin embargo, algunos residentes, sobre todo mercenarios que ya hacían en la zona lo tomaron como una broma, como un chiste. Aquella pequeña presencia no podía ser Agueon, no podía ser el lobo negro, el asesino de asesinos; aquella presencia era solo la de un muchacho fingiendo rudeza o dureza. Sin embargo, muchos de los residentes ya presentes tenían alguna idea de quien era. Se decía entre las historias que Agueon iba armado con una espada curvilínea, ancha y larga, en el cuerpo de la espada estaban inscritas runas que eran según las historias; palabras de una tierra antigua y misteriosa, una tierra que había sido redescubierta hace miles de años, cuando Valimar era un Imperio glorioso. De aquellos días ya no se hablaba, y si se especulaba, solo era entre murmullos y risas.

Agueon recordaba cómo había sido el País de Valimar, recordaba Arnuin, la capital de cristal, oro y Marmol, lo que antes era una ciudad de conocimiento e industria, alejado del dogma político y religioso, se había vuelto en un País decadente, donde la única esperanza era la muerte, donde un puñado de personas luchaban por sobrevivir, y donde la vida se había vuelto en un negocio. Negocio con el cual los burgueses y la clase noble se beneficiaba, la mayoría de ellos ni siquiera eran humanos; claro, iban con apariencia de hombres, pero no eran hombres, atraves de la máscara de carne y hueso, aquellos duques y burgueses que se confabulaban en los altos cargos de poder eran criaturas interdimensionales. Agueon sabía lo que eran, aquellas personas eran algo más que hombres.

Él lo sabía, y ese motivo lo había llevado a regresar a aquel continente, ese motivo lo había obligado a escapar de las terribles arenas de combate en Malash, donde antes había sido esclavo, ese motivo lo había traído devuelta a Valimar, también lo había traído el recuerdo de una promesa, el recuerdo que le había hecho a una mujer en la ciudadela amurallada de Ihkar, allá en Malash.

#9

“Ayuda a mi hermana, regrésala a…”. Las palabras se habían cortado, la imagen de la mujer de pelo plateado había quedado suspendido, los ojos abiertos en una imagen dolorosa de pena, tristeza y muerte. Agueon nunca supo lo que quiso decirle aquella mujer, pero sabía que se refería a alguna parte entre las dimensiones o Quizás del mundo.

Agueon aún tenía pesadillas cuando recordaba esa imagen mortificante, aquella mujer ni siquiera había tenido una muerte feliz; sin embargo, siendo sinceró consigo mismo, ninguna muerte lo era, pero aquella imagen de crudeza lo atrajo a la realidad.

Agueon apretó los puños y recordó lo que la mujer le había dado, un amuleto de color azul como el cielo, con diademas pequeñas que flotaban a su alrededor, le había prometido a aquella persona que encontraría a su hermana y la devolvería a su lugar de correspondencia. Al cazarrecompenzas no le gustaba hacer promesas, pero si ese era el deseo de su compañera de celda así lo haría; algo que había aprendido era a cumplir el último deseo de aquellos a quienes había conocido y si ese era el deseo de su amiga, pues así lo haría, por muy pequeño y sencillo que fuera y por muy molestoso que fuera. Volteo la mirada hacia el blanquecino cielo, y luego se dio cuenta de que muy pronto las nubes blancas se desvanecerían y el sol arraigaría el cielo iluminando la ciudadela, observo la serpenteante calle Shullan, las casas alzadas como montañas uniformes de una forma serpenteante, hileras e hileras de postes eléctricos como faros se acumulaban en la callejuela, acto seguido observo a los cientos de mendigos y huérfanos que ya hacían a su alrededor, muchos de ellos solo lo miraban con curiosidad; Agueon cerró los ojos con tristeza y siguió su recorrido sin mirar atras.

#10

................

#11

Luego de un parde horas de larga caminata se detuvo justo en una vieja posada. Aquella posada tenía el símbolo de una serpiente comiéndose la cola, y el cazarrecompenzas supo que aquel era el lugar que había buscado con mucho ahínco. La posada “El mirador Cerrado” ya hacía frente a él.

Agueon observo la estancia por primera vez, e ingreso a esta de manera silenciosa. Callada.

Como siempre la posadera y el posadero lo recibieron con una cordial sonrisa, los modales eran necesarios, no importaba quien fuera el cliente. Aquel día la posada no se encontraba llena. Parecía un lugar desierto, había uno que otro borracho tirado en el suelo, uno miro al cazarrecompenzas, intento farfullar algo pero no pudo hacer más que solo decir idioteces sin sentido, balbuceaba palabras inteligibles, pero no se llagaba a entender lo que decía con claridad, al final el borracho se levantó y se retiró de la posada.

Agueon volteo para mirarlo por última vez y por un segundo aquel rostro se le hizo familiar, luego reconoció al borracho, era uno de los esclavos que había conocido en su estancia en Malash, una parte humana de él quiso apoyarlo, darle un hombro con que sostenerlo y sacarlo de aquella miseria, pero ese hombre no le haría caso. Consciente de ello se dio la vuelta y sin mediar palabra se dirigió hacia la posadera.

– Buen día. ¿Se le ofrece una habitación? –Inquirió la mujer con una cordial sonrisa.– ¿Desea cerveza, algo de comer?

– Solo agua por favor – dijo el extraño, con una vos que parecía a un frio e hiriente viento del desierto.

– Entiendo.

Sin embargo, el joven se lo pensó, se llevó la mano al mentón, y entonces pregunto:

– ¿Qué clase de comida tiene?

