EgonBlumer
Rango4 Nivel 15 (207 ptos) | Promesa literaria
#1

En su corta vida había sido testigo de la oscuridad que se escondía en el alma de los hombres, pero también de su bondad y la dulzura que podía desprenderse de sus corazones. Había visto el amor en su máxima pureza y la pasión en su más salvaje expresión. Había conocido las acciones devastadoras del odio y la avaricia, y había percibido la belleza de un alma inocente rebosante de esas ansias de conocer el mundo. Era capaz de leer el alma a través de los ojos, podía desnudar las intenciones de los hombres con un breve vistazo, y poner a sus pies al más poderoso. Pero no podía dejar de temblar ante aquella mirada azul, era la visión de un tormentoso mar que arrasaba con cualquier cuerpo que se atravesaba en su camino, el caos de aquella alma era tal que era imposible vislumbrar cualquier atisbo de entereza, era como caminar en una tormenta de nieve sin tener noción de su magnitud ni del camino que debía seguir.

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Egon_Blumer
Rango7 Nivel 30
hace 7 meses

Perdí el acceso a esta cuenta, estoy escribiendo en una nueva :(


#2


El joven de cabello negro levantó su mentón que estaba apoyando en el violín y su brazo que sostenía el arco quedó laxo al costado de su cuerpo, su mirada azul volvió a posarse en la figura del pianista.
— ¿No deberías comenzar a tocar?—
Alexis asintió volviendo a la realidad, y acarició las teclas con la yema de sus dedos. Una dulce melodía de piano no tardó en resonar por todo el salón. El trino del violín acompañó al piano envolviendo la melodía con una atmósfera más viva e intensa y por un instante ambos sonidos se volvieron uno solo fusionándose en un completo equilibrio de contrastes. Pero poco duró su armonía cuando fueron interrumpidos por el chirrido de la puerta abriéndose y los pasos de unos alumnos ingresando al salón. Un muchacho se colocó frente al violinista, llevaba una sotana negra con una cruz roja bordada en la zona izquierda de su pecho; su piel era tan blanca como el marfil y apenas podía distinguirse una pequeña diferencia de tonalidades con su cabello casi igual de blanco. Se trataba de Eliel Lewitts, el hijo de un importante funcionario de la iglesia católica. Alexis sólo lo había visto un par de veces, pero nunca habían intercambiado más que un cortés saludo.
— Perdonen la interrupción, pero el salón fue reservado hasta las tres de la tarde y ya hace unos minutos se cumplió la hora estimada. — dijo mientras se arremangaba la sotana
— Lo lamento, enseguida nos iremos. — se disculpó Alexis tomando su morral y dirigiéndose hacia la puerta.
El violinista dueño de aquellos ojos azules, cuyo nombre era Gabriel Gëber, también tomó sus cosas y salió del salón junto a Alexis, su rostro no expresaba mucho pero sus movimientos bruscos delataban su enojo. No le había gustado nada el tono que el albino había usado con él, ni la forma en la que los había echado del lugar.
Alexis observó la elegante figura de su compañero, su fino traje de terciopelo delataba su alto estatus como hijo de uno de los hombres más influyentes del Heiliges Römisches Reich[1],Viktor Gëber. Se comentaba por debajo, que la gran mayoría de los nobles le debían favores y que tenía una muy estrecha relación con los altos mandos que gobernaban el Gran Ducado del Bajo Rhein. No solo era conocido por la tiranía y crueldad con la que trataba a cualquiera que se atreviera a desafiarlo, sino también por su amor al arte y sus generosas donaciones a la Staatliche Kunstakademie Düsseldorf[2], que en retribución había aceptado su petición de destinar un considerable espacio de su institución al estudio de la música. Alexis había tenido el privilegio de conocer al viejo Viktor Gëber cuando era niño, todavía podía recordar su imponente figura sentada en un Bergère[3]rojo, acariciando el mango de plata de su bastón mientras observaba a Gabriel con aquella mirada fría.
En medio de ese desfile de nombres pródigos y nobles bochornosamente ricos, se encontraba Alexis Novak. Un joven campesino de descendencia persa, que había llegado a aquel lugar por un poco de suerte y una habilidad nata para la música. Su historia era bastante trágica, su madre había muerto al dar a luz y su padre le siguió unos años más tarde debilitado por una extraña enfermedad en la sangre. Aquellos acontecimientos lo llevaron a vivir con su tío, un conocido boticario de la zona. El hombre había tratado desesperadamente de inculcarle su amor por la medicina a su sobrino, pero sus esfuerzos habían sido en vano.
Alexis había decidido convertirse en músico desde muy pequeño, cuando había ido al palacio Gëber acompañando a su tío. El hermano menor de Gabriel Gëber estaba muy enfermo y necesitaba cuidados médicos que sólo podía proporcionarle un boticario. Mientras esperaba a que su tío terminara su trabajo, no había tenido mejor idea que deambular sin permiso por la formidable residencia. No tardó en perderse entre el laberinto de pasillos y habitaciones hasta terminar en el enorme salón donde un hombre tocaba un piano de cola con gran maestría. Quedó pasmado por la abrumadora corriente de sensaciones que le provocaba aquella melodía, era como leer una hermosa historia de amor. Su madre sonriéndole cuando lo levantaba con un beso en las mañanas, la figura de sus padres caminando a orillas del Rhein[4] mientras el sol se escondía en el horizonte, la suave respiración de su perro Tobías dormitando al lado de su cama, la cómplice mirada de su tío cuando le traía fresas, su fruta favorita; eso había sido el amor para el pequeño Alexis, y todos aquellos momentos se encontraban contenidos en esa suave melodía de piano.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 7 meses

Muy buenas las dos cajas. Buena presentación en la plataforma. Ganas un seguidor.


