EgonBlumer
Rango4 Nivel 15 (207 ptos) | Promesa literaria
#1

Mi padre estudió filología y lingüística en la Kant BF Universitet. Era un hombre de grandes ideas. Para él la libertad era una de las cosas más preciadas que tenían las personas y pensaba que no debían renunciar a ella por nada del mundo.
Cuando estudió la cultura africana, se enamoró de sus idiomas y se obsesionó con la idea de recorrer África en busca de dialectos perdidos y recopilarlos en un libro para así poder rescatarlos de su olvido. Él era capaz de hacer cualquier cosa por alcanzar su sueño, incluso si eso significaba abandonar a su mujer y su hijo. Recuerdo el día que nos dejó, había empezado la primavera pero todavía nevaba en Kaliningrad, su rostro aparece borroso en mis recuerdos pero su áspera voz describiéndome la belleza del lejano continente es muy clara, lo percibo como si todavía estuviera aquí a mi lado. No puedo culparlo por abandonarnos, es una vida mucha más interesante la de seguir un sueño en vez de quedarse cuidando de una familia, viviendo de un empleo con el salario mínimo mientras se fantasea con la idea de algún día poder salir de ese maldito hueco helado.

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Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 6 meses

Buen inicio tambien en esta. Es comodo leerte y gratificante tu forma de escribir. Te sigo leyendo.

EgonBlumer
Rango4 Nivel 15
hace 6 meses

Gracias espero que te siga gustando la historia, el argumento conforme avanza se vuelve bastante incomodo

Don_Diego
Rango13 Nivel 60
hace 6 meses

Es gratificante buscar y encontrar muy buenas historias de vez en cuando. Te sigo leyendo.


#2

Si hubiera seguido viviendo con nosotros, mi padre se hubiera convertido en un hombre desdichado y amargado como lo fue mi madre en los siguientes años, hubiera visto en mí la salvación y hubiera puesto todo su empeño en que yo siguiera los pasos de su sueño frustrado. Finalmente al chocarse con la triste realidad de que su hijo no sería el gran investigador que él alguna vez quiso ser, se hubiera hundido en el alcohol volviéndose una sombra del brillante hombre que alguna vez fue. Prefiero pensar que fue mejor para todos así, hubiéramos sido igual de desdichados o más si él se quedaba.
Mi padre me enseñó el significado de la libertad y la grabó en mí con el recuerdo de su ausencia. Mi mente adolescente la aplicó al único concepto que parece relevante a esa edad, el sexo. A mis diecisiete años ya me encontraba en una sádica relación con un integrante de la Bratvá[1] llamado Yarik. Lo que más recuerdo de él es su abusiva adicción al cigarrillo, fumaba uno tras otro y su cuarto tenía un constante olor tabaco y mentol, incluso su piel ya había adquirido ese olor.

Examiné las marcas de quemaduras en mis muñecas, eran muy oscuras y contrastaban mucho con el color de mi piel.
— Son muy notorias, debería usar una venda para taparlas —dijo una voz cerca de mi oído. Un chico de cabello y ojos negros estiró su mano alcanzándome unas banditas para que cubriera mis heridas, era bastante alto y tenía un aspecto algo tétrico.
— ¿Quién dijo que necesitaba tu opinión? —murmuré fastidiado mientras miraba a mi alrededor para ver si alguien nos estaba observando. Lo había visto en mi clase, cursaba conmigo algunas materias como matemática y educación física.
Tomé las banditas, algo me decía que no se iría hasta que las aceptara, lo único que quería era que se esfumara y me dejara en paz.

Don_Diego
Rango13 Nivel 60
hace 6 meses

Homosexualidad? No juzgo, solo quiero estar bien informado. Muy bueno por cierto.

EgonBlumer
Rango4 Nivel 15
hace 6 meses

Si. Gracias, espero estar a nivel de tus espectativas.


#3

Lamentablemente tuve que volver a econtrarme con el estudiante de aspecto tétrico, más pronto de lo que me imagine.