La posadera cuyo nombre era Magnolia le enumeró un listado de comidas y bebidas que disponía en la posada. Agueon la miro con seriedad y luego se sonrió de manera repentina.

– Pues entonces quiero una pierna de pato y solo un vaso de agua.

La posadera asintió.

– Serán veinte monedas Valeran.

El joven alzo los ojos un tanto extrañado.

– ¿Eso es demasiado para una pequeña porción? ¿No lo cree? – Inquirió el cazarrecompenzas extrañado.

La mujer lo miro inquisitivamente, y luego aparto su lúgubre mirada del extraño.

– ¡Si no le gusta, largo de aquí!

El joven echo un suspiro de auto convencimiento.

– Lo comeré de todas maneras. – Respondió el joven cambiando la expresión de su rostro.

La posadera lo miro directamente, detenidamente, analizando cada minucia.

– Usted no es de Valimar. ¿Cierto?

Pero el joven no contesto.

– ¡Bah! qué más da, solo le sugiero tener cuidado, los extranjeros no perduran mucho tiempo en esta ciudadela. Además, la mayoría de inmigrantes ilegales son asesinados apenas tocan un barrio tan bajo como este. ¿Qué lo trajo aquí?

El extraño no respondió, solo se limitó a mirarla; su mirada era profunda y severa para solo un muchacho de 18 años.

#12

– Eso ya no importa. El por qué este aquí es irrelevante para usted.

El posadero que había escuchado la respuesta del joven recién llegado se acercó y se sentó junto al extranjero.

– Usted viene del nuevo continente, ¿no es así?

Agueon asintió.

– Entonces las historias son ciertas –, susurro Kirosh, mirando al joven forastero. – ¿Es cierto que las riquezas minerales abundan como la leche en el nuevo continente?

El joven lo miro atentamente.

– Si, pero la mayoría de minas y recursos primos están siendo custodiados por los Señores jaguar y los señores puma.

El posadero bufo y escupió.

– ¡Vaya, que putada! – Vocifero con un tono frustrante y furioso.

Agueon lo miro con incredulidad, un tanto extrañado por la reacción del posadero, luego sonrió de un modo poco usual.

– Pero ahora con las nuevas leyes creo que algunas minas están siendo extraídas, pero con asesoría y vigilancia de los señores jaguar, para que no halla excesos. ¿Sabe cuánto tiempo demora en formarse solo un mineral como el oro y el diamante?

El posadero lo miro, incrédulo.

– No. ¿Cuánto tiempo demora?

– Son como unos 4000 años, y además el oro es el metal más difícil de extraer.

– ¿Por qué? – Pregunto la posadera intrigada.

El extraño la miro, parecía por su parte estar pensando.

– Por el mercurio.

– ¿Qué es eso?

– Es un componente venenoso que esta junto con el oro; además de otros elementos químicos que van juntos con el metal.

– Vaya mierda de trabajo. Entonces los que están trabajando en las minas no la tienen nada fácil.

Agueon fijo una mirada seria en los ojos del posadero, de modo que el ambiente se tensó.

– Nada es fácil en esta vida, nada llega de la nada, uno tiene que jugársela cada día para obtener lo que realmente quiere. Hoy en día si quieres obtener lo que quieres tienes que arrebatarle algo a otro si realmente lo quieres. Es la ley del más fuerte y la suerte del más astuto.

El posadero sonrió de un modo poco habitual, algo asustado. El gordo miro al cazarrecompenzas con atención, su mirada solo presagiaba destrucción, luego miro la pintura de una guerra sucedida hace ya 100 años.

– Eso muestra que el mundo está cambiando.

Agueon miro al posadero con certeza, acto seguido negó con la cabeza, sus ojos rojos hendieron en la quietud de la posada.

– No. – Negó el joven con la cabeza –. El mundo sigue igual, solo que ya no queda nada en él. Fue lo mismo que les paso a los hombres anteriores, y es lo mismo que le pasara a la sociedad actual; aun así la vida sigue, con sus idas y venidas. Pero bueno, esa es otra historia.

………

Irelia escuchó atentamente aquella conversación; se mostraba un tanto desconcertada por las aserciones que el joven extranjero había dado, sobre todo por el tema de los señores Puma; sin embargo salió de su ensimismamiento cuando escucho que la llamaban; la potente voz de Magnolia hizo que Irelia se levantara de un salto, la joven lyriana se puso tensa y los pelos de la nuca se le erizaron. Entonces de manera inmediata bajo de las escaleras y se dirigió al primer piso, al lugar donde la golpearían, al mismo lugar donde la insultarían, donde la denigrarían.

Magnolia la golpeaba y con frecuencia amenazaba con venderla. Sin embargo, Irelia sabía que ella no podía hacerlo, hasta donde Irelia tenía entendido ella iba a ser ofrecida como tributo para el Duque Vermillon, sin que ella lo supiera su destino iba a cambiar de manera repentina, dando un vuelco de 360 grados.

– ¡Irelia! Tenemos clientela. ¿Qué demonios estás haciendo? ¿ Acaso crees que tengo todo el jodido día? Tu perra asquerosa.

Irelia bajo la mirada, dándole lo que esperaba a su matrona, y soporto los gritos de una amargada Magnolia que la esperaba en medio de las escaleras.

#13

Agueon ya hacía como a unos metros de distancia de lo acontecido, miro a la joven de orejas puntiagudas, y no dijo nada, la miro con tristeza, mientras la posadera la jalaba de los cabellos y la llevaba hacia la cocina. Era su matrona después de todo, tenía el derecho de hacer eso, tenía el derecho de hacerle infinidad de cosas hasta que la ofrecieran como tributo. Hasta que muriera, pero ese día las cosas cambiarían.

