orlando
Rango6 Nivel 27 (1104 ptos) | Novelista en prácticas
#1
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  • #2

“Revóver es un palíndromo, es decir, una palabra que se lee igual de izquierda a derecha, que de derecha a izquierda. Tiene truco, y basándome en esto, en su recursividad, en su capacidad de moverse en ambos sentidos (quizás simultáneamente) y llegar al mismo destino, es que he ideado esta breve historia.”

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orlando
Rango6 Nivel 27
hace 3 meses

Muy amable de tu parte @HernanACalvo , y gracias por pasar por aquí a leer y comentar.


#2

Sentía la mano derecha agarrotada e incomprensiblemente más cargada que la izquierda. Se decidió a mirar, curioso. Sorprendido observó que sus dedos se cerraban en torno a un objeto macizo y pesado. Elevó la mano a la altura de sus ojos para observarlo mejor. Era frío, duro y resultaba también vagamente familiar.
–¿Qué eres? –preguntó, mirando al objeto directamente a su único ojo, profundo y oscuro como una caverna.
Pero no hubo respuesta. Impasible y sin que se altere un sólo gramo de su plateada y hermosa piel, el objeto se mantuvo en silencio.
He ofendido a esta “cosa”, pensó. Probablemente no le gusta que le recuerden su estado inanimado. Ensayó entonces algo distinto.
–¿Quién eres? –probó ahora. Una suave y vibrante calidez se deslizó desde el objeto hasta la sensible yema de sus dedos. ¡Esta vez había acertado!
–Un revóver –escuchó decir a una voz femenina.
–¿Qué haces en mi mano, revóver?
Con un metálico gorjeo de satisfacción, ella –pues indudablemente era una ella– respondió.
–En tu mano hago lo que los revóveres mejor hacemos –fue su enigmática respuesta. Parecía divertirle la pregunta; de hecho, casi podría asegurar que le escuchó sofocar una risita burlona.
La respuesta no aclaraba mucho. Era una revóver juguetona y parecía estar gastándole una broma. Le habría preguntado de inmediato a qué se dedicaba, siempre era bueno instruirse al respecto y parecía ser un tema de conversación que a ella agradaba particularmente, pero algo más llamó su atención en ese momento. Había huellas de zapatos en el suelo de la habitación. Normalmente no las habría siquiera notado, pero en esta ocasión parecían irradiar una fosforescencia carmesí que hacía imposible apartar la mirada. “Hermoso”, pensó.
–¿De dónde vienen ustedes? –preguntó a las preciosas marcas.
–Del pasillo –murmuró la revóver, aún asida a su mano. Casi de inmediato y anticipándose a él, agregó–. No pierdas el tiempo preguntándoles a ellas, no pueden hablar.
–¡Pero tú lo haces! –protesto él.
–Porque yo estoy viva.
–Entiendo –musitó. Pero no entendía.
–Síguelas...–recomendó ella.
Parecía un buen consejo y decidió acatarlo. Las huellas lo llevaron hasta el pasillo de la casa, justo ahí se encontró un espejo y dentro de ese espejo, un niño clavó su mirada –oscura e inquietante– en él. Le impresionó comprobar que una de las manos del muchacho sostenía también una revóver. Pero rápidamente apartó la vista, el mocoso no le quitaba los ojos de encima, unos ojos negros como la noche. “Da miedo”. Cuando bajó la vista, incómodo, pudo apreciar que el chico tenía los zapatos manchados de rojo. ¿Él había estampado todas esas marcas en el suelo?
Siguió avanzando, era un pasillo largo y las manchas estaban repartidas por toda la alfombra. Ahora el rastro parecía estar secándose mientras el color perdía su brillo y se tornaba marrón.
–¡No estás avanzando, niño! –rió ella, burlona–. Estas retrocediendo.
–¿Cómo es posible? –preguntó confundido–. Voy hacia adelante.
