MaiVirgii
Rango10 Nivel 47 (5114 ptos) | Fichaje editorial
#1

Con su mano tapa su boca queriendo mitigar el sonido de los solloz mientras trata de ocultar su pequeña figura detrás de uno de los tanto arboles del aterrador bosque.

La joven sin esperanza seguía rezando porque lo que haya visto solo sea producto de su ya tan cansada mente, que aquella cosa desfigurada solo sea un invento, más la castaña aterrada sabía que por más que tratase de engañarse, de querer convencerse de que nada es real, ella sabía que esa cosa se encuentra a escasos metros de donde se encuentra.

Su sangre se mezcla con las lágrimas que resbalan por su muy maltratado rostro. El corazón le latía a más de mil por hora y su respiración es agitada. El pánico la tenía presa sin duda alguna y como no tenerlo, esa cosa desfigurada quería asesinarla y no estaba muy lejos de lograrlo.

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#2

En un intento desesperado la castaña sale de su escondite vía a una montaña de hojas que se hallan en su flanco derecho y que descubrió mientras miraba a su alrededor, con la intención de ocultarse mejor. Estar detrás de un árbol no es una buena idea. Pensó la joven a medida que se introducía en el pequeño espacio. Ubicada y tapando nuevamente su boca, empezó a contar los segundos en el que el silencio jugaba con la poca cordura que le quedaba. ¿Me seguirá buscando aquel desfigurado? Se preguntó con terror.

La respuesta pronto llega cuando unas manos se introducen en el pequeño montículo, tomándola por sus tobillos, sacándola así del estrechó lugar de un tirón.

El joven oficial de porte imponente abre la puerta de la oficina de la detective Gabes. La pelirroja que se encontraba del otro lado del escritorio, la cual revisaba los casos de asesinato que se han estado presentado últimamente en la zona boscosa de Chicago, eleva la mirada y con una ceja levantada deja la carpeta sobre la superficie de madera lisa, se levanta y hace un gesto con la mano para que el pelirrojo hable.

— Hermanita tenemos otro caso — pronuncia a medida que se adentraba más a la oficina deteniéndose justo delante del mueble que separa a los dos adultos.

— Ese malnacido no nos da tregua, vamos — pronuncia pero antes de poder salir el pelirrojo la detiene colocándose en dos grandes zancadas al frente de Gabes, tomándola por su rostros luego de haberse acercado, detallando esas bolsas grandes y oscuras que se encuentran debajo de los ojos marrones de la joven, esas que desde hace un mes han estado adornando el rostro de la mujer que ahora lo fulmina con la mirada.

— Edrian tu sabes…

— ¿A noche tuviste la misma pesadilla? O me lo negaras — pronuncia deteniendo el avanzar de las palabras de su hermana, esta con un movimiento veloz se zafa de las manos de Edrian y empieza a caminar hacia la salida.

— No te lo voy a negar pero estos no son momentos para discutir ese problemilla, ahora mueve tú trasero que tenemos más trabajo por hacer.

Abre la puerta de su oficina y a paso de vencedor sale de allí, rumbo al estacionamiento del lugar. A medida que avanzaba por el corredor, imágenes recorre una y otra vez su cabeza, realmente no estaba revisando los cinco casos de asesinato que le asignaron hace ya un mes, sino que por su mente pasaban esas misma imágenes que ahora le recorre la cabeza.

No sabía por que soñaba con ese bosque en penumbra y que allí se encontraba huyendo de un desfigurado de aspecto aterrador, ojos amarillos, cuerpo delgado y sin forma aparente, de largas y esqueléticas manos, de cara igual de deformada, con cortes que iban y venían a lo largo de la superficie coronando con una fina línea que se curva en una macabra mueca. No lo comprendía. Desde el primer momento que empezó con las largas jornadas de investigación de estos cinco misteriosos casos, ella no ha podido dormir, el descansar se le hace imposible.

Sacudiendo con fuerza su cabeza y respirando hondo abre la puerta del estacionamiento, continuando el trayecto hacia su auto. Alguien la vigilaba entre tanto Gabes llegaba a su objetivó y ella lo sabía. Por lo que gira sobre su eje y manteniendo su mano sobre la funda de su arma mira a su alrededor. Otra vez está pasando. Piensa atentan a cualquier movimiento.

Mira y mira, los segundos trascurre y nada se aparecía, el lugar esta aparentemente vacío, allí no hay nadie salvo ella.

— ¡Hey! Hermanita…

Pero Edrian ni siquiera puede continuar con su frace pues ve como la joven tensa y alerta brinca del susto dejando un pequeño y muy agudo grito al aire. Preocupado por su reacción se acerca por detrás con rapidez queriendo averiguar el porqué de su reacción. Bárbara por otro lado gira nuevamente y mira al hombre preocupado con cara de pocos amigos.

— Por dios Edrian, ¿Tú no tienes otra forma de llamarme? Casi me matas del susto — dice ahora enojada retomando su andar seguida por un hombre muy confundido.

— Si las tengo Bar, pero tú últimamente estas muy rara… Siempre te la pasas alerta, como si alguien te siguiera y aunado con las pesadillas que no te dejan descansar… Me tienes preocupado.

Se podía notar la angustia en cada una de las palabras del joven pelirrojo pero Bárbara Gabes es demasiado testaruda para admitir que la está pasando mal, que el cansancio ya se había hecho un habito y que el sentir que siempre es seguida por algo o alguien esta eternamente presente, colocándola en esos estado de alerta que la abstraen de su mundo. La está pasando mal, no había duda de ello, pero ni loca lo admitirá, ni mucho menos pedirá ayuda a su hermano menor, primero muerta antes que hacerlo.

— Yo estoy perfectamente bien Edrian, ahora ¿qué me ibas a decir? — le pregunta entre tanto ambos se montan en el auto.

— Pues Álvaro requiere de tu presencia apenas regresemos Bar.

— Lo que me faltaba.

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#3

El panorama que admiraba la detective desde cierta distancia le parecía una de las peores escenas del crimen que haya visto en sus ocho años de carrera policial, sin embargo ella no puede estar experimentando sentimiento o apego por lo que está observando, debe mantener sus arcadas y repulsión a rayas pues para analizar dicha escena necesita estar neutral, por lo que cierra sus ojos, respira hondo un par de veces y luego vuelve a abrirlos para así acercarse a la pobre victima desmembrada y destripada.

A centímetros de la escena se coloca en cuclillas y empieza a examinar aquel cuerpo hecho trizas en búsqueda de algo que pudiera haber pasado por alto los forenses pues Bárbara quería averiguar quién es el desalmado que puede cometer tales atrocidades y que lo motiva a la hora de llevar tan brutales asesinatos una y otra vez desde hace un mes, no obstante, por más que le daba vuelta al asunto no le haya sentido a tal acontecimiento, tal y como en las demás víctimas, nada cuadra con nada.

— Detective Gabes.

La pelirroja al oír su apellido se reincorpora con rapidez, gira y da un par de paso hasta la forense Mery, quien traía consigo la única evidencia que encontraron en la escena. Aquí vamos de nuevo. Concluye la detective al ver la misma bolsa ensangrentada con la misma nota inentendible en su interior. ¿A que está jugando este psicópata? Se pregunta mientras le arrebata el pedazo de plástico de las manos de la joven que la mira con frustración. Bárbara ni siquiera lo mira y decide prestar atención al forense.

— Lo hallamos en sus…

— Lo sé, ya lo sé Mery, la nota lo hallaron en sus viseras… ¿Algo nuevo? — le pregunta con la esperanza que su respuesta fuera afirmativa. Su cara le da a entender todo lo contrario.

— Es lo único que pudimos hallar detective, sabe que el asesino le gusta destacarse.

El comentario a Bárbara no le da gracias pues ¿No le basta con desmembrar y destripar un cuerpo? ¿Con que clase de psicópata estamos lidiando? Son preguntas que no paran de resonar en la cabeza de la chica desde que acepto los casos. La primera vez que vio esa nota y le explicaron el lugar donde la hallaron la impacto, la segunda le desagrado, lo que resta del conteo solo es frustración, ya que al no hallar nada salvo una nota que es imposible de entender es más que obvio que tal sentimiento le embriague, que le consume hasta llegar al punto de creer que el asesino es más astuto que los agentes que tratan de atraparlo.

— Gracias Mery.