#3

Observó cómo los rizos negros desaparecían debajo de la mesada.
— Debe estar aquí… — escuchó la grave y dulce voz retumbar en la habitación junto con el ruido de frascos y utensilios metálicos.
— ¿Por qué debo acompañarte? — protestó Alexis mientras acomodaba algunos brebajes dentro de una caja de madera — Debería estar ensayando con Gabriel, dentro de poco será el concierto. Dicen que el mismísimo Herr Friedrich Wilhelm vendrá.
La figura del hombre resurgió debajo de la mesada, en su mano sostenía un pequeño frasco que guardó en un maletín de cuero — Es deber de todo joven complacer los mandatos de los adultos mayores — le respondió con aire autoritario — ¿Harás el concierto con Gabriel Gëber? No me sorprende que venga el emperador, ya sabes lo cercanos que son con la familia Gëber. Después de todo, gracias a ellos pudieron recuperar Prusia de las garras de Napoleón. —.
— Gabriel fue el único que aceptó compartir el escenario conmigo, todos los demás se negaron. No ven con buenos ojos que un campesino estudie en la prestigiosa Staatliche Kunstakademie Düsseldorf.
— Pensé que se había marchado a Viena el mes pasado... Sabes que debes hacer oídos sordos a aquellos comentarios, tú tienes el triple de talento que cualquiera de esos imbéciles.
— Lo sé — sonrió Alexis, se sentía bien recibir halagos. —Ese era el plan, pero la enfermedad de su hermano menor parece haber retrasado la partida. Si el concierto sale bien posiblemente viajemos juntos. Podré conocer finalmente a Meister[5] Van Beethoven, le rogaré para que me acepte como su estudiante.
— Es demasiado audaz para mi gusto, prefiero la claridad y simpleza del viejo Mozart. Si aún estuviera vivo te acompañaría a Viena para poder escuchar alguno de sus conciertos—. El hombre le dedicó una mirada dramática — Sería muy triste que te fueras y dejaras sólo a tu pobre tío. Deberías casarte con una hermosa mujer y tener hijos, yo podría heredarte mi negocio… —.
— No deberías dar consejos que no has implementado en tu juventud, Zafiro, todavía no te has casado, ni tienes hijos ¡Eres un viejo perro solitario!— le reprochó el pianista. — Puedes quedarte con tu negocio, yo iré a Viena y me convertiré en el mejor pianista de todos los tiempos.
— ¡Ah! ¡Qué cruel eres! ¡Moriré sólo y las ratas se comerán mis restos! En mis años de juventud hubiera dado lo que sea porque que mi amor me correspondiera, pero lo nuestro era imposible.
Alexis suspiró irritado mientras envolvía unas hierbas con una tela.
— Deberías cortejar a la costurera, es linda, amable y siempre tiene pequeños detalles contigo, debe estar esperando a que le pidas matrimonio.
— Que observador eres mi entrometido sobrino, pero lo que menos necesito en estos momentos es otro infante deambulando por la casa, esa niña apenas te lleva unos años. Podría ser un buen partido para ti. —

Tomaron todas sus cosas y se dirigieron a la campiña. El día estaba hermoso, el sol del mediodía brillaba sobre sus cabezas dándole calor a sus cuerpos. Los rizos negros de Zafiro bailaban con el viento. Tuvo que levantar la cabeza para observarlo bien, era al menos unos 10 centímetros más alto que él, rogó por que pronto creciera y lo alcanzara así no tendría que avergonzarse cada vez que caminaba a su lado.
El hombre lo observó con sus ojos grises y le sonrió, su tez morena brillaba bajo el sol dándole una tonalidad rojiza. Lo admiraba, era un hombre fascinante y hermoso, cualquier mujer hubiera estado encantada de tenerlo como esposo, pero él nunca se había casado ni había tenido hijos. Desde que el padre de Alexis había fallecido, había dedicado su vida a su sobrino; le había criado como si fuera su propio hijo y lo adoraba con locura. Había hecho hasta lo imposible para que Alexis siguiera su sueño de convertirse en músico, a pesar de lo decepcionado que se encontraba por que el muchacho no tuviera la misma pasión por la medicina que él.

Antes de llegar a la pequeña choza, una niña los alcanzó, sus lágrimas recorrían sus mejillas con insistencia. Se aferró a la camisa de Zafiro apenas lo alcanzó, su cuerpo temblaba y su voz se escuchaba muy agitada.
— ¡Está muriendo! ¡Ayúdalo por favor! ¡Por favor!

Corrieron hasta el lugar, un hombre se retorcía de dolor acostado sobre una frágil cama de madera. Zafiro abrió su maletín y tomó un frasco con un líquido, se acercó al enfermo y le hizo beber. El hombre lentamente se fue tranquilizando hasta quedarse dormido.
— Debemos apresurarnos, el sedante no durara mucho. — dijo mientras Alexis lo ayudaba a quitarle la ropa y a revisarlo.
— Hizo algunas preguntas a su familia sobre los hábitos del hombre, el color de su orina y sobre los dolores que sentía. Finalmente se sentó en una silla y prendió su pipa. La esposa y la niña lo observaban aterradas.
Zafiro les dedico una sonrisa. —Vivirá. — Las tranquilizó, lanzando el humo contenido de sus pulmones — Tendrá mucho dolor y le saldrá sangre junto con su orina por unos días, pero se pondrá bien. Deben darle mucha agua y estas hierbas que les daré. — Les aconsejó mientras tomaba unas hierbas de la caja que Alexis había preparado. — Mézclenlas y hagan un té con ellas, son anestésicas, y estas otras son diuréticas. —