– ¡Ah! ¡Maldita perra! –Exclamo Kirosh –¡Su hermana era otra igual de zorra, y al final término abandonándola! La muy cabrona escapo. ¿Te lo imaginas?

Agueon miro al posadero, acto seguido frunció el ceño de un modo conspiranoico.

“Eso lo explica; eso explica muchas cosas”. Pensó Agueon, recordando a Myrene, su compañera de celda que había acabado en el mismo infierno en el que él había acabado. Eso hasta que Agueon organizo uno de los escapes más brutales que se contarían en la historia de Malash. De aquel acontecimiento no se hablaba y de aquella tragedia no se susurraba, ni el asomo de un superstición.

Agueon miro al posadero con desaprobación, pero no dijo nada. Sabía que a esas alturas decir algo en defensa de aquella lyriana solo sería darle más rienda suelta a una vida llena de miserias. Si iba en su defensa, solo acrecentaría el instigamiento, el abuso, y las palizas. No, ese no era el estilo de Agueon.

La posadera se aproximó y se disculpó con el joven por las molestias, por la tardanza y el mal momento que había tenido la desgracia de presenciar.

El joven miro a la mujer, y tuvo que verse obligado a sonreír. Kirosh se volteo nuevamente y le echo una sonrisa a su captor.

– ¿Y dígame? ¿Cómo es?

El joven se volvió para mirar la gorda cara del posadero.

– ¿Se refiere al nuevo continente? – Inquirió.

– Exacto. – Afirmo Kirosh

– Pues si me lo pregunta es porque nunca estuvo ahí. – Agueon frunció en entrecejo y luego esbozo una sonrisa–.Es un lugar basto de recursos; sin embargo, algunos pobladores que se han establecido ahí se han dado cuenta que las criaturas que habitan dicho continente son distintos a las criaturas de este continente. La mayoría de ellas son casi inmortales y no se mueren a pesar de que les atravieses con una espada, o a pesar de que les cortes la cabeza. Una de esas criaturas son los señores jaguar.

El término era nuevo y Kirosh alzo la mirada en un signo de pura incredulidad

– ¿Los señores jaguar? – Inquirió un tanto extrañado.

– Sí. – Afirmó Agueon, asintiendo. – Los Señores Jaguar. Viven en la selva, conocida como la selva del amazonas.

Kirosh abrió los ojos, un tanto sorprendido.

– ¿Hay selva en ese continente? – Inquirió el posadero sorprendido. – Había escuchado que había una región donde había costa sierra y selva, pero siempre creí que eran especulaciones, en qué lugar de este continente ves un País con tal Ventaja. ¿Te lo imaginas? Costa, Sierra y Selva. Mierda, los nobles deben estar dándose la gran vida en esa área.

– Nadie ha entrado a esa zona, es territorio de los Señores Jaguar y de los Señores Puma, ya hubo intentos de los Ejércitos Valinienses por intentar invadir el País de aquellas criaturas, pero fracasaron, los únicos sobrevivientes son los huesos y los gusanos . Sin embargo, siempre hay uno que otro que se atreve a ingresar a esos territorios. La fruta crece hasta un tamaño que realmente deja boquiabierto a muchos extranjeros, y ya hubo emisarios de la corte y señores de otras familias nobles que se están movilizando hacia el nuevo mundo por tierras, gloria y riquezas, pero están teniendo problemas con los señores puma y los señores jaguar.

Kirosh se mostró más interesado, la idea de escapar hacia el nuevo continente para cambiar su jodida vida se estaba haciendo realidad; sin embargó, tendría que sobrevivir a un verdadero infierno; Kirosh había escuchado que había criaturas que podían matar incluso de día. Era por eso por lo que los custodes y Colosos se atrincheraban en las ciudadelas; era por tal motivo por el que se habían pactado alianzas que en antaño no se hubieran podido pactar.

– ¿Y cómo son los señores jaguar y los señores puma? – Pregunto el posadero en el total desconcierto.

#14

Agueon frunció el ceño, suspiro y luego negó con la cabeza detectando la curiosidad e intención detrás de los ojos de Kirosh. Había visto esa mirada en las personas que buscaban escapar y rehacer sus vidas, y por un momento sintió lastima por el hombre, pero Agueon ya no tenía tiempo para la lastima. Ya había tenido mucho de eso; vacío su mente y cerro sus emociones, los sentimientos no debían dominarlo.

#15

– Son guerreros letales cuerpo a cuerpo, –contesto, tomando el hilo de la conversación, –es una raza originaria de este planeta, y no, la plata no les afecta, de hecho ninguna aleación o metal les afecta, miden de entre 5 a 4 metros de altura, y tienen una musculatura que realmente dejaría perplejo a cualquier guerrero por muy letal que sea, y la palabra miedo no está en su vocabulario. Sin embargo, no es una raza que vaya de lugar en lugar a otro impartiendo muerte y guerra, a ellos no les agrada la guerra; sin embargo, tienen que defenderse, y es ese el motivo por el que tienen que verse obligados a emplear la guerra.

El posadero escucho sorprendido al extranjero, sin saber que decir.

– Bueno, vaya historia la que me has echado encima. ¿Eh?

Irelia se acercó caminando cuidadosamente, mientras fijaba su mirada en el cazarrecompenzas, Agueon le sonrió de manera afectuosa y recibió la comida antes de que se le cayera a su captora.

Kirosh echo un resoplido de disgusto.

–Ahí tiene su comida. Apresúrate mocosa, no hagamos esperar a nuestro cliente.

Kirosh enarco una sonrisa amistosa asintiendo, y luego le dio una palmada a su captor; el joven se sonrió y asintió del mismo modo.