Termina de esta manera la conversación tan inútil como la pista que ahora lleva en las manos, se vuelve a dar la vuelta, regresa sobre sus pasos y se coloca una vez más en cuclillas volviendo analizar la victima destrozada que yace a sus pies con la intención de encontrar algo, por más pequeño que sea. A no hallar nada visible, opta por meter sus manos y buscar un poco más adentro topándose solamente con órganos y huesos destruidos, nada más.

Sin saber que más hacer o por dónde empezar esta investigación Bárbara retira la mano que tenía adentro de la víctima y lleva la mirada nuevamente a lo único que pudieron encontrar. Trata y trata de descifrar que rayos es lo que está plasmado allí, pues el presentimiento de que puede hallar el asesino si llega a entender esas marcas tan extraña la embriaga cada vez que sostiene el único rastro que deja el autor de tales atrocidades, entender lo que tiene adelante es primordial.

Pero al no lograr su objetivo luego de largos minutos mirando aquel papel ensangrentado, Bar vuelve a volcar su mirada sobre el cadáver buscando algo más, una pista más que le permita descifrar contra quien están lidiando, por lo que detenidamente observa por décima octava vez de arriba abajo la joven mujer castaña con la esperanza de ver algo que se pudo haber saltado en los primeros análisis, pero el repetirlo cuatro veces más con los mismo resultados provoca que la joven empiece a sentirse perdida, por lo que niega con la cabeza y deja liberar un suspiro cargado de tención.

— ¿Quién te abra hecho esto?

Se pregunta para sí misma con la idea de que algo aparezca y de esta manera le dé la respuesta que tanto anhela pero por más que lo desee sabe que eso jamás pasa y que si sigue allí solo conseguirá frustrarse aún más.

Cansada y sabiendo que allí no está haciendo nada, se levanta y pone rumbo a donde está su hermano lista para irse, más al hacerlo un mareo la atrapa provocando que se detuviese por un momento con la intención de recuperarse. Lo próximo a ocurrir la deja pasmada. Frente a ella la imagen del desfigurado de sus pesadillas se presenta mientras este destroza el cuerpo de la joven que ahora ella está analizando, los gritos, el dolor… Todo lo podía percibir en esa fracción de segundos.

Cuando desvanece la escena, el terror en sus venas es elevado y esa sensación de que está siendo vigilada regresa, por lo que lleva la cabeza hacia el fondo del bosque viendo así esos ojos ámbar que no la dejan dormir desde hace ya un mes.

Con el terror convertido en pánico regresa la mirada a su equipo esperando que ellos estén viendo lo mismo que ella. No ocurre. Todos están en sus tareas, nadie se percata del invitado oscuro y maligno que los está observando desde la seguridad de las sombras que le proporciona lo arboles de la zona. Confundida y rayando en el estado de pánico regresa la cabeza al lugar donde vio esos orbes de miedo topándose con solamente las ramas de las matas del alrededor. Había desaparecido.

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#4

Eso intranquiliza a la joven por lo que lleva su mano a la funda de su arma reglamentaria y da un par de pasos hacia el lugar donde cree haber visto lo que vio. Su andar luego de segundos es interrumpido. Una mano sostiene su hombro lo que provoca que esta vuelva a brincar de puro terror, desenfundando su arma de inmediato girando con rapidez lista para atacar.

Edrian de inmediato levanta sus manos y niega desenfrenadamente con su cabeza.

— ¡Hey, hey! Tranquila Bárbara… ¿Segura que estas bien? — le pregunta entre tanto retrocede un par de pasos con temor de que su hermana ya haya perdido el ultimo tornillo de la cabeza.

— En perfectas condiciones, solo que me volviste a dar un susto de muerte, ¿acaso te pagan por eso? — escupe con aun su corazón en la boca mientras guarda el arma en la funda, aunque todavía se siente inquieta.

— No, no me pagan Bar… Estoy preocupado por ti, ¿Estas realmente bien?

— Todo está bien Edrian — pronuncia sintiendo que dijo una mentira, que la realidad es totalmente otra, que en cualquier momento algo o alguien puede terminar con lo que supuestamente está “bien”. De inmediato regresan sus orbes marrones hacia el fondo del bosque encontrándose nuevamente con la nada pero con la idea de querer averiguar si lo que vio fue real o no —. Todo está bien… Edrian ya regreso, llévale esto a Mery.

De inmediato le hace entrega de sus guantes y de la única pista que poseen para así poner rumbo a donde sea que esa persona haya optado por ir, pero el pelirrojo preocupado la detiene tomando su muñeca.

— ¿A dónde vas? La victima está aquí… no allá.

— Eso ya lo sé, solo quiero investigar un poco más, no me tardare.

Dicho eso Bárbara se zafa del agarre que su hermano le proporciona y continúa con su trayecto sintiéndose aún inquieta, por lo que regresa su mano a la funda, con la idea de que si existe la posibilidad de que eso que vio la pueda atacar no hacerle la tarea tan sencilla.

Estando ya en la zona del avistamiento, la pelirroja con precaución mueve los matorrales y arbustos amontonados en búsqueda de huellas que le indique un camino a seguir, no lo halla, pero queriendo descubrir que fue aquello que vio elige continuar con su andar, con la idea de que tal vez pueda hallar algo, por muy pequeño que sea a pesar de que esto puede que sea una muy mal idea.

Atenta de lo que le rodea camina sobre el terreno irregular, con el cuidado de no caer y hacerse daño. Sería el colmo torcerme el tobillo en esta situación. Se dijo para sí misma con ironía entre tanto apartaba las ramas que se le interponían por encima de su cabeza. Bajo sus pies las hojas crujían con violencia, delatando su presencia tal vez con la intención de hacerle saber al intruso que ella se está acercan o tal vez solo no quiere ser sutil para que el silencio no la vuelva loca, el miedo no la hace pensar con claridad.
El calor de esa tarde de junio es abrazador, el sudor le recorre la frente y el cansancio se empieza a esparcir, al igual que la curiosidad junto al miedo. Pero a pesar de las dificultades no se detiene, solo piensa en encontrar lo que vio y comprobar o que se volvió loca por el no dormir o que en realidad observo esos ojos amarillos que la petrifican del miedo.

Un crujido diferente al que ella produce, hace que se detenga posterior a varios minutos de andar y andar y mire aterrada a todas las direcciones percatándose que al frente de ella se encuentra un tierno conejo blanco, el cual la mira mientras con sus patas limpia su hocico.

Bar niega en silencio ante el hallazgo y luego se soba la cien pensando que en realidad se ha vuelto loca.

— Hay dios… ¿Qué estoy buscando? ¿Qué demonios estoy haciendo?... Es claro que aquí no hay nada — dice para sí dejando caer su mano a un lado, reposando luego su mirada sobre el cielo que ya denotaba sus colores morados y naranjas, advirtiendo que el atardecer ya está cerca y que la noche está a punto de cubrir el escenario.

Negando por segunda vez con brusquedad se da la vuelta, emprendiendo el camino de regreso a donde está el equipo y su hermano lista para acabar con tan pesado día. Pero sus planes no se concretan. Otro mareo la azota con mayor fuerza, generando que se arrodille sobre la tierra húmeda y al igual que la primera vez que sintió dicho malestar, imágenes del desfigurado desmembrando a la joven que ahora es un caso de asesinato pasan velozmente provocando esa misma sensación de pánico en la pelirroja.

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#5

Cuando las imágenes se van, su estómago de inmediato reclama y sin poderlo evitar lo poco que ha comido en las últimas horas lo expulsa con violencia. Las arcadas son fuertes y hacen que su cuerpo se arque mientras lo poco que ingirió sale sin piedad.

Al terminar se sienta y toma grandes bocanadas de aire a medida que analizaba lo que acababa de pasar, las mimas imágenes de hace un momento regresaron, vio los ojos de su pesadilla y para colmo nuevamente se siente vigilada por alguien. El terror sin duda alguna invade su sistema pero ella ni siquiera entiende el por qué pues al mirar a su alrededor solo hay árboles y animales, nada más.

— Hay Bárbara tú has perdido la cordura a consecuencia del no dormir, ya es un hecho. — Habla para ella misma mientras deja liberar todo el aire retenido en sus pulmones, luego de un salto se pone de pie, gira y emprender el camino de regreso.
No obstante cuando la pelirroja empieza a percibir pasos detrás de ella, su posición de ataque regresa, las alertas aumentan y sin dar tiempo a que la ataque se voltea con agilidad y desenfunda su arma en el proceso lista para descargar el cartucho si es que es necesario. Por desgracia es la soledad quien la recibe. Nerviosa aún da un par de pasos y observa con detenimiento su alrededor, ella sabe que el intruso la está observando, evaluándola o vigilándola desde algún punto del bosque.