El hombre despertó cuando Alexis y Zafiro se estaban despidiendo. Al ver a Alexis no pudo ocultar su sorpresa; su cabello rojizo, el color de su piel, sus ojos almendrados, sus rasgos eran iguales a los de un viejo amigo que había conocido hacía tiempo. Pero lo que hizo convencerse de que ese niño era su familiar, fue el delicado relicario de plata que colgaba de su cuello. Alzó la mano temblorosa y acarició el objeto, era real.
— Debes deshacerte de él antes de que sea tarde para ti y todos los que te rodean— dijo con un hilo de voz, tratando de mantener la conciencia, los efectos del sedante no habían desaparecido del todo.
— No sé de qué habla. No lo entiendo…— le contestó Alexis alejándose del hombre.
— ¡Señor! Seguramente debió haber confundido a mi sobrino con otra persona. — intercedió Zafiro
— ¡No! Lo reconocería en cualquier lado. Tú debes ser familiar de Cyan Novak, peleé junto a él en la última guerra.
El rostro de Zafiro se puso pálido por unos minutos y luego rojo de ira. Tomó del brazo a su sobrino y lo arrastró hasta fuera de la casa para luego volver a entrar cerrando la puerta detrás de él. Alexis corrió hasta la puerta de madera y golpeó queriendo abrirla pero no pudo, apoyó su oído contra esta, tratando de escuchar lo que sucedía adentro pero lo único que oía eran suaves murmullos inentendibles. Luego de un tiempo bastante prolongado, Zafiro volvió a salir
— No quiero que me preguntes nada más acerca de este tema. — Declaró empezando a caminar en dirección a su casa. — No hablaré de lo que ocurrió allí adentro, ese hombre claramente está loco. La medicina debió afectarle. —
— Pero conocía al abuelo ¿No es cierto? — Le interrogó Alexis
— Ya te dije, ese hombre está loco.
El pelirrojo se detuvo y lo encaró, sus ojos brillaban con furia contenida.
— Tú más que nadie, sabes que no puedes mentirme, puedo leer tu alma como un pedazo de papel. Puedo ver las prosas más hermosas en ella, pero también sombras negras que las deforman y las convierte en manchas con formas aterradoras. Sé que me ocultas cosas…—
— Las cosas que te oculto son por tu bien, ya hemos hablado de esto.
— ¡Lo sé! Lo entiendo, y no te pido que me las digas, pero no me mientas ¡Nunca me mientas Zafiro!
Los ojos del hombre mostraron desconcierto pero luego se volvieron dulces, se acercó a Alexis y lo abrazó.
— Lo único que quiero es protegerte…


#4

El palacio Gëber estaba rodeado de un frondoso bosque, las rejas se abrían mostrando un camino de tierra delimitado por dos hileras de sauces que llevaban a la increíble construcción de estilo rococó. Tenía un frente zigzagueante lleno de entradas y salientes, y grandes ventanales decorados por columnas corintias con hermosas hojas doradas de acanto. La entrada contaba con tres arcos abovedados por donde entraban los sirvientes, y encima dos escaleras convergían en un hermoso balcón rodeado de balaustradas. Allí fue donde lo vio por primera vez, aquel joven vestido con un traje verde apareció en el balcón, era muy alto, casi debía medir lo mismo que Zafiro. El muchacho buscó en su bolsillo un cigarro y lo encendió mientras observaba el paisaje, sus ojos dorados se veía melancólicos.
— No hemos terminado de hablar. — Se escuchó la voz de una mujer detrás de él, era muy bella, tenía el cabello largo y negro y los ojos azules igual que Gabriel, no había duda que eran parientes.
— Sí lo hemos hecho Violeta. Me llevaré a Joan conmigo, no permitiré que esté un minuto más en este lugar.
— ¡¿Y nos dejarás a mí y a Gabriel aquí para recibir el castigo?! —Gritó la mujer colérica.
— Gabriel se irá a Viena el próximo mes.
— ¿Crees que nuestro padre lo permitirá? Eso nunca pasará, Gabriel nunca dejará este lugar.
— ¡Entonces me los llevaré a los dos! Me los llevaré lejos donde no puedan hacerles daño.
Una expresión de sorpresa apareció en el rostro de la mujer, no tardó en reaccionar abofeteando al joven con una fuerza que hizo que el imponente cuerpo se tambaleara.
— ¡Atrévete a desafiarme Oliver! Hazlo y tendrás que sufrir las consecuencias, sabes que no puedes escaparte de mí. No puedes escapar de tu destino.