Sentía el brazo entumecido y no lo podía mover, estaba seguro de que el bruto de Yarik me había dislocado el hombro la noche anterior, realmente me dolía cuando hacía algún movimiento y tampoco podía girar mi cuello. Entré a la sala esperando encontrarme con la enfermera que siempre me atendía, pero me sorprendió ver al estudiante que me había regalado las banditas en su lugar, levantó la vista al escucharme entrar pero enseguida volvió a concentrar su atención en un libro viejo, pude deducir que era de medicina por el título de la portada «Schwartz, Principios de Cirugía, 8a Edición »
— Estaba buscando a la enfermera… — Le dije tratando de disimular mi mal humor.
— Tuvo algo urgente que hacer, estoy cuidando la enfermería mientras ella no está. —Contestó, dejando finalmente el libro en la mesa para prestarme atención.
— Ahora recuerdo… tú eres, el hijo del médico…Aleksei …Kuznetsov — dije observándolo mejor. La conversación que había surgido la otra vez en la clase de Formación ética sobre su padre y el hospital que dirigía, vino a mi mente,
— Así es, la mujer gorda pensó que era el mejor candidato para cuidar la enfermería ya que estoy acostumbrado a ayudar a mi padre en el hospital.
Casi no pude contener la risa cuando se dirigió a la enfermera con esos términos,
— Bueno, tendré que volver más tarde…— suspiré sujetándome el hombro por inercia — Realmente esperaba que pudiera ayudarme, creo que tengo el hombro dislocado.
Estaba por darme la vuelta cuando Aleksei se levantó de su asiento.
— Tal vez… Pueda ayudarte —dijo algo dubitativo, — he visto como mi padre lo hace, puedo intentar…—
Su alta figura me cohibió un poco aunque traté de mantener mi postura despreocupada. Dudé unos minutos pero finalmente acepté, el dolor se estaba volviendo insoportable y no quería tener que ir a un hospital. Me senté en la camilla, sentía su mirada examinándome, el silenció era tal que podía escuchar su respiración detrás mío. Apoyó una de sus manos en mi hombro y la otra en mi brazo y con un movimiento rápido y firme lo colocó en su lugar. El dolor que sentí en ese momento fue indescriptible, tuve que hacer un terrible esfuerzo para no largar un chillido, mis ojos se aguaron y por un minuto no pude respirar. Por suerte luego de unos segundos el dolor se calmó y noté que podía mover mi brazo por completo.
— ¡Gracias! Me estaba muriendo del dolor —reconocí.
— ¿Cómo fue que te dislocaste el hombro? Debiste haber ido a ver un médico enseguida. —dijo mientras se sentaba en un taburete frente mío. Se veía algo intranquilo, su mirada parecía fija en mis muñecas, a pesar de la camisa que llevaba puesta se notaban las marcas.
— Lo sé, los sé. —Le contesté restándole importancia— ¿Te gustan? —.
Aleksei dio un pequeño respingo apartando la mirada de mis muñecas.
— ¿Qué?
— Las quemaduras en mis muñecas, no dejas de mirarlas y pones una expresión extraña… ¿Te gustan verdad?—
El estudiante se removió incomodó y por unos segundo no me habló, parecía estar pensando cuidadosamente la respuesta.
— No solo las quemaduras… Las cicatrices y costras también.
— Eso es raro —opiné mientras me arremangaba la camisa para que pudiera observar las lastimaduras con más detalle —Tengo muchas más por todo el cuerpo si quieres ver—
Su rostro pálido enrojeció — ¿Realmente me dejarías verlas?—
— Claro. —Le dije mientras comenzaba a quitarme la camisa, dejando al descubierto mi pecho y mi espalda.
La forma en que me miró como si fuera un animal hambriento que quería devorar mi cuerpo por completo, hizo que me excitara de una forma que nunca había experimentado.

Kobbe
Rango9 Nivel 41
hace 6 meses

uy que sordido ...me gusta


#4

Al poco tiempo de que mi padre nos abandonara, nos mudamos a Moscú y mi madre se juntó con un hombre llamado Yegor, un estafador de poca monta que tenía cierta vinculación con un grupo de la Bratva. Comprendo su frustración y su dolor, no era fácil mantenernos con lo poco que nos dejaba su trabajo de costurera, apenas nos alcanzaba para el alquiler y la comida. Tener nuevamente un hombre que le ayudara con los gastos de la casa, implicó un gran alivio para ella.
Yegor fue para mí el amor y el apoyo que mi madre nunca me dió, tal vez mi aspecto le recordaba demasiado a mi padre y por eso tenía esa aversión hacia mi persona que trataba terriblemente de ocultar con la excusa de ser una madre estricta.
El nuevo integrante de la familia se mostró comprensivo y amable conmigo y pronto nos hicimos inseparables. Me moldeó a sus gustos y deseos, una inocente y estúpida criatura como un niño es fácil de manipular y corromper. Siempre sentí que me miraba de una manera extraña, pero todavía no lo podía comprender. Pronto no sólo me miraba sino me tocaba, recuerdo las prolongadas duchas que nos dábamos y cómo jugaba con mi cuerpo. Recuerdo ver como masajeaba su miembro mientras veía como me cambiaba.
—¿Quieres probarlo? —me preguntó una vez mientras me apuntaba con su verga todavía un poco flácida, tenía un olor extraño, era muy diferente a mí todavía imberbe pene.
—Tienes que chuparlo como un caramelo. —Me animó
No pude resistirme, mi ingenua curiosidad pudo más que los nervios o el miedo. Después de todo él era mi amigo
¿No?