— ¡Muéstrate! Sé que estas aquí — exclama con fuerza esperando que el bromista o asesino se revelara ante ella y así ponerle un punto y final a la situación, más los segundos trascurrían con rapidez y lo que pensó que se encontraría jamás hizo aparición.

Con los nervios desechos y con el miedo aun invadiendo cada rincón del cuerpo de la joven, vuelve a dar otro par de pasos y repite la operación de exclamar con fuerza que se mostrara esperando que un segundo llamado lo haga salir, nada sucede trascurrido un par de segundos, todo está en una quietud impresionante y aterradora. ¿A que estará jugando este psicópata? Se pregunta por segunda vez mientras mira en todas las direcciones, sin bajar su arma.

Harta del bendito jueguito de las escondidas, Bárbara descarta la idea de regresar y opta por retomar el camino con la idea de que si la persona que está jugando con sus nervios no aparece ante su llamado sea ella la que lo encuentre y así termine esta situación tan desesperante y si no hay dicha esencia humana en este territorio salvo los forense y el equipo de investigación, por lo menos encontrar una o dos pista que la ayuden avanzar en este caso tan peliagudo.

Luego de varios minutos de registrar bien el lugar donde se encuentra para asegurase que realmente está sola, se pone en marcha sin saber bien a donde debe ir o que es lo que la tiene tan alterada. La verdad es que sola no está. Entre las sombras que proporcionan los enormes árboles se encuentra un espectro, vigilando sus pasos, guiándola a su trampa mortal, dicha cosa tiene ganas de jugar y ha encontrado su nuevo pasatiempo.

Aburrido y queriendo tener algo de diversión, el espectro se hace notar, saliendo de su escondite para empezar a correr a gran velocidad delante la joven, quien de inmediato lo mira atónita deteniéndose al paso preguntándose qué rayos habrá sido aquello que vio.

— ¡Alto policía! — grita con la esperanza que lo que vio se detenga y así poder terminar con este jueguito, pero no ocurre por lo que Bar se pone a correr detrás de lo que sea que va delante de ella con su arma en alto entre tanto exclama nuevamente que se detuviese.

El espectro al notar que ella ya cayó en su trampa este se regresa y ahora se dirige a toda velocidad hacia la joven que nuevamente se detiene al observar como ella se ha convertido un objetivo de ataque. Sin tiempo que perder Gabes empiezan a disparar a diestras y siniestras con la intención de detenerlo más lo que parece ser una sombra desaparece bajo su atenta mirada ante de que la atacase. Perpleja y con aun su corazón en la garganta trata de procesar lo que acaba de pasar, pues para ella es imposible que esa cosa que vio haya desaparecido así como así, sin dejar rastro alguno.

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#6

El viento, que hasta ese momento no se había pronunciado, azota el cuerpo de la joven y una risa macabra se hace sentir a lo largo y ancho del lugar. La situación le pone la piel de gallina a la detective experimentada que creía haber visto todo en su corta carrera policial, cuan equivocada esta.

Ahora que el miedo nuevamente se transforma en pánico Bar decide que es mejor regresar pues no sabe a lo que se está enfrentando, en definitiva lo que percibió y vio es real, no está loca y será mejor regresar antes que esa cosa vuelva para terminar el trabajo, por lo que se voltea para emprender el camino de regreso a donde dejo la pobre chica desmembrada. Pero no llega a dar ni un paso cuando gira. Frente a ella una sombra obstaculiza el paso, su sonrisa que se denota en su muy borroso rostro, le congela la sangre a la joven que ahora tiembla como una gelatina.

Temiendo por su vida y preocupada porque aquello puede hacerle daño a su hermano, corre en dirección contrario, corre hacia el risco del lugar. Grave error.
Histérica y en un estado de pánico puro se pregunta qué rayos es eso que vio a medida que corría con su corazón en la garganta, ¿Sera que mis pesadillas son en realidad premoniciones? A ella no le gusto la respuesta pero sabía en el fondo que de alguna u otra manera sus pesadillas le estaban advirtiendo que no tomara esos casos, que algo más estaba pasando, algo que esta fuera de las manos de la justicia humana, lo entendió tarde.

Las imágenes de lo que la atormenta pasan una y otra vez por su mente y las que vivió recientemente se mezclan en ese grupo dejándola peor que en el principio, está viviendo su pesadilla en carne propia y no comprende el porqué de la situación, por dios esto solo pasa en las películas. Piensa aterrada. Al llegar al risco de la zona se ve acorralada, pues no hay salida aparente a menos que se tire desde una altura parecida a la de un edificio de ocho pisos, una idea que no le apetece.

Otra carcajada resuena unida a un viento gélido que hace que la joven se acomode mejor la chaqueta que traía consigo. Al sentir una presencia atrás, gira y un grito de horror sale desde lo más profundo de su ser. Frente a ella está el desfigurado de sus pesadillas, con esa sonrisa macabra que a la final produce que se despierte a la mitad de la noche desesperada por huir.

El espectro al observo el estado de pánico en que mantiene a la pelirroja se enorgullece y para terminarlo (una parte en realidad) este da dos pasos y empuja a la joven petrificada por el terror que está experimentando, tirándola al vacío. Bárbara sabiendo que su fin esta pronto a llegar y sin poder hacer nada para poderlo evitar reproduce en su mente todo lo bueno que vivió, lo que aprendió de lo malo y lo que le falto por hacer. Lagrimas salen a relucir luego de segundos volando por el vacío, pues entendía que su peor pesadilla se terminó volviendo realidad, que sus sueños eran premoniciones y que aquello termino con su vida, nadie sabrá la verdad.

Al impactar contra el suelo del descampado un sonido sordo se esparce por el lugar, el dolor aparece y la sangre se comienza a derramar, son heridas fatales.
No obstante antes de poder entregarse a la muerte, otra vez esa risa macabra se extiende por el lugar y en el campo de visión de la joven moribunda aparece el espectro carcajeándose, disfrutando de los últimos momentos en la tierra que le quedan a la detective Gabes.

— El juego ya ha iniciado.

Luego de oír tan confusas palabras la oscuridad la arropa.

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#7

La chica pelirroja que se daba por muerta por heridas fatales causada por caer desde un risco, abre los ojos de sopetón, reincorporándose luego en búsqueda de aire, oxigeno pues se siente falta de este vital componente.

Pero no dura mucho tiempo de pie y regresa al suelo, esta vez de rodillas mientras sostenía con fuerza su abdomen con la intención de disminuir el dolor que comienza a experimentar, mas no solo era el abdomen que presentaba dolor agudo sino que la espalda, cuello y piernas también representan puntos focales de dolor fuerte, que a la final provocan que se vuelva a recostar.

Con su mirada fija al apagado cielo, trata de no concentrarse en el dolor si no el cómo ha llegado hasta aquí y el que le abra pasado para que su cuerpo este tan adolorido, no obstante, por más que trata de recordar sus últimas horas antes de terminar en medio de un descampado no lo llega hacer, todo se hace confuso luego de que la joven hablara con su hermano Edrian.

¿Por qué no puedo recordar el que me paso o el cómo llegue hasta aquí? ¿Me abra atacado un animal? ¿Edrian me está jugando una mala pasada? Esas y otras miles de preguntas le recorren una y otra vez la cabeza, mientras les busca sentido y una respuesta coherente a esas interrogantes, frustrándose en el proceso.

Maldice por lo bajo y golpea el suelo con su mano derecha percatándose que esta también presenta lecciones ya que al estrellarla contra la tierra empieza a doler a terrores. Se queja por lo bajo y negando con su cabeza cierra sus ojos y trata de tranquilarse, en una situación como en la que esta lo menos que necesita es frustrarse o seguir empeorando su estado.

Dejando un suspiro al aire Bárbara vuelve abrir los ojos y entendiendo que nadie vendrá a rescatarla decide por volverse a poner de pie, esta vez teniendo el cuidado que no tuvo en un principio. Contando hasta tres, respira hondo y sin retrasar más lo inevitable comienza poco a poco a regresar a estar de pie y aunque el dolor es de los insoportables, posterior a largos minutos de quejas y muecas logra su objetivo.

Sosteniendo con fuerza su costado eleva la cabeza y con su curiosidad más que viva comienza a darle un vistazo a lo que le rodea. Describiendo el panorama como aterrador. Una palabra ideal para detallar aquel bosque en tinieblas que da inseguridad y un pavor que raya en el pánico. ¿Cómo rayos regresare? Piensa al ver el panorama poco favorable y tan parecido a aquellos sueños aterradores que ha tenido una y otra vez desde hace tiempo.

