No_creas_todo_lo_que_ves
Rango3 Nivel 14 (177 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1

Dentro de una habitación obscura, se encuentra un niño tímido al cual le dan miedo los payasos y las arañas. Su habitación es pequeña, la mesa de estudio le queda cerca de su cama del lado derecho al entrar por la puerta, el closet le queda del lado derecho de su cama y atrás de la cama están fijadas las ventanas. Detrás del closet se encuentra una puerta sellada la cual el niño no sabe de su existencia. Ha permanecido cerrada por 13 años mucho antes de que él viviera allí.
El niño se ha quedado dormido pensando en los payasos que vio cuando regresaba del colegio. Mientras caminaba solo, sin percatarse, pasaba por un festival y pudo notar muchos payasos coloridos por doquier. Al fijarse que pasaba por ese espectáculo, acelera el paso, aunque le daba miedo, sus pies iban de frente, pero su mirada de reojo poco a poco iba girando hacia el festival. En eso pudo notar a lo lejos una carpa, no como las comunes de acampar de color verde, ésta tenía forma de una casa de color blanco y, afuera en un banquito estaba un payaso con vestimenta en blanco y negro.

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#2

Con un afro de cabello color negro; una sonrisa grande dibujada de color rojo al igual que su nariz; sus guantes también tenían ese color rojo intenso como si sus guantes estuvieran bañados de sangre. La cabeza del payaso se balanceaba de un lado a otro como si estuviera trastornado y sus manos aplaudiendo al ritmo del balanceo de su cabeza. Por un momento el payaso se detiene, es como si percibiera el miedo del niño a pesar que está lejos. El payaso mira al niño de reojo con su cabeza inclina hacia un lado, sus pupilas se dilatan más y su sonrisa macabra se agranda más sacando la lengua de lado, así como si estuviera contento de ver pasar a un niño. Su lengua estaba pintada mitad negra y mitad roja. En ese momento el niño se tropieza con la acera al saber que el payaso lo ve caminar y se detiene por un momento porque esa lengua lo aterró paralizándolo, estaba pálido con la piel erizada, las puntas de sus pies se tocaban entre sí, sus manos cerradas y temblorosas las tenía cerca de su boca. Solo se habría paralizado de no ser porque se fijó en la legua viperina del payaso. El payaso viendo que está horrorizado, se levanta y camina arrastrando los pies, con una mano colgando como si no pudiera alzarla, mientras la otra le indica con el dedo índice al niño, que venga. Su cabeza inclinada hacia un lado con la misma sonrisa maquiavélica. Nada puede evitar que el payaso rapte al niño porque no hay una cerca que lo detenga. Ya el niño está sudando y más asustado aún. El payaso a punto de agarrar al niño llega un perro ladrando y se le va encima del payaso, los ladridos hacen que el niño reaccione y pueda correr lejos del payaso y del festival. El payaso logra escapar propiciándole una patada al pobre perrito y al darle la patada se cae, sus ojos se agrandan y suelta una carcajada tenebrosa su cabeza vuelve a balancearse y sus manos a aplaudir, pero su lengua viperina afuera recorre su boca una mitad sube y la otra simultáneamente baja como sediento de maldad. De un brinco el niño logra despertar de esa pesadilla, pálido, sudado y con una respiración rápida porque se quedó dormido boca abajo y siente el roce de una paticas caminado por su palma ya que, su mano estaba debajo de la cama. El niño sale corriendo abriendo la puerta de su cuarto bruscamente dirigiéndose a la habitación de sus padres. Al abrir la puerta, el niño de un salto, cae encima de ellos. Éstos se despiertan asustados por el sonido de la puerta y el inesperado movimiento brusco de la cama. El niño se acurruca entre ellos con las sábanas sobre su cabeza y su papá le dice:

 ¿Qué pasó hijo? ¿Qué tienes?
 ¡Papá! Hay payasos en mi cuarto, debajo de mi cama. En todos lados. Responde el hijo asustado.

 No, hijo. Eso fue solo una pesadilla. En tu habitación no hay nada. Replica el padre.

 ¡Papá! Duerme hoy conmigo, por favor. Le dice el niño.
 Pero tú estás grandecito para que yo duerma contigo, Carlitos.

Hablando rápido por el miedo, aún tiene energía para decir:

 Es que tengo mucho miedo papá, ven a dormir hoy conmigo, por favor, el payaso me va a…

 ¡Ya Carlitos! Está bien. Dormiré contigo solamente hoy.