Sentí los ojos de los estudiantes sentados en la mesa contigua a la mía clavados en mi persona, no me sorprendía ¿Quién no observaría a alguien que tiene la mitad del rostro vendado?
No había podido evitar terminar con el labio partido y un ojo morado, cuando se juega con los Bratva es lo mínimo que puedes esperar que suceda.
— ¿Te vas a comer tu gelatina? —Me preguntó Aleksei mientras terminaba de engullir el último pedazo de carne que quedaba en su plato.
—Es toda tuya —Le respondí.
Desde aquel día en la enfermería no se había despegado de mi lado. No es que hubiera pasado gran cosa aquella vez, el mastodonte parecía solo tener interés en mis cicatrices y me había dejado con un terrible dolor de huevos. Pero por alguna razón que todavía no comprendía, había tomado nuestro pequeño encuentro como una invitación a una amistad que yo no le había ofrecido. Odiaba su forma de ser, me sacaba de quicio su falta de interés por todo, podía decirle que me gustaba tener sexo con caballos y el solo se encogería de hombros y seguiría leyendo tranquilamente sus libros de medicina. Deseaba horrorizarlo, despedazar cada rincón de certidumbre que existía dentro de él, quería hacer temblar su mundo, pero hasta ahora lo único que había logrado era hacerlo sonrojar un poco.

—Kuznetsov. —Le llamó el preceptor de turno antes de que pudiera contestarme, Aleksei se levantó algo sorprendido y se dirigió hacia donde se encontraba el hombre. Sentí como el preceptor me dirigía una mirada desaprobatoria, acababa de tener una tendida charla conmigo acerca de lo mal que podía terminar si me involucraba en peleas y que no debía usar la violencia para resolver las cosas. Traté de explicarle que no había sido una pelea ya que yo no había agredido a nadie, obvié por supuesto el pequeño detalle de que los hechos habían sucedido mientras Yarik me montaba y que mis manos se encontraban atadas al respaldo de la cama.

No volví a ver a Aleksei en toda la tarde y realmente no le di mucha importancia hasta el siguiente día, cuando tampoco apareció. Me acerqué al preceptor y con mi mejor sonrisa le pedí que por favor me dijera lo que había sucedido.
— ¿No te has enterado? —me observó sorprendido. —Su padre falleció ayer… Hoy es el funeral. —
Me quedé asombrado, no me esperaba una notica así, habría esperado algo como que estaba enfermo o que tuvo algún problema con su familia, pero esto era nefasto, sabía cuánto respetaba Aleksei a su padre y cómo deseaba llegar a ser alguna vez como él. Imaginé la pena y la tristeza que debía sentir el pobre muchacho y no pude evitar sentirme excitado ante la imagen que se formó en mi mente, la sola idea de que el tenebroso y apático estudiante expresara una sensación tan terrible en su cara me había hecho arder de deseo. Debía verlo, debía ver ese rostro atormentado cubierto de lágrimas…

Me salteé la clase de matemática y salí del instituto, mientras iba en camino había comenzado a llover, primero unas cuantas gotas pequeñas pero rápidamente la lluvia se había vuelto más intensa y molesta. Pronto me encontré frente a la entrada del cementerio, di la vuelta al gigantesco predio rodeado de una pared de ladrillo que limitaba el espacio de los muertos y los separaba de los vivos, y llegué a la entrada justo a tiempo para ver a Aleksei despidiéndose de algunos familiares. Me acerqué y apoyé mis manos sobre su hombro.
—Lo lamento… — susurré algo nervioso, me acababa de dar cuentas que no había llevado flores.
Aleksei se giró, sorprendiéndose al verme.
— Arian —
La expresión de su rostro era mejor de lo que hubiera podido imaginarme jamás, su aspecto afligido, sus ojos rojos y sus lágrimas que se mezclaban con la lluvia que caía intensamente. Se abrazó a mí con calidez, no importó la intensa lluvia cayendo sobre nosotros, sentí como su respiración se agitaba mientras lloraba y como sus manos estrujaban la camisa de mi uniforme. Pasaron unos minutos hasta que se calmó y se separó.
— Gracias por venir — dijo con una sonrisa triste y yo casi no podía respirar, mi corazón se había acelerado y mi mente apenas pudo mantener el hilo de la conversación.
Me despedí y salí corriendo hacia mi casa. Entré, me quité la ropa y me tiré en la cama mientras me masturbaba pensando en él.
En mi imaginación Aleksei no estaba arriba mío ni tampoco abajo, no gemía, ni se desnudaba, ni se tocaba, él solo lloraba.