Temerosa e inquieta, decide por buscar su celular en la chaqueta y así llamar a su hermano con la intención de contactase con él y así poder salir de donde sea que este, por suerte lo halla con rapidez y con urgencia lo saca para luego desbloquearlo, desilusionándose de inmediato pues no hay señal. Maldiciendo por segunda vez, opta por encender la linterna que trae el aparato y de esta manera empezar a caminar por el bosque en penumbras, con la idea de que tal vez llegue a una carretera, pida ayuda y de allí la lleven a un hospital, no puede seguir haciéndose la fuerte.

El silencio que captaba al introducirse en lo que podría llegar a hacer su peor pesadilla hecha realidad es abrumador, llegando al punto de ponerle los pelos de punta a la joven que con dificultad avanza entre las ramas y hojas secas, pues no sentía ni el cantar del búho o por lo menos el aullido de las manadas de lobos que por lo general se pueden ver por la zona, al alumbrar un poco más arriba nota que los árboles son tan espantosos como el silencio o la penumbra, ya que estos posen el aspecto de humanos con afiladas garras apunto de herirte.

Con un mal sabor recorriendo su paladar trata de ignorar aquel hecho y hace un esfuerzo por concentrarse en el camino con la idea de que pronto llegara a la carretera, por lo que regresa la linterna al frente y sigue avanzando con sumo cuidado, la idea no es seguirse lastimando. Trascurrido lo que parecen unas cuantas horas de puro andar y no hallar nada, al fin la detective capta una figura femenina a unos metros adelante de ella. Su desconfianza pronto aparece, su ceño se arruga y la confusión la atrapa. ¿Qué hace una mujer sola sentada en medio de un bosque? Se pregunta sin dejar de avanzar a pesar de sus dudas con la intención de ayudar sí que es necesario y si no es así preguntarle por donde puede salir de este tenebroso lugar.

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#8

Estando ya a pocos centímetros de la mujer, la detective se percata que la joven castaña está sentada con su cabeza gacha, inmóvil. Pareciera que está muerta. Bárbara desconfiada aún más de la situación la mira de arriba a abajo, advirtiendo que entre sus largos y pálidos dedos, un trozo de papel viejo y arrugado con vestigios de sangre, se halla entre estos.

El panorama genera que la detective arrugue sus facciones otro poco y que la curiosidad explote en su interior. ¿De verdad está muerta? ¿Por qué no se ha percatado de mi presencia? ¿Qué dirá esa nota? Mordiéndose el labio inferior con fuerza y mirando con rapidez a su alrededor, al final decide corroborar si la chica está muerta y si de ser así arrebatarle la nota para averiguar que hay en su interior.

Volviendo a colocar la mirada sobre la castaña, se encorva un poco y con recelo coloca su mano derecha sobre el hombro de la susodicha, dando posterior a eso leves sacudidas con la intención de que esta reaccione. Nada. Nada ocurre, confirmando de esta manera la teoría de que la mujer si está muerta. Bárbara asustada e insegura lleva ahora su mano hasta la nota arrancándosela de un tirón.

Con la nota entre sus manos antes que nada la mira por segundos largos queriendo entender por qué la sensación de arrepentimiento si llegase abrir aquel papel arrugado empieza a penetrar su pecho como cuchillos muy afilados, pero a pesar del malestar la curiosidad es mayor y luego de debatirse por segundos si desdoblarla o dejarla donde la encontró e irse, termina por desdoblarla.

De inmediato letras rojas saltan a la vista y el horror como la sorpresa empieza a invadir a la joven pelirroja. La curiosidad ha matado al gato. Aquellos símbolos que brillan ante su mirada, son los mismo que Bárbara había visto desde hace un mes en cada caso de homicidio que a atendió pero con la diferencia que en esta oportunidad si podía entender a la perfección que era lo que decía. En dicha nota las palabras muerte y juego son una parte fundamental, el resto solo son instrucciones sencillas para mantenerse con vida. Sobrevive hasta el amanecer, nada complicado. La detective aterrada por lo que leyó dobla nuevamente la nota y la regresa a su lugar, luego se da la vuelta y trata de irse, sin embargo algo le agarre la muñeca impidiendo que de tan siquiera un paso.

A ese punto el terror empezó a rayar nuevamente en el pánico y rezando en su fuero interno por que el agarre solo sea producto de alguna rama de la zona, gira con lentitud, reteniendo todo el aire en sus pulmones. Un grito de terror se prolifera a lo largo y ancho de la zona una vez termina de girar pues no es una rama quien la está sujetando, sino el cadáver que ahora tiene su cabeza arriba, lo que le permite denotar que la joven de piel pálida, ojos muertos y con una mueca de espanto es la misma chica destripada en la cual Bárbara trabajaba hace apenas una horas atrás. No lo podía creer.

Con el pavor colado en sus venas al igual que el desespero, la pelirroja trata por todos los medios de liberarse para poder huir, iniciando así con golpes a su cara y torso para termina con un patético jalone que solo termina en que ambas cayeran al suelo, empeorando la situación ya que aquella cosa ahora abra lo que era una fina línea convirtiéndola en un agujero repleto de dientes afilados.

Bárbara lucha con esmero para que eso no la lastimase o matase en el enfrentamiento, más a medida que trascurrían los minutos, la cosa se iba convirtiendo en algo más terrorífico ya que sus manos se volvían garras que comenzaban a lacerar las manos de la detective, sus ojos que antes eran blancos pasan a ser un negro intenso y su tamaño empezaba a aumentar. Estoy perdida. Piensa mientras que por otro lado trata de buscar una solución. Solución que llega cuando divisa una rama suelta a un costado de ella. A como puede extiende su mano derecha entre tanto con sus piernas continua la batalla.

No obstante sus extremidades inferiores no son suficiente y aquella cosa logra llegar a su cuello clavando sus alargados colmillos en dicha superficie, provocando que la joven empezara a gritar por el dolor que estaba empezando a experimentar. Por suerte logra tomar el objeto y con todas las fuerzas que pueden quedarle en su cuerpo, golpea al monstruo en la cabeza liberándose así de la mordida y del agarre.

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#9

Libre, con rapidez se levanta y sujetando su cuello con una mano y con la otra la rama mira aterrada aquella cosa que se movía erráticamente, de un lado para otro en cuatro patas. Como si fuera un león y Bárbara es la cena principal.

— ¡No te tengo miedo!... Acércate pues. — Le grita sabiendo que sus palabras solo son un conato de mentiras. Esta aterrada y solo quiere que esa cosa se largue.

Una carcajada pronto se extiende por el lugar posterior a decir aquello y bajo su atenta mirada aquel monstruo se levanta y contorneándose de manera errática comienza a caminar hacia la joven que ahora tiembla como una hoja de papel.

A medida que avanzaba aquel espectro se iba trasformando en algo mucho peor, se volvía más grande, su cabeza y cuerpo se deformaba más y más, su rostro perdía claridad, hasta que en un punto determinado aquella cosa estalla en mil pedazo, dejando al aire un sonido ensordecedor que obliga a Bárbara a soltar la rama y llevarse esa mano hacia uno de sus oídos con la intención de mitigar el sonido o grito que eso produjo al estallar. Pero la cosa no queda allí. Luego de la explosión, del humo apestoso que dejo el espectro comenzaba a salir otra criatura.

Bárbara no podía creer que eso le estuviese pasando, todo parcia tan irreal, a la joven le cuesta creer que eso este realmente pasando, pues ella admiraba con horror y espanto como el monstruo que la atormenta en sus pesadillas salía de aquel humo negro y espeso. Temblando y apunto de rompen en llanto, con rapidez se encorva y recoge la rama que soltó hace un momento con la intención de defenderse del espectro que ahora se erguía por encima de su cabeza, mostrando una mueca macabra, con sus ojos ámbar fijos en la mujer que comienza a rezar por que la pesadilla pronto acabe.

Más eso no ocurre y el monstruo se empieza a acerca mientras blandía con vehemencia una especie de hacha en su mano derecha, que al cortar el viento genera un silbido escalofriante. La detective a ese punto comienza a negar desenfrenadamente así como a gritar para que este se detuviese, lo cual no ocurre, callando luego de que este estuviese a tan poco pasos de ella. ¡Esto no puede estar pasando! Piensa petrificada del miedo.