El padre se levanta y lo acompaña a su habitación y mientras caminan el padre le dice que debería de perder el miedo que ya tiene 13 años.
El padre abre la puerta de la habitación del hijo, ambos pasan. El padre cierra la puerta de golpe y Carlitos nuevamente de un susto brinca a los pies del padre. Éste vacila al reírse un poco. El niño estando en los pies del padre mira hacia arriba por un momento y le muerde la pierna. El padre grita fuertemente ¡Carlitooo! ¿Por qué me has mordido? El hijo responde:

 Lo siento papá, pero tú me asustaste.

El padre solo sonríe un poco y se disculpa. Cuando ambos están acostado, Carlitos no tarda en quedarse dormido siendo las 12:33 a.m., el papá mira al hijo y nota que está dormido y, de manera silenciosa se levanta de la cama y camina hacia la puerta, la abre y antes de cerrarla se asoma y le dice en susurro:

 Duerme bien hijo, que descanses.

El padre cierra la puerta y se va a acostar a su habitación. Mientras Carlitos dormía la ventana de su cuarto estaba abierta. A través de ella se puede ver la luz de un poste en diagonal a la derecha y al frente hay una árbol que al estar en contacto con viento suena como madera vieja, rechina. Había comenzado a llover con viento entre cruzado, las gotas eran grandes que parecía que estuviese lloviendo granizo. Algunas gotas caían en el borde de la ventana salpicando poco a poco a Carlitos. La luz que emitía el poste hacía ver a través del celaje del árbol sombras con figuras horribles que se reflejaban en el closet, justo donde se halla la puerta maldita. Al amanecer Carlitos se levanta de su cama luego sale de su cuarto y hace lo que cotidianamente hace por las mañanas luego de despertarse. 33 minutos han transcurrido luego de que Carlitos desayunara unos panqueques con bastante miel. El niño le dice a su mamá que irá a jugar con sus amigos en el patio que está atrás de su casa. Seis niños, incluyéndolo juegan a quemados. Mientras gritan de emoción y corren sin dirección alguna uno de sus amigos, le lanza a pegar la pelota a Carlitos y, antes de que la pelota lo golpee, él está corriendo hacia el garaje. Carlitos intenta esquivar la pelota, pero no puede porque tropieza con un objeto que estaba enterrado en el piso y antes de caer la pelota le pega en la cara haciendo que la pelota rebote y caiga dentro del garaje y ruede por las escaleras del sótano. Carlitos un poco confundido, pero emocionado a la vez, se levanta y corre a buscar la pelota. El resto de los niños se ríen en el patio y se quedan esperando a que Carlitos busque la pelota. Él baja las escaleras poco a poco emocionado mientras va llegando abajo, su cabeza aleatoriamente gira en busca de la pelota. La luz que alumbraba el espacio del sótano parpadeaba, pero permanecía más tiempo apagada que encendida. Carlitos tropezó con 13 objetos que estaban tirados allí abajo mientras buscaba la pelota. Al final en una esquina ve la pelota roja. Se acerca y la toma, luego se voltea con la mirada al piso, rebota la pelota y cuando alza la mirada se asusta con el venado disecado que está allí colgado y del susto se cae. La pelota rebota y le pega a una columna de madera que está encima de Carlitos. Justo ahí se desprende un pedazo de madera seca y podrida la cual cae a un lado de él y aún él en el piso le comienza a caer varias arañitas de cinco