–No –insistió ella–. Avanzas hacia el pasado… retrocedes.
–Ya veo –murmuró él, pero sin ver nada realmente.
Las manchas se desviaban a una habitación ubicada a la izquierda. Se detuvo un instante, considerando si debía o no entrar.
–¿De quién es esta pieza?
–Aquí dormía la hermana del niño del espejo.
–¿Dormía?
–Ahora estas en el futuro ¿recuerdas?
Lo recordaba… pero, ¿Acaso se podía recordar el futuro?
Siguió andando, a cada paso el número de huellas en el suelo eran más copiosas y abundantes, más oscuras; como costras resecas. Ya no le resultaban hermosas, le recordaban al niño del espejo. Por eso había evitado entrar al cuarto de la niña, porque los hermanos se parecen y en secreto temía que ella tuviera los mismos ojos.
El corredor finalmente llegó a su fin. Un amplio muro se alzaba en frente y, enmarcada en el centro, una puerta le invitaba a entrar. Se detuvo angustiado, sin saber qué hacer. Por debajo del umbral se adivinaba un espeso y enorme manchón encarnado: el barrizal del que había surgido, cuál turbia vertiente, el tortuoso río de pasos que lo había traído hasta aquí.
–Entra –le incitó la revóver.
–¡No quiero! –se negó él.
–No tengas miedo… ¡entra! –insistió ella, endulzando melosamente la voz.
Sentía que todo el cuerpo le temblaba.
–Tengo frío –balbuceó con un hilo de voz–. ¿Qué hay al otro lado de la puerta?
–El presente –siseó ella.
–¿Cómo?
–El presente –repitió–. Tienes que verlo con tus propios ojos… vivirlo.
–¿Y si no quiero?
–Mucho me temo, querido, que no tienes alternativa. Puedes recordar el pasado e incluso visitar el futuro, pero no puedes evadir el presente.
Como si deseara confirmar las palabras de ella, la puerta se abrió por sí misma. El corazón comenzó a golpear con violencia dentro de su pecho cuando contempló la escena. El enorme dormitorio estaba hecho un desastre y la marea escarlata había invadido toda el área circundante a la cama, cayendo en gruesos chorros por el costado del cubrecama hasta llegar a la alfombra y esparcirse también por ella. El peso de un cuerpo hundía el colchón, mientras un hombre adulto se arrastraba torpemente por el suelo, boqueando desesperado, abriendo y cerrando la boca de forma patética, igual que esos peces que había visto en el muelle, apilados uno sobre otro en un cajón de madera. A sólo un par de pasos de distancia el niño del espejo lo observaba, con ojos tan vacíos que daban ganas de apartar la vista; y la revóver colgando en su mano derecha. A nivel del piso, el espeso líquido marrón que manaba del estómago del hombre fluía en espesos borbotones, empapando la suela de los zapatos del muchacho.
Desde su propia mano, la revóver reía con ganas. ¡Parecía divertirse tanto!
Él, en cambio, estaba aterrado. Todo aquello resultaba… perturbador.
Avanzó temblando hasta donde se encontraba el otro niño. Le urgía preguntarle algo, no sabía exactamente qué, pero estaba seguro de que se le ocurriría apenas llegara a su lado. Cuando lo tenía al alcance de la mano, éste se desvaneció en el aire, como si nunca hubiera estado ahí. Se quedó de pie y sin entender nada.
Y la revóver, fuertemente asida a sus dedos, no paraba de reír.
Otras cosas habían cambiado y desaparecido junto con ese escalofriante chico. La moqueta ya no aparecía manchada y el hombre-pez que se suponía tirado en el suelo, ahora se encontraba de pie, respirando agitado. Detrás de él, una mujer le miraba con el rostro desencajado por el terror.