— ¡Ooo! Bárbara si no corres no será divertido.

Sus ojos se abren como platos al oír eso y el terror llega a nuevas escalas, por lo que sin chistear suelta la rama y hace caso a esa petición arrancando a correr. La risa macabra del sanguinario no se hizo esperar una vez la joven se puso en marcha y pronto acompaña cada paso que da la pelirroja aterrada, empeorando su estado de terror y nerviosismo. Pero una estocada detiene su avanzar, la cual por suerte logra esquivar generando que el ataque valla a parar en un árbol que termina en el suelo. Ante lo ocurrido mira hacia atrás y ve al monstruo quien está listo para un segundo ataque, Bárbara sin darle chance a nada se vuelve a poner en marcha evadiendo por milímetros el segundo ataque que su acosador le proporciona.

Otra estocada resuena a centímetros de la mujer que corre por su vida generando un grito proliferado por la misma acompañado del sonido seco que produce el arma al estrellarse contra un árbol de la zona, por suerte no la derrumba, sino todo lo contrario, la alienta para que trate de aumentar el paso con la intención de perderlo y así salvar su vida. Es inútil. No lo pierde, solo incrementan los ataques, las probabilidades bajan y ya el cansancio abarcar cada fibra del cuerpo de la joven.

Sus esperanzas empiezan a disminuir al pasar los minutos y aun así sigue percibiendo aquella tenebrosa carcajada a sus espaldas, ¿Qué debo hacer? Se pregunta mientras esquiva otra estocada mortal. La respuesta no llega pero sabe que si no la encuentra morirá tarde o temprano.

Considerando aquello, la detective niega ferozmente y pensando que lo que está a punto de hacer es una tremenda locura se detiene en seco y con la valentía en el suelo y el pánico inundando su torrente sanguíneo decide por enfrentar al demonio o monstruo de sus pesadilla, más al girar se topa solamente con la espesa negrura, allí no hay nada aunque todavía se puede escuchar sus carcajadas resonar a lo largo y ancho del horroroso paisaje, el detalle genera que el pánico que ella está experimentando se elevara a nuevas alturas pues ¿Sino está detrás de mí, donde rayos esta?

— Una locura… definitivamente fue una locura detenerme — se dice a si misma entre tanto mira de un lado para otro tratando de averiguar de dónde proveniente las carcajadas, tratando de localizar a su atacante.

Una tarea imposible, ya que el espectro se ocultaba entre los arboles cercanos desde donde la observaba mientras reía a mas no poder por la reacción que esta causa en ella. Le parece divertido pero más divertido es ir y atacarla por lo que el espectro se vuelve a mover a gran velocidad, jugando con el filo de su arma y luego, al estar lo suficientemente cerca proporciona el nuevo ataque que espera que le brinda el final sangriento que tanto añora.

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#10

Por suerte la joven es ágil y antes de que diera en el blanco ella puede esquivarlo sin problema alguna, originado al final que Bárbara callera de espalda quedando cara a cara con su agresor que aunque se molestó porque no consiguió lo que quería, su carcajada no desaparece.

Sin opciones viables la detective opta por retomar su idea inicial, encararlo con la idea de que aquella cosa por fin la deje de atemorizar, empezando a gritarle todo lo que se le pueda ocurrir en el momento.

— No te tengo miedo… Déjame en paz — exclama con fuerza rezando porque eso sea suficiente pero aquella cosa ni se inmutada por las palabras carentes de valentía y ni deja caminar hacia ella lo que provoca que Bárbara comience a retroceder —. ¿Acaso no me entendiste?... Te dije que me dejaras en paz, que no te tengo miedo. — Le repitió mientras seguía alejándose esperando que sus palabras generen un cambio.

Al final no lo genera y su espalda termina chocando contra un árbol, causando que la distancia que la pelirroja había formado con dificultad se esfumara con rapidez, quedando solo centímetros de separación. El espectro sonrió aún más y posterior a eso eleva su arma, ante el hecho Bárbara cubre su rostro con sus brazos esperando lo peor más cuando percibe un golpe seco a su derecha esta se sobresalta, apartando sus extremidades con rapidez para ver qué fue lo que provocó aquello, topándose de esta manera con el rostro de la criatura a pocos milímetros del suyo.

La respiración se le entre corta, su corazón se acelera y el pánico empieza a rayar en el estado de petrificado al verse en tal situación, entre tanto por su mente comienza a imaginarse las mil maneras en como morirá en manos del deformado que ahora la mira fijamente. Minutos posteriores Bárbara percibí una de las manos del espectro en su abdomen la cual empieza a presionar generando dolor (más del que ya siente) en la zona, lo que provoca que un pequeño grito se le escapara a la pelirroja para luego empezar a negar con locura.

La reacción genera satisfacción y el espectro deja la presión y pasa a posar su esquelética mano sobre el cuello de Bárbara, justo en la herida originada por el mordisco que le proporciono la primera criatura. El hecho de que aun siguiera sangrada le encanto y el tan solo pensar que le causa dolor lo emociono, por lo que la fina línea que se curva en una mueca escalofriante pasa a ser una abertura extensa de donde se asoma una larga legua negra que va dirigida a dicho punto, con la intención de lamer la herida con el único propósito de probar la sangre de la joven que ahora grita y patalee con todas sus fuerza. Un vez saboreado lo que tanto anhela el espectro se separa bruscamente rasgando en el proceso el abdomen de la detective con sus largadas manos para así desaparecer entre la espesa negrura del bosque.

Bárbara confundida, aterrada y sintiendo más dolor que en el principio al verse libre del encierro proporcionado por esa cosa sin perder tiempo se levanta arrancado luego a correr, desesperada por encontrar una salida a este infierno al que ha parado, feliz porque el silencio por fin vuelve a reinar en el lugar aunque ella entienda que esa quietud no es señal de paz, lo que pone al final a Gabes inquieta. Ojala tuviese mi arma. Piensa a medida que avanza a gran velocidad.

Ya pasado varios minutos largos de puro correr y corre y no hallar la carretera que le permita salir del infierno a donde ha terminado, la pelirroja agotada por fin se detiene, sentándose de esta manera en una de las tantas ramas que sobresalen de la tierra con la intención de recuperar el aliento. Ubicada y “cómoda” libera un suspiro cargado de tención y luego la joven entierra su cabeza entre sus manos, dejando así que su mente estalle en las miles de preguntas que se han estado originado desde que despertó en medio del descampado.

A pesar de repasarlas una y otra vez, repetir lo que ha sucedido y buscar teorías lógicas que expliquen la situación por la que está pasando, no halla las respuestas que tanto desea y ya después de un buen rato rompiéndose la cabeza Bárbara decide no continuar con la tortura mental y opta por relajare aunque sea por unos segundos, sacando sus cabeza de entre sus manos y centrando la mirada hacia el vacío oscuro e inmenso que la rodea.

Mas la idea de quedarse allí esperando quien sabe que, le crea una sensación de intranquilidad a la joven lo que origina que al final se levantara y luego empezara a caminar a quien sabe dónde con la única esperanza de hallar una salida.

La paz posterior a esa decisión dura realmente poco y en cuestión de segundos las carcajadas del espectro que jamás abandono la idea de estarla siguiendo regresan. La joven inmediatamente comienza a correr atenta de sus costados pues sabe que los ataques no tardaran en llegar.

— ¡Maldición! Ni un par de minutos me dejo en paz, ¡no tuve paz!… ¿Cuándo acabara esto? — exclama a medida que esquivaba ramas y raíces que se atraviesan en su camino en un continuo intento por derribarla o es como lo ve la joven que ahora huye despavorida de aquella cosa desfigurada.

Pero pronto no solo son ramas y raíces que trata de esquivar la pelirroja, sino que otra estocada del desfigurado pasa a tan solo milímetros de la joven generándole un corte en la mejilla así como también que perdiera el equilibro cayendo de bruces contra el piso, llevándose así otro golpe fuerte en la cabeza. Por fortuna Gabes no queda inconsciente y con toda la rapidez que puede tener en ese momento se pone de pie volviendo a ponerse en marcha sin saber de dónde vendrá la próxima estocada, rezando en su fuero interno porque en esta oportunidad si pueda perder lo que puede volverse su asesino.

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#11

Para su suerte sus rezos por fin dan fruto, puesto que a lo lejos la joven empieza a denotar luces que podrían ser su salvación. Bárbara feliz apura el paso con la idea de que esto pronto acabaría, que un conductor la vería en medio de esa carretera y la llevaría hasta el hospital, poniéndole de esta manera un punto y final a esta pesadilla viviente, sin embrago cuando la pelirroja llega a lo que se supone debía ser una carretera, la decepción la embriaga y la sonrisa que se le había formado hace unos segundos atrás desaparece.