– ¿Bueno, ya tiene todo lo que quiere? ¿No es cierto?

Agueon asintió.

– Bien, tu – indico el posadero señalando directamente a Irelia –, atiende a nuestro hospedado, y no lo hagas molestar.

Irelia asintió agachando la cabeza y se sentó al lado del cazarrecompensas y por primera vez se vieron las caras. Kirosh negó con la cabeza dando un suspiro y luego se alejó hacia la butaca donde ya hacían un montón de platos y sillas acumuladas.

– ¿Irelia, no es cierto?

Irelia lo miro pero no dijo nada, solo se encogió de hombros.

– Irelia, mi nombre es Inac Sumac, haci me llamaba mi pueblo

– ¿Tu pueblo? – Inquirió Irelia, mirando fijamente a Agueon –¿Cómo se hacían llamar?

Agueon sonrió, tomo su vaso de agua y miro fijamente a la lyriana.

– ¿Mi pueblo? – Agueon alzo la vista hacia el techo. –Eso ya no importa.

– ¿Por qué? – Inquirió Irelia extrañada.

– Es una historia muy larga, una historia que se remonta hace ya mucho tiempo. Una historia olvidada. Es la historia de una tribu aymara.

Agueon sonrió y por una extraña razón Irelia sintió una extrema relajación, dejo de ponerse tensa y miro a su captor un poco más relajada. El joven le sonrió y ella le devolvió el gesto.

– Mi nombre es Irelia Ashtar Ahal.

El joven la miro un tanto intrigado, la lyriana cambio su semblante y se ruborizo.

#16

“Ashtar Ahal; si, ese era el nombre” – Pensó Agueon mientras miraba a Irelia con mucha atención.

– Ya veo, así que es a ti a quien se refería. – Susurro.

– ¿A mí? – Inquirió Irelia.

Agueon se volteo un tanto sorprendido, dándose cuenta de la situación en la que se encontraba.

– Nada, por ahora no es relevante.

– ¿Relevante? ¿A qué te refieres?

Agueon solo le hizo un gesto con la mano, he Irelia se vio obligada a ignorar lo que aquel joven había dicho.

Se creó un silencio de expectación, un viento helado se apodero de la posada y entonces el joven miro al posadero, miro la tajada de pato que le habían ofrecido y acto seguido hizo presión en la carne. Una sustancia de un color marrón como aderezo salió de la carne; cualquiera hubiera pensado que era solo aderezo, pero en su gran gama de conocimiento Agueon sabía que era. Se percató que aquella sustancia era veneno. Tal vez los posaderos habían querido deshacerse de el a su manera. Sin embargo, Agueon ya era experto en aquel ámbito, también hace mucho habían querido envenenarlo, también había sido testigo de traiciones e intentos de asesinato.

– Interesante, – susurro, mirando al posadero, desvió su mirada hacia Irelia que se encontraba a su lado con un gesto de nerviosismo, acto seguido le sonrió. – Querida, me puedes traer otro vaso de agua y por favor tráeme a la posadera. De echo, haz llamar a tus dos patrones. Por favor.

Irelia asintió un tanto extrañada mientras Agueon le sonreía, el cazarrecompenzas tomo el cubierto y lo clavo en la pierna del pato, clavo el cubierto con mucha fuerza, como si estuviera clavando un cuchillo en el cuerpo de una víctima.

Irelia subió las escaleras asustada por la reacción repentina del joven cazarrecompenzas, había visto esa cara en otros hombres, pero aquellos ojos la llenaron de terror, un terror triple seguido por un escalofrió que le hendió todo el cuerpo. Llego a la habitación de su patrona y toco tres veces la puerta, la señora Magnolia le abrió de manera veloz y la miro con el desprecio que siempre se tenía hacia los Elokhar.

– ¿¡Otra vez tú!? ¿Ahora qué ha pasado?

Irelia agacho la cabeza en señal de sumisión, y luego contesto:

– Disculpe mi señora, pero es el cliente… Está pidiendo su presencia.

#17

La señora Magnolia cambio su semblante de sopetón, como si estuviera asustada, alarmada por algo que iba a acontecer, así que la mujer tomo el cuchillo que tenía en una mesita de al lado y lo guardo en su prenda dirigiéndose rápidamente hacia el primer piso donde ya hacia el cazarrecompenzas. La imagen de Agueon era la figura de una persona diferente, ya no tenía nada del semblante amistoso que lo caracterizaba.

La mujer se acercó junto con Irelia y le sonrió de un modo persuasivo.

– Joven Agueon, ¿no es cierto?

– Si – afirmo Agueon con una mirada fría.

Agueon se levantó, miro directamente a Irelia y le indico que se dirigiera a su habitación.

– ¡Oiga, usted no puede darle ordenes! – Exclamo el posadero de un brinco.

Agueon lo miro con un cierto aire asesino; sus ojos, se asemejaban a los de un lobo vigilando a su presa.

– Puedo, puedo hacer lo que se me venga en gana. El dinero abre muchas puertas, ¿lo sabía, Kirosh? – Agueon dirigió su mirada severa en la joven Elokhar y acto seguido le hizo señal nuevamente para que Irelia se retirase. – Vete de aquí, ve a tu habitación. Pronto acabara.

Irelia asintió asustada, sin comprender lo que estaba pasando, percibió el cambio de tensión en sus dos patrones, percibió el miedo en el ambiente, como un peso que cayera sobre ella, sabía que algo indescriptible sucedería, no estaba segura de que sería, pero percibió que no sería nada bueno; así que subió de inmediato a su habitación, subió corriendo y no miro hacia atrás.