La mujer entró furiosa al salón sin esperar que el joven le respondiera. El muchacho se acercó nuevamente al borde del balcón y siguió fumando su cigarro tranquilamente.
— Puedes acercarte…— dijo mientras observaba en la dirección en la que Alexis estaba escondido.
El pianista dudó por unos segundos pero finalmente se separó de aquellos arbustos que los escondían y subió las escaleras. El hombre pareció sorprendido, no era común ver a una persona de ese color de piel ni de esos rasgos por esa zona, tampoco su vestimenta era acorde a la majestuosidad de la residencia, era bastante simplona y ordinaria, muy diferente a como se acostumbraba a vestir la nobleza.
— ¿Quién eres?
— Soy estudiante de la Staatliche Kunstakademie Düsseldorf… Gabriel me citó aquí para ensayar en el salón de música del palacio.
— ¡Ah! Gabriel es tan impaciente, seguramente debe estar cansado de tener que reservar el salón del instituto, mi padre le ha malcriado demasiado dejándole usar el Salón espejado a sus anchas… —dijo mientras examinaba su ropa — Pero… no pareces un estudiante ¿Cuál es tu nombre?—
— Lamento presentarme con este aspecto, solo soy un joven de origen humilde que ha sido bendecido con la suerte de poder pertenecer a tal noble institución como la Staatliche Kunstakademie Düsseldorf —Se disculpó el pianista algo avergonzado, no pensaba que desentonaría tanto en aquel lugar tan ostentoso— Mi nombre es Alexis Novak.
Los ojos de Oliver se iluminaron.
—Recuerdo haberte visto corriendo por los pasillos en más de una ocasión ¡Tú eres el kleiner Junge[6] que venía con Zafiro a atender a mi hermano Joan! —El joven apagó su cigarro y le extendió la mano. —Soy Oliver Gëber el hermano mayor de Gabriel y Joan, seguramente no me recuerdas, todavía eras un pequeño niño travieso cuando nos vimos por última vez.
— Un gusto.
Oliver colocó su mano sobre su hombro dirigiéndole hacia el interior del palacio.
— ¡Vaya! No me extraña que hayas entrado a la academia, desde pequeño siempre has sido un niño extraordinario…— Comentó mientras lo guiaba por los pasillos del palacio. — Mi padre siempre se encuentra buscando jóvenes talentosos, podría hablar con él si te interesa una cómoda y bien paga posición dentro de nuestro círculo, haría cualquier cosa por el sobrino del hombre que salvo a mi pequeño hermano de la muerte…
— Gracias, pero pronto me iré a Viena, quiero estudiar con Meister Van Beethoven si me acepta como su discípulo. —.
Alexis pudo notar como el rostro de Oliver se ensombrecía, seguramente las palabras de aquella mujer seguían resonando en su cabeza ¿Sería cierto lo que había escuchado? ¿Su padre no permitiría que Gabriel viajara a Viena? Hubiera querido preguntarle, pero no tenía el valor para hacerlo ni la confianza.
El sonido del violín resonó en la distancia. Detrás de una de las puertas se encontraba un hermoso salón de música con sus paredes cubiertas de espejos, en el medio de ese lugar un impresionante piano de cola se mostraba en toda su belleza debajo de una elegante araña de cristal de Murano. A su costado Gabriel tocaba el violín con maestría.
— Te he esperado toda la mañana. —Habló Gabriel apenas vio al pelirrojo entrar al salón.
— No le reprendas hermanito, fue mi culpa. —Le sonrió Oliver con complicidad —Me entretuve preguntándole sobre su familia, hace mucho que no sé nada de Zafiro, él fue mi superior en la batalla en Schwarzenberg, gracias a él nuestras filas resistieron el avance de las tropas con pocas bajas…
— ¡No te metas Oliver! —Le gritó Gabriel.
El mayor le dirigió una mirada amenazante. —Es injusto que me hables así.
— Muchas cosas son injustas, pero a ti nunca pareció importarte. —Le recriminó
Oliver cerró los puños con fuerza conteniendo las ganas de abofetear a Gabriel. Iba a decir algo pero recordó la presencia de Alexis y se contuvo.
— Tú y yo tendremos una charla luego, y vas a tener que escucharme. —Le advirtió — Lamento que tuvieras que ser testigo de esto. —Se disculpó con Alexis antes de salir de salón con pasos enérgicos.

El pianista observó a Gabriel sorprendido, tan frío y distante siempre, parecía no importarle nada, sólo su desagradable sentimiento de superioridad destacaba siempre en su apagada personalidad. Si no fuera por la intensidad de sus ojos, hubiera pensado que se trataba de otro noble aburrido que gozaba exhibir su falsa grandeza, pero sabía que en su interior había un fuego, una pasión que quemaría a cualquiera que se acercara demasiado, poseía una motivación y una certeza que jamás había percibido en otra persona. Gabriel era un enigma muy difícil de resolver, y eso era lo que le hacía tan interesante.
— ¡¿Qué estas mirando imbécil?! —le gritó, sus ojos brillaban. Alexis no sabía si aplaudir emocionado por al fin poder ver un rasgo humano en él o golpearlo por haberlo llamado imbécil. No optó por ninguna de las dos opciones, prefería quedarse ahí observando aquella extraña criatura.
— Escuché a Herr Oliver hablando con una mujer, ella dijo que tu padre no te dejará viajar a Viena…—Le comentó mientras se acercaba al hermoso piano y lo estudiaba con tranquilidad.
— No pueden obligarme a nada, me escaparé e iré a Viena contigo.
El pelirrojo sintió como su corazón se detenía expectante. Tenía miedo de no ver a Gabriel nunca más, podía ser odioso y muchas veces era difícil lidiar con su personalidad, pero no podía negar que lo había ayudado más de lo que le gustaba admitir. Se había acostumbrado a su compañía.
— Tú hermano dijo que te llevaría con él…
— Deberías dejar de meterte en mis asuntos Alexis —.
— No pude evitar escucharlo…— se disculpó el pelirrojo
El violinista dio por terminada la charla y volvió a tocar su violín. Alexis suspiró rendido, sabía que sería imposible tratar de dialogar con él. Se sentó en su piano, y decidió dedicar su tarde a la práctica.