Enfrente de ella se extiende una edificación vieja, con ventanas destruidas, de aspecto viejo donde se denotaba que la madera esta corroída como consecuencia… Quizás, por el tiempo, el polvo cubría la mayor parte de la superficie y el olor a putrefacciones penetra las fosas nasales de la detective que mira con desagrado la escena, sin embargo y sabiendo que aquel demonio está detrás de ella, al final Bárbara termina subiendo las escaleras poco segura del porche de la casa y sin tardanza abre la puerta polvorienta.

Antes de que cerrara la pelirroja mira por encima de su hombro y nota esos ojos ámbar brillar entre la penumbra, justo entre los matorrales del fondo, más ella sabe que aquí estará segura o es lo que quiere creer, ella quiere creer que esa cosa nunca podrá entrar, por lo que le muestra el dedo corazón y sin esperar más cierra la puerta con cuidado de que esta no se callera.

Ya adentro, Gabes lleva la mirada hacia el interior de la casa percatándose que esta está extrañamente bien iluminada, que la decoración es antigua y muy pasada de moda así como ve la misma fina capa de polvo de afuera cubriendo el piso y las paredes, desconfiada aún la joven camina con cautela por el estrecho pasillo de la entrada hasta llegar a una sala con muy pocas cosas, realmente solo tiene un sofá y una mesa de café.

Al no hallarle nada interesante a la sala, continua su trayecto hasta llegar a la cocina la cual posee una decoración igual de antigua, con una distribución realmente peculiar además de estar sucia y destruida. Sintiendo aun curiosidad por lo que hay adentro de la vivienda, Bárbara se adentra un poco más y como toda buena detective inspecciona el lugar, mirando las alacenas comidas por el tiempo y las mesadas bañadas en un líquido espeso y rojo que Gabes a la final determinan que es sangre.

— ¿Quién habrá vivido aquí? ¿Un psicópata? — se pregunta mientras seguía observando el lugar.

Entre ver y ver Gabes observa lo que podría ser su boleto de salida al fondo de la habitación, por lo que corre hasta el teléfono ilusionada porque este intento sea el correcto y así poder comunicarse con su hermano para que este la rescate. Al llegar a dicha zona, toma el aparato entre sus temblorosa (y muy lastimadas) manos y posterior a marcar el tan dichoso número la pelirroja traslada el auricular a su oreja, llevándose de esta manera una tremenda desilusión porque el aparato al igual que su celular está muerto.

— ¡Maldición! — pronuncia enojada así como frustra y luego cuelga el bendito aparato.

Sin más opciones ni ideas para salir de esta situación y aun con la creencia que en ese lugar está segura, se da la vuelta y pone rumbo a la sala con la idea de echarse en el sofá y allí poder reponer energía, no obstante, al girar y dar el primer pasó para alejarse, el teléfono comienza a sonar. Bárbara arruga de inmediato sus facciones y ladea su cabeza pesando que aquello es imposible puesto que el bendito aparato cuando lo tomo hace un momento estaba muerto, es imposible que este sonando con tal vehemencia a espalda de ella.

Bárbara decide no tomar la llamada al final pues le sigue pareciendo una locura que aquello este sonando cuando anteriormente se determinó que el aparato era totalmente inútil, pero al ya pasar unos cuantos segundos y esa cosa continua sonando Gabes terminan por rendirse por lo que gira nuevamente y con recelo toma el auricular, lo lleva hasta su oreja y espera a que alguien diga algo, sin embargo, al no suceder es ella la que pregunta.

— ¿Hola?

Posterior a eso la joven espera impacientemente una respuesta que jamás llega y luego de insistir un par de veces más, la pelirroja confundida regresa el objeto a donde va con la intención de retomar el plan inicia. No lo retoma, pues otra vez el teléfono vuelve a sonar con la misma insistencia que hace un momento, Gabes que ni siquiera tuvo el chance de darse la vuelta, ve ahora aterrada el aparato, esa creencia que poseía con anterioridad de que dentro de la casa iba a estar segura desaparece logrando poner de los pelos a la pelirroja.

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#12

Aun perpleja y sin entender el por qué esa cosa esta sonado por segunda vez, ella toma el auricular, lo vuelve a llevar hasta su oreja y repita la misma operación de preguntar con las mismos resultando. Nadie responde, por lo que la joven despega el artefacto de su oreja y con su ceño fruncido examina el objeto que ahora sostiene entre sus dedos queriendo entender si lo que está ocurriendo es obra del demonio o si las dos oportunidades en que lo escucha repicar con vehemencia solo fueron producto de una imaginación aterrada.

La respuesta no tarda en llegar. El teléfono sin estar colgado empieza a sonar y a sonar lo que eleva las alarmas de la joven provocando que ella soltada dicha cosa y empezara a retroceder con la idea de girar y arrancar a correr lo más lejos posible, más un grito desgarrador producido a sus espaldas hace detener su avanzar.

Un millón de escenarios traspasan la mente de Gabes y ella al final concluye que su muerte no debe estar muy lejana. Con temor pero curiosa por saber que será lo que producirá su muerte, comienza a darse la vuelta, muy lentamente. A medida que giraba, la joven podía sentir como su corazón daba contra sus lastimadas costillas lo que genera que la respiración se le complique a consecuencia del dolor que comenzaba a experimentar. Si no me mata aquel espectro me matara el dolor que estoy experimentando. Piensa con un sabor amargo en la boca.

Al terminar de girar el dolor sencillamente desaparece pues su corazón se paraliza una vez que la joven se percata de lo que provoco aquel grito de horror. En frente de ella el mismo espectro que estallo en mil pedazos y de donde salió el desfigurado, ahora está enfrente de la pelirroja, con una sonrisa macabra y una mirada diabólica.

La situación provoca que una vez más la mente de la joven aterrada valla a mil por hora tratando de hallar una solución que le permita ganar tiempo pero el estrujar su cerebro no le está dando resulta y esa cosa ya comienza a dar pequeños paso hacia donde ella esta petrificada. Sin ideas ni soluciones, niega desfrenadamente y con angustia mira su alrededor con la intención de hallar algo que le dé el plan perfecto para salir de tan complicada situación, encontrando de este modo un arma blanca sobre la mesada no muy lejos de donde se encuentra.

Ver ese cuchillo le da una idea a Bárbara y aunque parezca una locura total, la joven respira hondo y sin darle más vuelta al asunto corre hacia la mesada donde se encuentra el arma, la toma y luego se dirige hacia donde está el espectro con el cuchillo en alto lista para atacarlo y de esta manera abrirse campo.

— Por el amor a dios que esto funcione — se dice a si misma antes de dar contra el cuerpo de aquella cosa, enterrando el arma en su pecho, derribándolo sin problema alguno en cuestión de minutos.

Rápidamente se levanta una vez conseguido lo que tenía en mente y con sus orbes marrones pegados a eso que ahora se contornea de manera errática, Gabes da un par de paso hacia atrás y una vez que se aseguró que no la va a perseguir se da la vuelta y pone rumbo a la puerta de salida, pasando a toda velocidad la sala y recorriendo el pasillo en cuestión de segundos.

Pero al llegar a la puerta un ruido seco la hace detener, con miedo mira la débil madera pensando aún que allí adentro él no podrá hacerle nada. Cuan equivocada esta. Un grito ahogado sale de sus labios al ver como el arma del desfigurado atraviesa la única barrera y pocos minutos posteriores a eso la puerta cae al suelo, dejando ver al demonio sanguinario quien está listo para terminar con el juego que inicio no hace mucho.

Alza su arma y luego la dirige hacia el muy ya maltratado cuerpo de la joven. Son milímetros los que separan la muerte de la vida pues una vez más ella logra esquivar aquella estocada mortal, pegando su espalda a la pared polvorienta, viendo así como el ataque destroza al espectro que había dejado en la cocina con el cuchillo clavado en su pecho. Bárbara mira perpleja la situación, sin comprender como eso llego hasta donde ella esta y como esa cosa entro a la vivienda.

Un segundo ataque hace que la joven salga de dicho estado de asombro, cayendo al piso por evitar el ataque, comenzando a retroceder a gatas hasta que logra volver a ponerse de pie para proceder a arrancar a correr, llegando nuevamente a la cocina en cuestión de minutos.