#5

— ¿Sabes en qué pienso cuando me masturbo, Lyosha?
— Como si me interesara —Me contestó Aleksei mientras daba vuelta a la página de su libro.
— Pienso en aquella vez que lloraste en el cementerio, te veías precioso con esa expresión en tu cara

No me contestó, solo se acomodó sus lentes y siguió leyendo.
Aleksei se sentía diferente al resto de las personas, por esa misma razón no le interesaba lo que los demás pensaran. Sabía que nadie normal podría entenderlo, su mente no funcionaba de la misma manera que los demás y eso se podía probar con su afición por las cicatrices y costras, nadie en su sano juicio se emocionaría o se excitaría viendo una quemadura o tocándola. Tal vez por eso se había pegado tanto a mí, él estaba tan roto como yo y eso nos mantenía unidos.

— ¡Ey! Arian, Dime… ¿Eres gay?
Levanté mi cabeza del pupitre y me encontré con un estudiante de cabello rubio que me miraba con una sonrisa soberbia en su cara. Una risa se escuchó detrás de él y otro estudiante asomó la cabeza para observarme. Acababa de terminar la clase de Literatura y la mayoría de los alumnos habían salidos al patio, solo un grupo reducido nos habíamos quedado descansando dentro
— Te vimos saliendo con un viejo de un hotel ¿Enserio eres capaz de comerte a un viejo decrepito como ese?
— No hables mal de él, debe ser su novio. —se burló el rubio
— No lo creo, te debieron pagar ¿Verdad? No podría acostarme con ese tipo aunque me pagaran un millón de dólares.
Maldije mi mala suerte. Me levanté de mi asiento llamando la atención del resto de estudiantes que estaba cotilleando alrededor, todo el mundo me observaba impaciente, esperando ver cuál sería mi reacción, Aleksei me observaba también preparado para detenernos si el asunto se salía de control. Sujeté de la camisa al estudiante rubio, que mas tarde me enteraría que se llamaba Gueorguiy, e hice algo que nadie esperaría, lo besé. Sus labios se entreabrieron sorprendidos tratando de recuperar el aire, yo aproveché y metí mi lengua en su boca; mis manos se deslizaron por el cierre del pantalón y se colaron entre sus piernas, sentí como mis dedos se hundían en sus testículos y como un chillido de dolor salía de sus labios.
— ¡Suéltame! —gritó tratando de separarse, pero yo lo sostuve bien fuerte de su cintura.
Una risa estrepitosa brotó de mi garganta, no podía dejar de reír como un desquiciado. Su cara se había puesto roja de la ira, levantó su puño preparándose para pegarme pero nos separaron.
Sentí el cálido cuerpo de Lyosha sosteniéndome y el dulce aroma de su cabello, y por un minuto quise quedarme así por siempre. Mi risa cesó y una calma silenciosa sobrevino.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 6 meses

Va genial el relato y lo mejor es lo facil que resulta leerte. Dura la tematica pero brilante la forma de mostrarla. Seguire atento a lo que publiques.


#6

Definitivamente hay algo malo en mí, desde pequeño lo supe. No sé qué fue lo que lo causo pero algo se rompió dentro mío en algún momento, tal vez fue la indiferencia de mi madre, o la ausencia de mi padre, pudo haberlo causado mi relación con el pedófilo sádico de Yegor. Tal vez no fue ninguna de esas cosas y siempre fui así. No culpo a nadie por mis malas decisiones ni por mis desagradables hábitos, no tengo resentimientos contra ninguna de las personas que fueron parte de mi vida, no creo en la culpa ni en la empatía y las cosas debieron ser así porque el mundo es así y todo es un asco. Nunca me planteé haber podido tener una vida diferente o haber sido otro tipo de persona, porque a pesar de lo torcido y jodido que esté, me gusta ser así.