a diez centímetros. Carlitos asustado porque es el animal que más miedo le causa. Inmóvil tirado en el suelo las arañas comienzan a subírseles por las manos; por las piernas; por sus pies y todo su cuerpo. Él gritando con desespero para que vayan a ayudarlo no es escuchado. No puede moverse porque las arañas de color naranja fluorescentes, aparte de estar mordiéndolo lo han envuelto en su telaraña. Carlitos está sangrando e hinchado de tantas mordeduras y rasguños de esas pequeñas arañas. Creyendo que hasta ahí llegaba su vida, logra abrir un poco los ojos viendo un poco borroso, dándose cuenta que está en un sueño, luego de reojo alcanza ver la hora en el reloj que tiene al frente de su cama, las agujas marcan las 03:33 a.m., y se percató que no ha amanecido todavía porque su cuarto está obscuro, pero luego siente que no puede moverse y piensa que es porque lo tienen sujeto con telarañas.
Carlitos no sabe que tuvo una parálisis del sueño.
Él intenta despertar su cuerpo tratando de moverse, pero no puede y en eso se queda dormido nuevamente y continua donde había estado. Desesperado buscando de soltarse de las telarañas, aparece la araña reina de trescientos trece centímetros (313) de pelaje negro con franjas naranjas con un triangulo rojo en la parte posterior. Ocho ojos fijados en el cuello del niño. Colmillos de 50 centímetros envueltos de saliva. Carlitos se ha orinado, su piel se ha puesto pálida, sus ojos lacrimosos más grandes de lo normal con las pupilas dilatadas al máximo. La cabeza de la araña encima del rostro de Carlitos, hambrienta se babea mientras el dormido piensa que el sueño es real debido a que esa baba son las gotas de la lluvia que le salpicaba esa noche. De tanta angustia vuelve a realidad otra vez, pero igual que la anterior no logra despertar por completo, no puede moverse, esta vez intenta gritar, pero no sale ni un solo ruido solo murmullos que ni él mismo sabe si alguien lo pueda escuchar. Exhausto de tantos intentos vuelve a hacer otro murmullo más alargado, pero es en vano. Cansado se da por vencido y cae dormido nuevamente y cuando despierta en el sueño tiene a la reina araña frente a él. La araña viendo como corre esa sangre por ese cuerpo pálido, a través de las venas. La araña vacila un poco con el niño con una de sus patas pulsando su pecho una y otra vez en el lado donde se encuentra el corazón. El niño no siente sus piernas en un intento de ver sus piernas nota como un grupo de 13 arañas se llevan su pierna derecha en eso suelta un grito de dolor, pero se dio cuenta que hace rato no la siente y que su grito fue una reacción automática. Aún él con la mirada hacia abajo la araña reina mirándolo desde arriba le pincha el pecho del lado izquierdo tan fuerte que lo traspasa encajando su pata hasta el suelo quedando atascada. En ese momento la fuerza que ejerce el grito de Carlitos hace que la sangre salga por la pierna derecha que ha sido amputada por el grupo de arañas naranjas. La araña reina en el intento de sacar su pata atascada, la mueve bruscamente en varios sentidos lo que provoca más dolor en el pecho del niño haciéndole vomitar sangre y este líquido espeso de un color rojo intenso hace que la araña se avive para beberlo directo de su boca, desesperada la araña por el intento de beberla saca la pata del pecho del niño de 13 años.