Una vez Irelia abandono la estancia, Agueon sonrió de una manera poco normal; no parecía una sonrisa amistosa, sino que parecía la sonrisa de una persona maliciosa, acto seguido ordeno a los dos posaderos que se sentaran junto a él. Coloco dos sillas en su delante y ordeno a sus captores sentarse junto a él.

–Espere, ¿Por qué demonios tengo que hacerle caso? – Inquirió Kirosh con un semblante lleno de indignación.

Agueon cambio la expresión de su rostro y la sonrisa se le desvaneció, solo para dejar una expresión fría y calculadora.

–Por qué le conviene, les conviene a los dos.

Agueon levanto la mirada hacia el techo de la posada.

–Hace un buen tiempo, cuando era aún más joven habría matado a personas como ustedes. ¿Lo sabían? – Agueon tomo la presa de carne y se lo aventó al posadero, la sustancia marrón que salió de la pierna de pato se derramo en el suelo dejando una mancha similar a la grasa, – se reconocer un veneno cuando lo veo, sobre todo si el veneno está bien camuflado con la comida, yo también he envenenado de la misma manera en la que ustedes lo han intentado. En mi cultura, del lugar de dónde vengo, el intento de asesinato se paga con la vida, pero para su suerte, no estamos en esos tiempos. De estarlo, vuestras cabezas estarían volando por los aires en el acto; sin embargo, cosas como estas demandan un pago.

El posadero miro intimidado al cazarrecompenzas y por alguna extraña razón sintió que el ambiente se puso mucho más tenso, empezó a sudar, nervioso, se llevó la mano a la frente limpiándose el sudor. Miro a Magnolia, y vio la intención que auguraba en los ojos de la mujer. Kirosh negó con la cabeza, acto seguido le indico a Magnolia de que no se moviera y que no efectuara una acción imprudente del que solo ella saldría herida, o mucho peor, muerta.

– ¿Qué es lo que demandas? – Inquirió Kirosh a regañadientes.

Agueon frunció el ceño, se acercó al posadero, y de manera inmediata lo tomo de la camisa y lo aventó al piso como si no fuera más que un trapo; Agueon era fuerte, demasiado fuerte, tanto así que el cuerpo gordo de Kirosh parecía un juguete, una rama de madera que un niño podía manejar a su manera, como una ramita, tomo a Kirosh por la muñeca y le quito la manga de su respectiva camisa, de hecho se la arranco, el posadero quedo paralizado, atónito, sin saber que decir.

Magnolia que ya hacía cerca del individuo intento atacarlo con el cuchillo que había ocultado de bajo de sus botas, pero no pudo moverse, también se había quedado paralizada, presa de una tremenda parálisis. Agueon tenía sus ojos posados en ella, su mirada intensa no se apagó en ningún instante, y luego se volteo para mirar al posadero con seriedad. Levanto el brazo del hombre en persona, y le bajo la manga de la camisa; en la muñeca de Kirosh diviso un tatuaje con el decorativo de dos serpientes entrelazadas. Decorativo de una casa noble, distintivo de la casa del Duque Vermillon.

– La casa Vermillon. – Agueon alzo la mirada y se fijó en Magnolia. – Bien. Me llevare a Irelia, a su esclava, su sirvienta, su objeto de juego, como le llamen, estoy más que seguro que eso solventará el intento de asesinato.

#18

Agueon levanto al posadero con tal fuerza que sin darse cuenta se había estrujado los huesos; balanceo el cuerpo de Kirosh como un juguete y lo empujo a los pies de su esposa.

Ambos lo miraron desconcertados, sobre todo Kirosh que parecía estar más alarmado, se encontraba con una mano derecha sosteniendo la muñeca izquierda; debido a la enorme presión que Agueon había ejercido en esta.

– Pero ella es irrelevante, no tiene importancia. – Comento Magnolia un tanto extrañada. – Además, es nuestra sirvienta, usted no se la puede llevar, su hermana la abandono y nos dejó a cargo de ella, esa estúpida de mierda abandono a su familia, a su propia hermana, ella no se puede largar, tiene una deuda que pagar. Además ella…..

Agueon se llevó la mano al mentón, pensativo.

– Intentaron matarme. No están en posición de darme condiciones, esa muchacha vendrá conmigo, No es nada personal, pero le prometí a su hermana sacarla de este basurero, pensaba matarlos a ambos y a todo el que se interpusiera, pero el destino jugo a su favor. Además a mi modo de ver, sus vidas ya están condenadas. Así que hare esto. Hare la vista gorda y no los matare, ustedes harán de cuenta que nunca me vieron, ustedes no sabrán donde estará ella y mi intención es que ella no vuelva nunca más a poner un pie en este lugar. Yo perdonare sus miserables vidas y a cambio ustedes me darán lo que ustedes consideran valioso. Le conviene esto, ¿sí o no?

El semblante de la posadera se puso más tenso. Magnolia miro a Kirosh, la mujer estaba esperando a que su esposo hiciera algo, pero se dio cuenta de que su esposo también estaba asustado.

– No se le ofrece otra cosa, tenemos…

Agueon negó con la cabeza, cortando las palabras de Magnolia.

– Es eso o la vida. Conozco a gente como ustedes; vosotros sacrificáis niños, y los lleváis a la casa Vermillon como tributo, ¿no es cierto? A cambio el Duque Vermillon debe darles seguridad y estabilidad, eso explica cómo se mantienen vivos en este lugar su señor debe ser una criatura muy peculiar. ¿No es cierto? – La voz de Agueon se volvió tan amenazante que hizo que la pareja de posaderos palideciera, haciéndose para atrás asustados; aquellas palabras pillaron por sorpresa a la pareja de posaderos; Agueon abrió los ojos con más intensidad–. No me tomara tiempo matarlos, solo unos tajos desde el pecho hasta los intestinos y la vida será derramada en lo ya vivido. Será entonces cuando los mire a los ojos, hasta que estos se tornen blancos y sin vida, será ese el momento cuando sus almas me pertenezcan.