#5

Una mueca de incomodidad apareció en el rostro de Gabriel cuando Oliver entró a la habitación. Alexis ya hacía unas horas que se había marchado y había pasado toda la tarde tratando de demorar ese momento.
— ¿Pensaste qué ibas a libarte de esto? Te dije que tú y yo tendríamos una charla. —El mayor parecía haberse calmado y ya su presencia no era tan inquietante, estaba haciendo un gran esfuerzo por que su plática fuera lo más amena posible.
— ¿No deberías estar en Múnich ocupándote de los asuntos de nuestro padre?— le preguntó Gabriel con un tono irónico, deseaba herirlo, quería que sintiera el mismo dolor que él había experimentado desde que se había ido.
— ¡Ya te dije! ¡Tenía que irme de esta casa Gabriel! Las cosas son mucho más complicadas de lo que crees. — dijo con un tono exasperado que hizo que el menor pegara un respingo. Oliver suspiró tratando de calmarse y bajó la voz mientras se acercaba a su hermano. —Lo que me hicieron… Lo que nos hicieron… —Se corrigió, no sabía cómo expresar todo lo que había pasado, cómo explicarle a su hermano el horror que habían vivido de una forma que no pareciera que no existía salida. —Sé por todo lo que tuviste que pasar. Pero tenía que irme, necesitaba encontrar un sentido a todo este dolor, necesitaba encontrar una forma de terminar con toda esta locura. —
Gabriel se levantó y lo confrontó, sus ojos azules lo observaron con intensidad.
— ¿Y lo has conseguido Oliver? ¿Has hallado la manera de sacarnos de este lugar? ¡¿Abandonarnos en este maldito lugar ha valido algo?! —Le interrogó Gabriel, deseaba con todas sus fuerzas que Oliver lo abrazara y le dijera que había una salida, pero su hermano sólo pudo responder con un decepcionante silencio.

— ¿Qué sucede? —Una voz suave y dulce habló. En el marco de la puerta apareció la figura menuda de un joven de cabello largo y negro y de tez muy pálida, tenía rasgos similares a los de Gabriel pero sus ojos eran de un extraño color violeta. Llevaba puesto una bata de seda de color rojo con flores blancas adornando toda su extensión. Sus brazos se encontraban vendados al igual que su cuello, su aspecto era muy frágil y las oscuras sombras debajo de sus ojos manifestaban la falta de sueño y el cansancio de días sin poder dormir.
La expresión turbada que Oliver tenía en su rostro cambio rápidamente a una más calma, su hermano mayor era bueno en eso de aparentar tranquilidad cuando su interior estaba hecho añicos. Se sentó en el sillón cerca a la ventana tratando de mantener una postura relajada.
— ¿Qué haces levantado Joan? Deberías estar descansando.
— Estoy cansado de estar encerrado todo el día en ese cuarto. Ahora que estas aquí quiero pasar tiempo contigo.
— Déjalo Oliver, no está bien que este encerrado como un maldito condenado a muerte. — Le habló Gabriel con despreció, odiaba que trataran a Joan como un niño frágil y enfermo, podía ser que fuera el menor de los hermanos pero había demostrado una entereza y una fuerza increíble ante las adversidades que habían tenido que enfrentar.
— ¿Podrían dejar de pelear? Les juró que terminaré matándolos si no se callan. —Les advirtió el joven mientras entraba en la habitación sentándose al lado de Oliver.
Ambos Gabriel y Oliver se miraron nerviosos.
—Háblame de Múnich ¿Es cierto que sus Dampfnudel[7] son los mejores de toda Prusia?
— Son deliciosos, eso no los dudes. Tal vez podamos ir a Múnich juntos, les podría mostrar el hermoso paisaje de los Alpes nevados desde Salzburg y podríamos nadar en el Wolfgangsee en verano.
— ¡Sería increíble!— dijo Joan tratando de no saltar de la emoción
— Voy a tratar de convencer a mi padre, sería lindo pasar una temporada lejos de Düsseldorf…
— Me iré a Viena — le interrumpió secamente Gabriel
— Sabes que nuestro padre no te dejará ir …
El violinista observó a Oliver con una sonrisa ladina —Sabes que tampoco permitirá que Joan abandone esta casa —.
Oliver se levantó cansado de la actitud prepotente de Gabriel, era difícil mantener la amabilidad con una persona tan odiosa como él, y con un temperamento tan fuerte como el suyo era complicado no querer abofetearlo hasta dejarlo inconsciente.
— No me busques Gabriel, no querrás hacerme enojar… —le advirtió— Convenceré a mi padre y tú y Joan vendrán conmigo a Munich, te guste o no.
El menor sintió como su cuerpo comenzaba a temblar ante la figura amenazante de Oliver, pero trató de mantenerse inmutable.
La puerta se abrió nuevamente y Viktor Gëber apareció seguido por su hermosa hija Violeta, la mayor de los hermanos Gëber.
— ¡Oliver! Pensé que no regresarías a Düsseldorf hasta las fiestas.
— Las cosas en Múnich han mermado, no hay tanta tensión luego de la derrota de Napoleón y poco a poco todo está volviendo a la normalidad. Me pareció buen momento para volver con mi familia y estar junto a ellos.
El hombre lo observó con frialdad —Que sentimental te has vuelto en este último tiempo — le señaló acomodándose en su Berger, una sirvienta le alcanzó una copa de vino y se retiró cerrando la puerta del salón.
— Me han llegado rumores padre ¿Es cierto que un Cazador ha entrado a la academia de música? No creo que sea prudente tener a alguien así cerca de los nuestros.
— Tampoco es prudente rechazar a alguien con ese título. Los ojos de la iglesia se posarían sobre nosotros como un animal feroz esperando para atacar. Sabes que nuestro acuerdo con ellos está sostenido sobre cimientos muy frágiles, cualquier conmoción haría que la guerra comenzara de nuevo.
— No me gusta esto, algo no está bien y no quiero estar aquí para averiguarlo. Quiero llevarme a Joan y Gabriel conmigo para Múnich hasta que las cosas se calmen.
— ¿De qué estás hablando Oliver? Todavía no ha pasado nada y ya quieres huir. Nunca pensé que fueras tan cobarde. — Le atacó Violeta
— Sólo creo que sería bueno para Joan cambiar de aire y Gabriel…
— Yo me iré a Viena, ya te lo dije…— Les interrumpió el violinista dispuesto a pelear por su decisión.
El puño de Viktor golpeó su mejilla antes de que terminara de hablar. La fuerza del golpe lo hizo retroceder unos pasos, ni siquiera había podido ver el momento en que su padre se había levantado, pero ahí estaba frente a él observándole con sus ojos feroces.
— ¿Cómo te atreves a hablar así niño idiota? Tú no irás a ningún lado y si te atreves a desobedecerme te seguiré hasta Viena y te traeré arrastrando.
Viktor volvió a sentarse y tomo un sorbo de la copa de vino que sostenía en su mano. — No es momento para idioteces. Tienes razón Oliver, la iglesia se está movilizando y eso significa que algo grande está por venir. Muy pronto las cosas van a cambiar y necesito que ustedes estén aquí.