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#13

En la cocina, la joven mira con pánico circulando cada fibra de su cuerpo en búsqueda de una salida, encontrando solamente unas viejas escales que la llevaran tal vez a un segundo piso y sin una salida que le permita salvar su pellejo en esta oportunidad, más un nuevo ataque a muy pocos centímetros de Bárbara, provoca que tome la decisión de subir y buscar un escondite mientras este se cansa o es lo que ella espera.

Posterior a tomar una gran bocanada de aire, Bárbara corre a toda velocidad hacia las escaleras, subiéndolas una vez llegado allí en dos en dos. Al ya estar en la parte superior de la vivienda el pánico se transforma una vez más, pues ante a ella se extiende un pasillo largo y oscuro, con cuatro o cinco puertas repartidas a cada lado del inmenso túnel.

La inmensa oscuridad que ahora la arropa la aterra el doble pero el comparar la oscuridad con el saber que el desfigurado solo está a poco pasos de ella, le hace olvidar su temor por lo que le rodea, avanzando con rapidez a la primera puerta la cual al ya estar ubicada delante de ella gira su perilla notando que esta está cerrada. No se rinde y con la misma velocidad se mueve a la segunda puerta que igual está cerrada.

Frustrada y apunto de tener un ataque de histeria Bárbara se dirige a la tercera puerta rezando para que esta si estuviese abierta y por suerte sus rezos son escuchados, porque al girar la perilla esta cede sin problema alguno dándole el ingreso pleno a la habitación a la joven. Con una sonrisa surcando su rostro, rápidamente entra a está para luego cerrar tras de sí la puerta, luego se desliza por la fina madera hasta llegar al piso tapando su boca con la intención de mitigar el sonido de su respiración agitada. A ese punto su corazón volvía a latir con rapidez y las lágrimas que tanto retuvo desde el comienzo de esta horrorosa pesadilla, por fin son liberadas en esos segundos de tención.

Por favor que no me encuentre, ¡Dios que no me encuentre! Rezaba y rezaba una y otra vez porque el desfigurado no dé con su paradero apena la joven percibe sus pasos en el mismo pasillo, en el mismo lugar en donde ella estaba tan solo segundos atrás.

El pánico la embriaga más empieza a contar los segundos que trascurren con lentitud a modo de querer distraer la mente para que esta no reproduzca los miles de escenario que se pueden dar si esa cosa la llegase a encontrar, no obstante los pasos se detiene una vez que la cuenta mental de Bárbara llega al número veinte lo que genera que el pánico llegue a otras escalas que la petrifican en su lugar, que hace su corazón se vuelva a paralizar y que sus lágrimas se intensifiquen. Me ha encontrado, por el amor a dios me ha encontrado. Piensa mientras se pregunta en donde rayos esta y si realmente está detrás de la puerta.

El silencio es intranquilizante y Bárbara solo espera volver a oír sus pasos, esta vez abandonando el lugar, dándole así el chance de poder escapar, por desgracia la suerte ya la había abandonado desde hace un buen rato y luego de tres o cuatro minutos de un silencio sepulcral un ruido ensordecedor provoca que la joven se levantara con rapidez, viendo con horror como el arma de aquella cosa penetro lo único que podía protegerla. Desesperada y sin una salida, desvía la mirada de la puerta y la conduce por el alrededor de la habitación poco amueblada, observando que a su izquierda se encuentra una ventana abierta por donde se cuela una rama de lo que parecía ser un roble.

Sin pensarlo mucho la detective se mueve a gran velocidad hacia la ventana, mirando por esta antes de proseguir con tremenda locura una vez que llega a su objetivo, percatándose que la altura es considerable y que si resbala no la iba a contar, más otro golpe seco le hace olvidar la altura y luego de respirar hondo, Bárbara se encarama sobre la rama, la cual protesta ante el peso de la joven una vez que ella está sobre la extremidad del árbol, produciendo un crujido preocupante por lo que cierra los ojos con la intención de calmar tanto su corazón como su respiración agitada.

Un nuevo golpe origina que la joven abriera los ojos y llevara su cabeza hasta donde está la puerta, viendo así que ya no hay dicho impedimento y que el desfigurado ahora se dirige a donde ella esta.

Bien Bárbara muévete o mueres. Se dice a si misma internamente para proceder a rastrarse sobre la rama poco estable con la suficiente rapidez como para esquivar dos nuevos ataques, lo cuales terminan sobre la rama lo que provoca que esta se moviera con brusquedad. Gabes deja liberar un grito ahogado mientras ve como la tierra fresca se cierna debajo de ella. Sabiendo que ya la rama no la iba a sujetar, salta a la siguiente evitando un nuevo ataque por centímetros

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#14

Segura de que no caerá, desciende con rapidez seguida por un demonio que blande su arma entre tanto disfruta del pánico que genera en ella. Bárbara al ya estar en el suelo, sin tiempo que perder corre con desespero sin un rumbo determinado sintiendo que ha vuelto al principio, con el demonio a sus espalda tratando de aniquilarla y ella perdida, sin saber realmente que hacer, con un avanzar complicado por la espesa negrura que la rodea y por las constantes raíces de los arboles queriéndola derrumbar. Nuevamente en el principio. Aterrada, frustrada y sin saber qué hacer para salir con vida de esta situación. Un par de segundos posteriores, el silencio intranquilizador regresa, las carcajadas se detienen al igual que los ataques sorpresivos pero Bárbara no se detiene y continua corriendo hasta llegar al descampado donde despertó apena unas horas atrás.

Aterrada echa un vistazo por encima de su hombro y allí esta, con sus ojos ámbar mirándola fijamente, con una especie de sonrisa macabra. Bárbara gira y lo encara aun sabiendo las consecuencias, entendiendo ya que lo que hará no tiene base como para decir que “Va a salir con vida”, más lo hará.

Tomando otra gran bocanada de aire, Gabes da un paso al frente lo que origina que el desfigurado mueva su arma bruscamente lo que provocan que la pelirroja recoja su paso inicial, lo que causa una carcajada por parte de su atacante.

— Patético.

Pronuncia entre carcajadas. Bárbara solo lo puedo mirar con terror, ¿Qué más puedo hacer? Se pregunta llena de miedo y frustración, luego de segundos detiene sus carcajadas y sin dar aviso vuelve a tacar una y otra vez sin piedad alguna, la joven logra esquivar la mayoría, sin embargo en un tercer ataque el filo del arma del desfigurado alcanza la piel de su muslo derecho, la sangre de inmediato empieza a salir a borbotones y el dolor que se presenta posterior eso es insoportable, la joven adolorida cae de espalda con su mirada pegada al demonio desquiciado que posee nuevamente una mueca del terror, mientras piensa que su final esta pronto a llegar.

— Fin del juego Bárbara.

Y luego de que el demonio pronunciara aquellas palabras eleva su arma y Bárbara pone sus brazos delante de su cara en un intento inútil para protegerse, no obstante, antes de recibir el impacto final, una luz cegadora se empieza asomar por el este del oscuro bosque.

El grito de desespero de esa cosa inunda los oídos de la detective haciendo que lleve sus manos a estos para aminorar el sonido, la ira de esa cosa se podía palpar pero Bárbara no comprendía el porqué. Tenso y enojado el desfigurado en un último intento trata y trata de estrellar su arma contra el casando y muy adolorido cuerpo de la joven que tiembla como una hoja de papel, pero a medida que el sol se asomaba más y más este se iba desvaneciendo así como también el sueño le iba ganando a Gabes.

Segundos lardos de intento tras intento por acabar con la joven pasan hasta que en un puto dado de la situación todo queda en silencio, el demonio desaparece y el sol termina de iluminar la pesadilla vivienda que Bárbara estuvo experimentando por horas, posterior a eso la pelirroja se deja caer y a sabiendas que luchar contra el sueño es imposible, cierra los ojos cayendo en una profunda oscuridad que cualquiera la podría llamar, muerte.

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#15

— ¿Pero cómo me vas a decir que no sabes si fue o no un animal que la ataco?, es más que claro lo que paso aquí Sebastián, no seas estúpido.

Voces empieza a escuchar la joven que se suponía no iba a sobrevivir a semejante ataque, la conciencia de apoco se va a ponderando de su cuerpo lo que hace que miles de preguntas pasen por su mente, deteniéndose en una muy importan. ¿Estaré muerta? Esa la aterra más dicha acción le confirma que aún no ha abandonado el mundo terrenal por lo que se relaja para luego poner todos sus esfuerzos en descifrar de quienes son las voces que escucha lejanamente. Poco a poco lo va comprendiendo.