Parado muy cerca de donde poco antes había estado el niño del espejo, observó detenidamente al ex hombre-pez. Estaba seguro de conocerlo, pero extrañamente no podía recordar quién era. El sujeto movió la boca y una eternidad después el sonido de sus palabras le alcanzó.
–¡Baja el arma hijo!
La mujer también habló repetidas veces, pero únicamente profería breves chillidos y lamentos ahogados.
–¿Qué hago? –preguntó a la cosa en su mano.
–¡No los escuches! –Advirtió ella, su brillante piel de metal centelleó desde el extremo más lejano de su puño–. Deja que yo me encargue de todo…
–¿Y qué vas a hacer tú?
–¡Lo que los revóveres mejor hacemos!
Tenía miedo de preguntar, intuía que no le iba a gustar la respuesta.
El hombre volvió a hablar. Como en cámara lenta sus palabras se arrastraron por el aire.
–Déjala en el suelo… peligroso… hacer daño.
Era como hundir la cabeza en el agua y que alguien te hablara desde la habitación contigua. Sorprendido descubrió que, pese a no poder captar todo lo que decía, conseguía entender el contexto del mensaje.
–Dice que eres mala… que quieres hacernos daño.
–¡Mentira! –ladró la revóver, furiosa–. ¡Mentira! –repitió–. Sólo quiero darles un beso, tengo un beso guardado para cada uno de ellos.
–¿Un beso?
–Así es pequeño. Un dulce e inofensivo beso.
–¿Vas a besarme a mí también?
–¡Oh!–exclamó ella, sonriendo con dulzura–. ¡Por supuesto que sí! –agregó–. ¡Te daré un beso que te volverá loco!
Repentinamente el pánico se apoderó de él. Aflojó los dedos de la mano para que ella cayera y apretó los ojos, esperando oír el sonido de la revóver al golpear contra el piso.
No escuchó nada. Extrañado abrió los ojos.
Sentía la mano derecha agarrotada e incomprensiblemente más cargada que la izquierda. Se decidió a mirar, curioso. Sorprendido observó que sus dedos se cerraban en torno a un objeto macizo y pesado. Elevó la mano a la altura de sus ojos para observarlo mejor. Era frío, duro y resultaba también vagamente familiar.
–¡Dame eso! –Gritó alguien desde muy cerca.
Entonces una manó extraña le arrebató, con precipitado nerviosismo, el objeto.
Casi de inmediato su madre se acercó corriendo, lanzándose al suelo de rodillas al tiempo que lo envolvía en un abrazo desesperado. Lo apretó con tal fuerza junto a su pecho que por un instante creyó que no podría respirar. Con el rabillo del ojo observó como su padre ocultaba el objeto en un cajón con cerradura. Poco antes de que terminara de girar la llave escuchó una voz femenina que reía entre dientes.
–¡Estuviste conmigo en el futuro! –Exclamó–. ¡Es sólo cuestión de “tiempo”!
Y aunque no le parecía gracioso, no pudo evitar sonreír… ¡Es que la risa de ella era tan contagiosa!

FIN

Quijano
Rango4 Nivel 15
hace 4 meses

¡Mierda @orlando! - disculpa la expresión - ¡que extraordinario!. ¡Me encantó!. Una fascinante historia

orlando
Rango6 Nivel 27
hace 4 meses

Muchas gracias!!! me alegro que te gustara

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 4 meses

Una historia realmente original y bien escrita. Buen trabajo

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 4 meses

Me ha encantado el relato, lo deje para leerlo tranquilo y lo he disfrutado mucho, gran texto, felicidades.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 46
hace 3 meses

El enorme placer de bucear por sttorybox y de repente encontrar una perla escondida, como esta tuya @orlando .
Una maravilla, de verdad.

OmDuArt
Rango14 Nivel 65
hace 25 días

Un urobóros horripilante... El niño parece que padece un autismo bastante severo... Es una historia brillante, difícil de contar sin cometer errores, y lo lograste con mucho estilo, felicidades. Me ha gustado mucho.