Un silencio sombrío se apoderó del salón, incluso Violeta pareció abrumada ante tal declaración.
La delicada silueta de Joan se hizo presente apoyando su cabeza en la pierna de su padre mostrando una completa sumisión, era la única persona que parecía mantener la calma ante aquella discusión tan tensa.
— No se preocupe padre, me quedaré a su lado. No permitiré que nada le suceda.
Viktor acarició su sedoso y brillante cabello y una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro.

#6

Oliver se revolvió en su cama al escuchar los suaves golpes, la puerta se abrió y una delgada figura apareció.
— ¿Estabas durmiendo? No quería despertarte. — Se disculpó Joan acercándose a la cama.
El mayor se movió a un costado del colchón, dejándole espacio.
— No estaba durmiendo, tengo muchas cosas que pensar. — le contestó mientras sentía como la cabeza de Joan se apoyaba en su hombro
— ¿Estas preocupado por la discusión con Viktor? Creo que te estás alarmando demasiado, nadie nunca ha podido hacer frente a la familia Gëber, nos tienen miedo.
— Viktor ha estado muy tranquilo en este último tiempo, él me da más miedo que la Iglesia y su estúpida burocracia. Me ha llegado la noticia de que Adam volverá a Düsseldorf, eso todavía me tiene aterrado.
No pudo seguir hablando cuando observó el rostro horrorizado de Joan, era difícil ver al menor tan perturbado por algo, hacía unas horas había demostrado la templanza que poseía y ahora temblaba entre sus brazos como una animal herido. Adam tendía a ocasionar eso en las personas, incluso a él le costaba mantener la entereza al pensar que dentro de poco tendría que verlo y estar en la misma habitación que él.
— No te preocupes Joan, no dejaré que te hagan daño. Ya no somos los niños tontos y débiles que fuimos alguna vez.
— Lo siento, ya lo sé, pero no puedo evitar que mi cuerpo tiemble al pensar en él —Su voz estaba cargada de odio.
La mano de Oliver acarició la pálida mejilla— No quiero que pienses en eso ahora…—
Los ojos violetas observaron a su hermano, Oliver no pudo evitar sentir un calor que se apoderaba de su cuerpo. Joan era precioso, su suave y delicada piel, su largas y tupidas pestañas que rodeaban esos hermosos irises violetas, y esos suaves y gruesos labios de un tono casi rojizo. Era imposible no adorarlo de la manera tan devota con la que lo hacía.
— Sabes que no tiene que preocuparte por mí… Sé manejar a Viktor y a Adam
— Siempre me preocupare por ti, eres mi hermano pequeño. —Estrechó el delgado cuerpo entre sus brazos mientras hundía su nariz en las hebras negras de su cabeza, el dulce perfume a jazmín inundó su nariz. — Estás más delgado que la última vez que te vi, debes cuidarte más.
Joan asintió, se sentía bien sentir ese cálido cuerpo contra el suyo arropándolo en el silencio de la noche
— Extrañaba esto ¿Hace cuánto que no dormíamos así?
— Desde aquel cumpleaños en el que Violeta nos regañó diciendo que ya estabas muy grande para eso, ¿Recuerdas?
Joan sonrió — Es cierto, pero tú me dejaste quedarme esa vez.
—Era tu cumpleaños, podíamos hacer una excepción…
Los parpados de Joan se sintieron pesados, hacía días que no dormía, las pesadillas azotaban su mente cuando cerraba sus ojos y el hambre lo devoraba por dentro manteniéndolo alerta como un animal desesperado, era un hambre que no podía calmar con comida, un vacío que no podía llenar y que lo estaba consumiendo. Pero sentirse así de protegido lo alentaba a intentar descansar una vez más. De pronto ya no se encontraba más en esa cama sino en aquel pasillo oscuro, unos débiles rayos de luz entraban por las pequeñas ventilaciones haciendo visible el camino, escuchaba los pasos de su padre delante suyo, lo sostenía fuertemente del brazo forzándolo a caminar a su ritmo hasta que se tropezó y entonces Viktor lo llevó arrastrando hasta el final del corredor. Tardó en reconocer el lugar, era el viejo laboratorio de Adam ¿Qué hacían ahí? ¿Por qué su padre lo había llevado hasta ese lugar?
— ¡Finalmente! Ya no podía esperar más. —Dijo una voz. Movió su cabeza para poder ver al hombre que hablaba, vestía una bata blanca y llevaba su largo cabello castaño atado, aquellos anteojos que tenía puesto deslucían por completo sus hermosos ojos verdes.
—No quiero que te sobrepases…— le advirtió Viktor
— No lo haré —Le contestó, restándole importancia al asunto. Se acercó a Joan tomándolo fuertemente del rostro apretando sus mejillas con sus dedos y lo examinó.
—Pero que hermoso te has vuelto con los años.
— Déjate de idioteces Adam y haz tu trabajo, quiero terminar con esto cuanto antes
— ¿Tanto te incomoda la presencia de tu hermano pequeño? — le preguntó acercándose a Viktor, sus rostros quedaron apenas a unos pocos centímetros de distancia.
Viktor lo apartó, y tiró con brusquedad del brazo de Joan colocándolo en medio de ellos dos. Otro hombre entró al laboratorio con una caja llena de frascos y otros utensilios.
— ¡Justo a tiempo Bluma! —. Habló Adam —Ayúdame —
Ambos tomaron a Joan de los brazos y lo colocaron encima de una camilla, el niño observó como el hombre tomaba unas correas de cuero sujetándolo contra la camilla, inmovilizando su cuerpo por completo
— Sabes pequeño, eres muy especial —. Comentó Adam mientras tomaba algunos frascos con diferentes sustancias, abrió los frascos y comenzó a mezclarlos— Tienes un defecto genético que solo se ha visto en cinco individuos en toda la historia de la humanidad ¡Ah! Recuerdo aquel día hace un año atrás cuando viniste corriendo asustado porque tu conejo, el que tu tanto querías, estaba muy débil, fue entonces cuando notamos que todo lo que tocabas se marchitaba y se debilitaba ¡Fue una sorpresa para todos!
El hombre se quitó sus anteojos dejando ver sus ojos verdes, era un verde muy claro. Se acercó a aquel niño aterrado y lo tomó del mentón apretándole la mandíbula para que abriera su boca. Joan sintió como una mano le sostenía su cabeza, era la mano del asistente.
— Yo también tengo un poder peculiar, soy capaz de separar el alma de un ser humano de su cuerpo.
Los labios de Adam rozaban los suyos haciéndole cosquillas.
— Tranquilo, esto no dolerá… mucho…—dijo el hombre en un susurro.
Un fuerte dolor en forma similar a una corriente eléctrica comenzó a recorrer todo su cuerpo, no podía respirar, ni moverse, ni gritar. Un vapor azul salió del pequeño cuerpo, el científico aspiró ese vapor y luego lo escupió en el frasco donde había colocado todas esas otras sustancias. Joan comenzó a sentirse débil, su cuerpo estaba entumecido y sentía el mundo alrededor cada vez más vago y lejano.
—Tu poder es bastante débil e inútil en estos momentos, es dañino solo a largo plazo y no puedes controlarlo. Pero… para tu suerte me tienes a mí. — dijo.
El científico tomó una jaulita pequeña, dentro había unas maripossa con alas violetas que se movía enérgicamente tratando de escapar, abrió la jaula y tomó una de las mariposas de las alas.
—Sabes… en ciertas culturas, se teme a las mariposas porque son mensajeras de la muerte. En parte esta idea no es tan errónea, cierto tipo de mariposas, como esta, son capaces de absorber energía de las personas para mantener su vida por un poco más de tiempo, como tú Joan —. Cubrió al insecto con sus dos manos y cuando las abrió este ya se había convertido en un polvo violáceo que el hombre mezclo en el frasco junto con los demás elementos. Finalmente se lo dio de beber al niño. Las mejillas pálidas volvieron a cubrirse de color y sus hermosos ojos azules se tornaron violáceos para siempre.