Era cierto, para Agueon los ojos eran las ventanas que reflejaban el alma; según las costumbres antiguas de su pueblo, un hombre debía mirar a los ojos de su padre o su victima si quería recibir las características y bendiciones del alma de su benefactor, aparte de ello el individuo recibía 30 años más de vida; pues cuando se miraba a los ojos de un hombre que estaba a las puertas de la muerte el alma de este, era absorbido por el otro de manera irremediable; era así como se conseguía ampliar la fuerza del alma, el campo áurico, la energía de la antimateria, o para muy mal entendidos, la fuerza de la antimagia.

#19

-- Ustedes trabajan para la familia Vermillon, ¿no es cierto?

Los dos posaderos asintieron asustados.

Agueon abrió los ojos con más intensidad, su mirada se volvió en la pura muerte; aquella mirada provocaba una sensación de desesperanza, la sensación de sentirse acorralado, la sensación de sentirse impotente.

Agueon se llevó la mano izquierda hacia la empuñadura de su espada, las marcas de su brazo brillaron, al tiempo que el cazarrecompensas acumulaba la energía vibratoria que lo rodeaba.

Kirosh sintió el peligro acercarse de manera inmediata, sintió el filo de aquella arma, sintió que el latido de su corazón le estallaba en el pecho como una bomba, sintió el peso del ambienta y luego levanto las manos como si estuviera pidiendo perdón.

– ¡Esta bien! ¡Está bien! ¡Por los Dioses! – Grito, – llévate a esa maldita zorra, y no te vuelvas a acercar a este lugar, tengo amigos, contactos; te buscaran hijo de puta, te cazaran como si de un perro se tratara y violaran a esa perra, la dejaran tan...

El posadero se quedó callado cuando miro directamente a los ojos de la figura que ya hacía en su delante, había visto a asesinos, mercenarios, brujos, rivios, pero aquello lo lleno de un puro y desnudo terror; el rostro de Agueon parecía como una máscara cadavérica rota, y sus ojos habían adquirido un matiz retorcido, casi demoniacos, y Kirosh tuvo que arrodillarse ante aquella figura, como si le estuviera pidiendo perdón. Aquel rostro era muy parecido al rostro de un Dios de la muerte, imponente, destructivo, monstruoso. Era como si Agueon lo estuviera golpeando con la mirada. Aquello era peor que enfrentarse a un Mago o a una Hechicera.

#20

Magnolia se encontraba desesperada por aquella visión; grito de manera frenética, y luego llamo a Irelia.

La joven bajo de manera inmediata. Cuando Irelia descendió, la intensidad que auguraba la estancia se detuvo; sin embargo ella pudo sentir aquel peso en el ambiente, y sus ojos se abrieron de perturbación.

De manera inmediata aquella sensación deshizo de manera abrupta, como si todo se hubiera puesto en calma; como si el viento siempre fluido hubiera vuelto a fluir en la posada. Magnolia que ya hacía de rodillas miro a Irelia furiosa. Su rostro estaba sudando, como si se esforzara por levantarse; Kirosh estaba igual, incluso estaba peor, parecía un perro herido que daba alaridos y gimoteos cuando podía. Cuando Magnolia se recompuso se levantó, y miro fijamente a Irelia.

– Bien maldita. Ya es hora de que te vayas de aquí, supongo que es tu día de suerte. ¿Ves a esta persona? será tu nuevo amo; espero que lo disfrutes.

Por un momento Irelia sintió que dejaba de lado una enorme carga, quiso sonreír, pero se contuvo.

– ¡Ahora lárguense de aquí! Si los vuelvo a ver…

– Si me vuelve a ver tenga la certeza que solo será para reclamar su cabeza y exigir mi recompensa. – Afirmo Agueon, cortándole con una vos que parecía más una advertencia que una amenaza. – Querida.

Agueon miro fijamente a Irelia, asintiendo. Su semblante no había cambiado, en su mirada no había duda, ni vacilación.

Irelia asintió, y por primera vez en toda su vida pudo sonreír.

Y gracias a Agueon ella sintió esperanza y gracias a ella pudo Agueon continuar en la senda de la virtud, a pesar de ser un cazarrecompenzas. Sin embargo, antes de irse, Agueon se dio la vuelta y miro fijamente a Irelia, luego miro a los posaderos, y con una sonrisa dijo:

– Kirosh, quiero que le des un mensaje al Duque Vermillon, estoy seguro de que esa criatura estara muy interesada en saber que estoy aqui.

Kirosh abrió los ojos sorprendido.

– ¿Usted lo sabía? ¿No es cierto?– Pregunto la posadera con una mirada llena de ira e impotencia. – Usted sabía que nosotros trabajábamos para el Duque.

#21

Agueon se sonrió, su sonrisa no era la de un joven alegre, su sonrisa era la de una persona embaucadora, sádica.

– Por supuesto que lo sabía; ¿cómo no iba a saberlo? Lo supe desde el momento en el que entre, no había nadie en la posada, dos muertos de hambre con sonrisas fingidas y una esposa que seguramente debió ser prostituta en el pasado; también lo supe por el símbolo de las serpiente comiéndose la cola en su puerta, por el tatuaje que lleva su esposo al que usted engaña con un amante que seguro debe tener la verga más grande del mundo. ¿No soy idiota? Solo pretendo serlo, y lo hago para pasar desapercibido. Me doy cuenta cuando entro en la zona de un enemigo, se de buena fuente que el Duque Vermillon es un hombre muy especial, un hombre con mucha fuerza, y que podría levantar a un caballo sin problemas. Eso se debe a que él, no es un hombre del todo.