#3

El pobre Carlitos en agonía siente quedarse sin aire estando en el piso, sus ojos se brotan, su pecho se alza y su espalda se arquea como en busca de más oxigeno, pero es un intento de sobrevivencia fallido porque al buscar de inhalar el aire que se encuentra en ese sótano se comienza a ahogar con la sangre que aún no termina de salir ni de la araña succionar. Su expresión es de impaciencia queriendo morir. Como casi no siente su cuerpo, su mirada se vuelve tranquila pensando que está muriendo, sus ojos se tornan blanco, pero de repente la araña reina no nota actividad alguna en el cuerpo y lo penetra con otra pata delantera en el corazón, el niño suspira lo suficiente como para aguantar un poco más, pero con ese punzón la presión arterial hizo que ese líquido espeso saliera por sus ojos, éstos de blanco se tornaron a rojo instantáneamente también la sangre sale por su nariz y simultáneamente por sus oídos. La araña estimulada se ve enérgica mirando el color rojo intenso de ese líquido espeso por doquier. Su estimulación hace que la araña haga del abdomen del niño un nido, abriéndolo con tres patas para encubar sus nuevas crías. Carlitos ha escalado tantos niveles de dolor que el último dolor que pudo sentir fue cuando le estaban abriendo abdomen. Él a punto de morir deja de mirar su abdomen y reposa su cabeza en el suelo con los ojos cerrados y al abrirlo la araña lo decapita, la cabeza al rodar es sujetada luego por la araña y la envuelve en telaraña como comida para sus futuras arañitas. Al ser decapitado, el niño tiene un sobresalto el cual lo asusta por completo y hace que se despierte.
 Ha amanecido, por fin y no, no es un sueño. Dice Carlitos.
Asustado, impregnado de orina, sudado y mal oliente. Mira la hora del reloj en la pared y lee las 09:13 a.m., agotado de tanto soñar, se levanta de la cama, se mira en el espejo y se ve los ojos hinchado, se seca las lágrimas y sale de su cuarto a tomar un baño, pero antes baja las escalera y se dirige al comedor y le pregunta a su madre:
 Madre, ¿qué día es hoy exactamente?
 Hoy es, viernes 13, hijo.
La madre de Carlitos se ha levantado más temprano que los demás y se pone a hacer el desayuno. El padre se levanta, pero se queda mirando fijo la repisa, así como si no estuviera despierto, aún tiene sueño. Sentado en la cama parpadea varias veces, se estruja la cara y se alza quedando de pie. Antes de salir, hace el intento de abrir la puerta y en eso nota que en el picaporte hay un grupo pequeño de hormigas y del susto alza su pierna derecha y recoge su mano como si le diera asco. Estando quieto, solo gira sus ojos para ver con que quita las hormigas de allí. A su lado izquierdo ve una camisa y la utiliza para retirarlas. Por fin aliviado, abre la puerta. Al salir observa el suelo asegurándose de que no haya ni una hormiga. Da un suspiro y se dice a sí mismo:
 Por favor Harold. A estas alturas le vas a tener miedo a unos animalitos como las hormigas. No tienes moral para hablar con tu hijo.
Se voltea y cierra la puerta. Da un paso hacia la derecha para bajar a cepillarse y desayunar, pero se acuerda de Carlitos y va a ver si aún duerme. Al abrir la puerta de la habitación de Carlitos, asoma la cabeza y percibe un olor a orina. Harold frunce el ceño y se coloca la mano en la cara cubriendo su boca y nariz. Termina de pasar por completo, se acerca a la cama y se siente culpable porque la noche anterior había asustado a su hijo, pero después no le importa mucho y encoje los hombros y dice:
 Pronto madurará.
El padre saluda a su esposa con un beso y le aprieta una nalga en forma de juego y le dice que ya viene a desayunar que va a tomar un baño. Al entrar al baño se gira para cerrar la puerta y se corta el antebrazo con un borde filoso del marco de la puerta. La herida fue tan profunda que estaba sacudiendo el brazo para poder ver que tan grande fue el corte. Mientras sacudía el brazo, la sangre caía a su alrededor. Él limpiaba su brazo con su otra mano y no se percataba lo que hacía. En un intento de caminar hacia el lava mano se resbala con la sangre espesa. Antes de caer, gira y se sujeta de la cortina de la tina, pero ésta se desprende y la presión del jalón hace que el tubo que sostiene la cortina se desganche y sea proyectado hacia su frente ocasionándole un contundente golpe formándole un coágulo que, inmediatamente se le baja al ojo izquierdo. Su cabeza es golpeada por el borde de la lava manos. Aparentemente nadie escucha el ruido causado por la caída en el baño. Harold queda inconsciente. Han transcurrido 13 minutos desde que se cayó. Se levanta colocándose la mano en la cabeza. Luego se mira el antebrazo y no está sangrando como antes. Esta vez logra limpiarlo y vendarlo, decide no tomar la ducha. Toma el desayuno que la esposa le dejó en el microondas. Piensa que es mejor comérselo en el patio encima de la hamaca, ésta tiene un color verde manzana con algunas franjas marrones. A los 3 minutos de estar allí, siente unas tres hormigas en su plato, se impresiona un poco y mata una por una al azar. A una la descuartiza y a las que quedan le pisa con el dedo índice el rabo y la cabeza. Contento con lo que hizo se reclina sobre la hamaca un rato, pero no siente la hormiga que entra por su herida, ésta atraviesa la costra haciéndole a Harold sangrar sin que lo sienta. Varias hormigas siguen a la primera. Harold siente un cosquilleo por el brazo, pero no le da importancia y se acicala