Sintió unas manos en su rostro
— ¡Joan! Despierta por favor, es solo un sueño.
Los ojos dorados de Oliver lo observaban preocupados, se había despertado al escuchar los gritos de terror de Joan.
— Lo siento…— se disculpó, sintió como las lágrima comenzaban a brotar de sus ojos sin poder evitarlo. No quería llorar, no enfrente de Oliver.
— Lo lamento… —

#7

— Creo que debería pensar seriamente en seguir los pasos de tu padre— dijo Zafiro mientras machacaba unas hojas volviéndolas una pasta.
Alexis apartó la vista de las partituras que tenía en su mano y observó a Zafiro sorprendido —Tú nunca has querido que siga ese oficio.
— He cambiado de parecer — respondió, su voz era calma pero su cuerpo estaba tenso y sus movimientos se habían vuelto más bruscos
— ¿A qué viene este cambio repentino?… No se deberá a lo que sucedió el otro día con aquel hombre enfermo… tú mismo dijiste que ese hombre estaba loco.
Zafiro dejó lo que estaba haciendo y observó a su sobrino con extrema seriedad —Estoy hablando en serio…—
— Yo también lo hago Zafiro. Ya te lo he dicho, me iré a Viena. No me interesa ser un alquimista como lo fue mi padre, es una profesión ridícula que ya ha caído en desuso. Esas historias fantásticas que contaba, no son más que mitos, como lo son la piedra filosofal y la fuente de la vida eterna. Nunca nadie ha tenido pruebas de que tales cosas existan, son solo fantasías que ha inventado el hombre para dar esperanza a la humanidad.
— Es gracioso que una persona como tú, que ha experimentado el poder de la alquimia, niegue su existencia ¿Acaso tus ojos no perciben el alma? ¿Vas a negar tu verdad?
— Eso es solo una habilidad que he desarrollado, es una peculiaridad, pero no se debe a la alquimia.
— ¿Y mis manos? ¿Vas a negar el poder que poseo? Si no fuera gracias a los años de práctica a los que me he sometido no podría curar a las personas como lo hago.