— Sus heridas no cuadran con el ataque de un animal cabeza de chorlito y no lo vamos a descubrir a menos que ella despierte, que lo dudo pues su estado...

— Ella va a despertar… Mi hermana es una mujer fuerte — dice el pelirrojo alterado, quien luego toma por el cuello de la camisa al castaño listo para estamparle un puñetazo. Bárbara curiosa por saber qué es lo que está sucediendo, abre los ojos y los lleva hasta los dos hombres que están a punto de pelearse.

Al ver dicha escena Bárbara intenta hablar pero no pudo, intenta moverse pero tampoco logra hacerlo, por lo que se dispone a descubrir donde rayos esta, fijándose en aparatos muy ruidosos (lo cual es raro de que no se hubiese percatado de tal detalle) a su alrededor, paredes blancas y un suero guindado de un parapente de metal. Luego de denotar cada detalle la joven determina que está en un hospital. Ahora se pregunta desde cuando está recluida y como rayos la encontraron.

— Pueden dejar de discutir, parecen niños — Álvaro, el jefe de la unidad de investigaciones de Chicago aparece en el umbral de la puerta con su típica cara de pocos amigos, terminando con tan solo su presencia tal riña entre los dos adultos que Bárbara mira desde hace unos minutos. Los dos hombres de mala gana se alejan, Edrian por un lado se va para el lado de su hermana y Sebas camina hacia el umbral de la puerta —. Gracias ahora, ¿hay cambios? — pregunta mientras saludaba al cadete Díaz.

— Nada Álvaro, su condición es la misma — pronuncia un hermano agotado y con ganas de gritar, de cierta forma se siente culpable por el estado de la mujer que ahora lo mira en silencio sin que él se percate de aquello.

Edrian luego de decir aquello gira su cabeza hacia la dirección de Bárbara. Al verla despierta sus ojos se abren grandes y una sonrisa aparece de inmediato cubriendo su rostro casi en su totalidad. Hasta que por fin se dieron cuenta, piensa la joven al notar dicha expresión.

— ¡Esta despierta! ¡Ha despertado! — Su hermano empieza a brinca de la emoción y en sus ojos Bárbara podía notar el alivio de que siguiera a su lado, por lo que ella trata de sonreír pero algo se lo impide —. Tranquila ¡he! No te muevas, llamare a un médico ¿sí? Ya regreso.

— Como se va a mover cabeza de chorlito, está conectada a un respirador y su cuerpo esta enyesado desde la cabeza hasta los pies, deja…

— ¿Podrían dejar de pelear? — pregunta un Álvaro exasperado por tanta riña.

Luego de que le retiran a la joven la mayor parte de tubos y aparatos molesto, la ronda de preguntas por parte de los presentes da por iniciada. Sinceramente Bárbara no supo explicar que rayos le pasó pues lo que vivo en ese tenebroso bosque, el demonio y esa cosa deformada aun le parece una situación ta irreal, más ella sabe que todo lo que experimento fue real, ya que sintió el pánico recorrer por cada fibra de su cuerpo, sintió el dolor de las heridas que ahora están vendadas y el sentir no es una cosa que se pueda inventar.

Ahora como la pelirroja les dice que ella fue perseguida por dos criaturas de terror en un lugar de pesadilla por lo que fue toda una noche, es que la tomaran por loca o creerán que ella murió, fue al infierno y regreso, aunque a estas alturas Bárbara apoya lo último, aun le resulta complicado aceptar lo que vivió.

Sintiéndose agobiada Gabes cierra los ojos y deja caer la cabeza sobre la almohada, colocando uno de sus brazos (el que le duele menos) sobre esta.

— Bárbara por el amor al cielo, como no nos vas a decir…

— Muy bien se acabaron las preguntas caballeros, ahora les pediré que se retiren — pronuncia un Edrian que suena aparentemente tranquilo.

— A no Edrian, ella…

— Ella acaba de despertar, se siente adolorida y necesita descansar, sé que todavía quedan dudas de lo que paso, pero por hoy es suficiente Sebastián, ahora les pido que se retiren.

El pelirrojo hace un gesto con la mano luego de hablar, indicándoles la salida a los agentes que ahora tienen mala cara, pero sin otra opción estos se retiran dejando un portazo en el aire. Bárbara al saber que ellos ya no están, retira su brazo de encima de su cabeza y mira a su hermano, denotando en él ojeras pronunciada y una barba oscura y espesa, aquello le hace repetirse la misma pregunta de hace un rato, cuanto estuve inconsciente.

— Edrian — lo llama con la pregunta en la garganta.

— Dime mi loquilla — dice mientras toma una de sus manos y deposita un casto beso en el dorso de la misma.

— ¿Cuánto estuve aquí? Y ¿Cómo me hallaron? — le pregunta.

— Pues una o tal vez dos horas después de que te alejaste, algo no me permitía quedarme quieto por lo que fui a buscarte. — Se detiene por un momento el joven, sacudiendo con brusquedad su cabello desordenado con ambas manos —. Tus gritos fueron los que me indicaron donde encontrarte y cuando llegue y te vi en medio de ese descampado yo… pues.

Edrian baja la mirada con la intención de que la joven a su lado no note sus lágrimas que empiezan a bajar sin control alguna, no obstante Bárbara con un movimiento delicado vuelve a elevar el rostro de su hermano y elimina las lágrimas que caen sin control alguno.

— Hey, tranquilo… Aquí estoy…

— Lo se Bárbara, pero cuando baje y toque tu fría piel el mundo se me vino abajo… La verdad es que es un milagro que estés viva… que hayas despertado es un milagro — dice con su voz rota, sorbiendo con fuerza su nariz así como eliminando lagrima tras lagrima con su mano.

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#16

A Bárbara le llamo la atención lo que dijo más allá del dolor que en sus ojos ahora se plasma. Traga un nudo que se le forma en la garganta y vuelve a formular la pregunta aun no respondida.

— ¿Edrian cuánto tiempo he estado inconsciente?

— No mucho, te trajimos ayer por la tarde… Por eso repito que fue un milagro... Un milagro que estés conmigo.

Cuando la joven escucha aquello no lo puede creer pues la pesadilla que vivió duro toda la noche, corrió y lucho para salvarse y ahora… Ahora no entiende que fue lo que paso. ¿Realmente estuve en peligro? Se pregunta sin entender cómo es posible que ella despertare en ese mismo descampado en medio de la noche, que corriera hasta más no poder para alejarse del desfigurado y ahora su hermano le diga que la recogió en ese descampado pero en la tarde casi muerta. En su cerebro se hace un corto y millones de duda la empiezan a embriagar.

— Hey… ¿Todo bien?

Le pregunta un Edrian preocupado, ella solo se limita a sentir con la cabeza pues palabras no tiene en ese momento, aun procesa la información, aunque ahora sí que no comprende nada de nada.

— Si… Si todo bien, ¿Me ayudarías a ir al baño?

— Claro Bar.

Dicho aquello el pelirrojo con todo la agilidad del mundo le ofrece la ayuda necesaria para que Bárbara se pudiese levantarse de la cama. En sus dos pies y con el apoyo de Edrian, la joven camina hasta el baño. Al llegar le pide a su hermano que la dejara sola en el lavabo y a pesar de la insistencia por no quererla dejar, ella termina ganando.

A solas y sin nadie que interfiera, deja liberar un grito de frustración que estremece las paredes. Esto es demasiado. Posterior a dejar liberar un suspiro abre el grifo, se agacha y con sus manos recoge un poco de agua la cual lleva hasta su rostro, empándalo con la intención de refrescarse, de refrescar sus ideas. No da resultado. Luego de un par de intentos más, se rinde, cierre el grifo y toma la toalla que tiene a la derecha, desdoblándola en proceso para empezarla a pasarla por su rostro.

Sin embargo antes de retirar la toalla de su cara ella ve como las luces del lugar empiezan a fallar, siente además una corriente de aire frio que le eriza los pelos de la nuca. Bárbara traga grueso y comienza a rezar pues sabía que lo que vendría no sería nada agradable. Con temor retira la toalla viendo de esta manera que en el espejo su reflejo ya no se encuentra, siendo reemplazado por el desfigurado que ahora la mira con la misma mueca de terror.

Un grito de pánico puro hace presencia y las carcajadas de aquella cosa comienzan a resonar. El espejo se rompe, Bárbara se petrifica del miedo, la pesadilla aún no termina.

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