Kirosh lo miro con incredulidad.

– ¿A qué te refieres?

Agueon se volvió a sonreír.

– Veo que no lo sabe, pero muy pronto lo descubrirá, aunque creo que usted ya lo sabe, pero no vio su forma ordinaria del todo; por su mirada puedo deducir que no es la primera vez que se cruza con semejante criatura. Lo que me lleva a la advertencia que debo darle a tu señor.– Agueon escudriño el rostro del posadero y detecto un atisbo de miedo.– Dile que el "Lobo Negro" ha vuelto, dile a ese asqueroso reptil que lo enviare al tenue y doloroso manto de su muerte, y quiero que le de otro mensaje.

Esta vez Agueon se sonrió abiertamente, y deslizándose de una manera casi imposible le asesto un puñetazo al posadero que ya se había levantado del todo; sin saber lo que había sucedido Kirosh salió volando por los aires como un muñeco de trapo, su nariz casi perfecta ahora estaba rota he hinchada, y diversas líneas de sangre se divisaban en todo el rostro.

– Mira, te arregle la cara. – Agueon mantuvo su sonrisa, señalo al posadero y luego se dio la vuelta–.Recuerde, no olvide darle ese mensaje. ¿Claro está? Si puede enviarlo.

Agueon se volteo y se encamino hacia la puerta con una sonrisa llena de satisfacción, ni siquiera se fijo en Irelia, que hasta ese momento se mostraba totalmente desconcertada por todo lo que estaba ocurriendo.

Y así Agueon se retiró cerrando la puerta con fuerza.

Irelia que ya hacia como a tres metros de distancia se había quedado anonadada, observando los acontecimientos acaecidos, se encontraba frustrada, sin saber lo que estaba sucediendo. Agueon la miro y luego le hizo un gesto para que la siguiera; ella vacilo, era cierto, hasta ese momento nunca había tomado elecciones por sí misma, y en ese momento ella tenía que hacerlo. Ya era libre, podía tomar esa elección, largarse y ser libre.

Mientras estaba ensimismada en sus pensamientos, Agueon ya se había retirado; Irelia se percató de aquello, miro al gordo Kirosh jadeando y su esposa revisándole la nariz. Irelia se movio y se dirigió presurosa hacia su destino, y no miro atrás porque eso suponía ahondar en el pasado. Corrió hacia la dirección de su rescatista.

– ¡Oye espera! ¡Espera! – Exclamo, persiguiendo al joven cazarrecompensas.

Agueon volteo, su mirada fría y cortante provocaron que Irelia se detuviera asustada; Irelia brinco hacia atrás como si una abeja le hubiera picado; Agueon la observo con fijeza, pero Irelia se detuvo a unos metros de distancia de su rescatador, e intento mantener la distancia, la razón era clara, el rostro de Agueon estaba lleno de intensidad asesina, parecía una criatura pesadillesca. Entonces de manera inmediata aquel rostro inhumano se detuvo y adquirió un brillo juvenil y humano, tanto así que ya no parecía un demonio.

Era como si una máscara se hubiera puesto en su delante de la otra mascara para reemplazar su verdadero rostro.

– Oh, eres tú, pensé que te quedarías ahí. – Dijo Agueon al tiempo que le echaba una sonrisa llena de inocencia, Irelia ya no persivia parecía la mirada letal de hace unos segundos.

– No pensaba hacerlo, solo quería agradecerte, pero…

– No hay nada que agradecer, – contesto Agueon mirando el cielo. – Alguien a quien aprecio mucho me pidió que te sacara de ahí, y te llevara a tu lugar de correspondencia.

– ¿Alguien a quien aprecias mucho?

– Eso ya no importa. ¿Cómo te sientes? – Pregunto con una sonrisa.

– Pues, estoy mucho mejor. – Contesto Irelia con una sonrisa.

Agueon se había detenido de manera abrupta, un viento gélido paso potente hacia su dirección, pero este sencillamente se cortó, como si el elemento se hubiera anulado ante la mirada fría del cazarrecompensas; el joven tenía los ojos tan rojos como las de un lobo acechando en la noche, tenía el color de piel trigueña, ni moreno , ni muy claro su piel era casi amarillenta, su apariencia era la de un joven de 18 años, quizá menos, una apariencia que hacía que la gente lo viera como un mocoso, y que nadie le tomara enserio, y eso le daba una ventaja, y no, el rostro de aquel joven era la de una persona al que hubieran sometido a la guerra, no era guapo como en muchos libros de fantasía juvenil, no tenía un cuerpo voluptuoso y musculoso, de echo parecía que no tuviera músculos, tenía una casaca de un color azul oscuro y un polo de color negro, pantalones verdes y unas botas negras que le llegaban hasta los tobillos como las de los militares antiguos de Valimar, parecía que cada pieza de su presencia infundía un cierto grado de temeridad, era como si sus ojos infundieran miedo, pavor, su presencia era la rigidez encarnada.

Luego de un parde minutos de silencio, Agueon dirigió aquellos ojos asesinos en los ojos celestes e inocentes de Irelia, y se detuvo solo para mirarla detalladamente.