Estuve una semana expulsado por haberme involucrado en una pelea dentro de esa escuela. Durante ese lapso, Aleksei había comenzado a salir con una compañera de nuestra clase y la noticia me había caído muy mal.
Algo que debo rescatar de mí es que soy un muy buen actor, no importa cuán destrozado y perdido esté por dentro puedo lucir como la persona más feliz y despreocupada que pueda existir, y eso es lo que hice. Mientras él se divertía con su puta de turno, yo me encontraba en el apartamento donde vivía haciéndome la quinta paja del día. Levanté la mirada y me encontré con unos billetes arriba de la mesa, mi madre había pasado por el lugar y me había dejado un fajo de dinero antes de desaparecer nuevamente por otro mes, no era mucho pero al menos no pasaría hambre.
Iba a morir ahogado en mi propio semen si no hacía algo, por lo que salí en busca de Yarik y su grupo de matones. Cuando llegue a su casa, el Bratva me abrió la puerta y me dedico una sonrisa burlona.
— ¿Tanto me extrañas que no puedes esperar a que te llame?
— Cállate —dije dedicándole un mirada molesta, no estaba de humor para soportar sus estupideces.
Enseguida me arrepentí, sabía que no me convenía tener esa actitud con él y que podía costarme caro mi atrevimiento. Para ellos no era más que un pedazo de carne en donde meter su pene, un agujero con el que podían jugar y desahogar sus frustraciones y sus deseos reprimidos.
Yarik se apartó y me dejó pasar. A pesar de lo que se pueda pensar de un hombre que vive una vida inmoral en los barrios bajos, la casa del Bratva se encontraba sumamente limpia y ordenada, sin embargo, era bastante precaria. Sus cañerías estaban algo oxidadas y la pintura de la pared estaba descascarada, su cocina debía tener al menos unos treinta años y sólo funcionaba una hornalla, tampoco tenía muchos muebles, unos colchones en la sala para cuando sus subordinados pasaban la noche allí y una mesa con unas sillas. Arriba había dos habitaciones, una pertenecía a Yarik y otra que estaba vacía por el momento, pero sabía que lo usaba su hermana cuando lo visitaba
Sentí como sus manos me tomaban de la cintura y me dirigían hasta un colchón que estaba en la sala, hundió mi cabeza en el colchón y sentí su peso sobre el mío. No estábamos solos, a un costado del colchón se encontraba un hombre de aspecto desarreglado fumando hierba, lo conocía de alguna otra ocasión. El hombre me sonrió mientras tomaba otra pitada de su cigarrillo, me gustaban sus ojos celestes, eran tan claros que parecían transparentes, sus pupilas dilatadas le daban un aspecto extraño, como si fuera un ser de otro planeta.
Yarik me bajó los pantalones y sentí la presión de su pene tratando de entrar en mi interior. El hombre a mi costado abrió sus piernas y se bajó la cremallera liberando su miembro, enseguida comenzó a tocárselo. Me gustaba sentir la presión de esa verga desgarrándome, era un dolor que me excitaba, me ponía a mil. Mis manos se hundieron en la tela del colchón con una fuerza tal que sentí como esta se iba rasgando de a poco, podía escuchar la respiración entrecortada del hombre a mi costado y los jadeos de Yarik y su aliento en mi nuca.
Yarik me tomó del cabello obligándome a levantar la cabeza.
— Su boca esta libre —Le ofreció al hombre a mi costado para que pudiera desahogarse
El tipo dudó por unos segundos pero luego se levantó y apagó el cigarrillo en la pared. Acercó su pene a mi boca y yo lo recibí, en un principio me dejó hacer lo que quisiera, yo lo lamí como si se tratara de una paleta, chupé la punta y luego me lo metí a la boca. Sentí como el Bratva aceleraba sus embestidas, su subordinado sonrió con complicidad tomando mi cabeza y comenzando a mover su pene de una forma brutal siguiendo el ritmo que estaba imponiendo Yarik. No podía respirar ni moverme, no pude evitar que mis ojos derramaran unas lágrimas, me agité tratando de liberarme del agarre del Bratva pero una punzada de dolor hizo que me quedara quieto. El tipo saco su pene repentinamente y yo tomé una bocanada de aire aliviado, escuché como se reían y en ese momento sentí un fuerte dolor en mi mejilla, el tipo me acababa de pegar un puñetazo en el rostro. Tardé unos segundo en recobrarme, todo daba vueltas y sentí como un hilo de sangre bajaba por mi nariz hasta mi mentón, la dureza dentro mío se sacudió y un gemido contenido me hizo saber que Yarik estaba a punto de venirse. Levanté la cabeza, el hombre frente mío se masturbaba con rudeza, tomó mi rostro y lo acercó a su verga, vi cómo comenzaba a salir semen de su punta, y el líquido blanco y espeso cayó en mi rostro.
Unas cuantas embestidas más hicieron que el Bratva se desplomara sobre mí satisfecho.