la herida con las uñas mientras tiene los ojos aún cerrados, pero consciente y se arranca una costra con pedacitos de piel y la sangre volviendo a brotar. Con un grito leve abre los ojos y se alza en la hamaca. Sus ojos se dilatan más al observa que por todo su cuerpo tiene hormigas. Siente como sus piernas están hinchadas al igual que sus brazos ya que las hormigas llevan rato mordiéndolo. En sus brazos y cabeza tiene las venas al ritmo del bombeo del corazón; demasiadas brotadas y apretadas. Harold aterrado y sudado intenta moverse, pero sus piernas ya no le responden. En el extremo que tiene al frente que sujeta la hamaca está a punto de desprenderse porque las hormigas se están comiendo la soga. El cosquilleo lo siente por todo su cuerpo horrorizado sabe que las hormigas están dentro de él. Cuando intenta gritar para que lo ayuden solo salen murmullos debido a que, las hormigas cortaron sus cuerdas vocales y simultáneamente percibió que su lengua está adormecida por el veneno tras las mordidas de las hormigas. Poco a poco dejará de respirar por la hinchazón que gradualmente incrementa la lengua trancando la faringe. Solo puede sudar por la piel que cubre toda su cabeza. Cada uno de sus poros está obstruido por una hormiga. Su respiración se hace cada vez más rápida, la misma hace que él se balancee y termina rompiendo el extremo de la hamaca. A mitad de la caída, Harold cree que puede rodar, pero al llegar al suelo, cae encima de una colonia de hormigas que lo esperaban. Murmullos de angustia y agonía salen por sus ojos en forma de lágrimas al saber que no tiene salida solo resignarse… poco a poco va sintiendo un dolor más fuerte que el anterior. Inclina su cabeza hacia arriba y observa el nido de ellas entrando y saliendo. Al bajar su cabeza ve como un grupo de hormigas llevan al nido el pie derecho; más atrás el izquierdo. Harold deduce el porqué de los dolores uno tras otro. El pecho retumba cada vez que llora con más desespero y en un abrir y cerrar de ojos se da cuenta que está descuartizado; no tiene brazos ni piernas.
Lo bueno de las hormigas es que no dejan rastro, un asesino perfecto.
Solo le que queda el torso. Ya no puede sudar porque el veneno está secando cada centímetro de líquido en su cuerpo, pero su dolor apenas comienza. Su visión se acorta porque le han mordido la frente y la hinchazón se desliza hasta llegar a los ojos. Luego siente como su cuerpo es movido hacia el nido poco a poco.
Al principio, la hormiga que logró entrar por su herida era la reina. Ahora se encuentra cerca del corazón y no halla como salir. Con sus antenitas está emitiendo una señal potente para que sus hormigas obreras vayan a sacarla de allí. Como la mayoría de las venas de Harold están obstruidas, las hormigas optan por morder al punto de hacer túneles, un camino para que las otras puedan entrar, pero las hormigas no están en un solo lado. Así que desde donde se encuentran comienzan a morder y a morder haciendo hoyos. Las que se hallan en su cabeza empiezan a metérseles por la nariz y por los oídos. Del grupo que emprende el viaje por la nariz, hay algunas que se desvían al cerebro. Una vez allí comienzan a morder y al parecer el cerebro absorbe más rápido el veneno hinchándose y simultáneamente hace que emerja lo que queda de sangre por todo el cuerpo. El corazón bombea la sangre con dificulta porque todo su recorrido está obstruido. En unos de los árboles que está sujeta la hamaca, se desprende una rama seca, puntiaguda y justamente cae en el pecho, en el corazón. Ésta cae y se parte quedando un pedazo ahí. La sangre que bombea el corazón no tiene salida y de la presión hace que la rama salga como un corcho.
Su torso parece una feria de atracción con una fuente, la sangre salía por todos los orificios. Aún quedaba suficiente de ese líquido espeso.
A pesar de lo que queda es el torso, las hormigas se lo van llevando quitándole peso arrancándole la piel. Le han quitado las orejas y la nariz. Lo último que vio Harold fue cuando la rama salió volando como corcho. La hinchazón de su lengua ha trancado su garganta evitando que finalmente pueda respirar.
La reina antes de retirarse de su cuerpo le muerde tan fuerte el corazón que hace que Harold se haga una visión de él en el hospital. . Por dentro es un pensamiento de anhelo ya que, le gustaría estar allá que en la colonia de hormigas.
Harold logra despertar sudado de la anestesia en el hospital. Asustado y pálido mira todo su cuerpo y se lo toca rápidamente con la mano derecha ya que la otra tiene puesta la inyección del suero.

#4

Tiene vendada la cabeza y el antebrazo. A su derecha, en una silla ve a su esposa casi despierta y la llama:
 Pss, amor. Ya he despertado.
 Ay, qué alivio Harold. Estaba muy asustada. Pensé que morirías.
 Y ¿cómo te diste cuenta que me había desmayado?
 Qué bueno que había terminado el desayuno a tiempo, cuando iba a salir de compra vi el charco de sangre que salía de la puerta del baño
 ¿Cuántos días llevo aquí?
 Llevas 13 horas y con suerte porque perdiste mucha sangre.
Harold ve el reloj que tiene en frente fijado a la pared y lee las 03:33 p.m.
Mentalmente se decía que era un alivio que todo había sido un sueño. No volveré a hacer daño a una hormiga otra vez o a algún animal por más pequeño que sea.

voz_sin_vos
Rango12 Nivel 58
hace 2 meses

Le di like para leerlo luego, me llamó la atención el nombre ya que estoy leyendo un libro con el mismo título.