Alexis se levantó fastidiado, guardando las hojas en su bolso. — No lo voy a hacer… ¡La iglesia llama hechiceros a los alquimistas! ¡Es una práctica prohibida!—Insistió.
La mano de Zafiro golpeó con fuerza la pared de ladrillo haciendo que Alexis pegara un respingo.
— ¡Es porque tienen recelo de su poder! ¡Un poder que ellos nunca tendrán! —
Alexis lo observó sorprendido.
El hombre suspiró tratando de tranquilizarse y se acercó al menor
— Quiero ser condescendiente contigo, de verdad. Nada me gustaría más que poder satisfacer todos tus caprichos, pequeño. —Su mano acarició el cabello rojizo con cariño. — Hubiera querido extender este tiempo un poco más, pero este momento de paz parece extinguirse rápidamente y debes estar preparado para la adversidad.
El menor observó los ojos grises, no había en ellos duda ni vacilación, pero pudo sentir su miedo, lo que estaba haciendo era un acto desesperado por protegerlo.
Zafiro se sentó y le hizo una seña a Alexis para que hiciera lo mismo. Siempre había mantenido a su preciado sobrino al margen de toda la situación, pero las noticias que había recibido de la capital eran sumamente preocupante y debía actuar de inmediato.
— ¿Qué sabes de la relación de nuestra familia con la alquimia?
Alexis suspiró bastante desanimado pero finalmente contestó.
— Mi padre siempre me contaba la historia de un alquimista llamado Elahm que había descubierto la fuente de la vida eterna.
— Así es, Elahm era mi bisabuelo, viajó desde Persia oriental hasta aquí en busca de un pergamino antiguo que había sido robado. Pudo recuperar una parte del pergamino y con ese conocimiento comenzó a experimentar. Lamentablemente su hijo menor murió en uno de sus experimentos, esto hizo que se obsesionara con encontrar la forma de devolverle la vida. Desarrolló una técnica sumamente peligrosa llamada Cambio de almas, es un método que solo pueden utilizar cierta clase de alquimistas y que implica un gran riesgo para cada uno de los partícipes.
— No estarás hablando enserio. —Le interrumpió el menor indignado, no podía creer la sarta de incoherencias que estaba diciendo Zafiro—. No estarás insinuando que algo así como la resurrección realmente existe.
— No Alex, no existe algo así, pero si existe un método para vivir más tiempo que el de un vida humana, a través del cambio del alma de un individuo a otro cuerpo más joven, más fuerte y saludable.
El pelirrojo largó una carcajada— ¡No puedo creer lo que me estás diciendo, es insólito, es… es ridículo!—
Pero los ojos de Zafiro mostraban solo verdad y aquello le heló la sangre
—Sabes que no miento, siempre has querido saber las cosas que te ocultaba, y ahora tienes la oportunidad de conocer la verdad, de pertenecer a algo mucho más grande.
El menor se quedó quieto fijando toda su atención en la figura de Zafiro.
— Debes entender —Prosiguió el mayor— que los alquimistas son diferentes a los humanos normales. Tenemos ciertas percepciones de la realidad que las personas comunes no poseen, provenimos de una casta que se ha especializado en su arte por miles de años, así que ya eres un alquimista de nacimiento aunque no quieras serlo, es algo que está en tu sangre y no puedes deshacerte de ello.
Aquella revelación hizo estremecer a Alexis, eso significaba que no tenía elección, que no podía escapar a su sangre. No quería escuchar la verdad, no ahora que estaba a punto de dejar su vida y sus recuerdos atrás y comenzar una nueva etapa lejos de allí.
Zafiro ajeno a sus pensamientos siguió con la interesante explicación.
— Existen diferentes tipos de alquimistas, entre ellos se encuentran los alquimistas que manejan el N’ame, como yo, poseen la habilidad de pasar la energía vital del cuerpo a otro individuo, es por eso que puedo curar a las personas heridas acelerando el proceso de cicatrización entre otras cosas. Luego están los alquimistas capaces de modificar su cuerpo físico de diferentes formas y aquellos que manipulan la energía mental. Finalmente se encuentran unos pocos elegidos como tú Alex, que pueden manipular la Etoile o el alma.
Zafiro se levantó, tomo unos frascos de un estante y volvió al lugar.
— Empezaremos tu primera clase de alquimia.
— ¡¿Ahora?! Debo alistar mis partituras, en tres días será el concierto—. Protestó el menor pero la mirada de advertencia que le dedicó su tío, hizo que se silenciara.
El boticario tomó un poco de yeso y lo usó para pintar un triángulo sobre la mesa.
— La forma principal de la alquimia es el triángulo, representa los tres elementos fundamentales, la sal, el azufre y el mercurio; en otras palabras, el cuerpo, la mente y el alma. Estas a su vez son alteradas por diferente tipo de energías que provienen de los elementos naturales como el agua, el fuego, la tierra y el aire. La diferencia entre los alquimistas y el hombre común, es la posibilidad de manejar la energía del mundo, transformarla y deformarla a nuestro gusto.

Alexis le observaba incrédulo, lo único que le detenía de reírse y salir indignado de aquel lugar era la mirada de Zafiro, él realmente estaba hablando con la más pura verdad, sus ojos grises no podían estar mintiéndole, lo veía claramente en ellos. Un fuego incendiaba su interior cuando hablaba de la alquimia, hablaba con el mismo amor que lo hacía cuando recordaba a su hermano Dion.
Tomó una flor marchita y la colocó en el centro del triángulo, luego colocó una pequeña cantidad de azufre, prendió un cerillo y lo dejó caer sobre el azufre. Una llama azul se hizo visible antes de que Zafiro la tapara con sus dos manos. El hombre cerró sus ojos por unos minutos concentrando su energía en las palmas de sus manos, cuando quitó sus manos de encima del fuego, una hermosa rosa roja ocupaba su lugar.
— Este es el poder de la alquimia.