#7

No soy gay…
Me gustan las mujeres y puedo tener relaciones con ellas sin ningún problema, me gustan los senos y sus curvas, pero ninguna podría darme el placer que me provoca ser dominado por otro hombre, la fuerza, su excitación animal y agresiva, el fuerte olor de su transpiración pegándose a mi cuerpo, el vello de la barba raspando contra mi piel, son cosas que jamás obtendría estando con una mujer...
Cuando estaba en tercer año tuve mi primera vez con una compañera del instituto, tengo una ligera tendencia al sadismo y cuando estuve con ella esa faceta mía explotó liberándose completamente. Ella gritó y lloró tanto que eso hizo que perdiera todo interés en el sexo heterosexual y me metiera más y más en relaciones homosexuales.


Aleksei se encontraba caminando delante, era un día lluvioso y acabamos de salir de clase. Junto a él aquella mujer le sostenía la mano mientras caminaban cubiertos por la protección de un paraguas.
— ¿Quieres venir con nosotros a tomar algo? —me preguntó mi amigo.
— No gracias, prefiero ir a mi casa y hacerme una paja… — «Pensando en tí» —agregué en mi pensamiento
La chica hizo una mueca de disgusto y Lyosha se encogió de hombros y la abrazó dándome la espalda.

Cuando cumplí once años mi padrastro dejó de tratarme con amabilidad y se volvió violento, me golpeaba y abusaba de mí de una forma brutal, le encantaba dejarme marcas con su cigarrillo y atarme a la cama. Pero cuando crecí y mi cuerpo cambio al de un hombre, dejó de tener interés en mí, mi cuerpo ya no era el de un niño pequeño, seguramente debió haber odiado que madure.
Luego de mi padrastro, tuve varios encuentros casuales con diferentes hombres, primero fue con un amigo de Yegor, este me presentó a otros hombres con su mismo gusto. Ellos me daban dinero y me regalaban cosas, ropa, relojes, juegos que tal vez nunca hubiera podido comprar de otra forma.
Cuando conocí a Alksei deje de verme con estos hombres, ya no me apetecía hacerlo. Nunca quise admitirlo, pero era la primera vez que sentía algo así, quería lastimarlo y hacerlo llorar, pero si alguna vez me rechazaba no sabría qué hacer, me dolería tanto que no podría soportarlo. Claramente ese era un sentimiento al que no estaba acostumbrado y nunca lo había experimentado antes.
Tampoco recibí visitas de mi madre. Si bien Yegor había sido una compañía al menos en los primeros años, también había sido una mala influencia para ella, él había sido quien la había introducido en el mundo de las drogas y el alcohol, y había tratado de alejarla lo más posible de mi lado, quería que mi madre se distrajera y no prestara atención a las cosas que sucedían en su casa, como el hecho de que su hombre se acostara con su hijo pequeño. Cuando Yegor la dejó ya estaba demasiado metida en toda esa mierda como para volver atrás, cada vez se ausentaba más, casi nunca venía a dormir y sus visitas se hacían menos frecuentes.

Los últimos días de secundaria fueron una mezcla de sensaciones extrañas que traté de ignorar como pude. Por supuesto la cercanía con Lyosha no ayudaba a mi inestable estado emocional. Mi compañero se encargó de recordarme lo agradecido que estaba por ser su mejor amigo, él estaba consciente de que no era normal y agradecía la comprensión que yo había tenido con su extraña fascinación por las cicatrices. Por supuesto que tampoco era quién para juzgarlo. Con su poco tacto me recordó lo sólo que me encontraba y lo raro que era, yo me reí, me burlé de él y su cursilería y finalmente me fui a mi casa. Me senté en el borde de la ventana y lloré mientras veía como el sol se ocultaba entre los edificios. Lloré como nunca en mi vida había llorado, por todas aquellas veces que había callado mi llanto y había silenciado mis pensamientos, lloré por amor, un amor que sabía que jamás podría tener.