#22

La joven tenía el pelo plateado, sus ojos eran celestes como el cielo, su cara tenía el parecido a una muñeca de porcelana, era demasiado hermosa para describirla tan solo con palabras, aun estando harapienta y mugrienta, daba la impresión de que si la tocabas con brusquedad se rompería. Su mirada era tímida, como todas las personas recluidas y encerradas, una mirada asustada, temerosa, llena de miedo a ser atacada.

– ¿Sucede algo? – Inquirió Irelia un tanto asustada, aquella mirada intensa le infundio un cierto atisbo de temeridad, e Irelia se preguntó si haci se sentían las victimas cuando se veían acorraladas por una manada de lobos.

– No, solo me sorprende la semejanza que tienes con alguien en específico. – Contesto Agueon con una mirada seria.

– ¿Semejanza? ¿De quién estás hablando?

Agueon frunció el ceño y luego asintió para sí, como si se confirmara a si mismo algo que solo él podía ver. Se dio la vuelta y siguió caminando. Aquella acción dejo más desconcertada ha Irelia; sin embargo, no dejada de tener un cierto aire de temeridad hacia aquella presencia, pero lo único que le quedaba era caminar.

Cuando al fin logro alcanzar a su captor, Agueon se detuvo, miro de izquierda y derecha y luego dirigió su mirada cautelosa en Irelia.

– Hueles a miedo, lyriana.

Irelia se hizo para atrás, lo hizo de un modo instintivo, cuando los ojos de Agueon se abrieron como si quisiera devorarla. El hecho de que Agueon supiera lo que Irelia era, le hizo dudar y le urgió unas ganas de correr y no detenerse.

–Tu… Tú lo sabias.

– Todo este tiempo lo sabía, no soy idiota, puedo identificar a una criatura dimensional de una criatura Cósmica. – Agueon hizo una breve pausa, miro hacia la salida del Distrito, y luego le hecho la mirada al camino lleno de nieve que rebasaba el lugar. – Escucha, las personas de aquí te confundirán por una Elokhar cualquiera; una Elokhar muy curiosa, pero Elokhar al fin y al cabo, pero una criatura Dimensional te identificara en el acto, sabrá lo que eres, y si la gente supiera lo que eres tu costo sería muy elevado. Para tu suerte la mayoría de personas son ignorantes.

–Entonces si insinúas que una criatura dimensional me puede identificar. Eso quiere decir que tú eres una criatura..

–No, soy un humano como cualquier otro, con mis defectos y virtudes. Lo que me lleva a mi siguiente pregunta. ¿Qué hace una lyriana tan lejos de su sistema?

Irelia bajo la vista, recordando los acontecimientos acaecido hace más de 3 años, había intentado de pactar la paz y había fracasado, y en su intento había sido juzgada y enviada a Uras(Tierra), por una raza a la que ella sencillamente detestaba, ya no recordaba mucho aquellos acontecimientos; pero recordaba como la habían torturado a ella y a su hermana, recordaba todo eso, recordó los tubos criogénicos, y recordó a los seres humanos que ya hacían en el interior de aquellos tubos, como experimentos, como ratas de laboratorio. Irelia se agacho y vomito.

Agueon solo la miro impasible.

–Está bien, no hace falta que me lo digas. Sin embargo, – la tomo de los hombros levantándola del suelo. – Te recomiendo que suprimas tu miedo. Arnuin ya no es lo que era en antaño, serás presa fácil, y no podre ayudarte.

– ¿Por qué me lo dices?

Agueon miro el enorme castillo que se alzaba como un montón de picos gigantes en el Distrito Drigad, aquella enorme estructura parecía una gigantesca fortaleza impenetrable, Agueon volvió a girar y miro directamente a Irelia. La miro a los ojos y retrocedió, para darle un pequeño espacio donde ella pudiera sentirse segura de sí misma.

–Te lo digo, porque en este preciso momento eres presa fácil, llamas la atención, hay criaturas en este distrito, criaturas que tienen la apariencia de hombres, y sin embargo, no son hombres, criaturas dimensionales que pueden pasar desapercibidas, y tu eres un gran copo de energía que esas criaturas pueden usar para sustentarse. Muchas de esas criaturas se alimentan de las emociones intensas, y tu Irelia lanzas emociones muy fuertes. Incluso yo siendo un ser humano común y corriente puedo sentir que te invade el miedo y la duda, tus emociones son más fuertes que las de un ser humano.

Irelia sintió un escalofrió, algo o alguien la tomo por los hombros, y se sintió débil, con sueño. Sin embargo la sensación se disipo, cuando Agueon la tomo por los hombros, acto seguido le asesto un tremendo cocacho en la cabeza. Irelia se llevó las manos hacia la parte frontal de la cabeza adolorida, acto seguido le lanzo una mirada furibunda a su captor. Iba a reprocharle, pero se dio cuenta de que Agueon la había despertado, le había dado ese golpe para que Irelia no se quedara dormida. Quiso preguntarle qué había sucedido y el porqué de aquella sensación, pero Agueon le hizo un gesto con la mano y le repitió las mismas palabras que le había dicho al principio de aquella conversación.

–Controla tus emociones, Irelia. No permitas que tus emociones te dominen. –Habiendo dicho aquello, Agueon se dio la vuelta y siguió su recorrido.

Irelia lo miro con un cierto atisbo de sorpresa, se sacudió la cabeza, intentando recomponerse y lo siguió sin rechistar una sola palabra.

A_B_C
Rango5 Nivel 24
hace 5 días

Curioso... me gusta lo que estas haciendo. Falta pulir la redacción y encaminar mejor tu narrativa, pero está interesante (no soy una profesional, pero esos errores son los que más resaltan cuando empiezas).
Espero no perderle la pista a esta historia, porque me piqué. Saludos.


#23

.......

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